Disclaimer: Ni Glee, ni sus personajes, ni esta historia me pertenecen.
Quinn aparcó su coche y se preguntó por qué demonios el coche de Cassie no estaba aparcado allí. ¿Habría llevado a Sophie a algún sitio? No le gustaba la idea de Cassie llevando a Sophie por ahí en esa trampa mortal suya a la que llamaba coche. La rubia agarró la bolsa donde llevaba la ropa que había utilizado para ir al gimnasio aquella mañana antes de ir a trabajar y se dirigió al interior de la casa.
La recibieron unos sonidos de risas provenientes del cuarto de Sophie. Entonces Sophie está en casa, pero ¿dónde se ha metido Cassie?, se preguntó. Quinn se detuvo en el fregadero de la cocina para lavar la suciedad de sus manos y luego se dirigió por el pasillo para ver qué estaba pasando.
La vista que la recibió no era para nada lo que esperaba. Sophie estaba tumbada sobre una gran pelota de ejercicio y Rachel estaba arrodillada a su lado, ayudándola a rodar sobre la pelota. La rubia observó por un momento con fascinación aturdida tratando de entender qué estaba haciendo Rachel allí y a dónde demonios se había metido Cassie.
—¡Quinn!—gritó Sophie al verla en la puerta. La pequeña se levantó de la pelota con las piernas temblorosas, dando unos pocos pasos sin su andador y arrojándose en sus brazos.
—Hola pequeña—Quinn atrajo su pequeño cuerpo contra el suyo en un breve abrazo— ¿Qué estáis haciendo?—quería preguntarle a Rachel qué diablos estaba haciendo en su casa, pero la sonrisa en la cara de Sophie la tranquilizó.
—¡Rachel me está enseñando algunos ejercicios nuevos para las piernas!—Sophie regresó a la pelota, y rebotó con entusiasmo mientras Rachel le sonreía y la mantenía firme para que no se cayera. Las mejillas de Sophie estaban rosas y Quinn tenía que admitir que no la había visto nunca tan emocionada por hacer sus estiramientos. Sólo esperaba que no se estuviese sobre esforzando.
—Eso es… genial... Ehmm… Rachel, ¿puedo hablar un momento contigo en la otra habitación? —Quinn se volvió para ir al salón sin esperar su respuesta.
—Quédate aquí mientras hablo con Quinn ¿de acuerdo? —la escuchó Quinn decirle a Sophie. La morena la siguió al salón, con preocupación dibujada en su rostro.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Cassie?
—Vine a ver a Sophie y luego Cassie se fue.
—¿Se fue? La persona a la que estoy pagando para que la cuide simplemente la dejo… contigo. ¿Qué estás haciendo siquiera aquí?
—Realmente no es un gran problema.
—Es un gran maldito problema para mí—Quinn se giró y se quedó frente a la ventana, no quería perder la paciencia con ella.
Maldita sea, Quinn confiaba en Cassie. ¿Cómo había podido dejar sola a Sophie con una desconocida?
—Oye —la mano de Rachel en su antebrazo llamó su atención— Le dije que era amiga tuya y enfermera. Creo que asumió…
—¿Que eras la enfermera de Sophie?
—Algo así—Rachel se encogió de hombros y apartó la mano de su brazo.
Quinn dejó escapar un suspiro y presionó la palma de sus manos en sus ojos. Joder, la rubia estaba exhausta y sucia de trabajar todo el día en aquella cafetería. No esperaba volver a casa y ver esto.
—Lo siento, solo quería ayudar… —dijo Rachel con voz suave— Cassie se fue sólo cinco minutos antes de que llegaras e intentó llamarte a tu móvil, pero no pudo.
Quinn abrió los ojos y encontró los de la morena, oscuros y abiertos con preocupación. La rubia estaba siendo una idiota.
—Escucha, Rachel, está bien. Sophie está segura y feliz. No debería haber reaccionado así. Encontrar una buena ayuda para cuidarla es difícil, y no creo que vaya a llamar a Cassie otra vez, pero no es tu culpa.
—No la despidas por mi culpa. Sólo fue un malentendido —suplicó la morena.
—Pensaré en ello. Aunque si no la despido creo que ella y yo vamos a tener una pequeña charla sobre seguridad y desconocidos en la puerta —Quinn suspiró, no quería discutir con Rachel— Gracias por trabajar con Sophie hoy.
Rachel dejó salir una bocanada de aire y sus hombros se hundieron visiblemente con alivio.
—De nada.
—No puedo permitirme una enfermera privada...
—No he venido por eso. No me debes nada.
Quinn inclinó la cabeza, estudiándola.
—¿Entonces por qué has venido?—honestamente Quinn no había esperado volver a verla, y ahora estaba allí, en su casa, viéndose sexy en unos jeans de cintura baja ajustados y una camiseta que se le pegaba al pecho.
Rachel no tuvo la oportunidad de responder a su pregunta, porque en ese momento Sophie se acercó por el pasillo, su andador traqueteando contra el suelo de madera.
—¡Quiero a Rachel!
La morena miró a Quinn a los ojos y ambas sonrieron. El entusiasmo de Sophie era contagioso.
—¿Te importaría… eh… quedarte con ella unos pocos minutos más? Necesito ducharme —Quinn miró hacia abajo, haciendo referencia a su aspecto desaliñado.
—Claro, sin problemas.
La rubia le dio un beso a Sophie en la cabeza.
—Se buena, ¿vale?
La pequeña asintió con la cabeza y se abalanzó sobre ella, envolviéndose alrededor de su pierna en un abrazo. Quinn hizo una mueca, y se inclinó, apartándola del camino de golpear sus partes nobles. Rachel contuvo una carcajada al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Luego, Sophie se dirigió de vuelta a su habitación con Rachel.
Quinn desapareció dentro del cuarto de baño, completamente confundida por el giro de los acontecimientos. Rachel estaba en su casa, derritiendo su maldito corazón por lo dulce que estaba siendo con Sophie. La rubia podía oír los felices sonidos de conversación y las risas de las otras dos chicas, y asomó la cabeza por la puerta del baño para escuchar su conversación.
—¿Qué le gusta a tu hermana para cenar? —preguntó Rachel.
Sophie se tomó su tiempo para responder, y Quinn contuvo el aliento, preguntándose qué diría.
—Umm… normalmente le gusta comer helado. Y a mí también.
—Te gusta, ¿eh? —se rio Rachel— Bueno, vamos a encontrar algo saludable para hacer y tal vez podamos tomar helado después de cenar.
Quinn se tomó su tiempo en la ducha, su mente tranquila por el momento porque Sophie estaba en buenas manos. Dejó que el chorro de agua cayera sobre ella, y cerró los ojos, relajándose por completo.
Después de ducharse, se puse unos jeans y una camiseta y se dirigió a la cocina, que estaba llena de olores maravillosos. Ajo. Tomates. Carne asada. Su boca se hizo agua. Había pasado mucho tiempo desde que alguien había cocinado para ella. Rachel estaba limpiando el mostrador de la cocina, y de repente se sintió fuera de lugar en su propia casa. Quinn no sabía si entrar y ayudarle, o ver qué estaba haciendo Sophie.
Rachel la vio, y tomó la decisión.
—La cena está lista. ¿Vas a por Sophie por mí?
Quinn asintió con la cabeza y salió de la cocina para encontrar a Sophie en el salón, jugando con la pelota de antes.
—Vamos enana, hora de cenar —Quinn la levantó en su cadera, y la llevó a la cocina.
La mesa estaba puesta, con una gran fuente de espaguetis y albóndigas, y una pequeña taza de leche para Sophie y un vaso de agua con hielo para ella. Sophie miró con asombro los manteles individuales, servilletas y platos para dos. Su estómago rugió con fuerza y se tapó la boca con su pequeña mano, soltando una risita.
Los ojos de Rachel atraparon los de Quinn y las dos se rieron.
—¿Hambrienta, pequeñaja? —le preguntó Quinn, poniéndola en su silla.
—Sip. ¿Y sabes qué?
—¿Qué? —preguntó Quinn mientras le colocaba una servilleta en el regazo.
—He ayudado a Rachel a hacer las albóndigas.
—¿Ah, sí? Apuesto a que entonces estarán extra buenas.
Sophie disfrutó del cumplido. Era en momentos como esos, siendo testigo de su dulce inocencia y el deseo de pertenecer, de encajar, cuando Sophie tiraba de su corazón y hacía que cada hora de trabajo valiera la pena.
Rachel recogió su bolso del mostrador.
—Me he divertido mucho contigo hoy, Sophie.
—¿No te vas a quedar?—preguntó Quinn.
—Oh, no—la morena miró hacia abajo, ajustando la correa de su bolso— Disfrutad, chicas.
—Pero no has cenado todavía, ¿verdad?
Rachel negó con la cabeza. Quinn se levantó y la dirigió hacia la mesa.
—Siéntate —dijo Quinn guiándola a la silla que había junto a la suya. Luego agarró un plato extra y cubiertos de la cocina, poniéndolos frente a ella— Aquí —la rubia le sirvió un montón de espaguetis a Sophie primero, luego a Rachel.
—Oh, eso es demasiado—Rachel hizo un gesto al plato lleno.
—El mío también tiene demasiado—dijo Sophie, sonriendo a Rachel.
—A callar. Las dos estáis demasiado delgadas. Comed.
Quinn se sentó y hurgó en en su propio plato, observando la sonrisa de satisfacción tirando de los labios de Rachel.
Todas disfrutaron de la deliciosa pasta y las sabrosas albóndigas en relativo silencio. Por una vez Quinn no tuvo que hacer que Sophie dejara de jugar con la comida y comiera. La pequeña tragó con avidez la comida y pronto tenía salsa de tomate desde la barbilla hasta las mejillas. Quinn no pudo dejar de echarle miraditas a Rachel durante toda la comida, y se acordó de que antes no había contestado a su pregunta. Quinn se preguntaba qué, exactamente, le había impulsado a ir a su casa.
—Vamos a necesitar la manguera para limpiarte, Soph—dijo Quinn riéndose.
Sophie sorbió los fideos que tenía colgando de los labios y sonrió.
—¡De ninguna manera! Quiero que Rachel me bañe esta noche.
Una sonrisa tiró de la boca de Rachel.
—Esta noche no, pequeñaja. Es demasiado tarde para un baño.
Sophie puso mala cara, pero lo dejo estar. Rachel intercambió miradas con Quinn sobre la mesa, y la rubia se dio cuenta de que a Rachel no le importaría ayudar, pero no había manera de que ella le hiciese eso. Rachel ya había hecho demasiado.
Una vez que habían terminado y limpiado a Sophie a fondo, la pequeña se escapó para jugar en su habitación mientras Rachel y ella limpiaban la mesa.
Rachel tamborileó los dedos contra la superficie de madera, estudiándola.
—Así que… supongo que no estabas grabando una nueva película hoy.
—Ah, no. Casi todos los días trabajo en una cafetería. Aquello fue sólo… un estúpido error.
—¿Así que ya no lo haces más? —preguntó Rachel con curiosidad.
—No tengo la intención de hacerlo, pero el dinero es demasiado bueno. Y los gastos de los cuidados de salud de Sophie son…—Quinn sacudió la cabeza— No importa, no sé por qué te estoy contando esto.
Rachel bajó la barbilla, jugueteando con sus manos en el regazo, sin mirarla a los ojos.
—¿Has terminado? —Preguntó Quinn, señalando su plato.
—Sí, gracias —la morena dobló la servilleta y la dejó sobre el plato vacío.
Quinn llevó ambos platos a la cocina, y después de enjuagar rápidamente cada uno, los metió en el lavavajillas. Rachel había limpiado mientras cocinaba, porque el lavavajillas estaba lleno con las ollas y utensilios que había usado mientras preparaba la cena.
La morena se apoyó en el mostrador y miró a Quinn mientras esta terminaba el resto.
—Has dicho que fue un error, pero grabaste una vídeo… —la voz de Rachel se desvaneció y sus ojos se abrieron de par en par, como si supiera que había sido pillada espiando.
A Quinn se le trabó el aliento en la garganta y, ante la confesión de la morena, su miembro se agitó en sus pantalones.
—¿Lo has visto? —preguntó Quinn con incredulidad.
La idea de Rachel viéndola tener sexo con otra mujer era… increíblemente excitante.
Las mejillas de la morena se ruborizaron y Quinn supo que ella no solo lo había visto, sino que probablemente se había corrido mientras lo veía. Oh, madre mía...
