Capitulo VII: Boris el Desconcertado (Editado)
Draco echó una mirada al aula según entró por la puerta y pronto encontró una cabeza castaña de cabello alborotado. Era la primera vez que la veía después de lo sucedido el día anterior con ella y con Dewey. No sabía bien por qué pero apenas había dormido en toda la noche y cuando lo hizo, soñó con Granger llorando y se despertó con una gran sensación de angustia en el estomago, que se negó a reconocer. Hiciera lo que hiciera, notaba un sentimiento extraño y agrio, que le quitaba interés e impregnaba todo. Había besado a Pansy durante minutos después de lo sucedido pero no había logrado ni distraerse un poco, había insultado a Crabbe y Goyle por su estupidez y esa mañana, había reñido y aterrorizado a unas alumnas de primero hasta el punto de hacerlas llorar, pero nada había servido para hacerle sentir mejor.
Experimentaba una sensación nueva y que desde luego, no le agradaba en absoluto, y sospechaba amargamente que tenía que ver con la Sabelotodo.
Entró en la clase hablando en voz bien alta con Zabinni para hacerse notar, pero Hermione de espaldas a él, no había dado ningún signo de reconocer su presencia. Se sentó detrás de ella y abrió su libro de pociones bruscamente, pero la Gryffindor no movió ni un pelo y además comenzó a hablar con sus amigos y a reírse sonoramente de algo que había dicho el pobretón. Draco miró a los tres con odio en el mismo instante en que Slughorn, con su barriga por delante, hacía entrada en el aula.
—Buenos días, alumnos —les saludó jovialmente, parecía bastante contento ese día —Hoy tengo algo especial planeado para vosotros...la poción "Amichicus" que creo que os gustará, ¿alguien sabe en que consiste?
Sorprendentemente, Hermione no levantó la mano. Tanto Slughorn como todos sus compañeros la miraron como si pensaran que le sucedía algo, pero ella clavó los ojos en su libro sin decir nada. Detrás de ella, Draco hizo una mueca similar a una sonrisa. Sabía que si Granger no respondía, era porqué él la había criticado por eso el día anterior. Se sentía satisfecho y muy ufano, pero pronto apareció esa sensación agria e inexplicable a estropearle el ánimo. ¿!ué demonios era eso?
—Señorita Granger, ¿conoce la respuesta? —la instó Slughorn volviendo a sonreírle después de unos momentos de desconcierto.
—Bueno...la Amichicus es una poción de la amistad, hace que las personas que la tomen olviden sus diferencias y se lleven bien de nuevo... o por primera vez —añadió con un tono muy extraño en ella. Normalmente respondía con entusiasmo y eficiencia, pero en esa ocasión parecía que no le interesaba lo más mínimo que fuera la Amichicus y los efectos que tuviera. Todos parecieron darse cuenta porque volvieron a mirarla como si esperaran encontrar algo en su aspecto que les diera una explicación.
—¡Perfecto! —exclamó Slughorn rompiendo el tenso momento —¡10 puntos para Gryffindor! Y ahora —continuó frotándose las rechonchas manos llenas de anillos —os voy a proponer algo diferente a propósito de esta poción. Veréis, como es una poción de la amistad y habitualmente trabajáis en parejas con vuestros amigos, hoy tendréis parejas diferentes. Así, al final de la sesión tal vez no necesitéis la poción para tener un nuevo amigo —y sonrió radiante como si hubiera dicho algo muy ingenioso, pero todos en la clase estaban demasiado ocupados mirándose entre ellos con especulación. En pociones sólo estaban unos pocos alumnos de Gryffindor, un puñado de Slytherin, Ernie McMillian de Hufflepuff y Terry Boot de Ravenclaw. Era evidente que ningún Gryffindor ni ningún Slytherin tenían deseos de mezclarse, así que viendo que nadie se movía, Slughorn volvió a hablar.
—Vamos, vamos, yo mismo haré las parejas. Veamos —se atusó los bigotes de morsa con aire pensativo—Potter, tú irás con Blaise, querido. Nott, usted con Weasley...y mi encantadora Señorita Granger, tú con Malfoy.. .—y siguió proponiendo parejas. Zabinni ya se había ido con evidente molestia junto a Harry, por lo que el sitio al lado de Draco permanecía libre, y éste observaba con satisfacción a la Gryffindor, sabiendo que debía de estar muy fastidiada por tener que ir con él. Se dijo con deleite, que por mucho que quisiera hacer que no existía, no podría.
—Profesor —Hermione se había puesto en pie y tenía la mochila colgando al hombro y el caldero en una mano —Si no le importa, preferiría no hacerlo con él.
Y ante la mirada asombrada de todos, Hermione se fue a sentar junto a Ernie McMillian sin esperar la respuesta de Slughorn (que pareció quedarse sin palabras y después sonrió como si fuera él el que hubiera sugerido que se sentara con el Hufflepuff). Draco se llenó de ira al ver la expresión de bobalicón encantado que adoptó Ernie cuando Hermione se sentó a su lado, y se infló como un pavo. Draco tuvo que contener sus ganas de vomitar cuando escuchó a Ernie hablar:
—Espero que esto no signifique que no somos amigos.
—No, Ernie —respondió Hermione y el Slytherin pudo captar algo de hastío en su voz —Sólo significa que en esta clase hay alguna que otra persona con la que no quiero tener ninguna relación.
Ernie se desinfló lentamente, pero Draco se hinchó de furia. ¿Cómo se atrevía esa estúpida sangre sucia a despreciarle así? Cuando Terry Boot se sentó a su lado, Draco apenas se percató, demasiado ocupado en lanzarle miradas asesinas a Hermione, que ella no percibió, o al menos fingió no hacerlo. Durante el resto de la clase, intentó en vano en concentrarse en los ingredientes de la estúpida poción pero le resultaba prácticamente imposible. Estaba demasiado enfadado porque ella se hubiera atrevido a despreciarle, ella a él, una sangre sucia a un Malfoy. Se dijo así mismo que de todos modos no quería sentarse con ella pero eso no evitó que en lugar de cortar las raíces de belladona, prácticamente las hiciera puré. Terry Boot tampoco ayudaba mucho, pues después de que Slytherin ganará a Ravenclaw en el partido de quidditch y además lesionara a su capitán, le profesaba muy poco aprecio. El resultado fue que ninguno de los dos cruzó más que tres palabras en las dos horas que duró la clase, y cuando al final Slughorn la dio por finalizada, ambos se levantaron sin despedirse.
Draco buscó inmediatamente a Hermione y la encontró hablando con McMillian que se reía pomposamente.
—Granger, te agradezco el haberme librado de tu compañía —le escupió con rabia, pero ella se echó a reír sonoramente ignorándole completamente porque al parecer, Ernie había dicho algo muy gracioso.
—¿Te lo puedes creer? —insistió McMillian que tampoco parecía haberse percatado de la presencia del Slytherin, demasiado concentrado en Hermione, y ella rió de nuevo. Draco se sintió completamente ignorado y fuera de lugar, y tuvo deseos de apagar la risa de esa sabelotodo de algún modo, pero finalmente, optó por largarse de la clase antes de estrangular a alguien.
Durante los días siguientes, Draco se paseó por Hogwarts hecho un basilisco. Fue especialmente cruel como prefecto, hizo llorar a varios alumnos cada día, confiscó todos los objetos personales que pudo, quitó puntos a cualquier alumno de Gryffindor con el que se topara e incluso contempló una pelea entre alumnos de tercero alentándoles, pero nada de ello parecía aliviar su ira. Tampoco era de extrañar considerando que cada día que pasaba se sentía más furioso.
Granger, igual que en aquella clase de Pociones, se dedicaba a ignorarle por completo. Ya otras veces no había respondido a sus comentarios ofensivos o sus burlas, pero entonces Draco sabía cuánto le molestaban. Sin embargo ahora, a parte de no parecer escucharlas, cada vez que él le decía algo, la muchacha se ponía a hablar con la persona que tuviera más cercana. Ni siquiera le miraba cuando pasaba por delante de ella o cuando insultaba a Potter o Weasley. Draco había llegado a ir a la biblioteca y a sentarse en la misma mesa que ella para molestarla, pero ella cerraba su libro, se levantaba y abandonaba la biblioteca sin dedicarle una sola mirada.
Lo único que consolaba al Slytherin era que al parecer a Dewey no le iba mucho mejor que a él, porqué desde lo sucedido en el hall, el chico no se atrevía a acercarse a ella y cuando lo hacía, la Gryffindor se mostraba distante aunque educada.
A pesar de ello, Draco se seguía encontrando de un humor de perros y no sabía qué hacer para fastidiar a la sabelotodo. Insultarla y meterse con ella no daba ningún resultado, así que Draco se pasaba horas pensando en cómo molestarla hasta llegar casi a obsesionarse con el tema.
Al principio, había despotricado contra ella ante Pansy, y ésta se había sentado en su regazo contenta de poder insultarla con él, pero después de unos días, chasqueaba la lengua con aire irritado cada vez que Draco la nombraba, así que dejó de hacerlo, y también de pasar tiempo con ella. No aguantaba estar con nadie y trataba a todo el mundo desdeñosamente como si tuvieran la culpa de su frustración. Tan sólo Crabbe y Goyle se atrevían a acercarse a él, pero eso era porque eran demasiado estúpidos para que nada de lo que Draco dijera les afectara.
Por su cabeza pasaban miles de ideas sobre cómo fastidiarla, pero no había podido poner ninguna en práctica hasta el momento. Al no encontrarla en la biblioteca, comenzó a dar largos paseos por Hogwarts con la esperanza de toparse con ella, o al menos para poder estar solo y pensar. En la sala común de Slytherin eso era bastante complicado porque Pansy siempre estaba revoloteando en torno a él y Crabbe y Goyle no sabían ni ir al baño solos, así que sólo durante esos paseos tenía algo de tranquilidad bajo la excusa de patrullar como Prefecto para detectar alumnos infractores. Al fin, un par de semanas después, al girar el recodo de un pasillo del quinto piso, divisó a lo lejos la figura de Granger y decidió seguirla. Observó como la chica se detenía junto a la estatua de Boris el Desconcertado, un mago con cara de perdido que no llevaba una sola prenda en su sitio, y susurraba la contraseña. Draco se ocultó tras una armadura antes de que ella mirara a ambos lados el pasillo y atravesará la abertura surgida cuando la estatua se movió. Sólo cuando sintió el chasquido de la piedra recolocándose, salió de su escondite con una sonrisa maliciosa. Era el baño de los prefectos.
Draco no solía usarlo porque había otro en el segundo piso que le quedaba más cerca de las mazmorras, pero conocía la contraseña. Sintió como el corazón empezaba a latirle con más velocidad y el estomago se le llenó de una sensación expectante, y por primera vez en muchos días se sintió bien. Atraparía a Granger en el baño y una vez allí encerrados, no podría seguir ignorándole.
Con expresión astuta, se acercó a Boris y murmuró "Canto de Banshee". Inmediatamente la estatua se hizo a un lado y surgió la misma abertura por la que un minuto antes había entrado Granger, y Draco la cruzó sintiendo cómo la pared se cerraba tras él.
Hermione estaba allí, envuelta en una toalla y arrodillada junto a uno de la casi centena de grifos dorados que había en torno a la piscina. Le miraba con expresión aterrorizada y sonrojada hasta la frente. Malfoy le echó un vistazo de arriba abajo, fijándose desde en la curva de sus hombros a sus delgados tobillos.
—¿Qué haces aquí, Malfoy? —preguntó ella con voz chillona y tratando de cubrirse aún más con la toalla.
—No te molestes en taparte, Granger —replicó Draco sintiendo que el placer de fastidiar a la Gryffindor hacía efecto en él, relajándole por completo y dándole casi ganas de sonreír —No hay nada interesante que ver.
—¡Lárgate! —chilló ella poniéndose en pie y cogiendo su varita para apuntarle con ella sin dejar de apretar la toalla contra su pecho. Parecía tan enfadada que Draco no dudaba de que fuera capaz de atacarle.
—Este es el baño de los Prefectos, Granger, puedo estar aquí— replicó sin darle ninguna importancia al hecho de que ella le apuntara con su varita.
—Claro que puedes estar aquí, pero no cuando haya una prefecta en él —contestó Hermione, su mano temblaba de rabia en torno a la varita.
—Bueno, si no existo para ti, no veo que importancia tiene que esté aquí —dijo el mordazmente —limítate a ignorarme igual que estos días.
Hermione parecía apunto de echarse a llorar de la rabia, pero sus ojos estaban secos y fríos. Lentamente relajó el cuerpo y bajó la varita, recogió su túnica y sus ropas y echó a andar hacia la entrada como si Draco no estuviera allí. El Slytherin enfadado, se apostó en la salida, taponándola con su cuerpo cuando Hermione llegó hasta él, de modo que la chica se vio obligada a mirarle.
—Si tanto interés tienes en estar aquí, quédate —le espetó Hermione intentando apartarle con una mano.
—No sé por qué te molestas en venir, Granger —le dijo él inclinándose hacia ella de modo que la joven retrocedió un par de pasos nerviosa —Por mucho que te bañes no podrás quitarte el olor a impura.
—Siempre se puede oler peor —replicó ella sin amilanarse —por ejemplo a podrido.
Draco reaccionó ante esas palabras como si le hubieran dado un puñetazo en la cara, sus ojos grises se volvieron de un tono helado y cortante, y alargó las manos hacia la chica. La agarró por los hombros desnudos y la apretó hasta arrancarle una mueca de dolor, no obstante, Hermione no se quejó ni se movió lo más mínimo.
—Atrévete a repetir eso —la desafió él, pero la joven permaneció callada sosteniéndole la mirada —Mi familia dominaba la magia mucho antes de que tu primer antepasado aprendiera a encender una vela. Provengo de una linaje puro que ha pasado de generación en generación sin mezclarse nunca con ningún muggle y...
—¿Y qué? —le interrumpió ella en absoluto impresionada —¿Eso te hace mejor que los demás? Porqué puede que me equivoque, pero que yo sepa, no eres el mejor estudiante de este colegio en ninguna asignatura ni tampoco el mejor jugador de quidditch. No tienes más talento mágico que la mayoría de los alumnos de Hogwarts por muy ilustres que fueran tus antepasados —y añadió con un tono extraño, casi triste —y eres mucho peor persona que cualquiera de ellos. Te agradezco que me salvaras en el lago, pero no quiero tener que ver nada más contigo.
Después apartó a Draco y salió de los baños, llevando tan sólo una toalla blanca pero con la cabeza tan alta como si hubiera ido vestida de seda y oro. Draco se quedó parado en el sitio sintiendo una punzada dolorosa en el pecho que no le gustó nada pero que pronto se convirtió en pura cólera. Ella le había despreciado de todas las maneras posibles, pues bien, ahora lo haría él. Tenía un plan.
!Hola!
¿Qué os ha parecido el capitulo? Como veis, Hermione ha tratado de ignorarle, pero no es fácil xD y él está de muy mal humor úlitmamente. Personalmente si me encuentro a Draco en el baño de los prefectos, no hubiera intentado largarme ni de coña xD pero Hermione está muy dolida...y Draco muy enfadado. ¿De qué puede tratar su plan para fastidiarla? Creo que os sorprenderéis en el siguiente capitulo, o al menos eso espero. Como siempre, se admiten conjeturas.
Muchisimas gracias por los reviews, me hacen mucha ilusiooón :)
Con cariño, Dry.
