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Matices

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Viernes 7 de Noviembre.

-El empirismo se basa en la percepción de un medio exterior a través de los sentidos para que luego…

La molesta voz de la profesora de filosofía llegaba como una señal interrumpida a sus oídos. Sobó sus delgadas y bien formadas piernas con las palmas de sus manos para calentarse un poco a sí misma. Ya se podía apreciar como la temperatura bajaba y la humedad se cristalizaba en forma de vapor cada vez que respiraban en el exterior.

Había agregado un ligero sweater negro a su camisa, y unas medias que llegaban a mitad de su muslo al uniforme escolar, ya que la reglamentación del colegio prohibía en cierta forma que las mujeres usaran pantalón en horario de clase.

-A fines de diciembre se cerrará la primera etapa del año escolar y para aprobarla necesitaran obtener al menos un 90 en el examen, aquellos que no la aprueben me verán en junio.

En todo el salón se esparció un murmullo de fastidio y en algunos casos, preocupación. Pues había que respetar e incrementar el nivel académico de tan prestigiosa institución. Stockwright era solo para personas calificadas y prestigiosas para la sociedad, y cada alumno era consciente de eso.

La vieja Chiyo, como solía llamarle Naruto, se despidió de sus alumnos y los dejó salir antes de tiempo, obteniendo un gesto de relevo y satisfacción por parte de la pelirrosa.

Juntó sus cuadernos y se dirigió a paso lento hacia el campus, no tenía apuro, ni tampoco hambre, así que buscó un aplacable rincón cerca de una enredadera que se enrollaba en una de las tantas torres del castillo y se sentó a disfrutar del afilado frío que se colaba en las partes libres de su cuerpo, acariciando su blanquecina piel y calando profundo en su ser.

La mente perdida de la pelirrosa divagó por millones de pensamientos inútiles que solo lograban estresarla al punto de querer estallar en lágrimas, entonces se separó.

Su cuerpo físico pertenecía a las raíces de los árboles que le servían de soporte en donde descansaba y su lucidez se escapó a flamear libre entre las pocas hojas que quedaban en el destartalado árbol.

Se dejó hacer, y lentamente cayó dormida entre las ramas del árbol.


-Buenas tardes, Sakura-chan.

Aquella voz la arrastraba fuera de su fantasía, estancándola en el mundo real.

El mundo triste.

-Lamento molestarte, Sakura. Pero este asunto requiere inmediata atención.

Se acomodó de tal forma en la que pudo sentarse con comodidad y fijó la vista en el hombre de cabello gris que se había arrodillado frente a ella.

-¿Qué sucede? –Preguntó olvidando completamente que estaba aun adormilada y entumecida.

-¿Te apetece ir por algo caliente para relajar tu cuerpo antes de que charlemos?

Ella asintió, aceptando la ayuda del misterioso hombre y parándose con cuidado. Sus piernas estaban dormidas y sentía millares de pequeñas agujas clavándose en su piel.

Una vez adentro Sakura fue conducida hasta su sala común, donde él le preparo un humeante té. Un poco más despierta decidió prestarle más atención al sujeto y preguntar otra vez.

-¿Qué sucede?

-Mi nombre es Hatake Kakashi. Yo era amigo de tu madre.

Inmediatamente, el par de ojos jade se abrió por completo, penetrando a los oscuros orbes frente a ella. No articuló palabra alguna y le dejó continuar.

-Sé que ella ha estado instruyéndote y me ha pedido que te ayude.

-Mi madre nunca ha hecho tal cosa.

-Tal vez no te diste cuenta. ¿Has entrado en la biblioteca?

-Sí, un amigo tiene un resumen de lo que encontramos.

-Escucha, vas a ir a la ciudad y vas a buscar a Yukata Konan. Y solo así vamos a saber quién está detrás de esto. Debe de tratarse de alguien con un inmenso poder en la sociedad, esconder cuerpos no es una tarea fácil.

-Como… ¿Cómo sabe todo esto?

El sujeto se rascó la nuca nerviosamente, evadiendo los ojos de la chica. -Yo lo viví, Sakura.

Ella guardó silencio, atenta de cada movimiento de él. Asintió y le propuso terminar el trabajo juntos, algo que él aceptó sin dudar.


Ino estaba frente a su espejo de cuerpo entero acomodando la molesta tela de la blusa púrpura que llevaba puesta. Bufó en silenció por ya casi milésima vez y se sacó la prenda.

-¿Por qué no usas mi vestido y ya? Eres molesta.

-Cierra la boca Karin. –Dijo la rubia fulminándola con la mirada y arrebatando el costoso vestido de sus manos, se desvistió frente a ella y paso el estrecho vestido por sus hombros, luego lo acomodó a su pronunciado busto y en sus bellas piernas.

Era un vestido de gaza de color negro con destellos plateados, con tirantes que se ataban detrás de su cuello, resaltando sus curvas.

-¿Dónde es la fiesta?

-En la casa de una perdedora universitaria, oí que es hermana de Gaara. ¿Vas a ir?

-No lo sé. Esa chica Sakura ha estado fastidiándome, y quiero dejarle en claro quién manda.

Ino le echó una mirada rápida a la pelirroja. Se calzó unos zapatos de taco aguja de color negro y alcanzó su chaqueta. -Sakura no es tu enemiga. -Espetó amenazante antes de desaparecer por la puerta de la habitación, dejando a Karin muy confundida adentro.

Sus tacones resonaron en el brillante mármol con su andar, descendió hasta el estacionamiento y sacó las llaves del costoso auto descapotable rojo que tenía sus iniciales en la patente, saliendo rápidamente de allí.

No le costó mucho encontrar el lugar de la fiesta, ya que afuera habían autos hasta en los patios vecinos. La casa explotaba de gente y rápidamente encontró a Tayuya, una vieja amiga que había abandonado la escuela para convertirse en modelo, cosa que no resultó tan bien.

Se saludaron con un abrazo y corrieron a la barra.

-¿Qué tomas?

-Un Martini.- Le contestó al barman con una seductora sonrisa plasmada en sus labios carmín.

Él sonrió de medio lado, preparando el brebaje para la voluptuosa rubia y dejándolo frente a ella. –La casa invita.

-Por supuesto que sí.

Y ambas chicas se fundieron en la marea de gente, moviendo sus caderas al ritmo de la música.

Giró para hablar con la pelirroja, pero se encontró con que su amiga prácticamente se estaba devorando a un lindo chico al cual no pudo distinguir. Iba a irse, pues Ino Yamanaka no quedaría bailando sola, y justo en ese momento sintió una mano traviesa deslizarse por su cintura, atrayéndola al bien formado cuerpo masculino.

No le importó quien era, solo se dejó hacer, bailando pegada al marcado pecho del chico que desprendía un aroma quela volvía loca.

Sonrió con gracia y le permitió acercarse a su rostro haciendo que sus respiraciones se mezclasen, él acortó la poca distancia entre ellos, ajustando el agarre alrededor de su delgada cintura y mordió despacito el carnoso labio inferior de Ino.

Esta casi gimió por la delicadeza de sus labios y una corriente eléctrica se esparció por su cuerpo, se sentía derretir en los brazos del desconocido y se aferró con fuerza de sus hombros.

Él tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de ella y la guio escaleras arriba. El corazón de la rubia latía a mil por hora y eso no pasaba normalmente, ella acostumbraba meterse con tontos ricos que la satisfacerían una sola vez, sin sentimientos ni ataduras. Pero esta vez su cuerpo estaba alerta y parecía sentir por completo el mundo a su alrededor.

Una vez que encontraron un cuarto cerraron la puerta con llave. Él la acorraló contra la pared más cercana, apretando sus cuerpos juntos y ella no se quedó atrás, enredó una de sus piernas alrededor de él y levantó levemente la barbilla, dejándole el camino libre para que él la llenara de besos húmedos, besos suaves que erizaban su piel. Alcanzó sus labios una vez más y los besó, sus bocas mantenían un ritmo lento y sensual el cual Ino no pudo soportar.

Dios, la volvía loca.

Se separaron por la falta de oxígeno y la rubia lo examinó, llevaba puestos unos jeans oscuros y una camisa color vino que se ceñía a su escultural figura. Entonces lo besó de nuevo, con rudeza y deseo corriendo en cada fibra de su cuerpo, lo sintió sonreír contra sus labios y enredó sus dedos en los negros cabellos de él. Y luego, cuando él había empezado a llevarla a la pequeña cama, ella se dignó a mirar su rostro por primera vez.

-¡Sai!

Y el temor se acumuló en sus ojos, se separó abruptamente del moreno y escapó de sus brazos, logrando que Sai la mirase algo… ¿Dolido? Sí, estaba dolido, e Ino se sintió morir por la expresión desconcertante de él. No quiso enfrentarlo, no lo soportaba, Sai conseguía darla vuelta como una media y no quería verse sumida en una noche de sexo sin sentido con el chico que tanto amaba.

Entonces salió del cuarto con las lágrimas escapando de sus ojos celestes y volvió a la pista de baile.

-¡Ino!

Tayuya agitaba en sus manos dos botellas de cerveza y le tendió una a la rubia, esta se la tomó en un santiamén.

-¿Qué tienes? No estas bailando con ningún…

-Basta, no quiero oír estupideces. –La amenazó antes de que la otra pudiese protestar.

Tayuya, quien ya tenía unos cuantos tragos encima, se encogió de hombros.

-Hey, Ino.

-Hola Tenten. ¿Qué haces aquí?

Sorprendida se giró hacia ella, aun atontada por Sai. A decir verdad, Tenten y la rubia mantenían una relación decente, no se llamaban amigas entre ellas, porque no tenían la confianza suficiente, pero eran algo parecido a eso. La castaña le sonrió y negó con la cabeza.

-Neji rompió conmigo.

La rubia la miró consternada, musitando un "lo siento", Tenten sonrió restándole importancia y le invitó un trago, que no le venía nada mal.

Ino la observó mientras caminaba frente a ella, tenía puesto unos shorts plateados de tiro alto con un ajustado top negro, combinado con unas botas altas de color negro. Tenten era muy bella cuando se arreglaba, aunque normalmente se enfundaba en el uniforme escolar o un sweater gigante que escondía sus curvas.

La morena pidió una ronda de tequila para ambas, y se fundieron en la tristeza silente juntas sin saberlo, sus corazones se llenaron de alcohol, sanando las heridas abiertas al mismo tiempo que las hacía arder con fuerza, llorando lagrimas invisibles mientras bebían sin parar.

Ino no entendía el porqué de sus acciones ni tampoco quería.

-Sai dijo que le gustas

-No es cierto…

Dos niñas estaban jugando en el patio del edificio de primaria, apenas habían cumplido los once años.

Los cortos cabellos rubios de Ino flamearon en el viento otoñal, liberándose del dolor profundo que sentía esta en lo más profundo de su alma, acompañados de un bajo suspiro cargado de angustia.

Karin bajó la mirada al no poder consolar a su amiga. –Es un patán, pro aun así no creo que mienta.

-Él solo dice eso para engañarme… Es lo que todos hacen.

Justo en ese momento un moreno caminaba por el patio al lado de su mejor amigo, Sasuke Uchiha. Ninguno pareció notar a las niñas que los contemplaban como si de estrellas fugaces se tratara. Ambas estaban perdidamente enamoradas, Ino de Sai, y Karin de Sasuke.

Los muchachos nunca fueron muy amigos de demostrar sus sentimientos, Uchiha Sasuke disfrutaba romper corazones mientras que Sai solo ignoraba.

Una vez Sai le dio un beso a una niña frente a Ino. Según sus otros amigos, había sido un reto que debía cumplir para que no le llenaran los calzoncillos de renacuajos durante la noche. Pero la rubia no se creyó una palabra, y juró nunca delatar su amor hacia el moreno.

Ellos crecieron, Sai se volvió más frío e Ino más calculadora, se distanciaron e ignoraron entre ellos durante años. Hasta que Sai vio llorando a la rubia cerca del teléfono público del colegio y decidió preguntarle que le pasaba.

Karin por su lado nunca se dio por vencida, y a pesar de haber sido rechazada por el moreno incontables veces, este acudía a ella cuando sus zorras de turno estaban ocupadas. Estaba feliz de haber conseguido semejante logro, su amado la quería, por una noche, pero la quería, solo a ella, y eso lograba darle la motivación para seguir luchando por su amor. Claro que Sasuke no fue el único en su vida, pero ella lo catalogaba como el más importante.

Ahora Ino tenía dificultades para sacar una palabra completa de su boca, se trababa y su lengua parecía haberse dormido.

Caminó sola por la pista de baile, divisando a varios de sus compañeros de clase allí: Kiba, Kankuro y Lee bailaban felices, cada uno con una bebida en la mano. Por otro lado estaba Shino, intentando seducir a una muchacha que tenía los ojos clavados en Shikamaru, este a su vez coqueteaba con una rubia alta que no parecía prestarle atención.

No vio a Sai en ningún lado y se sintió un poco más aliviada.

En otra esquina vislumbró una mata rosada que se movía de aquí para allá; era Sakura.

-¡Sakura! –Le llamó.

La ojijade corrió hacia ella con una expresión terrorífica en el rostro.

-Ino, debo encontrar a Tenten y sacarla de aquí, ayúdame.

Ino achicó los ojos, intentando enfocar la vista y a la vez sus pensamientos. –Está en la barra-. Articuló con dificultad. -¡Espera! Yo también voy.

Sakura empujó a varias personas para dirigirse a la barra, donde encontró a Tenten con la cabeza apoyada en la fría madera donde servían los tragos.

-Tenten…

La sacudió impaciente, gritando su nombre repetidas veces, pues la música amortiguaba cada sonido.

-¡Lee!

El aludido saludó a Sakura con la mano apenas la vio, y camino aún bailando hacia ella. –Hola Sakura-chan.

-Lee, ayúdame, hay que sacar a Tenten de aquí, una maniática dijo que vendría por ella.

Él pareció no entender, Sakura hablaba demasiado rápido y gesticulaba cosas extrañas.

-¡Solo ayúdala, idiota! –Le grito Ino finalmente.

Sakura pasó a Tenten bajo sus hombros, y Lee la ayudó a llevarla hacia la salida.

Kiba notó la revuelta, dándole su cerveza a Kankuro y empujando a todo aquel que se cruzaba en su camino para llegar a sus amigos.

-¡Oye! –Oyó que le gritaron, y se dio la vuelta.

Grave error.

Un puño cerrado se estrelló contra su rostro, haciéndole caer sobre algunas personas que bailaban detrás de él. Kiba reaccionó rápido e intentó atacar al imbécil que le había pegado, era mucho más alto que él y tenía el cabello rubio, atado en una coleta alta. Este solo aprovechó para clavar unos cuantos golpes en el pecho de Kiba.

-Esperen, Kiba tiene problemas. –Musitó Lee.

Sakura abrió los ojos de par en par, tratando de retroceder lo más posible, ahora cargaba con una desmayada Tenten por sí misma, ya que Ino estaba demasiado borracha como para ayudar y Lee había ido a ayudar a su amigo.

Kankuro fue a buscar a Shikamaru, quien protestó al ser despegado de la hermana del primero. Se había formado una ronda alrededor de los protagonistas de la peligrosa pelea, que no parecía tener fin.

-¡Deidara! –Le gritó un chico pelirrojo arrojándole una botella de cerveza que podía usar para golpear a Kiba.

Shikamaru se percató de esto y literalmente tackleó al rubio, golpeándolo al mismo tiempo. Kankuro aprovechó para levantar a un dolorido Kiba del suelo y llevarlo fuera de allí.

Por su parte, Lee intentaba separar la pelea de ahora Shikamaru, un par más de personas intervinieron en la separación, y entonces ambos chicos pudieron escapar.

Lee volvió pronto con Sakura, ayudándola con Tenten y saliendo de la propiedad, detrás de ellos salieron Ino, Kiba, Shikamaru y Kankuro.

-¡Sakura! –Le gritó Shikamaru extendiéndole a la pelirrosa las llaves de su camioneta.

Captando la indirecta, dejó que sus amigos se sentaran en la parte de atrás, ella se sentó en el asiento del conductor, con Ino y Shikamaru a su lado, ya que no entraban en la parte de atrás.

-¡Arranca!

Por el espejo retrovisor podía apreciar como aquel rubio se acercaba a ellos, seguido por un grupo de gente, entre ellos Sasori.

Clavó su pie en el acelerador y salió por la autopista.

-¿Qué diablos fue eso?

-Tenten no despierta.

Todos hablaban al mismo tiempo que Shikamaru le daba instrucciones a Sakura para salir de allí sin que pudieran perseguirlos.

-¡Cállense todos! –Gritó Sakura de una vez. –Fui a buscar a Tenten porque Hinata me lo pidió, dijo que ella y Neji rompieron.

-¡Kiba!

Kankuro observó con pánico como de la boca de este se escurría un viscoso hilo de sangre. –Debemos ir a un hospital, Sakura.

-No, es peligroso.

-¡Están detrás nuestro!

Y era verdad, estaban siendo perseguidos por dos camionetas negras repletas de adolescentes borrachos, y con armas.

Sakura frunció el ceño. Si para algo era buena, era para escaparse de todos lados sin ser vista, y manejar no se le daba mal tampoco.

Dobló en un pequeño pasaje luego en otro más, perdiendo a las camionetas.

El asiento de atrás estaba repleto de sangre proveniente de Kiba. Lee mantenía a Tenten encima de él, por lo que Kankuro pudo romper un poco la manga del castaño y atar un pequeño pero eficiente torniquete alrededor del brazo de este, que había sido gravemente herido durante la pelea.

Ino parecía estar en blanco, en su cabeza había ruido y silencio a la vez, era como un ruido lejano que la mantenía en un limbo. Escuchaba los jadeos de preocupación de Kankuro y la respiración agitada de Lee. Tenten y Kiba estaban callados, no sabía bien porqué. Shikamaru le daba órdenes bajito a Sakura y ella las ignoraba.

No sabía en donde estaban, Sakura se negaba a detener la camioneta o bajar la velocidad, sin importar las súplicas y los "no tengo seguro" de Shikamaru. Estaba perfectamente concentrada en manejar y perder al enemigo.

Volver al instituto era riesgoso, ya que era una carretera larga sin entradas, y si los seguían no tendrían escapatoria, optó por dar unas vueltas en la ciudad, y luego se estacionó frente a un local.

Una de las camionetas pasó a su lado a al menos cien km por hora. Suspiró aliviada y emprendió la marcha nuevamente, esta vez con destino a Stockwright.

Consiguieron bajar a los dos adolescentes desmayados y entrar al edificio sin problemas, Ino se ocupó de llevar a Tenten a su cuarto con la ayuda de Lee, y el resto acompañó a Kiba a su cuarto, donde Shikamaru le practico una serie de primeros auxilios. Sakura caminaba de aquí para allá con su mano derecha tocando su sien, dándole vueltas al asunto.

Esa persona que había salido al lado del que dejó a Kiba en tan malas condiciones no era nadie más que Sasori. Tenten había recurrido a la bebida gracias al idiota de Neji, y era difícil saber si no sufría de un coma alcohólico, y para colmo no podían consultar con Ino porque la rubia se encontraba en un estado de shock.

-Estará bien. –Dijo Shikamaru, logrando que los presentes fijaran la vista en él, y luego en Kiba. –Será mejor que se vayan, ya está amaneciendo y si el decano los descubre nos ganaremos un buen castigo.

Kankuro se ofreció para acompañar a Sakura a su dormitorio, pero esta se negó.

Y se fue.

Se fue sola como una niña pequeña, caminado por los embrujados pasillos de la que sería su prisión, su más preciada prisión, donde conoció a sus verdaderos amigos, donde entendería al amor, donde comenzaría a ser Sakura Haruno, y no una fugitiva de su propio padre.

Y entonces Sakura lo supo.

No estaba sola.

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Estoy de tan buen humor que les estoy regalando capítulos.

Espero que sean de su agrado.

-Ocean Dust.