Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es nuestra.

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Capítulo beteado por Flor Carrizo, Betas FFAD.

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Gracias a nuestra beta Flor Carrizo por corregir nuestra historia, haces un excelente trabajo, nos encanta.

Por favor, no digas aun esas malditas palabras.

Que el amor están ligero como una pluma

Susúrrame con un tenor más dulce que el de papa,

Si estás listo para robar,

Mas fragante que el sueño que tengo en la cama,

Aquel en el que estoy cubierta con millones de rosas,

Estoy viviendo.

¿Qué puedo hacer en este mundo, que está invadido por cosas feas?

¿podría ir y volar sin ser manchada?

La maldición de la marioneta

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Edward se pone nervioso y su corazón late más fuerte cuando siente algo frío en su cuello.

El suave filo de la daga que se está presionando sobre su cuello ha hecho que su cuerpo, instantáneamente, dé un paso atrás. Cuando él mira el rostro de su intrusa se queda sorprendido al ver unos ojos azules y la sonrisa diabólica que hace estremecer el cuerpo de Edward.

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Capítulo 6

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Edward traga fuerte sintiendo como la daga se presiona cada vez más. Él trata de calmarse y pensar en cómo zafarse de la mujer. Y ella siente el miedo de él y decide jugar un poco.

Unos segundos después Edward siente como los dedos de la mujer rozan suavemente la piel de su cuello, y ese movimiento hace que su cuerpo se ponga rígido. Luego los dedos son cambiados por el frío y dulce aliento de la mujer que está a su lado.

Un suave beso llega al cuello de Edward, su cuerpo se pone en alerta. Él intenta moverse pero su cuerpo no responde, todo él está en alerta por el siguiente movimiento de ella.

Una suave sonrisa sale de los labios de la chica. La respiración del muchacho se acelera, su corazón late más rápido, el miedo que hace unos minutos había sentido ahora ha sido remplazado por un sentimiento diferente donde su cuerpo está siendo invadido por un calor que jamás había sentido.

La mano libre de ella comienza un recorrido bajando por la piel de su cuello hacia su pecho. Los primeros botones de su camisa son desabotonados y una mano cálida pasa por su pecho. Un cosquilleo invade su cuerpo y Edward olvida lo que aún amenaza su vida, se deja llevar por las nuevas sensaciones que jamás había sentido en sus 17 años de vida.

Su mente intenta recobrar la sensatez que ha olvidado su cuerpo a causa de las caricias que la joven y hermosa chica castaña está haciendo a su cuerpo.

Por su parte, la joven disfruta viendo las reaccione que él tiene, una sensación de satisfacción crece en su interior.

Los hombres son tan fáciles de manipular, piensa ella, viendo como Edward no hace ademán de detenerla. Ella podría terminar con la vida de ese joven insertándole la daga en su cuello y dejarlo ahí tirado. Y, seguramente, él no se opondría.

La mente de él grita para que se aparte de ella de una vez y pare esa táctica sucia donde podría salir muy mal. Pero su cuerpo sigue negándose a obedecer y a quitar la oscura neblina que ha tapado su sensatez, los instintos que antes no había experimentado. Todo eso es nuevo, la forma tan sensual en la que ella recorre de arriba abajo su cuerpo.

— ¿Te estás divirtiendo? ¿Quieres que pare?

El cuerpo de ella se pega al de él y roza su pierna en la de Edward, ese movimiento tan provocativo hace que Edward cierre sus ojos y disfrute del aroma y lo que el cuerpo de ella hace en el suyo.

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Esme abre la puerta de la entrada y ve las luces encendidas. Entra y cierra la puerta con seguro, pone sus llaves y bolso en una mesa de madera que está adornada con un florero de magnolias artificiales. Camina hacia las escaleras, llegando al segundo piso, mira el amplio pasillo y cuando llega a la puerta de su habitación, hace el ademán de poner su mano en la perilla.

Pero antes de abrir mira la habitación de su hermano. Esme aleja la mano de la perilla y camina hacia la habitación de Edward.

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El libro que Edward había encontrado hace unos momentos, ahora está en las manos de la castaña.

A ella le ha interesado Edward desde que lo vio entrar a la casa por primera vez, es un chico curioso y observador, además muy misterioso; siempre callado y muy distante con su hermana. Eso le hizo recordar lo que había pasado hace ya un tiempo.

84 años habían pasado desde de la trampa de la que salió casi muerta, había sido doloroso el cambio y desarrollo que su cuerpo sufrió, las heridas sufridas en esa emboscada habían sido difíciles de sanar. Pero lo que más costó soportar fue la humillación de haber sido utilizada, pisoteada y usada como marioneta. Ese sentimiento de desprecio y odio había crecido en todos estos años y esta vez no sólo iba a matar a los bastardos para vengar a su madre, si no que ahora es personal.

La familia Cullen había llegado hace un mes a la casa donde ellos se habían escondido durante estos años. No pensaba acercarse a él pero al ver que Edward descubrió el diario de su madre, la obligó a tener que aparecer ante él. Y también quería diversión y él era perfecto para eso, verlo temblar y sentir sus emociones la hace disfrutar del momento.

Unos toques en la puerta y una voz hacen que Isabella vuelva a la realidad. La hermanita ya ha vuelto, es hora de terminar con el juego.

Las sensaciones que Edward está sintiendo se esfuman como el viento y un pequeño dolor en su garganta lo traen a la realidad. Se lleva una de sus manos al cuello y siente algo húmedo. La mano que tiene libre, rápidamente, se mueve un poco y encuentra el interruptor.

La luz del cuarto se enciende y ve su mano izquierda manchada con sangre. Ve una imagen que está a su lado derecho y sabe, inmediatamente, de quién se trata.

La persona que él anteriormente había visto, sólo con la luz de la luna, no hace justicia a la persona que ahora puede ver totalmente. La chica que está frente a él es una belleza que jamás vio en otro lugar, ella no se parece en nada a las demás chicas que él ha visto en la universidad o en cualquier otro lugar.

Las demás mujeres en el mundo eran insignificantes ante la hermosa castaña que está en ese momento observándolo con una sonrisa en su rostro. La daga, que anteriormente había estado en su cuello, ahora se encuentra cerca de los labios de ella.

De una manera sensual ella lame la hoja de la daga, saboreando la sangre.

Por fin la razón cae como balde de agua fría en la mente de Edward, en ese momento comienza a sentirse como un idiota, se ha comportado como un total estúpido y ahora dice que la chica de ojos verde como la esmeralda es hermosa. La sangre que ella está lamiendo es suya, hace unos momentos ella lo había amenazado y ahora, como un tonto, está admirándola.

En ese momento Edward recuerda la herida que tiene en el cuello y comienza a alarmarse, pero la chica abre sus labios para decirle algo antes de irse.

—No te preocupes, no morirás.

Edward la ve directamente a los ojos.

— ¿Y tú quién eres? —pregunta.

Ella le sonríe pero una voz distrae a Edward por un momento. Observa la puerta, que es el lugar de donde proviene la voz de su hermana, pero trata de ignorarla para seguir interrogando a la intrusa. Cuando vuelve su vista a donde está la castaña, ve que ya no hay nadie y que se encuentra solo.

Los insistentes toques en la puerta hacen que, por fin, él abra. La imagen intrigada de su hermana aparece.

— ¡¿Qué quieres Esme?! —dice con evidente molestia.

Esme lo observa y se da cuenta de que en su cuello tiene una mancha roja, ella mira a su hermano preocupada.

— ¡¿Edward qué sucedió?! ¡¿Cómo te lastimaste?! Déjame ayudarte.

Cuando ella se dispone a entrar, la mano de Edward la detiene.

—No es necesario Esme, yo puedo hacerlo solo.

—Pero, Edward, yo quiero ayudar…

Las palabras de Esme son interrumpidas bruscamente cuando Edward cierra la puerta en su cara.

—Deja de molestarme Esme, ¿por qué mejor no te ocupas de tus asuntos y a mí me dejas en paz? ¡No quiero que te preocupes por mí, yo puedo encargarme de esto solo!

Las palabras de Edward hacen que Esme se sienta mal, pero antes de dejarlo le pregunta una última cosa:

— ¿Cómo sucedió? —La suave voz de Esme se siente como un susurro, pero Edward la escucha.

—Fue un accidente, nada más. No tienes de qué preocuparte, no quiero suicidarme si eso es lo que piensas. Ahora vete y no me molestes —contesta.

—Está bien, hasta mañana.

Un alivio crece dentro de Esme, sabe que su hermano jamás intentaría algo así, pero quería quitarse esa duda que crecía en su interior cuando vio su herida, ahora puede estar tranquila.

No culpa la actitud de su hermano hacia ella, ya que, después de lo que había sucedido con ellos hace unos años ella no sabe cómo tratar la distancia y hostilidad que Edward ha impuesto entre ellos.

Esme da media vuelta y se aleja de la habitación de Edward para dirigirse a la suya.

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La última habitación de la casa se encuentra ocupada por Isabella, que está sentada en un sofá de piel de color negro. Unos pasos se escucharon en la habitación, seguidos de unas voces.

— ¿Te divertiste? —Rosalie pregunta sarcásticamente.

Isabella ríe por un momento y luego contesta:

—Sí, me divertí.

Alice se sienta al lado de Isabella.

— ¿Qué haremos ahora con ellos? ¿Los matamos? —pregunta con emoción.

—No comas ansias, Alice. Ya decidiremos qué hacer con ellos.

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Edward abre la puerta del baño y camina hasta estar frente al espejo, levanta un poco la cabeza para ver la profundidad de la herida.

—Es superficial —dice.

Pone su mano izquierda en una esquina del espejo y lo abre. Se queda mirando un momento lo que hay en el estante y, de repente, viene a su mente la imagen de ella. Edward suspira y encuentra lo que está buscando. Agarra un pequeño botiquín de emergencia y toma unos analgésicos para el dolor.

Pone las cosas en la orilla de la mesa del lava manos, luego cierra la puerta y sale de ahí con las cosas.

Edward apoya el botiquín en la cama y el analgésico a la par, alcanza la silla del escritorio y se sienta enfrente de la cama. Abre el botiquín, saca unas gasas y, con la tijera corta una tira delgada.

Mientras tanto, no puede dejar de pensar en todo lo que ha pasado esa noche, en los labios de ella, en sus manos, en sus caricias y, lo más importante, en cómo había entrado esa chica extraña a su casa y en cómo ella lo había engatusado para evitar que él pudiera saber lo que había en el libro que estaba guardado en ese lugar. Ella protegió ese libro como si fuera un secreto que nadie más podía encontrar, y si ella pensó que él no se había dado cuenta estaba muy equivocada porque iba lograr encontrarla nuevamente y saber qué esconde, porque de algo sí está seguro: ella no es normal.

Saca un pequeño botecito, lo abre y coloca un algodón; lo mueve para que el algodón se llene del líquido, luego lo quita y cierra el frasco.

Coloca el algodón en la herida y siente un pequeño ardor cuando el líquido entra; y luego, con el mismo algodón, limpia la sangre que se ha regado en su cuello. Cuando ya está limpio coloca la gasa con el esparadrapo.

El algodón sucio lo tira en el basurero y lo demás lo aguarda, cierra el botiquín y lo pone a un lado del escritorio, agarra el analgésico y sale de la habitación. Baja las escaleras y llega a la cocina, toma un vaso y abre el refrigerador, saca una jarra de vidrio y vierte el agua helada en el vaso.

Abre el bote de pastillas y saca una, se la lleva a la boca, agarra el vaso de agua y se la toma.

—Definitivamente la encontraré —dice Edward mientras ella no se va de su mente.

Luego enjuaga el vaso y lo vuelve a poner en su lugar, hace lo mismo con la jarra dejándola en el refrigerador, cierra el bote de pastillas y con esa decisión sube nuevamente a su habitación.

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—Buenos días, ¿cómo te sientes? —Esme pregunta mientras toma una taza de café en el desayunador, observa a su hermano pasar delante de ella y servirse su desayuno.

Él no le contesta, simplemente la ignora. Esme no pregunta nada más pero que su hermano se comporte de la misma forma que lo hace siempre la tranquiliza.

Edward sube con su desayuno a la habitación, pone el tazón de cereal a un lado del escritorio y escribe en la computadora los últimos apuntes de su trabajo universitario. Con cada párrafo terminado él come una cucharada de cereal, hasta que se lo termina.

Aleja un momento la mirada de la pantalla de la computadora y se detiene porque un pensamiento que no lo ha dejado dormir en toda la noche sigue estando en su mente a un esa mañana, y no importa que él intente alejarlo no puede olvidar, las manos suaves de la chica, su voz y sus palabras sexys pero amenazantes, esos ojos verdes llamativos como la esmeralda… Edward niega con la cabeza y despeja esos pensamientos, se levanta y se mete al baño para tomar una ducha. Y así dejar de pensar en ella.

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Edward baja las escaleras con su mochila listo para marchase a la universidad, pero se detiene un momento y ve a su alrededor, tiene la extraña sensación de que esa misteriosa chica aún sigue en su casa.

— ¿Cómo puedo encontrarla? —se pregunta.

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— ¡Las clases no pueden ser más cortas! —dice el chico rubio que camina a la par de Edward.

— ¡Pero si ni siquiera vienes a clases seguido, Jasper! —Edward responde.

— ¡Lo sé, pero, aun así, me canso! —Jasper objeta con cansancio.

—Hey Jasper, ¡espérame! —Dos chicas rubias caminan hacia la misma dirección que ellos.

Edward deja escapar un suspiro de frustración cuando ve quién viene junto a la novia de Jasper.

—Hola, Lauren —Jasper saluda a su novia cuando ya están cerca.

—Hola amor, ¿adónde van?

Lauren pone sus brazos en el cuello de Jasper y lo besa. Y su amigo corresponde el beso y lleva sus manos a las caderas de ella. Edward aleja la mirada de la exagerada muestra de amor que su amigo y su novia están haciendo.

La otra chica rubia se acerca a Edward y le sonríe, él la esquiva y hace como si ella no estuviera presente.

Jasper y su novia se alejan un poco cuando han terminado su meloso encuentro.

Jasper ve a su amigo y sabe cuánto le desagrada estar cerca de Tanya, por ello cuando está a punto de decir algo, su novia lo interrumpe.

—Hey Edward… ¿qué dices si tú y Tanya nos acompañan a tomar unas bebidas?

—Claro, a mí me encantaría, ¿tú qué dices Edward? —Tanya dice con un gesto inocente.

Edward hace un gesto de molestia y cuando va a responder, Jasper pone su brazo en su hombro.

—Vamos, sólo iremos a tomar algo —murmura en voz baja.

—Está bien —Edward contesta con desgano.

Lauren agarra el brazo de Jasper y los dos se adelantan. Tanya intenta hacer lo mismo con Edward, pero él rápidamente mueve su brazo y evita que ella lo agarre.

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Los cuatro caminan por las calles de Berlín, las cosas que están alrededor distraen más a Edward que la tonta plática que Tanya intenta hacer.

Edward lleva su vista al frente y se detiene cuando ve a la misma chica de la noche anterior, ella lo ve y le sonríe con sensualidad, la cara de él es de sorpresa.

Tanya ve que Edward se detiene y ella también lo hace, mira en la misma dirección que él y ve a la chica que Edward está viendo. Su cabello largo y castaño, la piel blanca y ojos verdes, vestida con una camisa blanca sin mangas y encima un chaleco negro ajustado a su medida, todo haciendo juego con una falda cuadriculada roja con negro que le llega hasta la mitad de las piernas y terminando el conjunto con unas botas de tacón.

La expresión de Tanya se endurece porque esa chica toma la atención de Edward e intenta persuadirlo y hacer que él siga caminando. Pero falla cuando ve que Edward se aleja y se acerca a la extraña chica.

Edward deja la sorpresa y decide acercarse a ella para preguntarle y reclamarle lo que hizo la noche anterior.

Una voz se escucha atrás de Edward pero él la ignora y sigue su camino con su mirada fija en ella.

Tanya llama a Edward unas cuantas veces pero él ni siquiera hace el ademán de verla ese gesto hace que Tanya se sienta humillada.

Jasper y Lauren miran a Tanya y ve que se ha detenido, ellos regresan y llegan hasta donde está ella.

— ¿Dónde está Edward? —pregunta Jasper.

Tanya no le contesta pero con su mirada le indica y Jasper mira como su amigo le pregunta algo a la hermosa chica castaña.

—Tú… —comienza a decir Edward pero se queda en silencio, cuando los labios de Isabella tocan los suyos.

Todas las cosas que él tenía pensado decirle se esfuman de su mente y son cambiadas por los suaves labios de ella. Sin darse cuenta Edward responde y el beso se vuelve más intenso haciendo que él se olvide de todo lo que le rodea.

Isabella se abre paso con la punta de su lengua en los labios de él, haciendo que el beso sea más profundo, las manos de ella rodean el cuello de él y su cuerpo se acomoda al de Edward.

Las personas que pasan alrededor no pueden evitar verlos e impresionarse.

La incredulidad y la humillación de Tanya se vuelven más grandes al estar presenciando cómo la persona que quiere para ella está a unos metros besando a otra chica sin ningún descaro.

—Wow… ¡que guardadito se lo tenía! —Jasper dice con ironía mirando a Tanya.

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Sé que este beso es muy corto y no muy explicito pero prometo que en los otros capítulos lo hare mejor. Estaba un poco nerviosa cuando lo hice porque es mi primera vez escribiendo algo así.

Y COMO REGALO LES DEJARE EL ADELANTO (SIN BETEAR) DEL CAPITULO 7.

_ ¿Quién eres? ¿Y qué es lo que quieres?_ dice Edward

Dándole un pequeño beso en su mejilla izquierda, Isabella responde.

_ ¡mi nombre es Isabella y solo quiero jugar! _ ella muerde el lóbulo de su oreja izquierda y las palabras salen con diversión_ ¿jugarías con migo Edward?

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Ella baja su mano y tantea para recogerlo, pero como no lo encuentra echa un pequeño vistazo para ver donde ha caído, en el lapso de ese segundo ella no se fija y su pie sin ella quererlo presiona con fuerza el acelerador, Esme se levanta sobresaltada y trata de frenar pero sus pies no responden.

Ella intenta dirigirlo con el volante mientras trata evitar chocar y hacer que sus pies reaccionen, sus manos le tiemblan y su respiración se precipita el miedo la abarca haciendo que las lágrimas caigan por sus mejillas.

_ por favor Dios, ¡no quiero morir! ¡No puedo dejar a Edward solo después de lo que ocurrió con nuestros padres!

BUENO CON ESTO NOS DESPEDIMOS HASTA PRONTO…. =) Y POR CIERTO EL CAPITULO 7 YA ESTA TERMINADO.

BYE…. Y SI QUIEREN DEJARNOS UN REVIEW LO RECIBIREMOS CON MUCHO ALEGRIA…