Capitulo seis.
Sakura se quedó algo impresionada por el devastador atractivo que quedó de manifiesto con su arrebatadora sonrisa. Si no hubiese estado tan perturbada por la beligerante situación, lo mas probable era que un gran sonrojo la hubiese dejado más que en evidencia.
Asintió en comprensión a las palabras del hombre y se mantuvo callada hasta que notó a una chica pelirroja acercarse presurosa hacia la pelinegra. Se agachó a su altura y empezó a susurrarle palabras alentadoras mientras la abrazaba.
La pelirrosa se abrazó a sí misma.
-Vamos, este no es lugar para ti-
El pelirrojo, Sasori como se había presentado; la guió hacia la salida, ella solo se dejó llevar por la reconfortante sensación de tener a alguien a su lado.
Repentinamente se había sentido tan sola...
Matsuri ya los había alcanzado para cuando estaban por cruzar hacia la salida.
- ¡¿Sakura, que te ocurrió?!-
La castaña observó impresionada al hombre que la guiaba en silencio. Éste se presentó escuetamente.
-Soy un amigo de la infancia de Sakura ¿Quién eres tú?- Preguntó a su vez escéptico el hombre.
La castaña solo atinó a asentir lentamente y algo sonrojado a su vez explicó que era la acompañante de la mujer, antes de devolver su atención al rostro abatido de la pelirrosa.
-Estas llorando...-
Volvió a decir, más despacio acongojada por lo que veían sus ojos. Sakura solo hundió los hombros, pareciendo una diminuta mota de miedo entre el brazo de aquel hombre.
-Las acompañare a su casa-
Era una orden implícita y algo cohibida por el imponente tono de sus palabras, la castaña asintió obediente. Ya podría hablar con la pelirrosa mas tarde.
Estaban cruzando las puertas hacia una de las salidas cuando el flash de una cámara los encegueció por unos segundos. Otros más lo siguieron a continuación.
Varios periodistas con micrófono en mano se acercaban presurosos en cuanto los vieron. Una avalancha de preguntas no tardó en llegar en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca.
¿Sakura sama, que medidas están pensando tomar con respecto al atentado?
¿Por qué están manteniendo toda la información bajo absoluto secreto?¿Hay algo que se esté ocultando?-
¿Es cierto que usted quedó con secuelas graves después de la explosión?
¿Son ciertos los rumores de su separación de Sasuke san?
Se había quedado paralizada en su sitio, sintió el empujón de Sasori para que siga avanzando y un suave apretón en su brazo, tratando de infundirle confianza; no lo logró.
En tan solo unos minutos toda su realidad se estaba desdibujando ante sus ojos. Un panorama terriblemente turbio se cernía sobre ella, y no tenía nada más que incertidumbre y miedo para hacerle frente. Sus ojos se ampliaban de total espanto con cada pregunta que escuchaba.
¿Son ciertos los casos de omisión que se han denunciado?
¿Sasori san, porque decidió comprar las acciones de los Hyuga en el hospital? ¿Es cierto que se debe a su cercana relación con Sakura sama?-
¿Qué estaba pasando?
Se llevó la mano sana al pecho y apretó allí donde una fuerte opresión le dificultaba la respiración.
Sintió al hombre a su lado cernirla más cerca suyo e ir apresurando el paso entre el tumulto de gente. Matsuri a su lado estaba tan impresionada como ella.
Con la expresión contrita y la quijada fuertemente apretada, Sasori se hizo paso intentando no sucumbir al impulso de ejercer la violencia y empujar a todos fuera de su camino. Aquello solo empeoraría el triste escenario que estaba presenciando la pelirrosa.
Cuando se había hecho del espacio suficiente para moverse con mayor libertad, apuró el paso hacia su vehículo. Abrió la puerta trasera y ordenándole mudamente a la castaña que ingresara, ésta se apresuró a hacerlo en cuando observó cómo subía a una conmocionada Sakura en el mismo lugar.
Aún lo suficientemente molesto por la intromisión de los desagradables periodistas y la ligereza con la estaban manejando asuntos tan complejos, se subió al vehículo. Le preocupaba el estado de la pelirrosa y este repentino abordaje solo complicaba las cosas.
Arrancó en un rugido profundo y prolongado el motor, haciendo retroceder a varios camarógrafos insistentes que lo seguían aún después de haber ingresado dentro del cubículo.
Cuando salió del estacionamiento y estuvo lo suficientemente lejos de todo el revuelo de hace unos momentos, se permitió relajar un poco los hombros y el fuerte agarre al que sometía el volante. Observó por el retrovisor la mirada ida de la pelirrosa y lo embargaron unas serias ganas de asesinar a alguien. Apretó los dientes frustrado y modulando la voz todo lo que pudo, le habló a la confundida peli castaña, quien solo atinaba a frotarle los brazos a Sakura intentando que se relajara.
-Las llevare a su casa-
Matsuri lo miró dubitativa. Le extrañaba la presencia de aquel hombre junto a ellas y aunque seguía preguntándose de donde había salido, se guardó todos sus cuestionamientos para sí misma, no era el momento adecuado para un interrogatorio y menos al hombre que las había sacado de semejante atolladero.
Tomó los temblorosas manos de Sakura entre las suyas y la alarmante frialdad de éstas, casi le hace soltar un respingo.
Tantas preguntas se amontonaron en su cabeza al mismo tiempo, sin embargo ninguna tenía una respuesta que pudiera considerarse agradable por la forma en la que todo se estaba desarrollando ¿Cómo habían llegado a esta situación en primer lugar?
Lo último que recordaba antes de toda aquella locura era que la había dejado unos momentos sola, mientras buscaba sus cosas en los lugares donde habían estado. Ahora simplemente se encontraba frente un panorama desalentador donde la mujer que se encontraba bajo su cuidado, estaba completamente shockeada y demasiado conmocionada para siquiera quejarse. Y para colmo, siendo escoltadas hacia la casa por un atractivo desconocido que decía conocer a la pelirrosa, pero de quien no había certeza alguna que comprobara si decía la verdad. Se sintió más relajada cuando observó los portones de la casa abriéndose lentamente frente al vehículo para permitir su ingreso.
Un gran revuelo de personas yendo y viniendo fue lo primero que pudo divisar a través de la ventanilla.
El pelirrojo se bajó del auto y se acercó a una muy alterada Kushina que hablaba por teléfono, gesticulando alterada frente a la entrada principal de la casa. Ésta, más que sorprendida, detuvo todo lo que estaba haciendo por el simple hecho de verlo acercarse a ella.
-¡¿Sasori kun?!-
-Kushina san, como esta-
Su expresión perpleja perduró lo que parecieron eternos segundos en su rostro antes de que sacudiera la cabeza y retornara a sus aires alterados.
-Este, de verdad, no es un buen momento para que hayas venido... Sakura, ella-
-Está conmigo-La detuvo. Kushina parpadeó varias veces asimilándolo que había dicho. Sasori agregó para explicarse.
-La traigo del Club, se encontraba algo desorientada cuando la encontré y en una situación para nada apropiada teniendo en cuenta su estado-
Los ojos de la mujer de llenaron de lágrimas al terminar de escuchar el discurso y soltó un suspiro cargado de alivio cuando, efectivamente; vio a su hija bajar de la camioneta ayudada por Matsuri.
Antes siquiera de darse cuenta de lo que hacía, ya tenía a la pelirrosa apretada contra sí, en un fuerte abrazo.
-¡Oh Sakura, nos tenías tan preocupados! ¡¿Cómo pudieron irse sin avisar?! ¡Casi se me sale el corazón cuando me dijeron que no estabas!- Le acarició el cabello delicadamente y se sobresaltó preocupada cuando la sintió temblar entre sus brazos.
La apartó de sí lo suficiente para mirarla a los ojos y le lastimó el corazón encontrarse con la sufrida expresión de su rostro. Se veía tan desorientada y perdida como la primera vez que había abierto los ojos después de aquel horroroso ataque. La embargaron intensas ganas de llorar.
Pero si Kushina pensaba que las cosas no podían encontrarse peor, se hallaba muy equivocada y ésta lo supo en el instante en que observó el auto de su nuero ingresando lentamente por los portones principales.
Con dudosa parsimonia, Sasuke bajó del auto y tras dedicarle un breve vistazo a Sakura en los brazos de Kushina, su seria expresión se tornó letal en cuanto se encontró con el rostro del hombre que más despreciaba en la vida.
Endureció la expresión y su mirada afilada como la más letal de las navajas se encontró con la del otro. Ambos hombres se enfrentaban en una guerra silenciosa que ninguno tenía la intención de perder.
Con los hombros cuadrados de tensión y los pasos largos de alguien acostumbrado a imponer su presencia, el pelinegro se acercó lo suficiente al inesperado invitado para enfrentarlo cara a cara.
Un pesado silencio se instaló de improviso a su alrededor, Matsuri; afectada por el cambio rotundo en aire, se removió incomoda en su lugar. Ella no tenía idea de lo estaba pasando. Repentinamente el ambiente se había vuelto pesado y denso por la simple llegada del señor Uchiha y la expresión en los rostros de ambos hombres daba la impresión de que no se toleraban, para nada. Aquello no le daba buena espina.
Se sintió más angustiada por su suerte, al parecer las cosas solo seguían complicándose aún más y de alguna u otra manera ella sentía gran parte de culpa por ello.
-¿Qué haces aquí?-
La helada voz de Sasuke llegó a los oídos de todos causando un estremecimiento casi colectivo, exceptuando al pelirrojo quien ni siquiera parecía afectado y mantenía una inquebrantable expresión de indiferencia en el rostro.
Sakura aún apresada en los brazos de su madre pareció reaccionar al escuchar la voz del pelinegro. Levantó la mirada y enfocó como pudo sus ojos sobre la figura imponente de Sasuke.
No le agradaba para nada la postura tensa y peligrosa en la que se mantenía, mucho menos el turbio brillo de sus ojos, sintió de nuevo la intolerable desazón en el pecho que le incomodaba el simple acto de respirar.
Ese hombre frente a ella le resultaba cada vez más atemorizante e intimidante. Sentía que el muro que se había cernido a su alrededor desde el momento mismo de conocerlo, se fortalecía cada vez con mayor presteza. No habían dado siquiera un paso adelante en su convivencia y sentía que ya iban retrocediendo muchos más.
Sasori resopló burlón, y sonrió de medio lado. No parecía estar ni mínimamente intimidado como se supone debería estarlo y eso le preocupó a la pelirrosa. La expresión severa de Sasuke no vaticinaba nada bueno para nadie.
-Lo que tú deberías haber hecho- Contestó relajadamente.
El rostro de Sasuke se contrajo por la ira, apretó los puños tan fuertemente que sus nudillos se volvieron blancos y les hizo temer a todos por la severidad de la situación.
El pelinegro adelantó un paso más y con los dientes apretados, hablo tan bajo que solo el pelirrojo pudo escuchar sus palabras.
-Sé lo que estas intentando hacer y no caeré en tu ridículo juego-
Sasuke lo dijo lentamente y tras dejar ir esas palabras su postura adquirió un aire más relajado, repentinamente una sonrisa heladora curvaba sus labios dándole un aspecto más intimidante si cabía, prosiguió.
- Tus ridículas provocaciones solo demuestran lo tan patéticamente desesperado que estas- Sus ojos perforaron los suyos y para la enorme satisfacción de Sasuke, un atisbo de ira alteró fugazmente la impasible fachada del pelirrojo. Esta vez fue él quien resopló con burla, disfrutando de su circunstancial triunfo, pero aún mientras se enaltecía orgulloso frente a su adversario, sus manos no dejaban de abrir y cerrarse en un evidente tic que demostraba el enorme trabajo que le estaba costando controlarse.
Se acercó un palmo más, lo suficiente para que lo escuchara claramente aun cuando solo susurrara.
-Sakura es mía-
El pelirrojo se tensó como una cuerda por esas simples palabras y perdiendo toda la seguridad de la que había hecho gala hasta el momento, escupió con absoluto desprecio las palabras que desde siempre tendría pendiendo en la punta de la lengua.
-Ni siquiera te la mereces maldito bastardo...-
La sonrisa maliciosa de Sasuke no hizo más que extenderse. El juego de las provocaciones podían jugarlo los dos y el conocía demasiado bien la fibra sensible de aquel miserable que ahora osaba perturbar su hogar. El simple hecho de tenerlo parado frente suyo en su casa ya era motivo suficiente para desear arrastrarlo a patadas hasta la calle, pero el haberse atrevido a acercarse a Sakura en el estado en el que ésta se encontraba era simplemente imperdonable.
Lo había estado provocando por demasiado tiempo, ya era tiempo de que aquel imbécil conociera al Sasuke Uchiha del que debería temer.
Levantó una ceja con ironía y se alejó de nuevo los pasos que se había acercado. Esta vez hablando en voz lo suficientemente audible.
-Abran los portones, el señor Akasuna ya desea retirarse- Se acercó a Sakura y su helada mirada topó con la angustiada de ella. No le agradó ver el miedo reflejado en ellos pero ese era un asunto del que se ocuparía más tarde. Aún tenía basura de la cual deshacerse.
Los empleados empezaron a movilizarse de nuevo por su orden.
Mentiría rotundamente si dejara que no estaba furioso por encontrar a aquel bastardo, campantemente parado en su patio y enalteciéndose con el pequeño triunfo de poder restregarle que podía cuidar a su esposa mejor que él.
Sasuke no era idiota y sabía demasiado bien cuáles eran sus intenciones con el juego peligroso de provocaciones que había estado utilizando los últimos tiempos. Después de meditarlo con la cabeza fría se había hecho una idea de lo que planeaba. Estaba intentado atacarlo con la única arma que tenía, aquella contra la cual no podía luchar y de la que no podía defenderse.
Sus errores.
Las viejas sombras que lo seguían persiguiendo y que nunca podría sacarse de encima porque, para bien o para mal; eran parte de su ser y de lo que lo conformaba.
Aquel miserable lo conocía, era parte de aquel pasado que desearía olvidar y jamás se cansaría de restregárselo.
Porque él se había quedado con Sakura y el pelirrojo nunca se lo perdonaría.
Porque Sasori siempre pensaría en sí mismo como el que verdaderamente se la merecía, el que la amó desde el principio y jamás perdonaría que alguien tan marcado por el odio mismo como él, se hubiera quedado con alguien como ella. Pero a Sasuke eso no le importaba en lo más mínimo y en lo que respectaba a Sakura no estaba dispuesto ceder ni un solo centímetro, le venía importando muy poco el asunto de merecer o no.
Ignorando los remordimientos del pasado que removían esos ojos verdes que lo miraban asustados, devolvió su atención al pelirrojo.
El hombre simplemente había desaparecido de sus vidas hace ya varios años y ahora aparecía con esto. Con semejantes provocaciones sus sentidos se habían puesto en alerta al especular sobre sus intenciones
Toda la situación que sucedía con frenesí y parecía cernirse sobre él de un solo jalón, le jodía como pocas cosas venían haciéndolo últimamente. Sin embargo, aun cuando su vida había cambiado tan radicalmente y había luchado todos esos años por redimirse frente a las personas que le eran importantes, nunca se permitió bajar la guardia, especialmente con ese hombre y cosas como esas ya ni siquiera tenían el efecto de sorprenderlo.
Hasta podría decirse que lo esperaba. Lo único que le resultaba extraño hasta el momento era la elección de esos tiempos, especialmente difíciles; para reaparecer en la vida de todos y perturbar su pacífica estabilidad. Aunque viéndolo desde el oportunista punto de vista del pelirrojo hasta podría decirse que era el momento ideal, pero le jodía aún más pensar en que el muy imbécil quisiera aprovechar el estado de vulnerabilidad de Sakura para acercarse a ella. Sean cuales sean sus intenciones Sasuke se aseguraría de aplastar sus planes antes siquiera de que se le ocurriera ponerlas en marcha.
-Ya le he agradecido su buena acción del día y me temo que ha rechazado mi oferta de alguna compensación. Supongo que debe considerar rutinario rescatar a esposas ajenas en apuros-
Desdeñando la mirada de reprimenda que le dedicaba Kushina, el Uchiha siguió dando rienda suelta a su contragolpe.
-Aunque eso solo deje de manifiesto sus pobres aspiraciones-
Con cada palabra que salia de los labios del pelinegro, la expresión de Sasori se crispaba aún más. Un golpe certero a su orgullo, uno tras otro. Ahora reconocía en el rostro del pelinegro, al mismo hombre que había aprendido a detestar desde el momento en el que lo había conocido hacía ya varios años atrás. El verdadero Sasuke Uchiha, el que Sakura había creído que dejó de existir, el único Sasuke Uchiha que él conocía.
- Pero aprender a no meterte en asuntos que no te corresponden es una costumbre que deberías empezar a poner en práctica ¿No crees Akasuna?-
Los ojos de Sakura esta vez estaban ampliados de indignación ¿Cómo podía Sasuke hablarle así a alguien que se había comportado de una manera tan considerada con ella?
Los observó incrédula desde su posición, tratando de descifrar lo que había tras las encendidas miradas de ambos. Ella evidentemente no tenía ni idea de cualquier tipo de conflicto o desacuerdo que pudiera haber entre ellos y de lo único de lo que dependía para hacerse un criterio era de su experiencia actual, que definitivamente no estaba yendo por un rumbo muy favorable para el Uchiha.
Arrugó el ceño molesta por el trato que le estaba dando el pelinegro al hombre que había tenido la delicadeza de ayudarlas en un momento tan difícil como el de hace rato. A ella no le interesaban los problemas anteriores si su presente le demostraba todo lo contrario de lo que se suponía debía sentir, y se ocuparía de dejarlo en claro.
-Ya es suficiente-
Su voz estrangulada y un poco ronca por el llanto anterior, no fue lo suficientemente fuerte para llamar la atención de los hombres, quienes continuaban en su enfrentamiento o más bien Sasuke seguía arremetiendo contra un mortalmente callado pelirrojo.
- Lastimosamente para tí, esto es todo lo lejos que podrás llegar. Ya es hora de que te vayas-
-¡Sasuke!-
Las palabras de Sakura se impusieron fuertes y severas, habiendo recuperado la solides en su voz. Todo movimiento ceso por lo que parecieron horas hasta que tuvo la mirada de todos, posada en su afligido rostro.
-No le hables de ese modo-
Se escuchó decir a sí misma, en un tono más bajo y discreto que el anterior, cohibida por los penetrantes ojos negros que la observaban interrogantes.
Se estremeció por la dureza implacable con la que la recorrieron esos mismos ojos, en cuanto termino de pronunciar esas simples palabras, como si hubiera dicho algo inaceptable. Su gesto, ya de por sí intimidante; adoptó una peligrosa distorsión hacia la furia y Sakura se planteó la idea de que quizás ese repentino impulso de heroísmo, pudo haber sido algo inoportuno. Tragó saliva, sintiéndose cada vez más pequeña bajo ese barrido implacable, ya era muy tarde para pensar en ello.
-El se ha portado muy bien con nosotras, si no fuera por su ayuda yo...-
-Ya es suficiente, Sakura-
La cortó impertérrito. Sus ojos adquirieron un matiz indescifrable para ella lo que duró el eterno segundo que sus miradas se conectaron. Le hubiera gustado tanto poder entender lo que le transmitía con ese simple gesto, estaría dispuesta a dar hasta aquello que no poseía por tratar de comprenderlo por lo menos un poco. Pero de nuevo con una ojeada casi indiferente, como quien mira un ser que no merece ni un mínimo de su gran atención; le dio la espalda y enfrentó al pelirrojo, en cuyos ojos brillaba fulgurante la llama del triunfo.
Ambos lo sabían y eso cabreo aún más a Sasuke. Sasori llevaba la delantera sin haber pronunciado ni una sola palabra y todo gracias a la poco afortunada intervención de la pelirrosa.
Sasori se regodeaba por dentro.
-De todas formas ya debo retirarme, no preocupes Sakura. Hasta la próxima vez-
Con una galante inclinación y una sonrisa ladeada de satisfacción Sasori se subió a su vehículo y se alejó lentamente por los portones de entrada, que ya llevaban varios minutos abiertos esperando por su salida.
Sasuke no sabía que lo enfurecía más, el descaro de Sasori de insinuar que se encontraría de nuevo con Sakura o su mirada triunfal y confiada al decirlo. No, ninguna de las dos, se dijo endureciendo sus facciones, lo que lo enervaba hasta límites insospechables era que Sakura, involuntariamente o no, había preferido darle la razón a él a pesar de todo. El infame bastardo había logrado ganarse su simpatía y confianza con una facilidad casi ridícula, prefiriendo concederle la razón a ese hombre que había parecido de repente por sobre él, su esposo y el hombre en el debería confiar por sobre cualquier otra persona.
Con los dientes apretados y la espalda recta se adentró a la casa sin proferir ni una sola palabra más. Lo más sensato por el bien de todos era que se alejara o terminaría por descargar su frustración sobre las personas que quedaban, y Dios sabía que eso, para variar, pensó con ironía; empeoraría las cosas.
Sakura lo observó alejarse hacia el interior de la casa y se permitió soltar el aire que, se dio cuenta en ese momento; había estado reteniendo todo el tiempo. Las cosas con Sasuke solo parecían empeorar. Con cada situación, si es que se le podía llamar de aquella forma; como aquella y cuyas razones se le escapaban del conocimiento, se sentía más y más perdida.
Kushina, quien seguía sosteniéndola parpadeó como despertando de un mal sueño y con la expresión aun indispuesta por el mal rato la guió también hacia el interior de la casa.
La lluvia de preguntas no tardó en llegar en cuanto la acercó a su habitación. Y tras escuchar todo lo calmadamente que pudo la confusa explicación que se había ofrecido a dar Matsuri, las reprendió por la irresponsabilidad de salir de casa sin avisar a nadie. Sakura había preferido mantenerse callada en todo momento y su cabeza no había parado de darle mil y un vueltas a todos los acontecimientos del día.
Desde las extrañas flores, las palabras de la mujer del club y la dolorosa escena en la que fue atacada verbalmente por aquella alterada pelinegra. Y para rematar las preguntas casi descabelladas que le habían hecho todos esos periodistas. Eso sin ahondar aun en el tema de la actitud de Sasuke y su evidente hostilidad hacia el que se había proclamado su amigo.
Sentía la cabeza a punto de explotar y su expresión debía delatarla, pues en un brusco cambio de actitud, que seguía sorprendiendo a la pelirrosa, Kushina paso de reprender enérgicamente a Matsuri, a mirarla con los ojos inundados de preocupación y dulzura.
-¿Te sientes bien cariño? Oh que descuidada soy... Yo aquí alterada y gritando mientras tú te debes sentir tan cansada y aturdida. Ha sido un largo día-
Sakura le daba absoluta razón en lo último, había sido un día extenuantemente largo.
Kushina le acarició los cabellos y tras ayudarla a acomodarse lo mejor que podía en la cama le ordenó a la castaña que le trajera unos analgésicos para el dolor de cabeza que Sakura le confirmo que tenía.
Los medicamentos para el dolor que tomaba, no los ingeriría hasta dentro de unas horas por lo que tras arroparla con la calidez con la que solo una madre lo haría, las dos se marcharon de la habitación dejándola descansar y Sakura no podría estar mas agradecida por ello.
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Pasó la tarde entera encerrado en su despacho ocupándose del trabajo atrasado que tenía. Aunque no sirvió de mucho cuando se dio cuenta del tiempo que había perdido entre intervalos esporádicos pensando de nuevo en los asuntos que rondaban su cabeza, que eran demasiados. Aun así no se dejó llevar por el peligroso rumbo de las especulaciones y se obligó a sí mismo a concentrarse en lo que realmente importaba en aquel momento, su trabajo.
Cuando su celular empezó a sonar y lo interrumpió de su ya logrado triunfo sobre las distracciones, tuvo el intenso impulso de apagarlo. Cuando aquel estúpido aparato sonaba, nunca era para nada bueno.
Se masajeó los ojos cuando al cortarse la llamada, volvió a sonar de nuevo y suspirando derrotado lo tomó en sus manos dispuesto a contestar.
-¿Uchiha sama?-
-Si-
Respondió con la voz cansada pero potente. Y sí que estaba cansado, pero tampoco estaba en sí exteriorizarlo.
-Lo llamamos del banco. Queríamos saber si debíamos cortar la liquidez de las tarjetas de Sakura sama en su totalidad o solo las que se reportaron como extraviadas-
-Liquiden todas. En estos momentos no estamos en condiciones de pensar en donde pudo haber dejado las que solía tener consigo. Lo más práctico es que se expendan unas nuevas, no importa el tiempo que tarde-
-De acuerdo Uchiha sama... Y otra cosa-
Rodó los ojos hastiado por querer alargar la conversación. Lo dejó continuar.
-Usualmente solemos tratar estos asuntos directamente con su esposa pero, una de sus tarjetas reportó de nuevo un sobregiro en Suna. Se lo comunico porque posiblemente los extractos tarden un poco salir y la cuenta quede acumulada en su próxima tarjeta-
Arrugó el ceño profundamente ante lo que escuchaba. Y la frase "de nuevo unsobregiro en Suna" rebotó varias veces en su cabeza.
Como era eso posible si Sakura llevaba meses sin visitar Suna.
-¿Suna?-
Repitió molesto pensando en la posibilidad de que alguien hubiera rescatado alguna de las tarjetas entre los escombros que habían provocado que perdiera sus pertenencias y las hubiera estado sobregirando a costa de Sakura.
-Sí, la cuenta es de comienzos de este mes-
Profundizó su ceño fruncido. Esas simples palabras descartaban su hipótesis actuales dejando otras menos agradables.
-¿Cuándo van a estar los extractos?-
-En unos tres días aproximadamente, señor. Hemos estado algo desfasados de trabajo estos días con...-
-Envíenmelos a la oficina en cuanto los tengan-
Lo cortó con dureza. Su cabeza empezaba a maquinar de nuevo panoramas nada alentadores sobre Sakura. Realizó la última pregunta con la que podría descartar finalmente la última esperanza de que aquello pudiera tratarse solo del robo de alguna de sus tarjetas antes del atentado. Realmente quería pensar que solo era eso.
-¿Sakura sabia del sobrecargo de esas tarjetas en Suna?-
-Si...-Respondió la voz del teléfono como si pareciera extrañado por la pregunta y la respuesta fuera obvia- Se lo comunicamos hace unas semanas, es un problema común en las tarjetas que suele usar fuera de Konoha que recurrentemente suelen quedar sobregiradas, Uchiha sama-
Apretó los labios y tras una larga pausa en la que el hombre detrás del teléfono carraspeó intentando recuperar la línea de la conversación, soltó un seseante -Entiendo -y cortó la llamada.
Su respiración se había vuelto irregular y estuvo tentado a lanzar su móvil muy lejos fuera de su vista. Con los dientes apretados y las facciones endurecidas se levantó de su asiento y se acercó a la ventana que daba al jardín trasero.
El recuerdo vívido de una Sakura hablando por celular en una de las terrazas resurgió implacable en sus memorias. Las mismas palabras que lo habían atravesado con fuerza, volvían a golpearlo con la misma potencia.
El maldito te amo, su sinceridad, la melancolía que la había envuelto. Era como echar sal a una herida en carne viva que no había tenido tiempo de cerrarse. El odio bulló ardiente y arrasador desde alguna parte muy dentro suyo. Ese odio que jamás lo había abandonado del todo.
Veía rojo, como en aquellos tiempos oscuros en los que se había zambullido en ese sentimiento y no deseaba salir de él. Pero había un gran tramo de tiempo y experiencia entre aquel Sasuke volátil e idiota que simplemente saltaba a la mas mínima provocación.
El hombre que se había apostado junto a la ventana, furioso como el infierno, pensaba aún en medio de la bruma incontrolable de rabia que embargaba su mente.
El hombre en el que se había convertido no admitiría su perdida y llegaría a la verdad de todo. Aunque tuviera que aferrarse a su egoísmo para conseguirlo.
El Sasuke comprensivo había perdido la batalla contra los hechos y a pesar de que Sakura no estaba en condiciones de aclarar nada en esos momentos, él se encargaría de averiguar todo lo que su esposa le estuvo ocultando todo este tiempo. Empezando por el flagrante despilfarro que Sakura había estado solventado y ese alguien que había estado manteniendo oculto de todos y que había dicho amar.
Con la mirada oscurecida y las manos menos prietas sobre el teléfono, lo acercó de nuevo frente a su rostro.
Comenzaría a tomar medidas en el asunto y lo haría de inmediato.
Buscó un número entre sus contactos y llamó. Su cabeza fría y gélida como sus ojos contrastando con el abrazador fuego que lo consumía por dentro.
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Despertó ya entrada la noche, sobresaltada por un sueño confuso donde perdía la batalla contra el miedo y era arrastrada por él hacia la penumbra. Manos de gente desconocida surgían de todas partes con la única intención de arrastrarla al corazón de las sombras desde donde salían.
Recuperó paulatinamente el ritmo normal de sus pulsaciones y tras exhalaciones profundas, controlo su respiración. Se llevó la mano sana al pecho, desbocado por las imágenes recientes de su malvada imaginación y tratando de ayudarse con su cuerpo, levantó como pudo su torso hasta quedar recostada en la cama.
Las cortinas habían sido parcialmente corridas, sin embargo el brillo de la luna impedía que la habitación se sumiera en la total oscuridad. Ningún ruido se oía a su alrededor, imaginaba que todos debían estar durmiendo ya. Debía ser muy entrada la noche como para que el movimiento en aquella casa siempre rebosante de actividad, hubiera cesado por completo.
Se había quedado dormida. Poco antes de sumirse en un profundo sueño, recordó difusamente a Matsuri ayudándola a vestirse con algo más cómodo y dándole sus medicamentos para el dolor. Ella había estado demasiado cansada para procesar esos eventos con claridad y había quedado tumbada en cuanto se halló cómoda y limpia en su cama de nuevo.
No abran pasado más de unas horas se imaginaba y ya sentía que había perdido todo atisbo de sueño en su organismo, ante el panorama de una pesadilla tan aterradora como la que había tenido.
Se levantó como pudo de la cama y se puso las pantuflas que habían dejado junto a su cama para cuando despertara. Le habían dejado una especie de alarma por si surgía alguna eventualidad y no se hallaba en poder de resolverlo sola, pero definitivamente, ella podía valerse por sí misma para preparase algún aperitivo nocturno que pudiera calmar su arrollador hambre. No molestaría a nadie en medio de la noche cuando todos ya se hallaban profundamente dormidos.
Se encaminó con pasos cortos y lentos hacia el pasillo. No veía mucho pero por lo menos lo suficiente para poder guiarse en forma silenciosa sin peligro de tropezarse con algo y crear un alboroto que despertara a todo el mundo.
Como su habitación estaba en la planta baja, solo tenía que atravesar la enorme sala para llegar a hacia la cocina. Caminó lentamente en medio de la penumbra, tanteando con su única mano sana el espacio frente a ella para no chocar con algún mueble, raspando el suelo con sus pantuflas afelpadas y tratando de hacer el menor ruido posible.
La habitación estaba lo suficientemente oscura para estar desorientada, y como ni siquiera estaba habituada a los ambientes de la casa, rezaba internamente por estar yendo por el lugar correcto. La casa era inmensa.
Cuando notó un pasillo que parecía conducir hacia una sección espaciosa y algo más iluminada por el brillo que se filtraba a través de algunas ventanas, se sintió esperanzada. Solo un poco más y quizás llegaría a la cocina.
Un paso, dos y su corazón se saltaron un latido cuando sintió algo reteniéndola desde atrás, empujándola hasta chocar contra algo duro y firme.
Paralizada por el miedo, amplió los ojos, horrorizada cuando constató que no era un algo, sino un alguien el que la tenía sujeta de la cintura. Un brazo fuerte y dominante abarcaba la totalidad de su cuerpo e insistía en aprisionarla contra la robusta solidez de su pecho. Cuando, más que asustada; abrió los labios dispuesta a dejar escapar el grito que había contenido por el miedo, el susurro bajo y ronco de un hombre le acarició el cuello, esfumando sus intenciones.
- ¿A dónde crees que vas?-
Un estremecimiento involuntario y devastador aletargó sus sentidos. Sintió el cosquilleó de su tibio aliento perdurar en su piel aún tras volver al mudo silencio anterior.
Reconocería esa voz en donde fuera, aún a pesar del poco trato que habían tenido hasta ahora y ni siquiera tenía que ver su rostro para reconocerlo. Los estremecimientos parecían estar a la orden del día cuando se trataba de ese hombre.
Trató de recordar como respirar, se encontró conteniendo el aliento desde el instante de sentir tal cercanía. Tenía su cabeza apoyada sobre su hombro y su cuerpo tan íntimamente apretado contra el suyo que le hizo recordar el hecho innegable e irrefutable del tipo de relación que tenían ellos dos y que ella se había empeñado en obviar de cierta forma.
Trago saliva con dificultad y aun así su voz había salido solo un poco más fuerte que un suspiro cuando habló.
-¿Sasuke?-
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Soy maldad pura, lo se XD XD XD
Komenten pliz XD Llegamhoz a lo candente \(×o×)/ oie zhii
