Pues voy a seguir a ver qué pasa. ¡Ya el capítulo 6, parece mentira!

-Escrito en Español de España, algunos nombres pueden cambiar.

-No todo es fiel a la serie, algunos nombres, personajes o situaciones me los invento.

-Historia y derechos pertenecientes a Pendleton Ward y Cartoon Network


En la cueva en la que vivía Marceline ya no cabía ni un alfiler. Todos los habitantes de Chuchelandia se apelotonaban en el exterior de su humilde casita, cuchicheando acerca de lo sucedido y acerca de no saber qué va a ser de ellos ahora que el Rey Hielo había tomado el control y se había aliado a una compañera poderosa. Y sobre todo, ahora que Finn, el gran héroe de Ooo estaba en aquel estado.

Las chuches y demás habitantes se fueron acomodando como pudieron en la cueva mientras que Lady Arcoiris, Jake y Marceline entraban en la casa para dejar reposar a Finn.

-Espero que ese mayordomo no tarde mucho en llegar, no nos queda tiempo-se impacientaba Marceline.

-Sí, va a ser imposible rescatar a la princesa sin Finn, no podemos entrar todos en bandada y atacar a la Reina Hielo como si...-a Jake pareció encendérsele una bombilla en el interior-...espera, espera, espera. Ahora que mi tron está en este estado, vamos a necesitar ayuda.

Marceline abrió mucho los ojos.

-¡Deberíamos crear un ejército!

La vampira se echó a reír.

-¿Te refieres a...un ejército con todos los de ahí afuera?

-Podríamos entrenarles mientras esperamos a que Finn se reponga. Haríamos mucho más así que quedándonos parados, además, incluso si Finn se repone serían de gran ayuda para nosotros cuando vayamos a rescatar a la princesa Chicle. ¿O acaso crees que es todopoderoso? ¡Esta vez necesitamos ayuda!

La vampira flotó con impaciencia de un lado a otro de la estancia, sopesando la idea de Jake.

-Bien-suspiró-creo que no es mala idea, Jake. Pero, ¿cómo vamos a entrenarles a tiempo?

Jake se transformó e hizo que aparecieran músculos por todo su cuerpo.

-Déjamelo a mí-dijo señalándose, y salió junto con Lady de la casa.

Marceline lo miró llevándose una mano a la frente, desesperada. ¿De verdad esperaba formar un ejército? Bueno, cualquier ayuda era buena para sacar a Chicle de ahí. Comenzó a revolvérsele el estómago, no contaba con este retraso y quién sabe qué le estaría pasando a Chicle en esos momentos.

De pronto Finn se movió del sofá en el que le habían dejado reposar, y comenzó a articular algunas palabras.

-Pri...pri...

-¿Finn? ¿Finn, estás bien?-preguntó Marceline llegando hasta él.

-Princesa...¡tengo que ver a mi princesa!

-No vas a ver a nadie, aún no estás en tus cabales-gruñó Marceline-será mejor que te sientes.

-¡No! Ella me ama. Sé que antes no, me rechazaba y yo estaba deprimido, pero desde hace unas horas...siento como si nuestro destino se hubiera unido.

Marceline se llevó dos dedos a la nariz y los apretó con fuerza. Ese caracol se había llevado sus malos sentimientos, haciendo que ahora estuviera falsamente esperanzado. ¿Cuánto le duraría aquel estado? ¿Cómo se librarían de aquello para que pudiera luchar?

-Finn...

-¿Dónde está ella ahora? ¡Debo verla!

-Finn, deberías descansar. Espera a que llegue le mayordomo Menta con...

-¡NO!

-¡SIÉNTATE DE UNA VEZ, FINN, NO LO HAGAS MÁS DIFICIL!-gruñó Marceline trasformando su cara en la de un vampiro enfurecido de ojos rojos y salientes colmillos.

Finn obedeció sin rechistar aunque se notaba que le costaba.

-Quédate ahí, veré si el mayordomo por fin ha llegado-le advirtió Marceline y salió de la casa flotando en el aire.

Cuando salió, sus ojos parecían salírsele de las órbitas. El número de personas que había afuera se había triplicado. Pudo observar como enormes figuras de fuego se apelotonaban unas con otras intentando encontrar un sitio, boles gigantes de cereales probaban su hombría unos con otros, frutas vestidas con escudo y portando espadas entrenaban lo más fuerte que podían luchando en parejas.

-¡¿Qué es esto?!-preguntó Marceline entre sorprendida y esperanzada.

-¡Las princesas!-gritó Jake entre la multitud-todas se han unido para ayudar a Chicle y han llamado a sus ejércitos. En fin, tiene su sentido, ¿no crees? Aunque las frutas de la princesa Frambuesa no sé si deberían luchar, la Reina Hielo podría hacerse un granizado con ellas...

-¡Es perfecto!-exclamó Marceline, dando un codazo amistoso a Jake-aunque aún así deberíamos entrenar a las chuches, toda ayuda es poca. No sé como es que ella no tiene su propio ejército.

-Usa a sus soldados para experimentos, ¡y quedan medio gagá, tía!

Marceline se echó a reír y volvió a pasar la vista por los allí reunidos.

-¿Quiénes son los gigantones de fuego? Guau.

-Los soldados de la Princesa Llama. La Princesa Músculos conocía a su padre e hizo unas llamaditas, una especie de línea telefónica de princesas. Muy útil, ¿no?

Marceline la encontró. La Princesa Llama estaba entre sus soldados de fuego, dándoles instrucciones en un idioma extraño. Era una jovencita muy atractiva, seguramente de unos catorce años de edad más o menos, que portaba un elegante vestido rojo fuego a juego con su pelo, que flotaba en el aire en una llamarada hipnótica.

Pero inmediatamente la vampira salió de su ensimismamiento al contemplar como el mayordomo Menta llegaba apartando a la multitud, con una bolsita en las manos.

-¡Lo encontré! Estos polvos deberían de reconstruir a Finn. No le devolverán los malos pensamientos pero al menos no parecerá salido de cuidados intensivos del manicomio.

-¿Y quién te los ha dado?-preguntó Marceline recelosa.

-Información confidencial-gruñó el mayordomo-solo necesitamos un poco de fruta y un mechón de pelo de fuego.

-¿Un...qué? ¡Ah, espera!-Marceline se elevó hasta quedar a la altura de la Princesa Llama-¡Eh, princesa! Necesitamos tu ayuda por aquí, ¿te importaría?

-¿Qué? ¿Yo?-la princesa Llama la miró con furia, y luego asintió-está bien.

Los tres entraron a la casa, donde Finn estaba pintando en las paredes con un rotulador rojo.

-¡FIIIIIINN! ¿QUÉ HAS HECHO?-chilló Marceline al ver por todas sus paredes rosas la inscripción "Finn + Chicle"-¡TE VOY A MATAR!

-¡Alto, le necesitamos!-bramó el mayordomo Menta-veamos, mezclamos las frutas con los polvos en un cazo...

Marceline volvió en sí y trajo un cazo de cocina.

-...y lanzamos un mechón de pelo de fuego. ¿Me cedería uno, princesa?

La princesa Llama, que se había quedado mirando a Finn con curiosidad, se cortó uno de los mechones de su pelo y se lo entregó al Mayordomo. Este comenzó a mezclar el mejunge en el cazo, que ardía a una velocidad pasmosa.

-¿Para qué sirve todo esto?-inquirió la vampira.

-La fruta retiene el sabor de las partículas que componen los polvos, lo que hará más duradero el efecto. El mechón de pelo de fuego quema las posibles bacterias que se hayan colado durante mi viaje. Es un desinfectante estupendo, no hay nada que el pelo de fuego no pueda curar. Es por eso que los guerreros más resistentes son los de fuego. Con ellos a nuestro lado...

-...para, para, para. ¿Has dicho más DURADERO? ¿O sea que es temporal?

-Lamentablemente, sí-explicó el mayordomo-solo se puede curar a Finn encontrando a ese caracol. Si no, deberá vivir a base de esta cura toda su vida. A no ser que os canséis u os guste verlo gagá, a mí personalmente me divierte...

-¡NO!-gritó Marceline-ahora no hay tiempo, dale eso y acabemos de una vez. Pero habrá que encontrar a ese caracol tarde o temprano, Finn no puede quedarse así.

El mayordomo ignoró sus quejas y continuó haciendo la mezcla. Cuando ya estuvo lista, la colocó en un vaso, que le dio a Marceline.

-Ten, Finn, bébete esto-Marceline le tendió el vaso.

-¿Para qué es?

-Para...que le resultes más atractivo a la princesa-suspiró.

-¡ZUZUMBA! TRAE PARA ACÁ-vitoreó Finn, que se bebió el contenido del vaso de una sentada.

De repente fue como si se hubiera quedado paralizado, hasta que volvió en sí.

-¿Qu-qué? Marcy, ¿qué hacemos en...? ¿y las mazmorras...?

-¡POR FIN! Tío, creí que jamás volverías a ser el mismo tonto de siempre-se alegró Marceline-vamos, te lo explicaremos después, ahora hay que salir ahí a motivar a esa gente.

-¿Motivarla para...?

-...para la batalla.