Disclaimer:Los personajes no me pertenecen, sino a Suzanne Collins, yo solo los utilizo para mí diversión.
Summary: Luego de la rebelión, la chica en llamas pensó que hacía lo correcto escondiéndose en el lejano distrito 12 en compañía de Gale. Pero esto significo romperle el corazón a su chico del pan. Tres años después cuando se tengan que reencontrar, se dará cuenta que quién más tiene roto el corazón, es ella.
Decisiones:Buenas o malas, pero decisiones.
Capitulo siete: Y si ya no hay nadie.
Lo he matado. Con mi flecha.
Pensé que después de todo lo que ha pasado, ya no quería vivir con una muerte más en mi conciencia. Supongo que me he equivocado, ¿No?
Pero eso ya no importa, porque esta no es una muerte más… esté es Peeta. Quién me defendió en dos juegos y más, al que yo prometí proteger. En muchas veces sentí el miedo de perderlo en manos del capitolio, de los rebeldes incluso cuando lo creían un traidor, pero jamás sentí la angustia de pensar que sería yo quién le quitaría la vida, a excepción de mis sueños, pero ahí yo sabía que no era real.
Lo veo caer al piso. Frente a mí. Con una flecha en su pecho.
― Katniss.
Es su voz. ¿Quién está jugando así conmigo? El Peeta que está moribundo frente a mis ojos no habla. Entonces… ¿Dónde está el Peeta? Al que no he disparado, el que sigue vivo.
― Katniss, ¿Qué pasa?
Miro hacía todos lados intentando encontrar algo que estuviera mal, que estuviera escondido.
Pero esto no es el bosque. Es una sala. No hay árboles, no hay rastrevíspulas, no hay juegos. Estoy aquí, a salvo, en una ceremonia donde todos quieren acabar con lo poco que me queda de cordura. ¿Qué sucede aquí?
Después de esto solo me toma segundos entenderlo.
Nada era real.
Y lo confirma a quién creía recién muerto por mi culpa. A mi lado en el piso, sin flecha, pero si una mirada de preocupación.
― Katniss, Katniss, ¿Me escuchas? ¿Voy por un médico? ¡Reacciona! ¿Qué sucede?
Demasiadas palabras. Yo solo soy feliz con que siga respirando.
Pero… todo era tan real.
En un acto involuntario termino examinando el pecho de Peeta con mis manos. Y no hay nada.
― ¿Katniss?
― Peeta. ― Lo llamo entre sollozos, con un nudo en la garganta. Sin aguantarlo, y sin esperar alguna acción de su parte, me echo a sus brazos, escondiendo mi cara entre medio. ¿Cómo es que puede seguir vivo? ¡Si supieras Peeta lo que acabo de imaginarme!
Al principio puedo sentir como se tensa ante el contacto. Y lo sé, no está del todo bien que haga esto. No nos hablamos por tres años, y ahora cuando lo veo, tengo una especie de crisis, lloro y lo abrazo. ¿De cuantas formas más puedo seguir siendo tan egoísta e hipócrita? ¿Por qué siempre es Peeta el que termina perdiendo? No puedo pensar en una respuesta, porque Peeta me envuelve con sus brazos, volviendo esto en un abraso real.
Lloro con mayor desesperación, porque está vivo, porque no está muerto, porque he revido los juegos, porque creo que me estoy volviendo loca, porque está aquí conmigo, porque siento que sigue siendo mi Peeta, porque las cosas han cambiado, porque quiero disculparme por lo que le hice hace tres años, porque de una forma u otra, Peeta siempre termina salvando mi vida. Como ahora, porque así de esta manera, en un abraso repentino, puedo pensar que no todo puede estar mal.
Los minutos pasan. Quizás un cuarto de hora o más. Seguimos así, hasta que mis lloriqueos cesan, y aunque sinceramente no quiero separarme de él, me remuevo un poco y él termina separándonos.
Se acomoda la camisa mientras me pregunta si estoy bien.
― Si, no ha sido nada. ― Escondo mi mirada mientras intento limpiarme unas cuantas lagrimillas que aún no desaparecen del todo. Pero de pronto, una de sus manos me detiene.
― ¿Qué te ha pasado Katniss?
Y sin poder evitarlo, algunas lágrimas vuelven a escapar.
― Yo… creí, no, es decir. ― Suspiro intentando controlarme. ― Todo fue extraño, por unos segundos yo, creí que estaba ahí. Peeta, era los juegos y no pude controlarme. Cuando apareciste tú, todo fue más complicado, y vi cómo te disparaba. ¡Te vi morir! ― Me desespero solo por recrearlo en mi mente. Estoy loca, lo sé, con esto ya estoy perdida.
― Eh, Tranquila, ¿Si?. Mira todo está bien. Estoy aquí Katniss… contigo.
Peeta no sabe lo que significan esas palabras para mí.
Son simples palabras que lo más seguro que salgan de su boca solo para intentar calmarme, sin objetivo claro, solo para reconfortarme porque ha tenido la mala suerte de encontrarse conmigo. Pero en mí, son mucho más que palabras. Es un modo de asegurarme que el mundo puede dar mil vueltas, que yo pueda estar perdida, encerrada en una miserable vida, pero que él esta a mi lado. Y es mucho más de lo que he tenido en estos últimos tres años.
Yo sé que en este momento Peeta no tiene la razón. Nada está bien en mi vida. Pero sentir que alguien me cubre la espalda, como en los juegos, que no estoy en esto sola, me reconforta. Es por esto que mientras le asiento con mi cabeza en respuesta a sus palabras, mirándolo directamente a los ojos, logro calmarme completamente. Todo va a estar bien. Si mi chico del pan lo dice, debe ser cierto.
Me alienta con una sonrisa que lo hace ver extremadamente tierno, y de una manera boba y patosa terminó imitándolo. Es de locos sentirse un poco feliz después de toda esta situación, pero no puedo negarlo. Dentro de mí, escondido detrás de los gritos que mi mente lanza para negarlo, lo estoy. Me siento feliz porque desde hace tres años me he mortificado todos los días pensando en cuanto daño le habré hecho al que fue mi compañero en los juegos. En cómo había llevado su vida luego de salir de su distrito por mí culpa. Y ahora lo veo. Con una vida y capaz de sonreír honestamente. Y a pesar de lo que duele, solo puedo pensar en que quizás lo mejor que le pudo haber ocurrido a Peeta era que yo saliera de su vida.
Y luego recuerdo algo que confirma mis pensamientos.
Minutos atrás, mi Peeta estaba sentado en su mesa, y traía compañía. Una chicha que no era yo, una chica que en el presente puede decir al mundo que mi Peeta es realmente de ella. Y yo no puedo hacer nada contra eso aunque deteste la situación.
Me alejo del chico dando pequeños pasitos cuidadosos. Sintiéndome una extraña.
Si, el de al frente es Peeta. Sus ojos lo indican, sus pestañas, su pelo… pero me siento lejana. Está demasiado guapo para alguien del doce. No lleva olor a masa horneada, sino a perfume, de esos que llevaban los señores del capitolio. Su parada está más formada, y no puedo dejar pasar el hecho de que su actitud es algo diferente. Entonces, ¿Es realmente Peeta?
Me aterra esta situación. ¿Lo conozco o no?
Yo no suelo relacionarme con gente del capitolio. Pero, ¡ah!, ¿Qué digo? Peeta es del doce. Siempre fue mi vecino, íbamos en la misma escuela. Pero luce tan diferente a mí… incluso a Gale o a Haymitch. ¿Quién es la persona que está frente a mí?
Mi espalda termina chocando con la perilla de la puerta. Pego un pequeño brinco por la sorpresa. Él me mira detenidamente, con una cara de confusión, pero sería. Y sigue viéndose demasiado guapo. Debería haber alguna cámara que pillara justo su expresión, de seguro millones de chicas estarían encantadas de tener esa foto pegada en la pared de su habitación. Cosa que jamás harían con alguien del doce…
Ante la sorpresa de mis pensamientos, no sé cómo reaccionar. Porque aunque le encuentre un poco de humor al Peeta transformado ante mí, sé que no tiene gracia, estoy frente a un desconocido. ¿Qué le han hecho a mi chico?
En segundos doy media vuelta y tomo la perilla para girarla. Estoy temblando pero me las arreglo para salir corriendo de ahí. Tomo el camino de regreso al salón donde todos aún celebran la ceremonia. Ya no hay nadie en el escenario, ni pantallas mostrando gente que ya murió. Solo personas riendo y bebiendo. Hago un rastreo rápido de mi mesa. Doy con ella y me encamino en su dirección. Todo bien, hasta que una luz frente a mi rostro me ciega.
―Perdón, Perdón, aún no manejo bien la cámara. ― Es una chica muy baja. Lleva un traje de franela rosa y sobre el pecho un pin con la bandera de Panem. Recuerdo lo aburrido que estaba Haymitch esta mañana de que llevaran el patriotismo a un extremo como esté. Intento esquivar a la chica para seguir el camino hacía mi mesa. Pero ella se planta frente a mí, y mueve algo en la cámara que va sujeta a una plataforma que se ve liviana. De a poco la luz baja la intensidad, y veo cómo voy tomando una tonalidad naranja normal. ― ¡Ahí esta! Lo siento de nuevo, es mi primera semana y ya me dejan hacer entrevistas, ¿Puedes creerlo? Yo no podía, siquiera cuando me dijeron que podría cubrir este evento y sacarte una entrevista… ¡Eres mi ídola! ―Solo puedo sonreírle en respuesta, no por cortesía, lejos de eso, sino que la chica da una imagen demasiado patética.
― Bien Katniss, cuando la lucecita este en rojo comenzare a grabar. ― Y la luz se enciende rápidamente. Ni siquiera me deja excusarme. Sin saber más que hacer, pongo mi mejor cara para las cámaras. ― ¡Hey Panem! ¿Con quién creen que ha accedido a hablar con nosotros? … ¡Por supuesto! La chica en llamas, ¡Katniss Everdeen! ¿Están tan emocionados como yo? ¡Pues comencemos!
Abro mi boca para comenzar a hablar, saludar, o algo parecido. Pero me detengo cuando una mano me sujeta el brazo. No es la chica, pues se ha movido unos centímetros para que la cámara logre tomar un plano solo mío. Me llega un aroma a perfume que es reconocible, pero muy lejos de familiar. ¿Por qué no puede ir por su camino? ¿No hay una chica esperándolo en su mesa?
―¡Pero vaya! ― La chica parece emocionada, casi babeando, pero da igual. Yo solo quiero que me dejen ir a mi mesa, tomar unos tragos, emborracharme, y regresar al doce. ― Miren quién se ha unido, ¡SI! ¡Peeta! Tenemos en exclusiva para ustedes la entrevista que todos quieren, ¡Los amantes trágicos! ―La cámara se remueve, dando espacio para la entrada de Peeta a mi lado. Y la entrevistadora comienza a sudar. Seguramente es más de lo que puede manejar en su primera semana de trabajo. Quizás, si lo hace bien, hasta consiga un ascenso. ― Vamos chicos, cuéntenos como les va. Como la están pasando.
Ya no estoy dispuesta a hablar. Si Peeta está acá, que lo haga él. Después de todo, ¿él vive de esto, no? ¿Si no para qué tener un asesor público? Él es una figura pública como muchos del capitolio, entonces que haga su trabajo, yo puedo quedarme a su lado y sonreír. Así puede tener más tiempo en cámara y todos felices.
― Pues todo va bien. Sin duda es una de las mejores ceremonias que hemos tenido hace mucho tiempo. Todo es perfecto. ― Su tono de voz es claro y se escucha seguro. Y es obvio para alguien que tiene experiencias ante esto de las entrevistas y las cámaras.
― Sin duda el gobierno ha pensado en todo. ¡El evento es sorprendente! Y por lo que sabemos en los distritos también se las están pasando muy bien. Se ha ofrecido un banquete en todas las plazas centrales mientras en las pantallas se proyecta la transmisión en directo de la ceremonia.
― ¿Es enserio? Me parece estupendo…
En mi mente casi tengo un manual sobre cómo reaccionar con Peeta durante una entrevista. Lo tenía olvidado, pues últimamente me enfrentaba sola a las cámaras, pero ahora aparecía de la nada. Sabía que luego de algún cumplido amable que él soltara le seguía una sonrisa, así que yo suponía que debía hacer lo mismo, y está vez así lo hice.
― Pero por otra parte, la gente debe estar pasándosela mejor cuando hayan aparecido en una toma juntos. ¿Saben de la expectación que han creado los medios por su reencuentro? ¡Todo Panem está ansioso! Aunque por otra parte varias jovencillas terminarán con el corazón roto al ver a Peeta con otra chica… ¿Qué dices Katniss? ¿No te sientes culpable?
Puedo ser sincera y decirles que no, que jamás me voy a sentir mal por ahuyentar chicas que anden alrededor de Peeta. Pero está es la vida de ahora. Y yo no puedo reclamar propiedad sobre un chico al que no le hablado hace tres años, sobretodo porque ahora si existe en realidad una chica que puede hacerlo, y no solo para las cámaras como yo.
―Había oído un poco de eso, algunos rumores o cosas. Me habían comentado que se nos creía que nos habían visto juntos cenando por ahí.
― Entonces, ¿Desmentimos rumores? ¿No se habían visto antes?
Tal como el asesor de Peeta me había pedido -o a petición de aquellos que trabajan con la imagen del chico-, iba a negarlo y también me había decidido mantener a raya esta entrevista, comportarme como de verdad todos querían que fuera. Es decir como la ex rebelde jubilada, viviendo exiliada en el doce, sin contacto con su ex compañero de juegos, y con una vida tranquila. Pero tan pronto como yo había decidido que decir, Peeta también, así que me robo la atención de la cámara.
― En realidad sí nos habíamos visto antes. ― Mi boca se abre un poco. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Es que me estaba utilizando para acaparar más cámaras? ¿Qué no le bastaba la fama que ya tenía? ¿Entonces por qué su asesor me dice que me mantenga a raya y no arme escándalos y Peeta hace todo lo contrario? ― Ví a Katniss el día de hoy, por la mañana. ― Oh,no. ¿Qué tipo de juego era esto? ¿Humillemos a Katniss frente a todo el país? ¿Era su venganza? Pero si me acaba de ver destrozada hace minutos en el otro salón… llorando desesperadamente por la forma despiadada que habían jugado con la imagen de Prim. ¿Eso no le bastaba? ¿Tanto daño le había hecho yo a él como para querer vengarse de este modo? ― No la esperaba, así que cuando me la tope en la puerta de mi panadería, seguí caminando pensado que era un error o alguien demasiado parecido. Ahora que la veo acá, me doy cuenta que era ella, y no la había reconocido por todo el tiempo que ha pasado.
La chica no sabe que agregar para seguir la entrevista. Pero yo pienso, y sin saber nada de comunicaciones, sé que su entrevista está perfecta, demasiado sabrosa para la audiencia y los medios. Tiene lo que todos los medios buscaban hoy, una toma para revivir el amor de los amantes trágicos. Tengo por seguro que ella conseguirá un ascenso y si no ocurre, lo más seguro es que conseguirá quedarse con los mejores segmentos de su canal televisivo. Yo tampoco sé que agregar. Hace segundos solo me cabía pensar que Peeta jugaba conmigo, pero ahora… por su modo de contarlo, por la expresión en su cara, solo sé que solo tengo la opción de creerle.
El paso de los años, ¿A todos nos puede ocurrir, no? Es creíble, ¿no?
Aun así, tengo un sabor dulce-amargo.
La cámara sigue grabando, así que al final la chica despabila. ― ¿Es enserio?
― No es algo de lo que me sienta bien. Así que frente a Panem, quiero pedirle disculpas a Katniss. Jamás quise hacerte un desplante.
― ¡Qué dulce! Sin duda Peeta es todo un caballero. Todos te creemos que no fue tu intención, es más, Katniss, ¿Por qué no te pasas otra vez por la panadería de Peeta? Estamos seguros de que está vez hasta te puede preparar algo de sus delicias. Sabemos que aún te quedan unos días por el capitolio.
¿Debo de responder a eso? ¿Es algún tipo de invitación indirecta? De seguro si llegase a pasarme otra vez por esa panadería Peeta se sienta en la obligación de recibirme, no porque quiere, sino porque lo prometió en cámara. Me siento atrapada.
― Eso sería más que seguro, y no lo digo por las cámaras. Katniss, deberías pasarte, aún hay muchas cosas de las que hablar… ― Agrega el chico. Así que la invitación, creo yo, pasa a ser algo más directa.
Me quedo ahí, quieta, mirando mi reflejo en el lente de la cámara. Me veo demasiado abrumada, como una niña pequeña sin saber que decir o donde escapar. Una presa fácil para los medios. Tengo un poco de maquillaje corrido bajo los ojos a causa de mis lloriqueos anteriores. Pero no me siento así, por dentro, estoy peor que eso. Confundida, esa es la palabra correcta. Ya no sé qué papel debo interpretar. Asiento sin mirar a la cámara. Luego los vuelvo a escuchar a hablar, y me limito a quedarme frente a la grabación.
Y tal como había dicho antes, activo el modo el manual del que antes había hablado, ese de reaccionar ante lo que Peeta diga. Cuando los escucho reír me les uno, cuando les escucho hablar me quedo quieta y sonrió. De vez es cuando asiento y dedico segundos de mi mirada. Cuando la luz de grabación se apaga sé que estoy a salvo.
― ¡Esto es más de lo que pedía! ¡Han estado grandiosos! Muchas gracias por darme la entrevista.― Toma la cámara y desaparece. Dejándonos ahí, uno al lado del otro. Ahora con una mejor panorámica de nuestro alrededor, veo que fuimos el centro de atención por un buen rato.
Es más de lo que puedo soportar.
― ¿Estás ahí Katniss?
― Si.
―Yo… bueno…
― No puedo creerlo… ― Una voz quebrada por unos cuantos sollozos nos interrumpe. Es algo más chillona de lo normal. ― Esto, ¡me supera chicos!― Saca un pañuelo de su pequeño bolso y se limpia unas lágrimas que le caen por el rostro. ― Jamás pensé que volvería a verlos juntos y yo… solo… ― Termina de limpiarse el rostro, y reemplaza el pañuelo por una pequeña máquina reluciente. ― Necesito esto, por favor. Katniss solo quédate quieta.
La miro extrañada, hasta que comprendo, y antes de que pueda hacer algo, la luz sale de la máquina. ¡Flash! Effie nos ha sacado una foto.
― Necesito otra… para un cuadro en mi piso. O Una de todos. ¡Haymitch, ven! ―No puedo con esto, así que intento escapar, pero antes de que siquiera lo intente, mi mentor se me acerca y me arrastra hasta mi antigua posición.
― Vamos preciosa, ¿Cómo en los viejos tiempos, va?
Casi le escupo, pero me detengo cuando Peeta vuelve a tomarme del brazo. Effie le pasa su artefacto a alguien del servicio, que accede sin problemas. Unos segundos pasan y en vez de un solo flash, aparecen diez más, cuando la luz nos deja, veo que somos el show del momento. ¡Vengan y sáquense una foto con el equipo vencedor! ¡De regalo llévese un pin del sinsajo!
Haymitch ríe demasiado cerca de mi oído, tentándome a volver a intentar lo del ataque con el escupo.
― Pero si parecemos toda una familia. ― Todos ríen ante el comentario de Haymitch. ― Una muy disfuncional, pero maravillosa familia. ¿Cómo van las cosas Peeta?
― De maravilla, he podido arreglar la máquina de la que te hable sin mandar a buscar un técnico del tres. Me he ahorrado algo de dinero con eso y he podido renovar la vitrina.
― Eso es excelente. ¿Ha mejorado con la fecha?
― Algo, la calle se ha hecho más concurrida, así que aún tengo esperanzas.
― Ya verás que en unos meses todo será muy distinto. ―interviene Effie. ― Está temporada es así de lento, pero se vienen tiempos mejores.
― Eso es cierto. Escúchala Peeta, todo será mejor en unos meses.
― Si, y ahora que estás aquí, me ahorrare tener que pagarle a alguien de medio tiempo.
― De que hablas chico…
― Ya tengo hasta tu uniforme.
Vuelven a compartir risas, y me vuelvo a sentir excluida. Es extraño escucharlos a hablar de forma tan sencilla, como si el tiempo no ha pasado para ellos. Haymitch ya me había mencionado que mantenía contacto con Peeta, y Effie viviendo cerca, no es difícil pensar en que han mantenido el contacto. Soy yo la que está fuera de lugar. Porque a pesar de que nos une lo que vivimos en el pasado, no hay un futuro que nos reúna. Quizás pueda seguir manteniendo contacto con mi mentor cuando regrese a mi distrito… aunque dudo que quiera tomar un teléfono solo para llamarme.
Me alejo de ellos, sin saber cómo participar de lo que ellos tienen.
Llego a mi mesa donde Johanna sigue hablando con Annie, quien ahora le enseña las fotos que tiene de su bebé. Me les uno y observo algunas. Tiene cierto parecido a Finnick, sus ojos o la nariz, no logro detectarlo, pero sé que algo de mi amigo está ahí. No puedo evitar sentir su falta el día de hoy, sin duda sabría cómo hacerme sentir cómoda. Pero no está. Nada del pasado está hoy, ni siquiera en esta ceremonia, que supone ser para recordar el pasado. Supongo que no hay forma de traer lo que ya no está.
Les doy un pequeño abrazo a ambas, y me despido. Les prometo que las llamare más seguido y que queda pendiente el viaje al cuatro. Me alejo y me pierdo entre la gente.
Puedo oír rizas, y veo abrazos de gente que parece feliz de verse. No puedo entenderlo. ¿Es que la vida de verdad cambio en Panem? ¿Por qué yo no lo siento así? Sigo caminando, sin importar quien pasa a mi lado. Puedo escuchar que dicen mi nombre, pero me niego a quedarme unos minutos más ahí. Afuera, no muestro mi simpatía a las cámaras que se interponen en mi camino. Ya no quiero seguir actuando. Remuevo mi mano solo para indicarles que estoy viva, y que los veo, pero no me detengo. Sé que mañana cuando Effie observe esto, no se guardara las ganas de un regaño.
Llego al que creo que fue el mismo coche que nos trajo, pero no estoy del todo segura, y cuando creo que es conveniente preguntar, ya estoy adentro, así que me acomodo y le digo que me lleve rápido al piso. Supongo que no me equivoqué de vehículo, porque el conductor sin decir nada, echa a andar.
Salgo de ahí incluso antes de que el auto se detenga del todo. El chofer me grita, pero lo ignoro y me meto en el ascensor, presiono el último número y cierra sus puertas para comenzar a subir. Aprovecho el tiempo para arrancarme los tacones en el camino, también me deshago del último arete que me queda. Aún quedan unos diez pisos por subir así que me apoyo en una pared de la caja metálica y me quedo observando la ampolleta fosforescente que hay por encima de mi cabeza hasta que las puertas del elevador se vuelven a abrir.
Al otro lado, pillo justo a la misma chica del servicio que nos acompañaba en el tren sosteniendo unas frazadas. Cuando me le acerco, me da una sonrisa demasiado fingida, así que le respondo con una igual.
― Señorita Everdeen, ha llegado temprano.
― Si, no me siento del todo bien.
― ¿Quiere que mande por un médico? ― Dice dejando sobre un sofá cercano las frazadas. Cuando hace ademan de acercarce con su mano en dirección a mi frente, retrocedo.
― No, es simple cansancio. Nada grave.
― Está bien. ¿Quiere que le deje una frazada más en su habitación?
― No, gracias.
Avanzo hacía mi cuarto, hasta que recuerdo las cargas en mis manos.
― Espera, ten. ― Se las entrego desordenadas, y antes de volver hacía mi camino a la cama, le vuelvo a pedir algo. ― Llama también a la estación de trenes, diles que necesito que adelanten nuestros pasajes lo más luego que puedan. Si te piden una explicación, diles que no me siento muy bien.
Sigo caminando sin agradecerle a la chica. No me cae bien por su obvio disgusto de estar aquí. A mí tampoco me gusta estar aquí. Pero para ella, esto es un trabajo, le deben pagar. Yo estoy trabajando sin paga, y a comparación de ella, no puedo renunciar.
Llego al pasillo de los dormitorios. Está silencioso. Solo me logro a escuchar a mí. Me acerco a mi puerta, y observo hacía todos lados, pero me detengo con la vista en dos puertas más a la derecha, donde debiera ser la habitación de Gale. No hay signo de que alguien esté ahí. Pero, ¿Dónde más puede estar?
Al final mis pasos se desvían del camino hacia el interior de mi cuarto, y toman la ruta que traza mi mirada, unos metros más allá, unos segundos más de trayecto, una puerta blanca, y un Gale adentro. O eso digo yo.
Me quedo ahí, escuchando más de cerca, algún movimiento, ronquido, resoplido, algo, pero nada. La curiosidad me mata. Quisiera poder pegar la oreja a la puerta, pero sé que no serviría de nada, porque las puertas son tan gruesas como las de un bunker.
Me intento convencer de ir a mi cama, descansar unas horas, pero algo me dice que abra la puerta. No puedo dejar las cosas así. Jamás había pasado por algo similar con Gale. Nunca una discusión o un enfado. No iba con nosotros. Nuestra relación se basaba en acompañarnos, era simple. Jamás nos gritamos, incluso tampoco lo hacía cuando despertaba luego de tener un sueño con Prim; pasaba todo el día gruñendo o maldiciendo, pero lejos, en el bosque, donde él no me escuchara.
Y luego de todo lo de esta noche, pasando por solo la horrorosa experiencia de volver al capitolio, Prim, mi pasada por los juegos, mi entrevista junto a Peeta, y terminando por la dolorosa experiencia de entender que todo el mundo parece haber continuado con su vida menos yo; necesito desesperadamente a Gale, a mi zona de seguridad, a lo único que se ha mantenido a mi lado a pesar del tiempo. Pero cuando abro su puerta y no veo a nadie hay dentro, siento que si hay algo más solitario que esa habitación, soy yo.
Hoy no tengo a nadie.
¿Hola?... Llevo más de un mes sin actualizar, y no tengo palabras para pedir disculpas. ¡Lo siento!
Diciembre fue un mes más que caótico, lo juro. Y lo triste es que los únicos ratos que tuve libre y dedique a terminar este capitulo, terminaron en mi papelera [La del computador]... La última parte tuvo tres finales distintos, y ninguno me convenció, hasta que al final, obtuve este resultado que me dejo conforme, ¿Les gusta a ustedes?
Quizás no era lo que esperaban, no hay una Katniss suplicándole a Peeta, y tampoco un Peeta furioso y dolido. Pero es porque intento no caer mucho en el Ooc, y realmente no sé si lo estoy logrando, ¿Lo estoy?
Aún así vamos recién en el capitulo 7, y según mis planes, todavía no llegaríamos a la mitad de la historia. [Según lo que pienso ahora]
En fin, espero que hayan pasado unas felices fiestas. ¡Que el 2014 venga cargado de buenas energías para todos! :)
