Capítulo 7. ¿Quién puede ser el asesino?

Camino despacio, con mis manos en los bolsillos y mirando hacia el cielo, ahora azul y cubierto de algunas nubes blancas. Son las cinco, he salido antes puesto que no me acuerdo dónde estaba el bar y seguramente tenga que dar varios rodeos. Hay bastante gente por la calle yendo de un lado a otro, caminando rápido, no entendía cómo todos aquí tenían tanta prisa, como si no tuvieran tiempo o quisieran hacerlo todo corriendo, sin disfrutar ni un momento, me estresa, no me gusta la ciudad. Suspiro, pronto llegaré a la casa de la muerta, no me siento mejor por haber ido, ahora tengo un nudo mayor en la garganta, sobretodo al ver a esa persona observándome, ¿sería el asesino? Mis ganas de volver esta misma noche eran inmensas, pero sería estúpida si lo hiciera, ¿quién dice que esa persona no vaya a hacerme daño?

Ahí está, la casa, rodeada por el cordón policial, pero no soy la única que la observa, hay alguien más mirándola con detenimiento parada al otro lado de la acera. Se trata de Lexa, mi compañera de mesa, aquella chica que me da tan malas vibraciones. No se percata de mi presencia así que me acerco despacio, sin dejar de mirarla hasta que estoy a unos pasos de ella y me paro, al parecer aún no me ha visto. Veo como una pequeña sonrisa sale de sus labios y después me mira, ahora seria.

—¿Tienes esa manía de quedarte siempre mirando a la gente? —me pregunta con sus ojos fijos en los míos, no hay enfado en su voz, ni tampoco burla.

—No —respondo, no podía decirle que la miraba porque sentía algo extraño, una sensación mala y más ahora que la veía mirando la casa. Giro mi cabeza y ahora yo también la miro—. Es preciosa —digo sin más.

—Sí, y también interesante y misteriosa, ¿no te parece? —asiento.

—Sí, si te gusta que asesinen a gente en ella —ya habría salido esto en todas las noticias, por lo que debería saberlo.

—Los asesinatos también tienen su parte interesante y misteriosa —concuerdo con ella, aunque lo dice tan enigmáticamente que un escalofrío recorre mi espalda, pero ahora mismo no quiero darle demasiadas vueltas, sino, llegaré tarde, pero el problema es que no se por dónde ir, podría preguntárselo a ella, si recordara el nombre del bar...

—Oye —la llamo—. ¿Sabes cuál es el bar donde trabaja Octavia? —ignoraba si sabía a quién me refería o la ubicación del bar, pero era mejor que si no preguntaba. Me mira, pero en realidad está en otra parte, pensado.

—Sí —espero que diga algo más pero no dice nada.

—¿Podrías decirme por dónde ir? —suspira, parece que le estaba molestando un poco.

—Sígueme —y enseguida comienza a caminar, voy rápido, intentando alcanzar su paso hasta ponerme a su lado.

—No tienes que venir conmigo —pero no me hace caso y sigue caminando.

Llevamos cinco minutos en silencio, un silencio realmente incómodo, pero no sé qué decir o qué hacer.

—¿Cómo te llamas? —me pregunta.

—Clarke.

—Lexa —ya sabía su nombre. Fue lo único que hablamos, pero ahora ya no resultaba tan incómodo. Recuerdo lo que Raven y Octavia me contaron de ella y su familia, debo tener cuidado con gente como esta y lo único que hago es ir andando con una de ellas, ¿qué pensarían mis padres? Bueno, ni que me fuera a drogar.

Estamos a unos pasos del bar cuando veo a las chicas en la puerta, hablando, al momento se giran y nos miran con una cara que mezcla sorpresa y algo de susto, aunque es lógico. Nos paramos.

—Bueno, creo que desde aquí ya podrás llegar sola —dice mirando hacia mis amigas.

—Gracias, me habría perdido de no se por ti —ella asiente y después se da media vuelta y se va. No pasa ni un segundo cuando Raven y Octavia se presentan a mi lado.

—¿¡Qué ha sido eso!? —preguntan ambas a la vez.

—Me la encontré y le pregunté cómo llegar hasta aquí.

—Sí, pero te ha acompañado —dice Octavia.

—No sé por qué, pero me da la sensación que es por lo del otro día —me miran con cara extraña—. Ya sabéis, por haberse puesto en plan fiera. Supongo que es una forma de disculparse.

—O quiere acercarse a ti para luego arrancarte la cabeza.

—Raven —le riñe Octavia.

—Bueno, sea lo que sea estoy aquí, ¿qué vamos a hacer?

—¡Hey O! —un chico de pelo negro rizado negro aparece por la puerta del bar y se acerca a nosotras con expresión alegre.

—Mira Clarke, quiero presentarte a mi hermano Bellamy —este saluda con una sonrisa y yo hago lo mismo.

—Bueno, ya estamos todos, vayámonos.

Nos dirigimos hacia el coche de Raven y entramos, no sé a dónde vamos, ni tampoco quiero preguntarlo, sólo quiero bajarme ya, no me gusta la velocidad y menos los accidentes, pero Raven parece tener bastante control. Aparca cerca de un parque y bajamos. Hay mucha gente en él, sobre todo niños corriendo de un lado a otro mientras sus padres charlan sentados en un banco.

—Aquel está vacío —dice Raven—. ¿Una carrera? —pero antes de que dijera nada más Octavia empieza a correr y Raven va detrás, chillando que es una tramposa. Bellamy sonríe.

—Son unas crías.

—Bueno, todos llevamos un niño dentro —digo mirando cómo discuten por ver quién llegó primera.

—Hey, espera un momento, quiero comprar chuches —paramos en un pequeño puesto que había al lado nuestro. Yo sólo compro dos bolsas mientras él casi se lleva el puesto entero.

—Me encantan las piruletas —dice mirando una con los ojos como platos mientras la abre.

—¿Quién es el crío ahora? —ambos reímos y nos dirigimos hacia las chicas.

—Ya podrías haberme comprado algo, hermanito.

—No sé lo que te gusta —se queja.

—Diecisiete años conmigo y aún no lo sabes.

—Tú tampoco lo que me gusta a mí.

—Claro que sí ¡Todo! —reímos.

Me lo estoy pasando realmente bien, son muy simpáticos, pero no dejo de pensar en aquella casa, quería saber si ellos tenían una idea de quiénes podían ser.

—¿Os habéis enterado del asesinato? —pregunto haciendo que todos me miren olvidando sus sonrisas, hasta que Raven rompe el silencio.

—¿Cómo no? Si fue Trending Topic en Twitter.

—¿Sabéis quién pudo ser? —se miran entre ellos y después Bellamy hacia todos lados.

—¿Está más que claro no? —sé la respuesta desde que los policías fueron a mí casa, pero no estaba segura—. Esa familia da asco, bueno, ni siquiera lo son de sangre, espero que algún día hagan algo, si fuera por mí les daba un escarmiento.

—Bellamy tiene razón —dice Raven—. No son buena gente, Clarke, intenta no juntarte con ellos o acabarás mal —se refería a cuando me vio antes con ella.

—¿Pero cuál de ellos creéis que pudo haber sido?

—Ni idea, todos son igual de canalla, pero está claro que esto nunca terminará, no es el primer asesinato —dice Raven, mis ojos se abren sorprendidos.

—¿Ha habido más de uno? ¿Descubrieron al asesino?

—Demasiados. No, y si lo hicieron los callaron con dinero, esta ciudad funciona así, si tienes dinero puedes masacrar un orfanato que no te harán nada, puede que hasta incluso te condecoren con una medalla —a menudo sitio me he venido a vivir—. Pero la mayoría de los asesinatos han sido en los barrios bajos, pocos de la alta clase, al parecer lo que quiera que hicieran esos no pudieron salvar sus vidas con dinero.

—Bueno, ya basta de hablar de estas cosas y divirtámonos —dice Octavia.

Seguimos hablando hasta que llega la hora de volver. Raven me acerca a casa, al llegar sólo encuentro a mi madre sentada enredando con el móvil.

—Hola cariño, ¿cómo te lo has pasado?

—¿Y papá?

—Ha ido a un taller a ver si encontraba trabajo, ya debe de llegar pronto —asiento y me dispongo a subir las escaleras a mi cuarto.

—Clarke, espera —se levanta acercándose a mí— Clarke, cariño, hablemos, no podemos seguir así —suspiro con desesperación, todo esto me irrita mucho—. Sé que lo que hice estuvo algo mal.

—¿Algo mal? ¿¡Algo mal!? —suelto con enfado—. ¡Le dejaste morir, mamá! ¿Eso estuvo "algo mal"? Más bien fatal —subo el primer escalón dispuesta a irme cuando mi madre me agarra del brazo.

—Clarke, por favor —pero enseguida me zafo de ella.

—¡No tenías ningún derecho a decidir si podía vivir o no! Tú eras la doctora, tu obligación era intentar salvarle la vida. No quitársela. Pero interpusiste los sentimientos al deber. Eres una asesina, mamá —dicho esto subo las escaleras rápidamente y me encierro en mi cuarto dando un fuerte portazo. Me tumbo en la cama, pero estaba muy agitada y me vuelvo a levantar, abro el cajón y cojo papel y lápiz, tal vez dibujar me tranquilice un poco.