Hola de nuevo, aquí va la segunda parte de lo que escribí yo. Me equivoque, creo que calculé mal y saldrá una tercera parte jeje. En fin… espero que disfruten este capítulo que hasta ahora vendría siendo el más largo. Es capitulo vendría desde la perspectiva de nuestro querido vampiro, en fin, espero que les guste leer tanto como a mí me gusta escribir.

Si les gusta el fic, háganmelo saber porfis, déjenme hermosos review.

…..

Mi verdad

Estábamos sentados en la cantina esperando a la llegada de Valkyon y Ezarel. Habíamos tenido la dura misión de matar a la hamadríade loca del bosque, con la muerte de esta, notamos que Erika no se sentía del todo bien, obviamente los tres incluyendo a Miiko entendíamos su pesar, y por eso decidimos entre Ezarel, Valkyon y yo tratar de distraerla invitándola a la cantina con nosotros.

Antes de ir a beber, me dispuse a ir a mi cuarto para arreglarme un poco, siempre una salida significaba estar rodeado de mujeres de la guardia aunque a pesar de todo esta vez era diferente, a diferencia de otras veces solo quería estar con Erika, molestarla y tratar de subirle un poco el ánimo.

Al llegar no vi a nadie del grupo, así que decidí sentarme a esperar. En mi rostro se notaba mucho el cansancio y esto no pasó inadvertido por Karuto quien limpiaba frenéticamente las mesas.

-Día difícil parece.

Sorprendido por su advertencia lo miré por el rabillo del ojo. No había ningún gramo de sarcasmo en su comentario por lo que decidí volverme hacia él, aprovechando de que el fauno estaba abierto a entablar algún tipo de conversación.

-Si… –esperé dubitativo pensando si añadir algo más, hasta que por fin me decidí- una misión en el bosque.

-Mmm… ya veo, ¿y cómo les fue?

-Mmm… bien creo, la realizamos pero…- no quería contarle nada de los sentimientos de Erika con respecto al asesinato del enemigo.

-¿Pero?

-Nada Karuto, olvídalo.

-Y Erika ¿Dónde está?

¿Queee? Porque me preguntaba por ella.

-No lo sé- le contesté sorprendido. -¿Por qué lo preguntas?

-Noo, por nada- siguió limpiando el fauno.

Al escuchar esto, me di cuenta de que nuestra conversación había llegado a su fin por lo que decidí darme la vuelta hacia la mesa otra vez. De pronto sentí que la puerta de la cantina se abrió. Ahí venía entrando ella, usaba su hermoso vestido rosado con el que había llegado al C.G. La miré embelesado por su grácil figura que se hacía cada vez más presente con cada paso que daba hacia mí. Al mirar su rostro, vi en ella una enorme pena que la invadía.

Saludó a Karuto, quien al parecer, al ver el estado de Erika prefirió guardarse cualquier comentario molesto para luego perderse en la cocina.

Al verla me paré para saludarla, no sabía porque lo hacía, puesto que habíamos estado juntos casi toda la tarde. Era algo instintivo que me llevó a acercarme un poco más a ella antes de que se sentara, esto, con la expectativa de tomarla del mentón y abrazarla. Al darse cuenta de mis intenciones evitó todo tipo de contacto conmigo, algo que me dolió bastante, no solo porque siempre tenía lo que quería de la chica que quería, sino que también por el hecho de que era ELLA quien me estaba rechazando de esa manera tan cruel.

Se sentó frente a mí, y yo, aun parado, también decidí hacer lo mismo. La miré fijamente esperando a que hablara, porque era de seguro que algo me quería decir.

Esperé unos minutos, en los cuales ni siquiera dejo que yo le acariciara la mano.

-¿Ocurre algo?- le pregunté al ver que ella no profería ninguna palabra. Ningún sonido salía de su boca, pues mis sentidos solo captaban su acelerado corazón y respiración entrecortada.

-¿Hay algo que me quieras decir?- insistí preocupado- puedes decirme lo que sea.

-Entonces- comenzó por fin a hablar- ¿porque últimamente te acercas tanto a mí?

La miré asombrado por tal pregunta. ¿Porque me decía eso?, ¿acaso quería saber las razones por las que la protegía tanto? ¿O es que quería saber las razones por las cuales siempre estaba a su lado? ¿Acaso alguien le había comentado algo equivocado?, ¿se debía acaso a mi fuerte insistencia con protegerla en la misión anterior?, si ese era el caso, solo había una palabra para responder a su interrogante.

-Bueno- le contesté por fin- Miiko nos pidió que te vigiláramos- dije automáticamente después de ese mini autoanálisis generado por mi cabeza. Esa era la verdad, al menos una parte.

-Entonces todo lo anterior fue actuado- dijo casi con tono desaprobador.

-No Erika- le contesté inmediatamente- no solo es por Miiko, hay muchas razo…

-No me gusta que me mientan ni que me oculten cosas- no me dejo terminar la frase.

Quería decirle tantas cosas y a la vez no quería decirle nada, porque ni yo sabía la razón por la cual me preocupaba tanto por ella, o porque tenía la necesidad de buscarla para estar a su lado.

La miré mientras ella agachaba la cabeza. No sé si fue mi imaginación o es que de verdad vi una pequeña lagrima acumulada en sus bellos ojos. Esas muestras de emociones no eran para mí, no las conocía demasiado, entonces, ¿Por qué me dolía tanto verla así? En mi vida como casanova siempre hubieron varias chicas rechazadas por mí, estas llegaban al mismo estado de Erika, incluso peor. Al verlas, no sentía nada solo indiferencia, pero esto, esto era diferente, dentro de mí nacía un sentimiento totalmente angustiante, ¿tal vez miedo?, ¿el mismo miedo que sentí hace tan solo unas horas atrás?

-Los he llamado a los tres por solo una razón- nos decía Miiko mientras nos miraba a Ezarel, a Valkyon y a mi.- He notado- prosiguió- que Erika está muy rara.

-Otra vez la humana- dijo Ezarel indiferentemente.

-Si- contestó la kitsune- la he notado muy extraña durante la última vez que la vi… a decir verdad Erika estaba tratando de salir del C.G a pesar del toque de queda…

Me sorprendí enormemente al escuchar esto último.

-¿Y quieres que andemos de niñeros con ella?- intervino el elfo.

-Si… quiero que uno de ustedes tres se ofrezca para vigilarla.

En ese momento nadie habló. Ni siquiera yo. Es cierto que me gustaba pasar tiempo con la chica pero… tenía el presentimiento de que no era nada grave, de que Miiko se estaba equivocando.

-Bien, si nadie se ofrece entonces… tú- me apuntó con el dedo- ve a vigilarla, que ella no se dé cuenta de que tiene una sombra rondándola.

-¿Por qué yo?- pregunté sorprendido.

-Porque tú eres el más sigiloso de la guardia… además que… te la pasas todo el tiempo siguiéndola igualmente.

Creo que lo que dijo Miiko me hizo sonrojar un poco puesto que al ver a Ezarel, este mostraba una tremenda risa burlona, al igual que Valkyon quien se reía sin tapujos.

-Mandaré a que dejen la puerta abierta para que Erika salga- terminó de decir Miiko mientras me hacía señas para que saliera en búsqueda de mi protegida.

Lo que más me molestaba de todo es que el comentario de Miiko me dejaba como blanco de burlas para Ezarel. Giré los ojos al pensar en esto mientas caminaba en búsqueda de Erika.

Al llegar a la puerta noté que la chica ya no estaba, así que me apresuré por el bosque escabulléndome entre la maleza de este hasta que la divisé a lo lejos. Le seguí poco a poco el paso, hasta que llegó al viejo árbol del bosque en donde vivía la hamadríade.

Observé detenidamente lo que hacían, mientras me acercaba despacio con el propósito de escuchar la conversación que ambas mantenían. Miré cada paso que daba Erika y cada careta de la chica arbórea, había algo en ella que no me gustaba para nada.

Esperé a que algo ocurriera hasta que divisé a la humana con un cuchillo, esta se acercaba peligrosamente para luego restregar el arma por el árbol de la ninfa. Acerqué mi mano a mi cinturón donde guardaba una pequeña daga y la saque al acecho.

A lo lejos, en dirección a Erika, vi cómo se le llenaron las manos de sangre. Asombrado por lo que acababa de ocurrir decidí que ya era el momento de intervenir. Ágilmente me fui acercando hasta que vi como la ninfa envolvía una liana de su propio árbol en el cuello de Erika, es en ese momento donde mi cordura se perdió lanzando desesperadamente mi daga a la liana que sujetaba el cuello de la humana. Rápidamente tomé el cuerpo de Erika mientras me retiraba tratando de escapar de aquel monstruo que segundos antes había tratado de asesinar a mi amiga.

Al perderme de la vista de la hamadríade, me detuve para ver el rostro de Erika que estaba en mi pecho. Su mirada estaba completamente perdida. La deposité en el suelo mientras le acariciaba tiernamente el cuello con una de mis manos, mientras la otra la utilizaba para sostener la espalda de Erika.

-¿Qué pasó?- me preguntó.

La miré preocupado, hasta que espabilé para llevarla con Eweleïn.

Al llegar, la dejé en la enfermería mientras le explicaba lo ocurrido a la doctora. El miedo que corría en mis venas paró al saber que mi hermosa humana estaba a salvo.

….

-Mi hermosa humana- me repetía en mi mente. Mientras miraba como Erika trataba de tragarse esa lagrima que peligrosamente quería salir a la luz.

Mis pensamientos volvieron completamente a la cantina, a la mirada de tristeza de Erika y a la falta de cariño que esta me profesaba en este momento.

Aprovechando el momento de debilidad de ella, acerqué rápidamente mi silla a su lado, mientras delicadamente pasaba mis manos por la cintura de ella, haciendo con estas un abrazo. Aproximé mí frente a su frente, esta caricia hizo que Erika cerrara los ojos, mientras que yo también lo hacía.

-Te juro que no te miento… eres muy importante para mí…- le dije en un susurro.

El aliento de ella tocaba mi boca y sus manos también decidieron entrelazarse por encima de mi cuello, era un contacto tan íntimo, tan cercano y tan antinatural de mi parte, que cualquiera que me viera se sorprendería.

-Así que aquí están el par de tortolitos- Exclamó divertidamente Ezarel- si hubiésemos sabido que estaban tan amorosos, habríamos pedido a Miiko que diera la orden de un toque de queda también para la cantina, a excepción de ustedes dos claro.

Nos despegamos rápidamente Erika y yo.

Recorrí rápidamente la estancia en donde nos encontrábamos, donde no solo estaba Ezarel quien hablaba, sino que también frente a nosotros estaba Valkyon, Miiko, Karuto y hasta mi hermana. Todos ellos nos miraban, algunos hasta con una sonrisa inyectada de picardía como la de Karenn y Karuto. Todo esto, mientras el maldito de Ezarel se reía a carcajadas de nosotros.

-Maldito elfo estúpido- pensé- algún día me las vas a pagar.

…..

Cuídense hasta pronto C: