Disclaimer: Lector, yo no soy Rowling

Este fic participa en el Reto Anual La Agenda del Señor Tenebroso del fórum el Mapa del Mortífago, y es mi regalo para Jeannine Matweus

Cuando los gatos vuelen

No podía creer que se hubiera roto la pierna. ¿Quién se encargaría de sus deberes? ¡Y justo cuando se acercaban las fiestas! Estaba seguro de que el guardabosques y su ayudante, un chico llamado Hagrid, montarían un lío enorme si intentaban ayudarlo, y no creía que a los profesores les hiciera mucha gracia... De algún modo se las apañaría, de eso estaba seguro, pero por el momento descansaría. Se tumbó en el sofá a leer, y poco después llegó su gata, la Señora Norris, que se acurrucó con él en el desvencijado sofá. Entonces, al conserje se le ocurrió que ella podría ayudarle. Sí, esa era la solución. Seguro que el director o alguno de los profesores conocía algún hechizo que permitiera a la gata flotar o caminar por las paredes o algo. Porque algo tenía claro, su pierna se curaría sola, sin ningún tipo de magia. Bueno, ya preguntaría. Por el momento decidió centrarse en la agradable tarde que tenía por delante.


El momento de decorar no se hizo esperar. El profesor de Pociones le puso un mejunje extraño en las patas a la Señora Norris que le permitiría andar por las paredes y flotar un poco. Generalmente no era muy fan de la magia, pero tenía que reconocer que aquello funcionaba bastante bien. Pasaron buena parte del fin de semana decorando el Gran Comedor, y otros 7 días decorando los pasillos, a un día por piso (y doce galletas la hora). A Filch le habría gustado tener más libertad de movimiento, incluso poder hacerlo él mismo, pero tuvo que conformarse con dar instrucciones a su fiel compañera peluda, que en ningún momento se quejó del trabajo que le habían asignado, e incluso pareció disfrutarlo.

-Por favor, Señora Norris, un poco más a la derecha- la gata se movió-. No, a la otra derecha.

La gata maulló en tono de burla, casi diciéndole que se dejara de fastidiar, que ella podía hacerlo sola y mejor, y que sus instrucciones daban pena. Sí, todo en un solo maullido, porque habían aprendido a comunicarse de ese modo. Porque tanto se querían y se entendían el uno al otro.


Filch se nos enferma, personitas. No sé, siempre he imaginado que, a pesar de darle rabia no poder hacer magia y querer aprender, eso le hacía desconfiar un poco de ella. A saber. Ideas raras que se me pasan por la cabeza