LUPIN VERSUS HAROLD

Habían tenido una tarde muy intensa, y aun así, Draco le rogó que se entrevistara brevemente con Lupin, el jefe de la guardia del castillo y líder de la manada de licántropos residentes. El muchacho accedió a hacerlo, con dos condiciones, hacerlo a solas y fuera de sus habitaciones, no soportaba la idea de que otro entrara en lo que ya consideraba su territorio personal, y pese a la poción calmante de Draco, prefería no arriesgarse a una nueva crisis si el vampiro estaba presente. El vampiro le llevó hasta un despacho cercano a los dormitorios, apenas unos metros más allá en el corredor y Harry olfateo con curiosidad, concienzudamente, mas interesado de momento en lo que su nariz podía decirle que en apreciar el mobiliario. Reconoció el olor de Draco, de sus padres, y de Hades, y múltiples rastros antiguos de vampiros y personas desconocidas. El olor de Lupin estaba presente entre ellos, y Harry se sentó con parsimonia detrás del escritorio, en el lugar que usualmente ocupaba Draco, mientras este avisaba mediante un elfo al castaño de que su presencia era requerida. Aguardando, se permitió observar a su alrededor. El despacho era austero, casi severo, aunque los muebles eran de la mejora calidad. El sillón de cuero de Draco era cómodo, pero las rígidas sillas frente al escritorio parecían sumamente incómodas, las típicas que se te clavan por todos lados. Al alcance de su mano derecha, una pequeña librería contenía algunos tomos, y carpetas de documentos. Un retrato de un mago anciano, de largo cabello y aun más larga barba blanca y gafas de media luna sonreía afablemente desde su cuadro, situado en el lado opuesto de la mesa, sobre una diminuta chimenea. Los ojos azules hicieron un leve guiño y Harry se volvió a Draco, y susurró:

-Ahora deberías marcharte, y dejarme a solas.

EL vampiro se retiró, aunque la inquietud no abandonaba su pecho. Tras un rato de espera en solitario, el mago del retrato observando calladamente al muchacho desde su confortable butaca de chintz, cuando este alzó la cabeza, atento de repente. Los suaves pero firmes pasos anunciaron la llegada del otro licántropo, y el joven permaneció en el sillón, los ojos destilando fuego.

Aun no era adulto, y en la jerarquía de cualquier manada, su rango sería de los más bajos, un Omega, en oposición al líder Alpha, porque aun no se le consideraba miembro de pleno derecho. Cuando Lupin abrió la puerta, el castaño ya casi se esperaba algo similar. Harry no había adoptado una actitud respetuosa ni sumisa respecto al adulto y líder. De hecho su pose era casi desafiante al no reconocerle inmediatamente como su líder y superior y el hombre de pelo grisáceo le observó con sus penetrantes ojos casi dorados.

Como había sospechado, Harry no iba a ser un miembro dócil y sumiso en la estructura de la manada. Al parecer, y una sonrisa se extendió por su rostro con el pensamiento, al fin se enfrentaba con otro lobo Alpha.

"Sin duda aun no ha alcanzado todo su potencial apenas es un lobato grande, y no osará desafiarme abiertamente, pero va a ser un hueso duro de roer…para todos"

Erguido en toda su estatura, avanzó y apoyó con fuerza las manos en la mesa que les separaba. Dejando que su mirada se cruzase con la del joven. En una lucha de voluntades, este sostuvo su mirada, desafiante, al borde de la clara y franca rebelión, el único gesto de sumisión en su actitud, el hecho de haber permanecido sentado, e incluso eso, se notaba que era a base de un gran esfuerzo para no dejarse llevar por el impulso de desafiarle. Donde cualquier otro lobo se hubiese ya sometido y humillado ante él, Harry le resistía, tan terco al parecer como alguien que el hombre conocía.

Un sordo gruñido brotó de la garganta de Lúpin, llamada clara de atención, retándole a atenerse a las consecuencias si persistía en seguir desafiando su autoridad. Con clara reluctancia, el moreno desvió ligeramente los ojos verdes, tan solo unos instantes, antes de devolverle un ligero gruñido de descontento. Lupin le agarró bruscamente de la túnica que cubría su pijama, y su otra mano se cerró en torno a su garganta, decidido a dejar claro al muchacho, que de momento, no toleraría desafíos a su autoridad.

Los gruñidos de advertencia de Harry subieron de tono bruscamente, mientras sus ojos se rebelaban, claramente llenos de furia. Sin embargo, no se revolvió ni intentó liberarse, reconociendo su mayor fuerza física y su dominio, pero sin someterse dócilmente al otro ni doblegar su carácter. El adulto le arrinconó contra la pared, gruñendo salvajemente, presionándole con su cuerpo e imponiéndole su presencia y contacto, dejándole ver que era el líder y debía respetarle. Finalmente el joven claudicó, incapaz de soportar por más tiempo la proximidad del otro, la intimidad que sugería dejándole un amargo regusto desagradable, y bajó los ojos, reduciendo sus gruñidos de protesta a una sorda vibración en el fondo de la garganta.

Lupin se dio por satisfecho, y le soltó. Le miró con cautela, y murmuró:

-No quiero humillarte innecesariamente, pero soy el Alpha de esta manada y has de respetarme como los demás.

El muchacho le observó ahora más calmado, una vez establecida la jerarquía, y gruño entre dientes:

-Yo no pedí esto, Lupin. Y no puedo decir que me agrade. La única manada que he conocido era la de mis padres. Pero de momento, lo acepto Lupin.

Harry aun notaba los deseos de lucha, muy cercanos bajo su piel, pero también la cautela que le decía que el otro era un oponente a valorar y que era más prudente conocer mejor al adversario antes de lanzarse a la lucha abierta. El adulto aceptó que la rendición era momentánea, temporal y le tendió la mano, esbozando una sonrisa:

-Bienvenido, Harry.

El adolescente aceptó la mano y sonrió en respuesta. No tenía sentido guardar rencor por algo inherente a la naturaleza de ambos y su carácter bondadoso se impuso a su deseo de lucha. Después de todo, el Alpha le estaba saludando con respeto y educación. Lupin se sintió satisfecho igualmente, el joven era más equilibrado de lo que esperaba, pese a su terquedad, y también más maduro de lo que le correspondía, y aunque se notaba su falta de habilidades sociales, pronto aprendería y se despidieron amistosamente.

Harry regresó al dormitorio, y el Opaleye abrió la puerta para él, saludándole con un educado "Buenas noches" que el joven contestó en apenas un susurro. Draco le esperaba, inquieto y nervioso, y al oírle llegar, saltó sobre sus pies como un resorte. Harry no aprecia herido, ni demasiado alterado, aunque olía a adrenalina, Su sonrisa tímida tranquilizó al vampiro que le abrazó con suavidad, acariciando su pelo. El olor de Lupin impregnaba sus ropas y su piel y provocó un gruñido del rubio, que le apretó con más fuerza y dejó escapar entre dientes, con cierto enojo:

-Hueles a otro, Harry.

-No por mi voluntad, Dragón…

Murmuró el ojiverde, suplicando su comprensión. Draco parpadeó, y relajó su abrazó, sorprendido incluso él por su súbito ataque de celos infundados. Suspiró pesadamente. El tener a Harry tan cerca y sin poder reclamarle adecuadamente estaba haciendo estragos en sus nervios y exacerbando sus instintos posesivos, los celos y en general los aspectos más primarios del vampiro.

-Está bien, Cachorro mío, lo siento. ¿Te quitas esa ropa y te das una ducha rápida…por mí?

La súplica en sus ojos era tan sincera que Harry estuvo más que contento de complacer tan sencillo deseo, y se retiró al baño con un nuevo pijama, igualmente uno de los del vampiro. El agua y el gel arrastraron gran parte del olor ofensivo, al menos para los estándares del olfato del vampiro, y este le acompañó a su propio dormitorio atravesando el gabinete común.

Harry se sentó en su enorme cama – ahora no parecía tan grande, sin duda si Draco deseaba estirar sus alas, necesitaba el espacio- y dejó que Draco le arropase como a un niño pequeño, gozando de las atenciones e inusuales mimos, y de las demostraciones de afecto. El vampiro le miró con ojos vacilantes y susurró en voz muy baja y afectuosa.

-¿Puedo…puedo darte un último beso, Cachorro?

El moreno le devolvió la mirada y le acarició tentativamente la mejilla, con deliciosa timidez. Sus ojos vacilaron, y por un momento rehuyeron la intensa mirada de su compañero, antes de reunir valor para murmurar:

-Draco…¿Me quieres?

El vampiro permaneció en silencio unos segundos y contestó muy serio y formal, lleno de sinceridad:

Te amo, Harry, mi corazón es tuyo, solo tuyo, antes, ahora y para siempre.

El joven semiveela, parte sirena y hombre lobo sonrió con dulzura, y sus ojos chispearon de gozo. Sus labios se entreabrieron y atrajo a Draco con suavidad, uniendo sus labios en un beso dulce y tierno. Cuando sus labios se separaron, el moreno murmuró, con voz enronquecida:

-Yo también te amo Draco, con todo mi corazón.

El rubio se recostó junto a él, y le abrazó, besándole con delicadeza una vez más, antes de incorporarse y tratar de levantarse de la cama. La mano de Harry le retuvo y el chico susurró, inseguro:

-Quédate…quédate hasta que me duerma, Dragón, por favor…

Sus ojos verdes suplicaban en silencio, y Draco vaciló, volviendo a sentarse en el suave lecho. El vampiro exhaló un levísimo suspiro y murmuró, mirándole a los ojos:

-Lo que me pides es…muy difícil, Cachorro, tal vez demasiado…

Mordiéndose el labio en el inicio de un puchero, el joven moreno añadió con voz desencantada y llena de dudas y angustias:

-Entonces…deja la puerta abierta. Necesito…sentir tu olor…

Claudicando finalmente, con un nuevo suspiro resignado, el rubio vampiro asintió y se tumbó de nuevo junto a él, musitando:

-Solo un ratito, Cachorro, solo un ratito…

Harry se abrazó a él y apoyó su cabeza en el hombro del vampiro, que le dejó hacer a su gusto y acomodarse, hasta que un suspiro de honda satisfacción brotó de los labios de fresa del moreno, arrancando una sonrisa al joven vampiro. Draco intentó relajarse, lo intentó con todas sus fuerzas, pero su cuerpo reaccionaba a la presencia de su compañero, a su olor, al sonido de su sangre impulsada por los fuertes latidos de su corazón…haciéndole sentirse cada vez más y más incómodo a cada minuto, lleno ahora de sed y deseo mezclados íntimamente. Al cabo de un rato, y casi en su oído, Harry murmuró muy bajito y con tono dudoso y vacilante:

-¿Dragón?

-Mmh…?

-¿Quieres…que te acaricie las alas?

El vampiro sonrió en la penumbra y se giró para mirarle, encontrando sus ojos verdes a cm de los suyos, expectantes y ansiosos. Acariciándole el sonrojado rostro, murmuró, inclinándose a capturar sus labios entreabiertos:

-Me encantaría, Cachorro mío.

Draco se tumbó bocarriba y dejó salir sus alas, dejándolas reposar sobre las sabanas de la cama, con Harry recostado contra su costado, y el moreno le acarició suavemente, las alas les envolvieron a ambos y pronto ambos gemían suavemente, y llegaban al clímax, gritando de placer una vez más. El moreno se enroscó firmemente con el cuerpo del vampiro, semidormido, y pronto, ambos sucumbían al sueño, abrazados el uno al otro.