¡Hola hermosos! Vaya, hacía ya mucho tiempo desde que me demoraba un poco menos. Digo, actualice por Septiembre y ahora estamos en Noviembre. Casi dos meses, admitamos que es poco comparado a los 3 o 4 meses en los que actualizaba.
Ahora, aprovechando el feriado de muertos es que actualizo, me ha dado tiempo y miren que no me sobrará. A partir de ahora hasta terminar el año estaré FULL, con mis exámenes finales, los de grado, los de ingreso. Exámenes es lo único que voy a rendir.
La vida es dura. Pero les tengo una buena noticia. ¡Por fin! Llegamos al inicio de lo bueno. Es decir, que en el capítulo VIII Empieza este drama. ¿Quieren saber que habrá en el próximo capítulo? Lean y lleguen al final, ahí, además que se harán una idea.
Este es un capítulo de relleno necesario. Lamentablemente, lamento si no os gusta o si no ven acción, peor prometo recompensaros en el próximo capítulo en el que habrá de todo. ¡TODO!
Como ya os dije, espero que les guste, pasen un rato a meno leyendo y lo disfruten. Ya que con este capítulo de relleno entenderán, más o menos cual será el rumbo de la historia.
Perdón si quedó largo. U.U
También espero que sean buenos y lindos como siempre y me regalen un comentario, AMO sus RR, ustedes lo saben.
No los interrumpo más, gracias por leer, disfruten la lectura.
Capítulo VII: Cambios, Decisiones y Sorpresas.
La escuela se sentía tan grande cuando no había estudiantes correteando en los pasillos. Si siempre fuera así. Un lugar pacífico en el cual los alumnos obedecen sin chistar, son rectos y disciplinados, educados, inteligentes. Sin duda el mundo sería un lugar mejor.
Sora Takenouchi regresó a ver a ambos lados del pasillo para cerciorarse que ningún alumno estuviera haciendo novillos a la primera hora de clase.
O en su defecto que aquel alumno descubriera que la inspectora había hecho novillos la primera hora de clase.
Era increíble cómo escoger un conjunto de ropa y peinarse tomaría tanto tiempo. Pensar que hay mujeres que hacen eso todos los días le provoca un escalofrío. Ella tendría que levantarse una hora antes de lo acostumbrado únicamente para poder hacer la misma gracia todos los días y eso que ese día ni siquiera alcanzó a maquillarse de lo tarde que era.
Pero ni modo, mañana será otro día.
Lo importante era que ya había dado el primer paso.
Sin quererlo el rubor subió a sus mejillas al recordar los motivos de tomar tal iniciativa.
"Sabes, colores vivos quedarían muy bien en ti. Ya sabes, rojo, anaranjado, azul, fucsia, verde."
Esas fueron las palabras de Taichi luego de inspeccionar su casa decorada con tonos neutros y monótonos. Sin entender porque aún y luego de meditarlo por días enteros se atrevió a comprar un conjunto de esos mismos colores. Experimentaría unos días y luego cerraría con broche de oro en el famoso baile de fin de trimestre.
Bailecito que la tenía hasta la coronilla. Todos esos días han sido chillidos al respecto, los pisos de los pasillos llenos de panfletos. Montones de chicas declarándose o pidiendo parejas para el baile. Pobres ingenuas, aún creen que el amor es para siempre y que los novios de la secundaria serán los padres de sus hijos.
¡Tonterías!
En el momento menos pensado los encuentras en tú cama teniendo sexo con tu hermana, la perfecta.
Sólo recordarlo hace que le hierva la sangre y piense nuevamente que era una reverenda tontería todo el empeño puesto en su vestimenta. ¿Todo eso porque Taichi Yagami sugirió aquello?
No, su cambio no era por la sugestión de Yagami ni por ningún interés particular en llamar la atención del sexo opuesto.
Su cambio se debía a la vanidad interna de cada mujer y el deseo de una de verse guapa de vez en cuando, no era nada extraño o fuera de lugar. Eso, vanidad femenina.
Se había repetido esa frase tantas veces que ya hasta se la había empezado a creer.
El timbre que anunciaba el inicio de la segunda hora la sacó de sus cavilaciones y debates internos. Por un momento se tensó, más luego procuró caminar por los pasillos con calma, como quien no quiere la cosa.
-¿Necesita ayuda, señora?
Una voz masculina llamó su atención desde atrás y volteó rápidamente a ver de quien se trataba.
Se llevó una sorpresa al encontrarse con un par de orbes azules que la miraban con curiosidad.
-Profesor Ishida.-Habló al rubio delante de ella-¿No debería estar en un salón de clase?
El maestro tardó un poco en reaccionar, ese ceño fruncido y el pelo rojo extrañamente arreglado ayudaron a reconocer a la mujer delante de él.
-Inspectora Takenouchi.-Fue lo único que atinó a decir, frunciendo un poco los ojos tras sus elegantes lentes. Mucho color, le causaba dolor a sus vistas.
-¿Qué espera profesor Ishida?-Habló Sora retomando su tono autoritario.-Mientras usted está aquí perdiendo el tiempo hay un aula vacía en la cual se podría estar cometiendo una masacre.
Yamato lo meditó un momento y siguió su camino aún anonadado por lo que acababa de ver.
Sora observó estoica como su colega giraba a la izquierda en dirección al curso de los endemoniados alumnos de último año. Una vez que el rubio desapareció de su vista no pudo evitar hacer un ademán de victoria con los dedos.
Ishida se había sorprendido tanto de verla que no pudo articular palabra. Él que es el profesor más apuesto del instituto, por el que el noventa y cinco por ciento de las estudiantes mojan las bragas. Se sorprendió al verla vestida así.
No pudo evitar que su ego se alzara. Si así había reaccionado Yamato…
¡No! Eso no lo hizo pensando en otros, sólo en ella. Únicamente en ella.
Aún así, no podía esperar a que Taichi la vea.
El camino hacía último año se le hizo más largo de lo normal, a pesar de ello casi se golpea con la puerta corrediza. Se podía escuchar la bulla de los estudiantes desde medio pasillo, pero, aún así, estaba tan aturdido que algo no funcionaba en su cerebro correctamente.
¿Qué carajo fue lo que vio en el pasillo?
Por la voz y la actitud deducía que era la inspectora Takenouchi pero, ¿Qué hacía vestida de esa manera?
Rememoró lo vivido hace unos minutos. Él salió tranquilamente de primer año procurando dirigirse a tercero sin prisas ni contratiempos hasta que en el pasillo visualizó una blusa de color verde fosforescente y una falda a la rodilla de color anaranjado igual de brillante. Luego de ver eso fue imposible que no se fijara en sus zapatos que eran de un color rojo extraño, es decir no eran ni rojos ni rosados o morados, estaba seguro que las tías tenían un nombre para ese color. Tienen un nombre para todo.
Para finalizar su cabello, tenía un ¿copete? Parecía que ni siquiera un huracán podría mover un solo cabello. Lucía como si se hubiese excedido de gel o de cualquiera de esas cosas que usaran las chicas.
¿Mouse, laca, fijador? Kasumi tenía docenas de ellos y la veía usarlos a diario pero nunca la vio así.
Ni modo, él no era nadie para criticar algo de lo que no tenía la más remota idea y menos de otra persona.
-Buenos días, jóvenes.
Bastaban aquellas tres palabras para que todo el salón quedase en silencio. Últimamente los alumnos parecían nerviosos y más estresados de lo normal. Era algo plausible, después de todo, los exámenes estaban a un día de empezar y eso vuelve loco a cualquier adolescente.
Empezó a pasar lista con naturalidad, como esperaba casi todo el salón estaba presente. Casi…
-Tachikawa.-Llamó a la muchacha despegando su vista de la hoja con la nómina de estudiantes. La joven no había asistido, de nuevo-¿Alguien puede dar razón de Tachikawa?-Preguntó mirando específicamente a los tres amigos de la muchacha.
-Está resfriada.-Habló Hikari, quien estaba situada delante de su hermano.
Eso ya se lo habían dicho, el lunes y el martes y ahora hoy.
-En vista de que los exámenes comienzan mañana, podéis usar esta hora para estudiar o adelantar tareas.-Comentó sentándose en el escritorio.-No quiero indisciplina o chillidos, aprovechen el tiempo libre.
Los estudiantes pretendieron obedecer al hacer grupo pero no engañaban a nadie, él sabía que estaban conversando en vez de hacer lo que se les aconsejó. No puede hacer nada, después de todo si no hicieran eso no serían adolescentes normales.
No pudo evitar mirar sigilosamente el puesto vacía de Tachikawa, alrededor del mismo se hallaban Inoue, Takeru y Hikari, platicando amenamente. Sin embargo, faltaba ella y su cantarina risa.
Cuando la regresó a su casa luego de la lluvia de ese día notó como la nariz le escurría un poco. Incluso le recomendó tomar algo caliente y abundante vitamina C, para evitar una gripa. A pesar de ello, no fue a clases al día siguiente alegando el refrío y estaba bien pero, ¿Qué clase de resfriado duraba cinco días? Los exámenes comienzan al día siguiente, era el último día que la vería hasta la semana próxima, exactamente el último día de exámenes, un día antes del tan afanado baile.
Mimi debe, no, tiene que ir al día siguiente. Es el primer día de exámenes y ningún alumno falta a eso.
Entonces podría preguntarle que tan malo fue aquel resfriado. Él pudo haberle ofrecido una muda, pero aquella noche tenía muchas cosas en la cabeza, muchos sentimientos y recuerdos encontrados. No hubiera podido verla como Mimi Tachikawa si se ponía un cambio de ropa suyo porque le hubiera recordado a Kasumi luego de hacer el amor y con tantas memorias acumuladas aquella noche no se fiaba de si mismo para controlarse.
Joder ahora además de preocupado se sentía culpable.
Eso sin mencionar que si la chica estaba enferma dudaba que sus extraños padres estuvieran al tanto siquiera de aquello.
Si tan solo tuviera su móvil, podría llamarla y… ¿Qué mierda esta pensando? Eso no sólo estaría mal, sería una catástrofe, incorrecto y anti ético de su parte.
Es sólo un estado mental, si no fuera tan jodidamente parecida a Kasumi nada de eso estuviera pasando. Sólo sería una alumna más.
El problema era que no era sólo eso, era algo, no, alguien mucho más importante.
Sentir cada fibra de su piel rodeada por el agua cristalina la hacía sentir, segura.
Segura de los problemas, del medio ambiente, de sus pensamientos e incluso de sus propios sentimientos.
Llevaba ya cerca de seis días huyendo de ellos.
Su mano tocó el borde de la piscina natural de su casa y apagó el cronómetro impermeable que medía su tiempo. Su tiempo cada vez era peor, esos dos o tres segundos de diferencia podrían ser la delgada línea que separaba el triunfo de la derrota.
Diablos, siempre que tenía conflictos los resolvía en el agua. Entrenando y mejorando su tiempo hasta que se olvidaba de ellos. Nunca la habían afectado tanto al punto de empeorar su desempeño en la piscina.
Era frustrante no poder volver a la normalidad cuando ya tenía que regresar al colegio al siguiente día. La excusa del resfriado no le ayudaría a obtener un diez en el examen de química.
Suspiró y se puso a flotar boca abajo como era su costumbre.
No había mentido respecto a su enfermedad, pero para el lunes en la tarde ya estaba perfecta. Sin embargo, solo el hecho de pensar en que tendría que ver a Yamato sin tener en claro sus pensamientos la obligaban a quedarse en cama.
Después de aquella tarde de lluvia, su mente estaba muy liada.
Se suponía que ella se había propuesto firmemente conquistar y poner a sus pies al apuesto profesor de matemáticas. Sin embargo había ocurrido todo lo contrario. Ella se sentía cohibida frente a él cuando Yamato ni siquiera se inmutaba. Claro, él había tenido gestos muy lindos con ella, escoltarla a su casa, estar con ella en su cumpleaños, alojarla en su departamento sin temor al qué dirán.
Pero, ahora ya no sabe como interpretar ello. En un principio, incluso llegó a pensar que Yamato podría estarse interesando en ella, que empezaba a verla de manera distinta y es que, cómo no iba a verla así si era un fiel retrato de su esposa.
La misma esposa de la cual podría apostar él seguía enamorado.
¡Maldición! Ella debería estar feliz y haber hecho un movimiento a su favor. Su parecido con la tal Kasumi le daba cierta ventaja ya que podría conquistarlo por ese lado. Total, lo único que ella quería era demostrarle a Michael que ella consiguió un mejor partido que él que la dejó por una insípida.
Pero esa situación lejos de alegrarla, le dolía y mucho.
Porque, puede que él sólo se haya acercado a ella por lástima o por el recuerdo de su mujer y ninguna de esas opciones le gustaba en lo absoluto. Lo que le sorprendía era que lo que más le molestaba, más allá de eso, lo que más le dolía, era la segunda opción y la que lamentablemente era la más factible.
No le gustaba sentirse dependiente de alguien, nunca lo había sido. Pero extrañamente necesitaba sentir que Yamato la pensaba por ella, por Mimi Tachikawa. Aunque eso era imposible porque sabe que sólo la piensa por ser el recuerdo de Kasumi.
El aire le empezó a faltar y luego de una profunda zambullida salió del agua para luego salir de la piscina. Envolvió su cuerpo en una toalla y se adentro a su casa.
Fue a la cocina por un poco de agua y sobre el mesón encontró un libro de recetas abierto en determinada página. Ahora lo recordaba.
Las galletas.
Era verdad, ella iba a hornearlas en agradecimiento. Aunque ahora no sabe si valdrá la pena o no hacerlo. Cerró el libro con brusquedad y se retiró enojada ante la expectante mirada de la servidumbre que se detenía al verla pasar.
Ella era Mimi Tachikawa y Mimi Tachikawa no se confundía por un hombre, ese era un error que juró no volver a cometer jamás.
El dribleo del balón se escuchaba perfecta y molestamente si es que se veía desde el punto de vista de estar sentado en la banca. Maldice mil y una veces que el entrenador lo haya banqueado para "Ver como se las apañaban sin él". Patrañas, el viejo estaba enojado con él porque a causa de haber suspendido el examen de historia la bruja de Takenouchi se encargó de no dejarlo asistir al último partido de clasificación.
Él tampoco había puesto mucho empeño o se había molestado innecesariamente porque aunque hubiesen perdido ese partido ya estaban en los octavos y la diferencia de canastas entre él y Hikaru Hitachiin era abismal. Así hubiera asistido al encuentro el resultado seguía siendo igual.
Su preparatoria está como primero de su grupo y él sigue siendo el mejor encestador hasta ahora.
Pero eso de nada valía para el entrenador Morinozuki, no. Lo había hecho trabajar su físico más que al resto. Además cumplió con todos los ejercicios de la rutina de prácticas. ¿Para qué? Para banquearlo cuando venía lo mejor, el partido.
Eso era injusto ya que a la final no fue su culpa, fue la loca esa que tiene por inspectora y que ahora le ha dado por destruir la alegría de los niños al vestirse como payaso. Dios ya no se conforma únicamente con fastidiar su adolescencia sino que ahora también quiere joder la infancia de los pequeños. Como sea, fue ella quien no lo dejó ir.
La semana había sido fatal, la época de exámenes casi le consume las neuronas y eso que aún faltaba otra interminable semana, en la cual, se venían las pruebas más fuertes como química, física y matemáticas.
Takeru suspiró resignado y alzó la vista al frente hasta encontrar a una sonriente Hikari en las gradas, esperándolo. Cómo podía desprender un aura tan entusiasta cuando él deseaba que se lo tragara la tierra. Aunque, él también estuviera así si pudiese tener las notas de Hikari, la mayoría eran sobresalientes, nada más un par de malas notas. No aspiraba a ser como Miyako que se esfuerza tanto para tener buenas notas ni como Ken que lo hace con tanta naturalidad; tal vez Mimi, tenía notas regulares, sus altos sus bajos. Sacudió la cabeza, no debería pensar en eso un "San Viernes".
Pero, por fin era viernes y no tendría que estudiar o al menos pretender que lo hace por dos días. Debería estar durmiendo, pero no, el club de soccer y el de baloncesto eran los únicos que no habían suspendido sus actividades. Maldijo de nuevo, el sábado no podría hacerlo porque tenía que ir a la dichosa exposición en la Todai. Si era sincero consigo mismo, no quería ir pero si no iba tendría que cargar con la lata de su mamá y cancelar con Hikari, la misma que estaba muy entusiasmada al respecto, ya le dijo que pasaría por él a las diez.
¿Por qué Hikari estará tan emocionada? A lo mejor cambió de opinión y piensa aplicar para la Todai. No, lo mejor en pedagogía se daba en la Universidad del distrito y eso era algo que Hikari tenía muy en cuenta. Pero entonces, ¿Por qué tan ansiosa?, ¿tendrá que ver con chicos y citas de nuevo?
¿Quién entendía a las mujeres? Por un lado Hikari y su extraña emoción y reciente curiosidad por salir con chicos, por otro Miyako no paraba de hablar de Koushiro Izumi, Dios apostaría sin dudar que hasta habla de él en sueños y Mimi, la más rara de todos. Se ausentó casi una semana alegando un resfrío y ahora llega, se presenta al examen y se retira alegando un montón de tonterías. Como si huyera de algo o no quisiera ver a alguien. Qué sabe él.
Por lo pronto sólo se limita a ver como Ichinose, el capitán suplente y alero derecho trataba de superarlo mientras que Andou, su alero izquierdo no se la ponía fácil. Si hubiera sido él ya se hubiera librado de ambos.
-¿Estás bien?
Una voz masculina interrumpió sus cavilaciones y lo devolvió a la realidad, casi se cae de la banca cuando alzó la cabeza y se encontró con un par de ojos igual de azules que los suyos, sólo que estos estaban tras un elegante marco plateado.
-Casi me da un infarto, pero eso no es de tu incumbencia.-Respondió el rubio menor de mala manera.
-Es que como te veo en la banca. Pensé que a lo mejor podrías estar lesionado.
Takeru podía sentir como una vena se hinchaba en su sien. No le daría una explicación de lo ocurrido a Yamato.
-Ya ves que no.-"Lárgate" le faltó agregar.
-¿Puedo sentarme?-Preguntó el rubio mayor sentándose sin esperar la respuesta de su hermano, ganándose una mirada reprobatoria del mismo. No pudo evitar sonreír-¿Para qué pregunto si ya me senté?-En respuesta, Takeru roló los ojos, hastiado de que él supiera lo que pensaba-¿Qué tal los exámenes?
-Ahí…-Fue la monótona y monosílaba respuesta del menor.
Yamato analizó a su hermano, con sus mismos aires de suficiencia y hastío. Concentrado en el partido que se jugaba frente a él. Dios, no sabía qué decirle para llamar su atención y así saber lo que le interesaba conocer.
Por primera vez desde que volvió sintió como el peso de nueve años de diferencia entre Takeru y él le cayeron encima. No podían hablar de música o de grupos de moda, no pegaba con ninguno de los dos; sin mencionar, que sus gustos podrían diferir y sólo haría el ridículo. Pero, entonces, ¿de qué le hablaba?
La respuesta a sus dudas la encontró justo frente a él. Una pequeña y menuda castaña que esperaba tranquilamente a su hermano. Exámenes, música y Hikari, no podía pedir más pistas. Se volvió a Takeru que tomaba agua sin mayor motivación.
-¿Llevarás a Hikari al baile?
El agua conoció el suelo antes de ser ingerida y disfrutada por el rubio que por la fuerza y sorpresa empezó a toser regresando a verlo con incredulidad antes de empezar a reír.
Yamato definitivamente no fue buscando socializar con él. ¡Quería matarlo! Primero del susto y ahora mediante un complot con el agua. ¿Hikari y él? Llegando de la manito y bailando juntos toda la velada. ¿Su hermano empezaba a consumir drogas? Eso era incesto.
-Estás loco.-Fue lo único que contestó luego de recuperar el aliento. Por favor si él cortaba con sus novias de ese entonces para estar libre de acostarse con la más guapa de la fiesta. Es decir, podía hacerlo con o sin novia pero como no estaba con ella se evitaba el parlamento y la retórica sobre infidelidad y su hermano pensaba que iría con Hikari.-Definitivamente.
-¿Por qué no?-Preguntó el maestro con incredulidad.
-Porque es Hikari.-Contestó Takeru como si fuera lo obvio.
-Pero es una niña muy linda.
-Sigue siendo Hikari.
-Haz cambiado Takeru, de niños no querías que ni yo me le acercara mucho.-Comentó Yamato recordando lo posesivo que era su hermanito con la pequeña Yagami.-Decías que te ibas a casar con ella. Me sorprende que te muestres tan tranquilo cuando irá con alguien más.
-Irá con las chicas, solo las tres.-Gruñó entre dientes, que su hermano le recordara cosas del pasado le molestaba y le molestaba aún más que metiera a Hikari en sus recuerdos.-Además es Hikari y no es que se le acerquen mucho.-Exceptuando a Daisuke, claro está.
-Será, a lo mejor porque siempre estás con ella que nadie se le acerque.-Sugirió escondiendo su malicia en una inocente oración.-Tal vez pueda pasar con la pequeña, después de todo la fiesta es abierta para profesores y alumnos.
-¿Piensas ir?-Takeru no se esperaba eso.
-Sí, he oído que el motivo es ir con máscaras.-Comentó desinteresadamente.
-No lo puedo creer.-Habló Takeru enfurruñado y girándose para encarar a Yamato.-Lo de los profesores es sólo una formalidad, nunca van.-Habló con fastidio.-Sólo Taichi, pero él no se mete. Por esa razón la bruja de Takenouchi nunca había sido admitida.-Encaró a Yamato-¿Qué es esto?, una especie de crisis andropausica o algo así.
-Tengo veinticinco, es imposible que me esté afectando la andropausia.-Se encargó de corregir el profesor. Es mayor a Takeru pero no está senil.-Y tranquilo, estaré con Taichi.-Habló Yamato.-Veremos que tal y luego nos vamos, no es que nos llame mucho la atención precisamente presenciar una fiesta de niños. Aunque insisto en que Hikari podría pasar aburrida.-Era el momento preciso.-Tachikawa está enferma y a lo mejor Inoue tiene novio.
-Mimi ya está bien y Miyako no tiene novio así que sola no estará.
-¿Tachikawa está bien?-Preguntó pretendiendo que sonara como un asunto trivial.-Creí que seguía enferma, no la he visto por el instituto.
-Se va ni bien termina el examen.
-¿Por qué?-Preguntó confuso y preocupado, ¿Qué le pasaba a la muchacha?-¿Se siente mal?
Pero en ese momento el rostro de incredulidad y suspicacia de su hermano lo tomó desprevenido.
-¿Qué te importa?-Preguntó consternado observando como el rostro de Yamato denotaba, ¿preocupación?
Ante la mirada inquisidora de su hermano, el mayor empezó a sentir como un sentir cálido se alojaba en sus mejillas. Rápidamente se levantó para que Takeru no notara como sus mejillas se tinturaban tenuemente de rojo.
-Es mi alumna, es normal que me preocupe.-Pero no es normal que se ruborice al verse descubierta dicha preocupación.-Gracias por hablar conmigo hoy, Takeru.-Fue lo que dijo una vez que sintió que volvía a su tono natural.-Por un momento sentí que volvíamos a ser los de antes
-¿Eh?-El rostro del menor se deformó y al igual que a Yamato, sus mejillas se tiñeron de carmín por lo que apartó la mirada. Apenas cayendo en cuenta de las palabras de su hermano y eran ciertas.-Cómo sea.
-Estudia para las pruebas, Takeru.-Fue lo último que dijo antes de emprender su marcha.
-Yamato.-Llamó el rubio basquetbolista mirando a su hermano por el rabillo del ojo.-Aléjate de Hikari.
El aludido ahogó una risa y regresó a ver al deportista con burla.
-No dañaría lo poco que queda de nuestra relación metiéndome con una niña a la cual vi crecer.-Dijo tranquilizando a Takeru.
-No hay relación.-Masculló el menor veraz.
-Además prefiero a Hikari como cuñada.-Yamato ignoró el comentario de su hermano.-No tendré consideraciones en mi prueba, dile a tus amigas que daré unas clases con simulacros de prueba previo al examen. Especialmente a Tachikawa que se va pronto.
Takeru no dijo nada, simplemente se limitó a observarlo marchar por el rabillo del ojo.
Si bien él no era un genio en las ciencias académicas, la perspicacia era otra cosa y no le pasó desapercibido el repentino e inusual interés por parte de su hermano. Es decir, en un principio no lo vio. Pero, luego radicó su interés en… ¿Mimi?
No, definitivamente el aburrimiento y los exámenes le habían atrofiado el cerebro.
Yamato nunca, no, jamás se fijaría en una niña nueve años menor. ¿Cierto?
El clima era agradable para ella. Tal vez no para muchos, quienes detestan sentirse melosos y sudorosos. Pero a ella ese día le parecía más brillante y más bonito que nunca. La joven se detuvo frente a un vidrio en el cual podía reflejarse. Dios, si hasta con lentes se veía guapa ese día, cuando siempre han sido, según ella, un horrible pero necesario accesorio.
En lo demás no podía quejarse, su cuerpo no medía noventa-sesenta-noventa pero no estaba tan mal y las ropas que escogió mezclando los dos conjuntos seleccionados por sus hermanas le quedaban muy bien. El jean que escogió Chizuru y el blusón cuadriculado que escogió Ayane, las botas y la bolsa eran un regalo de Mimi que luego de tenerla por video chat ayudándola a elegir sus ropas. Después de todo, no en balde su mejor amiga era la chica más glamorosa del colegio.
Y Miyako tenía que lucir glamorosa y profesional, como una digna aspirante a la Todai.
-¡Ichijouji!
Miyako chilló entusiasmada observando que el muchacho ya la esperaba en la estación. Por un momento temió que no fuera. Es decir, la invitación era para ambos y hubiera sido mal visto que asistiese sola. Sumando a eso la cortante y poco entusiasta actitud de Ichijouji desde que se enteró. Si hasta cuando le dijo el lugar y hora de su encuentro él ni siquiera respondió. A pesar de ello llegó justo a tiempo.
Le agradece desde el fondo de su corazón su presencia.
Lo que Miyako desconocía era que el día era igual de molesto para Ken como lo era para el resto de las personas. El calor era insoportable, la gente era escandalosa y si a eso se le suma estar en la estación del metro. Era un caos total.
-¿Esperaste mucho?
Su molesta compañera de clases llegaba radiante, con una gran sonrisa como si todo fuera bonito.
-Recién llegué.-Fue su seca respuesta procediendo a encaminarse al andén, a esperar que su metro llegase y siendo seguido de cerca por la muchacha que desprendía feromonas.
No tuvieron que esperar mucho y para fortuna del moreno por lo menos el tren estaba vacío por lo que ambos consiguieron quedar sentados.
-Sabías que la tesis de Koushiro ha sido la mejor de la última década.-Habló Miyako a su colega.-No le gustaba el silencio ni siquiera cuando iba sola, menos acompañada.
Empezó, pensó Ken con fastidio. Llevaba toda una semana dándole una biografía detallada de su ídolo: Koushiro Izumi. No tenía nada en particular contra de ese joven pero, que te lo repitan mañana, tarde y noche era demasiado.
Procuró cerrar los ojos y que la muchacha pensara que se había dormido, a ver si así dejaba de hablar. Él sólo quería terminar con ello y volver a su casa, a su usual tranquilidad.
-¿Irás al baile?
¿Baile? Él no perdería su tiempo con algo así.
Takeru bostezó por décima vez en lo que lleva de la mañana. Regresó a ver a su acompañante la cual lucía fresca e incluso más animada de lo normal. Además, el clima estaba del asco.
-Debería ser prohibido levantarse antes de las doce un sábado.-Murmuró el rubio a su pequeña acompañante mientras esperaban que su metro llegara.
-Sí…-Hikari no podía decir nada, ella se levantó a las siete para poder darse un baño y darle a su cabello el tiempo necesario para secarse y con las tenazas rizarlo. Además que plancho la falda delicadamente. Quería verse linda en esa "primera cita", aunque pareciera que Takeru ni siquiera lo había notado.
-Kari…
Escuchó como la llamaban, sacándola de sus pensamientos cuando una mano la jaló hacía dentro del vagón.
-Hikari, ya legó el tren.
Le dijo Takeru una vez dentro, el tren estaba a reventar y tuvieron que quedarse juntos, muy juntos. El corazón de la chica comenzaba a latir rápidamente, tanto que parecía que le explotaría en cualquier momento. Sin mencionar que su rostro estaba extremadamente rojo.
Hikari alzó la cabeza para encontrarse con su amigo impávido ante su cercanía. Se sintió frustrada, es decir tenía su cuerpo contra el de él y parecía no importarle, no parecía notarlo. Porque Dios no le pudo dar un cuerpo más voluptuoso y a él uno perfecto, tanto que no se conformará con alguien de menos como ella. Y pensar que se había vestido linda sólo para él.
Tan absorta estaba Hikari en sus propios pensamientos que ni siquiera notó como una mano libidinosa se acomodaba para dar rienda a un acto pervertido ayudado por la micro cámara de su teléfono móvil.
Pero Takeru no estaba absorto en nada y como hombre tenía esa suspicacia. Cuando vio al hombre frente a Hikari sacar su celular y acomodarse de tal manera que podría sacar una foto indecente supo que la víctima sería su mejor amiga.
Hikari sintió como los fuertes brazos de su amigo rodearon su cintura y la levantaba con facilidad llevándola sigilosamente hacía una esquina del vagón.
Takeru analizaba a donde podría mover a Hikari puesto que si sólo la cambiaba de lugar era probable que otro salido intentara algo como eso o peor. Lo mejor sería arrastrarla a algún lugar contra las paredes del vehículo.
Y así lo hizo. Extendiendo sus brazos contra los vidrios del tren para evitar que su peso aplastase a su pequeña amiga.
La menor Yagami lo miraba ilusionada y anonadada. ¿Qué haría después?
Pero como siempre, nada pasó. Ella sabía que estaba mal ilusionarse pero al mismo tiempo le era imposible no hacerlo. Era una adolescente con las hormonas alborotadas después de todo. Aún así alzó la vista para establecer contacto visual con su rubio amigo y lo que vio la dejó estupefacta.
Takeru hablaba muy alegre y coquetamente con una mujer a la vista mucho mayor que ambos, guapa, alta. Si la comparaban con esa mujer, ella no era nadie. Claro, por eso Takeru la había sostenido entre sus brazos con tanta fuerza.
Siempre por otra mujer.
El campus de la Todai era inmenso, no en vano era la mejor universidad del país. La organización del evento era sin duda la mejor. No podía describirlo de otra manera.
No sería ningún esfuerzo para él estudiar en esa universidad.
-¡Wow!
Pero dudaba en sobre manera que ella encajase en esa universidad.
La vio revolotear de stand en stand, recibiendo los recuerdos, contestando las preguntas, felicitando a los expositores. Parecía un niño en Disneylandia, seguro que ya mismo entra a la tienda de recuerdos del campus.
-¡Ichijouji vamos, la conferencia está a punto de comenzar!
De pronto sintió como era literalmente jalado por la muchacha a través de los patios hasta llegar a la sala de conferencias donde se anunciaba que el Doctor Koushiro Izumi daría su gran conferencia.
Las luces del escenario se iluminaron casi inmediatamente después de que se sentaron en sus butacas. Y luego de ser presentado por el decano de la facultad de ciencias experimentales finalmente apareció el joven genio.
Pelirrojo y bajito, en realidad, apenas parecía mayor que ellos y no parecía tan nerd sin los lentes con los que lo promocionaban. Ken regresó a ver a la joven de lentes de soslayo, ¡Por favor! Si parecía estar al borde del llanto, conmovida, como si delante de ella estuviera un cantante o músico de moda.
La charla empezó, acompañada con maquetas y diapositivas que indicaban lo exhaustiva que había sido su investigación y el tiempo que le había tomado. Cuando terminó, observó como Inoue fue la primera en levantarse y aplaudir fervientemente. Claro está que luego los demás presentes la imitaron no quedándole más remedio que levantarse también.
De un momento a otro, varios profesores de la universidad se habían acercado a felicitar a Izumi por su presentación al igual que los presentes particulares. Ken giró a su izquierda por protocolo a pesar de estar consciente que no iba a encontrar a la joven de cabellos morados ahí. Se sorprendió cuando no la vio en el tumulto de personas felicitando al pelirrojo.
¿Dónde se habrá metido? No la veía cerca, podría diferenciarla entre toda la multitud. Es decir, cuántas personas podrían tener el cabello naturalmente morado.
Esperó un momento prudencial, dándole tiempo, a lo mejor fue a los sanitarios. Pero nada, finalmente se rindió. No le quedaba más que buscarla. Desechó la idea casi más rápido que cuando la concibió. Inoue no era una cría ni él su niñera como para buscarla. Ya cumplió, fue a esa charla y todo lo que el director les pidió, su trabajo ahí terminó.
Salió de la sala de conferencias y se disponía a salir de la Universidad. Pero, primero se dirigiría a los servicios, por sus propias necesidades, más no por ver si es que Inoue estaba cerca. Una vez cumplido su ciclo se dispuso a marcharse.
-Pero si les he dicho que el Doctor Izumi me ha dicho que le espere en su despacho.
Esa voz…
-Señorita, no podemos dejarla pasar cuando la vimos intentar colarse sin autorización.
No podía ser…
-¿Inoue?
Sí, ahí estaba su desaparecida compañera de clases. Peleando con los miembros de seguridad de la Universidad. Tal vez aun podía marcharse sin que lo notase. Ese no era su asunto.
-¡Ichijouji!
Demasiado tarde. Nuevamente se veía arrastrado por sus locuras. Sintió las vistas de ambos clavadas en su espalda. Él se detuvo cuando dijeron su nombre sería imposible negar que él era Ichijouji.
-Ichijouji.-Ahora la joven se dirigía a él.-Llegas tarde-¿De qué hablaba?-El Doctor Izumi dijo que nos vería aquí después de la charla.
Genial, lo estaba involucrando.
-Vámonos, Inoue.-Trató de persuadirla de marcharse pero la muchacha lo fusiló con la mirada.
-Tenemos que entrar.-Le dijo haciendo énfasis en la primera palabra.
-Sólo pueden entrar estudiantes, si la señorita hubiera sido tan amable de mostrarme su identificación no habría ningún problema. O tal vez el caballero la tenga.
-Yo no estudio aquí.-Fue la simple y llana respuesta de Ken.
Miyako no podía creerlo. Sabía que Ichijouji era cruel, pero, entregarla de esa manera. Ella que estaba haciendo hasta lo imposible por hablar con Koushiro Izumi. Con temor se volvió a ver al guardia que la miraba con coraje. ¡Mierda! Estaba frita.
-¿Algún problema?
Una cuarta voz se unió a los presentes que se giraron a ver de quién se trataba.
Miyako sintió que los lentes se le empañaban al ver a su ídolo parado frente a ella.
-Doctor Izumi.-Saludó el guardia.-Esta joven asegura que usted la citó en su oficina, pero no me quiere dar identificación de estudiante y el joven ni siquiera estudia aquí. Hasta parecen colegiales.
El pelirrojo observó a los colegiales con interés. Los había visto en su conferencia y la muchacha parecía al borde del llanto. Esperen, ese color de cabello.
-Sí, claro, qué tonto. Olvidé avisártelo.-Dijo Koushiro al guardia.-Ellos son alumnos de preparatoria, que vienen a conversar conmigo de parte de mi abuelo.
-Oh, lo lamento mucho entonces, jóvenes.-Se disculpó el guardia retirándose.-Con su permiso, Doctor Izumi.
-Propio.-Lo despidió el pelirrojo.-Pasen por favor.-Invitó a los muchachos a su despacho luego de que se fue el guardia.
-Lamentamos la molestia.-Habló Ken disculpándose por lo ocurrido aunque sólo fue una vil víctima de la locura de su compañera.-Nos retiramos ahora para no molestar.
-Tú debes ser Ken Ichijouji, ¿verdad?-Preguntó Koushiro sentándose tras su escritorio.
El aludido se volteó sorprendido. Cómo y de dónde lo conocía el ídolo Disney de Inoue.
-No me mires así, mi abuelo me ha hablado mucho de ambos.-Siguió el pelirrojo.-De ti y de Miyako Inoue, están participando por la beca, ¿verdad?
-Sí, pero, disculpe no conozco a ningún Izumi.-Habló Ken indicando que el tal abuelo era un desconocido para él.
-Es cierto.-Koushiro se levantó y se dirigió al mini bar de su despacho.-Mi abuelo es Genai, sólo que es el padre de mi madre, por eso no compartimos apellido. Me ha dicho que vendrían y me extrañó no verlos al final de la exposición, jamás esperé encontrármelos aquí. Puedo ofrecerles una taza de té.
-Gracias.-Ken sabía que sería grosero rechazar su amabilidad ahora que sabe quién es el muchacho.
-¿Señorita Inoue?
Miyako ni siquiera se había sentado. Estaba demasiado ocupada procesando todo lo que acababa de ocurrir. En un momento había pasado de pelear con un guardia y ser apuñalada por la espalda por Ichijouji a estar dentro del despacho de Koushiro y estar a punto de beber té preparado por él.
Ken la miraba curioso. La joven se había pasado la semana hostigándolo con sus: "Koushiro esto; Koushiro aquello", que su más grande sueño era conocerlo, que moriría tranquila si hablaba con él y ahora, hasta parecía que el shock de verlo tan cerca le había imposibilitado el habla. Con un poco de suerte y era un daño severo o permanente.
-Yo…
Pero la suerte nunca estaba de su lado.
-¡Gracias!-Dijo alto, demasiado e hizo rápidamente una reverencia.-Lamento las molestias Doctor Izumi y también mi falta de educación al no presentarme aún. Soy Miyako Inoue y he sido fan suya desde que ingrese a la misma preparatoria en la que usted estudió.-Tomó aire.-Mi sueño es llegar a ser como usted algún día, es un ídolo para mí y su exposición de hoy fue sublime y…
-Ya, ya. Por favor levántate.-Pidió Koushiro.-Agradezco que me tengas en tan buen concepto pero tengo entendido que tú eres muy buena alumna, al igual que Ichijouji. Ten.-Le dio la taza de té.-Toma asiento.
-Gracias lamento haberlo molestado doctor Izumi.
-No ha sido molestia para nada, ahora platíquenme sobre vuestro proyecto.
Como si le hubieran dado cuerda, Miyako empezó a explicar detalladamente en qué consistía su trabajo. Ken se limitaba a asentir y a completar cuando su compañera se trababa en mitad de una oración.
La plática se alargó por más de media hora finalizando con una oferta por parte de Izumi de ayudarlos en lo que se les ofrezca.
-Ya saben donde encontrarme para cualquier consulta.-Habló el pelirrojo amablemente acompañándolos a la puerta.
-Sí, como dijiste que era preferible los fines de semana, empecemos por este.-Miyako lo meditó un momento.-No, este fin de semana es el baile de fin de trimestre.
-Pones un baile por encima del proyecto, como siempre, me sorprendes, Inoue.-Habló Ken, que se había mantenido en silencio por casi toda la plática.
-¡Es el baile de fin de trimestre, no puedo faltar!-Exclamó eufórica la muchacha.-Se lo debo… al baile. Es el mejor baile del año porque no es abalado por la escuela, los profesores ni van y los que van no se meten ni nada. En el segundo trimestre es el paseo y en el tercero es la graduación la cual si es abalada por el colegio.-Explicó.-Por lo que el baile de fin del primer trimestre es el mejor.
Ken la miró como si hubiera dicho la mayor de las groserías.
-Recuerdo esos bailes.-Habló Koushiro.-Concuerdo contigo, la escuela, que buenos tiempos.
Ahora entendía porqué ese par se llevaban tan bien.
-¿Por qué no va, doctor Izumi?-Preguntó Miyako.-Después de todo es abierto al público y usted fue alumno.-Rápidamente negó con la cabeza.-No creo que el doctor tenga tiempo para…
-Perderlo en una fiesta estúpida.-Completó Ichijouji.-Gracias por recibirnos.-Se despidió el joven.
-Sí, ¿tú irás, Ichijouji?
-No tengo tiempo de sobra.-Fue su única y parca respuesta.
-Las mejores investigaciones se realizan en el campo de acción y un amigo me insiste que vaya, así que creo que iré.-Dijo el Doctor, sorprendiendo a ambos jóvenes.
-¡Genial! Entonces nos vemos ahí, Doctor Izumi.
Ambos se retiraron siendo despedidos por la amable sonrisa del doctor.
-Jamás pensé que fuera tan amable, cortés y caballeroso.-Habló Miyako con aires soñadores.-Estoy enamorada.
El joven roló sus ojos azules ante la confesión.
-Ahora que lo recuerdo, estuviste a punto de entregarme al guardia.-Le reprochó.
-No mentía.-Se defendió el muchacho.
Es una lástima que no vayas a la fiesta, no sabes de lo que te pierdes.-Dijo con indiferencia.
-Sí claro.-Contestó con sarcasmo.-Pero tu adorado Koushiro si irá.
-Sí, él es muy sociable, irá a la fiesta.-Recordó la muchacha.-Algún día quisiera llegar a ser como él y sobrepasarlo.
¿No se supone que quería sobrepasarlo a él? No al enano pelirrojo, él no es para nada especial. No entiende como Inoue puede admirarlo tanto si dentro de poco tiempo él será tanto o más brillante que él.
-Buena suerte.-Dijo con burla poniéndosele en frente para que detuviese su andar.-Pero recuerda que para eso, primero, tendrías que ser mejor que yo.
Ahí estaba, frente a ella, con su actitud arrogante y altiva. El viento jugaba con su cabello y el sol estaba en su contra haciendo que resaltaran su oscuro color. Sus ojos azules y su tez clara. Poco a poco sintió como el calor se aglomeraba en sus mejillas. ¿Por qué se ruborizaba? Koushiro había sido muy amable y nunca se ruborizó con él, porque lo hacía por la frialdad de su némesis.
-Nunca lo olvides, Inoue.
Cómo podría olvidarlo si hay algo en lo que nunca podrá igualarlo. Ni ella ni el mismísimo Koushiro.
Ken Ichijouji podría ser arrogante, frío, cabezota, borde, hasta un poco idiota e inteligente.
Pero también era jodidamente atractivo.
El viendo hacía mover el encaje de su faldita, empezaba a hacer frío y la carne de gallina no tardó en aparecer en su piel. Hikari se movió buscando resguardo del viento, quedando frente a frente a una vidriera oscura en la cual se podía reflejar claramente.
De qué había servido ponerse mona para él, si ni siquiera lo notó. De nada le sirvió haberse matado de hambre para que no se le saliera ninguna "llantita" entre las líneas del brasier o entre la falda y su blusa, haber madrugado para rizarse el cabello. ¡Nada! Absolutamente nada sirvió. Porque desde el metro, cuando la tomó por la cintura para encontrarse con esa rubia guapa con nombre de mes, ella ya no había sido cuenta para él puesto que la tipa los acompañó todo el recorrido y se despidieron intercambiando números.
¿Qué pasó con su cita? Es decir ella sabía que no era una cita verdadera en la que se darían un casto beso al final pero era su cita de amigos, para la cual se había arreglado tanto.
Ya se estaba empezando a cansar, no podía seguir así para siempre. Ella quería ser maestra de párvulos, casarse y tener sus hijos, en ese orden. Lo malo es que siempre había imaginado ese futuro a lado del muchacho de rubios cabellos y ya empezaba a cansarse.
Se había convencido que Takeru sólo estaba con otras chicas para pasar el rato, como lo ha hecho hasta ahora y que después se daría cuenta que la amaba y le pediría ser su novia y luego seguiría con sus planes a futuro.
Tal vez Takeru nunca la vea como algo más que una amiga y ella lo esperaba en vano.
Ya se estaba cansando de esperar. Aunque Mimi le reproche que no haya hecho nada para cambiar su situación. No puede simplemente ir frente a Takeru declarársele y luego ser rechazada y botar a la basura quince años de amistad.
-¿Estás perdida, linda?
Tan absorta estaba en sus propios pensamientos que no se dio cuenta cuanto tiempo había pasado y ahora tenía a un apuesto universitario frente a ella mirándola con preocupación.
-No, espero a mi amigo, ya viene.-Indicó la castaña.
-¿Eres aspirante?-Preguntó otro chico llegando donde ella estaba.
-No.-Habló la muchacha.
-Deberías, ven a ver el stand de astronomía.-Pidió el primero que habló.
-¡No! Visita el de geofísica, por favor.
-Ustedes siempre quieren llevarse a las chicas guapas a sus facultades.-Reclamó otro.-Por favor visita el de ciencias matemáticas.
-Te invito un trago.
-No seas idiota.-Reprendió otro.-Yo te invito un café.
Hikari no se dio cuenta cuando, pero de un momento a otro estaba rodeada por universitarios que insistían en que los acompañara. Cada uno diciéndole halagos y cosas dulces. Empezaba a sofocarse, ¿Dónde estaba Takeru?
-Fresa y chocolate, gracias por su compra.
Takeru recibió los helados y agradeció antes de marcharse. Estaba feliz, por fin había terminado ese día de tantas obligaciones. Recorrieron de cabo a rabo la Universidad, visitaron stand por stand, recibieron información y aún así no podía decir que ya se decidió por alguna carrera en especial.
Al contrario, parecía aún más confundido.
Lo único bueno de la Universidad hasta ahora eran las chicas, si bien no todas eran hermosas habían unas que no estaban nada mal. Como la chica con la que se encontró en el metro. Después de todo, la Todai no era sólo para genios, sino también para ricos y bien los acaudalados o eran guapos o eran muy feos.
Valdría la pena ir a la Todai para estar con chicas extremadamente guapas. Total, con tal de que siga jugando baloncesto como hasta ahora tendrá beca de manera vitalicia e influencias al momento de calificar. Como en el instituto, de no ser por el baloncesto seguiría repitiendo tercer año.
Empezó a buscar a su acompañante, se supone que Hikari estaba entusiasmadísima al respecto y apenas ha abierto la boca. Cuando Mayo, la chica que los guió desde que salieron del metro, se despidió ni siquiera le contestó y así ha estado hasta ahora. Callada y enfurruñada, pero de seguro y se alegra cuando vea que llega con un helado de fresa sólo para ella.
Volvió a la plazoleta y no la encontró donde la había dejado. Era imposible, Hikari no se iría sin decírselo y, ¿si le había pasado algo malo? Revisó su celular, ninguna llamada perdida o texto. Recorrió nuevamente el lugar con la mirada encontrando a un tumulto de universitarios aglomerados cerca de un edificio.
Decidió a cercarse a ellos a preguntar por su amiga, nunca espero hallarla en medio de todos esos salidos. Los helados se le cayeron al recordar las palabras de su hermano.
"Será, a lo mejor, porque siempre estás con ella que nadie se le acerque"
Las malditas palabras de Yamato taladraron en su cabeza. Odiaba que Yamato tuviera razón y no precisamente porque fuese su hermano quien lo dijo.
-Hikari.-Dijo colándose en medio de todos esos jóvenes hasta que se colocó protectoramente frente a la castaña-¿Se les ofrece algo con mi novia, caballeros?
Bastó esa pregunta para que, cómo hormiguitas empezaran a dispersarse en varias direcciones sin decir palabra.
Cobardes, pensó Takeru. Regresó a ver a Hikari y la encontró ruborizada y con los ojos abiertos.
-¿Te dijeron algo grosero?-El rubio vio como la joven negaba mudamente.-Por eso te dije que me esperaras quedita.-Le regañó.
Hikari lo escuchaba a medias. Las palabras: "Mí novia" aun estaban siendo procesadas por su cerebro. Parecía un sueño y se había oído tan bonito. Aunque lo haya dicho para que pudieran irse.
-Vámonos.-La apremió Takeru tomándola de la mano. Los moscones aun revoloteaban a su alrededor.
La castaña se dejó guiar por inercia observando como muchas de las chicas con las que Takeru había coqueteado temprano los miraban con recelo. Por primera vez no pensó y se aferró al brazo de su amigo sin importarle nada ni nadie. Imaginando lo bonito que sería que fuera así para siempre; de la mano como novios universitarios, luego una pareja de recién casados y por último cuando sus manos, vacías por el momento, lleven a pequeños rubios o castaños.
Su vida de ensueño.
Takeru por su parte ni siquiera era consciente que aún no soltaba la mano de su amiga. Estaba muy ocupado pensando en cómo sería cuando estuvieran en la Universidades separadas. Es decir, dejó a Hikari sola cinco minutos y ya estaba rodeada por veinte tipos. ¿Cómo sería un día sola? Cuando él no esté para espantarlos. La castaña no ha tenido novios, caería fácilmente en las palabras bonitas de cualquier galán que solo se la llevaría a la cama, él sabía de esas cosas y la imagen de Hikari inmiscuida en esos asuntos, le aterraba.
Su peor pesadilla.
-¡Mira Takeru!, ¡qué lindo vestido!
El rubio regresó a ver a la joven cuando se soltó de su brazo para acercarse a una vidriera que exponía diversos maniquíes forrados en vestidos.
-¡Es perfecto para el baile!-Hikari estaba alucinada. Era un bonito vestido corto hasta el muslo, color azul rey, escote moderado y espalda totalmente descubierta. Además tenía un par de zapatos plateados que irían perfectos con el bordado brillante del pecho.
La versión del vestido para Takeru era totalmente diferente. El tamaño de ese vestido apenas cubría nada, él podría usarlo como camiseta y le quedaría corto. El color era muy escandaloso, Hikari era blanca, resaltaría mucho y el escote, mejor ni lo mencionaba.
-No te quedaría.-Fue lo único que dijo el rubio siguiendo su camino.
-¿Por qué?-Preguntó la muchacha sorprendida.
-Es muy llamativo, resaltarías mucho.
-De eso se trata.-Contestó quedamente siendo regresada a ver por un sorprendido Takeru, parecía que hubiese dicho un sacrilegio.
-No, Hikari.-Dijo decidido.-Este te quedaría mejor.-Dijo señalando uno que estaba junto al que su amiga escogió. Era uno blanco con estampado de flores multicolores que le llegaría hasta las rodillas, no tenía escote ni nada que mostrar más de lo debido.
-Es muy infantil.-Contradijo Hikari.
-¿Ah si?-Takeru se hizo es desentendido.-Para mí que te quedaría bien.
¿Acaso no entendía que se la comerían con la mirada si iba vestida así? Si con esa faldita y blusa de tiritas estuvo a punto de ser secuestrada y si no fuera por él, quién sabe qué hubiera pasado.
-Para la matiné de mi primito.
Suficiente.
-¿Esto es por lo de novios y citas de la otra vez?-Preguntó exasperado-¿Por eso quieres ir vestida como una…?
-¿Una qué, Takeru?-Preguntó la joven castaña pillando por el lado equivocado el enojo de su amigo-¿Una de tus novias?
-Sí.-Negó con la cabeza, perdiendo los pocos rastros de paciencia que le quedaban-¿Tan desesperada estás?
Hikari abrió los ojos desmesuradamente. ¿Qué acababa de decir Takeru?
-¿Desesperada?, ¿Yo?-Preguntó ofendida.-Me dices desesperada a mí, a quien sólo le ha gustado un chico en toda la vida. Que hay de malo con que quiera que me mire y me note por yendo en un bonito vestido.
-¡Todo, tiene todo de malo!-Expresó el muchacho repentinamente más molesto que antes.-A los chicos no nos gustan ni las desesperadas ni las niñas que quieren tirarse a mujeres usando un vestido de prostituta.
PUM.
-Eres un tonto.-Exclamó Hikari con la voz quebrada y lágrimas saliendo por sus ojos mientras una de sus manos sostenían su cartera con fuerza y la otra estaba suelta-¡Te odio Takeru!-Dicho lo cual se echó a correr, lejos del rubio.
Takeru estaba en shock. En un momento estaba de la mano de su mejor amiga para al otro estar en medio de una acalorada discusión con Hikari, la misma que le había dado una fuerte y sonora cachetada y se había echado a correr. No fue tras ella, había muchas cosas que le impedían hacerlo.
La primera, era que le había dicho desesperada e había insinuado que luciría como prostituta. Se pasó, lo entiende, pero ella también, por qué le preguntó sobre ese diminuto vestido, parecía de esquineras. Luego metió a sus novias y él lo de las citas y novios. Las cosas se salieron de control y terminó insultando a su mejor amiga.
"Te odio, Takeru"
Esas palabras retumbaban en sus oídos fuertemente. Ella había dicho que lo odiaba. ¿Odiaba que se preocupase por ella? Él sólo la cuidaba y veía por su bienestar. Perlo, vale, si Hikari lo odiaba, allá ella.
Se dio media vuelta y caminó decidido en dirección contraria a la que se fue su amiga.
"Te odio, Takeru"
¿Cómo podían tres palabras enojarlo tanto?
No, era más que eso.
¿Por qué esas tres palabras que sabe fueron dichas por el coraje del momento dolían tanto?
Mimi escuchó suspirar a Hikari por décima vez en lo que iba de la mañana. En sus flancos tenía los contrapesos de una balanza. A su derecha una Miyako que despedía un aura radiante y alegre; mientras, a su izquierda, una Hikari que parecía estar al borde de las lágrimas.
Y ella queriendo irse a su casa lo más pronto posible no puede hacerlo por sus amigas.
-En serio Miyako, deja de soñar despierta y tú Hikari, no es el fin del mundo.-Habló la castaña de los ojos de miel.
-Pero Takeru me odia.-Gimió cabizbaja la muchacha.
-Creí que fuiste tú la que le gritó eso.-Rememoró Miyako.-Además le pegaste.
-Si.-Contestó bajito.-Por eso debe odiarme él ahora, no ha querido hablar conmigo.
-No son una pareja de tortolitos como para que él te busque.-Le recordó Mimi.-Su salida ni siquiera podría considerarse una cita.
-Además, no se merece que tú te sosiegues de esa manera.-Intervino Miyako.-Es decir tú sufres desconsoladamente mientras él no pierde tiempo sondeando a ver con quien comparte su cama en la fiesta.
-¡Miyako!-Reprendió Mimi a la joven de cabellos morados.-Por favor, es bueno el que tu hayas tenido un buen fin de semana pero Hikari no.
-Tal vez.-Expresó Miyako exasperada.-Pero yo en lugar de Hikari estaría planeando una ligera revancha, en vez de llorarle todo el día. Es decir, Takeru la ofendió por el vestido corto y ahí nos insultó a todas tres que los usamos.
Hikari miró a su amiga incrédula, es decir. Ella le dijo a Takeru que lo odiaba y ella tomaría venganza por eso.
-Te dijo desesperada y prostituta.-Le recordó Miyako, adivinando los pensamientos de su amiga-¿No te enoja eso?
-Sí.-Es cierto, le molestó pero lo que más le dolió fue lo otro.
-La idea de Miyako no es tan mala.-Ambas jóvenes regresaron a ver a Mimi como si hubiera perdido el juicio.-No por el lado feminista que se lo toma Miyako, pero si por el hecho que te haya llamado "niña" y tú ya eres una mujer Hikari.-Le recordó Mimi.-Habrá que mostrárselo al ciego ese y si quieres, después, corres a hacer las paces con él.
-¿Cómo?-Preguntó Hikari
-¿Recuerdas mi D&G negro?-Preguntó la nadadora sutilmente. Hikari parecía estar enumerando sus vestidos.-El negro entero, el que dije que algún día te prestaría.
-Ah…-La joven Yagami recordó-¡Ese!
-Es perfecto para la ocasión, además ya mandé a pedir las máscaras para nuestros atuendos, pero me reservaré los detalles.-Observó como Hikari estaba a punto de contradecirla-¿Quieres que te mire como algo más que una amiga?-La aludida asintió.-Entonces, primero tendrá que verte como la guapa mujer que eres.
-Cabe recalcar que debes de mantener tu pose de ofendida, aunque tú le hayas pegado él se lo tenía merecido por insultarte y por borde.
-Y no te angusties pequeña, estoy segura que en estos momentos nuestro tonto amigo estará pensando en cómo disculparse contigo.-Calmó Mimi a la joven enamorada.
Hikari alzó la vista para ver a sus dos mejores amigas. ¿Quién como ellas? Tenían razón, Takeru y ella se habían peleado, ella había hecho mal al abofetearlo pero él la había insultado. Sabe que no siente lo que dijo sobre que era una desesperada o que vestía como prostituta. Al igual que sabe que sí la ve como una nena.
Ella quiere cambiar eso y lo hará, gracias a sus amigas.
-Gracias chicas.
-¿De qué?-Preguntó Miyako.
-Para eso estamos las amigas.-Confirmó Mimi, regresando a ver a Miyako.-Tu también, para la próxima dinos que irás sola a una de esas aburridas conferencias.-Miyako casi se atora con su bebida.
-Se hubieran aburrido.-Justificó Miyako.
-Aunque así hubiera sido. Es decir, aunque no entendamos o les prestemos atención, te acompañaremos.-Le recordó Mimi.-Creí que tú madre te acompañaría pero fuiste sola, eso es algo poco glamoroso.
-De acuerdo.-Contestó Miyako nerviosa, si supieran que no fue sola.
-Pero si nos dices eso Mimi, tu también.-Habló Hikari más tranquila.-Has estado muy extraña últimamente. Te vas temprano, como si le huyeras a algo.
-O ha alguien.-Completó Inoue.
Esa revelación la tomó por sorpresa, nunca se hubiera imaginado que sus amigas lo hubieran notado de esa manera. Es decir, ella no estaba huyéndole a nada ni a nadie.
-Tonterías.-Tenía que pensar en algo rápido, la excusa de "ir a estudiar" no iba con ella.-Estaba ocupada con algunos pendientes, para el baile. Además que, recuerden que a partir del próximo trimestre empiezan los intercolegiales y no había tenido tiempo de practicar.-Una verdad a medias, ya que si nadaba, más no por el intercolegial.
-¿Segura?-Preguntaron ambas al mismo tiempo.
-Por supuesto.-La castaña de bucles procuró sonar lo más segura posible.-No se preocupen.
-Cualquier cosa, sabes que cuentas con nosotras.-Le hizo saber.
-Siempre.-Reafirmó Miyako.
-Gracias.-Dijo sonriéndoles a ambas lo mejor que pudo y se levantó del piso del jardín.-Ahora me tengo que ir, mi entrenador privado llegará en poco tiempo y odia la impuntualidad.
-Vale, adiós Mimi, nos vemos mañana.
La castaña se despidió ondeando su mano elegantemente hasta desaparecer por la puerta. No le gustaba mentirles a las únicas personas que han estado con ella incondicionalmente pero tenía que hacerlo. Ellas, ni siquiera sabe como reaccionarían.
Sobre todo ahora que todo en su cabeza está hecho un lío.
-Perdón.-Se disculpó cuando chocó con alguien.
-¿Mimi?
-Takeru.-Exclamó la castaña sorprendida de ver al rubio delante suyo, a esas horas debería estar en el básquet o ligando. La respuesta llegó sola cuando vio como el rubio no la miraba a ella sino que buscaba alrededor.
No había que ser un genio para saber a quien buscaba.
-No está conmigo, por lo que no está escondida ni ha corrido al verte.-Le dijo burlesca.
-¿Quién?-Preguntó, procurando hacerse el desentendido.
-Ay Takeru, ¿buscas disculparte?-Inquirió dudosa, si lo hace ahora su plan no sería igual de efectivo.
-¿Yo?, ¡ella me pegó!
-Yo te hubiera tirado la bolsa encima no sólo te hubiera cacheteado.-Comentó sin interés.-Pero, entonces, ¿No piensas disculparte?
-No tengo porque hacerlo.-Fue lo único que dijo.
-Por lo que asumiré que rodeaste el colegio sólo porque querías recibir aire.-Agregó Tachikawa divertida.
Takeru se ruborizó y en su mente se dibujó el mapa de la escuela, era cierto, había rodeado el colegio, desde las canchas.
-Bueno, así es más divertido.-Finalizó la castaña.-Nos vemos, Takeru.
Los ojos azules del joven apreciaron que entre todo el júbilo y la burla de la muchacha su mirar estaba extraño, es decir, no estaba opaco pero desanimado, confundida.
-Mimi.-Cortó el caminar de la muchacha-¿Estás bien?
-Qué les ha dado a todos por preguntarme eso.-Agregó entre risas.-Estoy bien Takeru, en serio.-Dicho lo cual la muchacha siguió su camino.
¡Ja! Eso era tan creíble como el hecho que quería recibir aire y por eso había rodeado el instituto.
Decepción, ¿Decepción?
Por extraño que sea eso fue lo que sintió cuando al bajar del tercer piso a los patios se encontró con el lugar vacío. Es decir, Inoue y Hikari seguían ahí, alistándose para irse. Pero, Tachikawa, ella ya no estaba.
Un gran suspiro acompañado de varias respiraciones agitadas lo hizo caer en cuenta de que había corrido desde el tercer piso hasta la salida del edificio. Apenas caía en cuenta de que había corrido todo el camino hacía allí y, ¿para qué?
¿Qué hubiera hecho de encontrar a la muchacha?
¿Reclamarle?, ¿Preguntarle qué había hecho para que le huya de esa manera?, porque desde que se enteró que se iba ni bien rendía exámenes, además que faltaba a las prácticas de natación. No podía ser más obvio. ¿Disculparse?, ¿Sin saber por qué?
¿Qué sacaba actuando de esa manera?
Verla.
Simplemente eso, eso era lo que quería. Asegurarse que todo estuviera bien, de que sus ojos no estuvieran tristes.
¿Había algo de malo con eso? No, porque era solo preocupación de profesor-alumna.
Si era así, entonces por qué no se conformaba con las palabras de sus amigos, quienes le aseguraban que estaba bien.
¿Por qué necesitaba cerciorarse personalmente?
-¿Yamato?
El aludido se volteó rápidamente, esperanzado. Pero, se encontró con su hermano que lo miraba extrañado.
-Takeru.-Habló normalmente.-No olvides estudiar para el examen de mañana.
Takeru lo miró extrañado, ¿sólo eso sabía decirle? Iba a restarle importancia y seguir con su camino. Sin embargo, no lo hizo, prefirió caminar hacía el frente y pasar por lado del otro rubio.
Interesante, sus ojos lucían igual de confundidos y perturbados que los de Mimi, hace unos momentos.
Menuda coincidencia.
-¿Pasa algo Takeru?-Preguntó Yamato al notar la insistente mirada de su hermanito.
-Miyako, espérame recojo mi bolsa y nos vamos.
Esa voz femenina lo hizo tensarse como cuerda de violín y el rubio menor regresó a ver a sus espaldas encontrándose con quien se imaginaba.
-Hikari.-Un murmullo salió de sus labios y observó el rostro de su amiga igual de sorprendido que el suyo. Tal vez, era una buena oportunidad para que ella se disculpara.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando la castaña pasó de largo apartando la mirada de la suya y andando como alma que lleva el diablo. Tras ella una Miyako que no se preocupó de de fruncirle el ceño, decirle "idiota" y sacarle la lengua. Después él era el inmaduro.
Se las quedó viendo hasta que ambas desaparecieron y Hikari nunca le regresó a ver.
-Hikari luce enfadada.-Comentó el mayor-¿Quieres un consejo, hermanito?-Preguntó Yamato a sus espaldas.
-No lo necesito.-Dijo rápidamente y volteando bruscamente regresó a sus entrenamientos.
Yamato lo miró divertido, con que los mejores amigos del mundo habían discutido. Takeru sí que había crecido, ahora parece que la única que llora por eso era Hikari.
Sin querer recordó el llanto de Mimi aferrada a su brazo, ese es su último recuerdo de ella. Por algún motivo añora volver a verla sonreír.
Sonreírle.
Para asegurarse que todo está bien, claro está. Sólo tenía que ser paciente y esperar hasta la mañana siguiente.
Era el día en que le toca rendir su examen.
El olor a canela y chocolate fundido rodeaba el área a su alrededor. El calor del horno, en su punto. Esperando que las galletas fueran colocadas como correspondían.
Modestia aparte, olían delicioso. Se había inspirado en hacerlas.
Precisamente porque eran para el sexy profesor Yamato Ishida.
-Listo, quince minutos y afuera.-Finalizó complacida.
Era inevitable seguir evitándole, la mañana siguiente será el examen de matemáticas, el último examen del trimestre y tenía que verle, aunque aún no quisiera hacerlo. No es que tuviera opción precisamente y tenía que agradecerle lo que había hecho por ella y disculparse por haberlo utilizado como instrumento de revancha contra el idiota de Michael. Aunque él nunca lo supiera.
Ahora siente curiosidad, quiere saber qué es eso que siente y que desplazó a su propio orgullo.
Era muy contradictorio, porque aún le dolía la traición de Michael, por la humillación que sintió cuando fue dejada de esa manera. Aún quería vengarse.
Por otro lado, Yamato Ishida o lo que es igual, quien hasta hace poco era su instrumento para lograr sus fines.
A pesar de saber que la condición del parecido entre ella y la difunta señora, no puede aprovecharse de ello. No quiere que él la vea como otra persona.
Él, precisamente que ha sido el único que la ha visto como Mimi. Sería terrible que se hubiera acercado a ella sólo por su parecido con otra.
Una persona a la que él amó tanto.
Por alguna extraña razón, algo dentro de ella se contraía al pensar en ello.
A pesar de eso, debía agradecerle, por eso hacía esas galletas.
Se siente tan patética. Porque al mirar su reflejo en el espejo se ve igual de vulnerable como cuando cayó enamorada de Michael. Aunque a él nunca le cocinó.
¿Por qué hacía todo eso por el?
-Ay Yamato, ¿Qué siento por ti?
-Diablos.
Maldijo el rubio cuando el nudo de su corbata se deshizo, era todo. Ese día no iría con corbata. Se estaba comportando extraño, seguramente porque era el último día de exámenes. Le tocaba tercer curso.
El curso de Mimi.
Por quien se ha preocupado los últimos días y porque no.
Extrañamente, de alguna manera, la ha extrañado.
Su presencia, su porte a mujer adulta, su carita y… ¡es su alumna!
Mejor deja de pensar tonterías y se termina de ir al instituto.
Toda su retorica y su monologo se fueron a la mierda esa mañana. Cuando se acobardó de seguir a su salón y se desvió hasta la más grande encrucijada de su corta y joven existencia.
Ese asunto era entre la alarma de incendios y ella.
El nefasto aparato la incitaba a tomarla y jalar de ella. Así ya no tendría que ir a presentar el examen.
No, no podía huir así nada más. Tenía las galletas en la bolsa. Pero no quería verle.
Y, ¿si por algún extraño suceso le pregunta por qué no fue a las clases con él, ni a las de repaso para el examen?
Sobretodo, no podía mostrarse frente a él tan confundida como estaba en esos momentos.
Así que lo haría, aunque nunca había hecho algo tan serio como fingir una emergencia. Es decir, no era tan obediente como Hikari o Miyako, pero tampoco era una delincuente juvenil. Sus faltas no han pasado de accesorios fuera del reglamento, faldas cortas y bordados en las blusas.
Pero lo haría, pensaría en la palanca de emergencias como en ese botón rojo que es imposible no tocar y la jalaría como quien se quita una bandita.
Listo. Uno, fijó el objetivo. Dos, puso su mano sobre el instrumento criminal y tres…
-¡Tachikawa! ¿Qué cree que está haciendo?
Mimi se quedó de piedra por un par de segundos más luego de comprender lo que ese grito significaba, se relajó. Nunca pensó que se sentiría aliviada de que sea precisamente la inspectora Takenouchi quien la encontrara infraganti.
-¿Perdón?-Preguntó volteándose mientras pensaba en lo irónico del caso. En otras circunstancias estaría pensando en que sus vestidos de Prada irían a parar a manos de Miyako después de su muerte-¡Santa madre de Dios!
¿Qué carajo tenía en frente? Dios mío, ese atuendo era horriblemente horripilante. Esa blusa de botones con ese espantoso estampado que parecía un garabato hecho por parvularios con esa falda entubaba cuadriculada y mocasines plateados.
Quería vomitar y llorar al mismo tiempo, necesitaba hacerlo. Esa ropa parecía comprada en un pulguero, reconoce que hay mucha ropa bonita y económica pero eso… seguro y a la inspectora le pagaron para que se lo llevara. Con temor fijó su acaramelado mirar en su cabeza. Por todo lo bueno, acaso una pareja de águilas había decidido anidar ahí.
Y su rostro, por favor, la sombra oscura tan concentrada sólo se usa cuando se va a una fiesta de noche.
¿Por qué no se enteró antes? Ahora que lo piensa, Miyako armó un gran alboroto últimamente respecto a los cambios de la inspectora, pero como su amiga tiende a exagerar todo no le tomó mucha importancia y seguía yéndose temprano sin tomarse la molestia de verla siquiera.
-Sus disculpas son inútiles.-Lo meditó un momento.-Su patética disculpa es inútil frente a esta prueba irrefutable de intento de vandalismo.
-Vale.-Agregó Mimi nerviosa pero ansiosa, en pocos minutos la llevaría a inspección, donde trataría de localizar a sus padres inútilmente para finalizar dándole el sermón del año y finalmente la suspendería.
Para cuando todo eso acabe, el examen y tal vez hasta el año escolar finalizaran.
-A mi oficina, Tachikawa.-Ordenó Sora apremiándola complacida. No sólo la chica más popular del instituto se había quedado sin palabras frente a su atuendo y maquillaje, sin duda alguna se había superado a ella misma esa semana. Todo el mundo la regresaba a ver por la calle, Taichi le sonríe y se ruboriza cuando la ve pasar, aunque nada de eso era por él. No podía esperar estrenar su vestido en el baile; capaz y hasta la confunden con una estudiante.
-Señorita Takenouchi.-Mimi musitó. La bruja no se merecía su compasión pero lo que estaba haciendo con la moda le hacía doler las vistas con sólo verla.-Su atuendo…
-¡¿La has visto esta mañana?
Una voz masculina las sacó a ambas de sus ensueños y se quedaron quietas al darse cuenta que la sala de profesores estaba ocupada y estaban hablando alto. Demasiado y esa voz sólo podía tener un dueño que ambas mujeres reconocieron al momento.
Taichi Yagami.
-Qué pregunta más estúpida.-Habló la misma voz de antes-¡¿Cómo no verla? Pero hoy, Sora Takenouchi se lleva el premio.
La aludida se concentró en lo que hablaban puesto que ella era el tema principal y Mimi como buena estudiante imitó a su inspectora quedándose quieta y callada.
-Taichi…
Esa era una segunda voz masculina que le hablaba al castaño como si reprendiera a un niño. Mimi conocía a esa voz a la perfección, era Yamato.
-Yamato, por favor.-Siguió riéndose el castaño de cabellos alborotados.-Es decir, la he visto toda la semana en una especie de metamorfosis invertida.
-A lo mejor se siente bien vistiendo así.-Justificó el rubio.-Comodidad.
-Yo me siento bien cuando estoy únicamente en bóxers y no por eso vengo así al instituto.-Explicó Yagami.-Estoy seguro que cuando la gente la ve por la calle se preguntan si va a un circo.
-Taichi, no te burles.
-Me dices eso y mírate, te cuesta contener tu propia risa.-Se burló el instructor de gimnasia de su mejor amigo.-Frente a esto, Sorita era guapísima en sus ropas de monja-solterona-amargada.
-Por favor.-Pidió Yamato conteniendo su risa lo más que podía.
-Es verdad, prefiero mil veces a Sora de las Mercedes antes que a una versión asiática de la esposa de Sweeny Tood. Hoy especialmente, estoy seguro que si un bebe pasara a su lado lloraría, parece la mujer del Wasón con todo ese colorete en la cara.
En ese momento el rubio se rindió y acompañó a su amigo en las carcajadas.
Las dos mujeres afuera estaban estupefactas. Mimi, en otras circunstancias se hubiera muerto de la risa. Pero la imagen frente a sus ojos se lo impedía. Parecía que una simple brisa se llevaría a la pelirroja, estaba perpleja y ni siquiera pestañeaba. Parecía estar al borde del llanto y no era para menos.
-No digo que se vista bien, pero no deberíamos burlarnos de la señorita Takenouchi.
Palabras sin sentido luego de que el daño estaba hecho, pensó Mimi.
-Señorita Tachikawa.-Sora la llamó con un hilo de voz.-No pierda el tiempo y vámonos a mi oficina.
-No puedo evitarlo, cuando voy a impartir una clase y ella pasa, los alumnos se contienen las risas por miedo. Pero, una vez que se retira se revuelcan, Yamato.
Mimi asintió quedita, sintiendo algo que jamás pensó que sentiría por Sora Takenouchi:
Pena.
-Cómo sea, ahora me voy, tengo examen con el curso de Takeru y Hikari.-Explicó el rubio recogiendo las copias de las pruebas.
Se supone que debió estar en el salón hace media hora, pero Taichi lo detuvo
-¿Algo pasa con los enanos, verdad?-Cuestionó Yagami.
-Sí.-Contestó Yamato colocándose los lentes.-Pero ya no podemos meternos.
-Ver a Hikari así de achicopalada por culpa del gigoló de tu hermano es molesto pero, tienes razón.-Concluyó el profesor de gimnasia.-Además, si me entero de lo que sea que hizo te hermanito. Querré golpearlo.
-Y yo te golpearía a ti por no dejar que resuelvan sus problemas solos.-Acotó Yamato.-Ahora me voy.
-¿Por qué tanta prisa?-Indagó Yagami.-Estamos en exámenes, puedes ir a la hora que sea y parece que estás ansioso por llegar a tercer curso.
Yamato se paró en seco, ¿estaba ansioso? No, no lo estaba. ¿O si?
-Es el último día, mientras más pronto acabe, mejor.-Justificó Ishida.
-Claro.-Asintió el castaño no tan convencido.-Estás ansioso por la fiesta.
-Ya te dije que no iré.-Le recordó Yamato.
-Pero no hemos salido juntos desde que volviste, le hable a Koushiro, creo que hasta él vendrá.-Taichi trataba de persuadirlo.-Le dijiste a Takeru que irías.
-Para molestarlo, ambos sabemos que no le hace ilusión precisamente. De hecho, creo que me pagaría para que no vaya.
-Oh vamos Yamato, no son tan malas, estaremos fastidiando un rato a los estudiantes, luego vamos a embriagarnos, a un bar nudista y empezamos las vacaciones felizmente.
Yamato le dio una mirada reprobatoria y siguió su camino, no cabía duda Taichi aun no aceptaba el hecho de que era un adulto responsable o que se suponía que lo era. El concepto de diversión de su amigo era embriagarse hasta perder la consciencia. Él no es ningún santo, pero no se arriesgaría a esos espectáculos cuando sus alumnos están delante de ellos.
-Y con esa boca juzgas a mi hermano.
-Yo soy mayor de edad.-Se defendió Yagami.
No podía dar esa mala impresión a los alumnos, él les llevaba de nueve años en adelante. Sin mencionar que no era algo que le llamase la atención precisamente ni tampoco tenía un motivo ulterior para hacerlo
-Buenos días jóvenes.-Entró saludando mientras los muchachos dejaban de hacer lo que sea que hacían para acomodarse.-Por favor, los pupitres vacíos. Sólo el bolígrafo y corrector encima.-Ordenó dirigiendo una rápida mirada al salón.
Al parecer todos los asientos estaban ocupados, Takeru y Hikari ni se veía; recorrió su vista en las filas de abajo. Ichijouji lucía soberanamente aburrido, más abajo, dos asientos vacíos.
-¿Dónde están Inoue y Tachikawa?-Preguntó el rubio curioso por que faltasen ambas.
-Perdón.-Una voz femenina entró súbitamente al salón.-Mimi está en inspección con la inspectora Takenouchi. No podemos interrumpirla.
-A su puesto Inoue, empezaremos la prueba en dos minutos.
Yamato procesaba la información conforme entregaba las pruebas a los estudiantes. Tachikawa no estaba ahí, estaba en inspección. ¿Qué habrá hecho para que ni siquiera la dejen salir a rendir examen?
Llegó a su puesto vacío y lo miró con desdén para luego dirigirse a su escritorio. Había esperado una jodida semana porque llegaría el día del examen donde estaría forzado a verla. Había extrañado verla, escucharla. Qué estaba pensando, aunque era verdad.
Maldita sea y se estaba haciendo costumbre preocuparse por ella más de la cuenta.
Pero es bueno si compara el hecho de que se estaba acostumbrando a su presencia más de la cuenta.
Es bueno pero es malo, que analogía más compleja.
El ambiente en la rectoría era lúgubre, no podía evitar sentirse nerviosa y presionada. Nunca antes había estado en el despacho de los profesores, inspectores o directores y ahora lo estaba. Todo por culpa de su maldita cobardía.
En ese mismo momento, se debate entre querer irse a rendir el examen o quedarse donde estaba.
Quiere ver al profesor, pero al mismo tiempo no quiere hacerlo.
Esa mañana, ante la sola idea de reencontrarse con él su corazón había empezado a latirle más fuerte y se formó un nudo en su estómago. ¿Qué era eso?, ¿Por qué le asustaba?, ¿Por qué era algo que no había conocido antes o porque ya lo había experimentado?
Como sea, lo que le aterraba además, del desconocimiento era sentirse tonta porque el profesor Ishida no parecía estar afectado por su situación o su ausencia. Miyako le dijo que preguntó por ella una vez y nunca más; mientras, ella le había extrañado todos los días.
Si, porque esa molesta sensación de añoro y ganas de verlo era porque le extrañaba y eso no estaba nada bien.
E allí el porqué de sus sentimientos encontrados.
-Tachikawa, vuelva a su salón.
Escuchó como le ordenaban desde el servicio, desde que llegaron, la inspectora Takenouchi se había metido al baño y no había salido de ahí todavía. La castaña miró su reloj de muñeca, aun llegaría a tiempo, el pánico la inundó de nuevo. No podía irse.
-¿Está bien, señorita Takenouchi?-Preguntó tratando cerca de la puerta, escuchando como el agua corría del fregadero.
-Si Tachikawa, ahora a su salón.-Ordenó irritada la pelirroja.
-Pero…-Mimi no podía irse, no todavía.
-¡Largo!-Exclamó exasperada la inspectora, saliendo del baño con su rostro y sus cabellos mojados.
El maquillaje se corría por las mejillas de la inspectora, y sus ojos estaban rojos. Mimi no podía distinguir si era agua o lágrimas lo que escurría a lo largo de su rostro.
No pudo evitar compadecerse de esa pobre mujer nuevamente, las palabras que utilizó Taichi para referirse a ella fueron muy duras. Es decir, correcto, tenía un ojo ciego para la moda, maquillaje y estilo de cabello, pero, no merecía escucharlo de esa manera.
-No llore.-Fue lo primero que se le ocurrió decir.
Sora se incorporó automáticamente, se sentía humillada pero no al punto de querer que la chica más mona, popular y glamorosa del instituto sintiera lástima de ella.
-Creí haberle ordenado que se fuera a su salón, señorita.-Como pudo, llegó a su escritorio y tomó una toalla para secarse la cara frustrada porque las manchas negras de sus ojos no salían por más que restregara.
-Tenga.-Mimi extendió una botellita blanca por el escritorio.-No importa cuanto restriegue, no saldrá con agua.
-¿Qué hace eso en su cartera?-Inquirió, a pesar de tomarlo.-Debería confiscar y requisar su cartera.
-Pero si hace eso no podría ayudarle.-Canturreó Mimi como quien no quería la cosa.
-¿Ayudarme?, ¿tú?-Cuestionó intrigada-¿Cómo se supone que puedes ayudarme tú? Además, no hay nada en qué debas ayudar.
-Usted, es muy bonita inspectora.-Confesó Mimi mientras se ponía de pié y le ayudaba a retirar el maquillaje correctamente.-Con un poco de ayuda, quedará hermosa, será un cambio extremo.
-Ya intenté cambiar y sólo conseguí ridiculizarme a mi misma, cuanto no se habrán burlado los condenados estudiantes.
-Sí, reconozco que parecía…-No podía compararla con nada.-Un niño que apenas empezaba a conocer la gama de colores que existen y no es para menos, desde siempre sólo ha combinado blanco y negro. Con un par de tips básicos podría defenderse muy bien y cerrar la boca de los hombres que se burlen de usted.
Sora estudió las palabras de su joven estudiante. Tal vez Mimi Tachikawa dejaba mucho que desear en las materias escolares, pero si había algo de lo que podría estar segura es que en moda y estilo, ella era la mejor entendida.
-¿Qué ganas con esto, Tachikawa?-Sora no era estúpida y la castaña no figuraba en su lista dorada precisamente y sabía que ese sentimiento era mutuo. Así que, por qué le ayudaría.
-Hacer mi buena obra del día.-Si Sora supiera que ya le había hecho un favor.-Tal vez, hacer como si este incidente nunca hubiera ocurrido y con un poco de suerte, recuperar mis argollas Gucci.
La pelirroja analizó la situación, claro, todo en esta vida tenía un precio y ese era el de conservar su imagen y reputación.
-¿Qué ocurrió Tachikawa?-Odiaba hacer esto, pero en ese momento la mocosa la tenía en sus manos.-Hoy usted llegó tarde y le prohibí rendir el examen por esa falta.
Mimi sonrió complacida por los resultados de su brillante plan y empezó a hablarle sobre los principios básicos de la moda. Los tres colores que no podían faltarle en zapatos y que un Jean combinaba con cualquier color de blusa. Que podría empezar por ahí. El cabello, suelto, si no estaba alisado, mínimo y ponerse una crema para ondularlo adecuadamente o para que no se esponje y el maquillaje era lo de menos, en el día, el rímel, delineador y brillo no podrían faltar. Era tan sencillo.
-Empiece por eso, luego iremos experimentando con más colores y estampados. Recuerde que si usa una blusa estampada, el pantalón o la falda deben ser llanos.-Terminó de explicar la castaña a la pelirroja.-Ahora, mis argollas.
-Vestidos Tachikawa, eso le faltó.-Contestó Sora seria, ignorando su pedido-¿Qué vestido podría quedarme bien?
-Uno color beige, resaltaría su color de piel yel color de su cabello. Apretado en la cintura, las piernas entalladas y…-Tachikawa se fijó bien en el cuerpo de la inspectora dándose cuenta de algo que por lo tapada que estaba normalmente no se había fijado. Se cercó y sin decoró tomó la blusa jalándola hacía atrás para poder tener una visión más exacta de sus…-Sin escote.-Por Dios, ¡lo sabía!, esa mujer debía ser al menos talla C, aunque fuera con un strapless se notarían.-Strapless, aún así se notaran.-Sentenció Mimi decidida.-Chanel tiene un modelo perfecto en stock, debería ir a verlo.-Comentó recordando.-Zapatos negros o café, taco alto. Practique antes de su compromiso y camine con seguridad, aunque no lo crea cómo camina es la carta de presentación ante personas que no conoce, tiene que ser segura y equilibrada, perfecta.
Sora parpadeó un par de veces ante lo que acababa de escuchar. Tachikawa sí que era una muchachita decidida y conocedora en ese ámbito y si así era en eso, podía serlo en cualquier cosa. No pudo evitar esbozar una sonrisa y extendió sus manos al igual que la muchacha que esperaba por sus afanados aretes.
-¿Qué hay del peinado y el maquillaje?-Preguntó antes de soltar su mano.
-Bucles, le dará un aire más juvenil, tiene veinticuatro, no es nada vieja y tiene un hermoso cabello pelirrojo. Cuando vaya al salón, que no los hagan con tenaza sino con esos rizadores naturales-Sentenció.-Y el maquillaje pídalo sencillo, tonos tierra, si le quieren poner rojo, verde o azul, demándelos. No olvide hacerse las uñas, siempre se fijan en eso.
Complacida, Sora abrió sus manos dejando caer el par de argollas que la muchacha tomó contenta.
-Bueno, ha sido un placer hacer negocios con usted, inspectora Takenouchi y no se preocupe, esto queda entre las dos.
Sin saber porque, la pelirroja creyó en sus palabras.
-Sabes Tachikawa.-Empezó a decir haciendo que la muchacha se detuviese.-He cambiado el concepto que tenía de ti.
-¿Ah si?-Cuestionó la muchacha intrigada-¿Qué pensaba de mi antes?
-Niña rica, hija de mamá y papá, hueca, despreocupada, indecisa, insegura, malcriada, llorona y caprichosa. Aún lo pienso.-Dijo antes que nada.-Sólo que ahora, además de eso, veo que eres una mujer decidida y a tu manera, fuerte. Es decir, si hablas así de la moda, de manera tan decidida y acertada puedes tomar decisiones acertadas en todo Tachikawa, no dudas, no vacilas y eso está bien.
-Wow.-La joven aludida hasta se ruborizó un poco por las palabras de la otrora llamada General Takenouchi.-Pero y si la decisión no es la correcta.
-Por favor, hay cosas que son obvias Tachikawa y las que no son tan claras, igual, en algún momento de tu vida tendrás que tomar una decisión así y estás a buena edad para equivocarte y aprender. El que no arriesga no gana, mírame a mí. Si no hubiera hecho el ridículo casi dos semanas nunca hubiera aprendido. Ahora vete y no pienses que esta pequeña charla te da derecho a tutearme o a creer que podrás venir con esas argollas de nuevo y te lo advierto, la próxima vez confiscaré ese bolso hasta que tus hijos vengan a reclamarlo.
-Vale.-Contestó la muchacha con una sonrisa.-Sabe algo, inspectora Takenouchi, mi opinión sobre usted también ha cambiado. Estoy ansiosa de ver a la mujer tras de esos hábitos de monja, tenga unas felices vacaciones.
-Igualmente.-Deseó la mujer.-Gracias.-Pero esa palabra no pudo ser escuchada por la joven puesto que ya se había marchado.-Gracias por todo.
Sería difícil, pero no imposible. Cabe recalcar que tiene un gran motivo:
Hacer que Taichi Yagami se tragara hasta la última de sus burlas.
Los pasillos estaban vacíos, apenas y se escuchaba algún bullicio en la parte de las canchas. ¿Qué hora era? Dirigió su vista a su reloj de pulsera XOXO. Dios, ya era muy tarde, todos debieron haberse ido. Revisó su celular y efectivamente, tenía un mensaje de Miyako en el que le avisaba que irían a las cuatro a su casa para alistarse para la fiesta.
De acuerdo, entonces, ella también se iría. Guardó el celular en su bolso y a hacerlo, se encontró con sus galletas.
"…puedes tomar decisiones acertadas en todo Tachikawa, no dudas, no vacilas y eso está bien."
Las palabras de Sora retumbaron en su cabeza Y, ¿si se equivoca? Después de todo no sabe lo que siente y a su vez tiene miedo de aquello que desconoce.
Pero quiere averiguarlo, necesita hacerlo.
Sin pensarlo, se dirigió a su salón y ahí estaba el motivo de sus confusiones, de sus sentimientos, de sus dudas y del latir desbocado de su corazón.
¿Será posible que en dos semanas esté más guapo? O era sólo un juego sucio de su subconsciente, una mala pasada óptica al ver como el sol hacía ver sus cabellos más rubios mientras miraba a la ventana fumando un cigarrillo.
Su pulso acelerado, su añoro, sus dudas y sus confusiones sólo podían significar una cosa en lo que a ella le concierne.
Era ahora o nunca.
Ahora, no sólo la inspectora Takenouchi y Hikari tendrían un plan en mente. Ella también y lo llevaría a cabo pase lo que pase. En el peor de los casos, aún estaba en edad de preocuparse.
Ya luego se preocupará de las consecuencias.
Nunca llegó.
Mimi Tachikawa nunca se presentó y ha estado esperando en la ventana, verla salir vanamente. ¿Dónde se habrá metido?
Estaba jodidamente preocupado por esa niña y de aquí no la vería hasta dentro de una semana. Maldición.
Porque sentía esa ansiedad al no verla.
La extrañaba…
Toc Toc
La puerta sonó y el se regresó a verlo. ¿Será posible que sea ella?
En dos zancadas alcanzó la puerta pero cuando la abrió ya no estaba nadie ahí. Recorrió el pasillo, pero no había señales de nada ni de nadie. ¿Quién diablos?
Yamato se llevó una sorpresa cuando al regresar al salón se dio cuenta que había ignorado un pequeño bultito sobre el piso. Se agachó a recogerlo, olía muy bien, era algo dulce.
Galletas.
En forma de osos y corazones, olían a canela y tenían chispas de chocolate encima. ¿Otra alumna que se quiere declarar? Pero de ser así, por qué no esperó que saliera.
Un papel se cayó cuando abrió la delicada envoltura de tul transparente que contenía a los bocadillos. Sin dudarlo lo abrió y una sonrisa se coló en su rostro involuntariamente al leer lo que estaba escrito con tinta morada.
"Nos vemos en el baile. Mimi"
Seis palabras tan simples pueden tranquilizar un poco la angustia. Parece que sí, puesto que ahora se sentía un poco más tranquilo y desconcertado.
Sabía que estaba mal, que no debía ir, es más, hasta hace cinco minutos no iba a hacerlo.
No debe, pero, quiere.
Sin embargo, ahora es diferente. Quiere preguntarle cómo ha estado, por qué no ha ido a sus clases, al examen. Si hizo algo que la molestó y la alejó.
Pero, más que nada quiere verla.
Por alguna razón que desconoce, necesita verla.
Su recámara no era habitable en esos momentos. Ropas tiradas por todos lados, zapatos, accesorios de pedicura y manicura esparcidos por doquier, planchas, rizadores y maquillajes. Su cama había desaparecido sepultada entre tantas cosas, pero el resultado había valido la pena.
-¿Listas?-Preguntó Miyako desde el umbral de la puerta.
-Falta lo más importante.-Canturreó Mimi mientras de su gran armario sacaba una caja.-No podemos ir a un baile de máscaras sin unas, ¿verdad?
Sin más que decir, sacó el contenido de la caja y repartió aquellos antifaces que ella misma escogió a sus mejores amigas. La dorada para Miyako, que iba con un bonito vestido corto que dejaba ver sus torneadas piernas y el escote al cuello. Incluso usaba lentes de contacto, de no ser por su cabello tan llamativo no se la reconocería. La negra, para Hikari. Ella sí que estaba irreconocible, su cabello lacio, planchado y su cuerpo envuelto en aquel diminuto vestido negro. Ella ya sabía que su D&G le quedaría perfecto a la pequeña. Sin mencionar que su tez clara contrastaba con la ropa y los zapatos, tanto como el maquillaje oscuro realzaba sus ojos y el rojo pasión, sus labios. Parecía una muñequita de porcelana.
-Una sexy muñequita de porcelana.-Murmuró Mimi cuando vio con aprobación la transformación de la menor Yagami.-Así Takeru jamás volverá a decir que pareces una nena.
Hikari regresó a ver a su amiga que se colocaba su máscara. Mimi, iba a la par con su atuendo, una máscara plateada que combinaba con sus zapatos y contrastaba con su vestido blanco de corte griego. Corto, pero elegante, solemne. Como ella, sus cabellos rizados armoniosamente la hacían parecer un ángel o bien una deidad.
-Tú pareces un ángel.-Le devolvió el cumplido Hikari.
-Sí ya sabemos que yo desentono.-Se quejó Miyako.-Ustedes están irreconocibles.
-Te delata tu cabello, Miyako.-Corrigió Mimi.-En lo demás, nadie pensaría que eres la segunda mente más brillante del distrito.
-Las personas sobrevaluan la apariencia, es decir, creen que porque uno es aplicado tiene que tener granos, usar lentes y frenillos.-Corroboró la muchacha de cabellos morados.-Mírenme a mi, sólo uso lentes e Ichijouji parece sacado de revista el muy desgraciado.
-Sí y aún así te has puesto mona y también te has quitado las gafas.-Canturreó Hikari con el afán de molestar a su amiga.-Si Ken estuviera acostumbrado a ir a las fiestas diría que te has puerto guapa para ganarle también en eso.
-Yo no me pondría guapa por él.-Dijo Miyako firmemente.
-Claro y por eso te ruborizas ante la mención.-Ayudó Mimi a fastidiar a su amiga.
-Yo no soy como Hikari que tiene un motivo ulterior para su cambio extremo.-Rápidamente negó con la cabeza.-Apoyo tu motivo ulterior al cien Hikari.
Todas rieron en coro mientras bajaban a encontrarse con el coche que las esperaba. Mimi vio a sus padres fingiendo ser un típico matrimonio feliz, tan absortos estaban en ello que ni siquiera se voltearon a verlas salir. Apenas y contestaron la despedida.
Las tres se pararon frente al espejo de cuerpo entero del pasillo contiguo al servicio para visitas, la castaña sacó su moderno celular y sacó una excelente foto de las tres. Revisando la foto, Mimi se dio cuenta que era verdad, las tres lucían hermosas.
Y, al parecer, las tres tenían sus motivos para estar así.
-Vámonos, Mimi.-Apremiaron ambas muchachas a su amiga y se dirigieron al coche.
Todas las miradas se dirigieron a ellas cuando bajaron de la limosina de los Tachikawa. Claro que pocos fueron los que las reconocieron inmediatamente.
Ellas iban de blanco, negro y café. Tras de ellas, una pelirroja igual de guapa enfundada en un vestido beige.
Los antifaces ayudaban a pasar de incógnitas, pero su presencia se sintió apenas pusieron un pié en el salón del baile.
Hasta Ken Ichijouji, dominado por la curiosidad alzó la vista para ver de quienes se trataban.
Takeru examinó a las chicas, hermosas. De todas tres, la que iba de negro era la que más llamaba su atención. ¿Quién sería? No la conoce, todavía. Pero para el final de la noche sí que lo haría, la conocería, completamente.
-Si no fueran estudiantes….
Yamato escuchó como Taichi se quejaba y alzó la vista para ver a las muchachas por las que hacían tanto alboroto.
Sin duda, autenticas bellezas en flor de su juventud. Una de ellas se quedó viendo tras su máscara y se detuvo cuando se encontró con sus ojos azules.
Esos ojos miel eran inconfundibles, era ella, enfundada en ese vestido blanco.
Parecía un ángel.
Y él, se sentía un demonio por en esos precisos momentos desear a aquel ser etéreo y tan prohibido.
Ella le sonrió y su corazón dio extrañamente un vuelco.
Y la noche, apenas comenzaba.
¿Continuará…?
Notas de la Autora:
¿Y?, a qué promete mucho para el siguiente capítulo. Ahora sí, como han sido buenos niños os diré que no más habrá en el próximo capítulo.
Habrá LEMON, peleas, besos y toqueteo entre nuestras cuatro parejas principales. Uno para cada uno. Un premio a quien adivine primero y correctamente cual va para cual jeje, el premio, podría ser un Drabble, Oneshot corto, con la temática que quieran y la pareja que quieran y que coincidamos en gustos (Perdón, podría ser injusto pero no podría escribir un NaruSaku o un Kaname x Yuuki, por ejemplo) Hablaríamos por interno con el ganador y si es algún anónimo, me da su mesengger o me agrega a mi, mi mail está en mi perfil.
¡Eri! Tu no entras porque ya sabes y eso sería trampa xD
Bueno, ahora con el capítulo, espero que les haya gustado. Tal vez exageré con Sora, pero, todas sabemos que hay personas que se visten muchísimo peor. Tampoco me considero una chica en lo último de la moda, por eso Mimi le ha dado tips básicos XD, lo que todas tenemos que saber o sabemos.
¡Yamato la estuvo extrañando! Pobre de nuestro Rubio, con todos sus prejuicios, pero, ¿se dará una oportunidad? O ¿primero caerá rendido a la tentación? Y Takeru, embelesado por la misteriosa chica que iba de negro. ¡Ken! ¡Fue a "perder su tiempo" en una fiesta!
En fin, espero que les haya gustado, he subido dos Oneshots, uno de Kirino no Corda o mejor conocido como La Corda de Oro y otro de Spice&Wolf, si han visto estos animes y os gustan los invitó a leerlos y comentarlos, el de La Corda de Oro es un Len x Kahoko y el de Spice&Wolf un Lawrence x Horo.
Si quieren recomendarme mangas Shojo estaría contentísima, desde que leí Hana to Akuma no encuentro algo mejor que eso XD si no lo han leído, háganlo, es demasiado lindo, no se arrepentirán. No conocerán a hombre/demonio más celoso que Bibi! y estoy pensando en un oneshot para ese también. Tambien Kamisama Hajimetatsu amarán a Tomoe.
Bueno como siempre gracias a todos por su apoyo, saben que siempre los tengo en cuenta, desde ustedes, lectores anónimos hasta mis fieles lectores que siempre me alegran el día con un bonito RR.
Gracias a:
TODOS LOS QUE COMENTARON! LAMENTO SI NO LOS MENCIONO, PERO A PARTIR DE MAÑANA EMPEZARÉ A CONTESTAR LAS RR. A LOS ANONIMOS, MUCHÍSIMAS GRACIAS. PERO ES QUE SINO, NO TERMINO DE ACTUALIZAR HOY. Y SÉ QUE NO QUIEREN ESO.
SABEN QUE SIEMPRE LOS LLEVO EN MI CORAZÓN Y LES AGRADEZCO SINCERAMENTE.
GRACIAS
En serio, gracias a todos ustedes, es por y para ustedes que esta historia sigue. Espero me puedan regalar otro RR.
¡Los quiero!
Se despide con un beso:
Sakura Tachikawa.
