BUENO! Aquí os traigo otro cap! Y es la primera vez que escribo antes de la historia, bueno agradeceros a los que estáis leyendo, os quiero mis pequeños.
Este cap va dedicado a los que le gusta HaoxSheila!
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CAPITULO 7: SHEILA, TE SIGO AMANDO.
-Solo quería ver a mi amada Sheila-se encaminó hacia ellos y agarró la barbilla de Sheila, Len la abrazó con mas fuerza-Cuidado, no es de hierro, podrías hacerle daño.
-En serio Hao ¿a que vienes?-dijo ella muy seriamente.
-Te digo la verdad, venia para verte y saber que harás-él le soltó la cara y miró a Len-¿podrías dejarnos a solas? Me gustaría hablar con ella.
-¿A solas para qué?
-Len, por favor, nos veremos mañana-Len se soltó de sus brazos lentamente y sin mirar atrás se fue. Sheila giró la mirada hacia Hao que la miraba-ahora dime la verdad, ¿Qué haces aquí?
-Solo venia para darte las gracias por lo que hiciste y también para que empezaras a hacer las maletas e irnos, después nos casamos, mas tarde un hijo… una vida cotidiana ¿no?-él se acercó a Sheila y la agarró por la cintura-dime ¿no te gustaría eso?
-No si es por la fuerza.
-¿Por la fuerza? Te equivocas no te obligo, solo te doy tiempo.
-¿Tiempo para qué?
-Para pensar en una vida mejor junto al rey de los shamanes-ella empezó a reír a carcajadas-¿Qué te hace gracia?
-Que solo hace unos meses, estuvieras completamente decidido a que Anna se fuera contigo y ahora estas perdiendo el tiempo intentándolo conmigo.
-¿Yo y Anna? Estás equivocada, solo decía eso por conveniencia propia. Con Anna a mi favor hubiese sido más fácil hacerse con los grandes espíritus. Nada más que eso, no debes ponerte celosa.
-¿Celosa? ¿Por qué iba yo a estar celosa de que intentaras estar con Anna hace unos meses?-ella se soltó de sus abrazos pero él no la dejó escapar y la volvió a coger.
-Porque me amas.
-¿Quien dice eso?
-Yo, que te conozco doblemente desde que naciste. Los dos estamos hecho el uno para el otro y lo sabes, juntos podemos hacer grandes cosas-acercó su cara a la de ella, tocado frente por frente, ella estaba seria y él con risa burlona-lo sabes mejor que nadie-empezó a deslizar su mano de cintura para abajo, pero ella le cogió la mano antes de que tocara mas de la cuenta.
-Hao, sabes que me importas lo suficiente como para desafiar a los señores, pero esto ya es demasiado-su cabeza descendió dirección al polvoriento suelo.
-Y tu sabes que eres lo suficientemente importante como venir a aquí sin estar recuperado-él alargó la mano hacia la barbilla de ella, de forma que alzó la cabeza de la muchacha hacia él-ven conmigo. Déjalos aquí, ellos no se merecen ni la milésima parte de tu valiosa vida.
-¿Y tu sí?-su boca reflejó un pequeña risita burlona.
-Ellos no te conocen-dijo él sin hacer el mínimo caso a lo que ella dijo-puedo recordar ese momento en el que en el que me besabas y me decías que me amabas.
-Y yo aquel momento en el que decías que no te marcharías de mi vida-ella lo miró con mas seriedad-yo sentía mucho por ti con tan solo seis años, pero lo que decías eran solo palabras.
-¿Estas segura de eso?-él le tocó la cara y le sonrió-¿Y si te demuestro que todo eso que te dije es verdad? Te dije que volvería a por ti y aquí estoy.
-Sí claro… y también dijiste: "Cuando me valla te avisaré" y también, "Cuando me valla volveré dentro de uno o dos años". Han pasado seis años, el tiempo suficiente para olvidarme de mis sentimientos hacia ti. Te estuve esperando todo ese tiempo…-ella hizo un sonrisa sin gracia-Pero tampoco puedo culparte, solo éramos niños de siete y seis años que no sabían que hacían.
-Yo sí sabia lo que hacia y aún sigo sabiéndolo. También se lo que quiero-él le volvió a sonreír-y te quiero a ti-dijo en susurro y los labios de él se bajaron hacia los de ella besándolos apasionadamente y todo sin que Sheila pusiese reaccionar. Cuando sus labios se separaron, ella seguía con los ojos muy abiertos y también estaba sorprendida, pues no se lo esperaba.
-Hao…-él le tocó la cara y la abrazó mas fuerte con su otro brazo-Hao no…-ella se soltó de su abrazo dándole un empujón y puso sus ojos en mirada perdida, mientras, él la miraba con una sonrisa burlona.
-¿Lo ves? Te lo he demostrado y también se lo que he hecho-ella seguía sin mirar a Hao y sin contestar, como si no lo hubiese oído-¿Sheila?-ella seguía sin contestar-¿Tanto te he sorprendido?-entonces la chica lo miró y rió de forma vacilante.
-Sí, la verdad es que no me lo esperaba, no pensé que fueras capaz de besarme como si tal cosa.
-Si quieres, te puedo sorprender de otra forma, solo tienes que pedirlo.
-Creo que te quedarás con las ganas, y además, no quiero mas sorpresas por hoy, gracias-ella se dio media vuelta-si lo veo necesario mañana iré a la cueva.
-¿Si lo ves necesario?
-Adiós Hao-ella caminó hacia la pequeña trampilla-¡ah! No te entretengas por el camino, no me gustaría tener que volver a curarte las viejas heridas.
-Disimulas muy bien tus preocupaciones por mi-ella desapareció bajando por la escalerilla de la trampilla dejando a Hao en el desván con su típica sonrisa burlona.
A la mañana siguiente Anna y Sheila tenían en sus manos los rosarios. El de Anna era color turquesa mientras el del Sheila era blanco. El rosario de Sheila era el último regalo que le dejó su madre antes de morir aparte del colgante de plata que colgaba de su cuello en ese mismo instante. Ambas estaban en el patio principal donde había un gran roble y bajo este un asiento y mesa de piedra. Practicaban como defenderse de otro ataque de alguna sacerdotisa, peleando entre ellas y la señora observándolas para corregir sus equivocaciones. Al descanso Anna y Sheila se sentaron en el asiento de piedra.
-Sentí la presencia de Hao esta noche-Anna estaba sentada con las piernas cruzadas, la cabeza agachada y los ojos cerrados-tu ¿no sabrás nada verdad?
-Posiblemente-Sheila estaba sentada en la mesa con los codos sobre las piernas y las manos apoyadas en la cara.
-Podrías meterte en problemas, y lo sabes.
-Sí seguro, pero no tengo la culpa.
-Sí la tienes, siempre lo puedes rechazar y echarlo de aquí.
-No pienso hacerle eso, deberías saberlo.
La señora se estaba dirigiendo hacia ellas y cuando estuvo delante de ellas le comunicó algo:
-Anna, Sheila, tengo que daros una noticia, dentro de unos días celebraremos una fiesta muy importante a la que acudirán shamanes importantes por tanto deberéis estar vestidas con vestidos un tanto antiguos, seguidme-la señora las dirigió hacia la habitación donde estaba los vestidos. Las chicas se acercaron a sus próximas galas, el vestido de Anna era de un color azul pastel y algunos adornos turquesas, por otra parte el de Sheila era de color blanco y algunos adornos en azul marino, ambos vestidos eran verdaderamente preciosos.
-Son…-dijo Sheila. Ella estaba sorprendida, siempre creyó que los vestidos antiguos como aquel eran horrorosos pero aquellos vestidos lo cambiaban todo.
-Preciosos-terminó Anna por ella-nunca he visto prendas tan esplendidas.
-Estos vestidos han pertenecido a sacerdotisas en varias generaciones, los lucían en reuniones importantes como en esta, y ahora os toca a vosotras llevarlos puestos-decía la Señora y mientras Sheila se acercó a una especie de camisa de cuero.
-¿Qué es esto?-preguntó.
-Es un corsé, es para estilizar y moldear tu cintura mientras llevas el vestido de modo que se vea mas esplendido.
-Parece incómodo-decía mientras fruncía el ceño. Miró en otra dirección donde había una caja de oro, y dentro de la caja un rosario de color blanco, era muy parecido al de Sheila pero muchísimo más largo-¿Y este rosario?-Sheila ya alargaba su mano para cogerlo cuando de repente, como un rayo eléctrico azotó su mano produciéndole un dolor atroz en la mano.
-Es el rosario con el cual algunas sacerdotisas pudieron salvar las vidas de muchas personas, si sus rituales y sus palabras son correctos, se puede devolver la vida a un muerto reciente. En total tiene 130 perlas. No se dejará tocar si no se va a usar para una causa importante.
-¿No se dejará tocar? ¿Cómo si el rosario pudiera elegir quien lo utiliza y quien no?-preguntó Anna.
-Exacto. Es un rosario muy especial y solo se dejará tocar para siempre a una sola sacerdotisa, mientras que la vida de la sacerdotisa dure-Anna y Sheila se miraron-pero no debéis competir por el rosario, puesto que su poder es tan fuerte que podría consumiros-ambas asintieron con la cabeza y salieron de la habitación.
-Sheila será mejor que ayudemos a llevar la fiesta a cabo-dijo Anna-así que no te entretengas.
-Sí lo se… pero por preguntar no pasa nada y además ahora sabemos de la existencia de otro rosario importante-dijo sonriendo a Anna.
-Yo ya sabia de su existencia.
-Tu puede pero yo no… (-.-)'
Las chicas estaban ayudando con la fiesta pero se extrañaron de algo, y era que no habían visto a ninguno de los chicos en toda la mañana. Cuando terminaron se dieron un descanso. Anna fue a su habitación para estar cómoda y Sheila fue en busca de Yoh y a los demás, pero no los veía por ningún sitio.
-¿Dónde se habrán metido?-ella estaba mirando en el salón, pero no tubo suerte, así que se decidió ha ir a las habitaciones.
Fue a la de todos los chicos pero todas estaban desiertas. Todo era extraño, nadie estaba en ningún sitio. Ella llegó a la habitación del trastero donde había una puerta cerrada, ella sabía a la perfección que la llave estaba detrás del armario antiguo, los señores no querían que entrara allí, pero a ella le daba igual por que allí, se sentía de una forma diferente, por que allí estaba el altar de Hao donde ella podía pensar, pensar en todo lo que la rodeaba, todo lo que ella era. Pensó en bajar allí abajo, pero si la pillaran sería sermón seguro. Al final se decidió marchar de aquella habitación. Al salir de allí, Sheila se dirigió al patio, pero tampoco había nadie en ese lugar, ella observó los gigantescos árboles que rodeaban el templo y al sol que se estaba poniendo.
-"¿Debería ir?-pensó-seguro que Hao me está esperando pero… ¿yo debería ir a su lado?"-lo estuvo pensando durante un tiempo y se decidió a marchar.
-¿Ya te vas?-Len estaba detrás de ella, pero no estaba solo, Yoh estaba a su lado.
