Capítulo 7. Algo inspirada y con ganas de comerme a Draco Malfoy con o sin envoltorio x3 Espero que les guste este capitulo, a mi me gusto imaginarmelo jeje Pronto seguire subiendo. Gracias por todos los reviews!!! Me alegran los días!! *-* Definitivamente no abandonaré este fic.. Tengo un final así que las ideas del medio ya van a acudir con el tiempo..
Cuando una persona te hace la vida imposible y vive para molestarte lo único que deseas es que se olvide de ti y te deje en paz. Sin embargo te acostumbras a su constante presencia, al sonido de su voz, a las miradas que te dirige, a que te preste atención por lo menos para insultarte. Cuando tu enemigo te es indiferente deberías estar celebrándolo. Lo que menos se debe sentir en un momento así es nostalgia. Pero Hermione no podía soportarlo ni un minuto más.
Dos días. Cuarenta y ocho horas. De indiferencia total. Hasta ese punto llegaron los nervios de la castaña. Al principio le había dado igual si Draco Malfoy se dignaba a hablarle o no. Había considerado aquel silencio como música para sus oídos. Hasta que se dio cuenta que el silencio era acompañado por una actitud fría y desinteresada, ignorante y repulsiva, unas acciones realmente inadmisibles viendo que ella le permitía quedarse en su casa. Sólo lo toleró dos mil ochocientos ochenta minutos de completa desesperación.
Aquel desinterés y olvido que optó por tener el rubio ocurrió luego de aquella extraña conversación que tuvieron en el cuarto de ella. Esa noche cuando bajó a cenar se encontró con que él no la miraba más. Así, al menos, pudo comer tranquila y recuperar el alimento perdido. Luego sus padres la obligaron a lavar los platos junto a él, al parecer queriendo hacer de cúpidos en un falso intento. Draco Malfoy fue tan considerado que lavó los platos, cubiertos y vasos que utilizó junto a su madre y desapareció de la cocina dejando a Hermione con el resto sola.
El tiempo continuó y la actitud de rechazo continuó de mal en peor. Le había seguido por toda la casa intentando hablar con él a pedido de sus padres y él se limitaba a huir o hacer oídos sordos. Había estado tranquilamente observando la televisión y él había llegado y cambiado de canal como si fuera su propia casa. Lo que le asombró a Hermione de esto último fue que estuviera tan familiarizado con la "caja negra" como la llamaban los Weasley.
La gota que rebalsó el vaso fue la última falta de respeto que pensaba permitirle Hermione mientras ambos vivieran bajo el techo de su casa. Sus padres la habían mandado de compras, ya que la comida escaseaba siendo más personas de lo normal, las fiestas habían acabado y aún así ya no eran solo tres personas las que vivían en la casa y a las que se tenía que alimentar. Así que junto a Malfoy los mandaron a comprar más víveres. El pequeño inconveniente fue que el rubio se hizo el tarado y decidió no acompañarla. Empeorando la situación de la castaña ya que había tenido que comprar demasiadas cosas y el camino regreso a casa había sido extenuante, un muchacho del mercado se había ofrecido a ayudarla y así pudo apañárselas mejor.
Pero lo que molestó a la castaña no fue que el rubio no la ayudó con las compras. Sino que la escenita que armó en la casa cuando descubrió que se había olvidado de comprar algo. Siendo más específicos, Malfoy, había comenzado a gritarle e insultarla porque no había comprado los flanes que había probado inconscientemente y de los cuales se había enamorado.
Lo que no podía creer, Hermione, era que él no le había hablado durante horas y se dignaba a dirigirle la palabra sólo para recalcarle que era una buena para nada, insultarla y despreciarla. Debería haberse puesto contenta de volver a oírle, pero eso la enfureció aún más. Acabó elevando la mano, tomando un gran impulsó y conteniendo el aire antes de intentar golpearlo en una mejilla. Sin embargo oyó el ruido de una bofetada y pudo ver cómo alguien se le adelantaba.
-Pídele disculpas-exigió la señora Malfoy con una expresión demasiado seria como para tomar sus palabras con burla.
El rubio se llevó una mano a la mejilla adolorida y miró a su madre asombrado. Para luego dirigir una mirada resentida en dirección a la castaña antes de marcharse sin decir palabra alguna. Hermione aún estaba paralizada por lo que había presenciado y el rostro de la madre de Malfoy, ahora más calmado, la sacó de su estupefacción.
-Lo siento mucho, Draco está muy estresado, pero prometo que hablaré con él para que no te vuelva a tratar así.
Aún recostada en la cama, cerraba los ojos y recordaba la escena ocurrida. No volvió a ver a Draco Malfoy desde aquel extraño suceso y aquello la incomodaba. No sabía si el rubio la odiaría más por lo ocurrido o si se cobraría venganza o si simplemente estaba resentido con su madre y no con ella. Estaba intrigada y ni siquiera podía dormir.
Comenzó a bajar las escaleras silenciosamente procurando no despertar a nadie pensando en ir a beber un poco de agua para así poder dormir mejor. Aunque cuando llegó al pie de estas se inmovilizó. Un ruido, que ella no había provocado, la sobresaltó. Comenzó a temer que fuera algún ladrón, algún mortifago o, mucho peor, el padre de Malfoy. Escrutó en la oscuridad, esperando poder ver alguna figura pero no descubrió nada. Y el ruido volvió a sonar en la oscuridad sin que hubiera alguien a la vista.
Se acercó a la puerta, de dónde provenía el sonido, y respiró hondo antes de abrirla. Se llevó tal sorpresa que se le fue todo el aire de los pulmones, impidiéndole que respirara normalmente. Esperaba encontrar algo aterrador, algo violento y asesino, algo espantoso. Pero encontró todo lo contrario, algo digno de una foto, una escena de ternura incomparable. Se mordió el labio inferior y sonrió.
La puerta había terminado siendo un pequeño armario donde se guardaban algunos abrigos. Estos estaban apretujados en un extremo mientras que en el otro descansaba el ser más bello jamás antes visto. Acurrucado contra la dura y fría madera, hecho un ovillo, descansaba Draco Malfoy. Abrazaba una barra de chocolate que debía estar ya derretida por su calor corporal y a su alrededor se esparcían diversos envoltorios de comidas poco nutritivas. Pero lo más adorable de todo lo que veía era el rostro calmado y perfecto, con pequeñas manchas de chocolate que dormía plácidamente, ajeno a lo que estaba ocurriendo.
No deseaba despertarlo. Fue lo primero que se le cruzó por la cabeza. Después consideró una pequeña venganza despertarlo de tan preciado sueño. Se acercó hasta su rostro, con la intención de gritar en su oído, pero el aroma del muchacho la mareó. Notó una pequeña línea que cruzaba la pálida mejilla del rubio y se humedeció los labios. ¿A qué sabría el chocolate a la Malfoy? Extendió la lengua y la deslizó por el perfecto rostro, borrando la mancha de chocolate.
-Un poco más…-susurró el rubio en sueños y ella se apartó en seguida, asustada.
Para alivio suyo el muchacho solo soñaba y no la había descubierto. Lo sacudió de un brazo, insistentemente para que despertara. No pensaba cuidar de él luego de que pescara un resfriado. Así que lo mejor era llevarlo pronto a la cama y que descansara bajo la calidez de las cobijas.
-Malfoy, no puedes dormir ahí.
Recién después de pronunciar esas palabras se le ocurrió pensar que el rubio debía tener un motivo para estar durmiendo allí. Se sintió un poco preocupada, sin proponérselo, y zarandeó más del muchacho hasta que este reaccionó de manera iracunda. Le arrojó la barra de chocolate por la cabeza y se volteó dándole la espalda. Esto enfureció a la castaña que lo tomó de los cabellos, reprimiendo un escalofrío por el delicioso contacto, y jaló de él hasta haberlo sacado de dentro del armario.
-¡Vete a la cama!-gruñó ignorando la cara de asombro y dolor que le dirigía el muchacho desde el suelo.
Le dio la espalda dispuesta a impedirle que protestara o dijera algo y se largó en dirección a la cocina. Sus planes habían sido alterados por el rubio, pero no pensaba sentirse mas mal de lo que ya estaba. Esta vez ella se iba primera, ella lo dejaba atrás sin habla. Abrió el refrigerador y observó el interior buscando agua bien fría.
-¿Me pasas la leche?-susurró aquella irresistible voz con sabor a chocolate, junto a su oído provocando que diera un brinco.
Su lengua cosquilleó recordando lo cerca que había estado de lamer los labios del rubio. Sacudió la cabeza, molesta por su reacción y el camino que tomaban sus pensamientos. Tomó la leche y se la entregó con brusquedad provocando que salpicara sobre la camisa del pijama. Observó apenada la mancha y se mordió el labio.
-Lo siento-musitó sirviéndose un vaso de agua y tomando asiento en la mesa, algo cansada.
-No, no es nada-se apresuró a decir mientras se quitaba con extremada libertad la camisa, quedando desnudo de la cintura para arriba-Yo lo siento… Creo que últimamente me comporté horrible…
Ante tales palabras y acciones, la castaña no pudo contener una risa nerviosa. Las palmas de las manos le cosquillearon, pidiéndole a gritos que acariciara aquel pecho delicadamente esculpido por los dioses, pero se controló. Respiró hondo y reconsideró las palabras dichas.
-¿Solo crees? Yo creo que te has comportado como un completo imbécil, y tu madre no ha estado muy de acuerdo con tus actitudes-contestó mordazmente.
Miraba al frente, creyendo que la pared era mucho más interesante que los ojos del rubio, o el cuerpo del mismo. Aunque él tomó asiento en frente suyo y no pudo desviar la mirada. Comenzó a jugar nerviosa con sus manos mientras analizaba las extrañas expresiones del rostro del rubio. Draco Malfoy parecía estar sufriendo un infierno en vida viéndolo fijamente.
-Diecisiete años acostumbrado a tener a mi alcance todo, obligado a despreciarte, con una enseñanza distinta a la que pudo haber tenido cualquiera. Es difícil cambiar, a pesar de que mi madre lo desee tanto… Estoy cansado de ser esta persona, pero no tengo a nadie más aquí dentro-colocó una mano en su pecho y Hermione contuvo el aire-Temo que jamás pueda cambiar, volverme alguien aceptable…
-Y te ocultas detrás de esa asquerosa personalidad, a pesar de todo tienes miedo y prefieres continuar como has sido durante todo este tiempo a intentar cambiar… Terminas siendo despreciable Malfoy.
¿Por qué tenía que escuchar todo aquello? Ella lo odiaba y eso nunca iba a cambiar, a pesar de que él fuera otro chico diferente. Ya se lo estaba confirmando, el niño de antes había muerto. Pero también estaba descubriendo que el Draco Malfoy que había creído conocer y odiar tenía miedo como todos los demás, terminaba siendo alguien común y corriente... Estaba más confundida que nunca, y lo que la mareaba más era que no se decidía entre expulsar o aceptar a Draco en su vida como algo bueno, como un posible amigo… De algo estaba segurísima: pronto vendría el fin del mundo si lo aceptaba.
-¡Demonios, Granger! ¿Acaso no saber considerar las indirectas?-protestó frustrado, llevándose las manos a la cabeza.
Ver cómo aquellos largos dedos revolvían el cabello que ella había jalado la hizo estremecer. Golpeó la mesa igual de frustrada sin importar que todo el mundo dormía y observó a la persona que tenía frente a sus ojos y estaba segura de no conocer.
-Está bien, Malfoy. Mañana iremos de compras, y basta de ignorarme. Me ayudarás con los platos, con las compras, en todo lo que nos ordenen. Además podemos hacer las tareas juntos, podemos convivir bajo el mismo techo como algo diferente a enemigos.
Pudo asegurar que ante el primer par de palabras un extraño brillo cruzó por los plateados ojos. Pero se extinguió al instante. Le picó la curiosidad, pero decidió ignorarlo. Respiró hondo, y juntando todas sus fuerzas se puso de pie y comenzó a alejarse. Deseando quedarse toda la noche conversando con el rubio, a pesar del cansancio. Segura de que había tomado la peor de sus decisiones a pesar de que fuera las más posible solución a muchos de sus problemas...
-¿Te puedo pedir algo pequeño?-preguntó Draco siguiéndole los pasos, hasta su cuarto.
Ella asintió cansada de hacerle favores a aquel chico y creyendo que no pediría nada extremo. En verdad no previno lo que él le iría a pedir. Tampoco podía adivinar que el rubio no deseaba dormir en la misma cama que su madre debido a una grave discusión que habían tenido.
-Malfoy-siseó amenazadoramente, acostada en la cama y dura como una estatua.-No te atrevas a cruzar la línea que te marque… Porque sino te mato.
Cerró los ojos, sin poder dormir y permaneció así durante un largo rato. Podía sentir su presencia, su calor, su cuerpo tan cerca del suyo que sentía que el corazón le explotaría. Jamás en su vida había dormido junto a alguien del sexo opuesto. Ni siquiera con sus mejores amigos, o familiares. Agradecía que hubieran optado por acostarse enfrentados, aunque podía ver los pies blancos como la nieve bajo las sabanas. Sintió que el rubio daba vueltas sobre si mismo y se tensó.
-¡Estate quieto!-chilló silenciosamente y todo quedó en una extraña calma, él dejó de moverse y pudo sentir como su respiración se volvía más profunda.
Contó hasta siete antes de quedarse dormida. Olvidando, por un pequeño momento que estaba acostada en la misma cama que Draco Malfoy. Lo único que esperaba era que no la violara en medio de la noche. Pero estaba segura de que ella no era su tipo. Lo que había ocurrido en su primer encuentro era cosa del pasado, cosa de niños…
Próximo capítulo ¿De compras con el adolescente violador? ¿Creen a Draco capaz de eso? x) Dejen reviews y aguarden a la continuación... que será prontito..
Besos!
Jessica C. Black
