Capítulo VII


Era necio de su parte, pero no podía evitar repetir esa simple verdad una y otra vez en su mente. Tragó saliva, apenas conteniendo el nudo que comenzaba a formarse en su garganta y que evitaba que el aire fluyera con libertad en su pecho.

Pero, aún en ese estado, se las ideó para colocar una máscara de indiferencia sobre aquellas facciones que le pedían a gritos mostrar sus verdaderas emociones. Solo debía fingir…solo un poco, y obtendría más respuestas de Naruto, pero… ¿acaso era necesario?

Lo había escuchado hablar con Sai, ya no había más dudas; Él mismo Naruto había sellado la verdad con sus propios labios, pero entonces… ¿Porque insistía en escucharlo nuevamente, de frente a frente?

¿Acaso era masoquista?

No, era todo lo contrario. Su corazón ya no podría soportar escucharlo mentir una vez más. No quería que le viera la cara nuevamente… Solo deseaba poder hablar una vez más con él, pero, tal y como ella misma dijo, ¨Sin mascaras¨

Irónico, ¿no?

Ella debía usar una máscara para que él se quitara la suya.

— ¿C-cómo dices? —Naruto tartamudeó, totalmente descolocado.

—Lo escuchaste bien: Fui tu amiga por conveniencia—mintió una vez más, sintiéndose culpable, pero, ¿acaso mentirle al mayor exponente de la falsedad la convertía en alguien igual que a él?

— E-eso no puede ser verdad… — Balbuceó entrecortadamente, lleno de incredulidad y… ¿pánico?

—Es la verdad. Todo este tiempo sonsaque información de los negocios de tu padre atravez de ti. Yo soy la responsable de que la carrera de Shion y otros artistas del sello de tu padre tengan sus carreras estancadas en el limbo. ¿Qué más quieres que te diga? ¿Que todos estos años me divertía mintiéndote? — Hinata sonrió con sobreactuada seguridad, pensando en que todas esas afirmaciones eran precisamente lo que Naruto habría de estar haciendo con ella durante toda su ¨amistad¨

Naruto bajo la vista al suelo, y mordió su labio inferior con ansiedad, quizás pensando en la remota posibilidad de que todo lo que ella dijo fuera cierto. Su rostro se contrajo y comenzó a tiritar, tal y como si aceptara que ella no mentía.

— ¿Quieres decir que siempre te hiciste pasar por una mosquita muerta? —levantó su rostro y clavó su mirada en ella, atravesándola ahora con unos ojos llenos de odio y rencor. — ¿Te burlaste de mi todo este tiempo?

Hinata trato de omitir la palabra ¨mosquita muerta¨, y respondió con falsa seguridad:

—Si. ¿Acaso tu soberbia te cegó? ¿Me suponías incapaz de ser igual que tú?

Hinata no supo de dónde sacó las fuerzas, pero consiguió sonreír con descaro. Era un mal para un fin necesario, solo así podría sacar al verdadero Naruto oculto bajo aquella faceta de niño bueno que la timó desde el comienzo. Poco a poco sentía que estaba cerca de hacerlo ceder. Pero…aun no así no podía evitar verse afectada por el hecho de que él siquiera considerará la idea de que ella fuese falsa. ¿Cómo podía?

¿Le habría dado razones?

—Tienes razón, te subestime. Debí haberlo esperado, al final de cuentas eres parte de la familia más deshonesta del país—sus ojos se oscurecieron, aún más llenos de rencor a la sola mención de su apellido.

—No te atrevas a hablar de esa forma sobre mi familia—Era necesario que aún no bajara el telón de su actuación, pero no soportó que ahora precisamente la persona más falsa del mundo hablara mal de su familia.

Recién caía en la cuenta de que su padre y Neji siempre fueron sinceros, pero claro, ella decidió creer en Naruto y ahora se sentía la persona más estúpida por ello.

—Yo hablo de ellos como me plazca. Todos son escoria. ¡Fui un estúpido por creer que eras diferente! —gruño esto último lleno de rabia contenida, mientras ocultaba su rostro entre sus manos, evitando a toda costa seguir viendo el rostro sardónico de Hinata, tal y como si le diera repulsión. O eso intuyó ella por su lenguaje corporal con languidez.

—Mal por ti—mordió su labio inferior, evitando así que su voz la delatara.

Naruto quitó sus manos de su rostro e hizo una mueca, escarnecido. Hinata tenía claro de que estaba hiriendo su ego y, si después de todo lo conociese bien, ese era su talón de Aquiles.

— ¿Sabes algo Hinata? —siseó y convirtió sus manos en puños, claramente dejándose llevar por la ira. —En las últimas semanas…no, en los últimos meses—se corrigió—Me sentí mal por ti, pero ahora, con todo esto, no me arrepiento de nada de lo que hice—sonrió con casi insolencia— No comprendo tus razones para renunciar a tú herencia por mí, pero con lo que respecta a mí, fue un placer convencerte y orillarte a renunciar a tu apellido. La expresión que tenías cuando acudiste a mí por ayuda no tuvo precio, no sabes cuan divertido fue verte llena de desesperación.

Hinata se mordió el labio aún más fuerte, hasta el punto de que un sabor metálico se coló en su paladar, a la vez que un escalofrió bajó por su espalda.

Ese era el punto al cual quería llegar desde el comienzo de la conversación: De si Naruto había disfrutado verla sumida en la miseria, de si él disfrutada de su dolor… ¿La odiaba? Y si lo hacía, ¿por qué?

— ¿Tú deseabas que me desheredaran, no? —La pregunta estaba de más, puesto que, lastimosamente, la expresión en el rostro de Naruto era un libro lleno de respuestas para esa duda que calaba en su ser: Naruto realmente la despreciaba.

—Si—su sonrisa ahora estaba teñida de crueldad, y poco a poco sintió como sus fuerzas se desvanecían y se concentraban en poder evitar romperse ahí mismo.

¨Se fuerte, se fuerte…¨

No, no…aun no debía ceder a sus emociones. Debía luchar por ser fuerte una vez más…solo una vez más y ya todo acabaría.

Inhaló y exhaló profundamente, llenando sus pulmones de oxígeno y tratando de deshacer ese nudo en su garganta.

— ¿E-entonces todos estos años fingiste que te agradaba para luego apuñalarme por la espalda?

—Si. Todo fue una actuación, ¨ratoncilla de biblioteca¨—Sus ojos no dejaron ir los suyos, y eran duros, fríos…nada parecidos a los ojos que la cautivaron…nada cálidos. Incluso que la llamara por aquel apodo sonaba venenoso en todo el contexto de la conversación. ¿Tanto la odiaba?

Apretó sus labios, ahogando un posible sollozo. Todo parecía ser una pesadilla…no podía ser real.

—Lo sabía. Lo sabía—llevo una mano a su boca y rió ahogadamente, pero no lo hacía porque todo aquello le diera gracia, sino porque sollozar frente a Naruto no era una opción. Pero tal parece que no logró ocultar bien su dolor, pues los ojos de él parecieron confundidos de un momento a otro.

Ya no soportándolo más, le dio la espalda para acabar con su escrutinio y decidió irse de la escena con lo poco de dignidad que le restaba. Ya nada importaba, mucho menos lo que Naruto pensará de ella.

Fue cuestión de tiempo para que su vista se tornara borrosa y se viera luchando contra las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Sus manos se convirtieron en puños, observando con frustración la acera por la que caminaba.

Ya no quería más repuestas. Ya había tenido una pequeña vista de aquella alegórica verdad de la que tanto hacia alarde Sasuke y, simplemente, sentía que…ya no necesitaba más. Ya había tenido suficiente.

Observó el paso peatonal y luchó por ser paciente con el semáforo que la detenía de cruzar aquella carretera corriendo y tomar el primer taxi que se le cruzara.

Pero ella no contaba con que él no deseara dejarla ir tan pronto, razón por la cual dio un respingo cuando sintió unas manos sobre sus hombros y se vio obligada a verlo a los ojos una vez más, enfrentados cara a cara. Entró en pánico, sabiendo de antemano que ahora él podría verla sin aquella mascara que tanto trabajo le costó usar.

Todo había pasado tan rápido. Se sintió imposiblemente más humillada que antes…ahora él tenía una vista nítida de las lágrimas que salían sin control de sus ojos.

—Hinata…—la llamó lentamente, analizando sus facciones meticulosamente— ¿Por qué te duele escuchar la verdad? N-no entiendo…

Era extraño, pero podría haber jurado ver un atisbo de tristeza y frustración en esos pozos azules. Pero, a pesar de dudar en la parte más ínfima e insignificante de su ser, se dejó llevar por una oleada de rencor y lo empujó al colocar sus manos sobre su pecho, haciéndolo retroceder un par de pasos.

Ya no podía confiar en él. Nunca más.

Aún recordaba lo mucho que le costó confiar en la sinceridad de Naruto, en como él ganó su confianza y consiguió el título de su ¨amigo¨

¿Acaso todo había sido una ilusión? ¿Una cruel ilusión?

¿Y todo para qué?

Para perder la confianza de su padre y de su familia; Para perder su apellido y descubrir que los amigos no existían en ese mundo rodeado de intereses económicos en el cual nació. Fue lo suficientemente manipulable como para creer que podría establecer lazos con un Namikaze. ¡Debió de escuchar las advertencias de su padre!

Ahora se sentía tan…tan… ¡Tan estúpida!

¿Cuándo fue que se dejó cautivar por las garras de una amistad tan postiza como las sonrisas en las galas de sociedad?

Ella solía ser más objetiva, y relativamente inteligente…con los pies sobre la tierra. ¡Su padre le había enseñado muy bien su posición como Hyuga!

Hasta la edad de 8 años se consideraba tan capaz como su primo Neji, ¿Por qué escogió a un mundo lleno de amigos frente a un futuro prometedor dentro del negocio familiar?

La primera vez que vio a Naruto era demasiado pequeña como para tener unos objetivos claros y firmes, claramente ese habría sido el factor que garantizaría su declive como hija obediente. Tendría algunos 8 años cuando aquello sucedió, y ese día no habría sido diferente a ningún otro si él no hubiera aparecido a irrumpir con su lectura.

— ¿Tú eres el ratoncillo de la biblioteca, verdad?

¨Si, y tú eres el chico al cual mi padre me prohibió hablarle¨ había pensado en responderle, pero se mordió la lengua. Su padre ya le había enseñado a filtrar sus palabras antes de expresarlas, era una especie de ley Hyuga para prevenir inconvenientes. Era más práctico que echarse enemigos, ¿no?

—S-si— respondió, notando con desagrado el cómo él se había referido a ella. No le gustaba para nada ese apodo de pero desde que descubriera que un par de libros eran más interesantes que jugar con un par de muñecas, se lo había ganado a pulso.

Desde pequeña, por naturaleza, había sido humilde, pero no negaría algunas de sus cualidades luego de que todos en su familia, e incluso conocidos, le ameritaran talentos. Uno de esos era su capacidad de leer grandes tomos a su corta edad y recordar hasta los más ínfimos detalles. Debido a eso se había convertido en un gran prodigio para sus padres, quienes no dejaban de repetir una y otra vez que sería una heredera a la altura de su apellido. Podría decir que había sido feliz por ello.

Por eso, por la lealtad de permanecer siendo una Hyuga obediente, rezó porque ese tal ¨Naruto¨ se marchará. Pero, él hizo todo lo contrario: Tomó asiento en su mesa.

— ¿Qué lees? —le preguntó contra todo pronóstico.

No, no, no, eso había estado mal. ¡No debía de conversar con el ¨enemigo¨!

Ella era demasiado obediente como ignorar a las palabras de su padre, pero demasiado tímida como para pedirle directamente a ese Naruto que se alejara de ella.

L-leo…—tomó el libro, y estuvo a punto de pasárselo antes de que él negará con su dedo índice.

Nah, olvídalo. No me interesa, los libros son muy aburridos.

Hinata se quedó con las palabras en la punta de la lengua y observó como él sacaba de su mochila un par de comics. Suspiró y bajó su vista nuevamente a su lectura: un cuento sobre mitología; sintiéndose aliviada de que él no tuviera intenciones de entablar una conversación.

—Es hora de almuerzo, ¿quieres ir a la cafetería conmigo? —propuso luego de unos minutos de silencio.

Despegó sus ojos de su lectura, y lo vió con sorpresa…y luego de sopesar lo que estaba pasando, con horror.

— ¿Qué pasa? ¿El gato se te comió la lengua? —rio y colocó su mochila sobre su hombro.

— N-no…y-yo

—Si actúas como si todos mordiéramos no conseguirás amigos—se burló, y ella se sintió un poco dolida por lo último. En parte era cierto, no tenía amigos y lo más cercano a ello era la extraña y leve relación de fraternidad entre ella y Sasuke. —Pero si quieres puedo ser tu amigo, ¿Qué dices? —le sonrió ampliamente, haciendo notar que le faltaban un par de dientes, algo que pudo verse cómico de ser otro tipo de escenario.

Hinata supó que era suficiente y que todo había llegado demasiado lejos, por eso activó todos sus sentidos y respiró hondo, lista para terminar con esa ¨prohibida¨ conversación.

— ¡No! ¡No quiero ser tu amiga! ¡Mi papá dice que no eres un niño bueno! — Después de todo era una niña de tan solo 8 años, no podría esperarse una forma más madura de afrentar la situación.

—Eso dicen todos— respondió él, chasqueó la lengua y luego estalló en risas, casi escandalosamente, y haciendo resonar su infantil vocecilla por toda la biblioteca.

Hinata tomó su libro, se reincorporó de su asiento y salió corriendo, con su rostro lleno de lágrimas. Sus sollozos eran tan bulliciosos como se esperaría de una niña de su edad. Odiaba que se burlaran de ella, y justamente Naruto era un niño que parecía alimentarse de sátiras.

— ¡Espera! —la detuvo al colocar una mano sobre su hombro justo cuando cruzó la puerta de la biblioteca.

Hinata se alejó de él, tal y como si se tratase de la plaga, y Naruto subió sus manos a ambos lados de su cabeza, tal y como si se tratase de un criminal acorralado por la policía.

— ¡No seas tan aburrida y habla conmigo! ¡Te juró que no muerdo!

Ella limpió su rostro y lo observó con duda.

—M-mi p-papá…

— ¡Lo sé! Lo sé! ¡Mis padres también me prohibieron hablarte! ¡Es por eso que te busque! ¿Acaso no te da curiosidad saber porque nos quieren lejos? —

Eso a Hinata la tomó por sorpresa, ¿A él también le prohibieron hablarle?

—N-no importa porque, m-mi papa…

No terminó de hablar porque de inmediato Naruto se inclinó más cerca de ella y la observó con curiosidad, frotándose la barbilla y teniendo un rostro concentrado. —Hum…—medito—Mi mamá dijo que los Hyuga son peligrosos, pero a mí me pareces más bien rarita. Rara pero inofensiva.

Ciertamente eso la descolocó, descubriendo que quizás ella no fuera la única rarita.

Luego de ese día comenzó a topárselo de cada cuanto, apenas tratando de evitar establecer una conversación que conllevara a acercarlos más. Pero desde luego, Naruto era demasiado parlanchín como para poder permanecer en silencio aunque lo intentara.

Ella nunca pretendió convertirse en su amiga, lo tenía prohibido.

Con el pasar del tiempo, y a medida que conocía más a Naruto, comenzó a considerar la idea de hacer una excepción y desobedecer a su padre. Se había estado dejando llevar por lo agradable que era estar en presencia de ese jocoso niño, pues ciertamente él le ofrecía una vida más entretenida y dinámica. Él abría paso a una curiosidad que no creía tener antes y que deseaba saciar.

Pero entonces, de la forma más extraña, y justo cuando estuvo a punto de darle el pésame a Naruto por la reciente e inesperada pérdida de su madre, él la ataco con unas palabras pronunciadas con una voz fría que no le conocía:

—No quiero volver a verte, los Hyuga son peligrosos—Su rostro estaba lleno de lágrimas y sus ojos estaban llenos de un odio posiblemente dirigido a ella… ¿o a su padre?

Fue una imagen que no se borraría de su mente pronto, y más aún porque estaba acompañada de esa frase que él uso en su primera platica ¨Mis mamá dijo que los Hyugas son peligrosos¨

En esos momentos él realmente pareció creer en ello y eso…le dolió.

Luego de ese incidente, en lo que resto del año, no volvió a dirigirle la palabra y mucho menos el parecía interesado en acercársele. Había quedado claro que un Namikaze y un Hyuga no simpatizaban. Parecía que la pequeña cordialidad que parecían compartir había desaparecido de un día para otro y había sido sustituida por una indiferencia que la hacía sentir invisible. Al principio se sintió mal por ello, pero después pensó que sería lo mejor en orden de no desobedecer a su padre.

Pero siempre el destino se encargaba de llevarle sorpresas, y una de ellas fue cuando Naruto la buscó en la escuela y simplemente le dijo:

¨ ¡Demostrémosle a todos que podemos ser amigos a pesar de lo que dicen nuestros padres!¨

No supo porque, si habrá sido la convicción en aquellos infantiles pero firmes ojos azules, o que la había tomado por sorpresa, pero terminó accediendo gradualmente a esa propuesta sin darse cuenta de ello.

Pero ahora, cuando tenía a un desenmascarado Naruto de 17 años frente a si, ella se preguntaba: ¿Habría estado actuando a tan temprana edad?

No, posiblemente Minato habría manipulado a su hijo para que quisiese ser su amigo. Pero… ¿Qué sentido tenia excusarlo a esa edad si al final terminó saboteando su vida por el puro placer de verla sumida en la desesperación?

Tarde o temprano Naruto monto un telón solo para ella...

Ahora él figuraba como lo peor que le pudo haber pasado en toda su vida.

— ¿Sabes, Naruto? —Mordió su labio—Yo nunca sería capaz de traicionarte…jamás habría sido tu amiga por interés. Nunca quise hacerme la víctima, pero esta vez ese es el papel que juego en todo esto. E-es por eso que me duele oír la verdad…—respondió finalmente al cuestionamiento de él.

Ya nada importaba más, no podía continuar pretendiendo que nada de aquello le afectaba. Ya no necesitaba más respuestas, pues a duras penas conseguía procesar lo poco que él le había dicho. Era demasiado cruel…y ya no podía soportarlo.

Sai tomó la palabra: — ¿En serio Hyuga? Hace unos segundos pusiste en evidencia que todo este tiempo le mentiste a Naruto. ¿Acaso quieres timarlo de nuevo? ¿Hasta dónde llevaras este teatrito ahora que te has visto descubierta? —atacó, cruzándose de brazos y dirigiéndole una mirada despectiva.

— ¿Teatro? —Tragó saliva y rio sin ganas—Quizás si sea un teatro después de todo, he caído lo suficientemente bajo como para usar los mismos métodos que Naruto, aunque mis razones no sean las mismas. Solo les mentí a ambos para que Naruto mostrara quién en realidad es. Yo de verdad…—hizó una pausa, y cerro sus ojos—Mis razones para ser amiga de Naruto fueron las más sinceras. Nunca tuve dobles intenciones, a diferencia de ti…—movió sus ojos de Sai a Naruto—Todo esto fue un teatro, y tú y Naruto cayeron en él. Jamás creí que las mentiras fueran un medio para conseguir la verdad—añadió esto último con amargura.

—No entiendo, ¿Qué quieres decir con que…?—balbuceo Naruto con incredulidad.

—Te mentí Naruto, te mentí como nunca lo había hecho nunca. Dime, si hubiese sido una amiga tras tu fortuna, ¿qué razón tendría para permitir caer en tu juego y terminar desheredada por mi padre? —Los ojos de Naruto se abrieron de la impresión— ¿Lo ves?, ninguna. Ganaste, ganaste. Si sentiste tu orgullo pisoteado al creer que alguien como yo fuese capaz de hacer lo mismo que tú, estas equivocado. No tengo los suficientes escrúpulos. Tú ganas, conseguiste burlarte de mí todos estos años. Mi padre tenía razón: soy una ingenua. Supongo que por eso me merezco todo esto—sonrió con tristeza—Sasuke me contó toda la verdad sobre ti y no le creí porque simplemente soy una estúpida. Y, porque soy una ingenua sin remedio alguno, vine hoy aquí para desmentir todas sus palabras. Pero, luego de escuchar tu conversación con Sai decidí que para sacar toda la verdad debía de mentirte. Y lo conseguí, ahora comprobé que Sasuke estuvo en lo correcto todo este tiempo: Tú nunca valiste mí tiempo.

—M-mientes—sus ojos ahora se mostraban llenos de pánico.

Naruto caminó un par de pasos hacia ella.

Hinata retrocedió ante su acercamiento, pero él fue más rápido y tomó su brazo, manteniendo su mirada fija en sus ojos. Ella se removió, tratando de liberarse de su agarre, pero él no cedía e insistía en verla a los ojos. Tomó aire y de un jalón logró liberar su mano, evadiendo así su escrutinio. Bajo sus ojos al suelo, con ínfima tristeza. Ahora todo contacto visual con él suponía más material para su agonía.

—No miento. Yo siempre he guardado para ti lo mejor de mi…—sonrió melancólicamente, llevando una mano a su corazón. —Nunca deje que nuestros apellidos interfirieran en nuestra amistad…pero tú…—tomó aire—Tú solo me utilizaste, mientras yo t-te… —dicho esto, giro sobre sus talones y nuevamente le dio la espalda. No terminaría aquella oración con una ridícula confesión, no hacía falta humillarse aún más.

Hinata no podía soportar más continuar con aquella plática. Había obtenido las respuestas que necesitaba y ahora era su momento de ahogar sus penas en privado. Nunca permitiría que Naruto la viera derramar una lágrima más por él, ya tenía suficientes humillaciones a su cuenta como para agregar otra más y recordarle cuan patética era.

Sasuke tenía razón.

Neji tenía razón.

Era ingenua.

Hinata se desesperó cuando notó que el semáforo nuevamente estaba en rojo. Aún debería de esperar.

— ¡Deja de hacerte la victima Hinata! —Naruto la jaló del brazo nuevamente y la tomó de los hombros, notándose desesperado y fuera de control.

— ¡Déjame sola! ¡Ya no quiero hablar contigo! —por primera vez en su vida elevó su voz.

— ¡No te dejaré en paz hasta que seas sincera! ¡Ya deja de mentirme y confundirme! ¡Primero dices que solo fuiste mi amiga por conveniencia y después…ah! ¡¿Quieres volverme loco?! ¡¿Tanto es tu odio por mí?!

— ¿Odio? ¿Por qué habría de odiarte? —ahora estaba confundida. Ella no tendría ninguna razón para odiarlo. ¿Acaso estaba frente algún trastorno de la personalidad?

— ¡Toda tu familia odia a la mía! ¡Es obvio que no eres diferente a ellos!

Su ceño se frunció. Odiaba que Naruto tuviera esa percepción de ella cuando por años lo único que hizo fue amarlo con locura. Ella no era su padre, no era Neji…no una ¨Hyuga¨ más que odia a los Namikaze.

—Yo nunca querría hacerte daño. En toda mi vida lo único que quise de ti era tu aceptación. Me convertí en tu amiga porque pensé que tu podrías ayudarme a encontrar la verdadera felicidad, una donde no estuviesen de por medio los apellidos, conflictos o… ¡el maldito dinero! —no tartamudeó y maldijo por primera vez, sintiendo la palabra extraña en su boca incluso antes de articularla— Tu dinero o fortuna nunca fueron un atractivo. ¡Debes de creerme! ¡No soy igual a ti!

— ¿Querías mi aceptación? ¿C-crees que con esa clase de mentiras baratas caeré?—su voz se quebró levemente. Ella podría jurar que había aflicción y dolor en las facciones de Naruto, y aún más podía intuirlo por la forma en que sus ojos comenzaban a notarse húmedos. Cuanto deseaba poder olvidar toda verdad y simplemente consolarlo entre sus brazos…era patética.

— P-pues entonces intenta caer con esto...—tragó saliva. Algo en su interior la traiciono ante aquella imagen, y en un impulso, dijo aquello que jamás se creyó capaz de expresar en voz alta: —T-te amo, s-siempre lo he hecho—su confesión sonó torpe y entrecortada, pero ya no temió dejar escapar un par de lágrimas y sintió como una carga era liberada de sus hombros—E-es por esa razón que nunca me atrevería a dañarte. S-si mi familia te ha h-hecho daño, t-te pido disculpas—Lo menos que debía de sentir era lastima por él, pero inevitablemente no tenía control sobre sus emociones— Por favor, créeme cuando te digo que no tengo ni la menor idea sobre lo que pasa entre nuestras familias—Sintió como las manos de Naruto apretaron sus hombros y su rostro se contrajo—S-soy inocente, el único e-error que he cometido ha sido amarte cuando me advirtieron de no hacerlo. E-ese es m-mi único secreto…y-yo te…

— ¡No lo repitas una vez más! —la interrumpió y, en un impulso, liberó bruscamente los hombros de Hinata, provocando que perdiera el equilibrio, trastabillara y saliera de la acera.

Hinata logró ver su rostro en esa micra de segundo, grabando en su memoria el shock con el que sus ojos se abrieron de par en par. Pero una vez que vio a su izquierda, pensó que quizás ese sería el último recuerdo que guardaría de su primer amor.

Cerró sus ojos, a la espera del dolor que seguramente vendría.

Lo último que escuchó fue el escandaloso estrépito de un par de frenos detenerse con brusquedad.

Naruto y Sai presenciaron con horror como Hinata caía al suelo inconsciente.


Gracias a quienes han leído hasta aquí, me han añadido a sus favs o follows, o se toman su tiempo para dejarme un review! Me gustaría poder agradecerles individualmente, pero la universidad me tiene corta de tiempo :(

Saludos!

-SW

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5 de Febrero del 2015