CAPÍTULO 7
Cuando la mano de Jacob tocó la de Bella, ella la sintió muy caliente, casi ardiendo, y apartó su mano en seguida. Un gesto brusco, pero Jacob ni se enteró; seguía observándola de un modo que a Bella ya le estaba incomodando. Parecía que se la estaba comiendo con los ojos.
Los gritos de Charlie y Billy hicieron girar a Jacob para ver que había sucedido. Los dos estaban mirando la televisión de pantalla plana con los brazos en alto y una cerveza en la mano. El fútbol ya estaba empezando, los jugadores estaban saliendo al campo mientras sonaban los himnos correspondientes de cada uno. Jacob rodó los ojos y se sentó de nuevo en el sofá, al lado de su padre. Bella se sentó en el reposabrazos, al lado de Jacob.
-Apuestas, Billy – dijo Charlie girándose para mirar a su amigo.
-Apuesto por Tennessee Titans – contestó Billy.
-Maldita sea – masculló Charlie -. Entonces yo Buffalo Bills – se encogió de hombros y volvió a mirar la televisión.
Todos se quedaron en silencio cuando el silbato del árbitro sonó por entre toda la multitud del estadio. Hubo insultos por parte de Charlie cuando hacían falta a su equipo apostado o cuando el equipo contrario marcaba un tanto. Con Billy pasaba lo mismo. Bella estaba distraída con la mirada fija en la pantalla de la televisión viendo nada; no le importaba mucho el fútbol y tampoco lo iba a entender de todas formas. Jacob no le prestaba mucha atención al partido. Se limitaba a mirar sus manos entrelazadas en su regazo y jugaba con sus dedos pulgares. Al pasar veinte minutos de partido, Jacob echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el cabezal, para mirar a Bella.
-¿Quieres dar una vuelta? – preguntó Jacob de forma casual.
Bella lo miró.
-¿No estás con el partido? – preguntó.
-No, yo no – contestó Jacob. Luego hizo ademán de levantarse -. Vengo tantas veces a verlo que ya me aburre. Vamos, que no se van a enterar.
Bella se encogió de hombros y siguió a Jacob cuando ya se hubo levantado. Miró de reojo a Charlie y a Billy que estaban atentos a la pantalla. De pronto Charlie palmeó su muslo e hizo una mueca. Habían marcado otro gol.
-Charlie, ya puedes ir sacando la pasta – escuchó decir a Billy antes de salir por el umbral de la puerta de entrada.
Se giró para encarar a Jacob y vio que él la miraba con timidez.
-No te importa, ¿verdad? – preguntó.
-No – respondió Bella.
Caminaron durante un buen rato por el pueblo, mirando cosas aquí y allá. Jacob le preguntó a Bella sobre el estado de la camioneta y ella le contestó que tenía que llevarlo al mecánico dentro de poco porque estaba un poco decaído. Jacob le comentó sobre el motor, que lo había perfeccionado desde cero, pero que no le había quedado tan bien como esperaba, y que no tenía piezas nuevas para cambiar el coche. Después hablaron sobre lo que hacían cuando eran mucho más pequeños. Cuando pasaron por un pequeño restaurante, Jacob aminoró el paso para quedarse mirando el escaparate. Bella, al darse cuenta de que no estaba a su lado, se giró.
-¿Has comido, Bella?
A Bella le rugieron las tripas al mencionar la palabra "comido". Pues no, no había comido, se le había pasado cuando vio a los tres en el salón y ya no se había vuelto a mover de ahí.
-Ahora que lo dices, no.
Jacob rio entre dientes.
-¡Yo tampoco he comido! ¿Entramos?
Bella miró el lugar por entre el escaparate.
-Parece caro.
-Qué mas da. Lo importante es comer y este sitio es muy bueno.
Sin decir nada más, los dos entraron en el restaurante y cogieron una mesa cerca del escaparate. Se quedaron mirando como pasaba la gente por la calle y luego miraron la carta para pedir. A los cinco minutos llegó el camarero con una libretita en la mano. Jacob pidió una hamburguesa grande con patatas y Bella, una lasaña. Para beber dos colas. El camarero apuntó en la libreta y se fue.
Jacob miró a Bella.
-¿Por qué has vuelto, Bella? – preguntó.
-Una larga historia. Reneé me dijo que viniera a Forks porque ella se mudaba a Florida por su nuevo marido, Phil – explicó Bella -. Y para no estar cambiando constantemente de instituto, por dos años que me quedan, me envió aquí.
Jacob asintió.
-No pareces muy cómoda aquí – dijo entre risas.
-No es muy agradable pasar de un clima caluroso a uno en el que prácticamente llueve todo el día – dijo Bella, mirando de nuevo el escaparate que se estaba llenando de gotas pequeñas por la lluvia.
-Tienes razón – dijo Jacob con una sonrisa.
Pronto les trajeron la comida y empezaron a comer. Bella cogía trozos de su lasaña de vez en cuando, sin prisa. Por otro lado, Jacob comía con ansia, devorando la hamburguesa. Hubo una vez en la que se atragantó y se tuvo que dar puñetazos en el pecho mientras Bella reía. A media comida siguieron hablando sobre sus cosas. Él comentó sobre sus amigos en el instituto hasta que Bella le dijo:
-Nunca te he visto por el instituto.
-Oh, es que yo voy al instituto en la reserva de los Quileute – respondió Jacob. Bella arqueó las cejas y soltó un "oh".
-Lástima, me hubiera gustado conocer a alguien cercano en el instituto.
-¿No conoces a nadie? – preguntó Jacob ahora alzando el las cejas.
-Sí, pero digamos que… - Bella pensó unos segundos largos -. Son buena gente.
Jacob rió.
-¿Te incordian los chicos?
Ahora fue Bella la que rió.
-Digamos que desde la semana pasada un chico llamado Mike Newton no deja de perseguirme – comentó.
-¡Mike Newton! – soltó Jacob -. El hijo de los señores Newton que tienen una tienda de deportes por aquí cerca. Le conozco, me encargué de él un día en La Push.
-¿Qué hiciste?
-Fue en la playa. Mi tribu cuida mucho de sus paisajes y, bueno, la playa de La Push no iba a ser menos. De vez en cuando va todo el instituto de Forks…No, no estoy exagerando – añadió Jacob cuando vio la cara de sorpresa de Bella. Luego soltó una risotada -. Siempre van cuando ven que hace un buen día, sin nubes y con sol, y van todos en manada a la playa – rió -. Pues un día a el señorito Mike Newton no se le ocurrió otra cosa que empezar a coger troncos que había esparcidos por allí y prenderles fuego.
Bella se llevó una mano a la cara.
-Eso fue por la noche, estaban decididos a acampar allí y Sam, uno de los "jefes" –hizo una mueca de desprecio – de la tribu, al enterarse, se fue corriendo hasta allí para echarlos a todos a patadas. Fuimos media tribu hacia allí y yo pillé a Mike haciendo eso. Estaba borracho el pobre…
-Me lo imaginaba – dijo Bella con una sonrisa.
-Me encabroné mucho cuando lo vi. ¡No podemos permitir que destrocen nuestro paisaje natural! – gritó Jacob dando un golpe en la mesa haciendo que los platos dieran un salto y Bella también.
Terminaron de comer después de eso y salieron del restaurante. Se les había hecho un poco tarde y decidieron volver a casa de Charlie. Por el camino hicieron varias bromas y reían por anécdotas que contaba Jacob. Cuando ya estuvieron allí todavía seguían haciendo fútbol y Charlie y Billy llevaban ya unas cuantas cervezas.
Charlie miró a Bella cuando volvieron.
-Vamos a cenar los cuatro aquí. Pediremos pizzas, ¿os parece bien?
Jacob asintió rápidamente sin pensarlo y Bella se encogió de hombros. Perfecto, un día sin cocinar, a ver si venían más a menudo y pedían comida por teléfono. Se disculpó y se fue a su habitación. Allí se encerró y se sentó en la cama. Miró el suelo durante un largo tiempo y luego se quedó tendida en la cama. A pesar de haber pasado la tarde con Jacob, su amigo de la infancia en Forks, y reírse mucho con él, se sentía pesada, preocupada.
Se dio la vuelta en la cama quedándose boca abajo y escuchó un sonido tipo tecno por la habitación.
La última canción del disco Sam's Town de The Killers acabó y en la habitación dejó de sonar la música. Sacó el siguiente disco del grupo, Sawdust, pero esta vez no le apetecía escucharlo en orden. Puso una canción al azar: la dieciséis. Esperó veinticuatro segundos para escuchar la voz del cantante. Romeo and Juliet. El cantante apenas había dicho las primeras tres palabras cuando golpeó el equipo de música y el disco cambió de canción como por arte de magia. Empezó a sonar la última canción del disco: . Esa tampoco le animaba mucho. Al final no le tocó otra que apagar el equipo de música y se tumbó sobre el sofá de cuero negro que había en un rincón de la habitación. Delante había una televisión grande de pantalla plana. Cogió el mando que estaba por algún lado del sofá, la encendió y comenzó a pasar canales sin interesarse por ninguno. Apagó la televisión al mismo tiempo que la puerta de la habitación se abría.
-¡Edward, vamos abajo! – chilló Alice desde el umbral de la puerta -. Han llegado Rosalie y Jasper – se puso a dar saltitos.
-¿Hay algo hoy? – preguntó Edward.
-Fútbol.
Edward suspiró y se levantó del sofá. Él y su hermana bajaron las escaleras hasta el primer piso y se adentraron en el salón donde Emmett y Jasper hablaban en susurros mientras se pasaban dólares el uno al otro. Apuestas. Rosalie estaba con Esme en otro lado del gran sofá del salón hablando entre ella; luego se les unió Alice.
-Hey, Edward, apuestas del primer partido – dijo Emmett cuando su hermano se sentó a su lado -. ¿Tennessee Titans o Buffalo Bills?
-Yo no apuesto, Emmett.
Emmett se encogió de hombros y volvió a su conversación con Jasper.
-Cincuenta dólares por Tennessee Titans – dijo Jasper.
-¡Maldita sea! – gritó Emmett.
Siguieron discutiendo sobre los equipos de los demás partidos que se iba a jugar y apostaban con cada vez más dinero. Edward puso el oído en la conversación de Rosalie, Esme y Alice. Vale…no le importaba mucho de lo que hablaban. Se limitó a mirar la televisión donde ahora echaban anuncios hasta que empezara el partido.
-Edward, tío, ¿qué pasa? Antes estabas bien – dijo Emmett.
-Estoy sin ánimos, solo eso – contestó Edward. Al otro lado de Emmett se encontraba Jasper el cual miraba a su amigo Edward con compasión. Él era uno de los pocos que entendía lo que le pasaba a Edward y juró no contárselo a nadie. Él y Alice eran los únicos que lo sabían. Se levantó para ponerse al lado de Edward y le pasó el brazo por los hombros mientras le daba un pequeño puñetazo en el brazo con la otra mano.
-Diviértete al menos esta vez, no quedamos para ver el fútbol todos los días y vamos a reírnos un buen rato – dijo Jasper con alegría y Edward se contagió de su estado de ánimo. Jasper tenía esa habilidad para hacer que una persona sienta el mismo estado de ánimo que él y lo hacía con mucha facilidad. Suspiró.
-Está bien, Jasper, pero sigo sin apostar, ¿eh? – dijo Edward dándole un puñetazo a Emmett que estaba empezando a hacerle cosquillas en el estómago.
El partido comenzó pronto y en menos de diez minutos el equipo apostado por Jasper, Tennessee Titans, ya iba ganando por bastantes puntos. Emmett apretaba los puños con los billetes en las manos y maldecía en voz alta. Las chicas observaban sin prestarle mucha importancia y luego seguían hablando.
Se tragaron tres partidos seguidos cuando Edward se aburrió y en el descanso del último partido, subió a su habitación y se encerró de nuevo. Dio varias vueltas por el cuarto pensando en qué hacer, apenas era de noche y la cena no estaría hasta que llegara Carlisle, que llegaría tarde. Paró delante del escritorio y vio su móvil. Lo cogió y lo movió en su mano. Ya sabía qué hacer. Caminó hasta la cama y se sentó en la orilla de ésta. Abrió el menú del móvil, fue hasta la lista de contactos y buscó por orden alfabético…No estaría muy lejos. Una sonrisa torcida apareció en su rostro cuando leyó su nombre y le dio al botón de marcar. Esperó impaciente a que cogiera el teléfono mientras se mordía las uñas. Mientras esperaba sonó una canción de My Chemical Romance; una de esas canciones para no aburrirte esperando. Rió. Pasaron cinco segundos y escuchó su respiración agitada a través del auricular.
-¿Diga? – dijo una voz confusa.
-Buenas noches, Bella – dijo Edward con una risita.
Escuchó como Bella contenía el aliento.
-¿Cómo…? ¿Cómo has conseguido mi número de móvil? – preguntó Bella.
-Bella, eso me ofende – dijo Edward fingiendo estar triste -. ¿No te acuerdas que el móvil te lo, uhm…regalé? – esperó a que dijera algo. No dijo nada y continuó -: Pues bien, me tomé las molestias de apuntar el número para contactarte. Sabía que algún día lo iba a necesitar.
-¿Necesitar? – siguió preguntando Bella -. ¿Para?
-Quería pedirte disculpas, me gustaría hacerlo personalmente pero quería hacerlo lo antes posible antes de ir a peor – susurró -. No quiero cagarla – añadió después.
Bella rió. Le sorprendía que Edward hablara de esa manera.
-¿Y de qué quieres disculparte esta vez?
-Por mi comportamiento contigo…Ya sabes – Edward sonrió -. Esta mañana hemos empezado bien, luego me he enfadado contigo y por último, me he reído por esa birria de coche que tienes…
-¡Eh! – gritó Bella de repente.
-Lo siento, Bella. Pero debes de admitir que tu camioneta no está para tirar cohetes – dijo Edward.
-Lo sé. Esta semana tengo que llevarlo al mecánico a que cambie unas cuantas cosas –explicó Bella.
-Ah, bien.
Después de eso, silencio. Ninguno dijo nada, solo se quedaban escuchando la respiración del otro. Respiraciones tranquilas. Edward quería hablar de tantas cosas y a la vez nada, todavía tenía que disculparse. Bella estaba esperando a que dijera algo, Edward todavía tenía que disculparse. Habían cambiado de tema muy rápidamente sin darse cuenta.
-Bella – llamó Edward.
-¿Sí? – titubeó la nombrada.
-Quiero ganarme tu perdón, Bella. No me sentiría bien si sé que estás enfadada conmigo.
-Ya no te preocupes por eso, Edward. Hoy entendí que tienes trastornos de personalidad múltiple – dijo Bella. Edward parpadeó.
-Sí…me pasa muy a menudo – dijo Edward y puso los ojos en blanco -. Pero quiero que a partir de ahora… - vaciló -. Que a partir de ahora seamos amigos – dijo al final con un susurro. Bella no habló y eso le desesperó.
-Oh – murmuró al final -. Claro, podemos ser amigos sin ningún problema.
Edward iba a hablar de nuevo pero luego escuchó perfectamente a través del móvil como una puerta se abría y alguien gritaba el nombre de Bella con alegría. Ésta contuvo de nuevo la respiración y después se reía.
-No, Jake, ¡para! – se escucharon risas -. ¿No ves que estoy ocupada? – preguntó luego en un susurro. Edward escuchaba atentamente sin habla y con la boca medio abierta.
-Ah, claro, Bella. Esta me la guardo, me dejas tirado por un móvil – dijo Jacob con voz fingida de dolor.
Bella rio de nuevo. Edward sintió un vacío en el estómago y sentía como si el corazón se le encogiera. Tragó en seco y abrió varias veces la boca para decir algo; pero nada salió de su boca. Sentía un fuego abrasador por todo el cuerpo.
-¿Edward? – preguntó Bella cuando todo quedó en silencio -. ¿Sigues vivo?
No. No lo estaba, ahora no sentía nada en esos momentos.
-Sí – contestó Edward después de aclararse la garganta -. Perdona, Bella, tengo…tengo que colgar – dijo apresuradamente. Bella soltó un sonido de disgusto.
-Está bien.
-Nos vemos mañana.
-sí, hasta mañana.
Y colgaron. Edward se quedó observando con ojos inexpresivos la pantalla del móvil donde ponía: "Bella. Duración de la llamada: 07:41:03". No habían durado mucho. Volvió al escritorio a dejar el móvil y se acostó en la cama, mirando hacia el techo. ¿Qué había sido eso? ¿Jake? Bella era una desconocida para él y había sentido…había sentido celos de ese Jake. ¡Eso no podía ser! Él no quería hacer ninguna amistad, estaba encerrado en su mundo, y hace unos minutos le había dicho a Bella que podrían ser amigos. ¿Qué había pasado? No se reconocía a sí mismo desde que la había conocido. ¡Y encima se había puesto celoso! Pensó en las palabras que le había dicho Tanya cuando Bella llegó al instituto. Soltó un gruñido.
La puerta de la habitación se abrió con un chirrido y la cabeza de Emmett asomó por ella. Miró a Edward y éste miró a su hermano.
-¡Eddie! – cantó Emmett. Edward le fulminó con la mirada.
-¿Qué pasa, Emmett? - preguntó.
-Te estamos esperando para la cena. ¡Baja rápido! - gritó Emmett ya cuando estaba bajando las escaleras a toda prisa.
Edward le siguió lentamente, arrastrando los pies.
-Bueno, Bella...¿Qué me dices? - preguntó Mike Newton.
-¿Qué? - balbuceó Bella.
Mike Newton se había acercado a Bella a la hora del almuerzo, en la cafetería, mientras ella cogía su comida. Estaba tan distraída mientras cogía su comida que no se daba cuenta de lo que le estaba diciendo Mike. A parte pensaba en la conversación que tuvo con Edward anoche. Le había dicho que se tenía que ir sin ningún motivo aparente después de que Jacob entrara en su habitación y empezó a hacerle cosquillas en los pies, un punto débil para ella.
Giró un poco la cabeza, hacia la mesa de los Cullen y los Hale, todos hablaban entre ellos menos Edward que la miraba atentamente y miraba a Mike de forma recelosa. La manaza de Mike pasó por delante de su cara llamándole la atención. Se giró hacia él con cara de disgusto.
-¿Qué pasa, Mike? - preguntó casi rugiendo.
-Te he preguntado mil veces que si quieres ir a la fiesta conmigo el sábado.
¿Ir a la fiesta con Mike? Bella se tapó la boca para intentar no reírse a carcajadas. Se había hartado de Newton la primera semana en la que le empezó a hablar y a preguntarle por toda su vida. Ahora le evitaba todo el tiempo pero hoy no se había librado. Luego se acordó de la anécdota de Jacob con Mike y se puso roja al contener la risa. Se quitó la mano de la boca y suspiro. Su rubor desapareció.
-No, Mike, pero ya...ya tengo pareja - miró a Edward por el rabillo del ojo. Mike siguió su mirada y puso cara de sorprendido.
-¿Con Cullen? ¿En serio? Creía que iba con Tanya.
Ahora fue Bella la que puso cara de asombro. ¿Tanya? ¿Quién es Tanya? Volvió a mirar a Edward y vio que éste le miraba atentamente a cada movimiento que hacía; también seguía mirando a Mike.
-No, no es Edward. Es...Es un amigo que no conoces - dijo Bella, pensativa.
-Vaya, entonces...
-Pídeselo a Jessica - le cortó Bella y se fue corriendo a la mesa donde estaba Edward con bandeja en mano. Cuando llegó miró a Edward el cual se estaba riendo entre dientes. Parecía como si se hubiera enterado de la conversación, pero luego miró a Mike que estaba con cara de pasmarote. Bella rió y se giró de nuevo hacia Edward. Éste, cuando la miró, le regaló una sonrisa que a Bella le pareció forzada. De repente, se le ocurrió una idea que podría ir muy bien.
Bella esperó con ansias el final de las clases. Cuando terminó Educación Física se fue volando, literalmente, hacía el aparcamiento para ir rápidamente a su casa y hacer una llamada. Cuando intentaba abrir la puerta de la camioneta con las llaves, una voz demasiado conocida para ella le llamó:
-¡Bella, aquí!
Vio a Jacob en una esquina cerca de ella, apoyado en una gran moto negra. Estaba cruzado de brazos mientras miraba a Bella con una amplia sonrisa. Bella se acercó a él corriendo y lo miró con curiosidad.
-¿Qué haces aquí?
-Han faltado algunos profesores al instituto en la reserva y he pensado: oye, pues voy a ver a Bella, que seguro que sigue en el instituto - explicó Jacob -. Y aquí estoy.
Bella no pudo evitar sonreír. Miró la moto de Jacob.
-¿Y esa moto? - preguntó. Jacob la miró de reojo.
-Es una moto vieja que había por ahí y la arreglé un poco. Y voilà, ha quedado perfecta. Como nueva.
-Sí, parece recién comprada.
Jacob sonrió.
-Charlie y Billy vuelven a estar en casa viendo el partido - dijo -. Harry Clearwater ha traído a mi padre y también se ha quedado a ver el fútbol y he pensado que si te venías de nuevo a dar un paseo...si no tienes nada que hacer, claro.
Bella negó con la cabeza.
-¡Perfecto! Puedes ir a dejar la camioneta y yo te sigo con la moto, haces lo que tengas que hacer y podremos irnos.
-Vale - contestó Bella y fue de nuevo hacia la camioneta. Jacob la siguió.
Bella intentó abrir de nuevo la puerta y miró por encima del techo. Vio salir a los Cullen del edificio y pronto Edward clavó su mirada en ella; luego en Jacob y juraría que casi se le salen los ojos de las órbitas. Jacob miraba a Edward de forma sospechosa. De pronto, Bella se acordó de algo.
-Jacob, ¿podrías hacerme un favor? - preguntó mientras seguía mirando a Edward.
-¿El qué?
Se giró hacia Jacob.
-¿Quieres acompañarme a la fiesta de primavera del sábado?
¡Me encanta que Edward sienta celos! ¡Y Bella también! Soy malvado aunque no lo parezca (suena a sarcasmo).
Me ha costado sacar todo esto, he estado días pensando hasta que a final a venido la inspiración divina de nuevo y me ha salido todo esto. El siguiente capítulo voy a ir directamente a la fiesta para ver qué pasa. Ya lo tengo todo planeado así que no creo que tarde mucho tiempo en actualizar.
También me gustaría resolver dudas que me van preguntando por ahí, pero no tengo tiempo para todo y ya me gustaría. En el capítulo siguiente a ver si puedo que ya tengo vacaciones oficiales aunque no por mucho tiempo porque se me vienen los exámenes finales de la universidad encima.
Y ya está, nada más que decir.
¡Hasta la próxima!
