Siento la tardanza, explicaciones abajo =P!!

Advertencias: Algo de violencia, lime, etc etc

Ni Let Dai ni Hetalia me pertenecen, lamentablemente, ni sé mucho de Historia ni soy coreana

.*.*.*.*.

-¿Porqué no cortamos esto de una vez por todas?

El cabello rubio de Mathew se despeinó con la ráfaga de viento. Desde el ángulo en el que se hallaba, Nor se veía aún más hermoso de lo que recordaba.

''Es un chico'', pensó, ''pero no puedo evitar sentirme atraído a él''

-Sabes que me gustas

-Por eso mismo es que quiero dejar las cosas en claro- el noruego estiró la mano, enseñándole las llaves del auto que segundos antes encontró dentro del sobre, dio algunos pasos y las dejó sobre el capote del auto, no se tomó la molestia de entregárselas personalmente- yo amo a alguien ya

Los ojos celestes del canadiense se explayaron y se quedó quieto y frio por unos segundos. La revelación había sido muy rápida, muy dura. ¿Tenía él ya, a alguien más? ¿Quién? ¿Quién podía conquistar a ese chico? ¿Quién podía ser mejor que él, para arrebatárselo de esa forma?

-¿Tienes novia?

-Es un hombre

Otro golpe, se sujetó la frente y trató de no lucir afectado, sonrió débilmente- ¿un modelo? ¿un chico rico?...

-Es un chico de secundaria

Y eso era todo.

Su voz se escuchó tan distante que Mathew apenas tuvo tiempo de abrir la puerta del auto con la llave recién recuperada. El Audi negro relució, y el chico se sintió aún más estúpido. Estaba siendo desechado, en un auto que costaba quizás más que aquella tienda de discos. Lo habían hecho a un lado por algún pendejo de secundaria.

-Entiendo-su voz extrañamente fría pero su rostro era afable, o eso quiso parecer frente al noruego cuyo rostro níveo permanecía inalterable. No lo había tomado en cuenta aún, pero parecía tan frío…

-Nos vemos luego entonces- le dijo Mathew, ingresando al auto, Nor no se movió, sus labios pálidos tan sólo se fruncieron ligeramente para murmuran un vago ''adiós''.

Nor lo observó irse, el auto costoso dobló en una esquina y desapareció. Algunas colegialas chillaron al verlo pasar, más él simplemente podía pensar en Arthur en ese momento, cuanto deseaba verlo.

-Te extraño tanto

.*.*.*.

Toris Lorinaitis no era lo que podría considerarse ''un chico afortunado'', y eso lo sabía más que bien.

Arrodillado, entre las piernas de Ivan, y sujetándose de sus fuertes rodillas, complacía al bipolar adolescente ruso, con una sesión de torpe sexo oral.

La tela de los pantalones escolares de Ivan le acariciaba las mejillas, y los dedos fuertes y pálidos del más alto tironeaban de su cabello cuando iba muy lento, o cuando se aceleraba demasiado. Ojos cerrados y lengua ávida y llena de saliva, Toris se obligaba a sí mismo a complacer otro de los caprichos del hombre que había se había autodenominado su dueño.

-Nee nee Toris- la vocecita infantil logró que temblara y un chorro de semen se perdió en su boca cuando el otro embistió- móntate en mi regazo ¿da?

Toris asintió, apartándose la saliva que le caía por los labios. Sus manos temblorosas desabrocharon los pantalones propios y los dejó caer al suelo con poca gracia. Retiró con cuidado sus zapatos y sus calzoncillos y quedó semi desnudo ante el ruso, que disfrutando el temblor y temor que exudaba el cuerpo frente a él, le golpeó con una fuerte nalgada que hizo a Toris estremecerse y gemir. Los dedos del otro quedando marcados en color rosa sobre su piel nívea.

-Ivan-san…-se mordió el labio inferior, juntando las rodillas.

-Da, da…-Ivan sonrió complacido- si estás tan impaciente, solo tienes que pedirlo- sonrió, moviendo la cabeza a un lado como hacen los cachorros, pero en su sonrisa no había nada de inocencia, sino más bien algo de perversidad.

Toris, que ya conocía a Ivan y su manera de ser, estaba seguro que el otro disfrutaba de fastidiarlo de esa forma, de saber que tenía control sobre él.

Montó las rodillas de Ivan, quedándose quieto, esperando a que el otro lo tomara como siempre hasta que estuviese satisfecho.

-No, no Toris, no debes ser un mal chico- los ojos violetas de su interlocutor, brillaban, y la cama crujió cuando él decidió apoyar una mano al costado- hoy tengo ganas de que tú te penetres, estoy algo cansado- risita.

Gotas de sudor recorrieron la frente de Toris, que tragando saliva y tomando la enorme erección del ruso con cuidado, la dirigió a su pequeña y temblorosa entrada. El chico evitó su mirada a toda costa, no quería que viera su rostro contorsionado en dolor cuando la unión se concretara, pero el ruso pensaba de forma diferente y apartando la mano que se apoyaba en la cama, sujetó el mentón de Toris y lo lamió, ansioso de no perderse de aquellas facciones contorsionadas en dolor, de sus ojos derramando lágrimas.

-Ughh…-gimió Toris, mordiéndose la lengua para dejarse caer con suavidad pero dolor sobre el pene de Ivan que jadeó cuando la mitad estuvo dentro de aquel cálido y apretado pasaje. Toris se movió un poco, la cama crujió y apretando los puños se deslizó con algo de brusquedad. Las lágrimas cayendo por sus ojos, y las mejillas rojas como si fueran a explotar- ahhhhhh-un jadeó largo, el cuerpo entero le temblaba y estaba seguro de que nuevamente estaba sangrando a falta del lubricante.

Ivan tomó sus nalgas con ambas manos, apretándolas, acariciándolas con hambre, antes de empezar con cortas pero profundas embestidas, que dejaban sin aire al pobre lituano.

Siempre había sido de esa forma, pensó Toris, que había sido obligado a perder su virginidad, con el chico que tenía frente él, a los 12 años. Todo empezó como un juego, como los que Ivan siempre le obligaba a ejecutar, y terminó con su cuerpo desnudo y una hemorragia que su madre no tardó en curar, entre lágrimas y disculpas.

Sus recuerdos se remontaban a años atrás. Desde que tenía uso de memoria, había vivido en la casa de los Braginski. Nacido del romance clandestino de una de las criadas y un primo lejano del padre de Ivan, que nunca se había atrevido a reconocerlo, se había criado entre aprender a limpiar pisos y lavar bien las ollas.

Desde pequeño, y con su carácter dócil y preocupado, había asistido a su madre en aquellas sencillas tareas. Braginski había nacido un año después que él, y al ser casi contemporáneos fue llevado a la casa principal para que sirviera como compañía del último de los hijos. Toris, feliz y pequeño aún, había aceptado sin vacilar, y su madre, alentada por la posible oportunidad de una buena educación y privilegios para su único hijo, lo había empujado.

Ivan y Toris crecieron juntos. Luego, nacieron Yekaterina y Natasha, ésta última, siendo el amor secreto del joven lituano, que por su condición social y limitaciones en la casa, no se había atrevido ni a hablar con la niña. Tímido e indeciso.

Ivan había notado eso por supuesto, era como un zorro astuto al cual no se le escapaba ni el mínimo detalle. Y encaprichado hasta los dientes con Toris, había chillado, pataleado y amenazado, con quedarse a Toris para siempre, lo quería para él, no quería compartirlo ni con sus hermanas. Así pues, Toris pasó de su sencilla casita en el jardín de la residencia de los Braginski, a la casa principal donde se le asignó un cuarto.

Cuando entró a la primaria, Toris había conocido a un polaco que radicaba en Rusia también, Feliks Lukasiewicz, un niño rubio que llevaba el mismo peinado que él, y que aunque también lo trataba como si fuese un sirviente, le ayudaba a sobrellevar los momentos duros, hablándole de la última moda o de lo bello que podía ser al mirarse al espejo. Fueron momento de felicidad para Toris, que acostumbrado a vivir encerrado en aquella casa, abría ahora sus alas al mundo y conseguía por primera vez un amigo.

Ivan se enteró de eso también, y montando en cólera y celos, chillándole a su madre, había logrado sacar a Toris de aquella escuela y de apartarlo del polaco para siempre…

Después del ''incidente'' a los 12 años, y de que su madre buscara desesperadamente otro empleo debido a la culpabilidad por lo que su hijo había tenido que afrontar, renunciaba a su puesto como ama de llaves en la casa de los Braginski, y se decidía a marchar con Toris a Japón, en busca de nuevas oportunidades.

Tranquilos y felices, vivían en un barrio modesto, en Tokyo. La mujer trabajando y Toris tomando un trabajo sencillo de medio tiempo que le ayudaba a sustentar su educación.

Pero no todo sería color de rosa para el lituano, y estaba a punto de descubrirlo.

Descubrió, por cosas del destino, que ''casualmente'', los Braginski acababan de mudarse a Tokio también. Toris empezó a salir menos y a trabajar más, no quería toparse con Ivan por nada del mundo y estaba seguro de que si el otro sabía donde vivía no dudaría en buscarlo y obligarlo a cumplir todos sus caprichos.

Su madre enfermó poco después, obligada por los dolores y el malestar renunció a su actual trabajo y Toris, para cuidarla, tuvo que dejar el suyo también.

La mujer no tardó en ser internada en un hospital, que Toris no estaba en condiciones de pagar.

Toris, humillado, mojado por la lluvia y llorando, tuvo que recurrir nuevamente al pasado del que había escapado por la fuerza.

Ofreciéndose como mascota a Ivan, y disculpándose ante el dueño de la casa por el abandono de los quehaceres de su madre, pudo conseguir que costearan el tratamiento de la fémina, y tres años después estaba ahí, ahora.

Ivan se vino dentro de él con una brusca embestida y un estremecimiento. Toris, por inercia, se sujetó de su cuello con ambos brazos y pegó su pecho, para soportar la inminencia de su orgasmo también.

El ruso hundió su nariz en el suave cabello castaño de su ''juguete'', y empujó sus caderas hacia Toris, logrando que volviese a temblar de pies a cabeza, y que lloriqueara por las sensaciones.

Bajó con suavidad de su regazo, y tomó algunos paños húmedos para limpiar al ruso y luego para limpiarse a sí mismo, como si lo que acabaran de hacer fuera otra de sus obligaciones.

Mientras ataba los cordones de los zapatos de Ivan, recordaba la primera vez, en que se había sentido importante para algo…

.*.*.*.

El chico iba cabizbajo, con su usual timidez y los ojos celestes ocultos tras sus mechones de cabello castaño, intimidado por los japoneses que pasaban a su lado en la nueva escuela en la cual el señor Braginski lo había metido.

Toris trastabilló torpemente y los libros cayeron al suelo con un sonido sordo. Mordió sus labios y se agachó, escuchando calladamente las risitas a su alrededor hasta que…

-Pero osea ¡un extranjero!- una voz chillona lo alertó y alzó la cabeza encontrándose con un muchacho de cabellos rubios y ojos verdes, las mejillas infladas y señalándolo con un dedo. Por un momento Toris pensó que se le hacía muy familiar…

-Y osea, si me juras lealtad ahora mismo, como que me reconsideraré el hecho de dejarte entrar a mi exclusiva pandilla, porque osea, sólo se admiten extranjeros, por eso soy el único miembro- puntualizó el muchacho, que tenía un raro acento que él aún no acababa por reconocer.

-Hola- dijo el chico, poniéndose de pie finalmente y tomando sus libros- mi nombre es Toris…

El rubio hizo una mueca que fue difícil de descifrar, y luego sus ojos verdes se abrieron- ¿osea Toris? ¡osea soy yooooo, Feliksss! Como que, me acabo de mudar a Tokyo y me han metido en esta escuela para chicos, pero osea, ¡estoy taaan aburrido! ¿qué ha sido de ti?

-Yo…-quería gritar, llorar, y contarle a Feliks la manera injusta en la cual lo habían separado de él, en la cual lo había convertido en un juguete para un mocoso malcriado, y que por la enfermedad de su madre nuevamente le colocaban el grillete al cuello- quería conocer Tokyo, eso es todo- sonrió, habían cosas que quizás no quería que Feliks supiera.

-Hay pero osea Toris, vamos a comer algo como que, me muerooo de hambre, ¡pero tú invitas!

Toris suspiró, mirándole con una sonrisa, tal vez las cosas no estaban tan mal…nuevamente, tenía un amigo.

.*.*.*.

Tino cruzó la avenida. El uniforme de escuela haciéndolo lucir según su opinión, como un completo pelmazo.

Y era extraño, nunca antes se había quejado del uniforme o había notado siquiera que era como para esos chicos remilgados de las escuelas católicas.

Dobló en la esquina y entró en una farmacia, necesitaba pastillas para dormir. Las últimas que había conseguido gracias a Feliks, no eran lo suficiente fuertes, y a veces se despertaba con horribles pesadillas a media noche. No, él quería algo potente, algo que pudiese tumbarlo por horas, y sumirlo en la deliciosa inconsciencia.

Ingresó en la farmacia y paseó por los diferentes pasadizos en busca de una dosis más alta. Cuando finalmente la encontró, tomó la caja entre sus manos, sin percatarse que un auto negro se estacionaba en el exterior y que un muchacho rubio bajaba de éste.

Acomodó la mochila escolar en su espalda y fue hasta la caja, delante de él una mujer joven llevaba una canasta de la cual sacaba diferentes medicinas, banditas y demás. Le pareció una eternidad y frunció el ceño esperando a que la ''vieja'' se apurara.

La mujer tomó sus pertenencias ya pagadass, y Tino colocó las suyas sobre la banda negra. La cajera le indicó cuanto era en total y el chiquillo introdujo la mano en sus bolsillos para buscar el efectivo.

Una silueta se posó tras él. Unos ojos celestes que lo reconocían a pesar del cambio de look y la estatura, y es que por más que quisiera nunca podría olvidar aquel rostro que había visto hasta en pesadillas, después de ''esa'' tarde.

''Maldición'' , pensó Tino, hurgando aún más en sus bolsillos, en busca de los billetes que supuso debían estar ahí. No podía estar sucediéndole eso. La cajera, impaciente lo observaba, y el chico posó ambas manos sudorosas sobre la banda, no traía dinero alguno y las cosas ya habían sido registradas.

-Uhm..-empezó, apretando sus dedos, cuando de pronto, una mano pasó por sobre su hombro.

-Yo lo pago- una voz profunda y varonil provocó que Tino se girara con violencia.

La cajera tomó la tarjeta de crédito que el joven de gafas le ofrecía y la pasó por una pequeña maquinita para cobrar el efectivo.

Tino contempló con sus ojos violetas muy abiertos la figura en frente de él: cabello corto y rubio, ojos celestes y rostro pálido. Alto y apuesto, casi irreal.

El chiquillo frunció el ceño, y Berwald le miró fijamente también, ambos de pie en aquella pequeña farmacia, el otro sosteniendo una canasta con algunos productos . El enojo de Tino pareció crecer.

¿Qué se creía ese bastardo? ¿Estaba teniéndole compasión? ¡Por supuesto! Debía creer que pagándole unas cuantas chucherías al pobretón, podía pasar por alto la manera en la que había ignorado sus gritos de auxilio.

''Deja de mirarme ¡No me mires con esos ojos! ¡No lo soporto!''

Los ojos violetas de Tino se humedecieron y se mordió el labio inferior, fastidiado. Tomó la bolsa donde sus pastillas se hallaban y se alejó de la caja rápidamente.

-¡Estúpido!-le gritó al sueco, que continuaba mirándolo- ¡Estúpido, estúpido!-salió de la tienda corriendo, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Era la primera recaída desde su cambio. Había acordado actuar como si nada sucedía y ahora ese imbécil lo arruinaba todo, recordándole lo sucedido esa fatídica tarde.

-¡Maldita sea!- gritó, arrodillándose en un callejón, con la bolsa de plástico entre las rodillas y el rostro escondido en sus pequeñas manos bañadas en el llanto.

.*.*.*.

El rumor se había esparcido ya por toda la escuela. No había estudiante de la Shigaraki que no supiera ya que el feroz Alfred F. Jones había dejado su cómoda y elitista Saint Rudolph, para transferirse justamente a esa.

Algunos especulaban que mantenía su perfil bajo porque la policía lo buscaba, otros que se había cambiado ahí porque buscaba nuevos miembros a los cuales reclutar. La pura verdad era que sólo había una persona en toda la institución que sabía exactamente la razón verdadera.

Y ese era Arthur Kirkland, que en ese momento se hallaba rumbo a la salida junto con su autoproclamado mejor amigo, Den.

-Oi Arthur-interrumpió el rubio, con la maleta a la altura del hombro, los brazos cruzados tras su corta cabellera y los labios estirados- ¿qué hay acerca del Jones?

Arthur se congeló, deteniendo por unos segundos su caminata, para mirarle fijamente, una gota de sudor recorriendo su mejilla ¿cómo…?

-¿Lo conoces?- fue más directo esta vez, y se detuvo delante del más pequeño para impedirle el pase hasta que obtuviese su respuesta.

-Sí

-¿Eres su amigo o algo?

-Sí

-Uhmm…-se estiró aún más, echó la cabeza a un costado y clavó sus ojos celestes en los verdes de Arthur, la sonrisa se había desvanecido, y como pocas veces estaba serio ahora- esa clase de bastardos…me dan ganas de vomitar

Arthur desvió la mirada, cohibido. Sintió por primera vez incomodidad al estar cerca de aquel muchacho que se había mostrado con él, siempre tan afable. Si el otro supiera, que él andaba besuqueándose con Alfred ¿lo odiaría también? ¿lo haría vomitar?...

-Como sea- súbitamente, el danés se apartó, colocándose a su lado y reanudaron la marcha, sin intercambiar palabra alguna, Arthur pensando aún en las palabras del otro. De pronto se hallaban ya casi fuera de la escuela, y frente a ellos, apoyado en las rejas, Alfred Jones fumaba un cigarrillo, sus ojos claros enfocados en un solo punto: Arthur.

-¡Alfred!-Arthur no pudo evitar emocionarse, aunque sus mejillas se encendieron en cuestión de segundos y al darse cuenta de que había reaccionado como una quinceañera enamorada, torció los labios y se hizo el duro. Fue Alfred el que se adelantó entonces, con las manos en los bolsillos, echó el cigarrillo a un costado, casi escupiéndolo, y pateó algo de polvo con los tennis.

-Vine a verte, imbécil

La sonrisa en el rostro del británico no pudo ocultarse- sería mejor si asistes a clases- le dijo Arthur, relajándose hasta el punto de ir a su encuentro con el gringo, olvidando momentáneamente que su escandinavo amigo era testigo de todo.

Se miraron por escasos segundos, pero eso bastó para que el de ojos verdes comprendiera cuanto necesitaba de la presencia de ese díscolo chico. Cuando Alfred estaba de esa forma, tranquilo y dócil frente a él, le parecía que todo su ser se inundaba de pequeñas mariposas que cosquilleaban por todos los rincones de su cuerpo. El estómago se le contraía, y sentía que ni una gota de agua podía penetrar sus labios, debido al nerviosismo feliz que lo invadía.

-Oh- fue consciente de pronto de quien se hallaba a metros tras de él- él es Den, un amigo

-Hum- Alfred torció los labios y lo miró como se mira a un insecto pegado en una pared.

-Su mejor-recalcó la palabra- amigo- el danés sonrió con superioridad también, pero más que egocéntrico, parecía burlarse del rubio a quien aquello no le hizo gracia.

-¿Ah sí?- tomó a Arthur del brazo para colocarlo a su costado con algo de violencia y pasar el brazo por sus hombros, apretándolo contra su cuerpo, como si el otro fuese un muñeco.

Arthur se tensó, sonriendo con nerviosismo, el danés lo miraba fijamente, el ambiente tenso y extrañamente tranquilo le estaba poniendo los pelos de punta.

-¿Es eso verdad?-preguntó Alfred, alzando una ceja y mirando a Arthur, apretándolo aún más.

-Sí

El ceño del gringo se frunció, lucía como un niño al que acaban de arrebatarle el más preciado de sus juguetes- ¡No me digas esa mierda!-sacudió a Arthur sin hacerle daño- ¡Tú no puedes juntarte con bastardos como ese! ¡Sólo puedes andar conmigo!

-¿Qué te ocurre?-Arthur frunció el ceño, tratando de soltarse, molesto de pronto, lo estaba tratando como un novio celoso, como si él fuese una mujer, humillaba de cierta forma su orgullo de hombre.

-¿Te molesta que Arthur tenga amigos?-cuestionó el danés, con las manos en la cintura y su rostro caucásico con el mentón en alto, como si retara al americano- él puede andar con quien quiera, y tú no tendrías porqué protestar acerca de ello

Los ojos celestes de Alfred refulgieron con una mezcla de fastidio y de burla. Miró a Arthur que acababa de soltarse de él y lo tomó por la nuca, empujándolo contra sí para plantarle un beso en los labios, apenas un roce, pero logró que Arthur se coloreara y buscara desesperadamente de zafarse de su agarre. No podía creer que el americano se estuviese comportando de esa forma ¡Y frente a Den!

-Él es mi amante- le dijo el Jones, soltando finalmente al pobre Arthur que acalorado se acomodaba la camiseta de deportes- ahora ya lo sabes mierda, así que aléjate

-Es…¡es mentira! Eso no…-empezó Arthur que trataba inútilmente de arreglar aquella situación, si el rumor se corría por la escuela…si todos se enteraban de la clase de relación que compartían…ya podía imaginar como todos lo acusarían de marica, y más aún lo tratarían como la prostituta de algún gánster, en este caso no cualquier gánster, sino de Alfred.

El danés, que no era de juzgar a las personas y tampoco le interesaba, supo en ese momento que algo andaba mal, algo entre aquel gringo y Arthur que se deshacía en explicaciones sin pies ni cabeza, que involucraban seres mágicos de dudosa procedencia y a un unicornio.

-Como sea- se estiró, mirando a Alfred- los bastardos como tú no me agradan…

Alfred apretó los puños, no pudiendo esconder por tanto tiempo el enojo que crecía cada vez que aquel ''gusano'' abría el puto hocico para decir algo, no era sólo el hecho de que tratara a Arthur con tanta familiaridad, sino también el que le estuviese provocando como si no supiera ya quien era.

Se acercó sin decir nada, y antes de que Arthur pudiese detenerlo lo hizo a un lado con el brazo, el inglés trastabilló y casi cae al suelo de no ser por el equilibrio que últimamente había desarrollado para soportar las ''muestras de afecto'' del gringo.

El danés no lo vio venir. Estaba sonriendo segundos antes de que el pie de Alfred Jones se estampara sobre su rostro y lo tumbara al suelo con tal brusquedad que se raspó las manos tratando de detener su caída.

-¡Alfred, detente!-gritó Arthur, que iba ya en ayuda de su amigo, pero Alfred lo empujó con más fuerza, tumbándolo en el suelo también.

Den alzó el rostro lastimado, sangre corría por la nariz y los labios, pero su sonrisa no se desvanecía, y a pesar de que era algo más alto que el gringo, no parecía tener intenciones de defenderse. Su rostro blanco ahora teñido de rosado debido al impacto.

-Cambia esa mirada- masculló Jones, antes de estamparle otro golpe de igual intensidad y hacerlo rodar por el suelo. Se acercó nuevamente, ignorando los gritos de Arthur y pateó un costado del nórdico que escupió sangre, sujetándose el estómago.

-¡Maldita sea! ¿estás loco? ¡Dije que te detuvieras!-Arthur se aferraba al brazo del rubio, impidiendo que volviese a golpear a su amigo. El americano lo miró con molestia y quiso sacárselo de encima con un golpe, pero no se atrevió a tocar al muchacho más que con la palma de su mano, la cual colocó en el rostro para empujarlo.

-¡Vine a verte! –le ladró Alfred, enojado y caprichoso, mostrando por primera vez su lado de niño consentido que pocas veces Arthur había notado- ¡Pero si quieres quedarte con esta mierda, perfecto!

El gringo dio media vuelta, mirando por encima del hombro a Arthur que ya sobre el suelo ayudaba al danés a detener la hemorragia en su nariz. Gruñó con rabia y pateando la reja de la entrada de la escuela, desapareció calles más abajo.

-Den lo siento mucho- el otro no lo miraba, Arthur lo ayudaba a incorporarse, y cuando el nórdico finalmente lo hizo, lo miraba con expresión indescifrable.

-No importa- le desordenó el pelo rubio y le guiñó un ojo- estoy de mal humor ahora- le dijo, colocándose las manos en los bolsillos- así que lo mejor es que vayas tras él antes de que sea tarde.

-¿Uhm?-alzó una ceja el inglés de rostro fino.

-¡Que vayas tras el bastardo!-lo empujó con una mano, lucía molesto pero Arthur supuso que era por la golpiza y toda la situación, se quedaron en silencio por unos momentos y Arthur luego, asintiendo con suavidad, tomó su maletín y salió tras Alfred a toda velocidad.

.*.*.*.

Arthur se dejó caer sobre los asientos de espera al lado del metro que lo llevaría a casa. Decepcionado, con las mejillas rojas y sudadas, colocó sus manos sobre sus rodillas, apretándolas. Sus ojos estaban brillantes y se sentía como un imbécil por estar a punto de llorar.

Pero no estaba triste, estaba molesto, muy molesto. Molesto consigo mismo por no ser lo suficiente fuerte como para haber impedido aquella ''pelea'' unilateral, molesto con Alfred por haber golpeado a Den, y molesto con Den por haberlo comprendido e incluso alentado para que fuera tras el americano.

Sorbió su nariz y se puso de pie, cabizbajo, pero una mano viniendo del metro, tomó su maletín tironeándolo. Arthur que reaccionó al tirón, empujó del lado contrario logrando un forcejeo en el cual trataba de proteger sus pertenencias. Pero un repentino tirón con algo más de fuerza lo hizo tambalear, empujándolo al interior del metro.

-¿…?-su cara de desconcierto lo decía todo.

Frente a él, Alfred Jones, sujetándolo por la cintura y estampándolo contra una de las puertas del transporte. Arthur se quedó quieto, mirándolo, y ambos se sonrojaron, antes de que por primera vez, el inglés tomara su nuca con dedos tímidos y sudorosos y lo acercara hasta sus labios para unirlos en un beso que si bien empezó lento, en cuestión de segundos se volvió demandante.

Los jadeos de Arthur se quedaron estampados entre los labios de ambos. Las manos ávidas del Jones sobaban su cintura y parte de su cadera, sin llegar a tocar la parte baja de la espalda debido a los continuos movimientos de Arthur que parecía un gusano deslizándose.

-Aahh-se separaron, y Arthur se abrazó al cuerpo del otro con necesidad. El americano le contestó de igual manera y con mayor ímpetu. Como si la pelea que habían tenido minutos antes fuese cosa del pasado ya.

Alfred separó los labios, y Arthur le miró atento, como si esperase ansiosamente la disculpa del gringo que seguía mirándolo.

-Debí golpear más fuerte a ese imbécil

El inglés se descolocó, y lo miró con una gota cayéndole por la cabeza- ¿esa es tu disculpa?

-¿Porqué debería disculparme?-Alfred estiró los labios y colocó su brazo al lado de la cabeza rubia del británico, acorralándolo- no me gusta que andes con mierdas como ese, los bastardos que se atreven a desafiarme deben ser castigados ¡no quiero que nadie se te acerque!

Arthur apartó el brazo de Alfred de sí, y escapó de su alcance. Se estaba comportando como un niño, monopolizándolo y alejándolo de todos.

-¡Oye!-escuchó que le gritaba, y él continuaba caminando en aquel vagón desierto, sólo una figura regordeta, sentada en un asiento, era testigo de la escena que habían montado los muchachos. Era un hombre de mediana edad, gafas y cabello grasiento.

Sin darse cuenta, el inglés estaba ya frente al hombre, sujetándose de una de las agarraderas, mirando por la ventana del metro, los túneles de concreto que cruzaba con rapidez. Alfred vino al poco tiempo, colocándose a su costado en la misma posición.

-Oye…¿no se te ha puesto dura?

-¡…!-se coloreó como un tomate, y apretó su única mano libre mirándolo con los ojos muy abiertos.

-Por el beso- Alfred se coloreó también, pero Arthur pudo notar por primera vez, un aire de inocencia en el americano- es la primera vez que me pasa por un beso-se balanceó, empujando a Arthur, ignorando por completo la presencia del hombre gordo que se relamía ante sus palabras- es como si toda mi sangre se hubiese abultado ahí y duele

-¡Cállate! ¡no seas tan..ordinario!-el pequeño rostro del inglés no podía colorearse más, sus ojos estaban llorosos y sentía que en cualquier momento se desmayaría por la vergüenza. Alfred era un estúpido ¡un estúpido, imbécil! ¿Cómo podía decirle esas cosas con ese rostro? Ponerse erecto por un chico, y encima ¡por él!

Alfred sonrió con burla, empujando nuevamente el cuerpo de Arthur y éste pudo notar entonces que el hombre regordete los miraba con deseo, bastante interesado en la ''charla'' que ambos chicos sostenían.

El inglés pareció comprender de pronto, y aún sonrojado le sonrió a Alfred- no , aún no, pero mi cuerpo se ha sentido raro…

-Deben ser las feromonas supongo, tu olor me pone caliente

-A..Alfred-murmuró Arthur, con un deje inocente en sus facciones infantiles. El hombre sonrió ampliamente y con lentitud pero ruidosamente, se bajó el cierre, sacando su miembro con cuidado. Ambos muchachos echaron un vistazo divertidos, y el pervertido le hizo un gesto a Arthur.

Los rubios se miraron, asintieron hacia el hombre y sin esperarlo mucho le enseñaron el dedo medio.

-¡Jódete!-gritaron al unísono, divertidos de la expresión del impúdico hombre. Alfred tomó la mano de Arthur y juntos corrieron, riéndose y con rapidez, para bajar del vagón en la última parada del recorrido.

Arthur sintiéndose libre y confiado, y Alfred experimentando por primera vez, el deseo de permanecer al lado de esa persona para siempre.

.*.*.*.

-Alfred-jadeó Arthur, deteniendo su carrera por un momento para apoyarse en sus rodillas y regularizar su respiración- ¿hacia dónde vamos?

Estaban en medio de una calle bastante concurrida, las luces de neón centellaban como libélulas en los negocios aledaños, el olor a pasteles y a grasa se dispersaba por el aire. Los muchachos vestidos a la moda, y las chicas con el cabello pintado y en peinados exuberantes se paseaban de aquí a allá, ignorando por completo a aquellos dos extranjeros que aún en sus uniformes escolares, se mantenían en medio del tránsito de gente.

-Que importa- le sacó la lengua- sólo seguiremos la dirección que el instinto nos guíe, y recorreremos el camino que mejor nos parezca.

El inglés se enderezó, limpiándose el sudor de la frente- escúchame- le dijo algo serio- no es malo que yo tenga amigos, es algo que no puedes prohibirme- le explicó, con una mirada desafiante- no todos son tan malos o ''imbéciles'' como crees, me gusta caminar con Den, sus chistes siempre me alientan…

-¿Y? a la mierda, te estás comportando como un ñoño-Alfred le empujó de un hombro con la palma de su mano.

-¡No soy un ñoño! Sólo me gusta vivir mi vida de manera ordenada…-se quedó en silencio y pateó una piedrita con la punta del zapato, la inquietud naciéndole en el pecho, las palabras con un gusto a falso que no pudo remediar.

Alfred sonrió ladino, como un gato a punto de lanzarse sobre su presa- tus ojos me dicen todo- empezó, tomándolo del mentón para que lo mirara- que odias al mundo, al amor, que eres como yo, sólo falta un pequeño empujón y escaparás de tu jaula, tu alma es callejera, pero tu cuerpo de alguna manera te obliga a permanecer atado a las reglas con las que te han criado

El chico no supo que replicar, sus labios se abrieron. Las palabras de Alfred lo habían golpeado, era como si todo lo que el americano hubiese dicho, fuese exactamente lo que él sentía.

Pensaba que debía seguir siempre los pasos que su madre, que la escuela, que todo el mundo le recalcaba, no fumar, no beber, no llegar tarde a casa. Toda su vida había sido de esa forma, y de pronto, ese chico misterioso y violento, le enseñaba que podía hacer lo que quisiera sin temor a represalias o castigo. Porque así era su esencia, porque Arthur era libre.

-Ahora ya lo entendiste- le pellizcó una ceja- no quiero volver a oír esa mierda de ñoños, o que quieres vivir como una santa virgen-estiró la mano- ¿vienes?

Los dedos suaves del británico dudaron. Temblaron en movimientos inseguros y antes de que se diese cuenta ya estaban sobre la palma de Alfred.

-Vamos

.*.*.*.

Ralph Jones se acomodó la corbata color topacio en el cuello pulcro y blanco. Extrajo un cigarrillo de la cigarrera de plata que su esposa le había comprado hacía una semana y el tabaco se paseó por sus labios con la elegancia típica de un hombre nacido en cuna de oro.

Miró hacia la calle, sintiendo asco por aquellos jóvenes y jovencitas que ignorantes de la vida y que seguro sin planes para un buen futuro, vagabundeaban a esa hora por las calles, sin respeto alguno por la decencia o las buenas costumbres.

El chofer avanzó unas cuadras más cuando de pronto el americano le indicó que se detuviera. Sus ojos habían captado una figura. Una figura bastante conocida.

El menor de sus hijos, con las manos metidas en los pantalones escolares, y aquel aire desgarbado de gamberro sin remedio, conversaba alegremente con un chico más bien bajito, de cabello rubio y corto, y profundos ojos verdes.

Era la primera vez en toda su vida que su hijo se mostraba de esa forma con ser humano alguno. Nisiquiera con su madre o con Mathew sonreía y bromeaba de esa forma, ''casi'' (y recalcaba mucho el casi) parecía un adolescente común y corriente, que andaba haciendo el tonto un viernes por la noche.

''Tengo un amigo que estudia en esa escuela''

Recordó de pronto las palabras del último de los Jones, como argumento para su cambio de escuela….así que ese chico, era quizás, la razón por la cual su hijo se había decidido reformar.

-Tanaka-san…¿conoces a ese chico?

El chofer a través de sus anteojos oscuros, contempló también la escena- no señor, no se me hace conocido, al menos no es de la Saint Rudolph, o de los muchachos que Alfred-kun frecuenta

-Muy bien- el espeso humo dibujó figuras amorfas en el aire- quiero que averigües todo acerca de él

.*.*.*.

Se detuvieron en un market cerca a una esquina. Arthur buscó dinero en sus bolsillos y luego perdiéndose en un pasillo buscó ''provisiones''. Algunas latas de té, bocadillos y unos cuantos chocolates. Le parecía increíble que estuviese en un lugar como ese con Alfred, siendo que apenas meses antes había visitado ese mismo market, de la mano de Tino.

-¿Qué haces?-cuestionó Alfred, tirando del cuello de su camisa con brusquedad y provocando que Arthur trastabillara hacia atrás, como un muñeco de trapo.

-Compro algunas cosas para tu abuelita, no creo que esté mal darle algo delicioso para comer

-Es una vieja, se le van a caer los dientes- el rubio estiró los labios, tirando nuevamente de Arthur que le lloriqueaba que ya parara con ese jueguito.

-Como sea, lo llevaré de todas formas-el inglés se acercó a la caja y pagó por los productos.

Al salir del establecimiento le ofreció a Alfred una barra de chocolate que el americano tomó y comió en cuestión de segundos. Después de todo no habían cenado, y ya casi eran las 8 de la noche, desde el improvisado almuerzo de la escuela hasta esa hora, tal vez sólo un par de onigiris y emparedados de huevo y salmón ahumado, era lo único que tenían en el estómago.

Subieron a un autobús nuevamente, y en cuestión de minutos estaban frente a una imponente clínica privada. Arthur al verla supuso que la familia de Alfred tendría mucho dinero, como venía sospechando hacía mucho, aunque el americano con sus modales y apariencia objetara sus suposiciones.

Alfred le había contado, en pocas palabras y con bastantes groserías de por medio, que su abuela se había herido al caer al suelo. Arthur se sintió conmovido todo el momento, puesto que no tenía más familiares que su madre, el pensamiento de una abuela lo enternecía, aún más viniendo de alguien como Alfred, que por sus gestos y aquel acto, supuso, era bastante pegado a aquella anciana.

Caminaron por un pasillo largo y aparentemente despejado, la habitación era la ''205'' , o eso les había asegurado la atractiva enfermera que servía también como recepcionista.

-No me digas ¿se llevaron a esa ancianita ya?

Ambos rubios se detuvieron, frente a la habitación donde debía estar la abuela Jones, un grupo de mujeres vestidas de blanco, se congregaba.

-Así es…pobre mujer, al parecer su hijo es un embajador extranjero, y no quiere que la prensa meta sus narices en esto, Ayase-sensei me contó que la mujer tiene principios de Alzheimer, delira constantemente, e incluso ayer por la noche seguía llamando a su hijo por su nombre, me da mucha lástima, era bastante conversadora y buena, sin el tratamiento adecuado probablemente su condición empeore

-Pobrecita, tan poco considerados…

En ese momento mi pecho dolió. A pesar de que no la conocía, de que incluso jamás la había visto, mi empatía por el dolor de Alfred me hizo sentir nauseas. Lo miré por un momento, pero él se mantenía inalterable, con sus fríos ojos celestes clavados en aquellas mujeres, como si la enfermedad recién descubierta de su amada abuela lo hubiese golpeado.

-Ustedes, viejas feas ¡apártense de mi camino!

-Pero..¡qué te pasa mocoso!-chilló una, joven y con el cabello atado a un moño- ¿acaso no tienes educación?

-¿Y que hay de tu educación, zorra de mierda? ¿crees que hablar libremente de la vida de una anciana enferma te hace mejor que yo? , agradece que no estoy de mal humor, sino te patearía el trasero ahora mismo…

Las chicas no necesitaron preguntar más, notaron el cabello claro del gringo, y los ojos celestes. Sin duda se trataba de un pariente de la anciana, por ende, alguien importante en ese hospital.

-Lo sentimos mucho- se disculparon avergonzadas.

Pero Arthur no dudó en colocar su mano sobre el hombro de Alfred y apretarlo con suavidad. Sólo podía mirar su espalda, pero algo dentro de sí le decía que el muchacho estaba sufriendo.

Y no estaba muy lejos de la verdad.

.*.*.*.

Arthur le acomodó el cabello con los dedos, parado frente a él, que desplomado en la banca de aquel solitario parque, mantenía el rostro cabizbajo pero no triste, parecía pensativo.

-¿Tienes hambre?

-No…-hubo silencio y luego la mano de Alfred se cerró en torno a la hebilla del cinturón que sujetaba el pantalón del uniforme de Arthur- quiero ir a tu casa, quedarme dos o tal vez tres días

Sonrió y alargó su mano sobre los cabellos rubios para acariciarlos, en un gesto consolador, no como un amante, sino como un amigo que apoya a su camarada en situaciones dolorosas- sí, no creo que a mi mamá le importe, incluso, te va a llenar de atenciones

-Quiero ir a ver a mi abuela antes-el americano se puso de pie- pasemos por mi estúpida casa, la saludaré y sacaré algo de ropa, no es como si quisiera regresar a esa mierda llena de inútiles, pero si no la veo..

-Entiendo

.*.*.*.

Se quedó literalmente boquiabierto cuando se detuvieron frente a una residencia que medía casi el ancho del conjunto de departamentos donde el vivía y eso era poco.

Parecía la casa de una estrella de cine o de alguien realmente famoso. Ahora entendía el porqué del carácter de Alfred y el hermetismo del que hablaban las enfermeras en el pasillo.

-Cierra la boca, no es la gran cosa cuando la gente que vive ahí no vale ni una mierda- Alfred le sacó la lengua y lo empujó con la mano- espérame aquí idiota, en un momento estaré afuera

-Está bien-Arthur le sonrió, y colocándose las manos en los bolsillos puesto que comenzaba a enfriar, esperó pacientemente fuera de la residencia.

.*.*.*.

Metió en su bolsillo la billetera que le había robado a Arthur en aquella ocasión, cuando aquel pendejo llevaba al rubio sobre su espalda, estando éste enfermo. Debía devolverla ya.

Bajó por los escalones de mala gana, quería largarse de ese lugar y ansiaba pasar un tiempo a solas con el inglés, dormir bajo el mismo techo, hablar de idioteces hasta que tuvieran que dormirse por obligación o por sueño, tomar un baño…

-Alfred-kun, regrese a su habitación

La voz de un hombre lo detuvo, y alzó los ojos celestes, encontrándose con cuatro hombres uniformados, los perros rastreros que su padre tenía como empleados.

-Apártate mierda, tengo prisa

Pero los hombres no se movieron, y muy por el contrario parecieron juntarse más. Tanaka, que era considerado el más cercano a su padre, fue el primero en hablar.

-No podrá ver a su abuela por algún tiempo- dijo, y Alfred no pudo descifrar la expresión bajo los lentes oscuros que el bastardo, usaba aún de noche- y tampoco podrá abandonar la casa por hoy

-Pero qué…-apretó los puños, colérico, quería romperle la cara a ese desgraciado por atreverse a prohibirle algo.

-No haga esto más difícil de lo que es, su familia está pasando por tiempos duros, y su actitud no hace más que empeorar todo esto

Alfred no dijo nada más. Rojo por la ira, y con las venas punzando en su cuello, dio media vuelta, regresando a su habitación, en su mente, solo enojo y violencia flotaban, así como las ganas incontrolables de golpear a alguien.

El rostro de Arthur vino a él, y estrujó su camisa escolar con dedos húmedos.

-Al final, no podré ir contigo

.*.*.*.

Arthur esperó media hora, esperó una hora, esperó dos horas, pero él nunca salió.

Se cansó de mirar hacia arriba por alguna señal de Alfred, una llamada, un mensaje, algo que le indicara que el otro no se había olvidado de él, que sólo había tomado más tiempo del necesario con la abuela.

El frío le calaba los huesos y todos los vellos rubios de su nuca estaban erizados. El sudor frío le recorría la espalda debido a la compensación que su cuerpo pedía por la baja temperatura.

Más algo era seguro ya: Alfred no iba a salir.

Y en el fondo él había esperado eso por parte del otro. Tal vez había decidido que quería burlarse de él, de pronto. Y él, como un tonto había caído en la pequeña trampa.

Con la nariz roja y congelada, guardó su móvil en el bolsillo y dio media vuelta alejándose de la mansión, sin percatarse de que un hombre mayor, de cabello rubio, lo observaba desde su balcón.

Arthur sintió un pinchazo en la nuca y giró, encontrándose con los ojos del hombre que le lanzó una mirada feroz.

''El papá de Alfred''

.*.*.*.

El sonido de algo rompiéndose sobre el piso, despertó al noruego del letargo en el cual se mantenía, y asustado, corriendo hacia la habitación de su hermano, abrió la puerta con brusquedad.

Aliviado por no encontrar a Tino en alguna clase de peligro, encontró en cambio a su madre, recogiendo los trozos de un pequeño macetero, que contenía una solitaria plata de florecitas violetas como los ojos de su hermano.

-¿Qué sucedió mamá?

La mujer rubia giró el rostro nerviosa, el sudor le perlaba la frente y sonrió con torpeza. Nor se preocupó de inmediato, a pesar de que trataba de ocultarlo lucía desconcertada y ¿asustada?

-Nada cariño, sólo…se me resbaló de las manos, vine a limpiar el cuarto de Tino desde que…desde que lo deja cerrado todos los días…tal vez hoy olvidó hacerlo así que yo…yo sólo entré a arreglar un poco

-Ah está bien…te ayudo- el chico se agachó y ayudó a su madre a recoger el desastre, más un sentimiento de desazón le recorría por entero…su madre le estaba ocultado algo, y probablemente ese algo tenía que ver con su hermano.

La fémina dejó la habitación llevándose entre algunos papeles los vidrios del macetero roto. Y Nor con suavidad y sin que ella lo notara, cerró la puerta para rápidamente, y antes de que Tino llegara, buscar la razón del porqué del nerviosismo de su madre.

Buscó debajo de la cama de Tino, en su mochila vieja de la escuela, en los estantes, incluso en los cajones de ropa, pero nada más que cigarrillos saltaron a su vista. De pronto, y guiado por la creciente curiosidad hurgó en la mesita de noche del niño, exactamente en el único cajón que componía el pequeño mueble.

-No..puede ser…-se llevó las manos al rostro, para después tirar de la bolsa donde unas redondas y pequeñas pastillas blancas, reposaban.

Pastillas para dormir.

¿Tino estaba ingiriendo somníferos?

¿Desde cuándo? ¡Desde cuando su inocente Tino tomaba eso para alcanzar el sueño!

-Tino , Tino- lo llamó, nervioso también- ¿qué estás haciendo?- estrujó la bolsa entre sus dedos blancos. Era un inútil, estaba dejando a Tino sólo, cuando más lo necesitaba, debía cuidarlo, debía protegerlo ¡era su hermano mayor! Debía estar al tanto de Tino.

Introdujo las pastillas con cuidado en el cajón, pero sus dedos se toparon con una superficie suave y plana.

Extrajo el objeto tomándolo de una esquina, y sus ojos celestes se entrecerraron.

El diario de Tino.

.*.*.*.

''Me siento enfermo.

Realmente harto de estar aquí. Odio esta casa, y odio absolutamente todo lo que me rodea. Nadie puede entenderme, nadie se esfuerza en hacerlo. Si entrecierro los ojos, puedo ver claramente, sus rostros burlándose, sus risas, asquerosas, como las de buitres a punto de despedazar a su presa.

Pido ayuda pero entonces no hay nadie cerca, solo las risas. Todo es oscuro y pesado, no puedo respirar.

Cierro los ojos y quiero dormir, pero el sueño tampoco me ayuda a encontrar descanso. No hay ningún lugar al que pertenezca ahora, es como si de pronto todas las manos se hubiesen cerrado. ¿A dónde puedo escapar entonces? Todas las salidas, todas las oportunidades, todo ha sido cerrado. Sólo queda la lástima para mí. Quisiera superarlo, dejarlo todo atrás, pero nuevamente esas manos tiran de mí, me empujan hacia lo más hondo, hacia lo más asqueroso, desearía que verdaderamente alguien pudiese ayudarme''

Las palabras se repetían mecánicamente en la mente de la mujer, que desconcertada, fregaba los platos apoyada en el lavadero de aquella pequeña cocina.

Esos recuerdos oscuros, desconcertantes y misteriosos le revolvían el estómago, y aún le parecía difícil de creer que esas palabras hubiesen salido de su dulce Tino. ¿Qué podría haber empujado a su hijo a escribir tales cosas? ¿Qué dolor podría estar pasando su pequeño, que angustia, que pena?

Simplemente no lo entendía. Tino había sido siempre tan bueno, tan dócil ¿se habría equivocado ella?

No sólo eran ya los cigarrillos, las pastillas de dormir, aquel deprimente diario, ¡era todo! Ella podría esforzarse en ocultarlo, pero si su esposo se enteraba…si se enteraba, no quería ni imaginar lo que sucedería con Tino.

-Que he hecho mal Tino…¿por qué has cambiado?

.*.*.*.

''Lo he visto el otro día.

La persona a la que solía amar. Su risa no es más para mí, y me pregunto si alguna vez lo ha sido. Es más que obvio que he sido desechado.

Es alto, y tiene los ojos como el cielo. Lo vi con mi amado.

Es el chico que pudo salvarme, el que dejó que ellos me despedazaran. Aún puedo ver mi mano estirada, y su rostro indiferente frente a mí. Aún puedo sentir mi boca llena de sangre gritándole ''sálvame'' y sus palabras condenándome.

Arthur no pertenece más a mí, Arthur me ha abandonado, aquel chico me lo ha arrebatado, no me queda más que recordar…

Si estuvieras aquí, podrías comprenderme….lo único que necesito es que me mires…¡por favor Arthur, sálvame!''

Las lágrimas dolorosas no dejaban de recorrer el rostro angelical del chico, que cerrando el diario por temor a humedecerlo, apoyaba su frente en ambas manos juntas. En su mente, sólo una idea iluminaba la tristeza que opacaba su faz en ese momento.

-Debo…debo encontrar a Arthur, él…él sabrá cómo ayudar a Tino

.*.*.*.

La cháchara interminable que se desperdigaba como humo en el salón, terminaba por aburrir a Arthur, que echado sobre su pupitre, pensaba aún en la escena que había vivido la noche anterior. La manera en la que Alfred había pisoteado sus sentimientos, dejándolo esperar como un imbécil por su llegada.

-¡Iggyy-chan! ¿Porqué esa carita?

Y antes de que pudiese responder, un cuerpo grande, ya estaba aplastándolo como galleta sobre el pupitre.

-¡Muévete idiota!- Arthur sonrojado lo empujaba a un costado, puesto que el danés estaba frotando su mejilla con la del más pequeño y los demás muchachos del salón, se congregaban a su alrededor mirándolos con burla, murmurando acerca de la ''relación cercana'' que compartían.

-Pero mira a esas mariquitas, ¿no son una ''adorable'' pareja?-murmuró un muchacho, golpeando con el codo a otro que largó a reír y fue imitado por un par más.

Den se puso de pie con suavidad y llevó a Arthur consigo, pegándolo a su cuerpo con el brazo- ¿y cuál es su puto problema? Si somos maricas debería importarle a nuestras pollas y culos, a menos que se quieran unir también, entonces podrán ladrar todo lo que sus sucios hocicos quieren- les guiñó el ojo, como un signo de advertencia, y los otros chicos, flacos y bajitos temblaron ante el alto y fornido escandinavo.

-¿Tienes que ser tan escandaloso?-le dijo Arthur, con los labios estirados y tomando asiento en su pupitre nuevamente- podrías tan sólo haberlo negado

-No es algo que me interese, y a ellos no tiene porqué afectarles ese tema, estamos en el siglo 21, no es como si la homosexualidad fuese un tabú aún

-Para algunas personas puede ser chocante, además no soy gay

-¿Debería preguntarle eso a tu amante?

-¡No es mi amante!-se puso rojo, y giró la cabeza a un costado- no deberías decir esas cosas tan a la ligera ¿sabes?

-Como quieras Iggy-le sacó la lengua amistoso- voy al otro salón a buscar algo que comer, hay unos pendejos que tienen una deuda conmigo y pienso aprovecharme de eso

Desapareció sin más, y entonces el móvil de Arthur vibró dentro del bolsillo de sus pantalones y el apuró en atender.

-¿Hola?

-¡Arthur!

Reconoció la voz suave de Nor de inmediato, y apartándose el cabello de la cara miró por la ventana- Hola Nor, tanto tiempo

El chico al otro lado de la línea, con el corazón desbocado y las mejillas ardiendo. La ansiedad haciéndolo temblar, después de tanto tiempo sin hablar con el objeto de su afecto.

-¿Nor?-cuestionó Arthur, rascándose la nuca, sólo escuchaba la suave respiración del escandinavo- ¿quieres que vaya a hablar contigo?

-Sí por favor Arthur, es algo urgente

-No te preocupes, apenas salga de la escuela iré por ti ¿cuál era la librería en la cual estabas trabajando?

Le dictó la dirección y Arthur apuró en apuntarla, sabiendo más o menos cual era el motivo de aquella llamada- nos vemos luego.

-Adiós Arthur.

Colgó. La campana del final de las clases resonó en el aula y todos tomaron sus maletines y pertenencias para desaparecer uno por uno, del salón de clases.

Arthur hizo lo mismo, tomó sus cosas y al salir al pasillo tomó el camino contrario a los demás muchachos, necesitaba estar sólo por unos momentos y no deseaba encontrarse con Alfred.

-¡Tonto!

Más su suerte como siempre, era poca, y lo encontró ahí. Sentado sobre una baranda, con el uniforme que aunque sencillo, en el otro lucía como un traje de gala. El cabello rubio desordenado y los ojos grandes y astutos.

Arthur, decidido a proteger su dignidad, se dio media vuelta, rumbo a las escaleras, ignorando por completo al rubio que le había llamado de manera tan particular.

-¿A dónde crees que vas estúpido?- Alfred lo sujetó de la muñeca, jalándolo y estampándolo contra la pared.

Arthur gimió con dolor y alzó los ojos verdes para mirarle molesto- ¿qué quieres?

-Vine a verte

-¿Ah si? Pues vuelve por donde viniste, y termina de reírte por la broma estúpida que me hiciste ayer- se soltó, empujándolo, quería irse, no soportaría mirar su rostro, iba a flaquear, iba a flaquear. No debía ser débil.

-¿Burlarme de ti?

-¡No me tomes por estúpido, Alfred! Te estuve esperando ¡por dos horas! No pudiste avisarme siquiera, no te importó en lo mínimo dejarme ahí, como idiota…-apretó los dientes- si tan poco valgo para ti, mejor dilo de frente, aunque con esta indirecta creo que ya entendí, sólo no me busques más

-¡Detente te digo!

-¡Dime entonces! ¿Porqué no saliste?

La mirada de Arthur quemaba, aquellos ojos verdes, hermosos y transparentes, escarbaban en su ser pero no podían penetrar lo suficiente.

-No tenía ganas de ver tu cara de idiota

Arthur le sonrió con tristeza, soltándose como con cansancio del agarre del chico, y continuó su caminata, demasiado decepcionado como para disculpar a Alfred.

-¡Te amo, Arthur!...

Se detuvo en seco, impresionado por aquellas palabras que el otro había soltado casi sin pensar.

-Y eso es lo único verdadero

Arthur giró de súbito, mirándolo con ojos llenos de lágrimas. ¿Cómo Alfred podía llevarlo hasta el infierno y regresarlo al cielo con tan sólo unas palabras? Tenía miedo, y el miedo radicaba en que estaba como desnudo frente a él. Bastaba una palabra del americano para que olvidara todo y se tirara a sus pies como un perro arrepentido.

-¡…!-lo abrazó con fuerza. Alfred hundió el rostro en su cuello y lo arrinconó en la pared, fundiéndose ambos en un abrazo cálido y lleno de sentimientos.

.*.*.*.

Nadie podría saber en ese momento, que el chico estaba lleno de confusión. Que una parte del chico había sido rota en pedazos.

''¿Qué hay con esa maldita actitud de marica?''

''Los hombres verdaderos no andan dándose abracitos ni hablando de esa forma''

''¿Acaso eres marica? ¡No te quiero ver con ese mocoso nunca más! ¡Si provocas un escándalo en nuestra familia, me encargaré de matarte con mis propias manos!''

-¡Oh! Pero si es el rubiecito mono, hacía mucho tiempo en que no pasabas por aquí

Jones se quitó el pesado casco, y bajó de su motocicleta, estacionada en el malecón de la playa que había visitado con el británico meses antes. La playa en la que habían descubierto sus sentimientos, también la playa donde Arthur lo había traicionado.

-Dame un tazón de ramen, vieja

-¡Hohoho! Tú eres un jovencito tan insolente…pero eso me agrada de ti, los chicos con carácter son los favoritos de la tiita- la mujer regordeta sirvió el caldo caliente, los fideos, verduras y cerdo en un tazón profundo de cerámica. Alfred se sentó al lado de dos pescadores, en aquel puesto callejero de comida que contrastaba con su ropa a la vista, costosa.

-Si ya sé, ya tenía que visitar esta playa

-Es cierto, desde la vez en que viniste herido…-hizo una pausa y le alcanzó a Alfred el tazón con la sopa caliente- te veías tan mal, todo ensangrentado

-Y gracias a ti estoy vivo- Alfred sorbió con ansiedad y ruidosamente, la porción de fideos.

-Vinieron hace algunos días, unos muchachos, parecían de la ciudad, arregladitos y con ropa cara como tú…

-Ya…

Comió en silencio, con las anécdotas de la mujer de fondo. Le contaba acerca de su marido. Había sido pescador y muerto hacía 10 años en una tormenta, no habían encontrado su cadáver tampoco, a pesar de días de intensa búsqueda. Era viuda y tenía un hijo de su edad, vivía cerca del puerto y sustentaba su vida con aquel puesto de ramen callejero.

Cuando terminó, Alfred pagó y se puso de pie. Montó en su bicicleta bajo la atenta mirada de la mujer y los pescadores, y colocándose el casco condujo algunos metros, deteniéndose en la parte más alejada del malecón. Trepó el muro y sin temor a los 5 metros de altura que lo separaban de la arena, se mantuvo de pie mirando el horizonte y a las aves que surcaban el cielo.

El sol se puso más rápido de lo que pensó, y la luz amarilla, tiñó las nubes antes blancas con un suave color anaranjado. Alfred bajó después, seguro de la decisión que había tomado, y montando en su moto, aceleró lo más que pudo.

Tan sólo buscaba una cosa en ese momento.

Escapar

.*.*.*.

Jones apartó la mano de su entrepierna.

La ropa interior casi a la mitad de sus muslos, el pantalón arrugado a la altura de sus rodillas. Alzó su mano derecha, separando los dedos que bañados en una espesa sustancia blanca, yacían justo frente a sus ojos, ahora llorosos y dilatados por el reciente orgasmo.

Las mejillas arreboladas y los labios húmedos.

Sobre su cabeza, suspendida por una cinta de color oscuro y delgada, sobre una circunferencia que giraba como adorno cerca de la cama, la foto de un sonriente Arthur.

La causa que lo había llevado a masturbarse casi con desesperación apenas sus pies tocaron aquella casa a la que se había negado a regresar después del viaje en motocicleta.

Limpió su mano con algunos paños húmedos que sacó sin mucho esfuerzo de un dispensador de plástico sobre la mesa de noche, y giró la fotografía con los dedos. Aquella sonrisa, inocente y pura, había logrado que eyaculara en cuestión de segundos…

No podía dejar de pensar en el Kirkland.

Tal vez de pronto, se estaba enfermando.

.*.*.*.

-¡Bastardo! ¿Acaso crees que es divertido joder conmigo?- pateó al muchacho que trataba de cubrirse de sus golpes con inutilidad, dejando a la vista que para empezar, no era equivalente el enfrentamiento- ¡Esa chica iba a salir conmigo! ¿Cómo mierda te atreves a interponerte? ¡Maldición!

Tanto Tino, como Feliks, Toris y Feliciano, miraban apoyados en una reja oxidada, la pelea entre el mayor de los Vargas y un mocoso por un curso debajo de ellos, que había cometido la ''osadía'' de salir con una chica a la que Lovino pretendía.

-¡Haré que te arrepientas!-volvió a patearlo el italiano, el chico cayó al suelo y lloriqueaba- ¡Nadie se burla de mí, bastardo inútil! ¡Que te quede claro!

-Ya basta- Tino se puso de pie, su remera ancha y sin gracia agitándose en su cuerpo pequeño y últimamente más delgado- si la perra se fue con él es porque no valía mucho desde el principio ¿no?- sus ojos encontrándose con los claros de Lovino que se detuvo a mirarlo, ofuscado- agradece que te quitó de encima a esa molestia, y deja de comportarte como un mocoso, odio eso

El finlandés introdujo las manos dentro de su bolsillo, apartándose de la escena que le enervaba. No podía soportar que la gente se preocupara por mierdas como el amor y las relaciones, cosas que a su opinión era sólo inútiles y una completa pérdida de tiempo.

-¡Tinoo Tinoo! Yo también quiero irrr- lloriqueaba Feliciano, corriendo detrás del finlandés que con las manos en los bolsillos seguía su marcha sin preocuparse por si el menor de los gemelos o los demás le seguían.

-¡Pero qué le pasa a esa perra! Últimamente está de pésimo humor, no lo soporto- Feliks inflaba las mejillas, mascullando.

-Está loco, mejor hay que dejarlo solo, ¡maldición!-Lovino se cruzó de brazos, mirando a lo lejos como el idiota de Feliciano iba como un perrito tras de Tino.

-Pero…-Toris se sonrojó cuando los otros dos, atraídos por su voz, se giraron a prestarle atención- sabiendo cómo es Tino-kun, ¿no sería mejor que lo siguiéramos?...

-¡Ay Toris, tú siempre! Osea, ya pareces la mamá gallina

Tino cruzó la vereda, sus pies lo dirigían a una zona descampada, sólo más rejas oxidadas y algunas piedras, era un terreno abandonado al lado de una tienda de tatuajes. El cabello rubio cortísimo agitándose por el viento.

Pateó una piedrita, y una voz lo trajo a la realidad.

-Ohhh~ ¿pero qué trajo el gato? Si es la pequeña belleza de la otra vez-la voz melosa con marcado acento francés, provocó que volviera sus ojos hacia aquel grupete de imbéciles, arremolinados ahí como perros.

Estaba el tipo raro y peludo de la otra vez, el de pelo castaño, el maniático que se había llevado a Toris y el estoico alemán de cabello peinado hacia atrás. Como si no fuese suficiente su mal día como para que esos pendejos se lo arruinaran.

-Cállate afeminado

-¿A quién le llamas afeminado?- rabió Francis, bajándose de la roca en la cual estaba sentado, acomodándose sus largos y rubios cabellos y mostrándole los dientes- ¡no te creas mucho solo porque oniisama dice que eres lindo! ¿Sabes algo más? Ya no me pareces tan lindo ¡eres un chico feo!

-¿Un chico feo eh? Prefiero ser feo y no afeminado, para tal caso, quien es peor ¿un chico feo, o un idiota que le manda piropos y le presta atención a un chico feo? Piensa sobre ello, cerebro de mierda, o es que la ''belleza'' ya se te subió a la cabeza

Francis se quedó quieto y sorprendido por un momento ante la ingeniosa respuesta del chiquillo. Antonio e Ivan rieron bajito, divertidos ante la escena. Francis, el conquistador más conocido de la Shigaraki, siendo rechazado y humillado por un crío.

-¡Ven aquí, pequeña y horrible cosa! ¡Oniisama te las hará pagar!

-¡Pégame si quieres! ¡Te mataré si me tocas!-le gritó Tino, enfurecido. Feliciano que venía tras él se detuvo al ver la inminente pelea.

-¡Niichaaan niichan!-gritaba- ¡Ven rápido Niichan! ¡Tino está peleándose con Francis-niichan!

-¿Pero qué coño?-Lovino venía dando zancadas, Toris y Feliks tras él- ese bastardo ¡metiéndose en problemas con esos idiotas otra vez!

-Ja, considérate afortunado- Francis sacó una rosa de quien sabe dónde y se la colocó en los labios, mirando a Tino aún- oniisama no pelea con niños, así que piérdete feíto

-¿No peleas con ''niños´´ eh?- Tino le mandó una patada en una de las rodillas y a Francis se le salieron los ojos por el dolor- ¡Pues pelea conmigo si tanto lo quieres!

-¡PEQUEÑA LARGARTIJA DEL DEMONIO!- Francis lo pescó del cuello de la remera- ¡Te mataré!

-¡Oye bastardo del vino, deja a nuestro amigo ahora!-Lovino apareció, y separó a Tino de Francis con un empujón que hizo trastabillar al francés.

-¡No te metas en esto Lovino! Oniisan te quiere mucho- babeó, imaginándose cosas pervertidas- ¡pero esto es entre ese mocoso y yo!

-¡Entonces atrévete a tocar a nuestro amigo! ¡Te patearé el culo! ¿Me oyes?

-Oiii Francis, no le pegues a mi Lovino- Antonio se unía a la ''pelea'' ahora, buscando defender a su amor imposible.

-¡Tú , cállate, Antonio bastardo, no me trates como a una chica!

-Pero Romano~ no puedo permitir que alguien pose sus manos sobre ti.

-Ludwiiigg-gimoteó Feliciano, pegándose al alemán porsiacaso se iban a los golpes, no quería terminar con algún chinchón en la cabeza o estrellado en el piso como terminaba siempre que su hermano o Feliks decidían molestar a otra pandilla.

-¡Osea perras, ya paren! ¿eh? Como que ¡los mataré a todos si siguen con esta mierda!- manos en la cintura y mejillas infladas, Feliks trataba de ponerle fin al asunto.

-¿Qué pasa aquí?- todos guardaron silencio, mirando al recién aparecido. Gilbert, el cabello blanco como algodón, los miraba desde el inicio de la calle, con expresión de superioridad y sus ojos rojos refulgiendo en la luz de la tarde.

Tino bufó, la cerecita del helado, ahora ese pendejo idiota aparecía también a fastidiar más el asunto. ¡No lo soportaba!

-¡Tú!-señaló a Tino- ¿qué haces aquí? ¡Más te vale que te vayas, no quiero verte fastidiando a mis muchachos!

-¡Cállate imbécil, puedo ir a donde quiera!-Tino contraatacó, Gilbert se unió a la gresca entonces, Lovino se interpuso entre ambos.

-¡Oye bastardo! ¡Vete de aquí, no vengas a complicar más las cosas!

Gilbert alzó la mano, y la colocó con suavidad en la frente suave del italiano, empujándolo levemente de modo que el chico se separara de ambos- Ore-sama no pelea con niños ,Lovino, y menos contigo- le sonrió con una ceja alzada- mantente fuera de esto, no le haré nada a tu amigo

-Aniki…-replicó Ludwig sorprendido, por la ''repentina'' madurez de su hermano mayor.

-¡Gilbo es tan geniallll~!- Francis y Antonio canturreaban, con corazones alrededor, bien orgullosos de su jefe.

- Pero ¿no le pegaste el otro día a ese niño que pisó tus zapatillas nuevas?-cuestionó Ivan, su figura grande apareciendo tras Gilbert que lo miró con un tic en el ojo.

-Shh shh, sólo sígueme la corriente- Gilbert masculló, el ruso arruinaba sus planes ¡él quería lucir cool y maduro ante ese mocoso arrogante de ojos violetas!

-Torisss~ ¡también estabas aquí!- el ruso risueño lo miraba, y Toris se escondió tras Feliks que seguía argumentando aunque nadie lo escuchaba.

-¡Ya mierda! – Gilbert decidió poner fin a eso, parecía un gallinero- ¡Francis, no te metas más con estos mocosos! No valen la pena, nisiquiera son lindos…

-¡Osea! ¡Ustedes son los bastardos feos!- chilló Feliks, pero una mirada aterradora por parte de Ivan lo hizo atragantarse con sus palabras.

-¡Y tú!-señaló el albino nuevamente a Tino, que lo miraba sin una pizca de miedo y con ojos grandes y retadores, hermoso como un gato salvaje- ¡no te cruces más en el camino de ore-sama, niño! Ya me tienes harto, no creas que porque eres un mocoso no vas a pasarlo mal ¡te lo advierto! ¡no quiero volver a ver tu cara!- el líder de la pandilla se enfrentaba al pequeño finlandés que como respuesta, giró sobre sí y dio media vuelta para cruzar la vereda.

-¡Cómo si yo quisiera ver tu cara, jodido idiota! ¡Me produce náuseas!

-Vee vee vee~

-Como que osea, Toris ya larguémonos de aquí ¡llegaré tarde a mis clases de equitación!

-Sí- el lituano asintió, siguiendo a Tino junto con Feliks.

-¡Feliciano nos vamos!- le dijo molesto Lovino, que trataba de despegarse de Antonio que lo invitaba una y otra vez a salir al cine.

-¡Está bien niichan!- se separó de Ludwig, dejando un beso sobre la mejilla del alto alemán que se sonrojó y le palmeó la cabeza, avergonzado- ¡Adios Ludwig, adiós Francis-niichan, adiós Antonio niichan, Adiós Ivan-san , Adiós Gilbert aniki~!- el feliz Feliciano se despedía del grupo agitando su manita y con sus ojos entrecerrados y expresión risueña.

-Ahh Felii Felii te quiee-ro te quiieeee-ro- babeaba Francis, cuyo rostro pervertido era observado por un molesto Ludwig que estaba a punto de mandarle un tortazo por pensar cosas sucias acerca del menor de los italianos.

-¡Adiós Felii!-contestó también el español, que luego soltó a lloriquear- ¿porqué Romano no puede ser así?

-¡Gilbo! ¿Por qué dejaste ir a ese niño? ¡Sus modales son pésimos! Es un niño muy atrevido- metía cizaña Francis, al lado de Gilbert, que sin moverse veía como aquellos muchachos desaparecer, prestando atención a Tino que, manos en los bolsillos, parecía ajeno a aquellos cuatro, como si no perteneciera ahí.

-¡Cállate! No me hables más de ese mocoso, me produce dolores de cabeza ¡no quiero verlo más!- Gilbert se despeinaba el cabello albino con ambas manos, su gesto era de molestia pero de nerviosismo al mismo tiempo.

-¡Woww el jefe se pone sentimental!-Antonio y Francis ya estaban a sus lados, comentando acerca del ''lado blando'' de Gilbert.

.*.*.*.

-¿Acaso es una chica linda? ¡Vamos! ¿Porqué no me lo dices?-picaba el danés, estrujando los hombros de un rojo Arthur que caminaba con los hombros derechos hacia una tienda de discos.

-Ya te dije que no, es sólo un amigo- abrió la puerta y la campanita tintineó alertando la llegada de alguien.

-¡Arthur!-el noruego se atravesó en su camino. Hermoso y pálido, casi como la primera vez en que lo había visto. El cabello rubio, suelto, cayéndole por un lado del rostro, y el adorno en forma de cruz sujetando parte de su cabello. Las cejas rubias cobijando bajo ellas unos ojos hermosos y grandes.

-Hola Nor-saludó el inglés, adelantándose.

Den se quedó quieto, mirando la escena. No podía ser eso..

¡Arthur!

¡Arthur y el chico ardiente al cual ya le había puesto el ojo!

.*.*.*.

Kyaaa al fin!! Pensé que nunca acabaría de escribirlo, la verdad lo he escrito del sábado para hoy, no tuve tiempo durante toda la semana. He estado entre tareas, trabajos y preparándome para los exámenes de esta semana, por cierto =P no podré actualizar la semana que viene, mañana empiezo mis exámenes parciales y estaré alejada del internet y la pc, XD necesito concentrarme para tener buenas notas *se coloca la banda con el símbolo de la victoria* así que a estudiar o.ó!!! (es más no debería estar actualizando en este momento, sesupone que estoy estudiando XDU)

Por cierto, el lunes terminé de leer los volúmenes que me faltaban de Let Dai y ¿qué puedo decir? Nos esperan muchas tristezas, alegrías, y giros en la historia =P, de lejos uno de los mejores mangas que he leído, el final es precioso y se entiende muy bien, los personajes, entrañables y con personalidades variadas e interesantes, me siento muy orgullosa de estar haciendo la adaptación de este manga genial que me ha hecho reír y llorar mucho T__T

Y ahora con los reviews =D!!

Pleasedontforget

No pasa nada aún, porque Alfred y Arthur están conociéndose recién XDD pero como ya vez, a Alfred le llegó la adolescencia y está más que ansioso de mojar el churro *risas* y el pobre Arthur que se colorea con todo, =P después de todo aún son niñitos pero no desesperes *w* tarda pero llega! *amenaza*!!

-la revive-

Por la ''crítica'' (si es que puede llamarse crítica a ''eso'') no te preocupes, al parecer el tipo se asustó o que se yo XD espero que no vuelva a pasarse por aquí o le lanzaré a Francis encima!

Babea más! En este capítulo Alfred y Arthur tienen más acción, y eso que Alfred iba a quedarse en casa de Iggy pero como ya ves…su papá se las huele u.ú!!

Saludos y besitos y gracias por el review =D!!

Ichiru95

Pues aquí tienes otro capítulo =D y sii yo también amo el USAxUK *_* son tan lindos y rubios…*debilidad por los rubios-chan* este capítulo me salió algo largo creo –risas- aunque no era mi intención al comienzo, a veces escribo y no puedo parar de hacerlo, cuando me doy cuenta ya tengo 10 páginas escritas XD!!

Jajajaja!! Yo siempre me imaginé a Argentina como chico! Bastante orgulloso, gracioso y algo torpe (al más estilo de Lovino, siendo que Argentina tiene mucha influencia italiana!!! ) Saludos y besitos espero que sigas leyendo =D!!

dontfeelguilty

Wow, en serio tengo manía con los pezones de los hombres *rara* no sé porqué pero me parecen preciosos, más que los de las mujeres, los pezones masculinos son amor!! (habla la chica que lo primero que hace es verle los pezones por encima de la ropa a un hombre…errr) siiii! En este capítulo mostramos algo más de Alfred, como puedes ver, a pesar de ser rudo y maloso es bastante ingenuo para los temas del corazón –rosas de fondo- es más, pasan cosas raras con su cuerpo y él no se las explica!! (pobre Arthur!)

Jajajaja Francis niichan experto en traumar niños y arruinar infancias! En este capítulo no salió mucho, salvo para fastidiar un poco a Tino y para desencadenar una ''pelea'' , woww el manga te lo recomiendo totalmente! Aunque si llegas por los últimos volúmenes verás que uno de nuestros queridos personajes =(…buuh ni quiero decirlo!!

Gracias por el revieww! Abrazos y besos!

PanLeeBlackfraids

Jajaja pobre Alfred! La verdad es que sí, en el manga es bastante pesadito con Arthur y el anime también, a veces Iggy como que, quiere reconciliarse con él y Alfred lo arruina todo con sus comentarios –Iggy mode-on- ese granjero emancipado!!

¿Haces cosplay de China? *_* yo me estaba animando a hacer cosplay de Italia, pero al final terminaré haciendo un cosplay de Rei Ayanami =P!! me encanta el cosplay!!!

En este capítulo no hay mucha acción entre Lud y Feli, salvo los celos de Lud y Feli tan lindo como siempre jajajajaja!! Gracias por tus comentarios y espero que disfrutes de este capítulo!! Saludos y besos para ti!

ReikoIsshtar

Feliks es insoportablemente adorable! Con su osea y su ''como que'' me tiene bastante estresada, me lo tengo que pensar mucho antes de poner alguna frase de él jajajaja debe sonar muy Feliks!!! Alfred será toda una cajita de sorpresas, a veces no sabes como va a reaccionar o actuar, y a veces hace cosas que me sacan de onda!!! Arthur también es uno de mis favoritos, y como ves este capítulo no hubo mucho maltrato para él! Al contrario, creo que Iggy recibió mucho amor!!

Gracias por el comentario, saludos y besos!

SillyKnight12

Jajajaja yo también me divertí mucho escribiendo esa parte!! Niichan es la mar de divertido, ya sea traumando niños, acosando italianos, él siempre estará ahí ¡! Roma x Germania? No era la idea inicial pero al final me desvié hacia ellos inevitablemente…(esta loca amante del yaoi tiene debilidad por los abuelitos en acción) más adelante tal vez un poquito de ellos =P!! después de todo son los encargados de cuidar de nuestros gemelitos italianos y de los hermanos alemanes!!

Los pezones de Arthur son amor (l)! y siii jajajaja Vash es el vecino con mal carácter que pone al pobre Feliciano en su lugar, pobre Feli, así aprenderá a que no se debe correr desnudo en el jardín del vecino, menos en medio de la noche!

Gracias por el review =3 espero que te guste el capítulo! Abrazos y besos!!

Marriot-chan

Siii! Todo tiene una razón de ser! Con ese padre, y la personalidad de Alfred ¿Cómo no esperar que sea así? Como ves, en este capítulo ya el padre de Alfred revela algunas de sus intenciones, y al parecer se las huele y no le ha gustado nada la relación que su hijo lleva con Iggy!! Cosas malas se avecinan!! Y lo de la abuelita, está enferma y Alfred lo descubrió de la peor manera T.T felizmente que Arthur estaba cerca para consolarlo… y acerca de Mathew…pobrecito, ni su hermano lo pesca, y por si fuera poco Nor lo rechaza sin delicadeza alguna!!

Uyy me lees la mente!! A Alfred Den no le cayó muy en gracia, y el sentimiento es recíproco, ya Alfred le rompió la cara y se peleó con Arthur, lo bueno es que ya hay reconciliación =P!! para lo del lemon falta!! Falta falta! Pero va a llegar!! Alfred está ya que ni se aguanta (pobre Arthur)

Uhmm..entre Tino y Feliks, te llevarás una sorpresa con Feliks, no todos son lo que aparentan y más adelante Feliks lo va a mostrar!! Tino sigue cayendo y su situación cada vez se complica más, al igual que la de su familia y su hermano…jajajaja lo de Gilbert es un gusto unilateral!! Me pareció chistoso y más aún que Tino lo rechace con sus cariñosas palabras XD!! Lovi no apareció mucho en este capítulo pero también nos sorprendió defendiendo a Tino!

La historia del pasado, fue divertida escribirla! Me imaginé todo y no me quedó tan mal (creo) sobretodo los abuelitos y Francis-niichan!!

Mathew ya fue rechazado, pero no va a rendirse, y Eli es toda una fujoshi!! Y como ves…Den ya le echó ojo a cierto escandinavo, peeero…ayy no puedo decir que va a pasar, sólo que las cosas no son lo que parece!

Hyaa! Espero que este capìtulo te guste también =D gracias por el review y tus comentarios n.n! son amor!! Besos y abrazos!! Come verduras para que no vuelvas a enfermarte! (consejo de vegetariana XD hace meses no pillo un resfriado)

Roseto17

Wow niña te contesto los dos reviews aquí mismo!! Me crees si te digo que cuando leì tu review ayer, empecé a escribir como loca y es gracias a ti a que estoy actualizando? No iba a hacerlo porque estaba con tareas hasta el cuello! Pero leí tus palabritas y dije ''wowww!!'' no puedo creer que una persona relea lo que escribo, así que gracias por los ánimos y por dejarme escribir otro capítulo *_*!!

Los abuelos intimarán más adelante! Por ahora vemos más de Arthur, Alfred y los demás niñitos!!! Me alegra que la infancia te haya parecido divertida!! Me reí mucho escribiéndola!! Y como ves, la parejita USA X UK parece consolidarse más, Alfred al fin se sincera y acepta sus sentimientos hacia Arthur, pero el papá de Alfred no se las va a dejar fácil!!!

Muchas gracias por tus reviews en serio *_* me encantaan y me siento halagada de que te guste tanto el fic!!! Sigue leyendo por favor y dejando tus lindos comentarios =3 saludos y besos para ti!!

Meli-PK

Estamos iguales! Estoy que vuelo con el tiempo y la siguiente semana será tortura pura y dura XD!! Chibitalia!!! Es amorrr y el Feli actual también, Feli y Lovi son muy unidos aunque a veces no lo demuestran y Lovi tiene su lado valiente y defiende a sus amiguitos!!...Vash saldrá más adelante (creo) y también tendrá una pequeña historia…los nombres de Germania y Roma son totalmente idea de Rinoa Diethel! Gracias a ella tienen nombre, puesto que yo soy como Tino para los nombres, Lol!!!

Sì, estarán juntos de hecho, y más adelante espero escribir más de este par de guapos y musculosos hombres *___* gracias por el review y continua leyendo!! Abrazos y besos!

Rinoa-Diethel

Ve~ Ve~

Apenas lo leì, aunque no tenía Nick, supe que era tuyo por la forma de la escritura *_*!!!

Uyy Rusia-chan!! Me gustaría tenerlo pero otro otro lado sería algo tenebroso despertarme por la noche y verlo murmurando algo acerca de ''ser uno conmigo'' LOL!! A Arthur si préstamelo un ratito *w* tengo un cosplay de mucama francesa que…-Francis niichan mode on- jajaja broma broma! Y a Alfred no lo quiero gracias, ya viste lo que le hizo a Den y lo celosillo que se ha puesto!!

Den es lindo!! Y va a desencadenar muchas cosas en adelante, tanto buenas como malas, este personaje comenzará a tener mayor protagonismo!!

Y las maquinitas son terror! Sólo un par de veces me he subido a una y casi me descalabro de plano, y quedo como tortilla en el suelo!! La infancia de los niños es mona, y era obvio que estos dos hombres extranjeros y torpes con los niños se unirían para ayudarse entre ellos! (Mamá Germania y Papá Roma, Lol!!) los nombres fueron geniales y creo que a todos le gustaron!! Y siii siguiendo la línea del manga, Ludwig siempre ha estado enamorado de Feli *w*!!

Ay si como que osea, Feliks es super cool!!!...jajajajajaa!! el pasado de Liet, y como gracias a Feliks recupera un poco de autoestima y confianza en sì mismo!! Aunque Feliks no lo diga, aprecia mucho a Toris y viceversa!! A pesar de que fueron separados cuando eran niños, al final volvieron a encontrarse!!

Y no, no soy mexicana, soy peruana de hecho, pero estudio con un mexicano y tengo muchos amigos mexicanos y la forma de hablar que tienen me encantaaa *__* por eso tomo algunas expresiones de ellos, son adorables!!

Uff!! Lo que me cuentas es duro, pero tienes que tener en cuenta que miles de cosas van a sucederte a lo largo de la vida =P y no sigas el ejemplo de Tino o.ò uno puede reponerse con fuerza de voluntad y buenos amigos al lado =P, Tino por su parte se niega a superarse, y aunque lo intenta a veces no puede dejar todo atrás (como vemos aquí, Su-san de alguna forma y sin querer lo hizo llorar!!)

Jajajaja, yo también estoy aprendiendo francés y soy una roca para ello, pésima para la pronunciación! Pero los milagros existen y algún dia hablaré francés!!

Puedes quedarte con todos los que quieras siempre y cuando los cuides!!! Saludos besos!! Gracias por el revieww y espero que tus ánimos mejoren!!