Author note: Konnichiwa! Aqui estoy con un nuevo capitulo, se acerca el fin, ya me direis q tal y si os gusta :D

Canciones para este capitulo: The sinking, Nearer my god to thee, death of Titanic.


Nearer my god to thee, Death of Titanic

En cubierta la situación no era mejor. Gran àrte del barco ya se encontraba sumergida. Feliciano, Lovino, Matthew y Patrick corrían para ver si podían entrar en algun bote. Llegaron hasta una concentración de hombres, donde no parecía haber mujeres y niños.

-¡He dicho que atrás! ¡No os acerquéis!- gritó uno de los oficiales mientras cargaba la pistola y apuntaba a la gente que se quería colar en el bote. El italiano mayor lo miro con odio.

-¡Dejadnos subir!- gritó. El oficial lo encañono y le miro con odio.

-¡Cállate!- entonces apareció Arthur que miro al oficial.

-¡Teníamos un trato!- le gritó el inglés. El oficial se sacó dinero de uno de sus bolsillo y se lo lanzó a la cara.

-Está vez el dinero no podrá salvarte.- Arthur sintiéndose traicionado se fue. En aquel momento uno de los hombres saltó encima del bote pero antes de que pudiera llegar el oficial le disparó, matándolo. Lovino vio el momento de arrebatar la pistola al oficial. Se abalanzó hacía él pero el hombre fue más rápido y también le disparó. Feliciano antes de que su hermano cayera al suelo muerto le agarro. Le miro el rostro, su rostro inerte. Empezó a llorar, sus amigos agarrándole de la espalda para tranquilizarlo. El oficial miraba la sangre que brotaba del cuerpo del italiano muerto, sin creerse lo que acababa de hacer. Miro a Feliciano quien le miro con odio.

-¡Maldito bastardo!- le gritó el italiano mientras seguía abrazando el cuerpo de su hermano. El oficial entrecerró los ojos y se puso al borde. Hizo un saludo militar a sus compañeros quien le miraron asustados, se encañono la sien, y se disparó cayendo al agua, muerto.


Arthur se intentó meter en una de las filas, pero paso por delante de una de las escaleras y vio aquel mismo niño que habían intentado salvar Kiku y Alfred antes. Estaba sentado en la escalera, solo, todavía llorando ya que sus padres solo habían conseguido salvarlo a él. Arthur cogió al niño en brazos y se aproximó a una de las filas.

-¡Por favor! ¡Por favor tengo un hijo!- el oficial le miro y después miro al niño. - Por favor, soy todo lo que tiene en el mundo.- mintió. El oficial no se lo acababa de creer, pero le hizo una señal para que pasará. Arthur se sentó en el bote, con el niño todavía en brazos. Y así fue, como él consiguió salvarse.


-¡Señor Beilschmidt! ¡Señor Beilschmidt!- gritó Kiku mientras agarraba a Alfred y se aproximaba a dicho hombre. El alemán se giro y les miro con una sonrisa triste. - Ludwig...- susurró el japonés viendo que este estaba llorando.

-Kiku... ¿Que hacéis todavía aquí? Tenéis que subir a cubierta...- les dijo.

-Nos tenemos que salvar. Por favor venga con nosotros, se está hundiendo.- le dijo Kiku mientras le agarraba de los brazos. Ludwig negó con la cabeza mientras mas lágrimas se escapaban de sus ojos.

-No he podido salvaros. A nadie, ni a la mitad de la gente que iba en el barco, todo por culpa de los botes. Yo sabía que no eran suficientes... No he podido salvar a Feliciano.- se masajeó la sien con sus dedos. Kiku miro con pena a aquel hombre. Alfred lo tomo del brazo, para darle prisa.

-Kiku, tenemos que irnos.

-¡Espera!- el alemán cogió un chaleco salvavidas y se lo dio a Kiku.- Por favor, salvate. Adiós.- Kiku abrazó al aleman que le devolvió el abrazo.

-Adiós...- se fue tras Alfred, mirando una última vez aquel gran hombre.


Roderich una vez se hubo asegurado que su mujer Elizaveta había subido a uno de los botes, cogió su violín y acompaño a la banda del barco en sus últimos momentos, ya que tenía una gran pasión por la música. Una vez hubieron terminado de tocar una pieza miraron a su alrededor. Nadie les prestaba atención.

-Ha sido un honor tocar esta noche con usted, caballeros.- les dijo Roderich con una triste sonrisa. Todos se despidieron, pero Roderich se quedo. La música empezó a sonar de nuevo, pero esta vez solo era un violín. Uno de sus compañeros le observó y decidió unirse a él. Los dos otros, se simpatizaron y también se unieron de nuevo, creando otra vez una melodía. Pero esta no era alegre como las otras, era una mas bien triste, que indicaba que era el fin.

En cubierta sonaba Nearer my god to thee.


Feliciano, Matthew y Patrick se encontraban en el agua, nadando para ver si podían llegar a subir en algún bote, pero la suerte no parecía sonreír. Una de las chimeneas se empezó a desprender del barco, las correras que la mantenían derecha se rompieron y caían en el agua como si fueran látigos. La chimenea se desprendió y cayó en el agua, matando a todos los que estaban debajo de ella. Allí se encontraban Feliciano, Matthew y Patrick.


-¡Tenemos que ir a la popa!- le dijo Alfred mientras corría por la cubierta con Kiku agarrado de la mano. Se mezclaron entre la gente, intentando avanzar lo mas rápido posible, ya que parecía que todos estaban atascados. La gente se tiraba al agua, alguno se caían por culpa de otros que les empujaban. La popa del barco empezaba a levantarse por culpa del agua que se acumulaba en proa. Algunos se arremolinaban al lado de un cura que recitaba pasajes de la biblia para darles fe a los que pronto iban a morir. Cada vez se hacía mas difícil mantenerse de pie, o avanzar hacía popa ya que la inclinación cada vez era más, y la gente empezaba a resbalar cayendo al agua si no chocaban antes con alguna cosa que se encontraran por el camino. Alfred y Kiku consiguieron llegar hasta la barandilla y una vez allí Alfred puso un brazo a cada lado del cuerpo del japonés y se agarró a la barandilla. Kiku miro a su alrededor mientras se abrazaba a Alfred a la vez que intentaba aguantarse con fuerza. Entonces, se acordó de una cosa:

-¡Alfred! ¡Aquí es donde nos conocimos!- le dijo con una sonrisa. Alfred le miro y le devolvió la sonrisa para después darle un beso. Alfred lo abrazó mas fuerte y le besó la frente. La popa estaba cada vez mas elevada, ya se alzaba varios metros del agua y aún así, gente que estaba al lado se tiraba, algunos chocando contra las hélices.

Des de uno de los barcos que se encontraban apartados del barco, Yao miraba con espanto lo que acontecía en aquel barco, rezando para que su hermano se encontrara a salvo.

De repente el barco se quedo sin luz, y parecía que los gritos de la gente habían aumentado de volumen. Estaba todo oscuro, solo les alumbraba la luz de la luna, la noche parecía todavía mas fría. El barco empezó a partirse por la mitad, haciendo que salieran chispas por los cables que se rompían. Cuando se hubo partido totalmente y separado la parte de detrás del barco que se había levantado se volvió a caer en el agua, mientras que la parte de delante se hundió en la profundidad del océano. Todos los que se encontraban agarrados a la barandilla gritaron al ver el agua acercarse otra vez. El impacto hizo que muchos perdieran el equilibrio e incluso que algunos caieran al agua. Aquello había aplastado a mucha gente que se encontraba en el mar debajo del barco.

Enseguida aquella parte del barco que quedaba a flote empezó a levantarse de nuevo. Alfred se temió lo que iba a pasar. Paso al otro lado de la barandilla y le dijo a Kiku que pasará el también. Lo ayudó a pasar, y vieron que algunas personas hacían lo mismo que ellos. El barco quedo completamente recto, levantado por encima del agua. La gente que no había podido pasar caía, dándose golpes contra las cosas que había en cubierta, como columnas o las escaleras. La pareja observaba como todo aquello pasaba. El barco se quedo quieto seguramente menos de un minuto, entonces empezó a descender, a hundirse mas rápido de lo que todo el mundo esperaba.

-Kiku, tendrás que hacerme caso. Contare hasta tres, cuando diga tres, tienes que coger mucho aire y aguantarlo. ¿Sí?- le dijo Alfred. Kiku asintió con la cabeza, mirando como el agua se iba acercando.

-Oh dios...- dijo Kiku, sintiendo el miedo.

-Kiku, cuando entremos en el agua, no te sueltes de mi mano pero no te agarres al barco, nada hacía la superficie o el barco nos succionará hasta el fondo.- le dijo. Kiku volvió a asentir. El agua estaba cada vez mas cerca, mas cerca.

-Alfred...

-1...2...3 ¡Ya!- los dos cogieron aire y el barco entro en el agua. Inmediatamente se dejaron ir de la barandilla, pero Kiku no dejo la mano de Alfred sin embargo las corrientes les separaron. El chaleco que le había dado Ludwig ayudó a Kiku a mantenerse a flote. Cuando salió a la superficie empezó a mirar a su alrededor para ver si encontraba a Alfred.

-¡Alfred! ¡Alfred!- grito desesperado, encontrándose en medio de gente gritando, de desconocidos que pedían ayuda. El agua verdaderamente estaba congelada y la cara de todo el mundo estaba palida, los labios morados y algunos se empezaban a sentir adormecidos, por culpa de la congelación.

-¡Kiku! ¡Kiku! - llego hasta él y lo cogió del chaleco.- ¡Vamos, tienes que nadar!- los dos empezaron a nadar entre la gente. Encontraron una puerta de un armario que flotaba sobre el agua. Alfred se apropó a ella.- Sube aquí, vamos.- ayudó a Kiku a subir y una vez lo tuvo encima Kiku le tendió la mano.

-Sube, sube...- dijo temblando.

-No, no, va a volcar.- Alfred lo intentó pero tal y como había dicho, el armario volcaba. Kiku se acercó a Alfred. Se tomaron de las manos y se sonrieron levemente. Uno de los oficiales que se encontraba allí empezó a silbar.

-¡Llamad a los botes! ¡Ll-Lla-Llamad a los botes!- dijo con voz temblorosa por el frío. Alfred miro a Kiku.

-Ves, a-ahora vie-vienen los-los botes... A-aguanta un poco m-mas.- dijo tembloroso. Kiku le besó las manos y asintió con la cabeza mientras apoyaba su frente en sus manos entrelazadas.


Elizaveta, que iba en el mismo bote que Yao miraba aquel horroroso momento. Se levantó y miro el resto de las mujeres del bote.

-¡Tenemos que volver!- gritó. El oficial a cargó del bote la miro con desprecio.

-¡Si volvemos volcarán el barco! ¡Nos tirarán!- Elizaveta lo miro incrédula de lo que estaba oyendo. Miro al resto, alguna lloraban, otras la miraban con esperanza.

-¡Vamos mujeres, empuñad los remos!- pero nadie dijo nada, ni nadie hizo nada. Elizaveta se estaba quedando de piedra. - ¡Pero que os pasa! ¡Son vuestros hombres que están allí! ¡Aquí todavía caben más!

-¡Y habrá uno menos sin no cierra esa boca!- le espeto el oficial. Vencida Elizaveta, se sentó, sintiéndose impotente delante de aquella panda de cobardes. Yao se abrazó mas a si mismo y entrecerró los ojos, llorando por su hermano.


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