MUY BIEN, ¿muchachos extrañaron las actualizaciones frecuentes? LOL, puse una nota en mi perfil explicando porque los capítulos iban a tardar más, así que pueden ir a verla. Este capítulo tiene de por sí tantas palabras, y yo todavía tengo más para decir, que no tengo ganas de explicarme. De cualquier forma, no es la gran cosa.
QUIZÁ noten, al leer, que este capítulo se titula de forma diferente a lo que dije en el extracto del capítulo anterior. Al terminar el capítulo, quizás también noten que el extracto que les di no aparece para nada en este capítulo. Si es así, son bastante perceptivos. Mientras escribía este capítulo, tomó un giro completamente diferente de lo que había planeado originalmente, así que no estoy segura ni siquiera si el extracto del último capítulo será una parte de la historia - pero vamos, a todas nos gusta nuestra parte del Para Siempre, ¿no? LOL, así que edité el último capítulo para incluir un extracto de este capítulo si están ansiosos por leerlo. No, en serio, vayan. Los espero aquí C:
AHORA este capítulo es largo. L A R G O. Comparado a los otros. Es probablemente el capítulo más largo que he escrito alguna vez para un fic, porque mi contador de palabras generalmente varía entre 3000 y 4000 palabras. Pero amé escribirlo, y ciertamente espero que les guste leerlo C: En serio, este capítulo va a ser el más largo de todo el fic, creo. No estoy segura, veremos, ¿no? Hay también algunos fragmentos de episodios anteriores de Avatar, a través de los sueños de Zuko. Estoy segura de que los reconocerán, LOL.
UH... no se que más decir. Olvidé todo, así que supongo que este es el final de mi nota de autor (sí, sí, están todos festejando). Hay un poquito guardado para ustedes más adelante así que lean y me encantaría si pueden decirme lo que piensan. Y algunas partes son vagas adrede. Adelante, cuéntenme sus teorías, sus ideas, y su apuesta en lo que está sucediendo C: Hay bonus para cualquiera que me diga por qué Mazo llama a Jing-Wei con un sobrenombre que esta odia, y por qué ella odia dicho sobrenombre :D
A Q U I E S C E N C I A
La escandalizada respuesta de Katara y la defensa de Toph no eran más que palabras confusas. Vagas e ininteligibles. Sus voces se elevaban, pero él no podía moverse. Era consciente de que debería hacerlo, que Katara quería que lo hiciera, que podía golpearlo si no lo hacía, pero tenía los miembros tan entumecidos que no le importaba. Sus músculos estaban adoloridos, cansados, forzados hasta el hueso, y podía sentir los efectos del golpe en la cabeza.
Era todo lo que podía hacer para permanecer consciente.
Y tras unos segundos de aturdimiento, ni siquiera pudo hacer eso.
Capítulo VII
Hipócritas y opuestos
Todo pasó tan rápido.
Katara estaba tratando de sentarse, ignorando las puntadas y dolores del cuerpo mientras lo hacía, y lo que notó después, fue que Zuko la tenía contra el piso, su espalda fundiéndose contra el piso de la caverna, sintiendo los omoplatos particularmente adoloridos por el impacto. Él estaba encima de ella, con las manos sobre sus hombros, los brazos tambaleantes. Estaba pálido, tenía sangre en el nacimiento del cabello, sus labios - ¿había perdido un diente? Tenía los ojos cansados, enrojecidos por el escozor helado del agua. Estaba sorprendida, completamente insegura de qué hacer, qué sentir, le asustaba que fuera capaz de incapacitarla, de dejarla sin palabras. Inútil. Y aún así, por un momento demasiado breve para que alguien lo notara, estaba contenta de mirar sus empapadas facciones, sus ojos cansados y dorados, su boca abierta ligeramente para ayudar con la laboriosa respiración. La manera en que las gotas de agua resbalaban por su rostro, dejando su rastro por las arrugas de su cicatriz, y caían desde la punta de la nariz...
Sintió que una pequeña gota caía sobre su párpado y la perturbación física fue suficiente para sacudirla de esa misteriosa y cálida sensación de shock. Katara parpadeó quitándose la gota de encima y su boca formó un grito silencioso cuando la realidad la golpeó. Zuko, el desterrado dolor de cabeza real, el traidor a la corona, a su familia y a sus amigos; la molestia y el arrogante maestro idiota, la cruz de su existencia, ese Zuko, la tenía contra el suelo, estaba sobre ella en una de las posiciones más íntimas.
-¿Qué - qué crees que estás haciendo? - se las arregló apenas para chillar mientras el sonido resonante atraía la atención de Toph que estaba de rodillas y mirando feo a la maestra agua con sus pálidos ojos.
Terrones de rocas se esparcieron sobre Katara y Zuko, llovio polvillo marrón oscuro-casi-negro, ¿o tal vez era rojo? La suciedad de la cueva era dura, húmeda por la corriente del agua, y aún así se desmoronó como un pedazo particularmente grande y se abrió paso por la barrera del príncipe de fuego, por su cabello mojado, rozándole el hombro y aterrizando en la mejilla de ella.
-Te estaba salvando -explicó Toph, bajando los brazos ahora que la roca en picada había sido desviada. Había requerido un gran esfuerzo por parte de la maestra tierra, pero de todos ella era la que estaba en mejor condición física (sino psicológica)-. No todo lo que hace es malo, sabes.
Katara se limitó a moverse un poco, mirando al muchacho encima de ella con el ceño fruncido, enojada por la manera en que permanecía tan sereno sobre eso, por la forma que siempre se estaba probando para ganarse su respeto, su confianza, quizás su amistad. Pero ella podía ser tan fuerte como él.
-Pude haberme salvado yo sola -replicó fríamente, esperando que Zuko se moviera ahora que ya no había peligro. Pero él no lo hizo, se quedó quieto donde estaba, aparentemente sordo, aparentemente ciego y mudo - aunque en el fondo Katara no dudaba de que fuera todas estas cosas (al menos algunas). Los ojos de Zuko miraron vagamente alrededor, su expresión quedó en blanco, sin sentimiento, completamente ignorante de cualquier comentario malicioso que había pronunciado su lengua. Y entonces, sin previo aviso, colapsó sobre su pecho, inconsciente. La maestra agua jadeó cuando su peso le sacó el aire de los pulmones, jadeó con el repentino ataque de inconsciencia, jadeó por la manera en su cercanía no era tan vil como había pensado que sería y jadeó por temor de por qué ese sería el caso.
Desechó el pensamiento como si fuera nada y suspiró. Tenía el cabello de Zuko en los labios, su cabeza apoyada sobre su pecho, y era una posición bastante incómoda para estar, ya fuera que estuviera consciente o no. Estaba luchando para levantarse antes, pero ahora con el peso agregado de Zuko moverse era en vano y un esfuerzo desperdiciado, así que Katara dejó caer la cabeza al piso, maldiciendo la situación, las circunstacias y el intento de Zuko de caballerosidad.
Bueno, al menos no estaba despierto para escuchar su "Gracias" murmurado.
-¿Puedes ver algo desde aquí, Toph?
-Solo un montón de agua corriendo -respondió la maestra tierra, concentrando sus sentidos en descifrar el resto de la cueva-. El arroyo sigue y sigue, creo que termina en el océano en algún lado, pero el túnel solo lo sigue... no sé como podemos volver arriba.
Mazo se pasó una mano por el cabello, sacándose el oscuro flequillo de los ojos.
-¿No puedes abrirnos paso con tierra control, Ojo de Halcón?
Toph sonrió de oreja a oreja al escuchar el nuevo sobrenombre, y negó con la cabeza.
-No... las paredes son muy inestables, podría hacer que todo colapsara si hiciera algo mal... pero tal vez si tuviera mucho cuidado...
-Oh, ni siquiera lo pienses -interrumpió Sokka al tiempo que aseguraba su espada a la espalda. Las capas de su ropa yacían abandonadas en el piso, no eran nada más que peso muerto-. Pero todavía necesitamos un plan... ¿Cómo salimos de este lugar?
Mazo arrugó el entrecejo, inconscientemente pasando la punta de la lengua alrededor de un diente que parecía un colmillo, molesto con la perdida de su mondadientes, y miró a Katara que estaba ocupada atendiendo las heridas de Zuko.
De todos parecía haberse llevado la peor parte... pero no todas sus heridas habían sido causadas por la fuerte corrientes y las afiladas rocas. Notó un sangrado oscuro a través de su camisa y vacilante, la levantó, sus dedos cuidadosamente desataban la tela que la mantenía contra su pecho. Se sorprendió al ver su abdomen quemado, la mirada cobalto se paralizaron de horror sobre la herida. ¿Quién podía haber hecho eso? Mazo era el único maestro fuego que conocía aparte de Iroh... Y con seguridad Zuko no se haría eso a sí mismo. Katara levantó su camisa, preparándolo para atenderle la herida, cuando el maestro fuego consciente la llamó.
-Oye, Muñeca, no creo que este sea el momento para ese tipo de cosas.
Antes de que pudiera replicar que necesitaba sacar su mente del basurero, Sokka le ganó de mano.
-¡Katara! ¿Qué crees que estás haciendo?
-¡Lo estoy curando! -exclamó, irritada, la maestra agua-. Está quemado -continuó, más calmada esta vez, pero con el mismo aire de cierra-la-boca-antes-de-que-los-deje-inconsciente-con-agua-control. Sus ojos volvieron fijarse en el príncipe durmiente, su rostro lejos de estar en paz. Parecía estar adolorido, incómodo, y sus labios apenas se movían, formando palabras que ella no podía leer. Sus ojos iban y venían debajo de sus párpados al tiempo que su expresión se tranquilizaba con esa especie de calma serenidad... una parte de ella se preguntaba, mientras se disponía a curar sus quemaduras, que estaría soñando.
-Cierra los ojos... -pidió Zuko, quedo, estudiando las linternas a su alrededor-... y no espíes.
La muchacha así lo hizo, cerró sus grandes ojos castaños con el entusiasmo que hacía tiempo él ya no tenía en su vida. Ella era joven y llena de esperanza, era amable, inocente y tan dulce. Le dolía pensar que quizás estaba mal de su parte, salir con ella, inducirla en algo que él sabía no podía, y no debería, ser parte. Pero se dijo que alguien como ella, como esa joven encantadora que estaba tan ignorante de su pasado y de todo lo que había hecho, de todos los crimenes que había cometido, se merecía la felicidad. Con una alarmente tranquilidad, encendió todas las velas, y se deleitó en la forma en que sus ojos brillaron ante el espectáculo cuando finalmente los abrió.
Hermoso.
-Ahora te toca a ti cerrar los ojos -le dijo, sonriendo de esa manera que nunca dejaba de adornar sus labios cuando ella estaba cerca, cuando ella oh-casualmente entraba graciosamente a la tienda de té como si no tuviera nada mejor que hacer.
Zuko lo hizo, complaciéndola, y se sorprendió al sentir un par de suaves labios presionarse contra su boca con una timidez que conocía muy bien. Dudó, la conmoción pura de su acción atrapándolo con la guardia baja, antes de inclinarse un poco hacia su beso, devolviéndoselo. Se sentía... bien. Cálido y reconfortante, algo que no había sentido en mucho tiempo, o tal vez nunca. Era en verdad una especia de felicidad que no podía explicarse. Era la aceptación que luchaba por obtener de parte de su padre, de su familia, de su nación. El príncipe abrió los ojos y le sonrió a la muchacha.
Su rostro cambió, su aparencia entera se modificó, se transformó en alguien que conocía, alguien que reconocía. Otra muchacha, tan bonita como ella, tal vez unos años mayor, un poco más madura, y ciertamente no tan ignorante en lo que se refería a pena y muerte. Estaban sentados juntos con su Tío Iroh, hablando suave y sinceramente.
-Cuando era una niña pequeña, la Nación del Fuego atacó mi pueblo. Se llevaron a todos los hombres, esa fue la última vez que vi a mi padre -confesó, con la cabeza gacha, mirándose las manos.
Zuko asintió, mirando a lo lejos.
-Yo no he visto a mi padre en muchos años...
-¿Está peleando en la guerra? -preguntó ella sin ganas.
La fresca mirada de Iroh saltó sobre el joven maestro. La mirada del príncipe se endureció, sus pensamientos variando entre el Señor del Fuego Ozai, su hermana, su reino que quizás nunca fuera suyo, el trono que había abandonado. Asintió una vez, rígido, agarrando con fuerza la taza de té.
-Sí.
-Así que la Nación del Fuego ha venido a encontrarnos -supusó Mazo después de estudiar las heridas del muchacho inconsciente. Se inclinó sobre Katara, una pierna sobre una roca prominente, apoyando casualmente su rodilla. Sus ojos oscuros buscaban, analizando las quemaduras con una pericia que podía unicamente pertenecer a un maestro fuego, y frunció el entrecejo-: Esos malditos bas...
-Maldecirlos no va a remediar la situación -saltó Katara, dándole al muchacho una mirada compungida. Las manos, cubiertas en guantes cristalinos de agua, limpiaban con suavidad la piel socarrada de Zuko, curando el tejido marcado, reparando la carne desgarrada. No era muy difícil, considerando que la herida no tenía mucho tiempo, pero incluso así, debió haber sido casi una tortura estar sumergido en ese río helado, sacudiendo brazos y piernas desesperadamente contra la violenta corriente. Ciertamente no hacía nada para calmar el dolor o la fatalidad de su rostro-. Primero tenemos que pensar una manera de salir -prosiguió la maestra agua mientras terminaba de coser la carne estropeada de Zuko, la piel firme bajo el tejido cicatrizado uniéndose-. Y después tenemos que encontrar a Aang y a los otros.
Sokka bufó, apartando su vista del final del río, buscando con la mirada cualquier otro cuerpo flotante.
-Aang y los otros pueden cuidar de sí mismos, lo importante es llegar a destino -declaró con firmeza, sacudiendo un empapado mapa en el aire-. Nuestro mapa está arruinado, pero eso no significa que no podamos determinar qué es qué.
Un sonoro "Estamos perdidos" de parte de Toph siguió a su optimismo.
Katara no estaba contenta y no tardó en hacérselo saber a su hermano.
-¿Simplemente esperas que dejemos a Aang atrás? -replicó, juntando la ropa abandonada de su hermano y rompiéndola en tiras para hacer vendas-. Debes de haberte golpeado la cabeza más fuerte de lo que había pensado.
Sokka la miró ceñudo, sacudiendo el inútil mapa en el aire con un vigor sorprendente.
-El General Iroh nos dijo a todos que nos dirigiéramos al punto de encuentro en caso de que algo pasara. ¡Es importante apegarse al plan, o todo el resto sera un confuso desastre!
-¿Qué tan difícil puede ser de hallar? ¡Tenemos nuestro propio servicio de navegación humano! -su brazo rodeó los hombros de una desprevenida Toph, y la sacudió una vez, dos, en exagerada camadería-. ¿No es así, Toph?
La maestra tierra se tensó bajo ese abrazo, sus mejillas se encendieron, y apartó la mirada de él, su cabello sirviendo como una cortina tras la cual ocultarse.
-Si quieres mantener ese brazo, me vas a soltar -indicó insidiosa, a lo que Sokka dejó escapar una risita nerviosa y voluntariamente la soltó. Toph sonrió satisfecha consigo mismo, una pequeña curva de sus labios que nadie notó, y se cruzó de brazos-. Pero el que yo sepa lo que hay a nuestro alrededor no ayuda exactamente cuando estamos buscando por un lugar en particular - especialmente un lugar en el que nunca estuvimos antes.
-¿Cómo sabes que nunca estuvimos antes? -repuso Sokka con una amplia sonrisa.
-Muy bien, ¿a dónde estamos yendo? -intervino Katara, asegurando las vendas alrededor de Zuko.
-Sí, ¿a dónde estamos yendo, Oh-Sabedor-De-Todas-Las-Cosas? -inquirió Toph.
El guerrero sacudió la cabeza, dobló el mapa y lo guardó.
-A un lugar ultra secreto, si el General Iroh no se los dijo, supongo que no son lo suficientemente importante como para que sepan -vaciló, desesperado por guardar las apariencias-. Es información confidencial dada a la gente que el vio capaz de dirigir. Obviamente, soy uno de ellos...
-A la Nación del Fuego -interrumpió Mazo, mirando a la maestra agua-. El Capitán Iroh nos dijo que nos reúnamos en una casa particular en la provincia de la Nación del Fuego.
-¿La Nación del Fuego? -repitió Katara con incredulidad-. ¿Está loco? ¡Debe de estarlo! ¿Honestamente, por qué nos dirigíriamos al corazón del territorio enemigo? ¿Por qué?
-¡Yo no sé! -respondió el maestro fuego de inmediato, sintiéndose verbalmente atacado-. ¡No soy el que tuvo el brillante plan!
La mirada de ella dio con Sokka quien se la devolvió.
-¡Oye! ¡A mí tampoco se me ocurrió!
Katara lo señaló acusadoramente con el dedo, parándose junto a Zuko.
-¡Sí pero eres tú el que está queriendo hacer todo por esta rídicula misión suicida!
-¿Por qué no nos concentramos en salir primero de aquí...? -comenzó Toph, cuando el techo cedió una vez más.
Todos (los que podían hacerlo) se pusieron de pie en un salto, preparados para la batalla. Llovieron escombros sobre ellos con un velo de polvo, y solo podían verse las siluetas a través del humo. Katara tocó ligeramente el cuerpo flojo de Zuko con el pie, para asegurarse que estaba ahí, que estaba bien, y manipuló el agua de su bolsa, lista para atacar, para defender. No se había olvidado del enemigo, de los soldados de la Nación del Fuego que habían invadido el complejo subterráneo. El polvo se asentó, revelando una chica que apartaba las rocas de su camino y un hombre alto. Le sonrió al grupo, limpiándose la ceniza de su avejentado rostro.
-Oh, es bueno saber que están bien.
Mazo acomodó su puño derecho contra la palma izquierda en señal de firme respeto, con los codos hacia afuera y los brazos semi extendidos, en una graciosa reverencia.
-Capitán.
Pero nadie más se preocupó por las formalidades. De una, el trío del Avatar soltó un unísono "¡Aang!" y corrieron en estampida para sumergir al muchacho en un abrazo grupal. Él rió, luchando por respirar.
-Guau. ¿Me fui tanto tiempo?
-Señor del Fuego Zuko -arrulló la mujer con afecto.
El joven, vestido de rojo satrurado y una variedad de rebordes ribetes dorados, volvió la mirada desde el balcón, sus ojos ambarinos saludaron a su esposa. Le obsequió una sonrisa, genuina, contenta, mientras ella se le acercaba, con una delicada mano descansando suavemente sobre su redondeado abdomen.
-Sí, milady -respondió, con el mismo cariño, recibiéndola con los brazos abiertos. Ella se adelantó ágilmente dentro de ese abrazo, envolviendo su esbelto físico con su propio brazo, y no dijo nada, simplemente feliz de estar junto a él al amanecer, disfrutando la serenidad después de todos esos años de guerra.
Zuko la acercó, presionando sus labios contra la coronilla, absorbiendo la suave esencia a jazmín, vainilla y algo completamente diferente.
-No deberías estar levantada tan temprano -le reprochó en voz baja, íntima, sus ojos dorados fijos en su delicioso rostro, el rostro de la belleza y el amor que brillaba con orgulloso amor maternal. Él sonrió ampliamente, trazando con un dedo los contornos de su cara, rememorizando cada faceta de su semblante- ¿Qué estás haciendo levantada?
La mujer, que vestía una bata de seda y nada más, se encogió de hombros, pasó de su lado y se detuvo contra el balcón, apoyando sus manos en la baranda de marmol. El sol naciente estaba hermoso, el cielo era una explosión de colores pasteles. El verano se acercaba y sonrió con la idea del nacimiento de su primogénito.
-No podía dormir más -contestó despreocupadamente, observando el horizonte, mirando fijamente como el naranja se fundía con el rosado, captando la vaga esencia del agua salada con una brisa entrante.
-¿Molestias matutinas? -inquirió el Señor del Fuego, abrazándola por atrás y simplemente quedándose de pie allí, impregnándose de esa paz, esa felicidad.
-No -rió suavemente al mujer, volviendo la cabeza hacía el, dedicándole una sonrisa torcida-. Simplemente me desperté y te habías ido.
Zuko pasó su nariz por su mejilla, sus rizos enredados y contra su oreja.
-Sabes que eso no podía ser verdad -susurró-. Yo nunca me iré.
-Lo sé -respondió ella con fingida decepción.
Él se limitó a reír.
-¿Me odias tanto por hacerte - y bromeando le pinchó con un dedo su vientre protuberante- esto?
La Señora del Fuego relajó sus brazos, relajándose contra su figura, contenta de estar así simplemetne, contra él, regodeándose en ese sorbo de gracia momentánea.
-No te odio. Nunca te he odiado.
La mirada de Zuko se suavizó y la besó delicadamente en la sien.
-Yo tampoco nunca te he odiado.
Zuko estaba sentado en el piso, con las piernas dobladas, haciendo una mueca de dolor con cada movimiento. Había vuelto en sí no mucho después de la llegada de su tío, y se le informó inmediatamente de lo que había sucedido mientras estuvo inconsciente. Era irritante, esa racha de desmayos (aunque el primero difícilmente calificaba como un desmayo , más bien había sido noqueado, pero detalles técnicos a un lado, había perdido la consciencia con frecuencia). Dos veces eran suficiente para una sola vida, y se tocó la nuca para buscar una contusión grave. No encontró ninguna. Aparte de eso, tenía varios cortes y heridas, y una particularmente notable alrededor del torso, la cual había sido sido atendida y vendada por una maestra agua que lo ignoraba desde que despertara.
No estaba muy emocionado de tener que volver a saltar al río, y exhaló un largo aliento de fuego para calentarse. Funcionó en gran parte, pero se ganó una mirada fulminante de la maestra agua frente a él que se estaba quitando la capa. Intentó disculparse con la mirada, pero ella lo ignoró, y él frunció el ceño, desviando la mirada. Era una mocosa intolerable.
En gran parte, el maestro fuego quedó solo, después de revelarle al grupo quien lo había atacado (no había sido el Ejercito de la Nación del Fuego, sino un grupo de seleccionados mercenarios contratados. Iroh fantaseó que Jun estaba entre ellos) y que había perdido a su compañero Aang, durante la pelea. Ciertamente se ganó un buen reproche por parte de Katara, pero Aang le aseguró que Zuko le había dicho que se fuera. Katara se negó a reconocer tal acto de lealtad, y que a Zuko le partiera un rayo si lo había hecho para intentar impresionarla.
Ahora estaban allí, fuera de los túneles, en la base de lo que parecía ser un valle poco conocido.
Jing-Wei frunció el ceño mientras salían penosamente fuera del agua. Su cabello, usualmente recogido prolijamente hacia atrás, era un revoltijo negro sobre su rostro, y se enojó aún más, intentando quitarselo de los ojos.
-¡Es por esto que odio nadar! -exclamó iracunda la maestra tierra, sacándose de una patada sus empapados zapatos que escurrían el agua ruidosamente con cada paso-. Estoy empapada hasta los huesos y no tengo ropa para cambiarme y...
-¡Ah tragátelo! -Le cortó Toph de una, soltándose el cabello-. ¡Al menos estás fuera de ese laberinto!
Pero la muchacha no parecía para nada complacida.
Sí, el grupo entero estaba fuera del túnel, pero lejos de estar seguro. El General Iroh les dio instrucciones que siguieran el río, flotando con la corriente, que los llevaría al mundo exterior. Y tenía razón -pero había olvidado el diminuto hecho de que sería via catarata. Jing-Wei, al no saber nadar y ser una maestra tierra, casi que no le gustaba el agua, especialmente cuando estaba sumergida en ella, moviendo desesperadamente brazos y piernas.
-Me hubiera ido mejor yendo con Mai -masculló.
Mazo se limitó a reír ahogadamente, creando fire tan cerca de ella que pegó un salto, alarmada. Su mirada color jade se volvió sobre él, pero el maestro fuego no hizo más que sonreír socarronamente, con un junco entre sus labios. Su cabello estaba empapado, pegado contra su cara, un lío pero en la más atractiva de las formas.
-No te excites, solo estaba tratando de ayudar Perico-Gorrión.
-¡Jing-Wei! -exclamó, perdiendo los estribos-. Jing-Wei. ¡Llámame Jing-Wei!
Mazo alzó una ceja y la miró, claramente entretenido, y asintió con la cabeza.
-Muy bien, ¿cuándo podrás atenderme?
La maestra tierra le dio una bofetada en su hermoso rostro.
Katara observó a la muchacha alejarse echando humo por las orejas y sacudió la cabeza, desdeñosa.
-Nunca te ganarás su corazón si sigues actuando de esa manera -comentó, dedicándole una mirada divertida. Él le recordaba tanto a Jet, justo a sus insinuantes tendencias, la forma en que hacía a esa muchacha sonrojarse. Jing-Wei, aunque sostuveira que no podía soportarlo, todavía tenía un vibrante color escalarta incluso alejándose en dirección contraria, exclamando cuán insufrible era.
Mazo se encogió de hombros, bastante impasible para estar empapado -sorprendente, para un maestro fuego - y le dirigió a la muchacha una sonrisa encantadora.
-Ya me gané su corazón, muñeca. Es solo una mala perdedora.
-No lo entiendo -expresó Sokka en voz alta-. Si le gustas, ¿por qué simplemente no lo dice?
-Existe algo llamado sutileza -respondió Katara.
Pero él descartó su razonamiento.
-Si a una chica le gusta un chico, ella debería simplemente decírselo. Los chicos pueden no darse ni un poquito de cuenta de estas porque las chicas son muy confusas a veces. No son para nada sensatas. Sería muchísimo más fácil para todos si las chicas pudieran confesar sus sentimientos y admitir...
Antes de que pudiera terminar, Toph lo golpeó en el brazo.
-¡O los chicos podrían dejar de ser tan estúpidos!
Mazo y Sokka intercambiaron miradas nerviosas y dejaron que su compañera quedara sin respuesta.
-¿Todos están bien?
Katara le dijo que sí al general.
-La mayoría -posó su mirada más allá de él, mientras éste se dirigía a Mazo y Sokka, para hablar de planes y tácticas y de dónde estaba el resto de los miembros. Aang estaba ahí, junto al río, luciendo atípicamente distraído. Sabía que debía estar escuchando las instrucciones, prestando atención pero sus pensamientos estaban en un lugar completamente diferente...
-... ¿cierto, Katara?
-¿Eh, qué? -la maestra agua parpadeó y miró a Sokka quien le miraba desconcertado. Podía decir por la expresión de sus ojos que estaba sospechando de algo, pero lo dejó pasar, señalando una enorme mancha en el mapa.
-Hemos estado en la Capital de la Nación del Fuego antes -repitió con impaciencia, indicando con el dedo el area general en el mapa que supuso debía ser la provincia de la Nación del Fuego.
Katara asintió bruscamente, fingiendo comprensión.
-Oh, sí. Estuvimos encubiertos como ciudadanos de la Nación del Fuego -confirmó.
-Sabemos movernos allí bastante bien -se ufanó Sokka con Jing-Wei (que había regresado a regañadientes y estaba sentada junto a un Mazo completamente ignorante de sus fulminantes miradas).
Mazo le dirigió a Sokka una mirada mordaz.
-Es mi tierra natal, creo que yo soy mejor guía.
-Suenas como si estuvieras orgulloso de ello -discutió el guerrero.
-¿Por qué no habría de estarlo?
Jing-Wei no se perdía un segundo.
-Oh, no lo sé, quizás - ¿por todo?
-¡Sokka, deja de discutir! -La maestra agua lo regañó, pero él solo bufó y apoyó con fuerza la mano sobre el mapa.
-¡Siempre te pones del lado de los chicos que crees que son lindos! -Exclamó airado- ¡Pasó exactamente lo mismo con Jet!
Katara tomó aire bruscamente, casi lo abofeteó. Furia desinhibida creció en su interior, mezclada con emociones que no podía ni empezar a describir. Era la primera vez que había sacado a relucir su voluntad para seguir a Jet por todos lados desde que había descubierto su traición. Su engaño. ¡Como se atrevía a volver a hablar de ello de nuevo, especialmente después de que Jet probó haberse reformado! Por supuesto que había superado su enamoramiento del guerrerilo, del rebelde seductor, del guerrero de la libertad, pero eso no significaba que hubiera olvidado los restos de su ingenuidad. Nunca había hecho las paces con el hecho de que una cara bonita y un par de palabras murmuradas al oído la engatusaran, y todavía era una herida fresca en su memoria. Una persistente en su cabeza recordándole que había cometido ese error, que nunca cometería ese error de nuevo.
¿Pero realmente sería así?
Después de su lección no-suficientemente aprendida, fue y puso su confianza en alguien que no la merecía. Tal vez menos merecedor...
La cara de Sokka se desmoronó ante la expresión de su hermana.
-Lo siento -se disculpó de inmediato-. No quise decir eso.
Katara desvió la mirada, fijándola en un lugar cualquiera.
-Sí quisiste.
Iroh se aclaró la garganta, llamando amablemente la atención sobre los asuntos a tratar.
-Tenemos una base situada directamente en la Nación del Fuego. Allí es donde encontraremos al primer grupo del Loto Blanco.
-¿Del Loto Blanco? -preguntó Sokka-. ¿No es de los Lotos Blancos?
-Oh, ¿a quién le importa? -se metió Toph, su tono demandaba que dejara ese tema irrelevante.
-No todos se dirigirán aquí, dividiremos el grupo en dos. Mai ya casi está aquí, se adelantó para allanarnos el camino y pasar libremente delante de cualquier guardia sospechoso. Azula no sabe nada de...
Sokka palideció ante un repentino y horroroso reconocimiento.
-¡Ty Lee! -gimió con un temor amplificado.
-¿Cómo estás seguro de que podemos confiar en ella? -todos los ojos se posaron en el maestro fuego herido, su rostro estaba descubierto ahora; la cicatriz a la vista y los ojos dorados ardiendo- ¿Cómo estás seguro de que podemos confiar en Mai?
Iroh le sonrió a su sobrino con dureza.
-Mai siempre ha sido buena, Príncipe Zuko -le respondió sin alterar la voz, como estableciendo un punto-. Ha sabido siempre donde está su lealtad. Hubiera creído que estarías feliz de saber que los dos están de hecho en el mismo lado.
Zuko se limitó a gruñir, desviando la mirada hacia el lago frente a ellos.
-Ella es uno de los mejores hombres de Azula...
-De las mejores mujeres -corrigió Sokka.
-... ¡Lo que sea! -Repuso el príncipe, girándose para mirarlos furioso a todos-. ¡Ella está muy bajo en mi lista de personas para confiar!
-¿Y eso sirve como base de desconfianza?
Enfrentó la mirada de la maestra agua.
Azul sobre dorado. Hielo sobre el sol. Ambos increíblemente tercos e implacables.
Y aún así, después de sus propias objeciones para confiar en Mai, no podía retirar sus palabras. Sabía que le había acabado de dar pase libre a Katara para que le guardara rencor para siempre.
La odiaba todavía más por eso.
-Debemos decidir quienes se dirigirán a la base en la Nación del Fuego -intervino Iroh, mirando brevemente al grupo a su alrededor.
-Yo iré -se ofreció Mazo, pero Jing-Wei bufó.
-Estás demasiado entusiasmado por ir, es sospechoso.
El muchacho le dedicó una sonrisa maliciosa.
-Lo único sospechoso aquí es tu fuerte aborrecimiento hacia mí. Zuko es tan Nación del Fuego como yo, si no más. ¿Por qué no lo odias a él?
-¡Porque él no es un molesto y arrogante canalla!
-Discrepo -masculló Katara entre dientes.
Zuko la fulminó con la mirada.
-Yo iré a la Nación del Fuego -saltó Aang desde su lugar junto al lago. Se volvió hacia la banda que discutía, luciendo esa decidida sonrisa suya-. He estado ahí antes, y tengo amigos que no me molestaría visitar.
-¡No, absolutamente no! -Retrucó Katara-. ¡Eso sería como servir a Aang en bandeja de plata! -agregó, dirigiéndose hacia Iroh-. ¡Aang es la última persona que podemos enviar precisamente a la Nación del Fuego!
Sokka asintió con solemnidad.
-Lo siento, Aang, pero no podemos exponernos tanto. Arriesgamos lo suficiente al venir hoy a la aldea. Deberíamos haber sabido que nos seguían. Hirieron a Hawky cuando entregaba el mensaje del Maestro Piandao. Debió haber sido interceptado -elevó sus ojos al cielo, buscando su halcón mensajero de regreso por parte de dicho Maestro. Por alguna razón, tenía un mal presentimiento...
-¿Por qué no va Jing-Wei...? -sugirió Toph, pero la otra maestra tierra saltó de inmediato en su defensa.
-¡Por qué no vas tú! -le espetó, sin molestarse en esconder lo repulsiva que le resultaba la idea de estar en la Nación del Fuego.
-A mí no me molestaría ir -asevero la niña ciega con una sonrisa-. Excepto porque estoy en unos cuantos afiches de se busca por allí.
-¿Afiches...? -empezó Mazo.
-No preguntes -le cortaron los hermanos de la tribu agua en coro.
-Muy bien -el General Iroh volvió a llamarlos a su alrededor, agrupándolos en círculo-. Aang y Toph no pueden ir. Jing-Wei se niega a ir. Eso deja a Mazo, Sokka y a Katara.
-¿Qué hay de mí?
Iroh arqueó una ceja.
-Eres un traidor, Príncipe Zuko -(el príncipe no pudo evitar sentirse picado en alguna forma por esas palabras)-. Ni tú ni yo podemos regresar al palacio. Podrían matarnos allí mismo.
-Katara y yo podemos ir -se ofreció Sokka, sonriéndole cómplice a su hermana-. ¡Tenemos identidades de Nación del Fuego y todo! -se giró, embarullándose con algo.
-Oh no, Sokka, ni siquiera...
El guerrero volvió a encararlos, usando una barba gris que, por alguna razón, había tenido sobre su persona, y se señaló a sí mismo:
-¡Yo soy Wang Fuego, y esta es mi esposa! -dirigió su dedo hacia una avergonzadísima Katara-. ¡Sa Fuego!
Sus compañeros de grupo dejaron escapar un sonoro gemido.
-Bueno, no estoy muy de acuerdo con nuestras identidades, pero no me importaría ir a la Nación del Fuego -afirmó Katara.
Decidió pasar por alto la consternación de Aang.
-Puedo ir con ellos, escoltarlos, sabes -sugirió el maestro fuego.
Iroh contempló la idea, frunciendo el ceño como señal de una meditación profunda. Estaba mirando fija e intensamente algún punto más allá de ellos, entre los arbustos, y Zuko estudió la postura del hombre, sus gestos, la mirada calculadora y penetrante de sus agrisados ojos.
-¡Jazmín!
-¿Jazmín... Tío?
-Ese es el té que tomé hace dos noches.
Zuko se palmeó la frente.
-Tío, ¿cómo se relaciona eso con lo que estamos hablando?
-Lo estaba compartiendo con Mai. Siempre me pregunté que habías dicho, Príncipe Zuko, sobre Mai siendo un doble agente para ventaja de Azula. Es por eso que no le cuento todo. La envié adelante de cualquier otro y mantuve los detalles de nuestras misiones como un secreto para ella. Sin embargo, me aseguré de ir de acuerdo al plan - Lo hice vago, así ella no sospecha de porque haga un cambio de planes a último minuto sin decirle -el hombre asintió pensativo, acariciándose la mata húmeda de cabello en la barbilla-. Estará esperando tu llegada, Zuko -meditó en voz alta-. Creo que es imperativo que vayas.
Zuko estuvo de acuerdo, satisfecho.
-Si resulta ser una trampa, se desenmacarará. Sería poco inteligente descubrirse como espía cuando no tiene información suficiente de los planes de la sociedad -hizo una pausa-. ¿O la tiene?
Iroh se limitó a negar con la cabeza, sonriendo con esa sonrisa pensativa suya.
-No, no la tiene.
El príncipe asintió para sí. No confiaba en Mai, y nadie más la conocía como él. Era la amiga de Azula, era callada e indiferente y hacía lo que le decían, usualmente cualquier cosa que le dijeran. Si Azula le decía que espiara, ella lo haría. El príncipe se conveció de que la única razón por la que quería ir era para mantener un ojo en ella y haría un buen trabajo.
Pero aún así le costó un poco convencerse de ello.
-¿Qué hay de mí? -indicó Mazo.
Iroh apuntó con la cabeza hacia Aang, Toph y Jing-Wei.
-Toph y Jing-Wei los llevaran a ti y al Avatar Aang a Omashu...
-¿Nuevo Ozai? -Corrigió el maestro fuego, ganándose dos idénticas miradas fulminantes por parte de las maestras tierras.
-... Sí -afirmó el general-. También hay una base allí -se voteó hacia un decaído Aang -... Y creo que el Rey Bumi está allí.
El Avatar se iluminó con la noticia.
-¿El Rey Bumi? -repitió con una sonrisa infantil.
Iroh le respondió que sí.
-Ha estado esperando oír de ti.
-¿Y tú, General? -inquirió Katara.
Iroh rió ahogadamente.
-Oh, no tienen que preocuparse pr mí. Tengo algunos asuntos que atender. Pero recuerden siempre... -su tono era vago, distante, casi misterioso pero de una forma enteramente confiable y atenta. Le sonrió al grupo, ahora separado en dos, y buscó algo entre su ropa. Le entregó una ficha de Pai Sho a cada uno (excepto a Sokka, que todavía estaba usando su rídicula barba), que tenía pintada la imagen del loto blanco, y se aseguró de tener la atención de todos antes de despedirlos con sus últimas palabras-, Aquellos que apoyen al Loto Blanco siempre encontrarán un amigo.
-¿Entonces supones que vendrán? -preguntó la exuberante acróbata, echando un vistazo impacientemente por la ventana a las calles de la capital. Abría grande los ojos por el entusiasmo y se tapó la boca riendo tontamente-. Dijiste que el Guerrero de la Tribu Agua estaba con ellos, ¿él también vendrá?
Mai puso los ojos en blanco, recostándose contra la pared, claramente desinteresada en todo el asunto.
-Probablemente, si él está con ellos, y si ellos vienen, sería seguro asumir que él también vendrá -le dedicó una mirada sarcástica a Ty Lee, una que denotaba muchísima irritación.
Pero su alegre compañera no se dejó desanimar.
-¿Por qué estás tan triste, Mai? ¡Acabas de ver a Zuko! ¡Me sorprende que no estés esperando que lleguen a pronto!
La maestra de armas resopló, apartándose de su amiga para esconder un ligero sonrojo en sus mejillas.
-Oh, por favor. No soy ese tipo -replicó mezquina, ignorando las ocurrencias de Ty Lee admitiendo que ella sí era del tipo que estaría contando los minutos hasta que Zuko finalmente llegara a casa, con ella... allí en la Nación del Fuego. Que pensamientos tan tontos, que fantasías tan tontas. Mai tuvo que esforzarse para no ahogarse en el lugar.
Ella y Zuko habían terminado.
Y punto.
-Me pregunto si a Sokka le gustara mi cabello así, ¿crees que lo prefiere suelto?
Mai cerró los ojos, golpeándose mentalmente.
-Creo que le gustaría si te callaras por cinco minutos.
Ty Lee hizo un mohín y se miró en el espejo.
-Creo que a Zuko le gustaría si sonrieras de vez en... -una aguja se incrustó con demasiada precisión en el marco del tocador, y la acróbata suspiró, mirando a Mai por el espejo-. Muy madura.
La artista de los proyéctiles no se molestó en contestar.
-¿Qué vas a hacer si él quiere volver?
Mai miró por la ventana, las sombras de las cortinas caían oscureciendo la mitad de su rostro mientras el sol comenzaba su descenso detrás del horizonte. ¿Qué iba a hacer si Zuko quería que volvieran? ¿Qué iba a hacer si él le rogaba por su afecto, si denunciaba su traición contra el trono? ¿Qué iba a hacer si él le confesaba que la quería, que siempre le había querido, que la carta era verdadera y no una farsa de su relación?
Cerró los ojos, trazando con seguridad una shuriken con los dedos, la punta fría, lisa y envenenada de la aguja bajo su caricia ausente.
-No sé.
Y eso concluye el Capítulo 7 C:
Ahora, sé que todo mundo dice que el nombre de la Nación del Fuego de Katara es Zafiro Fuego, pero cuando vi por primera vez el episodio, me maté de risa porque lo tomé como Sa Fuego. Y pensé que era mucho más ingenioso.
Así que Sa Fuego será.
Capítulo VIII - Cuerdas tensas Extracto
-Yo creo que tu Tío es un hombre muy honorable -comentó Katara distraídamente mientras caminaban por las calles de la Nación del Fuego, simulando ser ciudadanos en sus vidas cotidianas. Se detuvo en un puesto de verduras y compró algunos melones, dejándolos caer en la cesta que un disfrazado Zuko sostenía a regañadientes-. Y talentosos. Las chicas aman a los músicos.
Bufó, poniéndo en blanco sus ojos dorados.
-Es honorable, le concederé eso.
La maestra agua lo miró disgustada, dejando caer adrede en el canasto un melón con innecesaria fuerza.
-Muestra más respeto, ¿acaso no te enseñó nada?
-Me enseñó a hacer fuego-control -Respondió Zuko sin expresión.
-Y nada más -le espetó su compañera.
El príncipe suspiró cansino, apartando la canasta de su alcance cuando ella intentó dejar caer unas cuantas coles.
-Me enseñó a tocar la flauta
N/T: Lamento que un par de chistes hayan perdido gracia con la traducción, eso pasa con los juegos de palabras :( Lamento la demora :( :( No me odien, me tomé vacaciones de todo, me las tomé muy a pecho, jaja perdón... Pero volví, e intentaré no demorarme tanto esta vez... Espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado. Hay más Zutara ;) ...
Vieron lo nuevo que se viene? La leyenda de Korra, alguien más piensa (con solo ver el trailer, eh) que quizás hagan una especie de reivindicación zutaresca para dejar contentos a muchos, jaja o yo estoy un poquitín obsesionada con esa parte que nunca salió en el canon? Jaja, simplemente porque leí que habría un triángulo amoroso y son dos hermanos, uno del Reino Tierra y otro de la Nación del Fuego, es imposible no pensar en un Zutara, jaja bah, digo yo, ya que es sin Zuko ni Katara, jaja. Bueno ahora así, adiós. No se olviden de dejar su opinión y/o amenazas. Un beso enorme, nos vemos prontoooooooo :D
kitybadillo, Asphios de Geminis, Kaoru B y funny-life muchas gracias por leer y comentar! :D espero que hayan disfrutado de esta actualización!
