CAPÍTULO 6 "Amigos"

—¿Crees que tu hermano pueda ayudar a Gabriel?— preguntó el ojiazul.

Dean lo miró, él estaba preparando las pinturas en la paleta. Castiel era la persona más rara que había visto, principalmente lo que más llamaba su atención es su cara sin emociones, rara vez lo ha visto frunciendo el ceño y ni hablar si alguna vez, en lo que lleva trabajando junto a él los cuatro días, ha visto una sonrisa.

Por eso Dean identificó que Castiel estaba preocupado tras una serie de acciones. Así es, acciones, pequeñas acciones que hacía el pintor le permitían saber su estado de emoción. Cuando el ojiazul no se atrevía a mirarte era porque está nervioso, si comienza a hacer algo y a la vez te pregunta algo como hace un momento, eso significa que está preocupado.

—No te preocupes, Sammy es muy bueno y no lo digo solo porque sea mi hermano— le sonrió y él asintió para luego dirigir su vista ala lienzo blanco.

Una idea cruzó por la mente de Castiel al ver al lienzo blanco, esta vez la pintura tratara sobre los hermanos Winchester. Y con esa propuesta en mente y la voz de Dean de fondo empezó a pintar.

—¿Y qué tal?— preguntó el rubio sacando una cerveza de la heladera para luego sentarse en la pequeña mesa frente a su hermano que está cubierto de libros y papeles—¿está muy jodido?

El castaño apartó la vista de los papeles que leía para mirar a su hermano mayor. Negó con la cabeza, pero la expresión seria no abandonaba su rostro.

—No está tan jodido, pero…-

—¿Pero?

—Pero puede ser difícil probar su inocencia, especialmente si hablamos de una actriz tan reconocida como Kali. Prácticamente todos los testigos están a favor de la actriz— su hermano le explicaba mientras buscaba entre sus papeles una declaración que había visto hace unos minutos— excepto por un tal Balthazar, los siete testigos restantes coincidían que Gabriel era un machista y un acosador.

—¿Y eso es verdad?— preguntó preocupado, no creía que el come dulces sea un acosador, pues es hijo de su amigo y hermano de Cas, pero aun con ese historial no significa que sea un ángel. El mismo es la representación de la oveja negra de la familia, y aunque en un primer momento pensó que Lucifer tenía ese título, tal vez su nuevo amigo lo era.

—No creo— la voz de Sam lo trajo de regreso. Era extraño ver a su hermano defendiendo a quien él juraba que era culpable, sin duda alguna la charla a solas que había tenido con el hermano de Castiel le fue útil para demostrar la inocencia y que puede ser defendido por el mejor abogado de toda la ciudad.

—¿Por qué sonríes?— cuestiono serio su hermano. Sam sabía porque su hermano sonreía, claro que lo sabía, esa misma sonrisa estaba en su cara cuando se graduó de abogacía lo que significaba una sola cosa, Dean estaba orgulloso de él.

—Pues por…—

—¿Sam? ¿Dean?— la voz de Adam se escuchaba desde la entrada, el mayor dejó su cerveza y se levantó para ocultarse a un lado del marco de la puerta de la cocina, esperando paciente hasta que una melena rubia apareció a su vista. Lo atrapó en una llave de lucha, obviamente el mayor tenía la ventaja, pero su hermanito menor no se dejaba vencer, quería liberarse pero le era imposible.

—¡Dean!— llamó para que el otro lo soltara, con una sonrisa su hermano mayor lo soltó para luego revolverle el pelo.

Sam, quien miraba la escena sonrió. Esos pequeños momentos llenaban el corazón de los hermanos Winchester.

Adam tomó asiento en su lugar mientras conversaba con Sam sobre su nuevo cliente, por su parte Dean sacaba los ingredientes para hacerle un sándwich a su pequeño hermano. Atento, el ojiverde menor escuchaba lo que decía su hermano mientras observaba al rubio preparándole su comida sin pedírselo; Sam es un buen hermano, siempre que necesitara ayuda con las tareas escolares o algún consejo, él siempre estaba allí, pero el menor tenía un especial cariño hacia Dean. Eso no significa que no quiera al abogado, Adam quiere demasiado a sus hermanos por igual, pero con Dean a pesar de la gran diferencia de edad se llevan tan bien que es su héroe sin capa.

—¿Cómo te fue?— consultó el mayor entregándole un plato con delicioso sándwich de tomate, queso, lechuga y jamón.

Adam había ido al colegio junto con un par de amigos en busca del nuevo horario de clases, ya que solo le quedaba ese fin de semana antes de empezar las clases.

—Bien, tengo historia el lunes.

Sus hermanos asintieron satisfechos.

—¿Quieres que te lleve?— Dean sabía que era una pregunta algo tonta, pues él nunca le gustó que su padre lo llevara a clases, aun cuando el Impala se mostraba imponente enfrente de la acera de igual manera se sentía ridículo.

Pero todo lo contrario a lo que Dean pensaba, el menor asentía con una sonrisa para luego darle un bocado a su apetitosa comida. El mayor sonrió y asintió también.

—Llegas tarde— recalcó Benny mirando a su amigo con una sonrisa desde la barra.

El bar estaba un poco más lleno de lo normal, entre empujones paso hacia atrás de la barra para saludar a su amigo.

—Lo siento— se disculpó Dean.

—¿El angelito te entretuvo?— preguntó una voz muy conocida para el par de rubios. El ojiverde miró serio a Abaddon quien bebía su Martini tranquilamente con una sonrisa burlesca.

—¿Angelito?— preguntó sin entender— ¿te refieres a Castiel?

La pelirroja asintió mientras se apoyaba en la barra.

—Cas y yo solo somos amigos— aclaró, aunque no tenia porque hacerlo.

—¡Oh vamos DemonDean! El angelito te tiene loco— otra vez ese apodo resonó haciendo que un sabor amargo se instalará en su boca, haciendo que muriera cualquier réplica hacia la mujer.

Ese apodo le recordaba a una de las peores épocas, gracias a su rebeldía y orgullo había perdido lo más importante. La pelirroja entendió bien esa expresión, sabía que ese apodo le revolvía el estómago al rubio pero estaba tan acostumbrada a decirlo que no podía simplemente llamarlo por su nombre.

—¿Quieres más?—la pregunta del rubio atrajo su atención, el ojiverde señalaba su copa vacía. Ella asintió dando por terminada la charla, extendió la copa para que su amigo le preparara su bebida.

Castiel volvió otra vez a desbloquear su celular, las tres de la mañana se mostraban en la pantalla. Lo apago y lo dejó en la mesa de luz, giro en su cama una vez más intentando de conciliar el sueño, pero su mente estaba perdida en Dean.

El pelinegro no entendía las relaciones interpersonales, a diferencia de sus hermanos él era un cubo de hielo casi más que Rafael, el morocho era igual de serio y apático que él. Por ello se quedó completamente mudo cuando después de terminar el cuadro el rubio le dijo que eran amigos, no, no fue una pregunta, Dean anuncio a Castiel que oficialmente eran amigos, así de simple.

Había un pequeño espacio entre las cortinas de su ventana que le permitían apreciar el cielo oscuro, mientras se hundía en sus pensamientos. Sus únicos amigos son Balthazar y Gadreel, tal vez Hannah, la pareja de Gadreel, ahora a esa diminuta lista se le unía el mayor de los Winchester. Arropado hasta la coronilla con sus claras sabanas Castiel sonrió, a las tres y media de la mañana el hijo de Chuck había caído en la cuenta que tenía un nuevo amigo.

Ahora una nueva duda asaltaba a Castiel ¿Qué hacía cuando tenía un nuevo amigo? Los amigos salen, y aunque Dean y él se ven todos los días por los cuadros, ¿no deberían verse fuera del horario de trabajo también? Con esa pregunta salido de la cama, con rapidez se vistió y tomando su gabardina salió. El ojiazul iba a mitad del pasillo del segundo piso cuando se encontró con Miguel que lo miraba sorprendido.

—¿Castiel?— el pelinegro no podía creer ver a su hermano levantado a las casi cuatro de la mañana completamente vestido.

—Miguel, ¿me podrías llevar?— y esa pregunta terminó por descolocarlo.

Esa noche Las puertas del Purgatorio estaba casi lleno, eso que no había ninguna banda que tocará, simplemente el bar estaba lleno. Abaddon miraba desde la barra al par de rubios ir y venir mientras tomaba su cuarto Martini de la noche, esta vez la pelirroja estaba sola, su novio estaba descansando en el departamento y por primera vez desde que lo conoció se tomó un tiempo a solas.

El mayor de los Winchester terminó de entregar la última cerveza en una mesa llena de mujer que le coqueteaban sin descaro alguno y Benny fue a detrás de la barra a servir unas cervezas, con una sonrisa nerviosa se apartó para acercarse a su amiga. La mujer asintió, ambos se pusieron serios de repente, lo recordaban. Benny los miraba de la barra, ningún dijo nada, era un luto silencioso.

Dean, Benny y Abbadon se conocían hace cinco años, los tres trabajaban para uno de los más grandes mafiosos de la ciudad, ellos eran los "caballeros" de Caín. Tres años habían pasado desde que salieron de ese mundo con la muerte de su líder, ellos fueron los únicos que lograron huir de ese mundo.

En ese silencio pareció Castiel interrumpiendo las miradas entre su amigo y la pelirroja. Dean miró con sorpresa al pelinegro que miraba serio a la Abaddon.

—¿Cas? ¿Qué haces aquí?— no entendía qué hacía el hijo de Chuck en Las puertas del purgatorio. Pero la música estaba tan fuerte que el pelinegro no podía oír la pregunta.

—¿Qué?— inclinado su cabeza hacia la derecha cuestionó al rubio— no te escucho.

El ojiverde asintió y tomando al pintor del brazo se lo llevó primero detrás de la barra y luego a la cocina ante la mirada y sonrisa burlesca de sus amigos.

—¿Qué haces aquí?— volvió a preguntar, ahora si podían hablar tranquilos ambos estaban al fondo de la cocina donde la música apenas se escuchaba.

—Vine a verte ¿Eso no hacen los amigos?— en otro momento quizás Dean le hubiese respondido que no, que los amigos no aparecen de sorpresa en el trabajo de sus amigos. Pero hacer entender al pelinegro que estaba equivocado era difícil, y sinceramente no quería, porque la inesperada aparición de Castiel lo había alegrado, aún con esa fecha pesando sobre sus hombros el ojiazul le había hecho sonreír con esa simple respuesta.

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¡Hola a todos! Espero que les guste este nuevo capítulo.