Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no es mío.
Cap 7: Willy Wonka y la chica de los tatuajes.
Bella´s PoV:
No es que no quisiera a las chicas, porque sí las quería. Les tenía muchísimo cariño, pero cuando se juntaban todas eran demasiado para que pudiera soportarlo. Cuando era pequeña solía imaginarlas como grandes avestruces de colores chillones que cascabeleaban alegres por el salón de mi abuela.
Gladis y Susana se sentaron en el sillón grande mientras que Greta y Miriam ocuparon los individuales. Mi abuela volvió de la cocina con una botella de anís el Mono y una baraja de cartas.
A Edward lo dejaron al medio del sillón grande. Susana y Gladis enrollaron sus brazos en los de él, mientras que Greta y Miriam le tiraban preguntas a bocajarro. Verlas así me hacía imaginarlas como carceleras, estaban reteniendo a Cullen que conforme más pasaba el tiempo más asustado se veía.
—Y ¿Te gustó Annetta South?—Preguntó Miriam rebuscando en su bolso. Edward abrió la boca para contestar, pero no lo dejaron—¡Oh sí! No me digas más. ¿Te encantó verdad?—Todas rieron con ganas. Cullen me miró entre sus pestañas como diciendo "Pero si yo no dije nada".
Porque así eran ellas, te hacían una pregunta que jamás te dejaban contestar, ya que se respondían a si mismas. Me encogí de hombros y le sonreí.
—Trae esa botella aquí Marie, estamos sedientas—Pidió Greta repantigada en el sofá que solía usar mi abuelo—Cuéntame chico guapo ¿Ya fuiste a ver el pueblo?—Greta era la mayor de todas. Y vivía en el centro del pueblo, mientras que todas las demás habitaban en las granjas de las afueras. El esposo de Greta era el único contable de Annetta South, mientras que los de Gladis y Miriam se dedicaban a la ganadería. Susana sin embargo se definía a sí misma como una "Viuda alegre", porque aunque su marido no estaba muerto, una noche fue a por tabaco y jamás volvió. "Soy viuda sin haber pasado por el entierro de mi Harry" Solía decir Susana. Igualmente había sido lo mejor para ella y sus dos hijos, ya que Harry era un borracho con problemas de ludopatía que siempre dejó a su familia pasando hambre.
—No, aún no fueron al pueblo—Dijo mi abuela sirviendo el anís en vasitos de cristal reservados para las chicas y sus partidas de cartas.
Gladis, Greta y Miriam continuaron sus preguntas, mientras que Susana comía galletitas y se reía maternalmente.
Al final de cada frase agregaban un "Oh que encantador" o un "Pero que tesoro de chico" que tenía que aguantar sin hacer gestos raros. Edward, que al principio parecía asustado, se había convertido en una de ellas, casi podía imaginármelo con los parpados azules y los labios rojo chillón. Reprimí una risita.
—¿Bells?—No coló, escucharon mi risita y los rostros de los seis se giraron hacía mí—¿Estas bien hija?—Asentí a la pregunta de Greta. ¿Por qué iba a estar mal? Me pregunté.
—¡Oh, ya entiendo! ¿Es el anís verdad?—Saltó de repente Gladis. Y yo había perdido el hilo de la conversación, arrugué la frente en modo pensativo e intenté esquivar sus miradas.
De pronto hubo una carcajada general seguida de muchas más. Las señoras se miraban y me miraban a mí para después reírse como dementes. Empecé a revisarme de arriba abajo, por si estaba en un sueño extraño donde no llevaba pantalones. Pero no, no parecía ser un sueño y mi ropa estaba en su sitio. Me puse un poquito desafiante mientras ellas seguían riendo. El único que parecía tan perdido como yo era Edward, o mejor dicho, el nuevo discípulo de "Las chicas".
—¿Qué pasa?—Pregunté sin poderlo resistir más. Las carcajadas empeoraron. Como precaución me asomé al espejo de la cocina. Me veía normal, un poco sonrojada, pero normal al fin y al cabo.
—¿Nos cantaras la canción de Willy Wonka?—Abrí los ojos desmesuradamente ante la pregunta de Susana. Oh ya estaba entendiendo. Observé mi vaso vacío. ¡No por favor, que no lo digan! Rogué a todos los santos que conociera. Pero al parecer se habían olvidado de mí a la vez que yo me olvidé de ellos.
Miriam que se percató de que Edward no se enteraba de nada, procedió con mi tortura personal.
—Es que a Bells le afecta un poquito el alcohol—Comentó entre risitas, mis mejillas ardían como brasas. Tomó un sorbito de su copa y mordisqueó unas pasas.
Cullen me observó con su sonrisa ladeada y los ojos brillantes de expectación. Estaba disfrutándolo el maldito.
—¿Alguien quiere…mm aceitunas?—Pregunté lo más rápido que mi cerebro encontró un aperitivo normal. Todas me observaron como si me hubiera crecido una cabeza nueva. Luego volvieron a las risas.
—¡Marie no deberías dejar a Bella tomar alcohol!—Regañó Greta a mi abuela, aunque estaba tan divertida riéndose de mí que no causó ningún efecto. No dije nada. Discutir con estas mujeres era perder el tiempo.
Por suerte lo dejaron pasar. Después de un rato se trasladaron a la mesa de la cocina a jugar cartas. Y Edward no preguntó nada más, lo que me pareció raro. Pero tampoco iba a indagar más.
Me senté en el sillón al lado de Cullen y encendí la televisión en silencio.
—Así que…¿Qué tenía que ver Willy Wonka con beber alcohol?—Inquirió el patán a mi lado despreocupadamente. ¡Ja! ¡Como si yo le fuera a contar mis miserias! Me encogí de hombros y cambié de canal hasta que llegué a un documental de animales.
—No sé de qué me hablas—Mentí descaradamente y me salió bien. Vale estaba mejorando, eso era un punto a mi favor.
Seguimos en silencio, yo tratando de escuchar algo sobre los osos polares y Edward muy entretenido en el borde de su camiseta. Me fijé en que ya no llevaba puestas las zapatillas de tela. Reprimí una risita, seguramente habían acabado para ir directas a la basura. Pasaron quince minutos en los que sólo se escuchaban las risitas y murmullos de las amigas de mi abuela y la voz gutural y seca del presentador. Y comencé a incomodarme. Era demasiado conciente del cuerpo cálido que tenía al lado. Edward estaba tranquilo, muy sereno. Más yo me sorprendí varias veces escuchando su acompasada respiración, disfrutando de la calidez y el aroma natural que desprendía su cuerpo, del movimiento acompasado de su torso fornido. Su pierna se rozó contra la mía y mi estomago dio un vuelco. Cerré los ojos e inspiré profundamente. Necesitaba calmarme. Sólo era Edward. Él parecía absorto en la televisión. Su muslo continuó pegado al mío durante los quince minutos más que siguieron. Sentía ese trozo de piel que estaba en contacto con la suya a través de nuestros pantalones, arder. Era como si nos hubieran metido a los dos en una burbuja llena de energía estática y toda mi piel se erizara en busca de la de él.
Entonces Cullen comenzó a mover su pierna contra la mía, despacio al principio. Un suave movimiento que enviaba olas de calor por todo mi cuerpo y creaba una maravillosa fricción. Podía escuchar la tela de nuestras prendas frotarse la una contra la otra. Mi corazón latía furioso contra mi pecho.
No podía pensar. Tenía la mente en blanco, sólo sabía disfrutar de las exquisitas caricias que me estaban regalando.
Entonces la voz de Miriam sonó desde la cocina y yo me levanté de un salto.
—Edward cielo ¿Puedes venir?—El coro de risitas no se hizo esperar. El susodicho suspiró hastiado. Lo observé de reojo mientras salía del salón. ¿Qué me estaba pasando? Se escuchó un coro de risitas en la cocina. Me quedé un rato más sentada en el sillón tratando de calmarme. Debía ser mi imaginación, sólo eso. Quizás Cullen tenía un tic en la pierna y yo estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua. Pero aunque quisiera engañarme a mí misma, en el fondo sabía que no era un tic, ni mi imaginación. Había sido real. Tan real como los cosquilleos y la humedad que llenaba mi bajo vientre—¡Bells!—Di un respingo al escuchar mi nombre. Carraspeé nerviosa y alisé las inexistentes arrugas de mi camisa. Caminé hasta la cocina como si mis pies pesaran toneladas.
—¡Bells! ¿Cómo era la canción?—Me costó un par de minutos caer en la cuenta de lo que estaban hablando. Greta y Susana se morían de la risa. Sus cabellos estaban fuera de lugar, sus mejillas rojas y sus ojos vidriosos. El efecto del anís había comenzado— Willy Wonka, Willy Wonka el mejor chocolatero…—Las cinco señoras-entre ellas mi ajumada abuela-comenzaron a entonar la canción infantil.
Me permití un breve vistazo a la cara de Edward, mientras ellas seguían dando palmas y soltando berridos histéricos. Él mantenía los labios apretados en una fina línea, sus mejillas rojísimas. Sí, estaba aguantando la risa—¡Venga Bella! Que tú te la saber mejor—Continuó Gladis saltando en su silla. ¿Y ellas eran señoras maduras?
Puse mis palmas al frente y negué con la cabeza riéndome. Me daba miedo hablar y que las risas nerviosas que estaba aguantando salieran todas en tropel.
—La última vez nos cantó toda la canción—Ni si quiera me importó que Greta le contara a Edward mi primer encontronazo con el alcohol—¡Se subió encima de la mesa e imitó a los enanitos graciosos de la película!—Más risas. Edward no pudo aguantarlo más. Se largó a reír como un lunático.
Yo estaba demasiado confundida aún para sentirme humillada.
Hacía dos años que mi abuela me dejó beber anís con ellas y jugar a las cartas. Me dejaron tomar tanto, que terminé en una situación deplorable. No sé por qué, pero en ese momento me habían dado muchas ganas de cantar la canción de Willy Wonka. Así que me subí a la mesa, descalza y con una botella de anís del mono yhabía cantado a todo pulmón. Por suerte mi abuelo había llegado para rescatarme. Y al día siguiente con una resaca de campeonato se lo agradecí mucho. Pero claro, las chicas aún se acordaban.
— Willy Wonka, Willy Wonka el mejor chocolatero—Ellas continuaron repitiendo la única parte de la que se acordaban. Cullen daba palmas-obligado por mi abuela-entre risitas, pero tampoco hacía contacto visual conmigo. Por suerte, en ese momento tocaron el timbre.
Sin dejar de reírme llegué hasta la puerta y la abrí de un tirón.
Alec me sonrió y dio un paso al frente, pero no estaba sólo.
Una chica menuda a su lado me observó de arriba abajo. Si Alec me había impresionado con su cambio, Jane me dejó atónita.
Seguía siendo una chica menuda y delgada, su cabello, antes rubio, ahora era negro azabache, salpicado de mechas azules en las puntas. Su melena cuadrada con flequillo enmarcaba su rostro redondo y pálido. Tenía los mismos ojos miel claros que recordaba, con la ligera diferencia de que sus pestañas ahora lucían kilométricas. Al sonreírme pude observar mejor el piercing que tenía en el labio inferior. Y un tatuaje de la silueta de un gato negro se veía en su abdomen destapado.
—¿Te acuerdas de Jane, Bella?—Preguntó Alec saludándome con un beso en la mejilla.
—¡Claro! ¡Jane!—Chillé saliendo de la conmoción inicial. No me imaginaba una Jane con piercings y tatuajes precisamente. La abracé suavemente y ella correspondió con una risita—¡Wow, si que cambiaste!—Dije impulsivamente, luego me mordí la lengua. Pero Jane no se molestó, sonrió ladeando la cabeza y jugueteó con un mechón de su cabello. En ese momento un coro de risitas histéricas llegó hasta nosotros. Rodé los ojos—Son las chicas—Expliqué. Ellos asintieron entendiendo ¿Quién más cantaría a pleno pulmón canciones tan extravagante? Además de yo ebria claro.
—Bueno ¿Y cómo te va Bells?—Preguntó Jane mientras nos sentábamos en la escalera. Me quedé observando el pendiente que colgaba de su labio inferior. A ella le quedaba bien, se veía linda con sus mechitas y sus tatuajes. Sonreí y asentí encogiéndome de hombros.
—Bien supongo—Contesté despreocupadamente—¿Y tú?—Devolví algo incomoda. Yo no era una persona demasiado sociable con desconocidos. Aunque Jane y Alec no lo fueran, se sentían así para mí después de tantos años.
—Pues no eran las vacaciones que quería…—Comentó observando alrededor—Pero está bien, no me quejo—Terminó con una sonrisita.
Después de un rato la conversación fluyó divinamente. Jane seguía siendo alegre y simpática como la recordaba. Alec opinaba a veces o se limitaba a reírse.
—¡Swan tienes k ver esto…!—Edward salió de la casa riéndose a mandíbula batiente. Su frase quedó en el aire al igual que su pulgar, con el que apuntaba hacía dentro—Hola—Dijo observando a los invitados.
—¡Ey!—Jane se levantó y limpió el trasero de sus desgastados y rotos tejanos. Se acercó a Cullen y se saludaron jovialmente. Alec sin embargo permaneció sentado en el escalón. Me puse en pie para presentarlos.
—Edward ella es Jane, la hermana de Alec. Jane él es Edward, un compañero de clases—Dije de lo más formal. Pero ellos no necesitaron un empujoncito para llevarse bien. No.
Comenzaron a charlar sobre motos, coches y fútbol. Yo estaba atónita. ¿Quién era esa y dónde estaba Jane, la chica con la que jugaba a las casitas?
—Joder Alec, no me dijiste que Edward fuera tan enrollado—Alec frunció el ceño y puso cara de póquer. Bien, dudaba que a él, Edward le pareciera "enrollado" precisamente. Pero Jane no esperó contestación. Terminaron sentados en los últimos escalones de la entrada riéndose y hablando como si fueran amigos de toda la vida.
Bufé. ¿Qué estaba pasando con el mundo?
—Parece que se cayeron bien ¿Eh?—Me preguntó Alec después de un largo rato en el que sólo escuchamos los chillidos y grititos de las amigas de mi abuela y la conversación sobre deportes de Jane y Edward.
Asentí sin más. Por alguna extraña razón me molestaba. Tenía ganas de agarrar a Cullen por un brazo y arrastrarlo de vuelta a la casa. Me dije a mí misma que era sólo cuestión de lealtad. Porque Jane había venido a verme a mí, su amiga de la infancia, no al irritante de Edward.
—Bueno yo en realidad venía a…—Balbuceó Alec de pronto. Lo observé tratando de no escuchar las risotadas de Cullen—¿Quieres ir a comer conmigo el sábado?—Mi primera reacción fue abrir los ojos como platos. ¿Quería salir conmigo? Después me recompuse rápidamente y me sonrojé.
—Sí, vale—Contesté al fin. Alec sonrió de oreja a oreja.
—¡Genial! Entonces iremos todos—Fruncí el ceño y levanté la vista.
Edward y Jane nos miraban. El primero con el rostro lívido y los labios apretados, definitivamente enfadado. Ella sin embargo lucía radiante. Mi cita con mi atractivo amigo de la infancia se había transformado en una salida grupal. Con una loca de los tatuajes y un patán hostil como plato principal.
Genial Bella ¿Puedes tener más suerte? Me dije, antes de forzar una sonrisa y asentir.
N/a: ¡Holas! ¿Qué tal? ¿Bien? Espero que sip.
Bueno pues aquí tienen el capitulo y no se olviden de las chicas, ¡porque volverán! Jeje. En el próximo chap habrá un poco de Edward PoV, espero que les guste. Un besito.
