Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Disney.
Algo en nuestra relación cambió, aquellas confesiones que Elsa me había hecho habían logrado que el ambiente tenso que algunas ocasiones sentía se terminara. La conocía un poco más y comprendía mejor aquellos espacios que necesitaba para si misma.
La noche del lunes llegó y acababa de salir de la tina cuando Elsa entró a la habitación, salí únicamente con la toalla sobre mi brazo recargado en mi pecho, cubriendo muy poco de mi cuerpo con ella. Ella sonrió con cariño. La Elsa con la mirada fría que continuamente entraba a mi habitación a esta hora las ultimas semanas era completamente diferente.
- Eres hermosa, Anna. –era la primera vez que me decía algo tan directamente sobre mi aspecto.
- Elsa… -dije en un suspiro cautivada.
- Ven –me tendió su mano y me invitó a la cama –, cierra tus ojos, confía en mí.
- Siempre.
Al cerrar mis ojos y apoyar mi peso sobre mis codos para quedar un poco incorporada en la cama Elsa me tomó de la cadera e hizo que con cuidado volteara mi cuerpo, quedando de espalda a ella. Mientras lo hacía colocó una almohada debajo de mi cabeza y otra debajo de mi vientre.
- Relájate, déjate guiar por mis caricias.
Después de sus palabras empezó a tocar mi espalda, dándome suaves masajes, se colocó sobre mi y con paciencia fue depositando besos por toda mi espalda y bajando hasta mi espalda baja.
Estando ahí comenzó a besar mis nalgas con lentitud mientras que con sus manos de igual manera masajeaba pacientemente. Después de unos minutos, donde mi cuerpo estaba increíblemente relajado gracias a sus caricias y masajes sus dedos se aventuraron a mi entrada vaginal, recogiendo la humedad que ya la empapaban y jugaba de arriba abajo estimulando un poco mi clítoris.
Aquello se sentía muy bien y hacía que mi cuerpo se relajara mucho más. Unos cuantos minutos haciendo esto y pasó a dejar ir un poco más sus dedos por mi zona, yendo hacía ese sitio que jamás pensé que alguien tocaría de esta forma.
- Elsa no... –dije un poco exaltada intentando incorporarme
- Shhhh –dijo con tranquilidad masajeando nuevamente.
Intenté relajarme pero era un poco incomodo, y más que incomodo vergonzoso, sus dedos viajaban desde mi entrada hasta aquel orificio trasero que me avergonzaba demasiado, pero era innegable que lo que hacía me estaba gustando, más de lo que hubiese imaginado. De poco a poco se fue concentrando únicamente en el y regalándome tantas cosas que únicamente podía hundir mi rostro en la almohada esperando que aquello terminara, no por que no me gustara, si no porque era demasiado bochornoso.
Después de estar unos minutos más haciendo aquello, mientras seguía repartiendo caricias por toda mi zona baja sentí como su cuerpo se acomodaba para quedar justamente en el centro y besando con delicadeza bajó para poner sus labios exactamente en aquella zona.
- ¡ELSA NO! E-eso... eso está sucio, no… -decía moviendo mi cuerpo intentando levantarme
- Anna, Anna, tranquila –repetía sin retirarse de mí y ejerciendo un poco de fuerza para que no me moviera –te va a gustar, relaja tu cuerpo.
Le hice caso, pero aquello no era suficiente para que me tranquilizara, nunca imaginé que alguien podría estar haciendo eso en aquella zona. Los primeros minutos mientras aquello daba camino me lo pasé muy incomoda, avergonzada y queriendo que se acabara más rápido de lo normal, pero Elsa tenía una manera de hacer las cosas que no tardó demasiado para que lo estuviese disfrutando sin problema.
Aquella lengua juguetona se las arreglaba para producirme tantas sensaciones placenteras, que podría jurar había mojada la cama de tanto placer que esto me daba.
El tiempo continuó y ya no quería que se acabara, pero contando con lo que habíamos estado haciendo antes y el tiempo que me llevó acostumbrarme la hora se pasó volando y tuve ganas de replicar, pero no podía.
- No te alteres tanto, Anna, nunca te haría algo que no estuviese segura que te gustará. –dijo y sonrió antes de irse y depositar un tierno beso en mi frente.
Aquella práctica sin duda se volvió una de mis favoritas a la fecha, Elsa sabía hacer las cosas de una manera que me dejaba queriendo más y más, incluso cuando metía profundo su lengua dentro de mí el dolor nunca fue parte de aquello como mencionó que podría pasar. Elsa nunca hizo aquello en mi zona vaginal, tenía mucho cuidado cuando estuvo ahí, pero supongo que por ser otro sitio en el cual mi virginidad no era un tema que peligraba no le daba tanto pendiente el introducir algo.
Era nuevamente fin de semana y no podía sentirme tan enamorada de ella como ahora, cada momento a su lado era increíble y me encantaba aprender tanto junto a ella, pero ya sólo quedaba una semana para estar aquí y no quería separarme de ella. Teníamos que hablar sobre eso, me había enamorado profundamente y si fuese mi decisión me casaría al día siguiente, pero era algo que debía abarcar en su momento, así que esperé.
- ¿Qué es lo que te gusta más hasta ahora? –preguntó Elsa de repente.
- ¿De qué hablas? –dudé
- De nuestras noches, de lo que te he hecho a la fecha, que te ha gustado más.
- Oh, pues… -comencé a hablar con un sonrojo ya en mi rostro de la pena –n-no sabría decirte, realmente todo lo que me has hecho me ha encantado… -decía mientras mirada el suelo.
- Pero debe haber algo que hayas disfrutado más, o alguna forma en qué lo hice, alguna posición, dime. –decía con cautela.
- Ummm… -pensé y recordé algo en especial pero eso sólo hizo que me avergonzara más.
- Dime, no te avergüences –dijo con una risita mientras me miraba con cariño.
- … son varías cosas… pero las hiciste al mismo tiempo y ese fragmento de tiempo me sentí a punto de explotar… -me miró curiosa –, estabas jugando con mi zona, pasando tus dedos por todo lo largo de ella, desde mi clítoris hasta mi ano… con la otra mano me estimulabas los pezones y con tus labios besabas y lamias mi cuello hasta llegar a mis labios para besarme con mucha pasión –me sonrojé tanto que dejé de caminar – Elsa, porqué me haces decir estás cosas –decía mientras cubría mi rostro.
- Me gusta saber lo que te gusta, así puedo complacerte más –dijo mientras tomó mis manos y las apartó de mi rostro – ven, no te avergüences – me acercó a su cuerpo y besó mis mejillas en la zona donde tengo el mayor número de pecas en el rostro – no hay nada más bonito, más hermoso y más placentero que ver tu rostro inundado de estás hermosas pecas sonrojado. No me prives de esta imagen –beso –, quiero verlo todas los días –beso –, todas las noches –beso –, todas mis mañanas –beso –, en cada momento que comparta junto a ti –beso –, y claro, cuando tu cuerpo no pueda más y estés llegando al clímax mientras dices mi nombre. –me besó y sonrió
- ¡Elsa! –le di un golpecito en el hombro apenada y ella soltó una risa divertida.
A la fecha ya no sólo era ella quien esperaba con ansias el inicio de semana, disfrutar de lo que me hacía se había convertido en mi mayor anhelo en el día, y saber que no era la única que pensaba así me hacía sentir completa.
La noche llegó y con ella un aura de calor, en mi mente comprendí que ya había tocado todas las zonas de mi cuerpo que podrían satisfacerme, dedicando una semana, una hora específicamente a ella, ¿Qué podría seguir? ¿Qué es lo que haría ahora?
Elsa entró a mi habitación y noté como traía consigo un pañuelo color azul claro, me pareció extraño pero sabía que con ella no habría nada de que preocuparse. Yo la esperaba ya como habitualmente lo había hecho, desnuda y sólo con la sábana cubriendo mi cuerpo.
- Hola, hermosa –dijo con ternura mientras se colocaba sobre mi con las piernas a mis costados –traje algo, no te asustes, con esto quiero que lo que hagamos lo sientas aún más, con tus demás sentidos aparte la vista. Recuerda, enfócate en sentir, yo me encargo de todo lo demás.
- Confió en ti, Elsa –le dije sonriendo mientras ataba el pañuelo para cubrir mis ojos.
Empezó con tiernos besos por mi rostro para besarme de la misma forma en los labios, así continuó hasta bajar por mi cuerpo y repartir besos por toda su extensión, noté que no se estaba enfocando especialmente en algo como solía hacerlo ya que mientras me besaba su mano viajaba todo el trayecto hasta mi intimidad. Se separó un poco de mi para recostarme en la cama y así abrir mis piernas y quedar ella posicionada en el centro.
Aquello me alteró un poco pero sabía que no haría aquello, de algo que estaba segura con el tiempo que la he conocido es que Elsa cumple sus promesas y mi virginidad era parte de una, pero era inevitable estar nerviosa o ansiosa por lo que fuese a hacer.
Estuvo unos cuantos segundos sin tocarme, minutos donde me preguntaba qué estaría haciendo pero no tardó demasiado para volver a sentir sus labios sobre los míos y sus manos acariciando mis pechos con paciencia. Pensando en la primera vez que tuvimos algo en la intimidad a comparación de ahora el ambiente era completamente distinto, la primera vez tuve miedo e incluso quería que dejara de hacer lo que hacía, pero ahora, sus manos en mi cuerpo era lo que más deseaba sentir, podía sentir como sus caricias cambiaron, aquel contacto frío incluso brusco que habíamos tenido ahora eran caricias tiernas, delicadas y con mucho sentimiento.
Mientras nos besábamos sentí como algo tocaba mi intimidad, algo que no eran sus manos por que estas estaban ocupadas en mis pezones, fue algo suave que tocó muy poco pero no me quitó la intriga. Elsa dejó uno de mis pechos y fue bajando su mano nuevamente pero no la sentí en mí.
Algo suave, húmedo pero a la vez duro tocaba mi zona para luego subir y frotarse en mi clítoris con suavidad, aquello extraño se frotaba en mi y me hacía sentir bien, entendí que no era su mano o algún objeto extraño. Elsa estaba pasando su pene por toda la extensión de mi intimidad, usándolo para estimularme más no para penetrar.
Me abrazó fuerte mientras movía sus caderas para hacer aquel recorrido con su miembro repetidas veces, únicamente con ellos, el rigor de su pene era tal que no era necesario que usara las manos para ajustarlo y que tocara toda mi zona al mover sus caderas de atrás hacía adelante. Fue maravilloso entender que ahora yo también podía satisfacerla así que comencé a moverme de igual manera, sin que me lo pidiera me moví un poco para dejarla sentada y me senté sobre ella para comenzar a mover mis caderas mientras ella se entretenía lamiendo mis pezones, mordiendo y succionado para también hacerlo en ocaciones con mi cuello, y mis labios.
En momentos bajaba su mano y estimulaba mi clítoris, la combinación de líquidos hacía que aquella práctica fuera increíble, sin importar cuantas veces alguna de las dos terminaba antes de que la hora pasara.
Nuestros encuentros hacían que aquella hora no fuese suficiente pero teníamos que seguir ese protocolo, de alguna forma se volvió así sin que realmente fuera algo firmado o acordado, algo en que nos basábamos para poder alimentar la relación, los deseos y la lujuria entre nosotras.
Pronto me iría y no quería pensar en eso, ya era sábado y sentía una profunda tristeza, tenía que hablar con Elsa sobre eso pero no sabía como tomar el tema.
- Anna, ¿Te ha gustado estar aquí… conmigo? –preguntó de repente.
- Claro que me ha gustado, haz hecho de este mes el más maravilloso que he tenido en mi vida, debo admitir que al principio tenía un poco de miedo, vivía con el temor de lo que escuché de ti, con lo que podrías hacerme de mala manera y te juzgué sin conocerte, afortunadamente nada de eso era verdad y sólo me hice ideas absurdas. Me has regalado los mejores días que he tenido hasta ahora, Elsa. –le dije sinceramente con una sonrisa mientras unía nuestras manos en aquel prado.
- Me alegra escuchar eso, hermosa
Las dos estábamos recostadas en una sábana sobre el pasto en un prado cerca de las montañas, era un lugar donde Elsa me llevaba cuando quería alejarse de todo lo del reino. Era solitario y hermoso.
Todas las veces que habíamos ido nunca había ocurrido que llegase alguien a interrumpirnos o que pasara algún habitante extraviado por ahí, así que siempre estábamos completamente solas todo el tiempo que ahí permanecíamos.
Quería debatir con ella sobre lo que me agobiaba pero no quería tener un tema posiblemente serio en este lugar. Era un lugar especial para ella y no quisiera que hubiese algún tipo de discusión y entonces quedara un mal recuerdo en el.
Era predecible que algo pasaría y ello no se hizo esperar, nuestros tiernos besos subieron de tono muy rápido pero estos acompañados de la tranquilidad que los actos de Elsa preceden, era lento y teníamos mucho tiempo para hacer lo que quisiéramos, igual ni siquiera tendríamos algo tan intimo y solamente nos besaríamos por unos minutos.
Estábamos cada una de costado sobre la sábana mientras con nuestras manos tocábamos nuestros cuerpos, nunca había tocado tan directamente el cuerpo de Elsa ya que como he dicho ella siempre hacía todo, pero era una maravilla hacerlo, su cuerpo era suave y firme a la vez, no aventuré mis manos debajo de la ropa pero si en aquella zona que tanto me llamaba la atención.
Tras unos minutos de estar tocando sobre la prenda sintiendo lo largo, caliente y grueso que este era quise meter mi mano pero Elsa dejó de besarme.
- No, Anna… aún... no es tiempo.
- ¿Elsa, cuanto más tiempo necesitas? ¿Cuánto más tengo que esperar para poder verlo aunque sea? –dije un poco frustrada
- ¿Enserio quieres tanto verlo? –dijo con el ceño preocupado
- Me gustaría –dije sonrojada
- Esta bien
Me incorporé después de que ella lo hizo y quedara sentada en el suelo. Fue desabrochando los botones de su pantalón y cuando estuvo suficientemente abierto, mostrando la tela de su ropa interior, paró dudosa.
- No quiero que tu forma de pensar sobre mi cambie… -dijo con un tono de cierta forma triste, no sabría decir porqué, viendo al suelo, esta era una faceta de Elsa que no conocía.
- ¿Por qué pensaría diferente, a qué le temes, Elsa? –pregunté sonando más comprensiva
- No lo sé, Anna, no quiero decepcionarte o incluso que sientas algún tipo de repulsión… yo no soy como tú, ni siquiera soy un hombre… y tengo esto.
- No me importa lo que seas Elsa… me gustas y te quiero tal y como eres, todos tenemos dudas, incluso yo que dirías que soy una persona "normal" tenía mucha vergüenza que me vieras, qué tal si mi… vagina no era como las que ya habías visto, que tal si era extraña o cualquier cosa así… -dije dándole un pequeño beso en los labios y ella sonrió un poco más convencida.
Comenzó a bajar un poco sus pantalones y así dejar más descubierta su prenda, como veía que dudaba un poco la ayudé con ello y con cuidado la bajé para ver aquello por fin.
Al verlo me quedé quieta, impresionada, creo que incluso quedé muda por algunos minutos porque Elsa intentó cubrirse.
- Lo siento… -la escuché empezar a decir
- No, Elsa –tomé sus manos – es que… nunca había visto uno… es sorprendente.
- ¿Nunca? ¿Ni por accidente a tu padre?
- No, jamás, él tiene mucho cuidado y ciertamente antes de conocerte no había tenido interés por estás cosas… -dije un poco apenada.
- Entiendo –sonrió soltando un suspiro –entonces, ¿qué te parece…? –preguntó algo temerosa
- Pues no sabría decir –acerqué un poco mi mano a su pierna para no hacer movimientos bruscos –, es la primera vez que veo uno, no tengo referencia alguna –comencé a subir mi mano hasta llegar a el pero tocando únicamente la base –, es extraño, nunca imagine que fueran así, sabía de la forma fálica pero ver todo el conjunto es… Wow
- Nunca me habían dicho algo así –sonrió sonrojada
- Y… ¿así es siempre? digo… ¿así luce siempre? –aquello se veía de buen tamaño, pero no tenía un aspecto duro como antes lo había sentido.
- Oh, no… -dijo rascando la parte trasera de su cuello – en estos momentos no está completamente erecta, sólo pasa cuando estoy muy excitada, entonces crece más.
- ¿Más? –dije sorprendida viéndola
- Sí –sonrió –puedes… tocar, si quieres… -dijo entrecortada.
- Sólo dime qué hacer, no sé que te gusta o si te puedo lastimar…
Tomó mi mano que ya estaba cerca e hizo que tocara lo largo de este, se sentía suave y aunque dicho de manera chusca, tenía una especie de textura como que se estiraba, al menos eso parecía.
- Mueve tu mano de arriba abajo, haciendo un poco de presión, como si estuvieses batiendo o jalando algo… no temas, no me lastimas –decía con la respiración un poco agitada –, me gusta de hecho.
- Entiendo… –decía mientras hacia lo dicho cuidando cada detalle.
- Esta zona –señalando el glande –es la más sensible… es como el clítoris en ti, tiene un montón de terminaciones nerviosas que me hacen sentir increíblemente bien –mientras lo decía con mi otra mano comencé a tocar aquello, era como una especie de hongo color rosa de textura mucho más suave que el largo que ya había tocado y se encontraba ya lubricado.
- ¿Y estos? –le pregunté señalando abajo
- Oh, son los testículos… -comenzó diciendo mientras se levantaba un poco para sacarlos de la prenda, no eran precisamente algo bonito, pero tampoco desagradables a la vista –son importantes, pero no provocan tantas sensaciones como todo lo demás, son principalmente la ayuda en la producción del semen pero no está de más acariciarlos de vez en cuando… -dijo con una media sonrisa.
- Entiendo, entiendo… -dije asombrada de lo que estaba viendo y las reacciones que tenia aquello en ella, vi y sentí como aquel pedazo de carne crecía y se endurecía en mi mano, era hasta irreal aquella reacción.
- Lo haces bien, Anna… -comenzó a suspirar más pesado, inalando y exhalando con más pesar mientras cerraba los ojos apoyando sus manos en el suelo dejando que la masturbara en aquella posición.
Seguí haciendo aquello mientras notaba como algo blanquecino salía de la punta de su glande, supuse que lo estaba haciendo bien ya que aparte de la rigidez las venas que rodeaban su pene se hacían cada vez más notables y este comenzaba a palpitar un poco.
Entonces se me ocurrió algo. Elsa, a pesar de que al inicio me avergonzara y dudara mucho de lo que hacía, no tenía reparo en usar su boca para proporcionarme placer en mi zona intima, así que haría lo mismo.
Mientras seguía con mi mano agaché mi cuerpo para quedar delante de el, comencé pasando mi lengua por debajo del glande cosa que hizo a Elsa reaccionar de inmediato.
- ¡Anna, espera! No tienes qu..-
- Shhhh, déjame consentirte… si no te gusta o te lastimo me avisas... –dije antes de seguir lamiendo.
El sabor era extraño, incluso algo amargo en la punta pero no era para nada desagradable, me preguntaba entonces como era mi sabor, pero seguía con lo mío, lamí un poco más mientras con mi mano seguía subiendo y bajando sobre el largo de su pene. Elsa no paraba de gemir y eso era música para mis oídos, mi boca se llenaba de sus líquidos pero no tenía problema al respecto.
Bajé mi mano para acariciar sus testículos con cuidado, se sentían extraños, estaban algo duros así que lo hacía lento. Pasaron los minutos donde me concentré el lamer su glande hinchado y succionar de vez en cuando cosa que a Elsa le volvía loca.
Sentí la rigidez de sus testículos y deslicé mi mano a lo largo de su pene que de igual manera estaba tan duro como nunca antes, fue ahí que lo sentí, algo salió de la punta y se regó en mi boca, algo espeso y caliente que llegó hasta mi garganta y me hizo toser.
- ¡ANNA! Anna, disculpa, fue muy repentino. Lo siento, ¿Estás bien? –decía visiblemente preocupada mientras tomaba mi rostro con su manos.
- Sí, sí, Elsa. No te preocupes fue la sorpresa nada más. –decía terminando de toser y limpiando el resto que había quedado en la comisura de mi boca con la lengua, cosa que a Elsa hizo sonrojar.
- Eres maravillosa, Anna –me decía mientras me besaba con pasión.
Ya estaba anocheciendo y debíamos volver. Elsa comenzó a arreglar sus ropas antes de ayudarme a recoger lo que habíamos llevado. Mientras caminábamos hablábamos sobre distintas cosas y estando a unos metros del castillo le dije a que quería hablar de algo muy importante con ella.
Pero me sugirió que mejor lo hiciéramos el día siguiente ya que debía arreglar unos asuntos importantes antes de dormir y quería dedicarme el tiempo que merezco con lo que necesitara y no estar apurada con cosas del reino.
Me pareció buena idea, yo también debía pensar bien como le plantearía todo y qué palabras eran las mejores, pensar en los mejores y peores escenarios.
Desde temprano Elsa había dedicado el día entero a estar conmigo. Algunos mandatarios le pedían que debía atender asuntos del reino pero ella les decía que lo haría en otro momento, yo apenada la decía que podía tomarse un tiempo para hacerlo, que teníamos todo el día pero desistía así que mejor me enfoqué en disfrutarla. Desayunamos y fuimos a pasear al pueblo.
Las personas ya estaban tan acostumbradas a vernos juntas que ya habían dejado de lado las sorpresas y sólo se dedicaban a saludar si era necesario. Hicimos diversas actividades, desde pintar un poco, ayudar a algunas personas con sus puestos, aquello para Elsa era nuevo pero para nada hacía mala cara, siempre se mostraba sonriente y dispuesta a ayudar. Los niños jugaban y bailaban con la música de los habitantes aquel domingo por la mañana.
Pronto llegó la hora de la comida y volvimos a ir a aquella taberna donde Elsa me llevó la primera vez que salimos nosotras solas, era tan acogedor todo. A pesar que el sitio no era precisamente romántico, incluso la mayoría de los clientes eran hombres estos resultaban ser amables y personas risueñas y ocurrentes. El trabajador del sitio ya conocía mis gustos y no hacía falta que se los tuviese que pedir, Elsa no comía mucho pero le encantaba ver como devoraba mis comidas, le parecía de los más gracioso.
- Con toda esa comida nadie creería que eres tan menudita –dijo con cariño mientras me miraba.
- Me muevo mucho así que por eso mi figura no se ve afectada –decía mientras devoraba el helado que me habían llevado de postre.
- Y vaya que lo haces… -dijo con albur mientras volvía a tomar de su taza de té de hierbabuena
- ¡Elsa! –dije sonrojada y ella rió sin contenerse.
Decidimos pasar el resto del día en el despacho, era el sitio donde habíamos tenido buenos ratos y confesiones tan intimas que parecía un buen lugar para estar. Me habían dicho que el barco que zarparía de vuelta a casa estaría en el fiordo a más tardar las 5 de la mañana así que todo lo que tenía que tratar con ella debía ser hoy, con suerte no iba a tener que irme.
- Elsa, quiero hablar sobre algo muy importante contigo.
- Qué te abruma tanto, Anna, cuéntame. –dijo acariciando mi mejilla mientras besaba mi rostro.
- Se supone que mañana me tengo que ir… -dije pausadamente – pero… no quiero… quiero quedarme, aquí, contigo.
- Anna… -vi como sus ojos se entristecieron y la mano que acariciaba mi mejilla tomó la mía. -, eso no es posible… yo le hice una promesa a tu padre. El pidió algo a favor y yo le exigí este mes tan maravilloso que hemos pasado… -puso mi mano en su pecho – pero no puedo hacer nada más.
- ¿Pero cómo? ¿No se supone que tú decides sí me quedo contigo o no? –comenzaba a alzar un poco la voz.
- Anna… tranquila… -intentó que me relajara -, por favor, piensa en esto, ¿cómo voy a quedar con tu padre? le prometí que volverías a su lado, que pasarías tiempo con él hasta que llegue el momento en que nos casemos y que además tú ya seas mayor de edad.
- ¡Esas son tonterías! ¿Cómo prefieres una absurda promesa a tenerme de una vez contigo? Enserio, ¿O realmente es que no me quieres y es tu forma de librarte de mi?
- Anna por favor, no digas eso –dijo rápidamente con aflicción
- ¿Cómo quieres que no diga eso o mejor dicho cómo quieres que no piense eso? ¡Puedes hacer todo para que me quede contigo, manda una carta a mi padre para que él venga y nos casamos mañana mismo si eso es lo que tanto importa!
- Anna, no funciona así
- ¡Por favor! Es lo más razonable, sólo estás poniendo excusas por una promesa absurda.
- Es tu padre.
- Pero…-tenía razón pero yo ya estaba lastimada.
- Tienes que volver con él, no te estoy dejando, entiéndelo por favor –decía mientras tomaba mis manos intentando explicarse.
- ¡NO ELSA! Es que no entiendo. ¿Por qué? Dices que me quieres, que te quieres casar conmigo y nada más no haces nada por que me quede contigo.
- Quiero que te quedes conmigo, pero no se puede Anna.
- Claro que se puede, me quedo aquí y asunto arreglado
- Eres menor de edad, debes ir a casa.
- Esta es mi casa –vi como sus ojos se humedecían pero seguía teniendo aquella expresión de agonía.
- Él es tu padre… -me miró –y debes estar junto a él.
- No, no quiero, quiero quedarme aquí –dije haciendo rabietas infantiles.
- ¡Entiende Anna, no seas mal agradecida! –dijo ahora en alto – Él te ha dado todo y ha visto por ti siempre, ¿Y así le vas a agradecer? Él quiere estar contigo estos últimos años, ¡Eres su hija y se lo debes! Si mi padr- no la dejé terminar y le solté una cachetada que resonó en toda la habitación.
- ¡Cállate! ¡Deja de usar a mi padre como excusa! ¡SI NO QUIERES ESTÁR CONMIGO DÍMELO Y YA! ¡SI YA TE ABURRISTE DE MÍ Y QUIERES IR DE NUEVO CON CUANTA MUJER TE ENCUENTRES EN EL PUEBLO DÍMELO Y ME LARGO AHORA MISMO! ¡PERO DEJA DE METER ESA TONTERÍA!
- ¡No es ninguna tontería Anna! ¡Cálmate! ¡Y sí tanto quieres, si tanto te atormenta eso pues lo hago, me sacio y vuelvo contigo! ¿Quieres eso? ¿Eso es lo que quieres? ¿Tú crees que quiero seguir con ese tipo de vida?
- ¡HAZ LO QUE QUIERAS! PERO DEJA DE METER OTRAS COSAS EN ESTO. TÚ PADRE TE ABANDONÓ, SÍ, PERO SALISTE ADELANTE. YO NO TE ABANDONÉ Y ME ENAMORÉ DE TI, ¡AHORA LO ARRUINASTE TODO! ¡YA SUPERA DE UNA VEZ ESE ESTÚPIDO TRAUMA QUE TIENES! –iba a seguir pero me di cuenta de lo que estaba diciendo, le estaba dando donde más le dolía por una rabieta mía que al final sí tenía una buena justificación lo que ella me decía, pero lo que me dijo también me había lastimado.
Me llevé las manos a la boca apenada y arrepentida pero ya no había marcha atrás, Elsa estaba en aquel sillón con la mirada perdida mientras las lagrimas caían por sus mejillas y todo por mi culpa. Lo único que pude hacer fue irme de ahí.
Me encerré en mi habitación y lloré toda la noche hasta quedarme dormida.
Cuando desperté seguía oscuro pero sabía que faltaba poco tiempo para que me fuera, el sonido de los barcos en el puerto llegaban hasta el castillo.
Volví a recordar lo que había pasado horas antes y las lagrimas volvieron a caer. Sin duda alguna hoy volvía a casa y no veía manera de cómo arreglar lo que había pasado. Ambas nos lastimamos, nos dijimos cosas horribles y la situación no parecían poder mejorar en el poco tiempo que me quedaba.
Terminé de arreglar mis cosas, las maletas estaban listas y los empleados me ayudaron a llevarlas hasta la entrada, pero en ningún momento vi a Elsa, ni cuando bajé, ni cuando me despedí, ni cuando subí al carruaje que me llevaría al fiordo.
Una parte de mi aún tenía la ilusión de verla y que llegase corriendo para decirme que se arrepentía, que mandaría una carta a mi padre y podía quedarme para siempre.
Pero no pasó…
El barco ya estaba lo suficientemente lejos y mi corazón terminó de romperse llenándose de una profunda tristeza que poco a poco se convertía en rabia. Todo sin rastro alguno de Elsa.
ELSA
Desde que Anna se fue no volví a salir del despacho, sus palabras me había lastimado sobre manera pero en el fondo sabía que tenía razón. Podía ir a su habitación y disculparme, pero eso sólo significaba que esta discusión volviese a pasar y quien sabe si diríamos más cosas de las cuales arrepentirnos, sabía que Anna diría todo por quedarse y yo también quisiera que se quedará, con todo el corazón, pero no podía ser.
Puede que ella piense que este asunto era irrelevante pero lo que dije era verdad, yo tenía un compromiso con su padre y desde el momento en que me dijo la manera de cómo poder obtener su aprobación para poder casarme con su hija lo iba a cumplir al pie de la letra.
Me dolían sus palabras, me dolía que no creyera en mí, que después de todo lo vivido no lo hiciera, ¿cómo podía creer que quisiera volver a ver a aquellas mujeres con quienes tuve sólo encuentros sexuales en el pasado? Personas a quienes no quise de ninguna manera más que para saciar mis necesidades carnales. La tenía a ella, y se había enamorado de mí, qué más podía pedir, no me importaba tener que esperar un poco más para poder tenerla completamente legal para siempre en mi vida.
Pero ahora ya no sabía como estaba todo, la había lastimado y ni siquiera tuve el valor de ir a despedirme de ella. No sé que pasará, pero si me lo permite haré todo para remediarlo cuando vuelva a tener la oportunidad de tenerla a mi lado.
Dentro de dos años.
