Epílogo.

–¡Dios, Buzz ven para acá!

Bubbles corría atrás de su hijo, Buzz, que ahora tenía siete años. El pequeño corría sin cesar, persiguiendo a un dálmata pequeño.

–¡Buzz, te estoy llamando! –insistió Bubbles.

–¡Cuando atrape al perrito, mamá! –respondió el niño, antes de caer de boca en el pasto.

Bubbles, en ese momento, entró en cierto pánico, porque el niño no se levantaba. Corrió hasta donde estaba su hijo, pero Buzz se encontraba de lo más divertido mirando una lombriz.

–¡Oh, Dios!

Tomó a su hijo para levantarlo y ver que el niño, tenía una oruga en su dedo. A Buzz no le importaba que su madre estuviera molesta por cómo había quedado de sucio.

–Mira, mami, es mi nuevo amigo… Se llamará Totti.

Bubbles, si bien siempre había buscado educar a su hijo sin severidad, siempre, siempre, siempre se emocionaba cuando veía a su hijo tan dulce con los animales e insectos.

En cierto modo… le recordaba a ella, cuando era pequeña.

–Bueno, Buzz, será mejor que vayamos a cambiarte para que puedas jugar con Totti, pero esta vez sin ensuciarte.

–¡Buzz! –gritó un niño, ambos se dieron vuelta.

Buzz se zafó de las manos de su madre para correr hasta donde estaba su primo Blake.

Bubbles también se acercó a ellos, pero para saludar a su hermana, Blossom, y a su cuñado Brick.

Había pasado tiempo desde que no se veían, y ahora, como se acercaban las fiestas de fin de año, decidieron juntarse en la casa del Profesor.

Bubbles entró a la sala, para comunicarle a su padre y a su esposo, quienes compartían una taza de café, quiénes habían llegado.

–¡Brick y Blossom!

Brick soltó la mano de su esposa cuando ella se había acercado para saludar a su padre con un apretado abrazo, y él se acercaba a su rubio hermano.

–Ha pasado tanto tiempo desde que no los veo, chicos –dijo el Profesor.

El Profesor ya no tenía su cabello negro, como lo tuvo hacía unos años atrás. Aunque ya se había retirado de la CIMSA de forma presencial, seguía dando charlas en la misma, siendo consultado por los novatos y, dando clases en la universidad.

Algo que a todos les había parecido impensable, era el hecho de que Mojo también se uniera a aquella organización y trabajara codo-a-codo con el Profesor.

Se podría decir que, mediante eso, la familia se había unificado.

Cuando, finalmente, Buttercup y Butch llegaron, junto con su pequeña niña, Butterfly, disfrutaron de la cena, preparada exclusivamente por Sara Utonium (de soltera, Bellum), quien, luego de años, aceptó casarse con el Profesor.

La cena estuvo centrada en conocer el presente de cada familia. Brick y Blossom se mostraban orgullosos al contar que, por fin, Blake ya estaba siendo menos revoltoso, y todo gracias al cambio de escuela.

Bubbles y Boomer, en cambio, contaban que Buzz ya se había conformado con tener un perro cuando cumpliera diez años, ya que él debía hacerse responsable. Bubbles se reía al recordar que su hijo había dicho que él le compraría la comida al perro cuando tuviera "mensada" y no mesada.

En tanto, Butch había salido jugador del año, pero no solo por su desempeño deportivo, sino porque se había filtrado un vídeo de cuando él llevó a Butterfly al centro de entrenamiento y le enseñaba a jugar. Tal vídeo lo dejó como un papá adorable; muchas revistas solían comparar su vida pasada con su vida actual: de delincuente/héroe a ser un verdadero padre.
Por su parte, Buttercup, al haberse retirado del mundo de la música, le habían ofrecido hacer un regreso, y comentaba, emocionada, que lo haría, luego de ver publicado su libro.

–¿De qué tratará tu libro? –preguntó Bubbles, mirándola con esos característicos ojos brillantes–. ¡Nunca nos has dicho nada sobre eso!

–Cierto, y las veces que nos "dijiste", resultaron ser solamente mentiras –añadió Blossom.

Mojo no pudo aguantar la risa, al igual que Sara y el Profesor. Brick arqueó una ceja y los miró extrañado.

–¿Qué es tan divertido? –preguntó el pelirrojo.

–Sí, mono, ¿por qué, de repente, te dio la risa? –dijo Boomer, ganándose un pequeño golpe por parte de su esposa. No le gustaba que se dirigiera de esa manera a su padre–. Lo siento.

Mojo negó con la cabeza, pero, al ver que todos lo miraban de esa manera, exceptuando a Sara y el Profesor, pensó que tal vez sí debía dar su opinión al respecto.

–Escucharlos me trae recuerdos, de cuando eran unas pequeñas apestosas y, ustedes, unos mocosos fastidiosos.

–Y sin mencionar que cuando crecieron, se volvieron insoportables con sus andanzas –añadió Sara, luego miró a los niños, quienes estaban expectantes ante lo que ella decía–. Sus padres, mis niños, nos dieron muchos problemas cuando fueron jóvenes.

Cada niño miró a sus propios padres, pero el primero en hablar fue Blake.

–¿Ustedes fueron jóvenes?

Aquello, fue una herida en el ego de Brick principalmente, aunque le afectó a todos por igual, puesto que sus edades, entre ellos, no variaban demasiado.

–Blake –habló Blossom, intentando no parecer ofendida–, claro que fuimos jóvenes, pero crecimos. Algo que te pasará a ti y a tus primos, y a todos, en realidad.

–Mamá –dijo Butterfly–, ¿eras apestosa?

Buttercup se atragantó con el jugo, mientras que Butch cubría su boca para que su esposa no lo descubriera riéndose de ella.

–Bien hecho, Mojo –dijo Boomer–. Ahora los niños están curiosos.

–Sara fue la que preguntó –se defendió Mojo.

–Pero tú iniciaste el tema –dijo Butch, se encogió de hombros y relamió sus labios–. De todas formas, es tu culpa.

–Niños –dijo el Profesor, a sus nietos–, ¿no quieren ir a jugar?

Sin esperar respuesta, los tres niños se bajaron de sus sillas y caminaron hacia el patio, pero Buzz, antes de eso, le dio la mano a la pequeña Butterfly, para que no se cayera.

–Buena salvada, querido –dijo Sara.

Estuvieron en silencio un momento, hasta que Bubbles recordó lo que estaban hablando.

–¡Butter! ¡Dime, de qué trata tu libro!

–¡Y esta vez esperamos la verdad! –añadió Blossom.

Butch sonreía triunfante, acarició su barbilla mientras miraba a su esposa, con cierta expectación. Él era el único que sabía de qué trataba el libro de ella, por eso, le gustaba presumir frente a sus hermanos y cuñadas.

Brick también miraba expectante a Buttercup, mientras que Boomer intercalaba las miradas entre su esposa, su cuñada pelirroja y su cuñada morena. Quería estar atento a cuál de ellas hablaba primero.

–Trata –dijo, finalmente, Buttercup–… de muchas cosas, en realidad. No son micro-cuentos, pero en sí, traté de escribir, de modo fantasioso, nuestra historia. Le puse algo de drama, tiene el romance, nuestra vida de hermanas, y la vida de estos simios como hermanos… En sí, quise retratar nuestra historia, pero… de manera que no fuese tan obvio.

–Si tiene su historia de hermanas, entonces no es difícil de adivinar –dijo Brick.

–Pues ahí está el juego de la fantasía, estúpido –respondió Buttercup, pero se sintió mejor cuando Blossom, sin dejar de mirarla, maravillada, le tapó la boca a su esposo.

–Sí, Brick, eres un estúpido –concordó Butch.

Hay cosas que nunca cambian, pensaron Sara, el Profesor y Mojo.

Dieron las nueve de la noche, y Buttercup ya había logrado que sus sobrinos y su hija se fueran a dormir.

Suspiró pesadamente, tirando del cuello de su suéter de lana negro. Bubbles, quien había estado con ella, le extendió su liga verde para que pudiera atarse el cabello.

–Gracias, Bubb –respondió, viendo que su hermana había atado su cabello rubio en dos trenzas.

Se quedaron mirando en silencio, hasta que Buttercup reaccionó ante algo: tenían el mismo suéter, pero el de Bubbles era blanco.

–¿También te lo dio Sara cuando llegaste? Porque estoy segura de haberte visto con un vestido durante la cena –dijo Buttercup.

–Sí, sí, me lo dio Sara –Bubbles rio un poco–, es increíble que tengamos el mismo, pero los copos de nieve en tu suéter son blancos, en el mío son grises.

Se miraron en silencio, nuevamente y, luego de unos segundos, hablaron al unísono:

–Estoy segura de que el de Blossom es gris con copos de nieve negros.

Bajaron a la sala, donde, efectivamente, su hermana estaba con dicho suéter. No les sorprendió, en lo más mínimo, que sus esposos tuvieran los mismos suéteres.

–Hace tiempo no los veía vestidos iguales –comentó Mojo, quien fingía que no sabía que aquellos suéteres habían sido regalados por Sara.

–Claro, claro –dijo Boomer, mientras extendía su brazo para recibir a su esposa, a su lado, en el sofá.

Disfrutando de un poco de chocolate caliente, estuvieron junto a la chimenea, charlando de sus proyectos, queriendo saber qué iban a hacer luego de las vacaciones por las fiestas. Hasta que Sara ve que su esposo miraba a los seis, ya adultos, de manera algo nostálgica.

–¿Sucede algo, cariño?

Todas las miradas se posaron de nuevo en el Profesor. Él titubeó un momento, suspiró y luego volvió a verlos a todos, uno por uno, recordando en ese segundo cómo solían ser antes de que se convirtieran en los adultos que eran ya.

–Las palabras de Mojo y de Sara en la comida vinieron a mí, en este momento. Me refiero a que… Es difícil no recordar cuando nos daban problemas y alegrías cuando eran pequeños, y más aún cuando fueron adolescentes, con todo lo que tuvieron que pasar… Y ahora los veo aquí, ya adultos, con sus familias… ¡Con hijos! –negó con la cabeza–. Es solo que, es difícil darme cuenta que, al final, mis hijas y los chicos ya son adultos responsables…

Buttercup frunció el ceño, mientras buscaba esconder su sonrisa mientras bebía un poco de chocolate, en tanto ambos rubios parecían más felices. Blossom relamió sus labios, miró a su esposo, quien le hizo un gesto con la cabeza, diciéndole "adelante", porque ya sabía lo que ella iba a preguntar.

–¿En verdad dimos tantos problemas?

Mojo arqueó una ceja ante aquella pregunta, pero prefirió que fuese el padre de ellas quien respondiera eso.

–Chicos… ¿Recuerdan la historia?

FIN.


La supuesta semana tardó dos años, pero ya está aquí. No sé si alguien, quienes me acompañaron durante años con esa historia, en un principio, seguirán esperando por el final. Esta algo corto, no es como antes pensaba que iba a terminar... Muchos problemas en mi cabeza y en la vida que, en verdad, no quiero recordar.

Lamento la espera, en serio, y si eres un lector nuevo, te digo que esta es la segunda parte, yup, la secuela de la historia que escribí cuando era una experimentada niña de 15-16 años, que no sabía los formatos en los que se debía escribir en esta página, que ocupaba emojis y todas esas mierdas, hasta que cambió... pero su mente infantil de un mundo color rosa, cursi y cliché no cambió.

De todas maneras, gracias. Gracias por su paciencia (si es que eres pato262, Laura249, violeta5006 o DigitalGirl123, quienes fueron las últimas en comentar el capítulo de hace dos años, aunque ya sé que son más quienes tienen como favorita esta historia, pero ñe, creo que eso fue solo para hacer una mención.

¡Muchas gracias!