IV

¿Chloe…?

Que le den a Dana y a su sexo textual con Zach. Siendo totalmente sincera, el pendrive de Warren no es tan importante como para arriesgarme a entrar a la habitación de Victoria. Ya podré conseguirlo después. Es decir, sé que Victoria no está enfadada por lo que ocurrió con l cubo de pintura, pero… Yo se lo he derramado encima. No personalmente, claro, pero aún así lo he hecho. ¿Qué clase de persona soy, entonces? Usando estos nuevos poderes sacados del infierno para hacer el mal… Y pensar que por un instante tuve la intención de usar esta habilidad para hacer el bien. Si Victoria no hubiese tomado esa foto mía… Oh, mi cabeza comienza a doler nuevamente. Tal vez sólo deba tomar un poco de aire fresco. Eso me hará sentir bien. Ya comienza a atardecer y hace un calor agradable. Me pregunto si podré encontrarme con Warren para olvidar este día de locos. Al menos por un rato.

— ¡No creas que soy ciego! ¡Veo todo lo que pasa aquí en Blackwell! ¿Entiendes lo que digo?

—No… Y déjame en paz…

Mierda. Ese maldito acosador, David Madsen, está atormentando a Kate. ¿Debería irme?

No… No se meterá con Kate mientras yo pueda evitarlo. Ella ya ha sufrido suficiente.

— ¡Oye! ¿Por qué no la dejas en paz?

La mirada de David se posa sobre mí en cuanto intervengo. Ese sujeto es un verdadero psicópata.

—Disculpa, esto es trabajo del oficial del campus.

—Disculpa, pero no deberías estar gritándole a los estudiantes. O molestándolos.

Kate nos mira alternativamente, casi como si supiera que esto no terminará bien.

—Hey, hey. Nadie está lastimando a nadie. Estoy haciendo mi trabajo.

—No es así.

—Tú también eres parte del problema, Caulfield. Recordaré esta conversación.

Y se aleja, no sin antes dirigirle a Kate una fúrica mirada.

Max Caulfield, uno.

David Madsen, cero.

Kate acude conmigo para darme un apretón de manos. Realmente se siente aliviada.

—Oh, Max, eso fue genial. Creo que lo asustaste por una vez… M-me tengo que ir, pero te lo agradezco mucho. Significa mucho.

—-Cuando quieras, Kate.

Se aleja a toda velocidad, quizá para ocultarse de quienes la acosan con tanta insistencia.

Me sentí como una heroína al ayudar a Kate, pero ahora David estará sobre mí…

¿Debería rebobinar para encargarme de mis asuntos?

No. Lo que hice ha estado bien. Kate no se merece este trato.

Sigamos el camino hacia el estacionamiento. Warren suele estar allí.

Tengo que ser honesta. Me alegro de haber intervenido entre Kate y David. No puedo quedarme con los brazos cruzados mientras veo que abusan de las demás personas.

—No lo entiendo… ¿Cómo pudieron Zach y Victoria hacerme esto…?

Parece que Julliet ya ha descubierto todo acerca de Zach. En realidad lo lamento por ella, pero no creo que sea correcto hablar con Julliet al respecto. Aunque ella luce tan deprimida que… No. Sólo quiero ver a Warren y terminar con este maldito día.

Lo lamento, Julliet.

¿Más carteles de Rachel Amber en los autos? Toda la ciudad se está convirtiendo en un cartel gigante de desaparecidos. Y en esa camioneta vieja tienen una caja llena de ellos. Pareciera que a esa persona realmente le gusta tener su colección de carteles. Rachel Amber. Tal vez esa persona fue realmente unida a esa chica y… Pero esa no es razón para estacionar la camioneta sobre los espacios para discapacitados. ¡Esto realmente me molesta! Lo siento, discapacitados, pero mi auto necesita más este espacio. ¿Quién fue el idiota que dejó su auto aquí? Bastardo.

— ¡Ven aquí! ¡Por favor!

¡Warren! ¡Ahí estás!

— ¡Max, mira esto!

¿Realmente compró un auto usado? Miren a Warren y su máquina antigua. Es un hombre valiente.

— ¡Hola, Max! ¡Dame un abrazo!

Sin poder evitarlo, ya estoy entre los brazos de Warren. En ocasiones detesto que sea tan cariñoso, pero también es divertido y me hace sentir bien. Así que sólo devuelvo el abrazo y nos separamos para compartir una sonrisa.

—Lindo auto, Warren.

— ¡Lo sé! Echa un vistazo a mis nuevas ruedas.

—Me gusta. Es de la vieja escuela.

—1978, para ser exacto. Ahora podríamos ir al autocine. Hay uno en Newberg. Es cerca de aquí.

—Te equivocaste de era, Warren. Pero… Creo que yo también.

— ¿Estás bien?

¿Tan evidente es?

—Ha sido un día jodidamente extraño.

—Apuesto que sí. Escuché que Victoria tuvo la cara llena de pintura. Yo pagaría por ver una foto de eso.

— ¿En serio? Estuve ahí. Pude haberla tomado.

—Probablemente podrías haber planteado un fondo de financiamiento sólo para ver una.

—Si hubiera sabido eso… En fin, Victoria se llevó mi foto. Así que el drama terminó bien.

—Por cierto, vi que Daniel hizo un boceto de ti. Está en línea. — ¿Qué?—. No está mal, pero… Yo podría haber un trabajo mucho mejor.

¿Quieres dibujarme como a una de tus chicas francesas?

— ¿Sabes dibujar? Creí que eras un científico, no un artista.

—El arte es ciencia. Yo pondría a Stephen Hawking contra Picasso en cualquier momento.

—Así que usas una computadora para dibujar.

—Por supuesto. Me encantaría modificar una de tus selfies con buenos gráficos.

—Eso suena bien. Quisiera verlo.

—Y bien… Dime, ¿te gustaron las películas de mi pendrive?

¿Cómo te explico que el pendrive está en manos de Dana justo ahora?

—No he tenido tiempo, Warren. He estado muy ocupada con las clases y la vida.

— ¡Pero si lo tuviste como todo un año!

—Una semana. Yo navego a través de todos los títulos, drama queen.

Ja-Ja. Asegúrate de mirar Holocausto Caníbal.

—La he visto. Y estaba más preocupada por todas esas películas de vampiros emo.

— ¿No puede un chico de secundaria amar a los vampiros sensibles también?

—Así que ahora eres sensible…

— ¡Oye! Eso suena mal en la forma en que lo dices.

— ¿Por qué?

—Ser sensible significa que no tendré sexo contigo.

Espera, ¿qué?

—Oh, en ese caso, quizá yo sea una chica sensible que te pateará el trasero.

—Ojalá tuviera tanta suerte.

Ambos reímos.

Warren es único.

—Hablando de eso, Max, en realidad deberíamos ir a ver una película. Pareces distraída. Un poco de diversión te vendrá bien. Dime, ¿pasó algo?

Sólo descubrí que puedo controlar el tiempo, salvé a una chica de morir a manos de Nathan, yo causé que el cubo de pintura cayera sobre Victoria y mi cabeza está matándome.

No, nada que reportar…

—Hay algo de lo que quisiera hablarte, Warren. Sólo para sacarlo de mi sistema.

—El doctor Warren Graham está en la casa. Yo ni siquiera te daría algún medicamento. Dime todo.

—Sólo si prometes que esto se quedará entre tú y yo.

—No me insultes. Max, continúa.

Aquí voy…

—Tuve una experiencia bizarra en la clase del profesor Jefferson. Quiero decir… Es como si mi vida hubiera cambiado. Warren, ¿alguna vez has tenido sueños tan reales, que parecen una película?

Él separa los labios para responder, pero es otra voz la que se escucha. Y de alguna manera m hace sentir que estoy cavando mi propia tumba con el simple e inocente hecho de mi existencia.

—Max Caulfield, ¿cierto? Una de las groupies del profesor Jefferson.

Nathan Prescott al ataque.

—Soy una de sus estudiantes.

—Oye, déjala tranquila.

Nathan aparta a Warren y me acorrala contra el auto viejo. Nuevamente me siento como no fuese más que una simple alimaña atrapada entre las fauces de un depredador. Mantente firme, Max. No permitas que Nathan sepa que tienes miedo.

—Sé que te gusta tomar fotografías, especialmente cuando estás escondida en los baños. Será mejor que me digas lo que le dijiste al director. ¡Ahora!

¿Escondida? Era el baño de chicas, idiota.

— ¡Respóndeme, perra!

Bastardo.

—Le dije la verdad. Un estudiante tenía un arma.

—No. Le dijiste que yo tenía un arma. Es por eso que me arrastró a su oficina.

— ¿Y qué hizo? ¿Darte una charla severa y una palmada en el trasero?

—Nadie, nadie me da sermones. Todo el mundo trata. Pero aunque traten…

—Necesitas ayuda profesional, Nathan.

— ¡No te atrevas a analizarme! Le pago a la gente para que lo haga. Preocúpate por ti misma, Max Caulfield.

Y se acerca más a mí. Creo que va a golpearme… Y no voy a permitirlo.

—Retrocede ahora, Nathan Prescott.

— ¿Qué vas a hacerme si no, Caulfield?

— ¡Aléjate de ella!

Warren intenta intervenir, pero Nathan responde dándole un buen golpe que consigue derribarlo.

— ¡Oye! ¡Déjalo en paz!

Nathan ataca a Warren nuevamente.

— ¡Nadie me dice qué hacer! ¡Ni mis padres! —Una patada. — ¡Ni el director! —Otra patada. — ¡Ni esa puta del baño! —Tercera patada.

— ¡Detente! ¡Déjalo en paz!

Hago todo lo que está a mi alcance para separarlo de Warren, pero sólo consigo sentir que el puño de Nathan se impacta contra mi rostro. La fuerza es tal que caigo de espaldas al suelo. Mi nariz comienza a sangrar y me siento un poco aturdida.

— ¡Max! ¿Estás bien?

No puedo responderle a Warren, pues de inmediato siento las manos de Nathan cerrándose sobre mi cuello. Presiona con fuerza, sólo con la intención de golpear mi cabeza contra el pavimento. Pero llega un sonido milagroso que lo hace retroceder, pues el chirrido de las llantas de la camioneta vieja anuncia su llegada. El auto aparta a Nathan y Warren aprovecha el momento para sujetarlo. Yo me levanto tan rápido como puedo, sólo observando a la chica peliazul a través del parabrisas.

— ¿Max?

Ella… ¿Ella es…?

— ¿Chloe…?

—No… Tú de nuevo…

Nathan intenta atacar a Chloe, pero Warren consigue detenerlo a tiempo. Lo derriba y comienza a darle algunos buenos puñetazos en el suelo.

— ¡Warren! ¡No!

— ¡Vete, Max! ¡Yo me encargo de esto!

Nathan consigue golpear de nuevo a Warren. Es una lucha de fuerzas y testosterona. Y por el rabillo del ojo consigo ver que la puerta del copiloto se abre y Chloe extiende una mano hacia mí, diciendo:

— ¡Sube, Max!

Y yo lo hago, justo a tiempo. Nathan deja a Warren en el suelo y se levanta para golpear la puerta de Chloe. Intenta abrirla por todos los medios, pero le es imposible.

— ¡Saca tu trasero punk de ahí! ¡Ni siquiera intentes correr! ¡Nadie se mete conmigo!

La respuesta de Chloe es tajante. Pisa el acelerador a fondo para salir de Blackwell en tiempo record. Creo que me ha salvado la vida… Nuestras cuentas están saldadas.

Sólo puedo sentirme aliviada cuando Blackwell comienza a quedar atrás y lo único que hay frente a nosotras es la ciudad. Aunque vamos aún a velocidad bala, al fin puedo dejar de contener la respiración.

—Mierda… Nathan Prescott está loco… Y peligroso… Este día nunca terminará…

Chloe sonríe.

¿Qué es tan gracioso?

—-Gracias, Chloe… Después de cinco años, sigues siendo Max Caulfield.

No sé por qué lo hago, pero de repente siento que no merezco estar junto a ella.

Me fui de Arcadia Bay sin decírselo, volví a Arcadia Bay sin buscarla, ella me salva de Nathan Prescott y yo ni siquiera me digno a darle las gracias.

¿Qué clase de persona soy…?

—Oh, quita esa cara de culpa. Al menos di que te alegra verme.

—En realidad me alegra verte, Chloe. Oh, y gracias. Tiene mucho sentido que te viera hoy.

En el baño.

Muerta.

Al fin logro controlar el sangrado de mi nariz.

—Sí, fue ese tipo de días… ¿Tu nariz está bien? ¿Qué quiere ese raro de ti?

—Todo en orden. Y espero que no quiera nada luego de hoy. ¿Cómo conoces a Nathan?

—Es otro imbécil de Arcadia. Tu amigo sí que intentó ayudarte. Recibió una paliza por ti.

— ¿Warren? Se lo debo a lo grande.

Warren golpea a Nathan para ayudarme y tampoco soy capaz de agradecerle.

Debería pasar los días que me quedan en mi propia burbuja de egoísmo.

—No eres la única en deuda, y ya estás causando problemas.

—Creí que la ciudad sería tranquila. Es tan extraño volver…

—Parece que Seattle apesta.

—No. Se sentía como una ciudad para artistas. Es perfecta para tomar fotos.

—Sí… Debe ser difícil venir a un pueblito como Arcadia.

—No después de verte.

—Por favor, Max. Volviste por Blackwell, no por mí.

Soy la peor.

¡La peor!

—Sólo por Mark Jefferson. Fue un gran fotógrafo en los 90's. Amo su trabajo.

—Lo que no pueden hacer, enseñan. Al menos estás de vuelta…

— ¿No crees que estoy feliz de verte?

—No. Estabas feliz de pasar cinco años sin una llamada, o incluso un mensaje.

—Lo lamento. Sé que las cosas no fueron fáciles para ti.

Sé que Chloe quiere llorar y que realmente no está enfadada, sino deprimida. Lo veo en sus ojos y lo escucho en su voz. La conozco mejor que nadie en este mundo, aunque haya pasado tanto tiempo.

—Como si lo supieras. Ni siquiera estabas aquí.

—No le pedí a mis padres ir a Seattle para joderte, Chloe.

—-Has estado n Blackwell durante casi un mes sin contarme. Suficiente dijiste.

—Sólo quería acostumbrarme y no ser una geek con cliché de tímida. En realidad quería contactar contigo.

—Apuesto a que usas esas excusas tristes con Jefferson. Pero no las uses conmigo, Max.

Para, por favor.

Lo último que queda es recibir también el desprecio de mi mejor amiga.

¡Oh, por poco lo olvido! Espero que con esa caída mi cámara no… Mierda… ¡Mi cámara!

— ¡Rota! ¿Es en serio…?

Cierra la boca, Max.

Chloe pensará que una cámara me importa más que ella… Aunque tengo que admitirlo, puede que eso sea verdad… Me detesto.

—Vaya, creí que no volvería a verla —dice Chloe.

—No todo cambia. Excepto mi cámara, que oficialmente se ha ido a la mierda.

—Mi mierdastro tiene una caja de herramientas. Podemos ir a mi casa para que intentes repararla.

—Necesito herramientas específicas.

No es que no quiera estar contigo, pero…

— ¡Alerta, nerd! Mi padrastro tiene un garaje muy completo. Encontrarás lo que necesitas.

No está sujeto a discusión. Ella sólo toma su camino hacia la casa de los Price. Y sin mirarme, sólo esboza una expresión de indiferencia que intenta ocultar su verdadera alegría.

—Bienvenida a casa, Max.

No merezco tener una amiga como tú, Chloe… Pero te lo prometo. ¡Te lo juro! Esta vez no volveré a equivocarme. Tal y como queríamos hacer a los trece años, ahora que estamos juntas nos encargaremos de patearle el trasero a este maldito mundo.

Creo que sólo contigo podré encontrarle un sentido a todo lo que está pasando… Pude perderte hoy, si no hubiera descubierto mis poderes… Ahora que te tengo a mi lado, no voy a dejarte ir.