Los personajes pertenecen a Hiro Mashima

y a su fantástico manga Fairy Tail.

La historia si es mía y espero que sea de su agrado.

La noche de la cita había sido la mejor para los cuatros enamorados. Luego de miles de años de esperarse y de sentir que se necesitaban el uno al otro, habían por fin logrado compartir el tiempo que les fue negado desde el inicio por ser unos simples guerreros y unas sacerdotisas. Gajeel y Natsu aun podían recordar cuando en su momento no pudo ser lo que hoy si podía. El recuerdo de lo triste que fue terminar algo que nunca pudo empezar los había golpeado por un momento pero ambos recordaron sus palabras.

- Si los dioses lo desean, en algún momento estaremos juntos..

Recordó Natsu las palabras que Lucy le había pronunciado alguna vez.

- Espero que en otra vida podamos estar juntos..

Gajeel recordó lo que le había dicho en su momento Levy.

Quizás esta era la oportunidad que tanto habían pedido para por fin estar juntos cuando las responsabilidades de ambos le decían que no podían. Ambos sentían que esta era la segunda oportunidad que le daban los dioses para poder compartir sus vidas cuando en su tiempo no podían. Aun así tenían el miedo latente de la llegada del faraón pero mientras estuviese a su alcance, no dejarían que nadie les pusiese una mano encima, y menos cuando parecía que ellas no eran conscientes de quienes eran.

Gracias a los dichos del director del museo, sabían que ellas no eran unas simples reencarnaciones sino que al igual que ellos, eran las mismas personas de antes. Simplemente, los dioses las habían mantenido cautivas por años y cuando el momento llego, las volvieron al mundo. Eso solo confirmaba su mayor miedo de que ellas eran necesarias en toda la historia que tenían con el faraón, aun así no pensaban sacrificarlas de nuevo por más que el mundo entero perecedera ante ellos. Ellas eran sus mundos y siempre lo habían sido, no podían darse el lujo de perderlas de nuevo.

Claro que estos sentimientos no fueron escuchados por uno de los guardianes, el cual parecía ser el más serio con respecto al tema del faraón. Erick, gracias a su poder de audición más desarrollado que el del resto, era consciente de que ellos planeaban esconderlas y no permitir que nadie se acercara a ellas con la clara intención de sacrificarlas. Incluso llego a comentárselo a su gran amigo pero era claro que se encontraba en una situación incómoda con respecto a ellos, no por nada habían compartido miles de años juntos y por más que lo negara o lo ocultara tras una cara fría y molesta, les había tomado aprecio a ese par que habían perdido más de lo que ellos lo habían hecho.

Aun así no podían darse el lujo de sentimentalismos cuando el mundo pendía de un hilo, todos eran conscientes de que el faraón estaba cerca, más cerca de lo que esperaban y no podían desperdiciar las oportunidades que los dioses le estaban daban. Esas sacerdotisas eran necesarias y todos lo sabían, incluso el par de gemelos que en un momento no entendieron la importancia pero gracias a la charla que habían tenido con Wendy, les quedo claro la importancia de las mismas. Aun le costaba creer que unas simples mortales se hubiesen sacrificado de esa forma por el bien de todos. Eso hizo que su respeto por ellas creciera y a la vez se sintieran mal por volver a depender de dos mortales para acabar con un asunto que a su parecer solo le correspondía a ellos y a nadie más.

De todas maneras, el pelirrojo del grupo, se aseguró en un primer momento de que ellas fueran las personas que creían, necesitaba estar seguro para así no sacrificar más gente inocente de la que ya había caído.

Para desgracias de los guerreros que querían mantenerlas ocultas, Erick logro dar con ellas de una manera rápida y segura considerando que vivían en el mismo complejo de departamentos, y efectivamente eran las personas que buscaban, solo sus recuerdos fallaban pero de alguna manera permanecían en su ser. De todas formas, la misma noche de la salida de las parejas, había decidido que ya era momento de hablar seriamente con el más anciano del grupo y explicarle lo que realmente estaba pasando.

Llego a la oficina del centro, y dirigiéndose hasta el último piso, llamo a la puerta donde sabría que lo encontraría, tanto a él como a su amigo.

- Adelante.. – Escucho que le decían luego de tocar la puerta del lugar.

- Señor.. – Saludo Erick.

- Erick.. Es extraño encontrarte a estas horas por aquí.. – Dijo el mayor – ¿A qué se debe tu visita?

Erick miro al mayor que estaba cómodamente sentado detrás de su escritorio y a su amigo tan tranquilo cruzado de brazos mientras miraba por el inmenso ventanal de la oficina.

- Creo que sabe a lo que vine.. – Respondió con simpleza mientras tomaba lugar frente al mayor.

El pobre hombre sentía que ya no estaba para esos trotes pero lo cierto es que nunca lo estuvo. Cuando quiso explicarse o más bien explicarle a uno de los que consideraba como su hijo, no pudo ya que él siguió hablando.

- Sé que los está cubriendo en cierta forma.. – Dijo Erick sin reproche en su tono de voz – honestamente trate de entenderlos.. Sé que debió ser difícil para ellos pero esto va más allá de lo que nosotros nos imaginamos..

- De verdad no tienes idea de lo duro que fue para ellos.. – Dijo Laxus sin voltear a verlo – Los años que pasaron parecían muertos en vida..

- Lo estaban Laxus.. – Secundo el anciano – Sé que no es excusa Erick.. Pero.. Nosotros vimos el dolor en su mirada, además de la desolación y la completa oscuridad..

- Entiendo todo eso pero sabe que esto va más allá de nosotros.. De ellos o de ellas.. – Respondió Erick.

- Yo solo estaba esperando que ellos lo dijeran.. Que ellos vinieran y me confirmaran que eran ellas.. – Dijo el mayor – Ellos prometieron hacerlo y por más que demoraron o están demorando, quise darles tiempo..

- ¿Tiempo? El faraón puede estar en camino y no podemos permitir perder más tiempo.. – Dijo Erick ahora si algo más molesto.

- Solo quise darles el tiempo que no tuvieron antes.. – Respondió el anciano – Los llamare a todos a una reunión mañana por la tarde para que podamos discutir todo este asunto.. Aun no entiendo qué relación tienen ellas con todo este asunto..

- Su única relación es hacernos ganar más tiempo para así poder encontrar el modo de acabar con él.. – Dijo Erick poniéndose de pie para salir – quizás el faraón no puede ser destruido y simplemente tiene que ser sellado cada determinado tiempo..

- Erick.. Puede ser lo que dices.. Pero te suplico que mañana los dejes hablar a ellos.. – Pidió el mayor – De verdad.. Tú no sabes lo duro que fue para ellos..

- Prometo dejar que hablen pero nada cambiara el asunto ni la realidad.. Ellas deben ser sacrificadas de nuevo.. – Dijo Erick saliendo de la oficina.

Cuando se encontró solo con su nieto, el viejo soltó un gran suspiro. Sabía que al día de mañana sería algo bastante duro de explicar y de hablar. Él había visto el dolor en los ojos de sus hijos con la perdida de las mujeres que amaban y que por lo visto seguían amando, hasta tal punto de protegerlas a costa del mundo entero.

- ¿Qué piensas hacer? – Pregunto Laxus.

- Desearía tener una respuesta concreta.. – Dijo el abuelo, soltando un sonoro suspiro de frustración – Por ahora veremos que tienen para decirnos ellos y veremos de ahí en adelante que haremos.. Desearía que los dioses nos dijeran algo..

- Permanecieron callados miles de años.. – Recordó Laxus.

- Demasiado tiempo.. – Respondió el mayor.

Lejos de saber este tipo de reunión que se había dado, las parejas de tortolos, habían disfrutado de su adorada cena, para luego permitirse perderse el uno con el otro.

Ambos hombres quisieron controlarse y rogaban tener la suficiente cordura como para soportar cualquier tipo de tentación, pero lo cierto es que ambos necesitaban de ellas como ellas de ellos mismos. Se habían esperado por miles de años y aunque para ellas parecía ser simplemente un par de días, no podían negar que no lo eran. Sus recuerdos estaban en alguna parte de su ser y sin sentir culpa alguna, se entregaron al deseo de por fin ser uno con el otro.

Habían compartido la noche más maravillosa de sus vidas, sintiendo que por primera vez que estaba completos y que esa parte que perdieron hace miles de años o la que les falto por años, en el caso de las sacerdotisas, la habían encontrado al entregarse el uno al otro.

A pesar de la maravillosa noche que habían tenido, tanto Lucy como Levy habían vuelto a tener de esos sueños que les hacían dudar si realmente eran sueños, imaginaciones o recuerdos de una vida pasada.

Sentían una gran opresión en el pecho por lo que habían visto, sentían que quizás ya se conocían de antes y que por azares del destino por fin podían compartir sus vidas pero parecía más que eso. Era como si siempre estuvieron destinados a estar juntos y que en un momento no pudieron estarlo. Obligaciones los habían separado por completo pero había pasado algo más que hizo que ni siquiera pudiesen intentar algo.

Con angustia, se habían levantado de ese sueño tan doloroso, para encontrarse con el rostro de las personas que sentían que amaban con todo su ser. Ninguna entendía como es que podían amarlos cuando hace semanas que se conocían, pero aun así cada parte de su cuerpo sentía que los amaba y que se pertenecían. Solo les quedaba la duda si es que eran unos sueños o un recuerdo.

A la mañana siguiente, por más hermoso que fuera compartir tiempo juntos, había llegado la hora de despedirse. Natsu salía del departamento de Lucy con la misma ropa que había llegado la noche anterior, mientras que Levy llegaba a su departamento, de la compañía de Gajeel, con la misma ropa que la noche anterior, dejando claro que habían compartido esa noche juntos. Ambas amigas y amigos, se saludaron cortésmente, con miradas de complicidad y risas picaras, para luego despedirse de sus enamoradas y enamorados con un beso. A ciencia cierta no sabían lo que eran pero no lo necesitaban, sabían que se pertenecían al otro y eso era lo único que importaba.

Luego de las despedidas, los hombres se dirigieron hasta sus autos para volver a sus casas. El par de amigas, se habían quedado ahí en el estacionamiento para verlos partir como si fuera que no lo verían más. Al momento que los motores sonaron, tanto Levy como Lucy soltaron un grito de dolor que alerto a los hombres. Sin ser conscientes de lo que sucedía, llevaron sus manos a sus hombros que comenzaba a arder por la mordida de algo. Sin poder evitarlo, cayeron de rodillas al suelo sintiendo que todo en su vista se nublaba y caían en una inmensa oscuridad.

Por su parte, los guerreros corrieron a toda velocidad para socorrerlas pero parecía ser tarde cuando las vieron tiradas en el suelo del lugar. Lo único que vieron fue a dos pequeños dragones en color negro y celeste, con sangre en sus bocas, producto de la mordida que le habían dado. Sintieron que aquello era obra del faraón y quisieron seguirlos pero poco pudieron moverse cuando vieron que las horribles líneas en celeste y negro se habían extendido de nuevo por todo el cuerpo de las sacerdotisas. El miedo los invadió y no pudieron evitar temblar mientras las sujetaban. El horror de sus más frecuentes pesadillas, estaban frente a sus ojos y pensaban que volvían a perderlas como hace miles de años.

- LEVY! – Grito Gajeel mientras la abrazaba.

- LUCY! – Grito Natsu mientras la abrazaba.

Se sintió el grito más doloroso del mundo en medio del estacionamiento.

- Por favor Levy despierta! – Gritaba Gajeel mientras tomaba su rostro para que abriera los ojos.

- Luce! Luce! No puedes hacerme esto de nuevo! – Grito Natsu mientras la abrazaba con fuerza como si así volviera a despertar.

- Natsu! Gajeel! – Sintieron los guerreros que los llamaban pero no querían levantar la vista de los cuerpos de las sacerdotisas.

- Escuchen! – Grito de nuevo la voz.

De pronto sintieron como dos pequeños brazos los movían para que reaccionaran y fue recién en ese momento que fueron conscientes de quien les estaba hablando. Una pequeña de cabello azul oscuro los miraba entre angustiada y preocupada.

- ¿Wen? – Dijo casi en un susurro Natsu.

- ¿Wendy..? – Hablo Gajeel tan bajo que parecía no haber dicho nada.

Wendy ignoro sus palabras para ver a las sacerdotisas que se encontraban sangrando e inconsciente pero gracias a los dioses, se encontraban con vida. Cuando fue consciente de que ellos por fin habían despertado de su terrible pesadilla, les volvió a hablar.

- Vamos chicos! Llévenlas a mi departamento.. – Indico Wendy mientras se ponía de pie pero ellos parecían no entender sus palabras – ¡¿Que esperan?! – Volvió a gritarles – Están vivas pero necesitan atención médica..

Cuando escucharon que estaban vivas, sintieron que sus almas volvían a sus cuerpos y sin esperar más, levantaron a las sacerdotisas con delicadeza y se adentraron en el complejo de departamentos para ir hasta el de Wendy donde sabían que ella las curaría. Rápidamente llegaron y Wendy les indico que las dejaran en su cuarto, en su cama y que no se preocuparan por las sabanas.

- Rápido.. Necesito que vayan al baño y que me traigan un par de toallas mojadas en agua fría.. Yo les curare la herida del hombro.. – Dijo Wendy mientras comenzaba su labor pero pronto volvió a ver a los hombres quietos como estatuas sin poder moverse – AHORA! – Les grito.

Automáticamente los muchachos se movieron hasta el baño del lugar y buscaron lo que les había pedido la menor. Wendy suspiro agradecida de que volvieran a moverse y de que ahora por fin podía hacer algo por ellos, no dejaría que la vida de esas mujeres se le escapara de las manos. Sabía lo importante que eran para sus amigos y no podía permitirse fallarles ahora. Tampoco le agradaba mucho gritarles, y nunca creyó ser capaz de algo así por el estilo pero verlos paralizados, y como los ojos se les empezaba a oscurecer del mismo modo que una vez los vio, sintió que no tenía más remedio que gritarles de aquel modo.

Rápidamente comenzó a curarlas, viendo que la única herida que tenían eran los grandes colmillos clavados en sus hombros. La herida en si no debía ser tan profunda y no debía ser algo que sangrara del modo que lo hizo, pero lo cierto es que ella sabía que había pasado o más bien lo había sentido así que entendía que la herida era más de lo que aparentaba. Luego de que por fin detuviera el sangrado y cerrara la herida, solo quedaba esas extrañas marcas en todo sus cuerpos que no desaparecían por más que intentara lo que intentara. Haciendo que tampoco lograran despertar de lo que parecía ser un sueño de sufrimiento.

Los hombres volvieron con las cosas que Wendy les había pedido y las vieron como parecían sufrir, lo mismo que vieron la vez que almorzaron.

- ¿Ellas estarán..? – Comenzó a hablar Gajeel.

- ¿Estarán bien..? – Completo Natsu.

- Por ahora levántenlas así cambio las sabanas para que puedan descansar.. – Les indico Wendy a lo que los hombres hicieron caso.

Cuando la cama estaba de nuevo en condiciones, ambos dejaron a las sacerdotisas en un costado de la cama y Wendy les coloco las toallas para que el frio las relajara un poco y dejaran de sufrir. Las cubrió a ambas con las sabanas y salió de la habitación con los otros hombres que no despegaban la vista de ellas.

Debajo de las sabanas, sin ser conscientes de lo que sucedía, tanto Levy como Lucy se tomaron con fuerza de las manos, a medida que de a poco, los tatuajes comenzaban a desaparecer.

En el salón del departamento, Wendy les ofreció un café bien cargado a ambos hombres que parecían perdidos. Sinceramente se sentía mal por no poder hacer más por ellos pero sabía que por lo menos estaban vivas y que no corrían riesgo, cosa que los tres agradecían.

- ¿Qué fue lo que paso? – Se preguntó Natsu en voz alta.

- ¿Cómo es que paso de nuevo..? – Se preguntó Gajeel mirando fijamente la taza de café entre sus manos.

- Yo.. No sé qué decirles.. – Dijo apenada Wendy mientras bajaba la mirada.

- Wen.. – La llamo Natsu – ¿Cómo es que llegaste tan rápido..?

Wendy levanto la vista ante la pregunta de su amigo y casi hermano y vio que sus ojos jade, al igual que unos rojizos, la miraban fijamente.

- Yo.. Yo sentí la presencia del faraón.. – Dijo Wendy nerviosa – Lo sentí cerca y quise saber si era él o no..

- Vimos dos pequeños dragones con sus colores.. – Dijo Gajeel volviendo a fijar su mirada en el fondo de la taza.

- Supusimos que era él pero no pudimos hacer nada.. – Dijo con bronca Natsu – Lucy estaba sufriendo e inconsciente..

- No podía dejar a la enana ahí sola.. – Dijo Gajeel como si completara la frase de su amigo.

- Ellas están bien.. Siguen vivas.. – Les dijo Wendy tratando de que no se angustiaran – Solo que no me explico las marcas en sus cuerpos..

Ante sus dichos ambos hombres se tensaron y dejaron las tazas en la mesa antes de que por la fuerza que estaban ejerciendo en sus manos, las rompieran.

- Esas marcas.. Son las mismas que tenían cuando las encontramos sin vida en el templo.. – Dijo Gajeel con bronca en cada palabra.

- Es por eso que no podía reaccionar Wen.. – Dijo Natsu.

Wendy miro en dirección a su cuarto y no pudo evitar sentir que moría de angustia de solo pensar que volvería a perder a sus amigas que sin saberlo, se habían vuelto a ganar un lugar en su corazón, al tratarla con tanto amor a pesar de ser una desconocida para ellas. Quiso decirles alguna palabra de ánimo para que no pensaran que las perderían de nuevo pero cuando quiso decir algo, el teléfono de Gajeel sonó, sacándolo a todos de sus pensamientos.

Sin muchos ánimos Gajeel miro quien es que estaba llamando y sinceramente no tenia deseos de atender pero sabía que debía hacerlo.

- Oye.. No es un buen momento.. – Dijo Gajeel sin muchos ánimos.

- ¿Con quién estas ahora? – Pregunto el Laxus al otro lado de la línea.

Gajeel suspiro pesadamente y decidió contestar ya que por el tono de voz del rubio, era obvio que era un tema delicado el que hablarían.

- Con Natsu y Wendy.. – Respondió Gajeel mirando a los mencionados.

- Ponme en altavoz a si lo repito una sola vez.. – Dijo el rubio y cuando escucho el "de acuerdo" por parte del pelinegro, siguió hablando – Tienen que venir a la oficina de inmediato.. Hay una reunión..

- Laxus.. No es el mejor momento.. – Dijo con pena Wendy – ¿No existe la forma de que se postergara para mañana o quizás..?

- Lo lamento Wendy.. – La corto Laxus – Pero esto es urgente.. Y chicos.. – Hablo más conciliador por lo que estaba a punto de decirles – Ya sabemos que ellas son las sacerdotisas.. Lo lamento..

Luego de esas palabras, la llamada se cortó, o más bien el rubio la había terminado ya que a pesar de ser bastante duro y frio en muchos casos, no podía dejar de sentir empatía por los dos que seguramente estaban sufriendo y que sufrirían aún más si lo que decía Erick era cierto.

Por su parte, los tres se quedaron duro sin saber que hacer o que decir. Los hombres se tensaron instantáneamente y apretaban sus puños con fuerza como si quisieran romper todo a su paso, mientras que Wendy se llevaba las manos a la boca para calmar los sollozos que salían, al igual que caían sus lágrimas, mirando en dirección a la habitación donde parecían descansar las sacerdotisas.

- No es justo.. – Dijo Wendy tratando de limpiarse las lágrimas que caían sin control de sus ojos.

- No dejare que le pongan una mano encima.. – Dijo Gajeel mientras se levantaba para ir al cuarto con Levy.

- Gajeel.. – Dijo a duras penas Wendy para luego ver a su otro amigo que también se ponía de pie para ir al mismo lugar que el pelinegro – ¿Natsu?

- Sentimos involucrarte en todo esto Wen.. Pero estoy de acuerdo con Gajeel.. – Dijo Natsu.

Wendy sentía que todo lo que estaba haciendo por ellos no era absolutamente nada y menos por sus nuevas viejas amigas. No quería que se sacrificaran de nuevo, no quería perderlas y sentía que si algo les pasaba, ahora si perdería para siempre a sus amigos también. Los siguió en silencio hasta el cuarto y vio como ambos parecían despedirse por el momento de las sacerdotisas para luego darles un beso con la promesa de que serían ahora ellos los que las protegerían a costa de todo y de todos.

Salieron de la habitación y con Wendy siguiéndoles los pasos, se dirigieron a sus vehículos para ir a la dicho reunión donde sabían que ellos tendrían que dar varias explicaciones. Esta vez ambos fueron en sus respectivos autos, con la diferencia de que Wendy viajaba con Gajeel ya que ella no posea movilidad.

Cuando por fin llegaron a las oficinas, subieron en completo silencio hasta las oficinas principales, sobre todo hasta la oficina del jefe y de quien era como un padre para todos aunque lo llamaran abuelo.

Al llegar, las tímidas y temblorosas manos de la menor, llamaron a la puerta y cuando escucharon un "pase", los tres se adentraron a la oficina donde efectivamente todos estaban reunidos, todos menos ellos que eran los únicos que faltaban. Al cerrar la puerta, tanto Natsu como Gajeel se quedaron en medio de la sala, bajo la atenta mirada de todos pero no se dejaron intimidar por ninguno. Sabían que ellos habían fallado en cierta forma pero no permitirían que la historia se repitiese, cueste lo que cueste.

- Qué bueno que vinieron mis niños.. – Dijo el abuelo en tono conciliador, sabiendo lo que se avecinaba – Ustedes saben que teníamos un trato..

Todos vieron cómo se tensaban los hombros de los guerreros enamorados pero nadie dijo nada hasta que soltando un suspiro, siguió hablando el mayor.

- Creo que ya no tiene sentido ocultarlo más.. – Dijo apelando a que entraran en razón – ya sabemos que ellas son las mismas sacerdotisas que en su momento se sacrificaron por todos..

- Creemos que ellas nos pueden dar algo más de tiempo para encontrar.. – Empezó a hablar Erick pero fue rápidamente interrumpido.

- No pienso dejar que se sacrifique.. – Dijo Gajeel mirando con enojo a Erick.

- Ellas ni siquiera son consiente de quienes son! – Grito Natsu perdiendo la paciencia.

- De todas formas ellas.. – Trato de hablar de nuevo el pelirrojo pero fue cortado de inmediato.

- NO! – Gritaron al mismo tiempo Natsu y Gajeel, mientras los demás se sorprendían y Wendy no podía evitar llorar.

- Tranquilos.. No estamos aquí para.. – Trato de conciliar el asunto el mayor

- Claro que están para eso! – Grito Natsu cortando al abuelo – Sino para que más nos llamaron.. Si saben quiénes son, son obvias sus intenciones!

- Esto tiene que ver con todo el mundo no solamente con ustedes cuatro.. O cinco.. – Dijo Erick mirando como Wendy lloraba.

- Silencio Erick.. Prometiste dejar que ellos hablara.. – Lo corto el anciano, haciendo que se cruzara de brazos y cerrara la boca – Ustedes.. – Dijo llamándolos a Gajeel y Natsu – Entiendo cómo se siente pero esto va más allá de todos nosotros.. No podemos permitir que el faraón destruya el mundo que conocemos.. El mundo al cual en un primer momento ellas se sacrificaron..

- Ellas no son conscientes de quienes son.. – Dijo Wendy con lágrimas en los ojos que provocaba la ternura de todos.

- ¿Eso es cierto? – Pregunto el anciano tratando de que le contaran todo y no que estuvieran a la defensiva – ¿Porque no mejor empiezan por el principio?

Ambos muchachos se tensaron antes las palabras del mayor, sabían que estaban en la obligación de hablar pero no querían hacerlo cuando eso implicaba que las vidas de las mujeres que amaban, estaba en juego. Aun así decidieron contarles todo, con la esperanza de que así los entendieran mejor y dejaran de insistir con ese tema.

- Ellas.. – Comenzó a explicar Gajeel – Ellas no son ninguna reencarnación..

- Son las mismas que vivieron en nuestra época.. – Siguió Natsu – El viejo del museo nos lo confirmo.. Sus padres no son sus padres.. Simplemente las encontraron abandonadas en lo que quedaba del templo de Tueris y Beset..

- Pero cada vez que recuerdan algo o son conscientes de sus recuerdos.. – Continuo Gajeel – Ellas parecen sufrir y las mismas marcar que aparecieron cuando estaban mue.. En ese momento.. Aparecen de nuevo.. – Dijo tenso de recordar el momento más duro de su vida.

- ¿Existe la posibilidad de que recuerden? – Pregunto Laxus – ¿Hay algo que puedas hacer Wendy? – Pregunto esperando que no fuera que estaban evitando que los recuerdos volvieran para darles una excusa y evitar repetir la historia.

- Hasta ahora no encontré nada para recuperar sus memorias.. – Dijo con pena Wendy.

- ¿Que?.. – Dijeron Gajeel y Natsu.

- No nos dijiste nada de que estabas buscando la forma de recuperar sus recuerdos.. – Dijo Natsu haciendo eco de lo que también pensaba preguntar Gajeel.

- Yo.. Yo quería sorprenderlos.. Esperaba recuperar sus recuerdos para que pudiesen estar juntos.. – Dijo Wendy con la mirada baja ya que sentía que algo mal estaba haciendo por como la miraban.

- ¿Ustedes no pensaban dejar que los recuperen? – Pregunto Laxus de nuevo.

- No me interesaba si Levy los recuperaba o no.. Simplemente quiero mantenerla con vida.. – Dijo Gajeel.

- Yo igual.. No pienso dejar que Luce muera de nuevo.. – Dijo decidido Natsu – No puedo permitirlo..

Todos miraron al par de enamorados que por lo visto realmente dejarían que el mundo se acabase con tal de protegerlas de todos. La reunión siguió y los humos cada vez subían más y más. Erick ya no se pudo mantener más tiempo callado y trato de que entraran en razón los dos que parecían no entender la gravedad del asunto al que se enfrentaban.

En otra parte, en el departamento de Wendy, las sacerdotisas que estaban recostadas comenzaron a despertarse cuando la última de la marca que tenían en el cuerpo, desapareció. Agitadas y adoloridas se sentaron de golpe en la cama, sin soltarse de las manos. Ambas podían sentir como la otra temblaba pero a la vez se sentían seguras de tenerse una a la otra.

Con nerviosismo se soltaron de las manos para luego mirarse los brazos con asombro, a la vez que llevaban sus manos a sus caras para saber si era cierto lo que vean y sentían. Con manos temblorosas se tocaron el pecho a la altura del corazón esperando encontrar algo incrustado que parecía no estar ahí.

- ¿Que fue..? – Pregunto Levy con voz temblorosa.

- ¿Cómo fue que sobrevivimos..? – Pregunto Lucy igual de temblorosa que Levy.

Luego de esas palabras ambas se levantaron de la cama y se miraron por primera vez en lo que creían que era años. Ambas, llevaron una de sus manos al rostro de la otra para asegurarse de que no fueran una ilusión.

- ¿Levy? – Dijo Lucy con miedo.

- ¿Lucy? – Dijo del mismo modo Levy.

Sin decir una palabra más ambas se abrazaron a la vez que soltaban lágrimas que parecían no querer parar. Sentían que por fin estaban donde debían estar y que todo empezaba a cobrar sentido en sus cabezas. Se miraron unos segundos cuando cortaron el abrazo, y se examinaron las nuevas ropas que tenían, era extraño verses de esa forma cuando durante la otra época se la pasaban escondidas bajo una inmensa capa que les cubría todo el cuerpo.

- Lucy! Te extrañe muchísimo! – Dijo Levy tomándola de las manos como no lo había hecho en años.

- yo también Levy! – Dijo Lucy aferrándose más a su amiga – No puedo creer todo esto..

- Lo sé.. – Dijo Levy – Los dioses nos perdonaron la vida y nos dieron una segunda oportunidad..

- ¿Tu.. Recuerdas todo? – Pregunto Lucy preocupada de que olvidaran algo de sus antiguas vidas o las nuevas.

- Recuerdo todo.. Incluso lo nuevo que vivimos.. –Dijo Levy para luego angustiarse – Lo que significa que nuestros padres no eran en si nuestros padres..

- Cierto.. Y esos sueños que tuvimos toda la vida.. – Dijo Lucy – No fueron historias contadas sino nuestras historias.. Por eso es que sabias tanto sobre un Egipto que pocos conocían..

- Lucy.. Eso significa que.. – Dijo Levy tragando saliva con pesadez por lo que estaba pensando – La historia del Faraón dragón..

- Si.. Y quizás tengamos que volver a sacrificarnos.. – Dijo Lucy mientras se sentaba en la cama al igual que su amiga y le tomaba la mano – Quizás no es una segunda oportunidad y simplemente tenemos que cumplir con lo mismo que hicimos una vez..

- Lo supuse.. – Dijo Levy con lágrimas en los ojos – Por lo menos esta vez pude compartir más tiempo con Gajeel.. Sin escondernos.. Sin que..

- Sin que seamos las sacerdotisas y los guerreros.. – Completo Lucy – Yo también agradezco que haya podido compartir mi tiempo con Natsu..

- Lucy.. La herida que tenemos en el hombro es del faraón.. Siento que está en camino en estos momentos.. – Dijo Levy.

- Tenemos que avisarles.. – Dijo Lucy mientras se ponía de pie – Tenemos que preguntarle al Escriba si sabe dónde quedaron las dagas.. Tenemos que estar listos para su llegada.. Nosotras..

- Nosotras somos las que tenemos que estar preparadas.. – Dijo Levy limpiándose las pocas lagrimas que amenazaban con ser más.

Sin más ambas amigas salieron para sus casas y cambiarse las ropas que tenían ya que un poco manchadas de sangre había quedado. Se alistaron lo más rápido que pudieron y corrieron al estacionamiento para así subirse al auto de Lucy y salir rumbo a la oficina de abogados donde sabían que trabajaban Gajeel y Natsu pero donde estaban seguras de que encontrarían al Escriba que buscaban para que les advirtieran a todos.

Llegaron rápidamente y Lucy se sorprendió de que su vehículo funcionara a la perfección, quizás si era cierto que los dioses estaban haciendo todo lo posible para que esto terminara, a la vez que le dieron a ambas, la oportunidad de ser felices por un rato. Al llegar al lugar las puertas se abrieron solas como si fuese una invitación a cumplir con su destino y sin más se dirigieron al último piso donde sabían que estaba la oficina principal.

Durante el pasillo podían sentir gritos e insultos a la vez que un par de sollozos. No entendían que estaba sucediendo atrás de la puerta pero ellas tenían una misión y debían cumplirla por más que doliera. Tocaron la puerta, provocando que todos los que estaban dentro, callaran al instante.

- Adelante.. – Se escuchó una voz que mostraba los años.

Sin más se adentraron a la oficina y pudieron notar la mirada sobre ellas que en cierta forma las ponían bastante nerviosa, sobre todo un par de ojos jade que miraban sorprendidos a una Lucy que parecía distinta, y un par de ojos rojizos, que no se despegaban de Levy que, del mismo modo que su amigo, la miraba sorprendido sintiendo que algo había cambiado en esa pequeña mujer.

- Lucy.. ¿Qué haces aquí? – Pregunto Natsu mientras se acercaba a ella.

- Enana.. ¿Te sientes bien? – Pregunto preocupado Gajeel ya que cuando la dejo en casa de Wendy no estaba bien – No.. No deberías estar aquí.. – Dijo por lo bajo a su lado un sabiendo que todos lo oirían.

- Mis niñas.. – Las saludo el anciano sabiendo que su presencia significaba una sola cosa.

- Querido anciano.. – Dijeron ambas mujeres mientras hacían una reverencia ente el Escriba y se corrían de los guerreros – Es un placer volver a verlo..

- ¿Que? – Dijeron los demás guerreros ante las palabras de las sacerdotisas.

- ¿Como..? – Dijo Laxus algo sorprendido.

- ¿Acaso ustedes…? – Comenzó a decir Wendy con lágrimas en los ojos.

- Hola Wendy.. – Saludo Lucy con una sonrisa.

- Tanto tiempo sin verte.. Estas igual de hermosa que antes – Dijo Levy con una sonrisa.

La pequeña no lo soporto más y corrió hasta las sacerdotisas y las abrazo con todas sus fuerzas, sin creer aun, que por fin la recordaban. Sabía lo que significaba que recordaran todo pero aun así no podía evitar sentir que había recuperado a sus amigas.

Tanto Natsu y Gajeel, no podían creer que ellas por fin recordaran todo, una parte de ellos quería correr y abrazarlas pero la otra, quería correr y sacarlas de ahí sabiendo el peligro que corrían. Aun así notaron que en ningún momento ellas se habían dirigido a ellos, era como si lo estuviesen evitando, como si supiesen lo que estaba pasando y lo que pasaría de ahora en adelante.

- Honorable anciano.. – Dijo Lucy recuperándose del abrazo de la menor – Nuestra presencia aquí tiene un significado.. O más bien un sentido..

- Las escucho.. – Dijo el mayor, sentía que hace años que alguien lo trataba con tanto respeto.

- Vera.. Sabemos que en estos momentos el faraón esta de camino a Magnolia.. – Dijo Levy.

- ¿Cómo pueden estar segura de eso? – Pregunto Erick.

- Esta mañana fuimos mordidas por pequeñas invocaciones del Faraón.. – Explico Lucy mientras mostraba su hombro donde tenía la marca, al igual que Levy.

- En cierta forma el faraón nos esta buscan.. – Completo Levy.

- ¿A ustedes o a nosotros..? – Pregunto Laxus tratando de armar el rompecabezas, al igual que los demás.

- A nosotras.. – Respondieron al unísono las sacerdotisas.

- ¿Porque? – Preguntaron con un susurro Gajeel y Natsu pero ninguna de las dos se volteo a verlos.

- Hace miles de años.. Nosotras sellamos al faraón gracias al poder de las diosas Tueris y Beset.. –Dijo Lucy.

- Eso lo sabemos.. – La corto Laxus impaciente – ¿Que tiene que ver eso?

- Vera Guerrero del rayo.. – Dijo Levy con respeto – Cuando dimos nuestras vidas.. Los dioses se apiadaron de nosotras.. O eso pensamos.. – Dijo con pena.

- Lo cierto es que simplemente fuimos llevadas al otro mundo porque nos volvimos un templo.. – Dijo Lucy entendiendo que nada de todo lo que pasaba era una segunda oportunidad en sus vidas – El volvernos un templo, hizo que el faraón nos buscara..

- Él tiene que destruirlas para completar su transformación ¿cierto? – Pregunto el anciano recordando la leyenda.

- Exacto.. El faraón vendrá por nosotras para poder completar su transformación y así convertirse en el ser más poderoso del mundo..- Dijo Lucy.

- ¿Y qué piensan hacer? – Pregunto Erick, sabiendo por fin que papel jugaban ellas en todo el asunto.

- Los dioses nos mandaron de nuevo al mundo sabiendo lo que pasaría.. – Dijo Levy sin querer mirar a Gajeel en ningún momento, cosa difícil ya que sentía su mirada sobre ella – Cumpliremos con nuestro deber como tiene que ser.. – Dijo sin más.

- Eso significa.. – Gajeel se quedó a media frase ya que no podía creer lo que pasaba.

- Señor.. Necesitamos las dagas doradas.. – Dijo Lucy ignorando la mirada de Natsu que se hacía cada vez más dura – Sabemos que la tienen en su poder.. Podemos sentirlas..

- No.. – Dijo Natsu con un susurro que hizo que todos lo miraran – NO! – Grito sin importarle nada.

- Mierda Levy! No puedes estar hablando enserio! – Grito Gajeel molesto.

- No puedo permitirlo Lucy! – Grito Natsu.

Ambas sacerdotisas se tensaron ante sus palabras. No querían mirarlos por miedo a flaquear con su decisión. Sabían que era duro todo eso pero no podían evitarlo. No podían permitir que ellos o la gente murieran, no cuando ellas podían hacer algo para cambiarlo. Los hombres al notar que ni siquiera volteaban a verlos, las tomaron de los hombros para que se giraran a verlos.

- No hablas enserio ¿cierto? – Dijo Natsu con dolor en sus ojos jade.

- Enana no puedes hacerme esto.. No lo hagas.. No de nuevo.. – Dijo Gajeel con desesperación en la mirada.

- Lo siento Natsu.. – Se disculpó Lucy con lágrimas en los ojos, había aguantado todo el tiempo pero ver su mirada con dolor, le había partido el corazón y no quería verlo más así.

- Gajeel.. Es.. Es nuestro deber.. – Dijo Levy a modo de disculpa con lágrimas en los ojos. Podía ver en sus ojos rubí la desesperación que sentía por las palabras que le decía pero era su deber y él siempre lo supo.

Ambos hombres las soltaron sin poder creer lo que estaban diciendo. Sentían de pronto que esas cuatro paredes se cerraban más y más provocándoles ganas de romper y tirar todo. Necesitaban tomar aire y salir de ahí un rato. Salir de esa pesadilla que estaba viviendo, todo estaba de maravillas esa mañana y en tan solo horas, todo se había perdido. Las volverían a perder y ellos no podían hacer nada porque de nuevo el deber, el famoso deber volvía a entrometerse entre ellos sin que pudiesen hacer nada.

Salieron enojados del lugar, dejando a todos sorprendidos pero sobre todo a un par de sacerdotisas que sentían que perdían lo más importantes de sus vidas.

- Dicen.. – Hablo por primera vez Sting considerando que nadie más hablaba – Dicen que necesitan las dagas..

- Eso.. – Dijo Rogue – ¿De qué dagas hablan y como están tan seguras de que las tenemos?

- Con las dagas logramos el sacrificio necesario.. – Dijo Lucy tratando de recuperarse.

- Y sabemos que están aquí porque podemos sentir el poder de las diosas que lo crearon.. – Dijo Levy luego de mirar apenas por donde había salido Gajeel hace unos momentos.

- ¿De verdad piensan sacrificarse..? – Pregunto Erick, empezaba a sentirse algo culpable al ver el dolor en esas cuatro miradas – ¿Lo harían?

- Si.. – Dijeron ambas apretando el puño, no podían fallarles a nadie, por más que ellos se enojaran, sabían que lo hacían por el bien de todos.

- Mis niñas.. Nosotros no tenemos las dagas que buscan.. – Dijo el mayor, también hablando por su nieto.

- Ninguno de nosotros la tiene.. – Dijo Sting, hablando por él y su hermano.

- Yo.. Yo tampoco.. – Dijo Wendy sollozando por saber que las perdería de nuevo.

- solo quedan dos personas.. – Dijo Erick dando a entender que él tampoco las tenía.

- Necesitamos de las dagas.. – Dijo Lucy mirando a su amiga.

- Hablaremos con ellos para que nos las entreguen.. – Dijo Levy entendiendo que tendrían una conversación no del todo agradable.

Ambas se dirigieron a la puerta cuando la voz del guerrero del rayo se escuchó.

- Gracias.. – Dijo el rubio con tono frio pero que a la vez sonaba bastante cálido – Por lo de antes y lo de ahora..

Las sacerdotisas se voltearon y miraron al guerrero para luego sonreírles y hacer una leve reverencia en agradecimiento.

- No fue nada.. – Dijo Lucy.

- Lo volveríamos hacer las veces que sea necesarias.. – Dijo Levy.

Luego de esas palabras, ambas salieron por la puerta para poder encontrarse con los guerreros que necesitaban en esos momentos de ellas pero que el mundo en si los necesitaba a los cuatro.

En el otro lado del mundo, en Egipto, unos pequeños dragones llegaban hasta la mano ensangrentada de quien los invoco. El faraón miro atento los colmillos de sus pequeños dragones y una sonrisa maquiavélica se formó en su rostro al percatarse que el sabor y olor, era efectivamente de las diosas que lo habían fastidiado todo, a través de dos pequeñas sacerdotisas.

- Las encontraron.. – Dijo El faraón a Anubis.

- Por fin dieron con ellas.. – Respondió el dios de la muerte.

Ahora era consciente de donde es que se encontraban las famosas templos andantes y solo tenía que ir hasta ellas para conseguir el completo poder y deshacerse de una vez por todas de esos malditos guerreros que lo habían traicionado para hacerse con todo el poder.

La risa, al saber que todo estaba saliendo como debía y como debió ser en un primer momento, se hizo sentir en todo el lugar, haciendo que todo el equipo del arqueólogo entrara a su cuarto de hotel. Habían entrado varias veces ya a ese cuarto, pero no podían evitar sentirse nerviosos por todos los recuerdos y los gritos que solían salir del lugar. Incluso cuando hacían que lo limpiaran, aun podían sentir el intenso olor a metal que desprendía la sangre de todas sus víctimas. Habían pasado hombres, vagabundos, mujeres, madres, hijas incluso niños por ese lugar pero ninguno había salido con vida de ahí. Podían percibir el miedo que se sentía en las calles y ya nadie creía que era una simple leyenda lo que el faraón Acnologia significaba, todos temían al escuchar su nombre y temían perderse y que él los encontraran vagando solos por las calles de la ciudad.

Incluso los miembros del equipo llegaban a temerles y en más de una ocasión sintieron asco por lo que estaban haciendo. En cierta forma ellos habían ayudado a traer a cada una de sus víctimas, lo que los convertían en igual de despiadados que él. Y ahora se encontraban todos ahí frente al gran faraón con su risa maligna que no podía significar otra cosa que sangre, sangre que se derramaría entre esas mismas cuatro paredes.

- Mi señor.. – Comenzó a hablar Mard – ¿Necesita algo?

- Nos iremos.. – Dijo el faraón, intimidando con su mirada a los cinco sujetos pero solo en tres de ellos tuvo el efecto, cosas que le disgusto.

- ¿A dónde iremos? – Pregunto Seilah.

- A magnolia.. Ahí se encuentra mi máximo poder.. Ahí lo conseguiré.. – Dijo el faraón con una sonrisa mientras se paraba de su lugar.

- Enseguida arreglare todo para que salgamos cuanto antes.. – Dijo Seilah mientras salía del lugar.

El faraón vio lo servicial que podía ser y lo indiferente que lo veía, incluso llego a creer que la joven no estaba vida en un momento ya que no mostraba emoción alguna, al igual que el arqueólogo que lo había logrado despertar, pero los otros tres, sentía que lo miraban y a pesar de saber que los intimidaba con una simple mirada, podía ver en ellos la traición inminente. Podía ver a sus guerreros que simplemente querían verle caer y reírse de un faraón que no tenía poder pero él les demostraría que si lo tenía, incluso más que cualquiera y que sería completamente invencible cuando pudiese acabar con quienes lo sellaron hace años.

- Tu.. – Dijo el faraón señalando a Mard – Ve con ella a arreglar todo.. Quiero estar para en la mañana en magnolia para acabar con esto de una vez por todas.

- Como ordene mi señor.. – Dijo Mard, mientras salía del lugar y cerraba la puerta como solían cerrarla cuando una nueva víctima hacia su aparición en aquella habitación del terror.

Una vez solo el faraón con los tres individuos, pudo oler el miedo que desprendían por sus cuerpos cada uno. Eran dos hombres y una mujer. Un hombre bastante fuerte pero que ante su poder no podría hacer absolutamente nada, otro hombre algo mayor que según tenía entendido era un historiador o algo así, y por ultimo una mujer que por lo que entendía era una cartógrafa. Todos ellos eran simples traidores para él, incluso sentía que no les serviría de nada o en nada en el nuevo mundo que él se encargaría de formar. Lugar donde él sería el único e indiscutible poderoso que a través del miedo los gobernaría, pero antes, tenía que deshacerse de aquellos que no le servirían y que a su vez lo traicionarían tarde o temprano. Él sabía reconocer en la mirada, todo aquel que lo traicionaría para quedarse con lo que le pertenecía por derecho. Había sido elegido el faraón por todos los dioses y el mismísimo dios del inframundo, de la muerte, lo había elegido para otorgarle el poder supremo. Poder que sabía era codiciado y deseado por todos, sobre todo por los débiles y miedosos que al no tener nada que perder, buscarían traicionarlos para quedarse con todo.

Sonriendo de lado, provocando escalofríos a los tres presentes, transformo su único brazo en lo que sería una garra de dragón, y dirigió toda su mano al pecho del experto en trampas, sin siquiera darle tiempo a reaccionar, ya lo había traspasado con su garra, dejándole un hueco en todo el cuerpo, a la vez que, como ultima cosa que haría en su vida, escupía un poco de sangre mientras sus ojos quedaban en blanco. Era el primero de los tres en morir y aún quedaban dos por disfrutar.

Volvió su mirada a los demás presentes y pudo notar como su miedo crecía a cada segundo en el que sabían que sus vidas se acabaría en un abrir y cerrar de ojos. Decidió jugar un poco más con el terror visible en el rostro de la única mujer del lugar, y por ello la dejo para el último. Tomando de la cara al otro sujeto que era el historiador. Lo levanto por los aires y de pronto comenzó a cerrar su puño, haciendo que sus garras se incrustaran en el cráneo el hombre que con toda la voluntad que tenía, trato de soltarse de su agarre, pero eso solo hizo que sus manos se cortaran, debido a lo filosa que eran sus escamas del brazo.

Al cabo de unos segundos de sufrimiento, los cuales para el pobre historiador fueron eternos, termino de cerrar el puño, explotándole así todo el cráneo. La sangre broto por todos lados, saltando por la habitación e incluso en el rostro de la mujer que estaba ahí presente, la cual cayo de rodillas ya que las piernas le fallaron por el pánico que tenía al ver a los ojos al mismísimo demonio.

- Por.. Por fa.. Favor.. – Dijo con un tartamudeo notable al saber que moriría – Te.. Tenga.. Piedad.. – Suplico la pobre mujer.

El faraón se divertido ante las palabras de la joven que incluso pensó en darle una muerte rápida como signo de piedad pero cuando se agacho para verla mejor, vio en aquel rostro, el rostro de ambas sacerdotisas que habían arruinado su vida por miles de años. Cambiando de una sonrisa maquiavélica a una mueca de profundo rencor y odio, la tomo por el rostro y clavándole las uñas como al anterior comenzó a cerrar de apoco el puño. Pero antes de matarla de esa forma, decidió que sería la combinación perfecta entre los dos que murieron antes, y sin más la soltó, mientras veía como la sangre salía de donde sus garras se habían incrustado y de un solo golpe, atravesó todo su cuerpo pero antes de que su vida abandonara el cuerpo, la sujeto del cráneo y lo aplasto sin esperar medio segundo.

Su cuerpo estaba irreconocible y poco le importaba. Sabía que no había matado a ninguna de las sacerdotisas pero estaba ansioso de poder hacer lo mismo con ellas. Quería aplastar sus cabezas pero aunque disfrutara sentir la sangre escurrirse por su mano o garra, prefería ver el momento en el que su vida abandonara sus ojos. Ese sería su recompensa por todos los años de encierro, oírlas suplicar, para luego ver sus vidas abandonar sus dichosos cuerpos.

Luego de la matanza, tanto Mard y Seilah entraron al cuarto sin inmutarse ante la pérdida de sus tres compañeros. Mard sabía que solo eran unos medios para dar con el faraón y si así podía deshacerse de ellos y a la vez complacer a su señor, no le importaba nada más. Por su parte Seilah era una fiel seguidora de Mard, hacia todo lo que él deseaba y era todo lo que le importaba, si él era feliz ella también lo seria, incluso si para que lo fuera significara dar su propia vida. Incluso así lo haría, es por eso que ahora sabía que solo tenía que ayudar al faraón para que él fuera feliz.

- Mi señor.. – Le hablo Mard, mientras corría un poco el cuerpo de uno de sus ex compañeros de equipo – Está todo listo para salir rumbo a Magnolia de inmediato..

- Muy bien.. – Respondió el faraón volviendo su brazo a la normalidad – Sera mejor salir.. Tengo una cuenta pendiente con dos personas..

Luego de decir aquello, con una sonrisa plantada en el rostro, salieron de esa habitación del terror, donde las últimas tres víctimas habían caído. Ahora el demonio mismo viajaba a otra ciudad donde se encontraría con las culpables de su retraso ante el máximo poder. Pero la vida le había dado una segunda oportunidad y esta vez no lo desaprovecharía como antes, ahora nadie lo detendría, destruiría todo aquel que lo desafiara, pero sobre todo, ganaría el máximo poder y acabaría con los endemoniados guerreros que lo habían traicionado.

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Hola! Que tal están? Bueno aquí está el cap 7.. No me decidía si subirlo o no porque pareciera que no gusto tanto el anterior.. O eso pensé pero me llegaron dos review ii eso significa que si gusto o por lo menos dos quieren que lo continúe ii lo suba pronto XD.. Bueno ya en el próximo cap. veremos al faraón en Magnolia, lo que significa… Sip.. Efectivamente.. Será el último cap.. Por fin una historia que termino XD.

Como siempre digo, los datos que pueda usar sobre este Egipto antiguo, son solo para leer ii disfrutar más que para tomarlos en cuenta. Las cosas pueden ii no ser ciertas así que no se guíen demasiado de lo que escribo.

Si veo que les gusta, subiré el último cap. el sábado a la tarde de mi país sino será el próximo martes.

Por cierto esta historia la invente pero si es parecida a otra, juro que lo desconozco. Besazos a todos los que me lean!

ii aquí los saluditos!

Esme-Joycy09! Qué bueno que te encante! Gracias por la review :)

Lucy Dragnel! Perdón por la demora pero lo subí! Jeje espero que te guste.. Gracias por la review :)

_¡Mumumuak!_