Muchísimas gracias a los que dejaron Reviews en el capitulo anterior y a los que le dieron follow y fav. De verdad

me dan ganas de seguir esta historia.

Sé que este capitulo será un poco más Faberry y no habrá SQ, pero prometo un poco más en el próximo.

Espero que disfruten este nuevo capi


Capitulo 7

7 días antes de la reunión con Figgins

Regina se encontraba en su despacho haciendo un poco de home office en lo que Rachel se dignaba a aparecer por la casa. A pesar de las reprimendas reiteradas, la jovencita parecía no poder controlar el tiempo cuando se trataba de ella y su compañera. Se quedaban hasta tarde mirando las estrellas, cantando o en las clases de piano que ella estaba impartiéndole. A pesar de todo lo había aceptado con tranquilidad por el hecho de que siempre llamaba a David para que la fuera a recoger y el la alcanzaba hasta la casa. Además de que Rachel llegaba emocionada a contarle todas las cosas que había hablado, hecho y pensado en el transcurso de la tarde. Estaba aprendiendo a dejarla volar un poco más y ella misma intentaba acabar con los fantasmas de un pasado doloroso. Disfrutaba de ver a su hija tan animada y alegre, hasta estaba comenzando a arreglarse mejor, dos días atrás la había descubierto delineándose los ojos antes de ir a clases, además llevaba estrenadas ocho prendas de ropa en lo que iba de la semana y apenas estaban en jueves. Le alegraba en cierto modo, ver que su hija estaba saliendo de aquel cascarón. Se sentía mejor consigo misma.

La puerta del despacho se abrió y Rachel ingresó con una gran sonrisa en sus labios. Se acercó a ella y rodeándola con sus brazos por detrás de la silla le besó la mejilla.

-¿Cómo te fue hoy? - preguntó posando una de sus manos sobre las suyas.

-Bien, como siempre, estuvimos en la sala del coro, tocamos el piano... - rodeó la silla lentamente – estuvimos cantando y me invitó a su casa mañana en la noche.

-Oh. Estás emocionada por eso. - Rachel asintió sentándose sobre el escritorio. -

-Me dijo que me ayudaría a cambiar un poco mi look, me recomendará que ropa usar para no verme tan... - hizo una pausa al ver las cejas enarcadas de su madre. - para verme mejor.

-Eso me parece estupendo. Varias veces te he dicho que yo misma podría asesorarte. - Rachel rodó los ojos con una sonrisa. -¿Estás poniendo a juicio mi buen gusto en la moda?

-Ma, sin ofender, quiero verme como alguien de mi edad, no como una mini tu. Yo no trabajo en la alcaldía. No quiero que me confundan con alguno de tus funcionarios.

-No sólo se comprar trajes de oficina Rachel. - la chica sonrió y dando un saltito bajó del escritorio.

-Me voy a bañar y luego a dormir. -

-Pasa a darme las buenas noches antes. - dijo la alcaldesa volviendo a sus papeles.


Al día siguiente, entrada la noche Rachel golpeó la puerta del departamento que correspondería a la familia Swan. Golpeó dos veces pero nadie le abrió. Se preguntó si al vez hubiera cometido algún error. Pero justo al tiempo en que estaba dandose la vuelta la puerta se abrió. Una rubia alta, que le era familiar arqueó las cejas al verla.

-Hola- la saludó. Rachel se acercó a ella tímidamente con una sonrisa. -

-Buenas tardes. Usted es la madre de Quinn ¿Cierto? -

-Si, adelante. - la invitó con un gesto de su mano.- Está tomando una ducha, por favor pasa. -

-Muchas gracias. - respondió y educadamente se quedó de pie en la entrada mientras la mujer cerraba la puerta para dirigirse a la cocina. -

-Siéntate o haz lo que desees, estás en tu casa. - Rachel asintió con una sonrisa y musitó un suave "Gracias" -¿Quieres tomar algo? - al ver que la muchacha movió la cabeza negativa insistió. - vamos que no es para tanto. Ya nos conocíamos, ¿Recuerdas?

-Si claro, que pena. - respondió acomodándose la falda aunque no tuviera necesidad. -

-Quinn me dijo que tienen noche de chicas hoy. Me alegra que te hayan dado permiso. - Pero la joven morena parecía ser tan mala con las palabras como su madre. - Bien, debo irme a trabajar. - anunció dando el caso por perdido. - Si necesitan algo marquen el 911, estaré aquí en seguida.

-Gracias - volvió a decir. La Sheriff tomó su chaqueta y sonrió al salir. Se preguntó que se sentiría tener una hija tan docil como aquella muchacha. Se encogió de hombros y salió del departamento. Rachel se tomó el tiempo estando sola para recorrerlo un poco. No pudo evitar fijarse en las imagenes que estaban en el mueble del recibidor. Una Quinn pequeña, sonriente y despreocupada con un vestido floreado y sobrero blanco, sentada en el medio de un campo. A su la misma niña feliz, a los pies de un carrousel en brazos de su madre. Realmente se parecían mucho. No pudo evitar notar que no había imagenes de su padre. Dio unos pasos más hacia el aparador y tomó un retrato mucho más reciente de la rubia. Luciendo un vestido celeste que le sentaba de maravillas.

-Disculpa por hacerte esperar. - la voz de su amiga la sacó de sus ensoñaciones bruscamente. -Oh, mi madre tene imagenes mias por todos lados. No te espantes. - bromeó mientras se escurría el pelo con una toalla. Rachel pensó que jamás la había visto más hermosa que en aquel momento. Su cabello cayendo al natural sobre sus hombros, unos tonos más oscuros con ondulaciones a lo largo y su rostro sin maquillaje, a pesar de que siempre llevaba poco y era muy sutil, su piel era sencillamente perfecta. No pudo evitar fijarse en que estaba envuelta apenas por una toalla larga. Intentó con todas sus fuerzas volver a la realidad.

-No te preocupes, mi madre es exactamente igual con nosotros. - al ver el ceño fruncido de Quinn aclaró sin que le preguntara. - De mi hermano Henry y yo.

-Oh. - murmuró. -lo siento- Rachel se encogió de hombros, era incomodo tocar aquel tema, por lo que decidió evadirlo limpiamente - Dame unos minutos, me pongo algo rápido y estoy contigo.

-Claro. - dijo sentándose en una de las sillas altas de la cocina. Estuvo apenas unos minutos cuando Quinn se asomó nuevamente. - ¡Ven! - Rachel obedeció y caminó hacia el que seguramente era el cuarto de la rubia. - ¿Estás lista? - pero ella no respondió. Se le hacía irreal ver a la altanera cheerleader en pijamas. Se preguntó cuantas personas la conocerían de aquel modo. - ¡Rachel!

-Si. - respondió volviendo al mundo real. - traje lo que me dijiste.

-Excelente. ¿Prefieres ver la película ahora o después del make over? - La joven cantante se encogió de hombros. No le importaba realmente lo que fueran a hacer siempre que estuviera con ella. Quinn al notar que no se decidía, tomó la delantera.- Veremos la película. Pero antes debes ponerte tu pijama. Muchas veces me ha pasado, que comienzo a ver una peli y me quedo dormida, así que, por si acaso... - las mejillas de Rachel se enrojecieron y agradeció a la distancia que las estaba separando el que no viera como se encendían hasta sus orejas. - ¿Te molesta compartir la cama conmigo?

-¿Eh? - preguntó confundida. "Rachel no seas tonta" se reprendió mentalmente. -

-Es que aún no acabamos de amueblar el departamento, sólo está mi cama o el sofá. Igual es comoda para dos personas. - dijo palmeando el colchón – Rachel sonrió nerviosamente. - No te preocupes, veremos la película aquí y luego me voy a dormir al sofá.

-No es necesario. - se apresuró a decir. Quinn le sonrió. Y volvió a acomodarse en su cama para cepillar su cabello. Mientras Rachel iba y volvía del cuarto de baño aún húmedo y con el aroma al shampoo de Quinn en el ambiente. Se sentía vivir en un mundo paralelo. Como si todo aquello fuera parte de un cuento o un sueño contado por algún tercero. ¿Cuántas probabilidades había de que la chica popular del colegio se hiciera amiga de la perdedora más popular? No. Definitivamente era irreal. Caminó para encontrarse con su amiga aún sentada pero cambiando de canal compulsivamente a la tv que estaba instalada en la parte alta de su cuarto. Se sentó a su lado intentando disimular su nerviosismo.

-Eres la tercera persona que se queda a dormir en mi casa. – comentó la rubia sin dejar de apretar el botón. – Cuando vivía en Boston no me gustaba el sitio donde vivíamos. ¿Tonto no?

-¿Vivían en un mal vecindario? – se extrañó.

-La verdad no. Vivíamos en un departamento que mi padre compró para mi, bastante bonito, en un barrio pomposo. De esos que la otra Quinn adora. – dijo refiriéndose a ella misma. Al principio a Rachel le había costado entender por qué se refería a ella en tercera persona. No alcanzaba a entender porque montaba ese personaje que estaba segura no era su verdadera esencia. Pero luego lo comprendió. A pesar de ser tan distintas tenían aquello en común. Rachel se montaba en aquel corcel de exagerada seguridad sobre sí misma, con sus metas claras para futuro y una energía que la ayudaba a lidiar todos los días con las críticas y abusos de los demás alumnos. Ella sabía que era la estrella del Glee club, estaba muy segura de sí misma. Pero a su vez, aquel personaje aquella mascara se rasgaba un poco cada vez que un granizado le caía en la cara. Y Quinn era igual, sólo que a ella le iba mejor. En la escala social, ella estaba alto. Tan alto que estaba segura que si miraba hacia la base donde Rachel se encontraba no alcanzaría a distinguirla. Pero allí estaban las dos. Lejos de todos, en su cuarto. Siendo simplemente ellas. – Pero nunca alcancé a sentirme bien allí. No sabría explicar bien por qué.

-Creo que lo entiendo. – dijo dedicándole una sonrisa que fue devuelta al instante. Y se perdió en sus ojos. En aquel color extraordinario que la hacía sumergirse en ella. No podía evitarlo. Simplemente le sonreía y la tenía completamente perdida. Su corazón se desbocó, tanto que la hizo volver a la realidad. - ¿Qué película veremos? – su voz sonó más temblorosa de lo que esperaba. Quinn sonrió bajando la mirada para fijarla en el control que tenía en su mano.

-Veamos lo que tú quieras. – respondió con absoluta sinceridad. – la rubia volvió a levantar la mirada hacia ella y presionó el botón de apagado. Cuando el aparato se puso en negro Rachel volteó instintivamente hacia él sin comprender lo que estaba sucediendo.

-¿Cómo fue tu primer beso? – preguntó de repente haciendo tambalear brutalmente la estabilidad de Rachel. – Si es que se puede saber…- Pero ella abrió la boca, movió la mandíbula repetidas veces pero no alcanzó a producir sonido.- Si te incomoda no me lo cuentes. – ella la miró. ¿Cómo podría decirle que no a cualquier cosa que ella le pidiera? No tenía más que mirarla haciendo ese movimiento adorable de pestañas. Inclinando su cabeza levemente. Sonriendo inmaculada. Si, así como hacía en ese preciso momento.

-La verdad… - empezó a decir intentando encontrar las palabras.

-¿Nunca has besado a nadie? – completó ella suavemente. Sin burla, lo cierto es que se lo imaginaba. – No tienes que avergonzarte por eso.

-Debo ser la única en todo el colegio – rio nerviosamente evitando su mirada – hasta el chico raro del club de periodismo ha besado chicas antes.

-¿Y tu quisieras tener su suerte? – preguntó provocando que la morena volteara a verla con un gesto de incomprensión marcado en el rostro. - ¿Y haber besado chicas antes? – El cerebro de la cantante quedó en pausa. Intentaba asimilar las palabras que acababan de ingresar por sus oídos. ¿Acaso estaba preguntándole lo que ella creía? Su mente comenzó a dar vueltas. Sabía que debía contestar algo pero no sabía qué. ¿Debía decirle que no? Y mentirle. O no. Si se lo preguntaba era por algo. ¿No? ¿Y si perdía la única oportunidad que se le presentaba en su vida? Estaba segura que la sonrisa que Quinn tenía era debido a sus expresiones extrañas mientras debatía internamente con ella misma. Fue ahí, en ese preciso instante en el que ella humedeció levemente sus labios cuando se dijo a sí misma "Qué más da" Si ella estaba preguntando era porque quería saber. Y la honestidad siempre había sido una característica suya de la que estaba orgullosa.

-Sólo a una. – Respondió. – Pero no creo que se dé nunca. – ella le sonrió y Rachel hasta pudo sentir un leve suspiro.

-¿La conozco? – sus dedos jugaban con el edredón de su cama formando figuras imaginarias

-Yo creo que sí. – ahora se sentía más tranquila. Un peso que no sabía que tenía en su pecho había desaparecido.

-Yo he besado a dos. – una sonrisa pícara se instaló en sus labios formando un hoyuelo adorable en su mejilla. Los ojos de la castaña se abrieron de par en par. -Es muy diferente a besar a un chico, las mujeres somos más suaves, sensibles... - Ciertamente no era una confesión que esperaba. Quinn levantó la mirada. Rachel pudo leer en ella determinación. Sutilmente la rubia se acercó. Sus piernas aún estaban colgando de la cama. -¿Quién es esa chica? – se acercó peligrosamente lento. Invadiéndola poco a poco con su perfume. Transmitiendo su calor a través del escaso aire que las separaba. -¿Puedo saber? – Lo único que Rachel podía pensar era "se está acercando" repitiéndoselo una y otra vez intentando convencerse a sí misma de que aquello estaba sucediendo. Si. Se estaba acercando demasiado. Para cuando los ojos de Quinn se cerraron y su boca quedó prácticamente unida a la de ella Rachel lanzó a modo de susurro un delicado y tímido "Tú". Y la vio sonreír. Justo antes de sentir por primera vez esa calidez que le nubló la mente. Aquella humedad desconocida que acarició su labio superior para luego deslizarse hacia el inferior esparciéndole cosquillas a través de todo el cuerpo. Quinn abrió los ojos y sonrió aún con sus labios pegados a los suyos. Repitió el movimiento sobre sus labios y Rachel correspondió imitandola. Quinn posó una de sus manos en la mejilla de la morena y la acarició al tiempo que separaba con lentitud sus labios de los de ella. No pudo evitar sonreir abiertamente cuando la vio completamente roja. Rachel abrió sus ojos, intentando comprender lo que acababa de suceder. Instintivamente sonrió. - ¿Hice mal? - ella movió la cabeza con una sonrisa. Aún sin poder modular palabras coherentes, menos aún, después de que la seguridad de la rubia se reestableció y se acercó a ella nuevamente propinandole un beso más determinado que ella correspondió con gusto. ¿Qué más daba? Si aquello era un hermoso sueño, prefería disfrutarlo antes de despertar. El sabor de sus labios rayaba lo sobrenatural, al igual que la suavidad de su piel, que inconscientemente estaba descubriendo con la yema de sus dedos. Mucho antes de lo que a Rachel le hubiera gustado Quinn cortó el beso y para su sorpresa la abrazó con fuerza cubriendo su espalda con sus brazos. - Disculpame por atreverme a esto. - Debido a su cortocircuito mental no alcanzó a comprender las palabras de la rubia. - No debí hacerlo.

-No, está bien. - dijo ella apresuradamente. - No lo esperaba. De verdad que no. - Quinn retomó su posición original a su lado sin disimular una alegría ajena a la que conocía recorriendole cada fibra de su cuerpo. -

-Yo tampoco. - confesó tomando la mano que estaba sobre el colchon. - Sólo, no sé. -

-No hace falta que digas nada. - Quinn fijo su mirada en la suya. - No esperaba que sucediera jamás algo como lo de recién. Por lo que simplemente lo guardaré en mi como un precioso sueño. Sin malos entendidos. -

-No lo hice para experimentar Rachel. - su gesto se volvió serio. -

-No necesitas explicarme. - El corazón de la rubia se contrajo al notar como la mirada de su compañera se volvía cada vez más retraída. Triste. ¿Por qué? ¿Acaso ella no podía desear besarla? -

-Rachel – tomó sus mejillas con ambas manos fijando su mirada en la suya. - No lo hice con mala intención. Si te besé es porque quise. Sentí el impulso. Lo deseaba desde aquella noche en la azotea. No preguntes por qué. Tu sensibilidad me tiene cautivada.

-¿Mi sensibilidad? - no comprendía. ¿Eso era bueno o malo? Pero la boca de Quinn nuevamente la hizo perder el hilo de la conversación. Perdiendose en aquellos besos que jamás imagino ser capaz de experimentar. Su mente divagaba en la extraña sensación de estar conociendola tan intimamente. En sentir el peso de su cuerpo haciendola recostarse, en su carencia inminente de aire. Era demasiado surrealista, su mente volvió a la realidad al sentir como la mano que Quinn mantenía en su mejilla se deslizó hacia su hombro dejando una estela a través de su cuello. Se asustó. Tenía miedo. ¿Qué podría suceder? ¿Acaso todo aquello era realmente un sueño? Temía que las manos de la rubia se descontrolaran y comenzaran a recorrer su cuerpo. No era que no quisiera pero. ¿Estaba bien en aquel momento? Sintió la mano de la rubia bajando por su brazo, nuevamente aquel destello de pánico se hizo presente en su mente, pero contrario a lo que ella pensaba, la colocó nuevamente en su mejilla, acariciandola sin perder el rumbo en el que se encontraba. Como si pudiera ser capaz de leer su mente ella misma para su sorpresa se separó de su boca. Fijó su mirada en la suya y le sonrió. -

-¿Nunca pensaste que puedes ser una persona de la que cualquiera podría enamorarse? - su voz sonaba más ronca de lo habitual.

-Tu no eres cualquier persona. - respondió sin perder el contacto visual.

-Tampoco he dicho que estoy enamorada. - Rachel sonrió. Era obvio que no. No esperaba que le dijera que si. Pero con aquellas palabras aniquiló cualquier esperanza por minima que fuera.

-Te lo he dicho, no me debes explicaciones. - le sonrió.

-Eres una chica increible Rachel. No hay nada que pueda decir, sólo que, en estos días me he sentido más cercana a ti de lo que he estado de muchas personas más a lo largo de mi vida. - era sincera. ¡Por Dios que era sincera! Si ni ella misma había planeado aquello. Sólo quería ayudar a Rachel con su look. Ver una pelicula con su amiga aquella noche pero. ¿Cómo había terminado asi? No lo sabía. Pero no estaba mintiendole. No quería hacerlo. Ella no lo merecía.

-Lo comprendo perfectamente. -

-No se que suceda de aquí en adelante. Pero quería hacerlo. Espero que no cambie nada entre nosotras a partir de ahora. -

-Por mi parte no pretendo que eso suceda. - le sonrió. Le sonrió porque con aquello comprendió que todo eso había sido parte de un bonito sueño. Un breve momento onírico que quedaría guardado en ella para siempre. Le sonrió. - Lo haremos cuantas veces quieras. Si es que deseas hacerlo.

-No me digas eso Rachel. - su expresión seria alarmó un poco a la castaña.

-No lo digo de mala manera. Simplemente. Me gusta. Lo disfruto y si tu quieres no necesitas pedirme permiso para besarme. -

-No eres un juguete ni un objeto de entretención. - el ceño fruncido de Quinn la alarmó. ¿Estaba mal no querer hacerse ilusiones? - No te expreses asi de ti misma. - La rubia se incorporó en la cama, sentandose un poco más lejos de ella.

-Disculpame - dijo adoptando su misma posición. - No quise molestarte. -

-No estas molestandome, te molestas a ti misma. - el ceño fruncido de Quinn la hizo darse cuenta de que estaba molesta. - No dejes que los demás formen una idea de ti misma distinta a la que tu tienes. Te lo dice alguien que ha intentado encajar bien toda su vida. Pero que jamás ha terminado de sentirse bien consigo misma. -

-Lo siento. -

-Deja de disculparte. Debes darte cuenta de cuanto vales. Ellos no saben de ti. No te conocen. Y tampoco se toman ni se tomarán el trabajo de hacerlo. Pero no por eso te menosprecies. Tienes mucho más que una buena voz de la que sentirte orgullosa. - Más allá de que sus palabras la habían hecho sentir muy bien, lo que primero le vino a la mente fue que, era la primera vez que la veía así. Cruzada de brazos, molesta con los labios apretados, y, si bien era serio lo que acababa de decirle. No podía pensar en otra cosa más que en volver a besarla y verla sonreír. Si. Quizás ella no sentía lo mismo. Quizás sólo seguiría sus impulsos nublados por la empatía. Pero no le importaba. Por que ella tenía perfectamente claro, que desde aquel día que la vio caminando por el pasillo con su vestido azul se había enamorado perdidamente de ella.


N/A Saludos gente bella. Espero les haya gustado este capitulo. Totalmente faberry. Ya veremos a nuestras dos hermosas madres interactuando. Lo que si, ellas no se dejarán llevar por las hormonas al igual que estas dos. Pero no se emocionen, recuerden que todo esto pasó antes de la reunión con Figgins. Nos leemos en el próximo.

Baci!