Capítulo VI

Acerca de las ventanas y el ignorar.

Para el momento en que se disponían todos a tomar asiento, Kankuro se percató de un extraño silencio, de inmediato dirigió su mirada hacía donde su hermano e Hiashi se encontraban, ambos miraban muy interesados hacia el cielo. El ninja no entendía nada, descubrió un dulce todo mordisqueado en las manos de su hermano y se preocupó seriamente, acaso Gaara se había vuelto tan rápido como para escamotear aquello de la mesa, sin que ninguno de aquellos avanzados ninjas lo notara, y ¿Por qué Hiashi tenía el ceño tan fruncido? ¿Desde cuándo Gaara sonreía de aquella manera?, todo el asunto era muy extraño, miró a su alrededor, sobre la mesa se hallaba toda la comida dispuesta de manera perfectamente simétrica, allí no faltaba ningún dulce, ¿Sería posible que la familia Hyuga se hubiese dispuesto a vengarse narcotizando al Kazekage?

La respuesta a todas estas dudas se hicieron evidentes cuando Kankuro, finalmente, decidió hacer lo mismo que todos los demás estaban haciendo, mirar hacia arriba.

Allí se encontraba la visión más perturbadora que había visto en su joven vida. Quien interrumpió el desayuno del Kazekage, se encontraba con la mitad superior del cuerpo asomado en una ventana, vistiendo un camisón de dormir extremadamente ligero, de un algodón hilado que dejaba en verdad muy poco a la imaginación. De inmediato Kakunro llegó a la conclusión de que su hermana no era la chica mejor dotada que había visto; abrió inconscientemente la boca y jadeo cuándo su mirada recorrió lo que se ofrecía a la vista bajo el camisón. Lo único coherente que logró concluir fue que el dulce era de aquella chica, ya que aún quedaban restos de miel sobre los labios carnosos y amelocotonados que se mordía nerviosamente.

Finalmente aquella visión desapareció tan rápido como la habían descubierto, en medio de un revuelo de cabellos negros como el ala de un cuervo. Dejó en la cabeza de casi todos los varones presentes, un vívido recuerdo del bamboleo de unos pechos pesados y redondeados apenas velados por un delgado tejido.

Kankuro no logró pensar claramente, hasta que sintió un dolor agudo en su costado izquierdo acompañado de un sospechoso crujido, de inmediato sintió como se le dificultaba el respirar y se dió vuelta, para encontrarse a una Temari absolutamente encolerizada con él.

-¿Por qué me golpeas?- Gimió lastimeramente al tiempo que se sobaba la costilla estropeada.

-Porque tenías cara de baboso, ¿Por qué tienes que verles así las tetas a todas las chicas con la que te encuentras, imbécil?- exclamó la muchacha sin levantar demasiado la voz.

Discutieron cosas de este tono durante unos segundo más, hasta que escucharon un carraspeo apagado, que resultó ser Hiashi llamando al orden para dar inició a la comida.

Mientras tanto, Gaara que de alguna misteriosa manera se las había arreglado para hacer pasar por alto su embobamiento y su sonrojo, se avergonzaba de la conducta escandalosa, maleducada y desconsiderada de sus hermanos.

Hiashi por su parte, apenas vió desaparecer a su hija mayor de la ventana, se encargó de relajar los músculos de su frente y hacerse el desentendido del asunto, esperando que a través del método de ignorar la cuestión esta se desvaneciera de la mente de sus invitados, tal vez si hacía como si eso no hubiese pasado, ellos concluyeran que era producto de su imaginación. Todos los demás miembros del clan le siguieron el ejemplo y se fueron, cada cual a una ocupación y en una dirección distinta.