Pasa algún tiempo desde Nueva York, pasan los días, las noches, y las modelos del especial de Maxim y de FHM para la tradicional fiesta de Halloween de Tony Stark.

Pasan siete jornadas durmiendo solo en el sofá del garaje y siete mañanas en las que Pepper le da los buenos días con una sonrisa contenida como si todo fuese exactamente como debiese ser.

Pasan ciento sesenta y seis horas hasta que la gota colma el vaso y ya no hay nada que hacer para impedir que rebose. Como la espada de Damocles que pende del cielo, el peso de todas las decisiones no tomadas se acumulan y se hacen fuertes oprimiéndole el pecho con incomodidad.

El día acaba de despedirse hasta la mañana siguiente y por las ventanas polarizadas de la cocina apenas se cuelan un par de rayos de luna que no se atreven a interrumpir la cena, así que así es, entre pollo kum-pao y bolitas de cerdo agridulce con brotes de soja a Tony se le atragantan todas y cada una de las escasas veces que se ha dejado las cosas sin decir.

Todas y cada una de las veces que se ha dejado la misma cosa sin decir.

-Te quiero – dice- y se llena la boca de tallarines con salsa de soja

Al otro lado de la mesa de granito negro pulido cubierta de cartones de comida china para llevar, Pepper traga con dificultad y levanta la mirada, así que Tony continúa mirando sus tallarines con infinita fascinación y trata de no atragantarse cuando ella sonríe.

No le contesta pero está bien, no esperaba que le contestase, ni siquiera está seguro de que quisiese que le contestase pero traga tallarines y respira mucho mejor, mejor de lo que recuerda haber respirado nunca.

No sonríe pero se siente libre, ahí está, la última cosa que le quedaba por decir y hacer, el último providencial cartucho que le quedaba por quemar si descarta el acoso enfermizo.

Juguetea con los palillos entre la pasta y levanta la vista para enfrentarse a su mirada que parece que resplandece un poco más que antes, o quizá sea su imaginación.

-¿Me pasas la salsa de soja?

Ahora lo único que puede hacer es esperar.

~oOo~

Las instalaciones de SHIELD son bastantes menos glamourosas de lo que uno podría imaginar y sus sistemas informáticos y tecnólogos dejan bastante que desear para los extravagantes gustos de Topny Stark.

Mira el reloj y lo vuelve a mirar y aunque no hay ventanas en la sala, imagina que al otro lado de la pared la brisa nocturna y se afloja con molestia el nudo de la corbata para evitar ahogarse en su propia claustrofobia por aburrimiento.

La enorme mesa rectangular que preside la estancia está llena de propuestas y de normativas, de presupuestos y de memorandums y Tony apenas puede recordar por qué se supone que está en esa reunión o cuantas horas hace desde la última vez que prestó atención al tema que les ocupa.

A su lado Pepper toma notas y subraya sus copias de los documentos haciendo aclaraciones al margen y unos cuántos más asientos más para allá puede ver cómo Rhodey trata de permaneces atento y suspira discretamente abriendo mucho los ojos.

No es su turno de palabra y desde luego probablemente no tiene nada que ver con el tema que Fury está discutiendo acaloradamente, ni siquiera sabe que va a decirlo antes de decirlo.

-Voy a crear otro traje –todos los asistentes paran sus conversaciones, los papeles dejan de moverse de mano a mano y la tensión se vuelve una presencia sólida en la habitación – uno para el Coronel Rhodes

-¡¿Qué?!- el tono repentinamente agudo de Rhodey se eleva por encima de las quejas y las protestas y los reclamos del resto. A su lado Potts eleva los ojos al cielo y él sonríe.

Por encima del jaleo y el revuelo, Rhodes le mira fijamente y sonríe nerviosamente como si fuese Navidad y papá Noel le hubiese dejado el mejor de los regalos e ignora a Nick Fury y desoye al resto porque sabe que ha hecho lo correcto.

Sabe que ha elegido a la persona correcta, sabe que le necesita allí arriba, cuando los misiles pasan tan cerca que la perturbación de aire que dejan tras de sí hacen que pierdas el equilibrio, cuando la adrenalina es lo único que te separa de caer paralizado de miedo y todo parece tan irreal que deja de tener sentido. Sabe que necesita a un amigo con él cuando las fronteras del bien y del mal se desdibujan y se confunden entre el olor a pólvora y a sangre y no sabe distinguir con exactitud qué es lo correcto.

-Me temo, Señor Stark, que usted no es quién para tomar una decisión así – la voz que se alza por encima de las del resto y las enmudece es la del General MacDonalds, puede que en realidad sea General MacAlgunaotracosa, tampoco es que tenga la mayor trascendencia.

-Es mi tecnología, es mi dinero y la última vez que mis abogados miraron el código penal por mí, no era ilegal en este estado construirse un traje que vuela.

-Es usted un hombrecillo insolente y arrogante con aires de grandeza, Stark

El resto de los asistentes permanece atento al intercambio, callados, sumisos, como si cualquier revés dialéctico pudiese desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Nick Fury se reclina en su silla y cruza las manos encima de la mesa en un gesto exasperado y Tony no evita la esperada confrontación.

-Muchas gracias, Capitán.

-General

-Por supuesto, General, no querría herir tan fácilmente su escaso orgullo.

Puede oír como Pepper eleva los ojos al cielo y Rhodey ruega una plegaria silenciosa mientras el resto de la sala permanece expectante y Tony contempla con cierta gracia el incremento de saturación del color de la piel del General.

La estancia entera contiene la respiración hasta que Nick Fury comienza a hablar, como si alguna deidad de poderes misteriosos que les fuese a salvar de un final aterrador.

-Señor Stark, es posible que no le haya quedado todavía del todo claro pero a pesar de sus problemas con las normar, se espera de usted un comportamiento un poco más… ortodoxo.

Con lo antebrazos sobre la mesa y una mirada cansada y distante el director de SHIELD, se diría que puede acabar con medio corredor de la muerte solo con su actitud. No con Tony Stark

-No tengo problemas con las normas – a su lado Pepper ni se inmuta mientras el resto de la mesa incurre en exagerados gestos de incredulidad- tengo problemas cuando se pretende que acate normas estúpidas

-Es posible que su falta de instinto de autoconservación y sentido común le impida verlo, Señor Stark, pero por muy absurdas que le parezcan nuestras normas, todas tienen un motivo y habiendo violado la primera de ella con su famosa rueda de prensa, me tempo que aprenderá por el camino duro- Hace una pausa dramática y apenas sí pestañea- el secretismo significa seguridad

Nunca ha sentido la necesidad de justificarse, quizá porque siendo rico y poderoso nunca nadie te pide explicaciones, a lo mejor ha sido falta de costumbre, o es posible que puro orgullo, pero lo cierto es que ni una de las miles de cientos de veces que le han preguntado por la famosa rueda de prensa especulado con su supuesta vanidad, ni una sola vez ha ofrecido ninguna explicación.

Sabe que no es la mejor de las ideas empezar a justificarse delante de Fury, cogerá ideas equivocadas y antes de que pueda darse cuenta estará riñéndole por no lavarse los dientes antes de acosarse o por andar descalzo por casa, aún así no puede evitarlo.

-El secretismo significa inmunidad, Señor Fury, significa equivocarse y no tener que rendir cuentas a nadie, significa evadir responsabilidades – se levanta, dispuesto a acabar con la estúpida reunión lo antes posible- No se preocupe, mi intención no es sacar a nadie del providencial armario pero puedo asegurarle que tampoco favoreceré la creación de comisiones e identidades secretas. O de llevar la ropa interior por fuera.

No se despide y no espera a oír la réplica pero mientras se da la vuelta para salir de la maldita habitación juraría haber visto a Nick Fury sonreír por primera vez en su vida. Pasan un par de segundos antes de escuchar la cadencia armoniosa de los tacones de su asistente chocando contra el suelo, y un par de segundos más antes de que pueda alcanzar la puerta.

-Rodhes, tendrás tu traje listo para la semana que viene

Abre la puerta y espera a Pepper la cruce para cerrarla tras de él.

La ansiada brisa nocturna le recibe cuando sale del edificio, el cuello de la camisa le ahoga y los veinte metros de jardines que les separan de desparramarse en el asiento trasero de su limusina y dormir toda la vuelta a casa parecen el infierno. A su lado Pepper no parece tan infinitamente cansada, con un par de informes en los brazos y mirada clara al frente.

Caminan despacio y en silencio, como si llevasen haciéndolo desde siempre.

-Estoy muy orgullosa de ti – dice, sin girarse, sin sonreír, sin cambiar en lo más mínimo su legendaria actitud profesional, como si las palabras las hubiese pronunciado el viento en lugar de ella.

No lo dice pero le da un vuelco el corazón. Son las cinco palabras que más ha deseado oír siempre a lo largo de su vida

Los veinte metros se hacen diez y los diez cinco, y cuando llegan al coche, Happy abre la puerta de la limusina para ellos y Tony espera a que el conductor de la vuelta al coche y se siente en el asiendo detrás del volante para suspirar hondo.

-Happy, llévanos a casa

Se deshace de cansancio sobre la tapicería pero cuando Pepper coge a tientas su mano a través del asiento trasero, todo su cuerpo se tensa y le cuesta trabajo tragar.

Lentamente, como si su mano fuese un animal salvaje al que hubiese que domesticar, sus finos y delgados dedos buscan el camino a recorrer hasta que sus dedos están completamente entrelazados.

Ni siquiera se atreve a sonreír.

Respira hondo un par de veces y cuando el coche se incorpora a la autopista de la playa de Malibú, recoge su mano y se la lleva a la cara, besa los nudillos de Pepper y aspira el aroma del interior de su muñeca sin que oponga apenas resistencia antes de cerrar los ojos y dejar caer la cabeza sobre el final del respaldo.

Le acuna la brisa nocturna que ulula entre las ventanillas apenas abiertas y duerme sin soltar su mano.

No hay nada como el hogar

~oOo~

Pasa sin que llegue a pasar, sin saber nunca cómo o cuándo ha pasado pero Pepper empieza a quedarse a dormir sin que él tenga que rogar, suplicar y hacer algunas cuantas promesas en contra de su naturaleza.

Aparecen casi por arte de magia, pequeños detalles por los que habría pagado fortunas: un cepillo de dientes de más en el baño de su habitación, un pijama demasiado pequeño para él debajo de la almohada y productos que solo había visto en anuncios de la televisión en un rincón escondido del mueble del lavabo.

De puertas para adentro Pepper se deja hacer, a veces, cuando es tarde y ha cerrado el portátil y no hay nadie cerca para verles y Tony no lo menciona nunca pero procura tomarse el resto del brazo por cada mano que ella ofrece.

Entra en su despacho como suele hacerlo, sin anunciarse, dejando la habitación sin apenas aire solo con su presencia, con una sonrisa, un portafirmas en la mano y el traje del día ligeramente arrugado.

-Pepper, he traído unos papeles que necesito que firmes.

Se acerca para dejar el portafirmas en su mesa y observarla brevemente mientras pone orden en su mesa preparando las prioridades del día siguiente.

-¿Te he dicho ya lo absolutamente fabulosa que estás con ese traje?

Es un traje marrón de falda recta por encima de la rodilla con una abertura lateral y chaqueta imposiblemente entallada con solo dos botones, el primero justo por debajo de la altura del pecho.

Pepper entorna los ojos como si pretendiese reprenderle pero sonríe a pesar de sí misma

– Me pongo este traje prácticamente todas las semanas.

-No por ello estás menos fabulosa cada vez que te lo pones

Eleva los ojos al cielo y continúa recogiendo, cerrando la sesión de su portátil y poniendo los lapiceros en sus correspondientes cubiletes.

Acaba de anochecer sobre la playa y el cielo es aún de ese color que no es negro y no es azul y Tony tiene la esperanza de que esa sea una de las noches en las que Pepper le sigue a casa después de dar por terminado el trabajo en la oficina.

La deja continuar con su rutina y avanza hasta la ventana del fondo que ocupa toda la pared mirando más allá de las propiedades de industrias Stark, justo antes del horizonte.

Escucha como se levanta y coge el documento, pasando una a una las páginas y espera a que diga algo.

-No puedo firmar esto, Tony

No se vuelve para enfrentar sus objeciones- ¿Algún problema con el bolígrafo?

Por el reflejo del cristal de la ventana puede ver como eleva una ceja y niega con la cabeza y vuelve a mirar las hojas del contrato. La noche se vuelve más oscura por momentos haciendo que el vidrio refleje con mayor nitidez cada uno de sus movimientos.

-Estos papeles son para ejercer la presidencia de industrias Stark en caso de que a ti te pasase algo

-Sé para lo que son, los he mandado redactar yo.

-No estoy cualificada…

Se da la vuelta y apoya la espalda en el cristal cruzando los pies a la altura de los tobillos y metiendo las manos en los bolsillos - ¿Tienes intención de quebrantar las leyes de derecho mercantil internacionales? ¿De conspirar en contra de los valores morales de la empresa para tu propio beneficio? ¿De intentar asesinarme? -No le contesta pero en su lugar frunce el ceño y cruza los brazos sobre el pecho- Bien, entonces diría que estás más cualificada para el puesto que mi anterior elección

Le mira profundamente a los ojos durante unos cuantos segundos antes de coger el bolígrafo e inclinarse sobre los papeles que apoya encima del escritorio para firmar- Está bien, pero solo hasta que encuentres a alguien más adecuado

-Seguro- como si hubiese una sola posibilidad de que fuese a encontrar a alguna otra persona en un futuro próximo. Como si la fuese a buscar en absoluto.

-Hablo en serio Tony…

Da dos zancadas enormes que cubrirían continentes enteros hasta quedarse a unos centímetros de ella y saca la mano derecha del bolsillo y se la ofrece.

-Baila conmigo

Pepper coge su mano y sonríe y se deja llevar mientras él la agarra de la cintura y la mantiene pegado a sí, moviéndose al ritmo de la música que tararea malamente. Respira el su perfume cuando ella apoya su cabeza sobre su hombro, en el hueco de su cuello, y le late el corazón al mismo ritmo que las vibraciones de su risa cuando la hace girar. Es noche cerrada a su alrededor y el despacho que antes parecía enorme se les ha quedado pequeño.

Sin previo aviso, la puerta de la oficina se abre y Pepper se tensa entre sus brazos tratando de separarse de él disimuladamente sin ningún éxito.

-Ehm, lo siento no sabía que estaban… ocupados- paralizado en el umbral de la puerta con la mano todavía agarrada al pomo sin saber muy bien cómo proceder

-¿Necesitaba algo agente Coulson?- pregunta Tony en tono liviano sin parar del todo de bailar

-No… no. Puede esperar.

Y cierra la puerta tras de sí mientras Tony maniobra intentando que Pepper se vuelva a dejar llevar al ritmo de sus pies.

-¿Qué ha sido eso?- le pregunta Pepper con solo cierta severidad

-¿Qué ha sido qué?- se hace el inocente aún sabiendo que no le llevará a ninguna parte- yo creí que estábamos bailando

Agudiza la mirada y deja de seguirle los pasos forzándole a que se pare- estabas tratando de hacer algún tipo de… declaración.

-Sí- no tiene ningún sentido negarlo

-Estabas tratando de hacer que Coulson se llevase la impresión de que tenemos una relación.

-No – la agarra de una mano mientras la hace girar sobre sí misma con la otra para volver a cogerla de nuevo- estaba tratando de hacer que te llevases la impresión de que tenemos una relación

Abre la boca y la vuelve a cerrar y abre la boca de nuevo pero no emite ni un solo sonido así que Tony tararea más alto y la agarra con un poco más de firmeza.

-Baila conmigo, Potts- susurra

Tarda un par de segundos pero al tercero, vuelve a hundir la cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro y le devuelve cada uno de los pasos que les arrastran por la habitación mientras su reflejo les sigue, pegado a la ventana.

No necesita grandes declaraciones, es toda la respuesta que necesita.

~oOo~

La entrevista no es, en absoluto, idea suya sino más bien de uno de esos genios del departamento de relaciones públicas a los que paga sueldos que acabarían con la deuda externa de países enteros por decirle cosas como "Una entrevista para Esquire ayudaría a su popularidad, eso nunca le ha ido mal al valor de las acciones".

Lo que sí es idea suya es que la entrevista se haga en su casa después de la jornada laboral donde puede pasar la hora y media de turno dándole coba a la reportera que toque del modo más conveniente posible, tirado en su sofá con un vaso de su whisky favorito en la mano.

-Te lo digo en serio, Tony. Pepper lo tiene todo dispuesto para que salten los sistemas anti-incendios de la casa en cuanto digas algo poco conveniente- Rodhey deambula de un lado al otro del salón con las manos sujetas a la espalda y la vista puesta en sus pasos- va muy en serio

Tony, tirado de la manera más mundana en su inmenso sofá blanco, respira hondo porque francamente, la paranoia de esos dos en referencia a la prensa en general y a sus entrevistas en particular ha pasado de ser remotamente entretenida a totalmente molesta.

-¿Cuándo me has oído decir algo realmente conveniente delante de la prensa?

-Sabes a lo que me refiero

-Pero solo porque me lo has recordado cerca de un millón de veces en las últimas veinticuatro horas

La noche es fría, todo lo fría que puede ser una noche en Malibú. El viento golpea las olas con fuerza y esparce su fría humedad en todas direcciones, eleva remolinos de arena y sacude con furia los árboles y vayas del paseo marítimo. Dentro de la mansión Stark, sin embargo, Jarvis ha recibido explícitas instrucciones de no dejar que la temperatura baje de los veinticuatro grados y Tony se espanzurra en camiseta sin mangas sobre los cojines del sofá mientras Rhodes pelea con el último botón del cuello de su camisa para que le de un poco de tregua.

No suena el timbre pero puede oír el sonido de los pasos de Pepper alejándose hacia la puerta y volviéndose a acercar y no se molesta en adoptar una postura más ortodoxa para recibir a quien quiera que sea que haya mandado Esquire esta vez.

Pepper aparece por el pasillo aporreando su blackberry y seguida de cerca por una morena casi cuarentona de escote escandaloso que le suena de haber visto media docena de veces en fiestas de sociedad y es posible que alguna otra sobre una mesa de billar.

Su asistente levanta la vista a tiempo para mirarle con reprobación por su falta de decoro antes de presentar a la recién llegada mientras de espaldas a la puerta Rodhes termina de desabrocharse la camisa hasta donde el buen gusto lo permite y se lleva una mano a la frente.

-Creo que estoy algo caliente- murmura el coronel

Puede ver la advertencia de Pepper en sus ojos antes incluso de que empiece a contestar aunque prefiera ignorarla.

-Es una reacción comprensible en mi presencia.

Rodhey le hace una mueca burlona todavía de espaldas a la puerta mientras la periodista parece solo ligeramente escandalizada y Pepper eleva los ojos al cielo; el calor le ha encendido las mejillas y le ha hecho abandonar la chaqueta del traje (no es que Tony vaya a llorar su pérdida precisamente), tiene finos mechones pelirrojos despeinados que comienzan a rizarse alrededor de las sienes y parece mucho más joven de lo que es, parece una estudiante de primero de facultad así que no puede evitar ignorar lo que sea que quiera que le esté diciendo Rodhes para concentrarse en esa visión solo unos segundos más mientras sonríe de un modo completamente suficiente y descarado.

-Señor Stark- interviene Pepper y Rhodes se da la vuelta sobresaltado- esta es la señorita Barslow de la revista Esquire- se gira hacia ella con gesto solícito- ¿Necesita algo, quiere algo de beber o de comer?

-Me gustaría empezar con la entrevista cuanto antes

Pepper asiente y vuelve a fijar su atención en la pequeña pantalla que tiene entre las manos obviando la impertinencia de su tono – ¿Rodhes? – pregunta justo antes de emprender la huída y no espera a que él la siga para empezar a caminar.

Tony se incorpora en el sofá sentándose como las personas de bien y le tiende la mano a su invitada haciendo gala de sus maneras más cordiales.

-Un placer, señorita Barslow, aunque algo me dice que ya nos hemos conocido antes.

No acepta el saludo y no coge su mano pero en su lugar se limita a sonreír demasiado para parezca en absoluto sincera – sí, sí que lo menos hecho.

-Ya – murmura Tony y espera a que se siente junto a él en el sofá a una distancia prudencial.

-Dado que su secretaria ha vetado todos los temas de trascendencia, como Afganistán o las declaraciones de su última rueda de prensa, tendremos que hablar de lo de siempre

Lleva demasiado maquillaje, su voz es áspera y huele a una mezcla de nicotina y perfume que resulta demasiado obvia cada vez que se mueve lo más mínimo. Se pregunta cuántas copas habría tomado la noche que se acostó con ella. Más de diez, seguro.

-Hablemos de lo de siempre entonces- da un largo trago de whisky dejando el vaso con un par de dedos de licor antes de descartarlo en la mesa mientras ella saca una grabadora y un bloc de notas del bolso.

-¿Se definiría Tony Stark como un hombre de Sexo, drogas y Rock & Roll?

-Por favor, señorita Barslow, me gusta ser un hombre de mi tiempo, el Rock & Roll está muy pasado de moda.

-¿Qué contesta a los rumores de que ha abandonado la vida social?

-Que sea quién sea quien los ha iniciado no ha estado en la última gala de recaudación de fondos del MIT, en la presentación del año editorial de FHM o en la recepción de la Conferencia para la innovación tecnológica.

Apenas respira entre preguntas, contesta como si supiese las cuestiones de antemano y hubiese memorizado las respuestas aunque en realidad las fabrica sobre la marcha. Ventajas de llevar toda su vida adulta contestando a la prensa, supone.

-¿Y qué hay de las legendarias y escandalosas fiestas de Tony Stark? No hemos tenido noticias de ellas desde hace algún tiempo

-Es el inconveniente de estar al frente de la reforma integral de una gran multinacional y del desarrollo de la fuente de energía renovable más eficaz que se conoce. Reduce drásticamente el tiempo de ocio.

-¿Hasta el punto de no dejarle tiempo para las citas?

-Porque no veas algo no significa que no exista.

Apunta un par de palabras rápidas con la vista fija en la libreta y el tono de voz rutinario, como si fuese el cuestionario médico del seguro que le obligan a rellenar todos los años y no esperase obtener otras respuestas que las de siempre.

-Citas discretas, nada de fiestas. Cualquiera diría que hay alguien especial en la vida de Tony Stark

Sonríe.

-Lo hay

La periodista abre tanto los ojos que Tony empieza a temer por la salud de sus globos oculares y justo cuando está a punto de ofrecerle algo para beber o quizá un par de calmantes comienza a bombardearle a preguntas, ansiosas, precipitadas, preguntas que se superponen las unas con las otras sin que pueda contestar adecuadamente a ninguna de ellas. A la mierda toda su experiencia.

Afuera el viento continúa azotando la costa sin clemencia y en el salón Tony se enfrenta a otro tipo de tempestad. Después de una hora y media de preguntas atropelladas, dos bourbon para la señorita Barslow y la colaboración de Jarvis, consigue echarla de su casa sin tener muy claro si le ha dado tiempo de contestar adecuadamente a las preguntas importantes.

Está claro que la prensa se le daba antes mucho mejor.

~oOo~

Anochece temprano sobre la costa aunque la oscuridad no llega a enfriar del todo el ambiente.

Las luces se encienden, el sol se apaga y Tony camina descalzo con pantalones de traje y la camisa por fuera; a medio vestir, siempre a punto para dejarse desvestir. Entra en el despacho de Pepper esgrimiendo unos cuantos papeles que no le interesa entender y que le están provocando una migraña del tamaño de Oklahoma.

-Sea lo que sea que he hecho para merecer esto, lo siento, no lo volveré a hacer y te compraré un coche nuevo para compensarte pero esto- airea los papeles con aspavientos- es una tortura así que voy a empezar a firmar todos estos papeles sin leer, si quieres que firme algo que no quiero firmar, diría que éste es el momento.

Ella ni se inmuta. Sentada en el discreto sofá de su oficina con las piernas cruzadas a la altura de la rodilla, su traje de chaqueta perfecto, su peinado perfecto y su maquillaje perfecto, le ignora perfectamente mientras lee lo que parece ser una revista.

Jura que si es algún reportaje sobre "cómo deshacerse del plasta de su jefe" de Cosmopolitan tendrá que suicidarse más pronto que tarde.

-Ehmm… ¿Pepper?

No levanta la mirada y no puede ver la expresión de su rostro pero cuando ella cierra la revista sobre su regazo puede ver en la portada puede ver que es un ejemplar de Esquire y que tiene su nombre en grandes letras en la portada.

Ah, la entrevista. La había olvidado. Completamente, algún útil mecanismo de defensa de su inconsciente para no tener que recordar ese olor a perfume empalagoso mezclado con cigarritos demasiado fumados, con toda seguridad.

La peor entrevista de su vida y ni siquiera la recuerda demasiado bien aunque sí tiene la sensación de haber contestado demasiadas preguntas sin pensar en absoluto en lo que decía.

Seguro que ha metido la pata. Seguro.

Seguro que Rodhey ya está consiguiendo el permiso de sus superiores para asesinarle legalmente. Seguro.

Da un par de pasos tentativos hacia ella pero se para antes de poder hacer o decir nada más. Pepper levanta la mirada y él no sabe que hacer con ella, parece triste y desconcertada. Parece completa y absolutamente perdida.

No sabe qué hacer.

No sabe exactamente qué ha hecho mal, no sabe si puede arreglarlo o cómo y está empezando a sentirse un poco paralizado por el pánico.

-¿Sabes qué? Mejor me lo leo todo- los papeles siguen agarrados a su mano pero Pepper no parece más contenta ni menos contrariada- y lo tendré firmado antes de mañana.

Ella le mira fijamente, seria, sin cambiar apenas la expresión, sin moverse en absoluto.

-¿Pepper? En serio, estás empezando a asustarme ¿Te encuentras bien?

Pero tampoco contesta en su lugar descruza las piernas discretamente y se levanta del sofá, casi con un aire distraído, anda un par de pasos y levanta la revista en el aire.

-¿Lo decías en serio?- pregunta

-Probablemente. Es posible. ¿De qué estamos hablando?

Pepper abre la revista, pasa las páginas como si ya lo hubiese hecho un millón de veces y se la da a leer. No tiene que buscar demasiado para saber de qué está hablando, aparece en letra negrita resaltando sobre el resto del reportaje.

[…]

-Diría entonces que está enamorado

-Lo diría. Lo digo. Aunque hubiese estado bien que alguien me hubiese avisado de que no es como en las películas, todas esas patrañas de las mariposas en el estómago y el sentimiento de ingravidez. Es más bien como una constante fuente de sufrimiento fundamental de la que no solo no puedes apartarte sino que ni siquiera quieres. Es en cierto modo irritante y es para siempre.

[…]

No lo recuerda con exactitud pero sí, no tiene ninguna duda de que dijo eso o algo por el estilo y sin embargo el monosílabo se le atraganta en la garganta y no le deja respirar.

-Sí – lo dice pasado unos segundos, en un susurro difuso envuelto en un golpe de aire como si fuese parte de su respiración.

Pepper asiente con la cabeza sin ofrecer otro tipo de contestación y Tony se siente demasiado pequeño de repente, diminuto; más desnudo que todas las veces que ha estado desnudo con anterioridad juntas y con la urgente y absurda necesidad de hacerse una bolita en algún rincón y no volver a levantar la cabeza en un par de lustro.

Los segundos se alargan en el tiempo mientras al otro lado de la ventana las olas rompen en la costa con una cadencia tranquila y Tony recuerda que sigue agarrando con fuerza un puñado de maltrechos papeles.

-Será mejor que me vaya a revisar esto

Apenas se ha dado la vuelta hacia la puerta cuando ella decide hablar

-No te vas a aburrir de mi ¿verdad?- No es una pregunta, le falta firmeza para ser una aseveración.

Se gira de nuevo, los ojos como los platos enormes de los restaurantes caros. No contesta, respira, parpadea y sin poder remediarlo comienza a reírse, discretamente al principio, con carcajadas amargas desde la boca del estómago pasados unos minutos.

Después de tantos años dieciséis horas al día, siete días a la semana. Después de perseguirla durante meses, tratar de seducirla sutilmente, tratar de seducirla sin sutilezas. Después de Afganistán y su voz llamándole desde el fondo de su memoria, después de tres meses en una cueva deseando poder decirle "¿Sabes Potts? Resulta que eres tú, la princesa que te encuentras después de besar (y tirarte) a muchas ranas, resulta que eres tú). Después de confesiones entre las sábanas a media noche y llamadas de madrugada, de vestidos con espalda al aire y bailes en cualquier parte. Después de todo eso y más la idea de que ella piense que existe siquiera la más mínima posibilidad de que se vaya, simplemente, a aburrir de ella es tristemente cómica de un modo totalmente patético.

Cuando se queda sin risa, sin aire y sin energía, consigue por fin hablar –No Pepper, no creo que eso me sea siquiera genéticamente posible

Apenas termina de decir la frase Pepper acorta la distancia que los separa hasta volverla inexistente, le coge la cara con ambas manos y le besa.

No es el beso que había esperado (y no es que estuviese esperando ningún beso en absoluto, pero de haberlo hecho no sería ese). No es el beso de su vida, o quizá sí; suave, lento, casto, apenas una caricia de labios sobre labios, como si fuese a romperse, como si él fuese el bien más preciado.

Está convencido de que nunca le han besado así.

Respira hondo sin dejar que sus labios se aparten de los de ella, inhalando todo el oxígeno de la habitación y su suave olor a rosas con rocío y a café recién hecho; la rodea con los brazos alrededor de su cintura y se mecen suavemente al ritmo de una música lenta inexistente.

Bailan. Como tantas otras veces antes, distinta a todas las anteriores.

Cuando por fin se separan unos cuantos centímetros el uno del otro, la noche sigue siendo serena e imperturbable y Tony sonríe sin sarcasmo.

-¿Y tú Potts? ¿Te vas a cansar de mí?- pregunta

Hace como que se lo piensa y se sonríe misteriosa antes de contestar

–Todos y cada uno de los días.

Y es la mejor respuesta que le han dado nunca en toda su vida.

Abandonan el despacho de la mano, caminando por los pasillos de la casa mientras la noche los rodea.

Oscura, tranquila, eternamente vigilante.