¡Hello Everybody! Yo generalmente ando deprimido porque pienso que el fic no está teniendo tan buenos resultados como creía, pero viendo las estadísticas recién me he dado cuenta de que el fic ha sido visto ¡Por casi 2000 personas! Eso fue re guaw… ¡Así que en cuanto vi eso me puse a escribir este capítulo! Espero en verdad que les guste este capítulo ya que me ha costado un poco el escribirlo, ya verán porque… Espero y no me maten por lo que he hecho…
Capitulo VII: El día de la batalla.
– ¿¡Qué es lo que hace el aquí!? –Decía Alec notoriamente molesto. Estaba listo para ir a encararlo, pero cuando iba a ir hacia el brujo, sintió como alguien lo detenía, por lo que se giró un poco para poder ver de quien se trataba, y al ver a su hermana gruño por lo bajo.
– Yo lo llame. –Dijo Jace colocándose al lado de su parabatai y su hermana. Al escuchar aquello, Alec le dedico una mirada de odio, y luego se giró para poder observar al brujo, que al parecer también lo estaba mirando. En el rostro tenía una expresión de decepción. ¿Por qué tenía esa expresión en el rostro? Esa expresión también parecía de dolor y tristeza, o al menos eso fue lo que pensó alec al verlo, por lo que estaba muy desconcertado. Se soltó del agarre de su hermana, para luego irse hacia la puerta del salón de los acuerdos para salir del lugar, pero no sin antes girar un poco la cabeza para ver a los demás, notablemente molesto.
– Pronto comenzara la batalla, así que si no se apuran no podrán escuchar las instrucciones del cónsul. –La voz de Alec sonaba seria y fría, sin duda el ver a Magnus allí lo había afectado en serio. Una vez que termino de hablar, tanto Izzy, como Jace y Clary lo observaron dejar el salón, y poco después se miraron entre ellos, para después seguirlo a paso firme fuera del salón de acuerdos.
En el lugar acordado donde sería la batalla contra Sebastián, estaban todos reunidos. El cónsul y varios de los mejores guerreros de los distintos institutos de todo el mundo se encontraban allí, todos ellos dando varias instrucciones de cómo debían de actuar en diferentes situaciones de acuerdo con lo que sucediese.
Por un lado estarían los Nephilim, y por otro lado estaban los subterráneos que se habían prestado para la batalla, aunque no eran tantos como la última vez, ya que no habían tenido tanto tiempo para prepararse para la batalla que se avecinaba, por lo que debían de arreglarse entre todos los que allí estaban.
Alec como en todas las batallas en las que había estado involucrado desde pequeño, se encontraba al lado de su parabatai realizándose runas mutuamente, después de todo "Las runas que te hace tu parabatai son las más poderosas". Cerca de ellos estaban Izzy y Clary haciéndose las runas mutuamente, después de todo, luego de un largo entrenamiento en el que Izzy le había enseñado todo lo que sabía con las armas –lo cual no era poco- a Clary, había decidido en convertirse en parabatai de la pelirroja, cuando la considero una buena aprendiz, pero esa sería la primera batalla "de verdad", ya que pelear juntas como parabatai contra los demonios no era lo mismo que luchar contra todo un ejército de Nephilim oscuros liderados por Sebastián.
Los subterráneos usarían sus propias armas, las cuales eran las habilidades que cada especie poseía, los brujos utilizarían su magia, lo vampiros y los hombre lobo las habilidades que poseian tales como, la velocidad y la fuerza sobrehumana como hacía bastante tiempo ya, algunos subterráneos se encontraban haciéndose runas de la alianza junto con algunos Nephilim para poder luchar mutuamente, y asi poder compartir las habilidades que tenian para complementarse y ser aun mejores.
A la hora que había sido acordada, por el horizonte estaban apareciendo todos los del ejército de Sebastián, y para sorpresa de los Nephilim y subterráneos, había también una gran cantidad de demonios lo que era una gran sorpresa, ya que no era posible que traspasarán las salvaguardas a no hacer que las desactivaran, pero eso no había pasado, o al menos no se habían activado las alarmas.
En cuanto apareció Sebastián, comenzó la batalla, se estaba desatando una masacre total, subterráneos y Nephilim luchando juntos nuevamente por la paz del mundo, pero esta vez contra Sebastián y su ejército.
Había sangre por todos lados, muchos muertos, todos luchando por una misma causa. Los enfrentamientos eran cada vez más terribles, se oían claramente los choques de las espadas, el ruido de los cuchillos y las dagas clavarse en los cuerpos de los enemigos, el desgarrador sonido de las partes de los cuerpos siendo arrancadas, el tensar de los arcos, gritos de dolor y agonía provenientes de ambos bandos, gritos de triunfos y derrotas.
Cada vez los bandos se iban quedando con menos soldados, las muertes iban cada vez mas en aumento, era como sea sí la batalla no fuera acabarse jamás.
Luego de mucho luchar, por un momento fue como si todo se hubiese detenido. La Batalla e incluso el tiempo.
Alec se hallaba tirado en el suelo, tenía una gran herida, provocada por una daga en el pecho. Había estado luchando muy bien, con mucha valentía, cuidando la espalda Jace como en toda su vida lo había hecho. Acababa de dar su vida por su parabatai, después de todo ese era su deber para y con su parabatai, pero al mismo tiempo que había recibido esa herida, había logrado acabar finalmente con Sebastián. El ejército de Nephilim oscuros no sabía qué hacer sin su líder habían dejado de pelear, completamente desorientados, lo que hizo que los Nephilim y Subterraneos pudiesen acabar con ellos mas facilmente. La batalla había acabado por fin todo gracias a Alec.
Alec ahora sentía una paz increíble, nada molestaría a su familia de ahora en adelante. Todo había acabado finalmente.
Jace no podía creer lo que había visto, lo que acababa de ocurrir. Justo cuando Sebastián iba a atacarlo, Alec se había interpuesto, y con un movimiento ágil, había logrado matarlo, pero su parabatai también había resultado gravemente herido. Tenía la daga de Sebastián incrustada justo en el pecho, lo más profundo que esta podía entrar. Jace vio cómo Alec retrocedía un poco quitándose la daga con una expresión de terror en el rostro, soltandola, y mirandose las manos cubiertas de su propia sangre, para luego caer de espaldas al suelo. Jace se arrodillo junto al Nephilim de ojos azules, sujetandole la cabeza justo antes de que está chocara contra el suelo y le causara aún más daño del que ya probablemente tenía.
Magnus estaba ayudando con su magia en la batalla contra Sebastián. Todo el tiempo el lanzaba miradas hacia dónde se encontraba Alec, sí bien aún estaban separados, él había accedido a participar de la batalla para así poder vigilar que no le sucediera nada a Alec. Pero eso había sido inútil, un demonio del ejército de Sebastián había arremetido contra el brujo, lo que hizo que Magnus sólo se concentrará en el demonio, y perdió de vista a su cazador de ojos azules. Para cuando se hubo liberado de su atacante, aun con sus llamas en sus dedos a la defensiva, divisó a jace arrodillado en el suelo con un cuerpo a entre los brazos.
Sólo podía ver el color del cabello de quien estaba en brazos del rubio.
Sentía que todo el que había sido el campo de batalla le daba vueltas. Son mundo se estaba destruyendo por completo.
No era posible.
Corrió y corrió.
Olvidando por completo todo lo demás.
Nada le importaba ya.
Sólo el Nephilim de cabellos negros que descansaba en brazos del rubio. Se acercó a Jace y quitándole Alec lo cargo el mismo. Observó aquellos ojos azules que tanto amaba, y en el rostro de Nephilim apareció una leve sonrisa claramente sin fuerzas.
– Sabía… Sabía que vendrías… Aku… Aku cinta Kamu… Magnus… –la voz de Nephilim era apenas un susurro, una lágrimas cruzo el rostro de brujo al oír aquellas palabras, mientras veía como poco a poco el cazador e iba cayendo en la inconsciencia.
Bueno, hasta aquí el capítulo, solo espero que no me odien por lo que he hecho, es algo corto, lo se, pero es lo mejor que he podido hacer... ¿Reviews?
*NephilimDemon*
