Capitulo 7
Compromiso parte III:
La llegada de Rin no se hizo esperar mucho, para la hora del almuerza ella ya había llegado a la mansión Taisho, solo estaba esperando a que Kagome llegara. Por lo que le habían dicho había ido a solucionar unos temas sobre el compromiso; del cual ya había sido avisada previamente por su amiga Sango.
Durante el tiempo que le toco esperar a la joven observo la gran cantidad de fotos familiares que tenían los Taisho, vio a los padres y al que debería ser el hermano del prometido de Kagome, esperaba que lo fuera, se sentía realmente atraída por el imponente muchacho de pelo negro y ojos dorados. Por lo que podía ver era una marca de todos los Taisho's, ya que su padre y el muchacho más joven, también poseían la misma cualidad.
Mientras escudriñaba las fotografías se sintió alertada por una vos conocida, era Kagome, la que estaba llegando a la casa.
– ¡Rin, que alegría verte de nuevo! –dijo Kagome mientras la abrazaba con las bolsas todavía en las manos. –te presento a Izayoi, la madre de Inuyasha. –
–Mucho gusto señora Izayoi –Rin era una muchacha muy educada y muy tímida, así que como modo de saludo le hizo una reverencia a la señora de la casa. – gracias por dejarme quedarme en su casa. Se lo agradezco demasiado. –
–Oh por favor no hay nada que agradecer. Eres amiga de Kagome, eres amiga nuestra. Así que Rin por favor no hay necesidad de tanta formalidad, llámame por mi nombre, ¿Si?–
–De acuerdo – dijo con una enorme sonrisa.
– ¿Tienen hambre? ¿Por qué no pasamos al comedor? – pregunto Izayoi.
El almuerzo y la tarde pasaron entre los últimos arreglos para la fiesta de compromiso, estaban muy apuradas, ya que la fiesta se realizaría en tres días, y todavía faltaban muchas cosas por hacer. A mitad de la tarde Kagome se tomo un respiro junto con Rin, mientras Izayoi llamaba a agencias de Lunch para que sirvieran la cena el día de la fiesta.
–Lamento mucho que estés pasando por esto. – dijo muy apenada Kagome, ya que hasta ella misma se estaba sintiendo exasperada con todo el tema del compromiso.
–Kagome no te preocupes, sabes que me gustan estas cosas. –
–Lo se, pero es que es muy tedioso. Sabes que te puedes retirar en cualquier momento, si quieres ir a tu cuarto lo puedes hacer. –
–Lo se. Y lo haré cuando tenga ganas. De veras no te preocupes por mi, querida Kagome. –
–De acuerdo. – dijo por ultimo de mala gana Kagome. Justo en ese momento estaba llegando Izayoi con una gran cantidad de papeles en las manos.
Las tres mujeres siguieron trabajando en los asuntos de la fiesta, entre charlas y risas el tiempo se fue volando y ya eran las seis de la tarde. Kagome tenía que arreglarse ya que saldría en una cita con Inuyasha.
Se dirigió rápidamente a su habitación y allí comenzó a subirle todos los nervios contenidos en todo el día. No sabía que debía ponerse o como debería maquillarse. Nunca había salido con ningún muchacho y esto era nuevo.
Decidió por último, y luego de dar vuelta todo el closet, en ponerse un vestido muy bonito con unos zapatitos de baja estatura. Se dirigió al baño, para así poderse dar una rápida ducha. Se vistió y se maquillo.
Estaba realmente hermosa, su vestido le llegaba hasta las rodillas, de un color amarillo suave, y unos zapatitos como los de bailarina que se agarraban delicadamente en los tobillos de la muchacha. El maquillaje era poco solo un ligero delineado, un poco de mascara de pestañas y un poco de brillo labial. Rubor no lo necesitaba porque solo en pensar en Inuyasha la inundaba un color en sus mejillas.
Cuando termino de alistarse vio la hora en su reloj de muñeca, se horrorizo al confirmar que eran más de las ocho. Ella era muy puntual siempre, se lo había enseñado su abuela y en la academia también era muy importante la puntualidad.
Estaba a punto de salir de su recamara cuando se encontró con lo más hermoso que pudo haber visto nunca. Era Inuyasha. Llevaba puesta una camisa de mangas largas color gris abierto hasta el segundo botón, con unos pantalones clásicos. Ante la fuerza con la que salía Kagome no pudo evitar chocar con el muchacho que estaba enfrente y quedaron apoyados uno contra el otro. Se quedaron mirándose fijamente hasta que el muchacho dijo:
–No podía seguir esperándote mas abajo, así que subí para ver si te encontrabas bien –mientras decía sus palabras, Inuyasha no podía evitar verle los labios a Kagome. Se sentía tan endemoniadamente atraído hacia ella, como nunca antes. Sus labios eran como la fruta prohibida, que hacia querer besarlos más y más. Kagome no paso desapercibido el acto del joven porque ella se sentía en la misma situación. Quería besarlo y abrazarlo y estar con él todo el tiempo.
–Lamento el retraso. No he sido conciente de la hora. –
–No te preocupes. Valió la pena. –dicho esto se alejo un poco para mirarla de pies a cabeza en una mirada poco santa que conllevaba muchos deseos y Kagome lo pudo notar. Su sonrojo fue mayor cuando el llego hasta su cara, la miraba con algo mas que deseo. No sabia que era, pero le llenaba el corazón . Y fue ella la que no pudo evitar y se tiro sobre sus labios en un beso desesperado por amor y deseo.
Inuyasha le correspondió inmediatamente, sintiéndose victorioso. Paso sus brazos por detrás de la estrecha cintura de la joven y la acerco más a el, quería tenerla tan cerca como pudiera.
Kagome dejo que Inuyasha la abrazara de aquella forma, correspondiéndolo al pasar ambos brazos por detrás de su cabeza. Se sentía en las nubes. No había nada más hermoso que estar entre sus brazos, se sentía tan protegida y amada con el joven.
Inuyasha termino el beso de una forma delicada y mientras seguía abrazado a Kagome le dijo:
–Creo que deberíamos irnos ya. Mis padres nos están esperando para despedirse de nosotros. –dijo mientras la tomaba de la mano.
Juntos se dirigieron a la planta baja donde se encontraban los padres de Inuyasha.
–Muchachos, espero que se diviertan. –dijo Inuno muy orgulloso.
–Si. Y si tienen algún inconveniente, llámennos. Que se diviertan. –
–No se preocupen. Yo voy a cuidar bien de Kagome. –
–Hasta luego –dijo por ultimo Kagome, sentía como un rubor se expandía por sus mejillas, a medida que salían de la mansión.
Todavía de la mano se acercaron al auto de Inuyasha, donde él le abrió la puerta, del copilot, a Kagome para que pudiera sentarse. Tras cerrarla Inuyasha se dirigió al asiento del piloto y le dijo:
–Bien. ¿A dónde te gustaría ir? Podríamos ir al cine o primero a cenar. Lo que a ti te guste. –
–No se podríamos ir a cenar primero. Si tú quieres claro. Seguro que tienes hambre. –
–Lo que tú quieras, para mi esta bien. –
–Bien, entonces iremos a cenar. –la forma en que Kagome lo dijo, le hizo recordar a Inuyasha a una niña y eso lo puso distintamente feliz.
–Si eso es lo que tu quieres, te llevare allí. Mi hermosa princesa. –las palabras de Inuyasha lograron que a Kagome se le colorearan las mejillas y que su corazón diera un vuelco.
La había llamado hermosa princesa nunca nadie, lo había hecho.
En silencio se dirigieron a un restaurante muy caro, Inuyasha pidió una mesa para dos. Allí ambos ordenaron su comida.
La cena pasó tranquilamente, ellos conversaban de cosas sin sentido, comían y reían, la estaban pasando de maravilla. Kagome se sentía realmente bien en la compañía de Inuyasha. Y él se sentía un hombre distinto al lado de Kagome. Luego de la cena el joven la llevo al cine como había prometido.
Como el caballero que era en ningún momento la dejo pagar y la dejo elegir la película que verían, Inuyasha ya imaginaba una romántica típica, y no se equivoco, la morena eligió la romántica de la cartelera. Para darle el gusto, cosa que le estaba gustando más de lo normal, vieron esa película.
Luego de la cena que le había tocado compartir a Rin con los padres de Inuyasha se acostó a dormir, se sentía muy cansada del viaje. Uso su típico pijama, unos shorts y una musculosa. Ambos le quedaban muy sexy.
Un rato pasado de la hora que se había dormido despertó por una increíble sed, se dirigió a la cocina a tomar un poco de agua. Allí abajo sintió una vos que le decía:
– ¿No crees que tu ropa es muy sexy para estar en una casa con hombres de buen gusto? –Rin casi escupe su agua por las palabras dichas del muchacho.
–La verdad es que no, no creo que mi ropa sea sexy. Creo, más bien, que es cómoda, y eso es lo que me gusta. –dijo mientras se daba vuelta y agradeció haber dejado el vaso de agua, porque lo que tenia en frente era el hombre más hermoso que había visto jamás. –Soy Rin, por cierto –y le extendió su mano.
–Seshomaru. – y el toque de sus manos causo una ráfaga eléctrica entre los jóvenes haciendo que se soltaran.
Para Seshomaru, que había estado apreciando la vista de una hermosa muchacha, cuando salía de se escritorio, la ráfaga fue inesperada. Le había parecida hermosa en el primer instante en el que la vio, y como nunca antes, no supo que decirle.
–Será mejor que me retire a habitación. Buenas noche joven. – dijo Rin apenada y con la cabeza gacha.
Seshomaru no tuvo tiempo de poder contestarle a la dama. Quedo toda la noche pensativo, debido al acontecimiento reciente.
Kagome e Inuyasha llegaron a la casa finalizada la película. Venían hablando de lo mucho que a la joven le había gustaba el film, el ojidorado solo la escuchaba complacido. Sin darse cuenta ya habían llegado a la entrada de la habitación de la muchacha.
–Bien has llegado sana y salva. –dijo en tono gracioso Inuyasha.
–Creo que si. Gracias Inuyasha por la hermosa velada. Lo he disfrutado mucho. –
–No tienes que agradecerme, Kagome, yo lo he pasado genial contigo. –
El joven se acerco lentamente a los labios de la pelinegra y apenas los rozó.
Kagome incremento la cercanía de ambos al pasar los brazos alrededor del cuello del muchacho, así como la cercanía, el beso también se incremento. Convirtiéndose así en uno muy apasionado.
Inuyasha tenía sus brazos alrededor de la estrecha cintura de la muchacha, y con su lengua pidió permiso para entrar en la cavidad femenina, haciendo que ambos se estremecieran ante el toque.
Inuyasha ahogo un gemido cuando Kagome también introdujo su lengua dentro de su boca. Las sensaciones que pasaban por su cuerpo eran tan sabrosas que quería probar más, comenzó a acariciar lentamente la espalda de la muchacha, pasando por la espalda baja hasta llegar a la parte posterior de los muslos femeninos. Quería más pero la famosa vocecita de la conciencia hizo mella en Inuyasha. Delicadamente termino el beso, volviendo a la posición principal.
Los ojos de Kagome denotaban desconcierto, y algo mas profundo que Inuyasha pudo identificar como deseo.
–Creo que ya es hora de que vallamos a descansar pequeña. –
La joven solo asintió y se metió en su recamar, no sin antes darle una significativa mirada al ojidorado.
Al fin la fiesta de compromiso había llegado. Habían decidido hacerla de noche, en el jardín de la imponente mansión, habían colocado alrededor de veinte mesas donde cabían diez personas en cada una. La decoración había sido elegida por lo jóvenes, por lo tanto habían seleccionado hermosos manteles para todas la mesas color blanco perlado, rosas rojas en pequeños ramos hacían de centro de mesa en cada una.
La mesa principal, donde se encontraban los homenajeados, era rectangular y tenía un ramo de rosas mucho más grande que el de las otras mesas.
Habían colocado un piso, provisorio, donde podía bailar cómodamente. También habían armado un gran escenario donde se encontraba una banda preparándose para la fiesta. Luces tenues colgadas por lugares estratégicos hacían que el ambiente se viera más cómodo y romántico.
En fin, el jardín se veía como sacado de un cuento de hadas, pero muy a la moda.
Dentro de la mansión Izayoi, ya vestida y arreglada, estaba tratando de ayudar a Kagome. Habían contratado a un estilista para que se encargara de la joven.
El momento había llegado e Izayoi tenía que encargarse de recibir a los invitados junto a su marido. Se despidió rápidamente de Kagome y se dirigió a la entrada.
Tras un largo tiempo de estar siendo maquillada y peinada, Kagome disponía a vestirse.
Inuyasha esperaba tras la puerta de la joven. Según la tradición ambos muchachos debían presentarse juntos como los novios. El muchacho estaba vestido con un esmoquin negro, y una camisa blanca. Muy simple pero atractivo.
El joven cansado de esperar llamo a la puerta de Kagome impacientemente.
–Mujer, si no te apresuras los invitados se irán. – trato de sonar gracioso para no presionar tan directamente a Kagome.
–En un momento salgo Inuyasha. Que impaciente que eres. –
Tras haber terminado la frase Kagome abrió la puerta. Inuyasha no pudo más que quedar con la boca abierta.
La muchacha realmente era la princesa sacada del cuento de hadas, estaba hermosa. Un vestido banco, que le llegaba a las rodillas y sin tirantes, remarcaban la sensual figura, el maquillaje sutil la hacia ver muy natural pero hermosa a la ves. Y su peinado remarcaba sus facciones.
–Creo que he muerto y he sido muy bueno, porque he ido al cielo y me encontré al ángel más bello del universo. –
–Hay Inuyasha pero que cosas dices. Haces que me de vergüenza. –
–No Kagome, eres la mujer más hermosa que jamás he visto y creo, no, se que soy el hombre más afortunado por tener el placer de pasar el resto de mi vida a tu lado. Solo si tú me lo permites. – Las palabras del joven dejaron a la muchacha anonadada. –Es hora de que te presente como mi futura esposa. – acto seguido le ofreció su brazo para así bajar juntos.
Una ves frente a la puerta que los conducía a la fiesta, Kagome se detuvo.
–Inuyasha estoy muy nerviosa, tengo miedo de arruinarlo. –
–Kagome no tienes nada de que preocuparte, yo estaré junto a ti para darte mi apoyo, si es que lo necesitas. –termino la frase con un tierno beso en la comisura de los labios de la joven.
Al llegar a la puerta y ser visto por todos, los invitaron comenzaron a aplaudir a los jóvenes. Y poco a poco se fueron acercándose hacia ellos. Todos querían hablar con ellos, saludarlos, felicitarlos.
Los novios se dedicaron a saludar particularmente a cada uno de los invitados y recibir las respectivas felicitaciones de cada uno.
Inuno se dirigió al gran escenario para poder decir unas palabras en honor a Inuyasha y Kagome.
–Queridos amigos, les damos las gracias por haber asistido a la fiesta de compromiso de mi hijo menor con esta hermosa muchacha. Por favor ¿Por qué no les damos un fuerte aplauso a los futuros marido y mujer? –acto seguido todo el mundo aplaudió por los aludidos.
Kagome que estaba abrazada a Inuyasha se sonrojo tanto como sus mejillas se lo permitieron.
El joven le dio un corto beso y se acerco al escenario. Inuno les dio unas palmadas afectivas en el hombro y le dio paso a que hablara.
–Realmente amigos, Kagome y yo estamos muy contentos de que pudieran acompañarnos en este momento tan importante para nosotros.
Se que para muchos el anuncio de nuestro compromiso pudo haber sido sorpresivo, pero para nosotros tan solo es el inicio de nuestra felicidad. Kagome es la mujer más hermosa y encantadora que jamás he conocido y he tenido el placer de conocer. Les doy las gracias a sus padres por haber traído a este hermoso ángel al mundo, mi mundo.
Un brindis por Kagome. –
–Por Kagome. –repitieron todos a coro.
Kagome, que estaba junto a sus padres y a los padres de Inuyasha, se sintió tan conmovida que no pudo evitar soltar un par de lágrimas de felicidad. Sus padres la abrazaron felicitándola, al igual que los padres de su prometido.
En ese momento llego el joven que le robaba los suspiros y la abrazo muy tiernamente.
–Espero que hayas entendido lo importante que tú eres para mi, Kagome. – al terminar de decir esto Inuyasha la beso con todo el amor que tenia dentro suyo para con Kagome.
La noche pasó de lo más tranquila, todos bailaban y conversaban alegremente. En el lado contrario donde se encontraba Inuyasha estaban Kagome con Sango, Rin y Ayame. Las cuales se habían conocido esa misma noche, gracias a la morocha.
Estaban conversando muy animadamente cuando cuatro caballeros se acercaron a ellas.
–Hola preciosa. ¿Te gustaría bailar conmigo? –pregunto muy seductor Inuyasha tras la espalda de Kagome.
–Me encantaría. –le respondió la muchacha dedicándole una mirada coqueta. –luego nos vemos muchachas. –dijo dirigiéndose a sus amigas.
En el grupo habían quedado Miroku, que no dejaba de hablar con Sango, Seshomaru, que solo observaba a Rin de un modo poco santo. Y Kouga que había quedado embobado con la amiga de Kagome, Ayame.
–Sanguito, ¿te gustaría dedicarme esta pieza? –
–Claro. ¿Por qué no? –dijo y siguió al hombre de ojos como mar.
– ¿Y tú? ¿Qué no piensas invitarme a bailar? –Ayame, con su sinceridad dejo a Kouga un tanto desconcertado.
–En realidad te lo estaba por pedir. – así que juntos se fueron con todos los demás y bailaron coquetamente.
Del grupo de ocho integrantes solo quedaban dos, Seshomaru y Rin.
La joven al sentir la mirada tan penetrante del imponente hombre que tenía delante no pudo aguantarse más y dijo:
– ¿Qué no piensas hacer otra cosa más que verme? Ya lo se, me veo muy distinta con vestido que con pijama. ¿No es así? –
–La verdad es que estaba pensando en como seria verte desnuda. –aquello dejo atónita a Rin y no pudo evitar enrojecer hasta la punta de los cabellos. Cuando pudo recobrar un poco la compostura se dedicaba a irse cuando Seshomaru la tomo por el brazo y la acerco a él.
– ¿Acaso no querías saber que qué era lo que pensaba? –
–Yo no tenia interés en saber lo que pensabas. Lo único que quería era que dejaras de mirarme de esa manera tan lujuriosa. Y por si no lo sabes yo soy una dama, y si tu no sabes como tratar a una, será mejor que no te acerques a mi. – acto seguido se soltó bruscamente del agarre del joven y se fue a cualquier lugar lejos de él.
Seshomaru quedo sin habla, tenia que admitir esa pequeña lo volvía loco, y ahora más que empezaba a conocer su carácter.
En la otra punta de la fiesta se encontraban dos jóvenes bailando muy cerca el uno del otro.
–Creo que desde la última vez que hablamos, luego de nuestro encuentro en la cafetería, no he podido dejar de pensar en ti, eres una mujer muy hermosa, Sango. Me gustaría que pudiéramos volver a vernos. –
–Miroku, las cosas que me dices hacen que me den vergüenza. – dijo tapándose un poco la cara. – pero si me encantaría que volviéramos a salir. –
–Genial, entonces será una cita. –dijo el muchacho muy contento de poder estar con la mujer que lo traía loco.
Kouga, mientras tanto, no perdía el tiempo.
–Con que trabajas en la empresa del prometido de Kagome. –decía él mientras bailaba junto a Ayame.
–Así es. He trabajado con ellos desde el mismo tiempo que Inuyasha. Veras, Inuyasha y yo fuimos al instituto juntos y luego a la universidad. Y como podrás ver nos conocemos desde que éramos unos críos junto con Miroku. –
–Que interesante. No tenia ni idea de que eran amigos desde hacia la infancia. Y dime, ¿una dama tan hermosa como tu tiene alguien en quien este interesada? –
–La verdad es que no he tenido tiempo de pensar en una relación. Soy muy independiente me cuesta tener relaciones duraderas. ¿Y tú? –
–Pues yo, creo que me he enamorado. – los ojos de Ayame demostraron la gran desilusión que tuvo su corazón. –he conocido a una joven de cabello como fuego y creo que se esta llevando mi corazón. –
– ¿De veras? ¿Y quien podría llegar a ser esa mujer de cabello llamativo? –dijo la joven haciéndose la tonta.
–Pues creo que sabes bien de quién hablo. –
– ¿Eso crees? –
–Ayame no te hagas la tonta, sabes bien que hablo de ti. –dijo ya Kouga un poco nervioso.
–Claro que se que hablas de mi, pero un poco de misterio no le hace mal a nadie ¿no? –dijo seguido de un guineo.
–Creo que tus amigos están simpatizando con los míos. –decía Inuyasha mientras abrazaba a Kagome tiernamente.
–Yo también lo creo, espero que puedan llegar a ser parejas, se ven todos muy lindos juntos. –
–Tienes razón, se ven bien juntos. –
Mientras Inuyasha y Kagome estaban bailando, Kikyo se acerco a ellos.
–Buenas noches señor Taisho, señorita Higurashi. –hizo una reverencia hacia los jóvenes. –Señorita Higurashi, yo quería pedirle disculpas por el inconveniente que tuvimos en la oficina, en su primera visita. –
–No Kikyo yo te pido disculpas, mi actitud fue totalmente inapropiada, no se que me paso ese día, yo no me comporto de esa manera. Estaba muy enfadada y me la tome contigo. Quiero que sepas que la única que tiene que disculparse aquí soy yo. –
–Muchas gracias señorita Higurashi, acepto sus disculpas, y les doy mis felicitaciones por su próximo casamiento. –
–Muchas gracias Kikyo, espero que puedas disfrutar de la fiesta. – esta vez fue Inuyasha el que hablo.
Kikyo se retiro y dejo a los enamorados solos.
– ¿Quién iba a pensar que Kikyo te iba a pedir disculpas por el altercado que tuvieron? Realmente me ha sorprendido. – Kagome solo asintió a las palabras de Inuyasha.
La fiesta había finalizado y las expectativas de todos estaban más que cumplidas. Izayoi no podía más que regodearse de lo bien que lo habían pasado, que la comida había estado fantástica y que los muchachos estaban encantadores y que se los veía muy enamorados. Muy contenta, la mujer, se acerco a los jóvenes que estaban conversando muy animadamente y les dijo:
–Bien niños, ahora lo único que falta es que fijen una fecha para la boda. – no hicieron mas que mirarse el uno al otro con amor, temor y ansiedad.
