Primero: perdón por no escribir antes, pero apenas tuve algo de tiempo, aquí va otro capítulo. Hago esto sin fines de lucro, los personajes de Inuyasha NO me pertenecen, pero eso ya lo sabían… :3

Dos meses, habían pasado, dos meses desde la última vez que vio a aquella mujer, desde que ella desapareció del mapa, desde que se negó a verlo. El humor del Daiyoukai seguía siendo insoportable, se había volcado en su "trabajo" casi por completo desde su regreso a Japón y las mujeres de su familia, es decir su hija y su cuñada, habían estado insistiéndole para que asistiera a cenas y reuniones familiares que él seguía evitando junto a los interrogatorios concernientes a cuánto había sucedido en Seúl.

Salió a la terraza de su piso, aquella no era la casa principal pero no le apetecía estar en la mansión donde los sirvientes estarían de acá para allá y donde su hija y cuñada se aparecerían cada vez que les apeteciera. Suspiró cansado, si siglos atrás alguien le hubiera dicho que Rin y la mujer de su hermano tendrían esa clase de influencia sobre él probablemente los habría asesinado en el acto. Recorrió el borde de la piscina infinita con los pies descalzos hasta llegar a la barrera de vidrio que lo separaba del vacío.

Sesshomaru llevaba pantalones negros y una enguatada blanca, apenas comenzaba a amanecer así que el aire seguía siendo algo frío, en el último piso del edificio podía ver todo Tokio incluyendo las zonas que dividían las áreas humanas de las Youkai, se llevó la taza de café negro a los labios, el recuerdo de Haruka realizando ese mismo gesto lo tomó por sorpresa; soltó un gruñido, eso sucedía cada maldito día, aquella mujer seguía teniendo ese grado de influencia sobre él. Más de una vez se había maldecido por permitirle marcharse y por aquella maldita debilidad de pensarla todo el maldito tiempo.

Me estiré en un intento por desperezar los músculos, estaba amaneciendo y la resaca de la noche anterior no parecía tener intenciones de abandonarme. Fue peor cuando el móvil comenzó a sonar y estaba segura que me reventarían los tímpanos.

-¿Qué?

-¿Aún con resaca?

-¿Qué quieres?

-Tengo información que podría interesarte.

-¿Involucra otro club nocturno?

-Sabes que esa es mi área de trabajo, azúcar.

Rodé los ojos, Xin había probado ser un aliado muy útil y también un personaje un tanto fastidioso , la resaca era principalmente su culpa.

-No es mi culpa que hayas cometido el error más estúpido de tu vida hace dos meses, que ahora te arrepientas de no haberle dicho toda la verdad, que eres una idiota y que él es más idiota por no arrastrarte de vuelta a su lado.

-¿Dije todo eso?- pregunté mientras rezaba mentalmente para que la tierra me la tragase, esperaba al menos no haber dicho nombres.

-Oh sí, no tenía idea de que tu vida en Seúl hubiese sido tan interesante, azúcar.

-Dame la información de una vez.

-Hay una fiesta muy especial esta noche, una fiesta de cumpleaños- me tomó medio segundo recordar la fecha y mi cuerpo se tensó ante la expectativa- exacto, azúcar, Akihito.

-Hora y lugar- al fin una oportunidad para llegar al maldito bastardo por el que había regresado a Japón.

-Pasaré a recogerte.

-No, no lo harás- advertí- dame la hora y lugar.

-No pienso dejar que lo enfrentes sola.

-Es mi problema, Xin, lo manejaré a mi manera.

-Bien, entonces te diré…

Era esa misma noche, en un club llamdo "Inzane" así que me arreglé para ir, un vestido corto azul marino que se ceñía al cuerpo, de escote recto que dejaba los hombros al descubierto y los brazos quedaban cubiertos por las mangas, medias altas negras hasta unos dedos por debajo de la línea del vestido, botines bajos del negros con detalles metálicos y una rebeca de cuero a juego con los botines. El maquillaje acentuaba el color de mis ojos y decidí dejar el cabello suelto suavemente ondeado. No esperé en la línea para entrar, el guarda simplemente me dejó pasar apenas vio que me cercaba, dentro, luego de atravesar un estrecho corredor, aparecía el club, estaba en la planta baja pero desde allí podía ver los balcones del resto de los pisos, la música estaba a tope al igual que los fiesteros, el Inzane era el club clandestino más famoso de Japón, nadie estaba seguro de quien era su propietario pero allí se reunía una enorme variedad de personajes, políticos, celebridades, gángsters, estudiantes, aquel sitio era un secreto a voces pero la policía nunca les había dado problemas. Un brazo rodeando mi cintura me trajo a la realidad, reconocí el perfume de inmediato.

-Xin…

El joven chino de cabello teñido en rojo me estudió con una sonrisa felina, apenas de la misma altura, iba vestido con un pulóver gris rasgado que dejaba ver su abdomen bien trabajado y los tatuajes de dragones que adornaban sus brazos, el pantalón blanco también tenía rasgaduras en sus muslos, debía admitir que se veía bastante sexy, sin embargo mi mente viajaba a un hombre totalmente distinto, uno de penetrantes ojos dorados.

-Hola, azúcar, te ves… deliciosa.

Ella sólo rodó los ojos y se separó un poco de él.

-Te dije que yo me haría cargo.

-Pues no sé cómo llegarás a los reservados sin mi ayuda.

-Entré por mi cuenta ¿o no?

-Cierto, muy cierto, dudo que luciendo así se te cierre alguna puerta- reconoció acercándose más a mi oído.

-Xin, sólo te lo advertiré una vez, no te involucres en mis asuntos- las palabras fueron acompañadas por una mirada asesina, sin embargo él sólo rió así que me alejé en dirección a las escaleras sin mirar atrás.

...

¿Por qué se había dejado convencer por su hermano? Aquel sitio era demasiado ruidoso, por decir lo menos, para colmo había demasiados humanos. Si la información era buena, un demonio estaba infringiendo las leyes, y como Señor del Oeste, debía hacerse cargo, no personalmente debía admitir, sin embargo sería una buena distracción.

-Lord Sesshomaru- el saludo denotaba una cierta admiración con un toque de arrogancia y provenía de un joven chino con cabello rojo.

-Hong Yue Xin.

-¿Me recuerda entonces?

-¿Tienes algún asunto que tratar conmigo?

-Sólo pretendía saludar- las segundas intenciones en su voz no estaban para nada disimuladas.

-Oye Sesshomaru- Inuyasha acababa de llegar en su forma humana aunque sus ojos seguían siendo dorados, llevaba pantalones negros y una camisa roja, era sólo un disfraz, ambos hermanos usaban amuletos que ocultaban su lado demoníaco- Tú, eres uno de esos gatos.

-Ambos hermanos Taisho aquí, qué inesperado, en fin me resulta conveniente ya que mi padre les envía un mensaje. La Rata ya no causará más problemas, el Clan se ha hecho cargo.

Sesshomaru lo miró dejando claro que no esperaba nada menos y acto seguido se dirigió a los elevadores privados, en momentos como ése deseaba un oponente en el que poder descargar toda su ira.

-Espera Sesshomaru- un Inuyasha serio, como pocas veces lo había visto, se le unió en el ascensor- no sé qué sucede contigo, deberías decirme, a fin de cuentas somos familia.

-Supongo que tu mujer está detrás de esas palabras- asumió el mayor con cierta burla.

-¿Quieres que te interroguen ella y Rin? Porque tu hija no ha parado de intentar averiguar qué fue exactamente lo que sucedió en Corea- el cambio en el semblante del daiyokai fue evidente- Keh, eso pensaba.

Permanecieron en silencio hasta que el ascensor se detuvo en su piso, al abrirse las puertas una joven los guió hasta su reservado, aquel era el último piso del Inzane y cada uno de los reservados eran habitaciones independientes con balcones privados desde los que se veía la pista de baile más de veinte pisos abajo, aquel sitio era en realidad una torre subterránea un sitio neutral para humanos y youkai, aunque por supuesto la gran mayoría de humanos allí desconocían ese hecho. El reservado era de estilo occidental, mesas de maderas preciosas al igual que el bar, sofás de cuero negro. Sesshomaru se sentó en un sofá mientras Inuyasha daba indicaciones para que los dejaran solos luego de que la joven les preparara algo de sake y lo colocara en la mesa central justo frente al mayor.

-¿Y bien?-Inuyasha había tomado asiento en el sillón de cuero negro, había servido sake para ambos.

La situación le pareció un tanto irreal al mayor, su hermano había madurado con el paso de los años y la influencia de Kagome, él mismo era bastante distinto de siglos atrás, su padre seguramente estaría complacido de ver a ambos hermanos tratarse como tales y restaurar el poder del Clan; aún así valía hacer una aclaración.

-Si te ríes te asesinaré- amenazó.

-Podrías intentarlo, Sesshomaru- lo desafió Inuyasha.

En lugar de eso tomó de un trago el sake que su hermano había servido y lo miró con tanta seriedad como si hablase de una batalla por venir.

-Conocí a una mujer en Seúl, es la primera vez que me siento atraído por una mujer humana.

-¿Dónde está ella?

-Se marchó.

-¿Y por eso has estado así estos meses?- Inuyasha lo veía incrédulo, el mayor sólo bebió otro trago las carcajadas de menor no se hicieron esperar, se detuvo cuando el yokia de su hermano comenzó a liberarse.

-Esto es demasiado, te han dado calabazas- volvió a reír- De acuerdo, de acuerdo, es la primera vez que te has interesado así en alguien, podría ser tu hembra - sugirió Inuyasha un poco más compuesto.

Aunque el mayor no quisiera admitirlo había considerado esa posibilidad, explicaría lo posesivo que se sentía hacia ella.

-Si es tan importante; ¿por qué no la retuviste? Nunca habías dejado ir algo que realmente deseas.

¿Por qué lo había hecho? Porque sabía que siendo quien era ella, toda su vida otros habrían cercenado su voluntad e impuesto la suya para satisfacer deseos egoístas, por eso ella huía, interpretando cualquier papel que pudiera beneficiarla, desconfiando de todo y de todos. En el momento en que supo que aquella mujer era una Aoryu entendió que no podría forzarla a nada, que ella debía elegir permanecer a su lado, había tenido que mantener sus instintos a raya para poder hacer esa oferta, ni siquiera se veía capaz de volver a verla y dejarla ir si así se lo pedía.

-Porque no voy a forzarla a permanecer a mi lado si no lo quiere.

El semblante del hanyo era inescrutable, hasta que finalmente sonrió orgulloso, Sesshomaru enarcó una ceja.

-Keh, entonces todo lo que hay que hacer es encontrarla. ¿O acaso te das por vencido, Sesshomaru? El Gran Señor del Oeste derrotado por una mujer humana- el mayor sabía que su hermano lo estaba provocando, la peor parte era que lo estaba consiguiendo.

-Cállate idiota.

-Esos son los ánimos.

No necesité demasiado tiempo para llegar al último piso donde estaban los reservados de los VIP. Las visitas a clubes que había hecho con Xin me habían servido de mucho, conocía a gran cantidad de los presentes, sus reputaciones, quiénes eran más accesibles o más fáciles de seducir, quienes no. Mi objetivo de esa noche fue particularmente sencillo, aquel hombre ya me había visto con Xin y había llamado su atención, sólo fingí estar pasada de copas para acercarme a él y "tomar prestada" su tarjeta de acceso a los ascensores antes de escurrirme entre los presentes y desaparecer de su vista. El único problema era encontrar el reservado de Akihito, cuando las puertas del elevador se abrieron una joven esperaba, al no reconocerme preguntó que con quién venía.

-Ah en realidad,-fingí sonrojarme, necesitaría actuar para llegar a él- llego tarde, Aki sama me castigará por esto, pero Mimi es tan tonta.

-¿Perdón?

-Aki sama, está celebrando su cumpleaños, Mimi debía estar esperando ya por Aki sama pero- comencé a temblar.

Hubo cierto reconocimiento en los ojos de aquella joven, Akihito seguramente no había cambiado sus viejos hábitos y una escena como esta no debería ser poco frecuente, al menos eso había supuesto al trazar mi pequeño ardid.

-¿Puede decirme quién la espera?

-Nishimura Akihito sama- respondí casi en un susurro.

-Ya veo, Nishimura sama aún no llega, sígame por favor.

Así lo hice, mi atención fija en mi objetivo, esa noche enfrentaría uno de mis demonios personales, sabía que la suerte no estaría de mi lado, ciertamente las probabilidades no lo estaban, pero quizás así, Toshiro estaría a salvo. Mi atención se fijó en un hombre joven que caminaba en sentido contrario, camisa roja, pantalón negro, cabello azabache y ojos dorados, justo como él, su recuerdo oprimió mi pecho, quería verlo, lo necesitaba tanto. Concéntrate, ni siquiera sabes dónde está ahora, podría estar del otro lado del mundo, no volverás a verlo Haruka, tú lo decidiste.