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Transcurrimos por algún camino, escuchándonos filosofar

Hablamos de miedos, de metas y sueños

Nos conocimos, nos entendimos

Proyectando intenciones que dos como nosotros nunca pueden concretar

¿Qué más me da?

Sucede…

- C. Pertusi -

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Capítulo 6: Poco a poco

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—El ki es la energía vital interna de todo ser vivo—decía Gohan, tranquilamente sentado sobre una gran roca—Tú has practicado artes marciales, sabes lo que es concentrarse para sacar la máxima fuerza, la máxima velocidad, el máximo potencial. Eso está bien. Pero no es suficiente. Debes ir un paso más allá, debes llevar esa concentración hacia tu interior. Aquí—se llevó la mano al centro del pecho—Una vez logres sentir ese flujo de energía naciendo desde el centro de tu cuerpo, podrás servirte de él, podrás sacarlo al exterior, podrás usarlo para ser más rápida y más fuerte de lo que eres físicamente capaz. Podrás usarlo para volar.

El sol comenzaba a ocultarse, transformando el horizonte boscoso en una línea púrpura. De pie en el pequeño claro, con los ojos cerrados tensamente, Videl escuchaba de fondo sus palabras. Una parte de ella creía entender lo que Gohan le estaba diciendo; una parte de ella creía haber sentido antes aquel misterioso flujo de poder en lo más profundo de su pecho. El resto de su ser, su parte más racional por así decirlo, no sabía muy bien que estaba haciendo.

Aquella escena venía repitiéndose todas las tardes desde hacía unos diez días. A petición de Videl, siempre un poco antes de que acamparan para pasar la noche, Gohan destinaba cerca de una hora para instruirla en el uso del ki. Ella quería volar. Lo deseaba con todas sus fuerzas desde que supo que era una habilidad que se podía aprender. A él no parecía molestarle. Era solo una pequeña pausa en su inexorable marcha hacia el oeste.

Durante los últimos diez días habían estado avanzado sin detenerse en esa dirección, a pie, siempre manteniéndose cerca de los bosques que bordeaban la línea costera. Videl no había preguntado por qué, pero no le hacía falta. Había una determinación extraña en los ojos de su compañero, la misma que tenía desde que despertó aquella noche, escapando de un misterioso sueño.

Ella no lo presionaba. Gohan tenía un objetivo, lo sabía. Y también sabía que él se lo explicaría cuando llegara el momento, tal y como había hecho antes. Confiaba en él. Le agradecía que, pese a tener esa nueva meta grabada a fuego en sus ojos, se tomara la molestia de satisfacer su capricho tarde tras tarde, pues Gohan había aceptado enseñarle a volar.

Y por supuesto le había advertido lo duro y difícil que sería.

En esos momentos, al igual que el día anterior, y el anterior a aquel también, Videl estaba de pie en el claro, con los brazos alzados en una típica pose de Karate. Se había abstraído del mundo, tal y como Gohan le había recomendado. No veía, no olfateaba, no oía, ni siquiera notaba la hierba bajo sus pies. Todo su ser estaba concentrado en la percepción de su interior, aquella negrura absoluta donde de tanto en tanto, muy de tanto en tanto, leves destellos de luz parecían cortar el vacío. ¿El ki? No estaba segura.

Comenzó a sudar intensamente, a temblar, aumentando cada vez más y más su concentración… De repente, los destellos en la negrura se hicieron más intensos. Creyó sentir algo en el aire que rodeaba a sus manos, una especie de ondulación, o de onda, como si alguien hubiera arrojado una piedra en un estanque invisible. La sensación desapareció enseguida, aunque había algo diferente… ¿Era impresión suya o estaba mucho más agotada que antes?

—Muy bien, Videl—la voz de Gohan volvió a sonarle muy lejana—Estás cerca.

¿Lo estaba? Apretó aún más los párpados, enfocándose hacia el interior, concentrándose más de lo que nunca se había concentrado en toda su vida.

—Estás cerca… ¿Puedes verlo? Concéntrate…

La voz de Gohan, su último nexo con la realidad, se difuminó hasta desaparecer por completo. Ahí estaba de nuevo…puntos luminosos en la oscuridad. Podía verlos, podía... ¡sentirlos! E

ra una sensación extraña, cálida, como si miles de abejas de fuego revolotearan exaltadas justo en el medio de su pecho. De repente, sin siquiera saber como, reunió aquellas abejas en una única y luminosa colmena, una esfera brillante latiendo en su interior.

—Genial, Videl—la voz de Gohan volvió a escucharse a lo lejos. Sonaba…orgulloso—Lo has logrado, me cuesta creerlo pero lo has logrado. En menos de diez días has sido capaz de manifestar el ki en tu interior… Puedes notarlo, ¿verdad?

—Si…—susurró, sintiendo como el sudor le corría cuello abajo. Estaba empezando a respirar agitada—Puedo sentirlo…es cálido. Puedo…verlo…

—Escúchame atentamente. Incluso algo tan básico como sentir y visualizar el propio ki puede ser agotador para alguien que no está acostumbrado a hacerlo. Quiero que dejes ir la energía ahora.

—No…

—Videl…hazme caso. Sé lo que te digo. Deja ir el ki. Hazlo lentamente y con mucho cuidado.

—Puedo…moverlo…

Era cierto. Con mucho esfuerzo, con muchísimo esfuerzo, comenzó a desplazar aquella masa de energía desde su propio interior. La movió lentamente desde el centro de su pecho…y luego la desarmó. Ya no era una esfera…era un torrente de luz que viajaba con fuerza hacia sus manos, piernas y pies. Si, sus pies. Hacia allí la dirigió. Pudo sentir como un agradable hormigueo la recorría desde la punta de los dedos hasta los talones, trepando hasta casi las rodillas. Entonces, sin saber siquiera cómo, dejó escapar aquella energía. La hizo estallar hacia abajo con fuerza. Con muchísima fuerza.

El mundo se dio vuelta de repente.

Ya no sentía el suelo bajo sus pies, pero no por lo abstraída y concentrada que estaba, sino porque literalmente había dejado de estar parada en él. Abrió los ojos alarmada, topándose con una realidad tan aterradora como inconcebible. Estaba suspendida de cabeza en el aire, a al menos seis metros de las copas de los árboles más altos. Su cuerpo giraba alocadamente sobre sí mismo, como un satélite fuera de órbita; era incapaz de enderezarlo.

Sacudió desesperada los brazos y las piernas, intentando en vano redireccionar la energía que la mantenía suspendida, sacarla de sus pies y de sus piernas, devolverla nuevamente al centro de su pecho, pero fue inútil. No podía. Seguía girando como un trompo, elevándose cada vez más y más en el aire, sintiéndose cada vez más débil y cansada. Hasta que ya no pudo soportarlo. Algo dentro de ella se apagó. Fue como si todo el cálido torrente de luz que la había llenado se extinguiera de repente. Ya no giraba, ya no se elevaba. Ahora caía. Caía sin control. Podía oír el ruido informe del aire corriendo en sus oídos, en su garganta, atenuado solo por el tronar de sus gritos espantados. El bosque se cernía sobre ella, verde, inmisericorde, inevitable. Iba a estrellarse de cabeza contra el suelo.

— ¡Videl!

Gohan se movió como un rayo. Había llegado a verlo por el rabillo del ojo mientras ascendía sin control. La miraba con la boca abierta por el asombro, sentado en su gran roca. Pero ya no estaba allí. Era una sombra confusa que se acercaba a ella a una velocidad indecible. La interceptó cuando estaba a menos de dos metros del piso, rodeándola con su único pero poderoso brazo. Luego se precipitaron sobre el suelo con una enorme brusquedad. De algún modo, Gohan se las arregló para no salir rodando cuesta abajo, cayendo agazapado con las las plantas de los pies firmemente apoyadas en el suelo. La hierba estaba sumamente resbalosa por el rocío que ya comenzaba a caer. Derraparon, arrastrándose por el suelo al menos tres o cuatro metros, levantando una lluvia de tierra, rocas y pasto. Cuando finalmente se detuvieron, Videl se aferraba con fuerza desesperada a su pecho y a sus hombros, pegada a él como una niña pequeña. Gohan la rodeaba con el brazo, presionando su mano contra su espalda. Él fue el primero en levantar un poco la cabeza, observándola con preocupación.

— ¿Te encuentras bien?

Ella parpadeó varias veces, mirándolo fijamente. Había estado a punto de abrirse el cráneo contra el suelo luego de un intento fallido de vuelo, algo tan aterrador como insólito, y , aún así, al verlo tan cerca solo pudo pensar en una cosa. "¿Siempre ha sido tan atractivo?". Estuvo a punto de soltar una carcajada absurda, quizás lo habría hecho, si no hubiera estado tan terriblemente asustada, confusa y a la vez emocionada por su proximidad. Él no parecía notar el huracán de sentimientos encontrados que barría su cerebro. Seguía mirándola con gesto preocupado.

— ¿Videl?

—Estoy…estoy bien…

—No deberías intentar tanto en tan poco tiempo—Gohan negó con la cabeza—Lo que acabas de hacer fue muy peligroso. Sin un control adecuado del ki, volar puede ser muy arriesgado.

—Lo siento. Yo…no sé que pasó.

—Creo que ya ha sido suficiente entrenamiento por hoy. Seguiremos mañana. Vamos.

Gohan hizo ademán de incorporarse, pero Videl lo sujetó firmemente por el hombro, manteniéndolo a su lado. En realidad, no quiso hacerlo. Su mano se movió por sí sola antes de que tuviera tiempo de siquiera pensarlo. Sus labios también parecieron actuar por cuenta propia.

—No.

Él la observó con curiosidad, pero no pudo adivinar su expresión. Los negros cabellos de Videl caían sobre su rostro, ocultando sus ojos, escondiendo su rubor, el leve temblar de sus labios.

— ¿Videl? ¿Qué…ocurre?

—Quédate—seguía sin mirarlo—Solo…solo un poco más.

De haberse atrevido a levantar la mirada, habría visto como Gohan entrecerraba los ojos, sonriendo cálidamente. Pero sí pudo sentir como su mano se desplazaba lentamente de su espalda a su cabeza, como le acariciaba con suavidad el cabello.

—No te preocupes. Me quedaré.

Y, efectivamente, allí se quedó, a su lado. El sol aún no había terminado de ocultarse cuando finalmente se levantaron y se encaminaron hacia la cueva, pero para Videl aquel momento fue como una eternidad.

Una bella eternidad.

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El fuego bañaba las paredes de la caverna con dibujos negros y anaranjados. Era una cueva ancha, enorme, de húmedas paredes de piedra gris y musgosos suelos de roca. Había muchas cavernas como esa repartidas por los bosques noroccidentales, pensó Gohan. Algunas eran unos agujeros repentinos y traicioneros en el medio del bosque, ocultos por las ramas y la maleza. Había que avanzar con cuidado, pues nunca se sabía cuando el suelo podía desaparecer bajo los pies, ni que tan profunda sería la caída luego. Otras cuevas, en cambio, eran colosales rocas huecas ocultas entre los árboles, a veces con estrechas entradas que apenas dejaban escapar la luz de un fuego en su interior. En una de esas se encontraban en esos momentos. Aquello era bueno, pues la luna estaba casi llena y la noche era despejada. Cualquiera que supiera volar, y él sabía muy bien quienes aparte de él eran capaces de hacerlo, habría visto sin problemas el brillo de una fogata desde las alturas, incluso entre las copas de los árboles. La caverna los protegía.

—Daría lo que me resta de vida por una de las comidas que preparaba mamá—comentó Videl de repente—Pero debo decir que estas conservas no están del todo mal…

Gohan sonrió tenuemente. Videl estaba sentada justo delante de él, de frente a la pequeña hoguera. Tenía una gruesa manta de lana echada sobre los hombros, de la cual solo sobresalían su cabeza y sus manos. La cuchara, firmemente sujeta en aquellas manos pequeñas, finas y esbeltas, entraba y salía alegremente de una gran lata de pepinillos.

—Creo que podría comerme diez de estas latas—murmuró con la boca llena—Estoy hambrienta.

—Ajá. ¿Te haces una idea de por qué?

— ¿Porque estos pepinillos están buenísimos?

—No, no exactamente—Gohan sonrió—Inténtalo de nuevo.

—Bien, veamos… Sospecho que tiene algo que ver con nuestro entrenamiento para volar. ¿Estoy alejada?

—Para nada. Resumiéndolo en pocas palabras, todo se debe al ki.

—El ki es la clave de todo…

—Veo que me escuchas cuando hablo—Gohan amplió su sonrisa—Hoy fue la primera vez que pudiste sentir el ki en tu interior. Más que eso en realidad…llegaste a manifestarlo físicamente. Sin embargo, te ocurrió lo que nos suele ocurrir a todos cuando recién estamos empezando… No sabías que hacer con toda esa energía reunida de golpe, ¿verdad?

—Pensé que sería más fácil… Al principio lo sentía como una especie de torrente que me envolvía por dentro. No me costó tanto moverlo hacia mis pies, y eso me hizo pensar que podría sacarlo hacia afuera y usarlo para elevarme. Me equivoqué…

—Sí… pero aún así lograste controlarlo y mantenerlo el tiempo suficiente para levitar unos instantes…—no se lo dijo en ese momento, pero aquello por sí solo era un logro descomunal—Dime, ¿puedes decirme cómo fue que te sentiste cuando todo el ki que habías logrado reunir se esfumó y comenzaste a caer?

—Terriblemente asustada.

—Lo digo desde el punto de vista físico.

—Ah, eso—Videl colocó la lata vacía en el suelo de piedra, relamiéndose—La verdad es que fue como si hubiera estado corriendo por tres horas seguidas. Incluso ahora sigo un poco cansada.

—Exacto. Aún no estás acostumbrada a usar el ki. Lograste reunir una gran cantidad de un solo golpe, en forma instintiva, pero no estabas preparada aún para administrar correctamente toda esa energía acumulada. Al no saber como direccionarla para mantenerte a flote, como utilizarla, tu cuerpo simplemente la liberó en un solo estallido. Pero recuerda que estamos hablando de tu energía, una energía que abandonó de repente tu cuerpo—Gohan hizo el equivalente a abrir ambas manos—Velo de este modo: es como si todo el cansancio generado luego de correr esas tres horas te golpeara al dar el primer paso. Por eso es que quedaste tan agotada.

—Ya veo… Y por eso es que tengo tanta hambre.

—Si. La respuesta natural del cuerpo ante un desgaste tan repentino, aparte del agotamiento y del sueño, es el hambre. Debes comer para reponer la energía consumida.

—Y para eso tengo pepinillos—Videl alzó la lata del suelo como si fuera un trofeo, regalándole una hermosa sonrisa— ¿Crees que me llevará mucho tiempo ahora adquirir un mejor control del ki?

—Bueno…la verdad es que debo reconocer que me has sorprendido mucho.

—Ah, ¿si? ¿De en serio? —Videl ladeó la cabeza, mirándolo de reojo. Le pareció que su sonrisa adquiría un deje de coquetería para nada habitual en ella. Aquello le hizo pensar en lo que había sucedido hacía solo unas horas, cuando lo sujetó por el hombro. "Quédate…". Un placentero escalofrío de vergüenza lo recorrió desde el cuero cabelludo hasta la punta de los pies— ¿Y qué es lo que te tiene tan sorprendido, Son Gohan?

Él sacudió un poco la cabeza, intentando con cierto éxito no ruborizarse.

—Lo que tú lograste hoy es algo que se adquiere luego de años de entrenamiento. Que hayas podido hacerlo en tan solo diez días es ciertamente…excepcional.

—Entonces estás diciendo que soy excepcional, ¿eh? —aquel deje de coquetería pareció crecer un poco más. Gohan sintió que esta vez sí se ruborizaba—¿Cuántas chicas tan excepcionales has conocido antes? ¡Ja!

—Bueno…es un logro increíble sin dudas. Aún nos queda cerca de una semana de viaje si seguimos a este ritmo, así que creo que antes de que lleguemos ya habrás logrado contr…

Gohan se quedó en silencio al ver el modo en que Videl lo observaba. Evidentemente, ella estaba escuchando con mucha más atención lo que decía que él mismo. Su expresión había perdido todo rastro de coquetería. Lo miraba expectante, casi con tristeza. Sabía muy bien lo que debía estar pensado. "Una semana más para llegar… ¿adónde? ¿Adónde estamos yendo?"

Gohan respiró profundamente, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Tal vez no las hubiera. Lo que iba a decir no era nada sencillo de creer, ni siquiera para él.

—Gohan… ¿Qué…?

—Hay lugares en este mundo que muy poca gente conoce, Videl, lugares que nadie creería que existen—la miró con cautela, como evaluándola— Por ejemplo… ¿Qué pensarías si te dijera que existe un templo oculto en el cielo?

— ¿Un templo…en el cielo?

—Así es.

—Bueno… Si me lo hubieran dicho hace unos meses no me habría creído ni una sola palabra.

— ¿Y ahora?

—Ahora…—Videl esbozó una sonrisa nerviosa—Ahora he visto demasiadas cosas imposibles como para no creerme una más.

Ambos se quedaron en silencio unos instantes, con la vista fija en la fogata. El crepitar del fuego fue lo único que pudo escucharse durante un largo rato. Videl fue la primera en alzar los ojos.

—Así que un templo en el cielo, ¿eh?

—Sí.

— ¿Y…quién vive allí?

"¿Dios?"

—En estos momentos, nadie. Las personas que lo resguardaban murieron hace ya mucho tiempo.

—Ya veo… Y… ¿hacia allí es que nos dirigimos?

Gohan se tomó unos segundos para responder. En su mente intentaba reconstruir la imagen de la atalaya de Kamisama, aquella inmensa estructura capaz de levitar por sí sola en el aire. Recordó la feroz batalla que allí se había librado, cuando aún esperaban que su padre regresara a la tierra tras su combate con Freezer. Podía ver, difuso en algún rincón de su mente, el rostro lleno de odio de Garlic Junior. Había sucedido hacía tanto tiempo… Casi se sentía como si le hubiera pasado a otra persona, no a él. Era casi otra vida.

—Ya estamos cerca—dijo finalmente—A pie serán unos siete días en dirección oeste, siempre bordeando los bosques de la costa sur. Entonces habremos llegado.

—Pero… ¿qué hay en ese templo?

—Una habitación. Una muy especial—Gohan no podía encontrar un modo sencillo de explicarlo, así que simplemente lo dijo—Al entrar a esa habitación la percepción del tiempo deja de ser la misma. Para ti, que estarás afuera, solo será un día. Para mí, que entraré…será un año. Un año que podré usar para entrenar. Un año para reponerme. Un año para encontrar un modo de derrotarlos…

En un primer momento, Videl no dijo absolutamente nada. Se lo quedó mirando con una expresión en blanco bastante difícil de descifrar. No la culpaba. Incluso a él le sonaba como una locura.

— ¿Has estado ahí antes?

La pregunta lo tomó por sorpresa. La voz de Videl era tan vacua como su expresión.

"No, jamás estuve allí. Ni siquiera sé si el lugar existe. Solo tuve un sueño. Vi a mi padre tan claramente como te veo a ti ahora, lo escuché del mismo modo en que te escucho a ti."

—Tuve un sueño, Videl. Solo un sueño. Mi padre estaba en él. Era tan real…—sonrió al recordarlo, dando rienda suelta a su fe, a su esperanza, al amor por la familia que había perdido—Él me habló de la Habitación del Tiempo y el Espíritu. Me pidió que la buscara, me dijo que es la última oportunidad que tenemos de salir de este maldito infierno al que ellos nos han condenado. Eso es lo único que sé…aparte de que debo ir. Debo buscar la habitación—sonrió amargamente, desviando la mirada hacia el suelo—Desde ese día he querido convencerme a toda costa de que era él, de que en verdad era papá. Tal vez no sea así. Tal vez papá me habló una vez de la Habitación del Tiempo cuando yo era un niño y él aún estaba con vida; tal vez lo olvidé y el sueño fue la forma que mi subconsciente encontró de recordármelo. O quizás fue solo un sueño común y corriente, quizás no hay más que polvo y fantasmas en ese viejo templo abandonado. No lo sé. Pero confío en papá…incluso a través del vacío de la muerte aún sigo confiando en él. Debo comprobarlo. Debo buscar la Habitación del Tiempo. Mantendré hasta el final la esperanza de hallarla.

Videl volvió a quedar en silencio. Esta vez, la falta de expresión en su rostro pareció prolongarse durante una eternidad; tanto que casi le pareció irreal cuando sus labios se curvaron en una deslumbrante sonrisa.

—No te preocupes…—le susurró—La encontraremos. Estoy segura. Lo haremos.

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Videl dormía plácidamente en la cueva, sobre un improvisado colchón de mantas, cuando Gohan finalmente se atrevió a salir al exterior. La noche era fría y despejada. A través de las altas copas de los árboles podía ver el disco plateado de la luna. Volutas de vapor blanco salieron de sus labios cuando suspiró, alzando el brazo que conservaba en pose defensiva. Era la postura que él mismo había diseñado semanas atrás, en un intento por suplir la falta de su brazo izquierdo. Se colocó de perfil, con la pierna derecha extendida hacia adelante. Su brazo se cruzaba en diagonal hacia abajo, con el codo ligeramente doblado hacia afuera y el hombro levantado, protegiendo la barbilla. Delante de él, a unos diez o quince metros, una solitaria hoja cayó desde su rama.

Aquella fue su señal.

Gohan se lanzó hacia adelante a una velocidad inapreciable al ojo humano. Partió a la mitad la hoja con un solo, poderoso y certero puñetazo. Luego giró sobre sí mismo, arrojando seis patadas en invisible sucesión, tres en el aire, tres agazapado en una postura baja de combate. Se echó hacia el suelo con el hombro por el frente, dando un acrobático giro al ras de la hierba. Antes de levantarse, recogió tres pequeñas rocas de un manotazo, lanzándolas hacia adelante con absolutamente todas sus fuerzas. Los tres diminutos proyectiles surcaron el aire a velocidades que superaban por mucho la de un balazo, pero Gohan ya estaba allí, en el otro extremo del disparo, agitando el brazo en tres latigazos invisibles. Las rocas crujieron transformadas en grava cuando las estrujó en su puño.

Con gesto vacuo, mirando fijamente hacia la nada, abrió poco a poco la mano. El polvo gris de las rocas cayó silenciosamente al suelo. Era casi imperceptible, pero si en ese momento alguien hubiera estado allí para observarlo, habría notado el leve temblor de su mano, de la comisura de sus labios.

—Maldición…

Cerró los ojos, arrojando el resto del polvo con brusquedad. Pese a todo el esfuerzo que estaba haciendo para adaptarse a su nueva condición física, sus avances eran mínimos. Seguía siendo imperdonablemente lento; sus movimientos, demasiado previsibles. Aún había una nimia descoordinación en sus fintas, en sus golpes, mínima, sí, pero lo suficientemente grande como para que los androides lo asesinaran en un abrir y cerrar de ojos.

También se daba cuenta, pese a todo, de que había logrado algunas pequeñas mejoras. Se estaba reponiendo, no tenía duda, pero muy lentamente. Demasiado. Solo recuperar su antiguo nivel podría llevarle meses, tal vez años si seguía a ese ritmo.

"Un nivel con el que nunca pude hacerles frente…"

Se dejó caer de rodillas al suelo, observando la pálida luna a través de los árboles.

—Sé que fuiste tú esa noche, papá… Sé que me hablaste. Necesito tu guía, la necesito más que nunca. Por favor… No permitas que haya sido solo un sueño…llévame hacia la Habitación del Tiempo…permíteme encontrarla…—su mano dejó de temblar. De repente volvía a ser un puño cerrado tensamente—…Para que pueda derrotar a esos malditos. Para que el mundo vuelva a ser lo que alguna vez fue para mí…para Videl. Para todos los que aún siguen con vida. Por favor…por favor….

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—Entonces, este sujeto, Raditz… ¿él intentó secuestrarte?—Videl se rascó la cabeza, confusa. Cuando se trataba de Gohan, las locuras no eran para nada infrecuentes, pero eso no quería decir que se estuviera acostumbrando a ellas— ¿Así como así?

Gohan se encogió de hombros, inclinando la cabeza para evitar la rama baja de un árbol. Delante de ellos, el bosque se extendía vasto y húmedo, un interminable pasillo de hierba y muros hechos de troncos.

—Supongo que para él no era algo extraño.

— ¡Pero si era tu tío!

—Para los Saiyajines puros no había nada más importante que pelear. Estaba en su naturaleza. Supongo que para Raditz debió ser inconcebible que mi padre no hubiera destruido la tierra, y que mi poder de pelea fuera tan bajo. De seguro sintió que debía hacer algo al respecto. Fue algo espantoso desde nuestro punto de vista humano de las cosas, claro, pero para un Saijayin no debía serlo tanto. Al menos eso creo.

Los Saiyajines. Claro. La raza guerrera a la que el padre de Gohan, son Goku, había pertenecido. Una raza de…de…extraterrestres. Con solo pensar en esa palabra, Videl sentía que el vello de la nuca se le erizaba. Es decir, había visto a Gohan volar por los cielos con la velocidad de un jet de combate; lo había visto disparar rayos de energía de sus manos y levantar bloques de acero de mil kilos como si fueran cajas de cartón. Sin embargo, a pesar de todo lo que sabía, de todo lo que había visto, la idea de una raza de guerreros espaciales, de unos extraterrestres, seguía resultándole demasiado sorprendente para ser verdad.

"Es algo que parece humano, pero no lo es…al menos no del todo"

Las palabras del doctor Taylor acudieron a su mente como un puñetazo. Él lo había intuido. Le había dicho que Gohan no era un ser humano común y corriente, sino una mezcla, un mestizo, un guerrero de madre humana y de padre…de padre…

"Saiyajin…"

Lo miró de soslayo, notando como la fascinación que sentía por él se agigantaba aún más en su interior. ¿Podía ser cierto?

— ¿Qué fue lo que sucedió después?—carraspeó Videl, apartando la rama de un arbusto con un manotazo— ¿Qué pasó con Raditz?

Gohan no contestó de inmediato. Tenía aquellaexpresión otra vez, la misma que había tenido esa noche, semanas atrás, cuando ambos intercambiaron mutuamente sus historias. Era como si todo lo que hubiera vivido se reflejara a la vez en su rostro. Pesar, júbilo, ira, melancolía. Si…melancolía.

—La verdad es que Raditz era mucho más fuerte que mi padre en aquella época, y también que el señor Picollo. En ese momento ambos aún eran rivales, pero decidieron unir fuerzas al ver a lo que se enfrentaban.

—Picollo… Él era tu maestro, ¿verdad?

—No aún—Gohan sonrió con añoranza—Lo sería a partir de ese día, pues fue durante ese combate que el ki despertó en mí por primera vez.

— ¿Tú también peleaste? —Videl estaba asombrada—Apenas debías tener… ¿cinco años?

—Cuatro. Y no, no participé de verdad de la pelea. Como dije antes, en ese momento Raditz era mucho más poderoso que papá. Estaba masacrándolo…a él y al señor Picollo…y yo solo miraba, sin poder hacer nada para ayudarlos—Gohan bajó la vista hacia la hierba, sumido en sus recuerdos—En ese momento el ki estalló en mi interior como un volcán. Golpeé a Raditz, lo golpeé con tanta fuerza, con tanto ki, que directamente perdí el conocimiento. Aquello supuso una distracción letal para él…y una oportunidad para papá y el señor Picollo. Entre ambos lograron derrotarlo—Gohan volvió a alzar la mirada, centrándola en el camino de hierba, lodo y raíces que se abría ante ellos—Luego de eso me convertí en el discípulo del señor Picollo. Él vio el potencial en mí, y sabía que era necesario que aprendiera a utilizarlo, pues Raditz no estaba solo… La primera gran batalla de la que tomé parte tendría lugar un año después.

—Ahí fue cuando pelearon contra este sujeto… Vegeta, ¿verdad?

—Si, Vegeta—Gohan sonrió—Él, Nappa, Raditz y papá eran los últimos Saiyajines que quedaban con vida. Recuerdo muy bien el día en que Nappa y Vegeta llegaron a la tierra. Fue todo un acontecimiento. De hecho, tú también debes recordarlo.

— ¿Recordarlo?

—Si. Debías tener solo unos cinco años entonces, como yo, pero fue una catástrofe a nivel mundial: gran parte de la Capital del Este arrasada y el ejército del Gobierno Mundial destruido. Hasta lo pasaron por la televisión, aunque para el público no quedó nunca del todo claro que fue lo que sucedió realmente. ¿No te suena ahora?

Videl abrió mucho los ojos. ¡Era cierto! ¡Lo recordaba! Fue aproximadamente unos tres años antes de que los androides aparecieran. Recordaba las terribles imágenes de la Capital del Este en la televisión, y, sobre todo, la total incertidumbre que reinaba al respecto. Sus padres no sabían que era lo que había sucedido exactamente, al igual que los medios, y eso por sí solo era suficiente para que Videl, con solo cinco años, lo tomara por un misterio aterrador. ¿Había sido un ataque terrorista? ¿Una explosión accidental? ¿O acaso los videos que mostraban dos borrosas siluetas saliendo de las ruinas confirmaban que todo era obra de dos misteriosos atacantes?

"¿Saiyajines?"

Fuera como fuera, ella era demasiado pequeña entonces. Al cabo de unos meses, al no haber secuelas, las noticias sobre el incidente comenzaron a enfriarse. Ya casi no se hablaba del tema en la televisión, y ella terminó por hacerlo a un lado en su cabeza. Había cosas mucho más importantes de las que ocuparse en su mente de niña.

"Pero ahora lo sé…"

Resultaba natural que Videl tuviera sus dudas, como cualquier otra persona cuerda las tendría en su lugar. Pero había una simetría, una extraño hilo conductor en el que cada una de las piezas que Gohan le iba revelando se acoplaba a la perfección con las demás. Él mismo era la prueba viviente de que lo que decía era cierto. Por sí solo, con su indescriptible poder, él era capaz de hacer todo lo que describía respecto a los Saiyajines. ¿Qué ganaría inventándose una historia como esa? Todo parecía cuadrar de una forma demasiado precisa como para ser una simple mentira. De repente, la idea de una raza de guerreros espaciales ya no le parecía tan inverosímil. Los Saiyajines eran reales… Habían estado en la tierra hacía casi veinte años, y, de acuerdo a la historia de Gohan, él había luchado contra ellos. De acuerdo a su historia…él era uno de ellos.

—Sí…—susurró finalmente, mirándolo directo a los ojos, sintiendo que la bruma de misterio que lo rodeaba desde que lo conocía comenzaba a desvanecerse poco a poco—Lo recuerdo…

—Yo, por mi parte, a veces desearía no recordarlo—suspiró Gohan—En aquel entonces, Nappa y Vegeta eran los peores enemigos que cualquiera de nosotros hubiera enfrentado jamás. Fue una batalla terrible. De no haber sido por papá, todos habríamos muerto.

—Pero…este Vegeta… ¿él no era el padre de Trunks? No entiendo… ¿Cómo pasó de querer destruir la tierra a ser el padre de tu mejor amigo?

La sonrisa de Gohan se hizo más amplia y melancólica que nunca. Parecía divertido y triste a partes iguales, si tal cosa era posible.

— ¿Sabes?, eso es algo que yo también me he preguntado cientos de vec…

Gohan calló de repente, deteniéndose entre los árboles. Su vista estaba clavada en algún punto por delante en el bosque. Videl estuvo a punto de preguntarle que ocurría, pero él se llevó el dedo índice a los labios, indicándole que guardara silencio. Luego señaló hacia el frente con un movimiento de cabeza, sin apartar la mirada. Ella miró en la misma dirección, confusa, y entonces lo vio. Un venado. Un enorme venado adulto, un macho. Estaba a unos cincuenta metros por delante de ellos, pastando tranquilamente bajo la sombra de una inmensa secuoya.

Videl se llevó una mano a la boca, conteniendo la respiración, y, con la otra, tomó el arco que llevaba colgado al hombro. Con movimientos pausados, en absoluto silencio, colocó una de sus flechas en la cuerda. Entonces alzó el arco, muy lentamente, cerrando un ojo para apuntar mejor. El venado levantó la cabeza. Sus ojos negros y redondos se clavaron en ella. Incluso a la distancia, pudo notar el leve temblor en el hocico y las patas del animal, el modo en que se inclinaba hacia un costado, listo para lanzarse a la carrera. Soltando una maldición por lo bajo, Videl apuntó y disparó en un único movimiento. La flecha atravesó el aire en un instante…hundiéndose contra el nudoso tronco de la secuoya. El animal ya no estaba, había huido en el último segundo, perdiéndose entre la espesura del bosque.

— ¡Demonios! —rugió Videl, enfadada. Una presa como esa no se veía a menudo, y acababa de fallar el disparo como si jamás hubiera usado un arco antes— ¡No puedo creer que fallara! ¿Lo viste, Gohan? ¡Se movió justo cuando…!

Videl miró en todas direcciones, confundida. De repente, estaba parada absolutamente a solas en medio del bosque. No había ni rastro de Gohan. Volvió a mirar rápidamente de izquierda a derecha, con el arco fuertemente apretado entre sus manos. ¿Dónde rayos se había metido? ¡Estaba justo a su lado hacía menos de un suspiro!

— ¿Gohan? —susurró, súbitamente intranquila— ¿Dónde est…?

—Aquí.

La voz sonó plácida y calma justo a su izquierda. Videl dio un respingo, alzando el arco con una nueva flecha ya lista. Gohan salió tranquilamente desde detrás de dos arboles que crecían muy juntos, levantando un manojo de gruesas raíces a través de la tierra. Sobre su hombro derecho, como si nada, llevaba el enorme cuerpo del venado. Videl lo miró, incrédula.

— ¿Pero…cómo…?

Aquello no tenía sentido. No podía tenerlo. Entre el momento en que disparó su flecha y el momento en que Gohan salió de atrás de aquellos árboles no habían transcurrido ni cinco segundos. Además, debía haber casi cincuenta metros de hierba y árboles entre ellos y el venado.

"¿Ha ido hasta el otro extremo del bosque, ha cazado al venado y ha vuelto en menos de lo que me llevaría escupir?"

Sonaba imposible…pero acababa de verlo con sus propios ojos.

Él pareció leer lo que estaba pensando, o tal vez solo notó la tremenda expresión de incredulidad plasmada en su rostro. Fuera como fuera, Gohan le sonrió casi como si se disculpara, golpeándose el pecho con el pulgar.

—El ki, Videl. Ya sea para aumentar tu fuerza, para volar…o para moverte con mayor velocidad, el ki es la clave de todo

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Como siempre que estaba concentrada al máximo, Videl apretaba fuertemente los ojos y los puños. Apretaba tanto las manos, de hecho, que sus nudillos se habían puesto blancos. Gohan esbozó una sonrisa astuta, observándola desde la roca en la que estaba sentado. Podía sentir el torrente de energía recorriéndola por dentro, ansioso y agresivo como un animal enjaulado que al fin ha visto la oportunidad de escapar. Podía sentir como lo desplazaba lento pero seguro hacia sus piernas y sus pies.

—Así es, muy bien—la alentó—Ya casi lo tienes. Ya puedes sentir la energía recorriéndote por dentro. Trata de no forzar el control sobre ella. Llévala lentamente hacia tus pies, no hay apuro.

Con los ojos cerrados y la cabeza gacha, Videl parecía totalmente absorta en sí misma, pero Gohan sabía que la estaba escuchando. Los pequeños círculos concéntricos que comenzaron a dibujarse en la hierba, bajo sus botas, eran la prueba justa de ello. Sintió un extraño orgullo al ver que estaba a punto de conseguirlo.

—Perfecto, Videl, perfecto. Escúchame con atención ahora. Debes liberar hacia abajo la energía, pero no toda, solo una parte. Es necesario que mantengas cierta cantidad de ki para rodearte con él cuando estés en el aire, para desplazarte. Inténtalo. Y ten cuidado.

Ella asintió en forma casi imperceptible, y así, sin mayores rodeos, lo hizo. Muy lentamente, centímetro a centímetro, sus pies comenzaron a separarse del suelo. Gohan contuvo la respiración, observándola maravillado. Lo estaba logrando. Ya se había elevado casi tres metros sobre el bosque, estable en el aire, cuando al fin abrió los ojos, clavándolos en él. Videl sonrió con todo el rostro, henchida de júbilo.

— ¡Gohan! ¡Lo logré! Estoy… ¡estoy volando!

Él se puso de pie, sonriendo de oreja a oreja.

—Felicitaciones. Lo has logrado. Por todos los cielos, en solo quince días lo has logrado…

— ¡Si!

Haciendo gala de una sorprendente habilidad innata, Videl se elevó aun más en el aire, dando rápidas vueltas en espiral sobre sí misma. Perdió un poco de estabilidad al hacerlo, pero consiguió mantenerse a flote y enderezarse sin mayores dificultades.

—Ten cuidado—advirtió él—No quieres caerte como la última vez, ¿verdad?

— ¡Ven! —lo llamó ella, exultante de alegría— ¡Ven conmigo!

—Mmmm…está bien…

Rascándose la mejilla, Gohan se levantó y se elevó lentamente, acercándose hasta quedar justo frente a ella.

— ¡Mira! —Videl volvió a girar en espiral, desplazándose hacia la izquierda con un movimiento bastante fluido—Creo que empiezo a agarrarle el truco a esto.

Quiso hacerlo de nuevo, pero esta vez se desestabilizó mucho más que en el primer intento. Su cuerpo se precipitó rápidamente hacia adelante, casi como habría hecho si se hubiera tropezado en tierra firme. Gohan estaba tan cerca de ella que simplemente se limitó a estirar un poco el brazo, agarrándola por el hombro. Ella se sujetó a su vez por su antebrazo, mirándolo fijamente, tan fijamente que no pudo evitar sentirse un tanto avergonzado. Los ojos de Videl eran dos piedras preciosas de un azul increíble, el rasgo más bello del rostro mas bello que había visto en su vida. En ese momento, la mano de Videl se desplazó con suavidad de su antebrazo a su propio hombro. Sonreía. Gohan sintió como una extraña pero agradable calidez se instalaba poco a poco en su pecho.

—Volemos—dijo ella de repente—Volemos juntos.

Entonces, una sensación que creía haber olvidado hacía ya mucho tiempo lo llenó por dentro. Confianza. Fascinación. Felicidad. Sin detenerse a pensar en lo que hacía, dejándose llevar por aquella hermosa mezcla de emociones, Gohan la sujetó firmemente por la mano.

— ¿Lista?

—Siempre.

Los dedos de Videl se entrelazaron con los suyos, y así, tomados de la mano, ambos se elevaron hacia el firmamento. El cielo era de un naranja rojizo, más amoratado hacia el este. Lo recorrieron juntos, con la fresca brisa golpeándoles el rostro. Podía ver la genuina alegría en el rostro de Videl, en la sonrisa que dejaba al descubierto sus dientes blancos y perfectos. Él también sonrió, descendiendo finalmente de vuelta hacia el bosque. En el momento en que sus pies tocaron el suelo otra vez, sin que jamás pudiera llegar a imaginárselo, Videl lo estrechó con fuerza entre sus brazos. Gohan se quedó muy, muy, quieto. El corazón le latía como un caballo desbocado en el pecho. Podía sentir las manos de Videl, pequeñas pero firmes en su espalda. Su frente estaba apoyada contra su pecho, de modo que no podía verle el rostro, pero Gohan sabía que aún sonreía.

—Gracias…

— ¿Gracias? —no solo era el corazón taladrándole el pecho, estaba tan sonrojado que la cara le ardía— ¿Por enseñarte a volar?

—No…—había algo en la voz de Videl. Algo que no había oído antes. Algo que le erizó el vello con un delicioso escalofrío—Por todo. Gracias por todo…

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—Y así fue como mi padre derrotó a Freezer—concluyó Gohan, mirándola con un gesto que casi era de disculpa—Así fue como la segunda gran batalla en la que participé terminó.

Videl se quedó en completo silencio, con los ojos clavados en el suelo húmedo y rocoso de la caverna. Durante unos cuantos segundos, el insistente crepitar de la fogata fue lo único que pudo oírse. La expresión de disculpa en el rostro de Gohan se acentuó aún más.

—Debes pensar que estoy loco…

Ella sacudió fuertemente la cabeza, alzando la mirada.

— ¡No!, claro que no. Es solo que…es algo un poco difícil de asimilar.

—Si, lo sé. Viajes interestelares, un planeta en otra galaxia, un tirano espacial y mil cosas más… "Algo un poco difícil de asimilar" es una forma bastante amable de decirlo.

—Bueno, quizás—Videl sonrió un poquito—Pero, por otro lado, recuerdo las noticias en la tele que decían lo avanzada que estaba la Corporación Cápsula en la investigación espacial. Además, luego de todo lo que te he visto hacer, la idea de un dictador interplanetario no me resulta tan imposible de creer. ¡Hoy aprendí a volar, por todos los cielos! ¿Eso no sería algo difícil de creer para cualquier otra persona?

—Seguramente—Gohan también sonrió, más tranquilo—De cualquier manera, gracias. De verdad. Ha sido…terapéutico contarle todo esto a alguien después de tanto tiempo. Significa mucho para mí que me creas, en serio.

—Oh, no tienes por qué agradecerme—Videl alzó una mano en forma conciliadora—Además fue una historia muy interesante. Ese Freezer suena como un tipo terrible.

—Lo era. Mucho más de lo que podrías imaginarte. Si ha existido alguien verdaderamente maligno en este universo, ese sin duda era él. Oh, la carne ya está lista.

Gohan se inclinó hacia adelante, retirando del fuego el espetón que habían improvisado en base a una larga rama. Las grandes tajadas de venado chorrearon grasa y jugo cuando alzó el espetón, acomodándolo para quitar la carne. De tanto en tanto, Gohan seguía cometiendo pequeños errores como ese. De tanto en tanto seguía actuando como si aún tuviera dos brazos. Frunció el ceño en un gesto sombrío cuando se dio cuenta de que hacían falta dos manos para servir las porciones.

—Oh…

—Déjame ayudarte—Videl se acercó a él, desensartando la carne mientras Gohan sostenía el espetón con su única mano.

Aquello bien podría haber sido un momento bastante incómodo para él, pero Videl siguió hablando con toda naturalidad, dispuesta a ahorrarle el mal rato.

—Tu infancia sí que suena interesante, sin duda—le comentó, sirviendo dos jugosas tajadas en los platos de aluminio que habían encontrado en el pueblo maderero—Pero sería agradable oír algo más aparte de todas las peleas en las que te tocó luchar.

— ¿Cómo qué?

—Como si tenías muchos amigos, por ejemplo, o qué te gustaba hacer en tus ratos libres. Esa clase de cosas, ya sabes.

Videl cortó la carne del plato de Gohan en pequeños trozos, tendiéndoselo como si fuera lo más normal del mundo. Él lo tomó en silencio, mirándola con una expresión difícil de definir. Tristeza, vergüenza, agradecimiento, cariño, todo eso vio en sus ojos.

— ¿Y bien? —preguntó ella, comiendo tranquilamente su porción—Vamos, cuéntame.

—Bueno…la verdad es que nunca tuve amigos de mi misma edad, si es a eso a lo que te refieres. Digamos que las "circunstancias" en las que se desarrolló mi niñez no me lo permitieron. Krillin, el señor Picollo, Bulma, Yamcha…esos eran mis amigos.

—Suena un poco triste…

—Tal vez, pero no era así, en absoluto. Para mí, ellos eran mucho más que amigos. Vivimos demasiadas cosas juntos como para que fuera de otro modo. Éramos como una gran familia. En cuanto a mi tiempo libre…—Gohan sonrió tristemente, llevándose el tenedor a la boca—Si bien de pequeño nunca fui a la escuela, mamá siempre insistió en que debía estudiar. Su sueño era que algún día me convirtiera en un gran investigador. A mí no me disgustaba la idea, así que solía estudiar en casa por mi cuenta, o con profesores particulares. Supongo que no ir al colegio fue una de las razones de que nunca tuviera amigos de mi misma edad. Claro que en ese momento no lo pensaba. Me limitaba a estudiar. Estudiaba mucho, de hecho.

—Gohan…—Videl esbozó una sonrisita nerviosa—eso suena un poco aburrido.

—Tienes toda la razón—contestó él, guiñándole un ojo—pero no era lo único que hacía. Vivíamos en el Monte Paozu, una gigantesca reserva natural. Para mí, eso era como un enorme parque de diversiones. Aún recuerdo las tardes enteras que pasaba persiguiendo animales en el bosque, explorando los valles, escalando montañas o nadando en los lagos. A papá le encantaban los lagos. Solíamos ir a pescar con frecuencia, éramos muy buenos en eso—Gohan se llevó otro buen trozo de venado a la boca, masticando con una gran sonrisa—También recuerdo que solíamos jugar a este "juego". Papá me pedía que juntara un buen puñado de rocas y que me parara a cierta distancia. Yo debía arrojárselas lo más rápido posible; mientras, él las iba esquivando. La idea era que a medida que papá iba agarrando ritmo, yo debía acercarme cada vez mas y más a él, sin parar de arrojarle las piedras—alzó el tenedor, contento—Papá siempre lograba esquivar todas las rocas. Todas.

—Vaya… Eso suena más…divertido.

—Oh, lo era, claro que lo era. Puedo asegurarte que, incluso a pesar de todos los combates, mi infancia fue muy feliz…—una nube negra atravesó de repente el semblante de Gohan. La alegría se esfumó de su rostro tan rápido como había aparecido—…Hasta que aparecieron ellos, claro.

Aquello fue como un súbito baldazo de agua fría. Ambos se quedaron callados durante unos minutos que parecieron horas. Videl había bajado la vista hacia su plato con el ceño fruncido. Gohan miraba absorto las llamas de la fogata, comiendo las últimas porciones del suyo. De pronto sacudió la cabeza, alzando de nuevo la mirada.

— ¿Y qué hay de ti, Videl? ¿Cómo eran las cosas para ti de pequeña?

Videl notó al instante lo alegre que sonaba Gohan, forzadamente alegre en realidad, pero ella se lo agradeció de todos modos. El mundo era un lugar demasiado oscuro como para andar recordándolo si podía evitarse. Así que habló con el mismo tono alegre, dejando por completo de lado el anterior comentario.

—Bueno, yo si fui a la escuela de niña.

— ¿Y cómo era?

—Aburrido, la mayor parte del tiempo. Pero para una chiquilla revoltosa como yo, hija única además, la escuela era uno de los mejores lugares para hacer amigos.

— ¿Tenías muchos?

—Algunos—Videl sonrió amargamente—Ya no recuerdo ni sus nombres ni sus rostros, pero sé que los tenía. Practicaba artes marciales, lo que me hacía muy buena en deportes y bastante popular al mismo tiempo—se encogió de hombros—No, no me disgustaba ir a la escuela. No me disgustaban las plazas y los parques de Estrella Naranja, donde mamá me llevaba a veces a la salida, cuando me iba a buscar. Me gustaba el enorme centro comercial al que solíamos ir los fines de semana, con sus jugueterías y sus heladerías. Me encantaba la cabaña en el campo que tenía papá, donde se retiraba a entrenar antes de participar en un torneo. Me gustaba verlo practicar sus katas y sus técnicas, a veces incluso me dejaba hacerlas junto a él, a su mismo ritmo. En esos momentos lo amaba más que nunca—Videl dejó lentamente el plato vacío a un costado. Había apartado la mirada—Me gustaba mucho Estrella Naranja. Mucho. Si las cosas hubieran sido de otro modo, seguramente me habría quedado allí por siempre. Esa ciudad era mi lugar en el mundo.

Ambos volvieron a quedar en silencio unos instantes. Cuando Gohan volvió a hablar, Videl tuvo la impresión de que no lo hacía solo para llenar el silencio, sino por un genuino interés.

— ¿Qué te hubiera gustado ser, Videl?

— ¿Gustado ser?

—Si. Ya sabes. Si…las cosas hubieran sido de otro modo. ¿Qué te hubiese gustado hacer?

Videl se dio cuenta, de repente, que aquella era la pregunta más personal que le habían hecho en toda su vida. Por algún motivo, que Gohan le preguntara eso, que fuera él quien le hiciera esa pregunta, significó muchopara ella. Muchísimo.

—Creo…creo que…—le costaba un poco hablar. No quería creer que el nudo en su garganta se debía a lo conmovida que estaba, pero sabía que sí, que efectivamente así era—Creo que mamá y papá hubiesen querido que fuera a la universidad, que estudiara alguna carrera importante… Pero yo…yo hubiera querido dedicarme a las artes marciales, profesionalmente, como papá.

—Eso suena fantástico, Videl—Gohan le sonrió de un modo que la hizo ruborizar—Realmente fantástico.

— ¿Y tú?

—Yo sin duda habría ido a la universidad. La idea de mamá de llegar a ser un importante investigador no me desagradaba, y se me daban bien los estudios. Creo que habría podido completar una carrera. Medicina tal vez. Si…eso no hubiera estado mal.

El silencio volvió a hacerse entre ambos, pero esta vez era un silencio distinto, uno tranquilo, benevolente y lleno de paz; un silencio que daba lugar a pensar en forma relajada en todo lo que se habían dicho. Ella lo haría. Más tarde, mientras montaba guardia, antes de que lo que debía ocurrir en el bosque ocurriera, Videl pensaría en cada una de las palabras de Gohan. Pensaría en sus palabras y en su forma de decirlas, en ese tono y esa expresión cargados de calidez y bondad que tanto la encandilaban. Todo ello la llevaría a concluir algo; algo tan increíble, tan fascinante y tan hermoso que resultaba aterrador. Algo que sospechaba pero que aún así no sabía reconocer. Algo que quizás podría haber dicho en ese mismo momento, cara a cara, pero que aún así no dijo. Algo que quizás nunca diría. Simplemente se limitó a mirarlo a través de las llamas de la hoguera, soltando un comentario tan vacío como cierto.

—Esta vez me toca a mí hacer guardia.

—Videl, ya sabes que yo puedo m…

—No has dormido en dos noches, ¿verdad?

—Aún así, yo…

—No te preocupes, Gohan. Yo haré este turno—le sonrió con tristeza, con dulzura—Descansa.

.

Gohan no tardó ni cinco minutos en quedarse dormido. Videl lo vio recostarse sobre sus mantas, lo vio apoyar la cabeza sobre su chaqueta doblada en una improvisada almohada. Al cabo de unos pocos minutos, ya respiraba con el ritmo suave y acompasado del sueño. Ella, en cambio, tardó un poco más en darse cuenta de que era incapaz de apartar su mirada de él. Se quedó allí, contemplándolo, sintiendo como una hermosa pero confusa sensación la llenaba por dentro. En más de una ocasión se sintió tentada de estirar una mano, de apartarle con suavidad los cabellos que le caían sobre la frente. Quería acariciarle el rostro con la ternura que jamás había demostrado hacia nadie.

Videl se levantó, sobresaltada. Sus ojos azules seguían fijos en Gohan, en su alta silueta recostada en el suelo. No podía dejar de pensar en todas las cosas que se habían dicho, en el modo en que habían comenzado a abrir mutuamente sus corazones. Las palabras de Gohan la llenaban, la confortaban, se sentía identificada en ellas. Se sentía a salvo, pues sabía que él había vivido muchas cosas, cosas espantosas, experiencias que habrían derrumbado a cualquiera…pero no a él. Él aún estaba allí, con vida…y a su lado. Jamás se había sentido tan identificada y compenetrada con alguien, ni siquiera con Erasa o con Sharpner.

Ya no quería estar allí.

Lo comprendió de repente. El cálido e incomprensible sentimiento en su interior había crecido tanto, tan rápidamente, que la estaba ahogando. El rostro le ardía, el corazón le latía acelerado en el pecho, las palmas de las manos le sudaban. No podía dejar de mirarlo, mientras aquella sensación crecía más y más en su interior, desbordándola. Estaba llena de él, embriagada de él. No lo entendía. O quizás sí. Tal vez sabía lo que sucedía en su interior y simplemente no era capaz de aceptarlo. Aún.

"Gohan…yo…yo…"

Videl se dio vuelta de golpe, saliendo apresurada de la cueva que habían hecho su refugio. Por unos momentos se quedó de pie en la entrada, agitada, dejando que el frescor de la noche aliviara su rostro acalorado. La cueva se alzaba a sus espaldas como una enorme mole de piedra. Era una roca hueca de dimensiones colosales, semi enterrada y oculta en el bosque, entre miles de árboles. La entrada era una grieta tan delgada que debían ponerse de costado para entrar y salir. La habían cubierto con un montón de ramas y helechos, de modo que el resplandor anaranjado de la fogata, en el interior, prácticamente no se veía desde afuera. Videl acomodó las ramas, nerviosa, y entonces, sin detenerse a pensarlo, echó a caminar rápidamente entre los árboles. Era una noche muy fría, negra, pero ni siquiera lo notó. Avanzó a buen paso a través del bosque, con el corazón aún golpeteando como un martillo contra su pecho. Mil pensamientos colisionaban a la vez en su cabeza.

¿Qué había sucedido allí atrás?

Videl no lo sabía.

No…en realidad no era así. No del todo.

Una parte de ella creía saberlo. Esa parte lo veía tan claro y cristalino como el agua. La otra parte, no obstante, estaba demasiado asustada por ese sentimiento como para siquiera planteárselo. Entre la maraña de emociones y pensamientos que desbordaban su mente, una frase había comenzado a resonar una y otra vez. Era algo que le había dicho Erasa el día que todo comenzó.

"Ya llevas casi dos años con nosotros, Videl. ¿Nunca has pensado en… 'conocer un poco mejor' a alguien?"

Se detuvo de repente, apoyándose de espaldas contra el grueso tronco de un árbol. Por encima de ella la noche era fría y clara. Apenas unas pocas nubes perturbaban la luz de la luna y las estrellas, transformado el bosque en un cuadro de oscuros tonos azules, violetas y grises. En ese momento, no tenía modo de saber que se había alejado casi cincuenta metros de la cueva donde descansaba Gohan. Allí donde estaba, de espaldas contra el árbol, comprendió que, en términos de Erasa, tal vez si estaba "conociendo un poco mejor" a alguien. El hecho de jamás haber sentido nada parecido por nadie, quizás incluso de haberlo evitado a propósito, era lo que la tenía tan confusa. El mundo era un lugar oscuro, terrible. Su propia experiencia e instinto le decían que confiar, que entregarse por completo a alguien, era sinónimo de traición. De muerte. Por eso había pasado tanto tiempo sola antes de unirse al grupo de Erasa. No quería confiar, no quería tener sentimientos hacia alguien que luego podía traicionarla…que luego podía morir. Prefería la soledad antes que tener que pasar por eso.

La pérdida de Erasa y de Sharpner, la muerte de aquellos en quienes había confiado, a quienes había querido, había estado a punto de confirmar lo que su instinto le dictaba…pero no podía ignorar lo que le estaba pasando ahora. Era un sentimiento nuevo, sí, confuso, también, pero fuerte…increíblemente fuerte. No podía ignorarlo. Tal vez por eso fue que se sintió tan tonta y avergonzada, débil incluso, cuando al fin se atrevió a preguntárselo a sí misma.

"¿Acaso me estoy enamorando de ti?"

En ese momento, una fría mano que bien podría haber estado hecha de acero surgió de la oscuridad, sujetándola por el cuello con una fuerza monstruosa. Videl sintió que la levantaban del suelo como si fuera una muñeca de trapo, aplastándola contra el árbol.

A veces, la vida es simplemente injusta.

Si no hubiese sucedido lo que sucedió en ese instante, Videl habría tenido toda su noche de guardia para meditar lo que acababa de preguntarse. Incluso tal vez podría haber llegado a una conclusión al respecto. Quizás al otro día habría podido reunir el valor necesario para hablar con Gohan, para plantearle lo que creía sentir.

Ya nunca lo sabría.

Aquellos dedos de acero presionándola de forma brutal contra el tronco, se lo impidieron. Se llevó ambas manos al cuello, intentando liberarse, pero fue inútil. Era como intentar mover el brazo de una grúa industrial. Cerró los ojos de puro dolor, cada vez más y más mareada. Destellos brillantes de agonía atravesaban la oscuridad en la que empezaba a sumergirse. Tenía ganas de vomitar.

—Pero mira nada más—siseó una fría voz de mujer—Si es la misteriosa muchacha que acompaña a nuestro amiguito.

La mano se iba cerrando poco a poco, muy lentamente, pero con una fuerza escalofriante. Las vértebras del cuello le crujían como si estuvieran a punto de reventarle bajo la piel. Haciendo un verdadero esfuerzo, Videl se obligó a abrir los ojos. Lo primero que vio fue un hombro y un brazo enfundados en un chaleco de jean, con una camiseta de manga larga a rayas por debajo. Luego, cuando al fin pudo centrar la mirada, vio el rostro blanco y perfecto, con largas cortinas de cabello rubio cayéndole sobre los hombros. Dos ojos celestes, desprovistos de toda emoción, la observaban fijamente.

"Número 18…" se dijo una lejana parte de sí misma "Gohan la llamaba Número 18…"

La hermosa joven la tenía sujeta por el cuello con una sola mano, estampándola contra el árbol. Los pies de Videl se balanceaban a al menos medio metro del suelo, colgando inertes en el aire. Número 18 le giró bruscamente el rostro hacia un lado, y luego hacia el otro, mirándola fijo. Entonces le sonrió, y fue una sonrisa horripilante, un gesto que no cuadraba en absoluto con la belleza casi sobrenatural de su rostro.

—Que sorpresa. Resultaste ser una chica de lo más bonita… Aunque no más que yo, ¿verdad, Número 17?

Recién en ese momento notó la silueta al otro lado del bosque. La presión sobre su cuello era tan fuerte que todo empezaba a tornarse difuso y borroso a su alrededor. Aún así lo veía. Era él, Número 17, el androide que semanas atrás había estado a punto de asesinarla en la Capital del Oeste. Estaba un par de metros por detrás de su compañera, apoyado de espaldas contra un árbol. Vestía exactamente igual que la última vez, con jeans gastados, camiseta negra y un gran pañuelo naranja en torno al cuello. No pareció prestar atención al comentario de la chica rubia que la estrangulaba, pero sí sonrió del mismo modo horrible, mirándola directamente a los ojos.

— ¿Dónde está Gohan?

Videl apretó los dientes, furiosa, pero más consigo misma que con ellos. Claro… ¡los androides no sabían donde estaba Gohan! Lo estaban buscando. Probablemente habrían seguido de largo, sin siquiera reparar en su cueva, si ella no hubiera salido al exterior como una idiota. Se maldijo una y mil veces por lo que acababa de hacer.

— ¿Y bien? —repitió Número 17, taladrándola con unos ojos que parecían dos trozos de hielo.

Videl se mordió la lengua, sin apartar la vista. No dijo nada. Numero 18 le enderezó bruscamente el rostro, contemplándola con aquella sonrisa enferma.

—Mmmm…no es mas bonita que yo, por supuesto. Pero sus ojos…esos ojos grandes y azules… Me parece que son mas lindos que los míos—alzó lentamente una mano, colocando la punta de su dedo índice justo en el espacio entre sus cejas— ¿Qué tal si se los arranco, Número 17?

—Te has vuelto demasiado aficionada a eso de arrancar ojos—se rió 17, separándose del árbol. Se acercó a ellas con ambas manos en los bolsillos, sonriente—Si lo haces perderá mucha sangre, y el shock será tan grande que seguro que se desmaya. La necesito despierta para que me conteste un par de preguntas primero.

—Las preguntas no son divertidas—se quejó Número 18, sin retirar el dedo de su rostro— ¿Qué tal si me dejas jugar un poco con ella primero? Luego puedes interrogarla todo lo que quieras.

—Ya la oíste, muchachita. Se está empezando a impacientar, y créeme, no quieres verla cuando está así. Será mejor que te hagas un favor a ti y a nosotros y respondas. Si lo haces, te prometo que lo haremos rápido, casi no te dolerá. Así que contesta… ¿Dónde está Gohan? No volveré a preguntártelo.

Videl siguió mirándolo, imperturbable. Tenía miedo, un miedo atroz, pero también comprendió, súbitamente, que lo que sentía por Gohan era incluso más fuerte que ese temor salvaje que la asfixiaba. Más grande, más importante. No necesitó obligarse a permanecer callada, lo hizo con gusto, con total convicción. Jamás traicionaría a Gohan, ni siquiera si eso suponía su muerte. Jamás lo haría. Jamás.

Permaneció en silencio.

—Bueno, ¿qué mas da?—Número 17 se encogió de hombros—Te puedo asegurar que no nos costará demasiado encontrarlo, con tu ayuda o sin ella. Tú estás aquí, así que él no puede andar muy lejos. Hemos sentido su ki, parece que se le ha olvidado eso de no andar volando por ahí. Lo encontraremos, y antes de lo que te imaginas. Has muerto por nada. Mátala, 18.

—Si…pero primero estos lindos ojos.

Número 18 separó un poco el índice de su frente, moviéndolo hacia un costado. De repente, la punta del dedo estaba justo sobre su ojo izquierdo, acercándose como en cámara lenta. Videl se revolvió furiosa, tratando de liberarse, pero 18 la sacudió como si fuera un cachorrillo con una sola mano, estampándola bestialmente contra el árbol. Todos sus huesos crujieron como ramillas. Un latigazo de indescriptible dolor le recorrió la espina desde la base de la espalda hasta el nacimiento de la nuca. Videl soltó un gruñido ahogado, pues la androide ya no la sujetaba por el cuello, sino por la mitad inferior del rostro, tapándole la boca, apretando con tanta violencia que sintió que la mandíbula se le partiría. El dedo seguía acercándose con una lentitud aterradora, como si se estuviera moviendo por debajo del agua, milímetro a milímetro. Era una imagen casi irreal. Intentó sacudirse de nuevo, ya sin fuerzas. Número 18 acercó su sonrisa monstruosa a su cara, tan cerca como podrían estarlo dos amantes.

—Quédate quieta—le susurró—O solo conseguirás que esto sea mas dol…

Videl podría jurar que el dedo llegó a rozar su globo ocular cuando el tiempo volvió a correr normalmente. De repente una potente ráfaga de viento, seguida de un fuerte estampido, sacudió el espacio justo frente a ella. Cayó sentada al suelo, aturdida. La mano que la sujetaba por el rostro ya no estaba. Número 18 ya no estaba. Sintió un poderoso estruendo a su izquierda, como madera resquebrajándose, y al volver la cabeza pudo ver una especie de túnel abierto en medio del bosque, a través de decenas de árboles caídos y arrancados de raíz. Número 18 yacía de espaldas al final de aquel túnel, inmóvil como si estuviera muerta.

—¡Vete de aquí! ¡Ahora!

Videl volvió la vista bruscamente hacia adelante. Gohan estaba parado justo delante de ella, en el mismo lugar que un segundo atrás había ocupado 18. Vestía solo sus jeans y su camiseta blanca, con la manga izquierda colgando inerte, vacía. Estaba vuelto hacia adelante, en la pose defensiva a una mano que él mismo había estado desarrollando. En seguida comprendió por qué. En el otro extremo de su campo de visión, Número 17 ya se estaba arrojando sobre él a una velocidad aterradora.

—¡Te encontramos!

Videl estaba tan sorprendida que ni siquiera atinó a levantarse. Observó, con los ojos enormemente abiertos, como el androide caía sobre Gohan transformado en una mancha negra. Gohan, por suerte, si llegó a verlo. Alzó el antebrazo a toda velocidad, bloqueando el puño de 17. Al instante reaccionó con una fulminante patada hacia arriba, casi en noventa grados, asestando a su rival justo bajo el mentón. El androide soltó un grave quejido, retrocediendo unos pasos, oportunidad que Gohan no dejó escapar. Por primera vez desde que Videl lo viera en la Capital del Oeste, su aspecto cambió. Un torrente de energía dorada lo envolvió de los pies a la cabeza; su cabello, naturalmente peinado en punta, pareció erizarse aun más, pintándose de un color tan dorado como el aura que lo impregnaba.

"Súper Saijayin…"

Gohan no perdió el tiempo y pasó directamente a la ofensiva. Aprovechando que 17 aún estaba en retroceso, lo levantó del suelo con un salvaje puñetazo en el estómago, tan potente que, a su alrededor, las ramas de los árboles se sacudieron. Pero no terminó allí. Antes de que el androide comenzara siquiera a caer, Gohan lo sujetó por la cabeza con un brusco manotazo, estampándolo inclemente contra el suelo. 17 sacudió los brazos como una marioneta desarticulada, de cara a la tierra, la cual pareció abrirse bajo la brutal presión del agarre de Gohan. Un resplandor amarillo comenzó a brotar de entre sus dedos, a través de los cabellos negros del androide, y Videl supo que tenía pensado sepultarlo bajo un inmenso estallido de ki.

Número 17 reaccionó tan deprisa que ni siquiera llegó a verlo.

Estaba boca abajo, presionado por el agarre de Gohan, pero su puño se movió de improviso como si tuviera vida propia, golpeando al joven de lleno en la cadera. Gohan no cayó, pero trastabilló peligrosamente, dándole a 17 un segundo crucial. El androide se incorporó como una exhalación, cara a cara, descargando una serie de golpes prácticamente invisibles. Videl apenas llegó a ver como Gohan eludía algunos a aquella distancia mínima, recibiendo otros cuantos en la cara y en los hombros. De todas maneras, se las arregló para hacerse a un lado en medio de la tormenta de puños y patadas, golpeando a 17 con toda la palma de la mano. Fue un golpe feroz y repentino, justo a la altura del pecho, y esta vez sus dedos no tardaron en incendiarse con fuego dorado, estallando de lleno sobre el androide. Número 17 salió disparado hacia atrás en medio de un ensordecedor vendaval de energía, abriendo un nuevo túnel en el bosque.

Aunque sin duda parecieron horas, aquel demencial intercambio apenas debió durar unos cuatro o cinco segundos. Gohan se dio vuelta de un salto, mirándola con una expresión sobresaltada en sus ojos, ahora de un brillante verde azulado. Se sujetaba la cadera, y una ancha línea de sangre le resbalaba de la sien derecha, goteando hasta la barbilla.

— ¡Videl! ¡Huye de aquí aho…!

Un resplandeciente haz de luz lo alcanzó de repente en el hombro. Gohan logró apartarse un instante antes del impacto, pero aún así el roce fue suficiente para abrirle un sangrante corte en la camisa, en diagonal, desde el pecho hasta el hombro. La sangre salpicó a presión el árbol contra el que Videl aún estaba sentada.

— ¡Gohan!

No había llegado a terminar de gritar su nombre cuando 18, surgida de la nada, se abalanzó sobre él como una fiera.

— ¡Que gusto volver a verte, querido Gohan!

El puño de la androide se hundió como una maza en su mejilla. El golpe fue devastador. La cabeza de Gohan se se sacudió bruscamente hacia un lado, casi como si fuera a salirle disparada de los hombros. Esta vez no pudo evitar caer. Se precipitó de espaldas sobre la hierba, dejando una estela roja en el aire. 18 se le arrojó encima con una estridente carcajada, pero el Gohan que ella conocía no era de los que se rendían con facilidad. Giró en el suelo hacia los lados, apoyándose en hombros y codo, evitando por apenas centímetros los bestiales golpes que le llovían de todas direcciones. Los puños de la androide se hundían en la hierba levantando geiseres de tierra y roca. Uno de ellos logró golpearlo de lleno en el estómago, aplastándolo contra el suelo con la potencia de una prensa industrial. Gohan soltó un espantoso alarido de dolor, vomitando un chorro de sangre, pero, increíblemente, al mismo tiempo reaccionó con un tremendo puñetazo, golpeando a 18 en medio de la sien. La androide voló salvajemente hacia un lado con los ojos en blanco, abriendo un surco en la tierra.

Videl estaba atónita. Contempló con los ojos como platos como Gohan se incorporaba tambaleante. Apretaba con fuerza los dientes, y no dejaba de sujetarse el abdomen. Un reguero de sangre le caía desde el horrible corte que tenía en el pecho. Videl también notó que, si bien su cabello seguía siendo de un rubio tan claro que casi parecía blanco, el aura de energía que antes lo rodeaba había desaparecido.

Algo se movió a lo lejos.

Videl se llevó una mano a la boca cuando vio a los dos androides acercándose, a paso lento pero firme. Sus ropas estaban raídas hasta el punto de que casi se les caían a pedazos, pero fuera de eso no parecían haber sufrido daño alguno. Ella no podía creerlo. Había visto como Gohan los castigaba con una violencia de la que no lo creía capaz, transformado en su estado de poder definitivo, un poder que incluso ella misma, que apenas comenzaba a descubrir los secretos del ki, era capaz de sentir. ¿Cómo podían seguir en pie como si nada luego de semejante despliegue?

—Veo que sigues en forma—comentó 17, sonriendo horriblemente—Eso me alegra mucho.

—Y a mí—coincidió su compañera, echándose el rubio cabello hacia atrás—Es agradable ver que sigues siendo un poco divertido. Menos que antes, claro, pero aún un poco divertido.

— ¿Qué? ¿Creíste que no lo habíamos notado? —se burló 17—Sigues siendo relativamente fuerte, pero has perdido velocidad y estabilidad en tus movimientos. La pérdida de tu brazo te ha quitado toda posibilidad, si alguna vez tuviste alguna. ¿Qué tienes para decir al respecto?

Gohan no dijo nada. Se movió un poco hacia un lado, interponiéndose entre ella y los androides con el brazo extendido hacia atrás, cubriéndola. Videl jamás lo había visto tan serio antes. Sus ojos parecían hechos de hielo cortante, fijos en sus dos terribles oponentes. Aquello pareció hacer bastante gracia a Número 17.

— ¿Intentas protegerla, Gohan? Es completamente inútil. ¿Qué harías, por ejemplo, si yo decido atacarte mientras 18 va por ella? ¿Podrías deshacerte de mí antes de que la haga pedazos?

Como corroborado sus palabras, Número 18 se adelantó un poco, observándola con una sonrisa infernal.

—Me gusta la idea…—murmuró— ¿Qué harás para impedirlo, pequeño Gohan?

Él siguió sin decir nada, la vista fija en sus rivales. Retrocedió un par de pasos, muy lentamente, lo cual Videl interpretó como una mala señal.

—Gohan…

—Videl—dijo él en un susurro apenas audible, sin mirar hacia atrás, y ella supo que Gohan había retrocedido solo para que pudiera escucharlo—Quiero que cierres con fuerza los ojos.

— ¿Cómo?

—Que cierres los ojos. Hazlo. Ahora.

Lo último que Videl llegó a ver antes de hacerle caso, fue como Gohan alzaba lentamente su mano, apoyando la punta de los dedos contra su sien derecha.

— ¡TAYOKEN!

Videl tenía los ojos cerrados, fuertemente cerrados. Incluso así, el descomunal resplandor blanco que pareció devorar el bosque la cegó por completo. Fue algo perturbador. Tuvo que alzar ambas manos para cubrirse el rostro, pues, aun con los ojos cerrados, aquel indescriptible resplandor le quemaba los párpados, transformando el mundo en un espeluznante manchón de color blanco. A través de esa masa informe de luz, Videl pudo oír la voz rabiosa de Número 17.

— ¡Gohan! ¡Maldito! ¡¿Qué diablos has hecho?!

Alguien la tomó de repente por el brazo. Ella se sacudió durante unos segundos, presa del pánico, pero enseguida pudo reconocer la presencia, familiar y protectora.

Pudo sentir el ki de Gohan.

Él la levantó del suelo de un solo tirón, echándosela sobre sus espaldas como si fuera una niña pequeña. Sabía lo que venía a continuación, ya lo había experimentado cuando escaparon de la Capital del Oeste, y a pesar de que había aprendido a volar bajo sus enseñanzas, lo que ella hacía no tenía punto de comparación con lo que Gohan era capaz de lograr en el aire. Así que se aferró con todas sus fuerzas a sus espaldas, cruzando manos y pies por delante de su pecho y abdomen. Al segundo siguiente Gohan ya estaba atravesando el firmamento a una velocidad espeluznante, dejando el campo de batalla atrás tan rápidamente que casi le pareció imposible. Solo se convenció cuando al fin se animó a abrir los ojos.

El bosque no era más que un borrón verde oscuro kilómetros por debajo de ellos, con un lejanísimo punto de luz blanca latiendo en medio de los arboles, único vestigio de lo que fuera que Gohan acababa de hacer. Volvió la vista hacia el frente, temblando ante el viento frío e incesante que los golpeaba de lleno a medida que tomaban más y más velocidad. Delante de ellos la luna se alzaba enorme en un cielo completamente negro. De alguna manera, supo que aún se dirigían rumbo al este. Hacia allí avanzaban. Hacia allí huían. Perdiéndose en la oscuridad de la noche.

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Continuará…

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