Y por fin ¡este es el final! He de agregar que agradezco muchísimo sus comentarios y que la siguieran hasta el final, la historia es muy buena y como les dije al inicio, me encanto para esta pareja. Espero de todo corazón que puedan leerla hasta el final, y lean la historia original ¿vale? pero no los entretengo más y los dejo con este final que me gustó bastante y que me sacó una sonrisa.
NOTA: La novela es una adaptación de Helen Bianchin con el mismo nombre y los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
¡VIVA EL ICHIRUKI!
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LA AMANTE FINGIDA
Capítulo VII
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Rukia se despertó, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero sin duda se había dormido sin darse cuenta. Se removió inquieta en la cama y sintió que había un cuerpo masculino a su lado, se tensó.
- ¿Ichigo? - preguntó sobresaltada
- ¿Quién si no? - respondió él
Acto seguido la besó, tierna y sensualmente. Le besó el cuello y los labios, y comenzó de nuevo todo un juego de caricias ¡Le resultaba tan fácil dejarse envolver por su cuerpo grande y protector! Volverían a hacer el amor, porque por mucho que quisiera ignorarlo no era mero sexo, había mucho más... y sobre lo que hubiera, pensaría al día siguiente... de momento sólo quería dejarse llevar a donde su amante la llevara.
Rukia se levantó temprano, por la mañana, se duchó, se vistió, e hizo una pequeña maleta con ropa para el fin de semana, pensó en protestar por última vez, pero acabó por aceptar que era una batalla perdida y que no valía la pena el esfuerzo.
- Deja tu coche aquí - le dijo Ichigo mientras metía las maletas en el BMW – Yo iré a buscarte a la galería a las diez
- De acuerdo - Ichigo la miró con una sonrisa burlona
- ¿A qué se debe tanta docilidad?
- Es tu personalidad impositiva, ha acabado por acobardarme - Ichigo se rió
- No te creo - respondió con sorna, mientras arrancaba el coche. Rukia pasó una hora organizando papeles en la galería antes de ir al aeropuerto. A mediodía, el avión aterrizó en Sidney, a eso de la una, ya estaban en el hotel Darling HarboUf
- ¿Qué piensas hacer esta tarde? - preguntó Ichigo mientras guardaba las cosas en el armario
- Ir de compras - respondió ella
- Yo estaré de vuelta a eso de las seis – respondió él - Haré una reserva para cenar a las siete
- Muy bien - respondió ella, Ichigo se acercó y la besó, fue un beso corto y demasiado rápido, después, le acarició la mandíbula
- Tendré el móvil encendido, por si quieres algo - le dijo – Cuídate
Cinco minutos después, Rukia ya estaba tomando un taxi en dirección a Double
Bay, aquella zona era conocida por tener las tiendas más caras y exclusivas, en ella se alternaban los edificios y tiendas más modernos, con los chalets. El sol brillaba intensamente y la brisa agitaba las hojas de los árboles, Rukia se puso las gafas de sol y se dispuso a hacer sus compras, dos horas después, se paró a tomarse un café y a recabar fuerzas, tras lo cual, continuó implacable con su labor.
Su última compra fueron unos zapatos de tacón fino y alto, que combinaban a la perfección con el vestido que se había comprado para la cena, eran ya las cinco y media cuando el taxi la dejó en el hotel. Una vez en su habitación, fue sacando todo lo que había comprado y lo fue colocando en el armario, después, fue a darse una ducha, allí fue donde Ichigo la encontró al llegar. Rukia oyó que se estaba afeitando, después de un rato, Ichigo golpeó la mampara de cristal y entró.
- ¿Quieres un baño común? - preguntó seductor
- Pues lo siento, pero yo ya he terminado
- De eso nada
Se aproximó a ella y comenzó a acariciarle los pechos, la besó y acalló toda protesta, sus lenguas participaron en una erótica danza que imitaba el acto sexual, Rukia no fue consciente de apretarlo contra sí, sólo era consciente de la necesidad desnuda que la poseía, Ichigo deslizó la mano hasta su pubis y comenzó a acariciarla y a excitarla hasta llevarla casi al orgasmo, ella se agarró a su cuello y pasó las piernas alrededor de sus caderas, cuando él hundió su masculinidad en ella, se sintió desfallecer, perdida en su poder, en su fuerza... sintió el momento en que él alcanzó el clímax, el ligero estremecimiento de su cuerpo, Ichigo la besó dulcemente y continuó acariciándola durante un largo rato, después sin mediar palabra, abrió la ducha y fue enjabonando su cuerpo lentamente mientras el agua limpiaba la espuma, cuando él terminó, ella repitió el gesto.
- Comida - dijo ella, los ojos de Ichigo brillaban en la oscuridad
- ¿Tienes hambre? - salió de la ducha y agarró una toalla con la que cubrió a Rukia
- Muchísima
- Eso significa que no te va a gustar nada cuando te diga que la reserva es para las ocho y que hemos quedado con tres de mis socios y sus parejas para cenar - Rukia le besó la barbilla
- Te perdono
- ¿De verdad?
- Sí - sonrió malévolamente - Me he comprado un vestido y unos zapatos, te vas a pasar toda la noche pensando en lo que no llevo debajo y vas a sufrir... mucho
- Siempre tenemos la opción de marchamos pronto - Ichigo se quedó en el baño mientras ella se preparaba
La observó mientras se aplicaba desodorante y se ponía un tanga de seda, sintió que se excitaba de nuevo, así que decidió que era hora de ir a cambiarse, de otro modo, acabaría de nuevo con ella en sus brazos y no podía faltar a la cita, los negocios eran negocios.
Cuando Rukia salió del baño, Ichigo ya estaba casi preparado, sólo le faltaba ponerse la corbata y la chaqueta, Rukia fue al armario y sacó el vestido que se había comprado, se lo puso y se acercó a él.
- ¿Te importa? – le pidió seductoramente que le subiera la cremallera, él lo hizo y se dio cuenta de que no llevaba nada más que un tanga como ropa interior, efectivamente, se iba a volver loco toda la noche pensando en lo que no había debajo del vestido - ¿Qué te parece? - preguntó ella, se trataba de un diminuto vestido de encaje, en color crema, con forro de seda en el mismo tono y un pronunciado escote, los zapatos, de tacón alto y fino, iban a juego
- Tenías toda la razón - dijo él - Va ser una tortura
- Funciona en ambas direcciones - dijo ella con una sonrisa burlona, mientras lo miraba de arriba a abajo.
Llevaba un traje azul, de corte perfecto y confección exquisita, pero era mucho más que eso lo que a ella le gustaba, era el hombre en sí lo que alteraba todos sus circuitos, era alto y robusto, de espalda ancha, caderas estrechas y muslos musculosos, pero además, el interior no desmerecía para nada el exterior, se puso la chaqueta.
- ¿Nos vamos?
Tomaron un taxi y llegaron al restaurante sin tiempo para una copa previa. La velada fue agradable y sobre todo fructífera para Ichigo. Fue un verdadero placer para Rukia ver cómo él se movía en el mundo de los negocios, pues era hábil, muy hábil, un extraordinario, estratega que sabía cómo jugar con el contrincante. Era tenaz e íntegro al mismo tiempo, cualidades que sus socios admiraban sin duda. La cena terminó a eso de las once y se despidieron a la puerta del hotel, Ichigo estaba a punto de pedir un taxi cuando ella intervino.
- Nuestro hotel está allí mismo - señaló el edificio que se alzaba a lo lejos, había mucha gente paseando por la calle - Hace una noche estupenda ¿Por qué no vamos andando? - Ichigo la miró extrañado
- ¿Con esos tacones?
- Son bastante cómodos - le aseguró - La verdad es que no nos vendría mal bajar un poco la cena
- Prefiero diez minutos en taxi que diez minutos andando - Rukia se rió
- ¿Arto de energía? - preguntó con soma
- Algo así - respondió él
- Pensé que estabas en plena forma - le dijo – Anda, vamos andando – e Ichigo no pudo decir que no, pues nunca la había visto tan relajada y contenta, y eso le encantaba
Tardaron quince minutos, pues se detuvieron a observar el reflejo de las luces en el agua, el aire era fresco con un leve aroma a mar. Rukia se sentía feliz en sus brazos, una parte de ella habría deseado tanto que aquello hubiera sido real, la química que compartían tenía que ser más que mera pasión ¿Cómo podía ser que le importara tanto alguien al que hacía menos de una semana que conocía? Cada día que pasaba le resultaba más difícil separar la fantasía de la realidad ¿y él? ¿Cuánto había de fingimiento en sus actos? ¿Realmente, podía besar a una mujer sin sentir nada por ella? ¿Podía hacerle el amor con tan exquisita delicadeza sin sentir nada más que un placer sexual?
Si había afecto ¿qué tipo de afecto era? y lo que la martirizaba sobre todo era pensar cuándo llegaría el final de todo aquello ¿Qué era lo que ella realmente quería? ¿Deseaba una relación estable y duradera? No debía engañarse a sí misma, sabía que Ichigo no era de ésos, lo último que quería era una mujer y un montón de hijos, ella tampoco quería eso... o al menos, no lo había querido hasta entonces, hasta que lo había conocido a él.
Había sido feliz con su vida, hasta que Ichigo había entrado en ella, le gustaba llevar la galería con Uryū y estaba feliz en su apartamento y con la vida social que llevaba, pero de pronto, nada de eso importaba ya ¿Cómo se las arreglaría para vivir sin él?
- ¿Seguimos? - Rukia salió de su ensimismamiento y lo agarró del brazo
- Sí, vamos
Había cierta tristeza en sus ojos y en su corazón y esa misma tristeza inundaba su corazón mientras hicieron el amor a medianoche.
- ¿Prefieres tomar el desayuno en el restaurante o que nos lo traigan?
- En el restaurante - dijo Rukia - Si nos quedamos, puede ser peligroso
- ¿Para quién?
- Para ti, por supuesto - dijo ella - Puedo acabar tentándote
- ¡Tiemblo de pavor ante la idea!
- Haces bien, porque puedo llegar a ser realmente irresistible - lo amenazó ella, con una seductora sonrisa a la vez que salía de la cama
- ¿Tienes algún plan para hoy? - le preguntó él con una sonrisa burlona y ella agarró los cojines y se los lanzó - Si de verdad no quieres jugar, será mejor que te metas en la ducha, o no voy a ser capaz de resistirme
Se duchó y se puso unos pantalones y una camiseta de color esmeralda, bajaron al restaurante y, después de un estupendo desayuno, pasaron casi dos horas en el acuario viendo la inmensa variedad de peces que allí tenían. Era una maravillosa mañana de verano, el sol brillaba intensamente y sólo había unas pequeñas nubes en el cielo y una leve brisa que aplacaba el calor.
Comieron en un maravilloso restaurante a la orilla del mar y tomaron un catamarán que los llevó en un pequeño crucero por la costa de Sidney. Las mansiones construidas en los acantilados gozaban sin duda de unas vistas excepcionales, el guía destacó dos de ellas por su notable arquitectura, Sidney era, además, conocido por su Teatro de la Ópera, una notable pieza de arquitectura, reconocible en todo el mundo, y por el Puente del Puerto, el trayecto fue muy agradable e Ichigo parecía cómodo y feliz en su compañía.
Había sustituido su habitual traje de chaqueta por unos pantalones y un polo, que remarcaba su musculatura y enfatizaba la anchura de sus hombros, Rukia no podía desviar su atención de él, de la calidez de su sonrisa, del leve roce de su mano cuando la tocaba... estaban a miles de kilómetros de distancia de la costa dorada y de Sōsuke, tampoco debía olvidarse de Orihime.
Allí no había necesidad alguna de fingir, entonces, ¿por qué Ichigo seguía tomándola de la mano haciendo el papel de enamorado? ¿Sólo por sexo? Rukia pensó que tal vez, debería haber insistido en tener habitaciones separadas ¿Por qué no lo había hecho entonces? la respuesta era demasiado sencilla: lo deseaba y quería estar con él.
Eran casi las cinco cuando regresaron al embarcadero, pasearon un rato por el puerto y finalmente se sentaron en uno de los cafés del paseo
- Podríamos comer algo aquí - sugirió Rukia, aquella era una zona popular y a ella le gustaba
- ¿No quieres que volvamos al hotel, nos cambiemos de ropa y vayamos a algún carísimo restaurante?
- No - respondió ella, Ichigo sonrió y en un pequeño café que estaba cercano comieron una gran mariscada con ensalada. Pronto empezó a anochecer y el paisaje fue cambiando y pasó a ser habitado por las sombras
- Podríamos ir a ver una película, o al teatro, o ir al casino - sugirió Ichigo, Rukia lo miró sonriente
- ¿Me estás dando a elegir?
- Por supuesto, anoche era una cuestión de negocios, no teníamos opciones - Rukia se rió.
- Bueno, no toda la noche - rió seductoramente, Ichigo le agarró la mano y enlazó sus dedos con los de ella
- Compórtate
- Me comportaré durante un par de horas en el casino, pero luego - sonrió insinuante - Luego voy a tentarte hasta hacerte pecar
- ¿Dos horas?
- Dos horas para pensar en lo que vendrá después...
Ichigo pensó que había valido la pena esperar, cuando ya la tenía dormida en sus brazos. En aquella ocasión, había sido ella la que había tomado las riendas y la que se había ocupado de darle todo el placer, la agarró con más fuerza y ella murmuró una adormilada protesta, que el acalló con una caricia, besó dulcemente sus cabellos hasta que, poco a poco, se durmió con ella.
- Quiero ir a The Rocks - dijo Rukia cuando Ichigo le preguntó qué quería hacer, su vuelo no salía hasta la tarde y podían aprovechar unas cuantas horas
- Cafés de moda, tiendas...
- Ya sabes... - dijo ella con una sonrisa traviesa
Tomaron un taxi y pasaron unas cuantas horas paseando, estuvieron en el mercado callejero y eligieron un café para comer, luego regresaron al hotel, recogieron su equipaje y se encaminaron al aeropuerto. Cada hora que pasaba, se sentía más triste y más tensa, el fin de semana estaba a punto de concluir y presentía que allí se acababa un capítulo importante.
- Gracias - le dijo ella mientras esperaban a las maletas - Ha sido un fin de semana estupendo
Ichigo captó que algo le estaba sucediendo, y pensó que el motivo podía ser Sōsuke, su comportamiento era impredecible, no se sabía hasta dónde podía llegar, y sus padres no parecían capaces de hacer nada al respecto. Durante una semana, Ichigo había abandonado parte de sus compromisos de trabajo y se había limitado a tratar la mayor parte de sus asuntos por ordenador en lugar de ir a la oficina. Ichigo tomó las maletas y las puso en el carrito, cinco minutos después ya estaban en el BMW de camino a casa.
- ¿Te importaría que hiciera una llamada? - preguntó Rukia en cuanto entró en el apartamento de Ichigo
- Claro que no, estás en tu casa. Yo necesito trabajar durante una hora, estaré en mi estudio.
Llamó a su madre y a Uryū, luego, deshizo las maletas. Rukia se marchó a primera hora de la mañana a la galería y para mediodía ya había conseguido ponerse al día con todos los papeles. A la hora de la comida, se tomó un sándwich con un poco de agua mineral y comió en su oficina, aquella misma noche, tenía una fiesta en el Restaurant Omae XEX con un algunos de los socios de su padre.
Ya eran más de las cinco cuando llegó al apartamento de Ichigo, se dio una ducha, se maquilló, se peinó con una trenza, se puso un vestido de color azul cobalto y unos zapatos de tacón a juego, salió al salón.
- Ya estoy
- Hay algo que me gustaría contarte antes de salir - la sonrisa de Rukia se desvaneció
- ¿Son malas noticias? – Ichigo negó con la cabeza, pero seguía serio
- Sōsuke ya no está en Tokyo, se ha marchado esta mañana, han puesto la casa en venta y la oficina de la empresa de sus padres que tenía aquí ha cerrado
- ¡Gracias a Dios! - dijo ella con la respiración entrecortada
- Según dicen, se han ido a vivir a Mallorca, así que todo había acabado – dijo Ichigo con voz neutral, se veía indeciso, sin embargo ella no lo notó, no podía creer lo que acababa de escuchar
Ya no tendría que estar continuamente alerta, temerosa de cada sombra, aterrada cada vez que el teléfono sonaba, por fin podría volver a su vida normal. Ichigo la observó con detenimiento y captó cada uno de sus pensamientos, cuando notó de pronto que la expresión de Rukia se volvió triste, acababa de entender algo más. Ya no necesitaba la protección de Ichigo ¿Qué quería decir eso? ¿Tenía que darle las gracias y desaparecer, como si nada hubiera sucedido?
- Las noticias han levantado un río de especulaciones - dijo él – Quería contártelo yo, antes de que oyeras una versión ajena
- Gracias - dijo ella, Ichigo sintió que ella se alejaba y notó su incertidumbre - Será mejor que nos vayamos - continuó Rukia - Mi madre nos pidió que estuviéramos allí a las seis y media
Hacía una noche estupenda, pero a Rukia le daba igual, no se sentía capaz de disfrutar de nada. Ichigo detuvo el coche frente al restaurante y dejó que el valet se ocupara del aparcamiento, Rukia suspiró, una vez dentro, tendría que actuar como si la vida fuera maravillosa... y en aquel momento, no lo era.
No la ayudó en absoluto descubrir que Orihime estaba allí, en compañía de uno de los socios de su padre, el champán no era un buen aliado con el estómago vacío y tampoco tenía hambre, a pesar de que el buffet tenía un aspecto exquisito, pero mientras todos se llenaban los platos, ella sólo pudo llevarse a la boca un par de bocados de ensalada y dos gambas. Trató de mantener una agradable conversación con otros comensales, pero su cabeza estaba centrada en Ichigo y se sentía incapaz de escuchar y contestar. Ausente y pensativa, agarró una copa de champán.
- ¿Rukia? - ¡Cielo santo! Tenía que concentrarse o acabaría por ser maleducada con alguien. Miró al otro lado de la mesa y vio a Orihime
- Perdona ¿qué decías?
- Me marcho a Sidney mañana, a pasar un par de semanas allí con unos amigos antes de volver a mi hogar - ¿Sidney, Atenas...? ¿Qué quería decir aquello? ¿Acaso se había dado por vencida?
- Estoy segura de que Sidney te encantara – dijo Rukia - Hay muchísimas cosas que ver…
- ¡La verdad es que estoy ansiosa por hacer ese viaje!
Rukia consiguió sobrevivir al resto de la velada, pero no tenía muy claro cómo lo logró, además, consiguió comer algo, tomarse varios vasos de agua y dos cafés. Ya eran más de las once cuando dio por concluida la velada donde se despidieron todos en el recibidor del restaurante. El valet llevó el coche de Ichigo y partieron hacia su casa. Rukia estuvo en silencio durante todo el trayecto.
Al llegar al apartamento de Ichigo, tuvo una extraña sensación de vacío al pensar que aquella sería la última vez que dormiría allí, Rukia tenía la sensación de estar a punto de romperse en miles de pedazos.
«Mañana...» pensó. ¡Dios santo! No quería pensar en lo que sucedería al día siguiente. Ichigo se aproximó a ella y le acarició la mejilla, luego deslizó la mano por su nuca y le sujetó la cabeza para imprimir sobre sus labios un amoroso beso. Rukia se dejó llevar, todo su cuerpo se entregó a él e hicieron el amor apasionadamente, con un deseo salvaje y primitivo.
Después, Rukia reposó en brazos de su amado, sus dos corazones latiendo al unísono, esperó a que él se hubiera dormido para levantarse, se fue a la cocina y se bebió dos vasos de agua para apaciguar el efecto de la cafeína, pero no estaba dispuesta a pasarse horas en vela tumbada en la cama. Fue al salón, se sentó junto al mirador y se acurrucó en un rincón, desde allí podía ver el cielo y el todo Tokyo.
- ¿En qué piensas? - Rukia se volvió al oír la voz de Ichigo, el estómago se le encogió al sentir sus brazos alrededor de la cintura
- Todo ha acabado bien - dijo ella - Los Kyōraku - Aizen se han marchado y...
- Y Orihime ha reconsiderado sus opciones y ha decidido que yo no soy una de ellas - dijo Ichigo, mientras apoyaba suavemente la barbilla en su cabeza
«¿Y dónde quedamos nosotros dos en todo esto?» se preguntó ella, e inmediatamente se respondió a sí misma «¿Dónde crees tú, necia? Tú vuelves a tu apartamento e Ichigo, regresa a Karakura o se traslada a Francia o cualquier otro país, donde te prometerá llamarte, y hasta puede que lo haga, una o dos veces, pero muy pronto tendrá dos o tres hermosas mujeres que le hagan olvidar los buenos momentos contigo, mientras tú te irás rompiendo en miles de pequeños pedazos» La sola idea de que Ichigo pudiera estar con alguna otra mujer hacía que se sintiera enferma.
- Tengo que darte las gracias - le dijo Rukia - Por todo lo que has hecho para protegerme de Sōsuke
Era una noche llena de estrellas y, a lo lejos, a menos de un kilómetro de distancia, la torre de Tokyo resaltaba por encima de todas las luces de neón «Si lo intento de verdad y con fuerza, lograré contar las estrellas que hay en el cielo hoy, y tal vez, deba pedirles algún deseo, aunque sé que los deseos sólo se hacen realidad en los cuentos de hadas» pensó Rukia.
- Me has dado las gracias con creces
¿Había un cierto tono burlón en su voz? Claro que le había dado las gracias, con su cuerpo y con toda su alma, entregándose por completo cada vez que hacían el amor, incluso había llegado a creer en algún momento que todo aquello había podido significar más que un mero pasatiempo para él.
- Mañana por la mañana volveré a mi apartamento - le anunció ella, ¿Era aquélla su voz? Sonaba densa, grave, rasgada, como si perteneciera a otra persona
- No - El corazón de Rukia se detuvo de golpe, luego se aceleró
- ¿Qué quieres decir con NO? - Posó las manos sobre los hombros de ella
- ¿Quieres irte? - ¿Cómo podía hacerle semejante pregunta? Se quedó quieta, completamente inmóvil y en silencio - ¿Rukia?
- Yo... bueno... - era incapaz de decir algo coherente - ¿Qué es lo que estás sugiriendo?
- Quiero que te vengas conmigo cuando vaya a Nueva York - Rukia lo miraba desconcertada, una vena latía ansiosa en su sien
«Vete», le decía una voz interior «Disfruta del momento y no te preocupes de lo que vaya a suceder después» Pero ¿qué sucedería la próxima vez que se fuera acercando el final? ¿Sería mejor entonces que ahora? No, sería mucho peor, se dijo, la vida no daba garantías de nada, pero si se alejaba de su lado en esos momentos, no sabría lo que el futuro le habría deparado, sólo había una posible respuesta.
- Sí, iré – dijo, Ichigo la besó amorosamente y ella quiso llorar, llorar amargamente, pero notó el beso de Ichigo diferente, como con una decisión
- Hay algo más - continuó él apartándose ligeramente de sus labios y posando uno de sus dedos sobre su boca, la miró intensamente y después, con voz dulce y firme dijo - Quiero que te cases conmigo
Los ojos de Michelle se abrieron como platos y se quedó paralizada, «¡¿QUÉ?!» gritó su mente en pleno shock, solo atino a abrir la boca y después para ahogar un grito de emoción y de incredulidad, la cubrió con las manos.
Ichigo esperaba pacientemente por su respuesta, por un momento pensó que ella huiría y como no estaba dispuesto a perderla iría por ella, ya pensaría en una estrategia para que aceptara, pero todo plan para convencerla se esfumó cuando escucho su respuesta.
- Sí - Ichigo sonrió
- ¿Sin más? - Rukia agitó la cabeza confusa y feliz
- Sin más...
- ¿Qué te parecería celebrar la boda del sábado dentro de dos semanas, en el jardín del hotel de tus padres? - le preguntó Ichigo, Rukia calculó mentalmente el tiempo
- ¿Dos días antes de Navidad? ¡A mi madre le va a dar un ataque! - Ichigo la acarició
- No, sólo se va a poner muy contenta
- Ichigo... – empezó Rukia, pero él la cortó
- Te amo Rukia - le dijo – te amo y me gusta todo en ti: tu sonrisa, el sonido de tu voz, como peleamos y me llevas la contraria, el modo en que me lo das todo, te necesito conmigo el resto de mi vida, día y noche, para siempre - Rukia cerró los ojos en un intento por contener las lágrimas
- Supe que me traerías problemas desde la primera vez que te vi
- Me viste como un arrogante hombre que tomaba el control sobre tu vida - Rukia se rió
- Sí, algo así - dijo ella - Siempre estabas ahí... por suerte para mí
- Es el destino... - tomó su rostro entre las manos y la besó - Es él el que nos puso en el mismo sitio, a la misma hora e hizo que nos encontráramos
- ¿Me equivoco si pienso que nunca pensaste que esto sería sólo temporal?
- No, no te equivocas.
- ¿Cuándo decidiste...
- Cuando llegué a la casa de los Kyōraku - Aizen aquel día y te vi, supe que quería ser parte de tu vida…
- ¿Por qué? - Ichigo sonrió, esa sonrisa sensual y perturbadora
- Instinto, luego el destino me dio una buena carta
- Que no dudaste en jugar
- ¿Te parece mal? – ella negó con la cabeza y lo abrazó feliz
- Te amo - le dijo con toda sinceridad e Ichigo la apretó mas contra él - Siempre lo haré – se quedaron así pocos minutos hasta que Ichigo se separó un poco. Rukia notó el brillo en sus ojos
- Vuelve conmigo a la cama
- ¿A dormir? – dijo pícara
- Bueno, lo de dormir llegará, no te preocupes después de unas cuantas horas
Ichigo había acertado al decir que su madre estaría encantada con la noticia, Hisana la besó primero y luego Byakuya le dio un conmovido abrazo.
Los días de preparación de la boda fueron absolutamente frenéticos, por suerte, una gran capacidad de organización hizo posible que el día de la boda fuera absolutamente perfecto.
Hubo las correspondientes sonrisas y lágrimas cuando el sacerdote los proclamó marido y mujer, luego vinieron las fotos, la tarta y una recepción informal para completar la tarde. Por fin, llego el momento en que los novios se montaron en el Cadillac que los conduciría al The Capitol Hotel Tokyu para pasar la noche de bodas. A la mañana siguiente, tomarían un vuelo para Nueva York.
- Lo hemos conseguido - dijo Rukia mientras hacían el trayecto hasta el hotel, Ichigo tomó su mano y se la besó
- ¿En algún momento pensaste que no lo conseguiríamos?
- Nunca - sonrió ella - Mi madre y tú forman un estupendo equipo
Ichigo besó el dedo en que tenía la alianza y dio gracias a Dios por haberle dado una mujer como aquélla. Pensó en lo cerca que había estado de no haber viajado a Tokyo y la idea le provocó un escalofrío, eso habría supuesto no haber conocido nunca a Rukia y no haber encontrado a aquella mujer excepcional con la que quería compartir el resto de su vida. Nunca antes la había visto tan hermosa, con su velo blanco y su vestido de novia, que resaltaba aún más su belleza, un hombre podría perderse fácilmente en aquellos deliciosos ojos violetas.
- ¿Quieres champán? - Rukia miró al hombre que tenía a su lado, había en él una fuerza inherente, indomable, que sólo unos pocos poseían
- No - respondió y apoyó la cabeza en su hombro
- ¿Estás cansada?
- Un poco
- Pediré que nos lleven la cena a la habitación - Rukia sonrió
- Me parece muy bien - Ichigo le acarició el pelo
- Después de la reunión en Nueva York, nos vamos dos semanas a París – anunció él, Rukia levantó la cabeza sorprendida
- ¿París?
- Sí, así es, será nuestra luna de miel - Rukia se rió
- Ahora sé por qué me enamoré de ti
- ¿Por mí irresistible encanto? - preguntó él con soma
- No, porque debajo de todo tu dinero y poder está lo que te hace ser tú, sin más
Rukia había conseguido dejar todo arreglado, había dejado su apartamento a una inmobiliaria para que se lo alquilaran, Uryū y ella habían buscado una sustituta que se encargara de su trabajo y habían encontrado a la persona adecuada. Trataría de estar siempre en contacto con Uryū, pues en una época como la presente, las distancias ya no eran un impedimento para nada. Ya era casi de noche cuando llegaron a su destino.
Al subir a la habitación, había flores, champán, fruta y una extensa selección de chocolates y bombones. Rukia obvio todo eso y se lanzó en brazos de su esposo, él la besó generosamente y ella lo correspondió igual.
- ¡Podría acostumbrarme fácilmente a esto!
- ¿A las suites nupciales?
- No, estar día y noche contigo, a compartir, a vivir contigo, a la felicidad… al amor
- Es para ti y para siempre - dijo él y la besó de nuevo mientras le quitaba lentamente la ropa, sus ojos lo delataban, el deseo que desprendían era tanta que casi se podía tocar, así que ella trató de jugar con él
- Asumo que no va a haber comida de momento
- ¿Tienes hambre? – se quejó él, ella solo se rió y lo tumbó en la cama, tomándolo desprevenido, la mirada que le dedicó su esposa hizo que su temperatura corporal aumentara considerablemente
- Sólo de ti - respondió ella «Para siempre, sólo tú» pensó
El amor, el más precioso de los regalos de la vida era suyo y para siempre.
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FIN
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Bueno, pues esto es todo, de nuevo les agradezco de todo corazón a todos los que leyeron hasta aquí y, de nuevo, espero puedan leer la historia original también. Les mando un abrazo enorme.
Se cuidan!
