Capitulo VII

Efectos del Pasado

La noche guarda por vos

La lluvia te espera,

¿qué es ese mundo para todos?

Sin tu voz, sin tu luz,

Efímero el planeta perderá sentido,

Así esta escrito, así será.

Inuyasha se sentía mal, su cabeza daba vueltas en un limbo infinito, acababa de jurar la eternidad o lo que falte de ella a Sango y justo en ese momento apareció esa persona a quien había jurado lo mismo en el pasado, Kagome había regresado, ya no era una alucinación o un sueño generado por la fiebre, era ella, tal y como la recordaba, el pecho comenzó a apretar su corazón, sus pulmones, el ama, aún quería a Kagome pero, este nuevo sentimiento que había almacenado por Sango después de mucho tiempo, cómo habría de explicarlo si él mismo no lo entendía, la noche apenas empieza, camina por la aldea con Sango de la mano y Kagome al otro extremo, los grillos cantan, las luciérnagas luminosas hipnotizan y él se mantiene fuera de todo, perdido hasta que el punto de destino lo hace por fin reaccionar.

Llegaron a la choza de Kaede y se sentaron alrededor del fuego, los cuatro quedaron uno frente al otro, Kagome frente a Sango, Inuyasha frente a Kaede, un silencio los demoro por unos segundos, hasta que Kagome comenzó la charla, aunque no pensaba toca el tema del bebé de Sango e Inuyasha sobre las cosas nuevas que ahora sabía.

- Bien, los he traído aquí por varias cuestiones, no quisiera incomodarlos pues apenas floreció la paz en sus corazones, pero… Se aproxima un gran acontecimiento en estos tiempos, un nuevo enemigo, quizás más fuerte que Naraku, no lo sé bien pero estará en poco más de un año aquí, por eso he podido cruzar el pozo de nuevo, tenemos que vencerlo juntos.

- ¿Sabes algo acerca del enemigo Kagome? - cuestiono Kaede

- Si sé más especifica. - agrego Inuyasha

- Se trata de un tal Sahir, y tratará de buscar uno de los tres ocres que se encuentra aquí para abrir las puertas del infierno, en la mitología de mis tiempos se le conoce a este suceso como el fin de las bestias, la muerte del demonio y el nacer del hombre…..

- Entonces Inuyasha…. - dijo Sango un poco consternada.

- Él será el último con vida, esta gran guerra que se aproxima no me esta aún del todo claro, ¿Saben algo de los ocres y sobre una valiosa lanza plateada? -

Kaede llamo la atención de los presentes después de las preguntas de Kagome.

- Yo les diré lo poco que sé de todo esto gracias a un viejo pergamino que vi hace casi quince años, se supone que los tres ocres abrirán la gran puerta sellada, el ocre de las tierras nevadas y las noches luminosas, el ocre del desierto y el gran río, y el ocre de la flora de cerezo y los demonios, sólo sé que el ultimo se encuentra aquí, de los otros no conozco un relato ni prueba de su existencia.

- ¿Y que se supone que haremos anciana?

- Esperar Inuyasha - contesto Kagome - No podemos hacer nadamas pues vendrá de muy lejos más allás del mar que nos rodea.

El silencio volvió a devorar al grupo por algunos minutos, se respiraba tensión en los cuatro individuos que rodeaban el fuego.

- Creo que es hora de dormir, me quedaré algunos días, después investigare todo lo que pueda del tema en mi época. ¿Está bien?

- Sí Kagome, también necesito descansar - dijo Sango

- Gracias Kagome - dijo Inuyasha tanto él y Sango abrazaron a Kagome y salieron de la cabaña, Kagome sólo les dijo que le daba gusto verlos juntos ya que así debió ser desde el principio.

Cuando Sango e Inuyasha llegaron a la choza de Sango hablaron de otros temas, hasta que Sango interrumpió.

- ¿Dormirás aquí Inuyasha?

- No lo sé, soy un Hanyou de nuevo creo que puedo soportar cualquier helada.

- Pero, creí que si somos compañeros sería correcto que te quedaras

- Así será Sango

Inuyasha beso la frente de Sango que se sonrojó y mostró una sonrisa débil pero sincera y bella, ambos entraron a la cabaña y durmieron juntos el resto de la cálida noche, ahora ya nada importaba, sólo ellos.