EL REGRESO DEL MUGGLE SABUESO
Capitulo siete: Reencuentros 3
EN este punto, Ginny estaba pensativa y con los ojos cerrados, recordando todo. Luego de que Hermione terminara de hablar, miró a Luna, quien estrujaba una servilleta ante el recuerdo.
— Luna — le dijo a la rubia —. Yo… yo he querido decirte, en todo este tiempo… pedirte que me perdones, porque… porque yo quería hacer algo más, quería buscar al tipo, quería matarlo… quería…
La pelirroja no pudo seguir hablando. Dos gruesas lágrimas se habían asomado a sus azules ojos, y con un sollozo se derrumbó sobre la mesa. Harry iba a abrazarla, pero Rocky le hizo señas de que se detuviera, mientras Luna la abrazaba por los hombros y la levantaba con suavidad. En su cara también había lágrimas, pero se controlaba.
— Perdóname amiga — le dijo a Ginny —, comprendo que te ha pesado mucho este secreto, y también por eso lo he revelado ahora. Y te confieso, tú fuiste mi fuerza, mi apoyo más firme en esos momentos en que quería morirme, en que me sentía como una basura… Te quiero mucho amiga, no lo olvides.
Todos se emocionaron ante las palabras de la rubia, palabras que pronto surtieron su efecto; haciendo que Ginny dejara de llorar y la abrazara con fuerza.
— Gracias (snif) amiga — le contestó Ginny, mientras secaba sus lágrimas sonriendo.
— ¿Y luego qué pasó? — preguntó Rocky.
— Deja que yo lo diga Hermione — le dijo Ginny a la castaña, viendo que ésta iba a contestar —. Pues, recuerdo que nos habíamos llevado las maletas, y entre Hermione y yo le prestamos ropa a Luna para que se cambiara. Luego, alguien tocó la puerta y desde afuera nos avisaron que una señorita Duvall preguntaba por nosotras, así que salimos con Luna y les dijimos a los chicos que íbamos a un sitio seguro. Harry dijo que seguirían en contacto, que por el momento esperarían a que los recogieran y luego llamarían para ver si estábamos bien. Después de que Luna firmara su declaración salimos a la calle las cuatro, y ya en el auto de Donna la presentamos con Luna.
— Es cierto — dijo Luna —. Recuerdo la cara de sorpresa que pusimos las dos. Y ella dijo "¡Santo Dios! Mi hermanito se quedó muy corto cuando dijo que eras bonita, ¡estás preciosa!", y otras cosas que me hicieron sonrojar.
— Así es mi hermana — dijo el sabueso sonriendo —. A veces creo que le gusta ser como nuestra madre.
— Sí, y me acuerdo que le dije "Pues tú no te quedas atrás, tienes mucho porte", y ella se sonrojó. Ha sido la única vez que la he visto así. Ginny, ¿tú recuerdas de qué tanto platicamos?
— Claro que sí — contestó la pelirroja —, no se me olvida porque fue lo que te hizo sonreír un poco. Déjame acordar…
UNA PROMESA PERDIDA
Pues verán, ya íbamos en camino rumbo al departamento de Donna, pues ella nos lo ofreció para descansar y quedarnos todo el tiempo necesario, tenía espacio suficiente para todas y nadie nos molestaría, pues vivía sola. Ya nos arreglaríamos después para ir al hotel donde Luna se hospedaba, a recoger sus cosas. Por el camino, Luna y Donna entablaron una amena conversación, que invariablemente acabó por mencionar a Rocky.
— Así que escribes en un diario — dijo Donna — ¿Y sobre qué te gusta escribir? Se me hacen interesantes las personas que escriben, creo que son brillantes.
— Gracias — le contestó Luna —. Ojalá que Rocky pudiera haberlo visto.
— ¿Por qué lo dices? — preguntó Donna — ¿Él no lo sabe?
En ese momento Hermione y yo nos golpeamos en la frente. Habíamos olvidado decirle a Luna que Rocky estaba vivo.
— ¿Pues cómo lo va a saber, si está… está…? — decía Luna, sin completar la frase.
— Pues ha de estar dormidote, donde no sabe a lo que te dedicas — dijo Donna divertida —. Ya verás, en cuanto lo encuentre, me va a oír un par de cosas.
— No entiendo — dijo Luna confundida — ¿Por qué hablas de él como si estuviera vivo?
— Porque así es Luna — le dije yo —. Rocky está vivo, y en cuanto demos con él, le diremos que estás aquí.
— Sí Luna, pronto lo encontraremos — le dijo Hermione.
Luna entonces se quedó muda, y nos miraba como diciendo "¿y por qué demonios no me lo dijeron?". Luego sonrió con esperanza.
— Bueno amiga — le dijo Donna —, ya lo ves, tu prometido va a estar pronto a tu lado.
Cuando Donna dijo "prometido", Luna entrelazó sus manos, y fue cuando puso cara de espanto. Se miró las manos, y nos miró fuera de sí. Estaba pálida y asustada.
— ¡Mi anillo! — dijo — ¡Perdí mi anillo de compromiso, el que me dio Rocky, no lo tengo!
Por el grito, Donna estuvo a punto de chocar contra otro auto, pero logó recuperar el control a tiempo. Luna seguía gritando.
— ¡Mi anillo, era nuestra promesa de matrimonio! ¡¿Ahora qué voy a hacer, qué le voy a decir cuando lo vea?!
— Cálmense todas — dijo Donna —. Vamos a la casa, ahí nos pondremos a pensar en alguna solución, ya ver…(BIP, BIP, BIP).
Sonó un teléfono celular. Era el de Donna, quien tomó el aparato de su cinturón y contestó mientras bajaba la velocidad.
— ¿Sí? — dijo al teléfono — ¿Quién? ¡Ah, hola, qué tal!... ¿Eh? ¿Dónde?... Mmm, no, creo que es mejor en mi casa… Sí… Bueno…. De acuerdo, los esperamos. Ah, y traes algo de beber, ¿eh? Hay que celebrar el reencuentro…. Bien, adiós.
— ¿Algo importante? — le preguntó Hermione.
— Sí, bastante — contestó Donna —. Es una sorpresita, ya verán amigas.
Por fin, llegamos al departamento de Donna. Como nos había dicho, era bastante grande y confortable, aunque algo desordenado. Curiosamente, estaba en el último piso del mismo edificio donde estaba su café.
— Bueno chicas — nos dijo —, ésta es su humilde casa. Pueden quedarse tanto como quieran, y hacer lo que quieran. Luna, si quieres darte un baño, está listo. Es la puerta del fondo, y puedes cambiarte en la alcoba, al lado del baño. Voy a ver qué tengo de comer para ofrecerles.
Todavía con la tristeza reflejada en el rostro, Luna entró al baño. Se desnudó y entró en la ducha. Mientras se bañaba, Escuchó una voz, conocida y aterradora en su cabeza.
— Todavía no te deshaces de mí, brujita entrometida — escuchaba horrorizada —, Voy a tener que castigarte por desobedecer y largarte sin permiso. Y quienes te ayudan también serán castigados…
— ¡NO, NO, NO, NO ES VERDAD, NO ESTÁS AQUÍ! — empezó a gritar, mientras golpeaba las paredes del baño. El ruido nos llamó la atención, me acerqué a la puerta del baño y le grité a Luna desde afuera.
— ¡Luna, qué te pasa! ¿Estás bien? ¡Luna, por Dios, contéstame!
Sólo oía la regadera. Invoqué "Aloho Mora" y la puerta se abrió, entonces entré rápido, y le dije a señas a Hermione que trajera a Donna. Abrí las cortinas de la ducha y vi a Luna sentada llorando. Cerré las llaves y la abracé para que se calmara, entonces me habló.
— ¡Ay, ay, Ginny! ¡E-era él, ÉL, ÉL…! — decía sin parar.
— ¿Quién Luna, quién es él? — le preguntaba, sin obtener una respuesta clara.
— ¡Él, Ginny, él! — contestaba —. ¡El que me hizo esto! ¡El que me ultrajó! ¡Me habló, yo lo escuché, me amenazó y dijo que a ustedes, a ustedes… Ay Aayy, no!
No dijo más ni yo se lo pregunté. Un momento después, entraron Hermione y Donna, con toallas y el botiquín de primeros auxilios, el cual no hizo falta, pues Luna no se había hecho daño. Más tarde, mandamos a Luna a dormir, mientras yo pensaba en lo ocurrido. Como era un hecho que se salía de mi entender, tuve que preguntarle su opinión a Hermione, claro teniendo mucho cuidado en no revelar el secreto de Luna.
— Mione, ¿crees que sea posible que Luna esté tan impactada por lo que le pasó, que escuche voces recordándoselo, digamos, la de quien la atacó?
— ¿Cómo dices? — me contestó asustándose —. Oye, eso significa que a lo mejor tiene daños psicológicos. Hay que llevarla al psicólogo, y luego…
— Momento, momento — dijo Donna —, no nos precipitemos, amigas. Ginny, ¿puedes decirnos qué pasó con Luna cuando entraste? ¿Qué fue lo que te dijo?
— Bueno, pues no fue muy concreta, pero lo que entendí fue que escuchó la voz de "él", y me imaginé que se refería al que la asaltó.
— Ajá — dijo Donna analizando la respuesta —, ¿algo más?
— Pues, algo así como que nos amenazó a todas, o algo parecido. Luego se puso a llorar.
— Mmm — dijo Hermione pensativa —, eso está muy raro. A mi me suena a oclumancia.
— ¿Qué? — dijo Donna — ¿Qué es eso?
— Es el poder de leer la mente, que algunos magos tienen — explicó Hermione —. Otros pocos la desarrollan tanto, que hasta pueden influir de lejos en los pensamientos de sus víctimas.
— Vaya — dijo Donna asombrándose —. Entonces, eso podría ser, si es que quien la atacó fuera un mago. Un mago bastante perverso.
— Pero — objetó Hermione — ¿Qué gana un mago con asaltar y golpear a la gente? No lo entiendo… Mmmm…
— Yo tampoco — contestó Donna —. De verdad que está muy raro. A menos que…
— Bueno, bueno — les dije, interrumpiendo sus reflexiones —. Mejor dejamos eso por ahora, sugiero que cuidemos de Luna, está bastante alterada y no me gustaría que se hiciera daño ella misma.
La estrategia funcionó. Las chicas dejaron de lado sus deducciones, y me ayudaron a vigilar el sueño de Luna por un rato. Poco después, llamaron a la puerta, y Donna fue a atender. Eran Harry y Ron, que entraron seguidos de Jean y Dean, quienes abrazaron a su hermana con tanto gusto, que parecía que no se hubieran visto en años.
— ¡Donna! — dijeron los gemelos — ¡Qué gusto volver a verte!
— ¡Igualmente chicos! — lews contestó ella emocionada — ¡No saben la de cosas que han pasado aquí!
— A nosotros también nos pasaron cosas — le dijo Jean —. Imagínate, rescatamos de un incendio ni más ni menos que a Harry Potter, y a su amigo Ron Weasley.
— Sí — enfatizó Dean —, por poco y Ron no la cuenta.
Al escuchar eso, a Hermione se le puso la carne de gallina y yo temblaba de la impresión, pero supimos guardar la calma ante los chicos, que se acercaron a nosotras y nos abrazaron. No sé por qué, pero les correspondimos al abrazo como si ya no estuviéramos enojadas con ellos.
— Pues qué creen — dijo Donna en tono orgulloso y señalándonos —. A mí, me hicieron el honor de consumir en mi establecimiento ni más ni menos que la sabihonda Hermione Granger, y la romántica Ginny Weasley en persona.
No nos agradó mucho la presentación, pero la perdonamos porque de inmediato fue a abrazarnos emocionada. La verdad, le estábamos tomando mucho aprecio. Luego de los saludos obligatorios, nos sentamos en la sala a charlar. Dean había traído cervezas de mantequilla para todos, y un poco de whiskey de fuego para Donna.
— Es por si te agrada algo más fuerte — le dijo bromeando Dean a su hermana.
— ¡Bah! — le contestó la morena —. Ni que bebiera gasolina sin plomo. Pero gracias, esto me refrescará.
Y sin más preámbulo, le dio un buen trago a la botella, sin siquiera pestañear. A cualquiera de nosotros lo hubiera tumbado al instante un trago así. Charlamos largo rato, de todo lo ocurrido hasta el momento, nosotras estábamos realmente impresionadas por el relato de los gemelos, y no dejábamos de mirar a los chicos, buscando cicatrices nuevas o alguna secuela visible de aquel accidente.
— ¿Saben algo? — dijo Dean —. La estación de bomberos está apoyando la investigación de lo que pasó en aquel bar, y hay sospechas de que no fue un accidente.
— ¿En serio? —dijo Hermione — ¿De qué sospechan?
— De un ataque mortífago — dijo el gemelo, bajando un poco la voz —, pero nadie debe saberlo. Es información confidencial todavía, no quieren que cunda el pánico entre los magos.
— ¿Y cómo es que la policía muggle sabe…? — empezó a preguntar Ron.
— No lo saben — contestó Jean —. Lo que saben es que se trata de terrorismo, eso les hicieron creer los magos infiltrados en el cuerpo de policía, para que se abriera una investigación más profunda y se diera con el culpable real.
— ¿Y ya hay sospechosos? — preguntó Harry, interesado en el tema como todo buen auror.
— sólo he escuchado sobre uno — dijo Dean —. Dicen que acaba de llegar a la ciudad, pero nadie aquí lo conoce, y al parecer quienes pueden decir cómo es o no lo han visto o no lo recuerdan.
— Quizá pueda ayudar — dijo Luna, apareciendo en la puerta de la habitación de Donna. Al parecer había escuchado algo de nuestra conversación —. Yo vine aquí buscando información sobre un posible atacante de magos y brujas, y obtuve varios retratos de la policía de Londres. Si pudiera ir por mis cosas al hotel…
— Ah no, señorita — le dijo Donna en tono maternal —. Usted no da un paso fuera de aquí hasta que esté recuperada. Hermanos, ustedes y yo vamos a recoger sus cosas. Chicas y chicos, ustedes nos esperan aquí. Nuestros números están al lado del teléfono, por si acaso, ah, y si tienen hambre, hay comida en el refrigerador y en la alacena. No tardaremos.
Y diciendo y haciendo, tomaron sus abrigos y salieron, mientras nos quedábamos en el departamento cuidando de Luna y pensando en toda esta aventura, que sin querer nos había reunido con los hermanos del amigo que más extrañábamos; Rocky.
