Escrito por MagnetG216
No dije nada por los siguientes 20 minutos, pero cuando el silencio comenzó a ponerme incómodo decidí hacerle una pregunta a la chica que tenía enfrente.
-Y... ¿ustedes son las únicas?- mi pregunta pareció afectarle un poco.
-Ahora mismo... si, solo somos nosotras- dijo agachando la cabeza.
-...- permanecí callado.
Fueron las únicas palabras que intercambiamos, y decidí no tocar más ese tema; al final perdimos el rastro del perro, y decidimos que sería mejor regresar.
Antes de marcharnos, Yuuri había acordado encontrarse con Kurumi y Yuki en la misma tienda de ropa donde desperté. Al llegar ahí, las demás chicas preguntaron si habíamos encontrado algo.
-No logramos seguir al perro, quizás sólo es callejero- habló Yūri
-Awww- respondió Yuki con lagrimas en los ojos. -Seguramente se asustó, ¡Ya se!, volvamos a buscarlo y tal vez...-
-Recuerda que no se permiten mascotas en la escuela- dijo cortantemente Kurumi.
Yuki hizo un puchero.
-Yuki-chan, ¿por qué no vas a ver alguna camisa que te guste?- Sugirió Yūri
-¡Sii, les escogeré ropa a todos!, vamos Megu-nee- se alejó dando pequeños saltos de vez en cuando.
Cuando Yuki estaba lo suficientemente lejos para no escuchar nuestra conversación, las dos comenzaron a hablar.
-Tan solo nos hace falta algo de comida, la tienda que encontramos estaba casi vacía- dijo Yūri
-Iremos tan pronto como consigamos toda la ropa necesaria- respondió Kurumi -Que mala suerte que no encontramos nada-
Recordé entonces el aspecto que tenía el perro.
-Algo no cuadra- dije, lo que atrajo miradas de confusión de ambas -Ese perro parecía estar bien alimentado, además que no presentaba ninguna mordida, y para que eso suceda...-
-Tuvo que haber estado con alguien- repondió Kurumi
-Exacto, así que es posible que haya alguien más en el centro comercial- dije.
-Pero no podemos arriesgarnos y buscar a su dueño, no con Yuki- argumentó Yūri
-No comprendo, pero supongo que tienen razón- contesté
-Muy bien, ahora vamos a...-
-Yo mismo iré a buscar si hay alguien- dije decidido.
-¡¿Eh?!- exclamaron Kurumi y Yūri al unísono.
-Ustedes vayan a donde tengan que ir, yo regresaré lo más rápido posible- dije acercandome a la puerta principal del establecimiento. -¿Podrían darme mi mochila por favor, y de paso desatarme?-
-No irás a ningún lado- dijo Kurumi impidiendome el paso.
-Pueden inspeccionar mi mochila y sacar todo lo que consideren "peligroso", tan solo confíen en mí- la miré a los ojos firmemente...
Efectivamente eso hicieron, pero no aceptaron mi propuesta de ír solo a investigar. Se estaban preparando para irse, pero yo permanecí sentado en el suelo.
-Debí haberlo imaginado, obviamente no confían en mí- suspiré. -Bueno, supongo que tendré que hacerlo yo mismo-
Tenía las manos atadas, pero usando un gancho que encontré cerca de mí, logré extraer algo que tenía dentro de mi bolsa del pantalón.
-Eureka- susurré de felicidad al ver la pequeña navaja suiza que siempre traigo conmigo.
Tardé unos minutos en cortar la cuerda, cuando ésta cedió, disimuladamente dirigí una mano a mi mochila y tomé una bolsa, lo único que quedaba dentro.
Cuando ninguna estaba viendo, salí corriendo. Al verme, Kurumi corrió tras de mí, pero me escabullí entre los pasillos y las tiendas, y ella me perdió de vista.
-Maldición- dijo enojada Kurumi mientras volvía a la tienda de ropa.
-¡¿Qué pasó, cómo se liberó?!- preguntó nerviosa Yuuri
-No lo sé, pero dejó su mochila- respondió la chica mientras inspeccionaba mis pertenencias.
Cuando me aseguré de que Kurumi había dejado de seguirme, comencé a caminar rumbo al otro extremo del centro comercial.
-*Fuu* Se nota que ella estaba *Fuuh* en el equipo de atletismo- respiré agitadamente mientras recobraba el aire.
Volví al pasillo principal, pero por alguna razón había demasiados zombies.
-Maldición- me quejé mientras pasaba cautelosamente por las tiendas. -A este paso nunca llegaré-
Ya había recorrido un buen trayecto, pero no lograba avanzar por una gran multitud que se encontraba frente a mí.
Entonces un pequeño animal se acercó rápidamente a mí -Hey, eres el mismo perro que habíamos visto- lo atrapé y comprobé que efectivamente estaba libre de mordeduras. -¿Donde te habías metido? Te habíamos estado bus...- éste se soltó y siguió corriendo hasta que lo perdí de vista.
Entonces, un sonido atrajo mi atención, un vidrio quebrandose. Todos comenzaron se dirigieron hacia la fuente del sonido.
-No se escucha tan lejos, si es otra persona, está en un gran aprieto- comencé a correr, en dirección al sonido, entrando en las tiendas para evitar quedarme sin salida.
Me encontraba a unos 50 metros de distancia, cuando logré a quien había causado el sonido...
Unos minutos antes...
En un pasillo cercano a las oficinas de atención al cliente, tras una de las puertas que parecía estar obstruída con numerosas cajas, se escuchabó una voz.
-¡Taromaru! ¡No vuelvas a salir, es muy peligroso allá afuera!, además... no se que haría si algo te pasara... y me dejaras sola...- dijo con lágrimas en los ojos una chica que aparentaba ser de preparatoria, con cabello rubio y corto. Ella le hablaba a un pequeño perro que se encontraba en sus brazos, pero que no parecía estar muy alegre de estar con ella.
El perro ignoró cada una de las palabras que decía la chica y comenzó a ladrar al exterior de la puerta.
-¿P-pasa algo?- comenzó a asustarse la chica, guardó silencio y esperó por unos segundos antes de ponerse de pie.
-No escucho nada...- susurró a la vez que se acercó a la puerta, apartó las cajas una por una, y tomó la manija. Abrió lentamente y poco a poco la puerta, para asegurarse de que si había alguno de ellos cerca, no se dieran cuenta de donde estaba.
Cuando logró ver un espacio, Taromaru salió corriendo y se alejó rápidamente por el pasillo.
-¡Taromaru!- gritó, lo que atrajo la atención de demasiados de ellos. Ella al verlos acercarse, entró en pánico, tomó rápidamente su bolsa y comenzó a correr en la misma dirección a la que se había dirigido el perro.
Corrió por entre los pasillos, pero cada vez más de ellos aparecían, en un intento de doblar una esquina, fué sorprendida por uno de ellos. Sangre goteaba de su boca, y su piel era tan palida como la de un cadáver. La chica perdió el equilibrio y chocó contra un vidrio, que pertenecía a una tienda de joyería.
El vidrio se rompió y los millones de fragmentos de cristal se esparcieron por todo el suelo. Al caer, algunos cristales se incrustaron en el brazo y piernas de la chica, produciendo un dolor enorme, y haciendo que ella casi no se pudiera mover.
Se dió cuenta de que más de ellos estaban acercandose, y lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos.
Estaba perdida, no podía hacer nada. El intenso dolor estaba nublando su vista.
-K-kei... lo siento-
Corrí lo más rápido que pude, pero habían demasiados de ellos. Me agaché y saque de mi pantalón la pequeña bolsa que había obtenido anteriormente de mi mochila.
Dentro de la bolsa había una gran cantidad de canicas de cristal.
-Espero que funcione- dije mientras tomaba un puñado y me preparaba para lanzarlas lo más lejos posible.
-¡OIGAN IDIOTAS!- grité lo más fuerte que me permitieron mis pulmones.
Al escuchar mi voz, la chica giró su cabeza y cruzamos miradas.
-¡VENGAN ACÁ!-
Entonces arrojé todas las canicas que había en mi mano tan lejos como pude, éstas al caer en el suelo producieron un ruido muy fuerte.
Todos los zombies comenzaron a dirigirse hacia donde habían caído las canicas, así que aproveché y fuí corriendo a ayudar a la chica.
-¿Estas bien?, ¿Puedes caminar?- pregunté mientras me agachaba para revisar sus heridas. -Sabía que estabas aquí-
Ella me miró a los ojos.
-N-no puedo... m-mi pierna- dijo en voz baja, parecía agotada y sus heridas parecían impedirle el movimiento.
-Tienes fragmentos de vidrio clavados en el brazo, espalda y piernas...- dije, entonces me percaté de que las canicas habían dejado de producir ruido, solo era cuestión de tiempo hasta que nos acorralaran de nuevo.
-*Fuuuh* por qué siempre tengo que hacer yo todo- me quejé -No puedo dejarte aquí-
Entonces coloqué uno de mis brazos debajo de sus piernas y con el otro sostuve su cabeza.
-Una, dos y... ¡Tres!- con esfuerzo la levanté.
-¡E-eeek!- lanzó un chillido, y su rostro se tornó color carmesí. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Resiste un poco, te llevaré con las demás- dije con algo de dificultad y comencé a correr con aquella chica entre mis brazos.
Habrán pasado un par de minutos, pero para mí fué una eternidad.
Llegué porfín a la tienda de ropa donde había conocido a las chicas, pero ellas ya nos e encontraban ahí. Bajé a la chica por unos momentos para descansar.
-¿E-estás bien?- me preguntó
-S-si solo necesito un r-respiro- mi voz sonaba agitada por el cansancio. -Tal parece que no están aquí-
Me levanté y observé a mi alrededor. En el suelo encontré algunos palitos luminosos, indicando que habían estado aquí hace poco. Podía ver la entrada principal, ví algo extraño entonces; entrecerré los ojos y logré divisar a Yuki salir por una de las puertas corriendo.
-Maldición, tenemos que alcanzarlas- dije, tomé fuerzas nuevamente y la levanté.
Me dirigí hacia la puerta principal, pero las escaleras eléctricas estaban plagadas de zombies, y por atrás se acercaban cada vez más.
Miré a mi alrededor y pude ver un gran piano que se encontraba a ún lado de las escaleras.
-Sujétate- le dije a la chica, ella me obedeció y apoyando una pierna en el barandal de las escaleras salté y caí sobre el piano.
Mi pié se había torcido por la caída. Ninguno sabía que hacer, ella no podía caminar y yo no podía llevarla. Así que la única opción que teníamos era pedir ayuda.
-¡AYUUUDAA!- ambos gritamos con las últimas fuerzas que teníamos.
Kurumi, Yuuri y Yuki habían salido del centro comercial, y se disponían a entrar al automóvil para regresar a la escuela.
-Fué bueno salir- dijo Kurumi a la vez que metía su mochila en un compartimiento del vehículo.
-Sí, encontré muchas cosas interesantes- respondió Yuuri. -¿Qué crees que pasó con Takahashi-kun?
-No me interesa, él se fué por su cuenta, además...- comenzó a hablar Kurumi, pero fué interrumpida.
-¿Escucharon eso?- dijo Yuki mirando hacia la puerta del edificio.
-¿Qué cosa?- preguntó Yuuri
-Megu, ¿tú lo escuchaste cuerto?- insistió Yuki mirando a su maestra
-N-no Yuki-san, yo no...?-
-Alguien nos llama...- Yuki comenzó a correr.
-¡Yuki!- gritaron Kurumi y Yuuri, y corrieron en la misma dirección que su compañera.
Los zombies comenzaban a agruparse frente al piano, y al tratar de alcanzarnos presionaban las letras y producían más sonido.
-¿Q-qué hacemos?- preguntó la chica aterrada.
-Eh... Emmm... yo- traté de pensar, pero no lograba encontrar nada.
Entonces ambos la vimos...
Una chica... de uniforme azul con blanco, cabello rosado y ojos del mismo color... con un extraño sombrero negro y unas calcetas rosas con puntos blancos.
-Yuki- dije en mi mente, mi garganta estaba demasiado seca para articular palabras.
-Mas... personas- dijo en voz baja la chica
Detrás de ella llegaron otras dos chicas, una de cabello castaño y largo, y la otra de cabello color morado obsuro.
Yuki comenzó a correr en dirección nuestra, las demás trataron de detenerla, pero ella siguió adelante.
Fueron rodeadas en poco tiempo, eran demasiados como para que Kurumi se encargara.
Quería ponerme de pié, ayudarlas para que pudieran salir con vida... pero estaba demasiado agotado.
-K-kyaa- oí un grito de la chica.
Uno de ellos había logrado agarrar su pié, traté de ayudarla, pero más tarde otro se le unió. Nuestra fuerza no era comparable con la de ellos.
Yuuri entonces sacó de su mochila un pequeño llavero.
-¡Todos, tapen sus oídos!- gritó y todos la obedecímos, ella retiró la parte de la correa del pequeño artefacto y éste coemnzó a hacer un ruido ensordecedor.
-¡Una alarma!- grité para mis adentros.
Todos los zombies permanecieron en el lugar, abrumados por el sonido, y Yuki aprovechó el momento para acercarse a nosotros.
-¡Ven conmigo!- le dijo a la chica de cabello corto, estirando su mano.
Kurumi se acercó a mí y trató de ayudarme a bajar de encima del piano.
-¡Rápido, tenemos que irnos!- dijo a la vez que me ayudaba a caminar.
Todos nos subimos, aunque un poco apretados, al automovil. Yuki y la chica de cabello corto se quedaron dormidas rápidamente.
-Tenía... razón- pronuncié las últimas palabras con una voz áspera y ronca, antes de perder el conocimiento.
