Lindsay no fue consciente del momento en el que cayó en brazos de Dean, pues ya estaba inconsciente en ese momento. Antes de que Sam le atacara, no hubiera creído que el muchacho tenía tanta fuerza, sobretodo en su estado.
La chica intentó liberarse de sus manos incluso estaba segura que le propinó un par de patadas, pero Sam no parecía él mismo, sus ojos no parecían los del muchacho dulce y simpático que a ella tanto le gustaba. Estos eran distintos, malvados, incluso le parecían los de un sádico, como los de un psicópata y por mucho que había luchado por que le liberara no había conseguido nada.
El resto se convirtió en un manto negro.
Dean escuchó los gritos en la habitación y aunque no quería cortar así su conversación con Carolina ahora que se había decidido a contarle toda su vida anterior a su mujer, Sam seguía siendo lo primero, porque ahora que por fin lo había recuperado no lo iba a dejar tirado por nada del mundo.
Sin embargo, no se podía imaginar que lo que iba a encontrar en la habitación le iba a helar la sangre, porque no podía pensar que se encontraría a su hermano estrangulando a Lindsay y a punto de matarla si no les separaba.
"¿Sam que estás haciendo?" Pero su hermano no le contestó y Dean temió que terminar por hacer algo de lo que se arrepentiría toda su vida. "Sam ¡para de una vez!"
Hacía mucho que Dean no usaba la fuerza y pese a que no se encontraba en baja forma ni mucho menos, le costó moverse y sobretodo, le costó golpear a su hermano con tanta fuerza. Después con un rápido movimiento lo tiró de la cama al suelo y cogió al mismo tiempo a Lindsay, como si aquello todavía fuera lo más normal del mundo para él.
El propio Dean se hizo daño, pero no le importó, no al menos en el momento en el que vio que Sam había soltado a Lindsay y que ya estaba protegida en sus brazos, aunque fuera inconsciente.
"Bobby, bájala y deja que descanse, creo que luego será mejor comentarle un par de cosas sobre los años que ha pasado Sam."
"Si, supongo que será mejor que explique algunas cosas."
Carolina estaba en la puerta del cuarto, mirando todo aquello como si de repente no conociera a su marido, al hombre que durante nueve años le había hecho feliz y que se había comportado como el hombre perfecto.
"Porque me gustaría saber quien coño eres y de donde has sacado eso que acabas de hacer."
"Carolina."
"No, Dean, mira necesito descansar estoy molida después del viaje y ahora todo lo de Sam, que has recuperado a tu hermano del infierno o donde demonios estuviera y sabes hacer todas esas cosas, esa forma de luchar. No estoy preparada para hablar ahora, además creo que Lindsay necesita una persona… normal y corriente para estar más tranquila ella también."
"Claro, pero prométeme que hablaremos, que te contaré todo esto y que me preguntarás todo lo que necesites."
Carolina sonrió con tristeza. "Siempre me has pedido que sea sincera contigo, aunque ahora veo que tu no lo has sido conmigo. Pero no importa, lo seguiré siendo, porque ahora necesito que me digas quien es el hombre con el que me casé, el que he amado durante todos estos años o el que me has mantenido oculto."
Sin esperar respuesta, Carolina salió de la habitación y Dean se quedó ahí, junto con el hermano, que tendido en el suelo no sabía lo que había ocurrido y sintiendo de nuevo que el mundo se le venía encima y estaba a punto de perderlo todo.
- o -
"Dean, lo siento, no se, no se como ha podido ocurrir algo así." Dean no había visto a su hermano tan nervioso nunca. Sam apenas podía enlazar dos palabras seguidas y cada vez que pensaba en lo cerca que había estado de matar a Lindsay se le ponía un gran nudo en la garganta.
"Sam, tranquilo por favor, en tu estado no te conviene excitarte tanto, además Lindsay está bien. Está abajo con Carolina." Tan sólo pensar el nombre de ella le hacía sentir una persona horrible por haberle mantenido alejada de su verdadero ser durante todos los años que llevaban juntos.
"Pero he estado a punto de matarla, ¿No te das cuenta Dean? no soy de fíar deberías…"
"Vamos por favor." Dean se sentó junto a su hermano y puso en sus manos una taza de tila que el propio Bobby había preparado. "¿Qué estás insinuando, que tengo que meterte en un manicomio o algo así? Por favor Sam, teniendo en cuenta por lo que has pasado es normal que tengas pesadillas."
Sam abrió la boca para decir algo, pero lo que Dean acababa de decir era completamente cierto. Había sido una pesadilla, un terrible sueño que le recordaba al tiempo transcurrido cuando había estado muerto. Todavía no tenía muy claro si había sido el infierno, si había sido una creación de su mente o que, pero lo cierto era que necesitaba reconciliarse consigo mismo antes de volver a tener una vida normal.
Había tenido entre sus manos el frágil cuello de Lindsay, había tenido la oportunidad de matarla y si Dean no hubiera llegado a tiempo, tal vez lo hubiera hecho. Porque mientras la tenía ahí, mientras la oía suplicar para que le dejara vivir, Sam no era consciente de nada, no era consciente de que no se trataba de un demonio, de que la chica no quería hacerle daño.
No, simplemente estaba seguro que tenía que hacerlo, porque es lo que había hecho durante años.
"Tu has salvado a Lindsay de una muerte segura y yo he estado a punto de convertirme en asesino. Debería estar lejos de vosotros y sobretodo debería estar lejos de tu familia."
Dean lo miró sorprendido. Todavía no le había hablado de su familia, de sus hijos, no le había dicho lo feliz que había sido aquellos últimos años por no hacerle sentir mal. Porque primero tenía que recuperar a su hermano pequeño y luego le pondría al día sobre lo sucedido durante aquellos diez años.
"Te he oído hablar con Lindsay, se que te has casado y que tienes dos niños. Estoy deseando conocerlos. Pero no puedo hacerlo en estas condiciones, no sin saber si voy a hacerles daño o estarán a salvo."
"¡Déjalo ya quieres!"
Dean se levantó de un salto de la cama y fue a la ventana. Ya había sido bastante difícil entrar en el cuarto y ver a su hermano estrangulando a Lindsay. No podía olvidar la expresión de Sam, esa expresión de superioridad y, por mucho que quisiera negarlo, placer por lo que estaba haciendo; como cualquier demonio o cualquier criatura de las que antes cazaban.
Le había recordado a los demonios que habían estado a punto de matarles años atrás, al que había matado a su madre y a su padre, a todos esos contra los que se habían enfrentado. Pero no quería pensar en ello, no mientras su hermano estuviera allí, no mientras tuviera una oportunidad de salvarlo.
"¿Qué es lo que hice mal?"
"¿A que te refieres?" Preguntó un Sam sorprendido por aquella pregunta.
"¿Qué es lo que hice mal para perderte? Creía que podría salvarte, que Lucifer no podría con nosotros, que al final el bien ganaría. Pero al final yo fui el que lo perdió todo, a mi hermano, a la única familia que tenía y tuve que empezar de cero."
Jamás había hablado de aquello con nadie, ni siquiera con Bobby, al que apenas había visto durante los últimos años. Quería al veterano cazador como a su propio padre, pero hasta el regreso de Sam, cada vez que lo veía recordaba como había matado a su hermano pequeño, como el propio Dean no había tenido el valor de hacerlo, porque no había podido matar a su pequeño Sammy para salvar el resto del mundo.
Hasta el regreso de Sam, Bobby significaba la destrucción de todo su mundo, el fin de una vida y tener que comenzar de nuevo, esconder su verdadero ser para que Carolina no saliera corriendo y hacer que toda la vida de cazador nunca había existido.
"Dean, fue mi culpa y lo sabes. Yo tenía que haberme resisitido a Lucifer, pero me engañó, me cogió por sorpresa y no pude resistirme. Sabes tan bien como yo, que nada de lo que ocurrió fue culpa tuya."
"¿No lo fue? Sam te dejé caer en sus cuentos, en sus patrañas y te dejé creer un montón de cosas porque estaba más preocupado en salvar al mundo. Dejé de ser tu hermano y lo pagué muy caro."
Las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, porque ya no podía decir nada más, no sin decir más de la cuenta, no sin romper el silencio que había mantenido durante diez años seguidos.
"Entonces no lo sabes."
Dean se dio la vuelta sin comprender lo que su hermano estaba diciendo. Ya no podía más. hasta ese momento no se había dado cuenta toda la energía que había gastado para mantenerse durante tiempo; para ser un buen marido, un buen padre y olvidar que tenía el corazón destrozado.
Pero ahora que tenía a Sam delante de él, toda esa fortaleza se había desvanecido como por arte de magia, dejando tan sólo un hombre aterrado y devastado por las derrotas de su vida.
Se deslizó por la pared hasta quedar sentado en el suelo, pues estaba demasiado cansado como para mantenerse de pie y seguir escuchando aquella conversación que tanto dolor le causaba.
"¿Qué es lo que no se Sam?"
"Lo que hizo Lucifer para que yo aceptara."
Dean suspiró. Justo cuando creía que tenía todo aquello superado, que lo había olvidado por el paso del tiempo, porque la vida había echado tierra sobre aquellos horribles acontecimientos, ahora volvía a su vida como si de una condena se tratara, como si tuviera que volver a pasar por aquello una y otra vez.
"Creo que ahora mismo me da igual."
"No, no da igual, porque tu crees que me fallaste y yo te puedo asegurar que hubiera ocurrido de todas maneras porque yo creí en algo que no era cierto." Dean levantó la mirada dolorosa y llena de pena hacia su hermano, esperando que ese momento de revelaciones acabara de una vez.
"Lucifer me enseñó tu muerte. Cuando le dije que no me uniría a él cuando me negué en redondo, el puso delante de mis ojos tu muerte, algo tan real que por mucho que no quise creerlo, mi corazón me decía que si. No me quedaba nada y creo que me dejé llevar. Te vi morir, otra vez, de una forma tan horrible que tan sólo desee acabar con todo Dean y sabía que algún cazador y sobretodo Bobby sabría como terminar con mi sufrimiento. Dean yo me suicidé."
