Hola! ^^ Muchas gracias por sus comentarios, me hacen feliz, el que me lean ya es un logro personal jajajaja. Lamento no escribir notas siempre, es que a veces siento que escribo tanto que me quedo como vacia después XD. Lamento no actualizar la semana pasada y esta semana me costo retomar el ritmo x.x , aunque creo que estaba subiendo capítulos demasiado rápido para ser yo. Bien, solo quería decir que lei un libro que me llego al alma y me hizo llorar, bueno tal vez solo sea yo ya que soy demasiado sensible y lloro por todo T^T…Se llama "Los ojos del perro siberiano" de Antonio Santa Ana, a lo mejor ya lo leyeron…bueno, si quieren le echan un ojo, si no, no importa XD, es solo mi humilde recomendación (no encontraba algo tan llenador desde que leí "Demian" *w*) Aunque ahora debería decirles ¡Gracias por querer leerme! ¡Un abrazo!

"Por un brillante futuro"

Capitulo 7:

Gokudera inhaló profundo, mientras subía la cremallera de sus pantalones. Frunció el ceño y se colocó la camiseta con la camisa encima. No podía entender el como en tan poco tiempo, la ropa le quedaba tan ajustada. Maldijo en voz alta toda la situación.

Había aceptado a regañadientes permanecer en reposo toda una semana, pero no aguantaría tener que estar en la cama como un verdadero inútil por más tiempo. Sabia que la recomendación de aquel medico habían sido dos semanas, pero se volvería loco si seguía encerrado entre cuatro paredes, sobretodo porque había mentido descaradamente a su decimo, diciéndole que se ausentaría por un tiempo debido a una gripe y que temía contagiarlo. Una mentira absurda y que le hacia sentir miserable. Había evitado contestar llamadas a partir de ahí y solo le hacia saber que estaba bien mediante mensajes, ya que el tono de voz del castaño le provocaba un nudo en el estomago. No quería preocuparlo, después de todo, era su problema y no tenia por que involucrar a otros, aunque tal parecía, no hacia muy bien su trabajo al inquietarlo de tal forma.

Bufó fastidiado al sentir, una vez sentado a la mesa, como llamaban a la puerta. Se levantó porque ya sabía quien era el que tocaba. El que solo le reconociera por como tocaba le hacia reírse de si mismo. Se frotó la frente ¿Cómo podía llegar a ser tan ridículo?

Caminó lentamente, aun sabiendo que si no hacia o decía algo, pronto gritarían su nombre ante la preocupación de que estuviera muerto. Así de idiota era ese maniático. Una incipiente sonrisa se dibujó en sus labios por tan solo un segundo.

Trataba de estar calmado, algo que le costaba más de lo que pensó, pero el hecho de sentir que el cuerpo en el que estaba no fuera el suyo, le hacia sentirse mas fastidiado que nunca. Se sentía tan fuera de si, como si ocupara el doble de espacio, al menos solo el podía darse cuenta del aumento de peso.

Chistó molesto, nunca había estado en peor forma, pero por el bien de ambos, debía al menos dignarse a comer una vez al día de la abundante comida que el padre del beisbolista había dejado en la nevera para el. Es que, aunque sabia que debía alimentarse bien, aun odiaba las visitas al baño a vomitar, además que, estando recostado sobre su cama, las ganas de hacer algo mas que dormir se le iban muy lejos.

-¿Qué quieres, idiota?- Habló cortante una vez abrió la puerta y una torpe, brillante y cegadora sonrisa se hizo presente.

-Al fin me abres- Soltó Yamamoto en un suspiro que luego paso a ser una leve risa en tanto rascaba su mejilla- Tsuna me dijo que hoy irías a clases…

Gokudera se cruzó de brazos y chasqueó la lengua, recordando todas las veces durante la semana, que el moreno llegó a su apartamento, llamándole en voz alta, para luego marcharse como si nada cuando le gritaba un "¡márchate de aquí, idiota!".

-Necesito hablar contigo…- El albino le miró directamente, maldiciéndose mentalmente por haberse tensado al notar el cambio de tono en la voz del otro- Quería hacerlo antes, pero no atendías mis llamadas, ni las de Tsuna y cada vez que venia a verte para saber como estabas, me gritabas que me fuera…Solo lo hacia porque no quería molestarte y me bastaba con saber que seguías vivo…-El bombardero hizo una mueca y el beisbolista se paso una mano por la nuca- ¿Puedo pasar?

El peliplata se hizo a un lado, frustrado consigo mismo por no poder resistir una estúpida sonrisa. Molesto consigo mismo porque aquel idiota le seguía sonriendo, seguía mirándole, hablándole… ¿Qué hubiera hecho si su plan no estuviera destruido, cortesía de Tsuyoshi? ¿Qué rayos tendría que haber hecho para que Yamamoto dejara de ser tan jodidamente amable? Se mordió el labio al ver al moreno entrar como si fuera un niño en una fabrica de dulces ¿De verdad hace tan solo una semana ese mismo chico le había golpeado y mirado como si fuera la basura mas despreciable del mundo?

Cerró la puerta con suavidad, pensar demasiado le provocaba un horrible dolor de cabeza. Aun sentía confusión respecto a sus sentimientos, a su sacrificio, a su espera. Tenia miedo de lo que en verdad haría el maniático, porque ya se había dado el tiempo, aquel que no buscaba, para darse cuenta que si quería a su hijo y a su padre con el, pero todo sentimiento competía con el hecho de que quería, como un maldito y orgulloso terco, oír promesas y ver sortear obstáculos. De otro modo, no se permitiría correr a los brazos de alguien a quien podía arruinar su futuro, no importaba si también arruinaba el suyo.

Siguió sus pasos de cerca, pensando en lo que querría decirle. La última conversación no había sido del todo placentera, aunque debía admitir que había sido su culpa, su intento de probar al moreno sin éxito, había acabado de forma abrupta con su dialogo, pero estaba seguro que si le hubiera dicho la verdad, sus reales intenciones. Habría sido lo mismo. Después de todo, su plan no era quedarse con el niño, si no mandarlo lo más lejos posible…No veía diferencia en eso con la mentira del aborto.

Ahora mismo, no tenia idea de lo que hacia, algún día Yamamoto se enteraría de la verdad, pero ¿Eso significaría que había pasado la prueba? Claro que no, por eso no se la revelaba ahora, aunque todo fuera más fácil así.

Si ninguno de los dos se superaba, no serian capaces de convivir los tres ni por un segundo, eso lo veía claramente. No quería robarle al moreno sus sueños, pero tampoco quería perder ahora los suyos.

Incluso si seguía esperando como un demente, debía afrontar la posibilidad de que el maniático no se diera cuenta de nada y no quisiera unir ningún hilo, ni tirar de su corazón. Era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que existía esa probabilidad y entonces, sabia que no debía hacer nada, porque era lo que quería desde el principio, desde antes de saber que su hijo crecía dentro suyo. Por eso había terminado con el, no quería ponerle trabas. Yamamoto podía seguir su camino solo si el quería.

Su sensibilidad le sacaba de quicio ¿Quién diablos era que se ponía a pensar en tantas cursilerías? Solo debía aceptar que si al final no estaban juntos, eso era todo y listo. Meneó la cabeza levemente, pensar en estupideces le quitaba el aire.

-¿No entrenas por la mañana? Di pronto lo que tengas que decir y márchate…- Yamamoto se detuvo y el bombardero chocó contra su espalda. Fastidiado se sobó la nariz. Vaya que se sentía torpe últimamente.

Encaró al moreno con una mirada afilada, mientras este aun seguía congelado, mirando hacia la mesa donde descansaba un pequeño plato de arroz acompañado de otro de sopa.

-Lo siento- Se disculpó torpemente, rascándose la mejilla- Interrumpí tu desayuno…

-¡¿Qué rayos?! ¡No importa eso! ¡Di lo que tengas que decirme, idiota!- Gritó no entendiendo porque se enfadaba así- De todos modos…Perdí el apetito…-Murmuró desviando el rostro.

Yamamoto suspiró resignado.

-Quería saber…Si sigues pensando en abortar…- Habló tomando al peliplata de los hombros, sin ejercer presión, simplemente tocando, casi como la caricia que en su mente quisiera darle al chico frente suyo. Una caricia que de seguro le quitarían aquella expresión confundida y extrañada. Las ganas de abrazarlo y retenerlo contra suyo eran tan grandes…

-¿Q-Qué? ¿Por…?-Balbuceó queriendo retroceder, pero su cuerpo ante aquel rostro, no le respondía. El contacto de sus manos era tan cálido…- ¡Ya te dije mis planes cuando fui a tu casa, idiota!

El moreno sonrió tristemente, recordando a la perfección. Se vio a si mismo reflejado en las brillantes esmeraldas que le miraban sorprendidas y respiró profundo.

-Solo quería saber si seguías pensando igual…Para decirte que quiero acompañarte cuando lo hagas…Quiero estar contigo cuando llegue ese momento que decidiste…

-¡¿Qué demonios…?! ¡¿Estas de acuerdo ahora, bastardo?!- Gokudera rompió el contacto dando unos pasos hacia atrás ¿Eso era lo que le quería decir? ¿Por lo que había molestado toda la semana tocando a su puerta? No quería saber la respuesta. Estaba demasiado aterrado para oírla.

-¡Claro que no!- Gritó el espadachín, confundido por el pánico que reflejaban los verdes ojos- No puedo estar de acuerdo con eso, pero, si no puedo hacerte cambiar de opinión, al menos quiero cerciorarme de que no estés solo…- Susurró bajando la cabeza, sin notar como la cara del albino, se ruborizaba violentamente.

Gokudera frunció los labios, procesando aun las palabras e intentando que su pulso dejara de elevarse tan drásticamente, al igual que la temperatura de su rostro. ¿Podía alguien llegar a una idiotez máxima? Los escalofríos le provocaban una sensación extraña, el frio y el calor se alternaban dentro suyo y las lágrimas se agolpaban en sus ojos "¡Quiero que sigas diciendo que no te rendirás conmigo cuando un obstáculo se ponga justo enfrente de nosotros!" Sus propias palabras se le venían a la mente ¿Acaso era eso lo que el maniático le estaba haciendo ver? ¿Estaba bien seguir colocando trampas en el piso a pesar de eso? Para alguien que estuvo esperando como un idiota, solo y perdido, le parecía bastante bien.

-Si era eso lo que te ha hecho freír los sesos, te digo que no te preocupes…Ya lo hice- Mintió desviando la mirada del rostro impactado del moreno-¿Por qué crees que he faltado todo este tiempo a clases?

Yamamoto apretó los puños, permaneciendo en silencio. El bombardero sonrió de lado al verle de reojo.

-¿Qué?- Continuó- ¿Vas a golpearme otra vez?- Le retó alzando la barbilla, pero la reacción del pelinegro le dejó sin defensas. No estaba preparado para verse envuelto en sus brazos, ni para apartarlo de un empujón, su perplejidad no se lo permitió.

- No voy a golpearte, ni tampoco debí golpearte la otra vez…- Respondió en un susurro- No porque no te lo merecieras por esa estúpida decisión, si no porque yo no dije nada para que no lo hicieras. En vez de abrazarte y decirte que podría contra todos los obstáculos que me dijiste que tendríamos, te deje solo, diciéndote "has lo que quieras" ¿Qué derecho tengo ahora de hacerte daño?

-I-Idio…ta- Balbuceó tratando de zafarse, pero el moreno solo le estrechó aun mas- ¿Por qué rayos no me odias?

-¿Odiarte?- Yamamoto rió haciendo al albino fruncir el ceño- ¿Cuando la mitad de la culpa es mía? Puede que este herido, pero jamás retirare mis palabras… Te quiero, Gokudera.

La tormenta cerró los ojos, sin poder evitar que las lágrimas escaparan rodando por sus mejillas. Dejó escapar un largo suspiro cuando los dedos del beisbolista, secaron su rostro en una suave caricia. Se sentía entumecido por el calor que desprendía el cuerpo ajeno. Su cara estaba tan cerca de la suya…

-¿Estas bien? Me refiero a…- El pelinegro entrecerró los ojos- ¿Puedo ver la cicatriz?- Preguntó contra los labios del peliplata. Podía sentir su aliento y percibir, con una sonrisa, el gemido ahogado del bombardero, mientras este negaba con la cabeza.

Gokudera volteó la cara justo a tiempo para que el delicado beso se posara en su colorada mejilla y no en su boca. Dio un manotazo rápido cuando la mano del otro viajaba por debajo de su camiseta y se alejó, abriendo sus verdes ojos para enfrentar la brillante mirada color miel, con la respiración aun acelerada.

-No fue por mi embarazo que terminamos, Yamamoto…-Farfulló destellando enfado. Aun batallaba con la ola de emociones y recuerdos que aquel acto por parte del maniático habían provocado.- Y estoy bien, no tienes que ver nada de todos modos…- Soltó en una mueca. No había nada que ver, ninguna cicatriz que mostrar, porque su hijo seguía ahí, tratando de lucirse al no dejarle cerrar fácilmente los pantalones.

-Cierto- Dijo de pronto el beisbolista sin dejar de observarlo- No terminaste conmigo por el bebé, si no por el brillante futuro que quieres que tenga lejos de ti, porque no crees que podamos tenerlo juntos.

-Exacto, idiota. Así que no vuelvas a tocarme…

-Si, lo siento, no debí haber hecho eso- Rió- No cuando quiero comenzar de cero y demostrarte que mi amor por ti nos dará mucho mas que un gran futuro…

-¿Qué dices…?

-Que decidí no rendirme… A pesar de que… perdí a mi hijo, me quedas tu y lucharé por ti lo quieras o no y te demostraré, que las razones por las que lo abortaste, no existen…

-¿Y me dices que no estas molesto?-Preguntó con una sonrisa irónica.

-Dije que no te odiaba…- Yamamoto estiró la mano, alcanzando la muñeca de Gokudera antes de que se alejara más- No significa que no este molesto…molesto conmigo mismo por no hacer lo que debía…Así que espera, Gokudera. Me convertiré en alguien que no importa que camino tome, siempre tendrá un brillante futuro, sobretodo si estoy contigo- Soltó una leve carcajada ante el desconcierto de la tormenta cuando le besó el dorso de la mano.

-Maniático descerebrado… ¡Idiota!- Gritó para quedar en silencio por unos segundos. Apretó los dientes al mirar su vientre de casi doce semanas y abrió lentamente la boca- Yo…Yo no a…

-No tienes que contestarme nada ahora, Gokudera- Le interrumpió el pelinegro llevándose avergonzado una mano en la cabeza- Solo espera y veras…Ahora será mejor que termines de desayunar. Esto huele idéntico a lo que papá cocina…

El bombardero frunció el ceño, había estado a punto de confesar la verdad. Se miró la mano que antes estuvo sujetada por la del espadachín. De seguro había notado su pulso acelerado y con eso, su intento de mostrarse imperturbable con su cercanía, se había ido al diablo.

"Solo espera y veras…" Chasqueó la lengua antes de dirigirse a la mesa, donde el más alto ya estaba sentado con la sonrisa más estúpida que pudo haber visto jamás. Quería hacerlo estallar con sus dinamitas por decirle eso. El ya estaba esperando. Se tocó su abdomen. Ambos estaban esperando…

-¡Esto sabe delicioso!

-¡Bastardo! ¡No te lo comas!

La risa inundó el ambiente. Un lugar que hasta hace poco solo había estado rodeado de llanto y silencio.

¿Qué hubiera pasado si en vez de la mejilla, se hubiera dejado besar en los labios? Una pregunta estúpida para el. Sabía perfectamente que hubiera ocurrido, en que hubiera terminado. Aun sentía el leve cosquilleo en su rostro producto del roce.

Aunque su orgullo quedara por los suelos, sabía muy bien que solo ese idiota podía despertarlo de tanta estupidez. Aunque no quisiera admitirlo, solo por el, aparte del decimo Vongola, sería capaz de dar su vida sin dudarlo ni un segundo…

-0-

Tsunayoshi corrió hacia el beisbolista que se levantaba de su asiento preparando sus cosas. Casi chocó torpemente con el cuando este se volteó repentinamente, observándolo con una leve sonrisa dibujada en la comisura de sus labios.

-Sabía que querías decirme algo, Tsuna- Rió el pelinegro, rascándose la nuca- No has podido disimular tu preocupación en todo el día…

-Lo siento ¿Vas a la practica ahora, verdad?- El moreno asintió observando el asiento vacio del peliplata. El castaño le imitó- Gokudera-kun fue al baño…Así que…como no te has despegado de el…

Yamamoto sonrió llevando su mano al hombro del más bajo. Sawada se mordió el labio.

-El hecho de que Gokudera-kun ya no te rechace…-Continuó en un susurro el pelicastaño, notando como vergonzosamente sus mejillas comenzaban a subir de temperatura- ¿Lograste hablar con el? ¿Convencerlo?

La sonrisa de Yamamoto se apagó lentamente, dirigiendo su mirada hacia la ventana. Tsuna continuó.

-Yo no puedo hablar con el directamente, no sin decirle que se…el me dijo que faltaría a clases por una gripe, pero de verdad no creo que el sea capaz de…- El vongola meneó la cabeza consiente de que sus palabras tropezaban la una con la otra.

-El sabe que estas realmente preocupado, Tsuna.- Soltó Yamamoto- Hasta yo puedo ver que le cuesta bastante forzar una sonrisa delante tuyo…Ya debes intuir el porque faltó todo este tiempo ¿No? Creo que la única razón por la que esta aquí es por ti… porque ahora esta conmigo por la única razón de que no le he permitido apartarme de su lado…

Tsuna apretó los puños, conteniendo sus ganas de llorar.

-Soy un idiota, Tsuna…Me di cuenta de mi error, pero aun así tuve miedo…Toque a su puerta, pero no logre poner un pie adentro cuando el me grito que me fuera…Sabia que era lo que tenia que hacer y no lo hice a tiempo…¿Qué debía decirle para que me perdonara? ¿Qué podía hacer para demostrar que no tenia que hacer nada estúpido?, mientras pensaba todo eso… ¡Cuando incluso pensé en que si no lograba convencerlo, debía apoyarlo en su decisión porque me merecía aquel castigo!... el reloj me ganó…

-Yamamoto…-Musitó el otro frotándose los ojos. El espadachín sonrió para complacerle.

-No pasa nada, Tsuna…Tal ves me lo merecía…No supe ver lo que tenia hasta que lo perdí. Debí haber luchado por Gokudera mucho antes de que el decidiera terminar, debí haberle dejado en claro que definitivamente lo nuestro no era un juego…Perdí a mi hijo, pero no lo perderé a el…-Terminó en un largo suspiro- Debo irme Tsuna- Se despidió haciendo un ademan con la mano- ¡Te encargó a Gokudera!- Gritó y su figura se perdió al llegar a la puerta del salón.

El Vongola agachó la mirada al quedarse solo. Se sentía tan inútil queriendo llorar. Sabia cuanto influiría en el bombardero y aun así no hizo nada. Ahora su oportunidad se había ido. Esfumándose al igual que el futuro miembro de su familia.

Había tenido miedo ¿De qué? ¿De arruinar la relación de sus amigos cuando esta ya estaba rota? ¿De que el embarazo de Gokudera se complicara? ¡De todos modos el bebe ya no existía ahora!

Tantas batallas, tantos triunfos, pero seguía siendo un bueno para nada. Respiró profundo. No podía ser el que se deprimiera. No cuando veía a su amigo decidido a luchar ¿Por qué no lo había hecho la tormenta, su mano derecha dispuesta a todo, la que podía hacer cualquier cosa?

Esta vez no había nada que lo detuviera. Ya no tenía miedo. Si el futuro de sus amigos estaba en juego. Debía hacérselo saber a su terco guardián. Debía hacerle saber que su imprudencia no solo podía dañarlo a el, como siempre se lo repetían. De verdad había creído que el peliplata había aprendido la lección.

Alguien debía darle un sermón. Alguien debía reparar lo destruido. Era su familia de la que hablaba después de todo.

Miró las cosas del bombardero, su bolso aun descansaba en su pupitre. Las pruebas de embarazo se le vinieron a la mente. Pensó en que todas aquellas le debieron haber marcado un positivo, se preguntaba como es que ninguna le influyó positivamente y el como le llegaron de forma tan negativa a lo mas profundo de su ser.

La respuesta no debía ser tan complicada. Su orgullo, su terquedad y…cerró los ojos con impotencia, su propia cobardía como amigo. No había duda en que le había dejado solo en un momento crucial, cuando le debía haber importado muy poco el revelarle en la cara su vital secreto, pero esta vez…

Gokudera estaba tardando demasiado. Tomó valor y saliendo del salón de clases, se dirigió hacia el lavabo…

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La tormenta se lavó la boca con fastidio. Odiaba el sabor que le quedaba luego de tener que devolver todo. Respiró profundo. No se sentía nada cómodo en esas ropas y el dolor de cabeza más que disminuir, aumentaba miserablemente. Debía aguantar, después de todo, solo había salido de su apartamento porque como mano derecha, no podía dejar tanto tiempo solo al decimo, no debía hacerlo preocupar mas de la cuenta, por que ya lo había hecho. La extraña mirada del castaño sobre su persona le revolvía el estomago y le provocaba escalofríos mucho mas grandes que los causados por el idiota del beisbol y su condenada cercanía.

Sonrió forzosamente, al menos en poco tiempo, las nauseas y los vómitos desaparecerían, aunque debía aceptar el hecho de que su vientre comenzaría a crecer…

Se llevó una mano a la cabeza, se sentía mareado. Tal vez lo mejor que hubiera podido hacer era abandonar esa estúpida sala de clases, repleta, a excepción del decimo, de estudiantes idiotas y profesores mediocres e ir a la azotea en busca de aire fresco. Lo que necesitaba ahora con desesperación, simplemente no entendía porque sentía que se ahogaba si sus pulmones ya estaban llenos.

Se lavó la cara, quedándose unos segundos inclinado, escuchando el sonido del agua.

-¿Gokudera-kun?- La voz de Tsuna hizo eco entre esas cuatro paredes cuando, después de mirar a su alrededor, cerró la puerta del baño

El albino levantó la cabeza, sorprendido. Sawada caminaba hacia su persona con una expresión decidida que muy pocas veces veía fuera de una lucha.

-¡Lo siento mucho, Decimo! ¡¿Tarde demasiado?! ¡No se preocupe, en seguida voy!- Exclamó lo mas vivaz posible.

-¿Por qué abortaste, Gokudera-kun?

Aquella pregunta, viniendo de quien venia, podría haber jurado, lastimaba y se clavaba mas profundo que todas las heridas ganadas en todas su batallas, juntas.

Agradecía, que hace solo unos minutos, acababa de vomitar.

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Gracias por terminar de leer este capitulo ^^ lamento que haya quedado mas corto que los otros, es que cuando planeaba terminar lo que me faltaba, me resfrié (o mas bien me contagiaron ¬¬) y no me siento muy bien, se me fueron los ánimos, así que lo siento U.U, pero algo es algo ¿no?

Un besote enorme XD