Capítulo Seis: Pactos

El cielo; recubierto de nubes plomizas que, por momentos cedían su dominio en el amplio firmamento, para dejar entrever algún que otro rayo solar que asomara por entremedio de ellas; envolvía todo a su alrededor.

Era inconcebible pensar que minutos antes, el atardecer estaba en su punto pleno, con tintes rosados impresos sobre el mar y a lo largo de la bóveda celeste sobre sus hombros, y que ahora presagiaba una inminente tormenta, de ésas que uno recordaba durante años.

El viaje fue uno de los más tensos e irritantes que le tocó vivir en lo que llevaba de vida.

Irritante porque sabía que por su bien y por el de ella, tenía que ser excesivamente cuidadoso para no emitir ningún tipo de comentario que pudiera perturbarla o alterar su humor, ya de por sí explosivo y candente. Y tenso porque no sabía cómo se suponía que iba a encarar el enorme problema que tenían delante.

Si al menos se conocieran desde algún tiempo atrás...

-Antes de conversar amenamente contigo-Su tono de voz exudaba sarcasmo, sin lugar a dudas-Me gustaría ir a mi casa en busca de algo de ropa, porque por como se me figura todo,-Dijo en cuanto él logró estacionar en su lugar habitual- pasaremos más tiempo del que yo, deseaba o esperaba, juntos.

Él asintió, contrito, al tiempo que la observaba bajar del auto, y encaminarse hacia el ascensor que la trasladaría dieciséis pisos más arriba; hacia su casa. Al tiempo que él también descendía del vehículo en que anteriormente los transportaba a ambos en su interior.

-Te esperaré en mi casa-expresó, entre tanto activaba la alarma del auto, y recorría el mismo camino que ella, unos pasos más atrás-Te doy un plazo de media hora, sino apareces en ese tiempo; iré a buscarte, con la policía si es necesario.-le advirtió… aunque ni él mismo sabía el por qué le era necesario hacerlo.

Ella detuvo su andar, y giró el cuerpo apenas un cuarto, sólo lo suficiente para mirarlo por sobre el hombro. Sus ojos, lo observaron como si fuera el insecto más pequeño, insignificante, detestable y molesto que tuviera la audacia de permanecer frente a ella.

-Por si no lo recuerdas a cabo de pasar una tarde entera, con esos seres uniformados alrededor mío, hace tiempo que les perdí el miedo.-le retrucó gélidamente- De todas formas, puedes estar seguro de que en media hora estaré en tu casa.

-Él volvió a asentir, y permitió que ella abordara el elevador sola; a pesar de que tan sólo los separara un piso, y perfectamente podrían haber compartido el viaje. Tal vez debería empezar por darle un poco más de libertad e intimidad, y de paso, otorgársela a sí mismo. Después de todo, no sabía por cuanto tiempo tendría que subsistir sin esas dos cosas, que toda la vida le habían resultado indispensables.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Sacudió su brillante melena color caoba con abundantes reflejos rubios, expuestos al brillante sol, y una incontenible sonrisa asomó a sus labios.

Ese día se sentía otra… pero no era tan sólo una sensación vacía y un anhelo carente de causa… era otra.

-Satisfecha contigo misma?

Miró detenidamente al hombre que tenía sentado a su lado, y si fuera posible su sonrisa se ensanchó. Su pelo de un habitual negro brilloso, resplandecía con tintes azulados al igual que sus ojos prácticamente del mismo tono… a veces se preguntaba por qué no era capaz de enamorarse de él… después de todo, la había ayudado en tanto…

Pero se recordó que ella no podía enamorarse de nadie.

-Por qué lo dices?-Inquirió al tiempo que lamía infantilmente su helado de cereza servido en un alto cucurucho-.

Él hizo una seña con su cabeza, indicando su cabello.

-Siempre tuve el deseo de hacerme algo distinto, pero nunca me atreví-se encogió de hombros-Al menos, de toda esta macabra situación algo bueno ha resultado.

-Eso es una de las cosas que más me gustan de ti, logras encontrar algo positivo, hasta en el hecho de estar muerta.

Esas palabras podrían sonar incongruentes-de hecho lo hacían- e insensatas a oídos de cualquiera; sin embargo, a ella la hicieron expresar nuevamente en su ovalado y delicado rostro, un mohín de verdadera alegría.

No se sentía tan feliz desde… desde hacía mucho tiempo.

Alejando de su mente las perturbadoras imágenes que acudieron a su mente, miró a la persona que había sido mucho más que un amigo para ella el último tiempo, y dijo:

-Yo no estoy muerta, de hecho es la primera vez que me siento realmente viva en mucho tiempo, el que haya tenido que renunciar a un nombre, no ha sido ni por asomo lo más difícil que he tenido que hacer para llegar a esta situación-al ver que él la miraba con curiosidad, explicó- Hasta ayer, no me había dado cuenta de lo mucho con lo que cargaba a expensas; al morir "ella", siento que murió la parte más acongojada y sufriente de mi ser; de modo que ahora puedo ser realmente quién quiero ser, sin molestarme porque alguien me ataque al doblar la esquina,…o que mi familia desaprueba cada cosa que haga… o que los recuerdos me atormenten todo el tiempo… al menos por un período de mi vida.

El joven a su lado asintió, y parecía dispuesto a emitir un comentario, cuando el sonido de su teléfono celular se interpuso. Con el ceño fruncido, tomó el diminuto aparato negro con bordes plateados, y luego de mirar el número que se presentaba en la pantalla color y de deliberar un tiempo consigo mismo, atendió la llamada.

Repentinamente sintió que la sangre dejaba de fluir libremente por sus venas, y que se tornaba súbitamente densa… él estaba hablando nuevamente con ése tono de voz. "Oh, no por favor, no ese tono de voz nuevamente" .

Tras unos segundos de conversación- en la cual más que nada él se dedico a escuchar y a asentir de vez en cuando-, cerró el diminuto teléfono y la miró a los ojos directamente. Con esa expresión tan conocida y a la vez tan temida.

-Qué es lo que sucede ahora?-Su tono de voz ya no era asustadizo, sino más bien resignado; ella sabía que ese idilio no podía durara para siempre.

-Li, Mei-Ling ha renacido.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Sin la necesidad de una segunda mirada a esos ojos color moca supo que sus terribles sospechas se vieron fundadas.

Ansiaba, más que esperar, ver compasión en sus iris. No obstante, lo único que pudo apreciar fue una sincera y absoluta preocupación.

Por ella.

Intrínsecamente dentro de si misma, sabía que eso era bueno… realmente bueno; sin embargo, años de ser dejada de lado e ignorada por la gente que realmente le importaba, dieron su fruto.

Ocultó sus herrumbrosas emociones bajo una capa de indiferencia delineada en su rostro, y e levantó con un brioso movimiento de su mano al apartar las sábanas.

Gracias al cielo, Dios no decidió hacer de ese momento, la oportunidad para que saltaran sus recientes puntos y la detuvieran. Por este motivo, pudo sentarse y ponerse en pie sin ninguna dificultad.

Casi aliviada porque él no le había exigido ningún tipo de explicación, dio un paso hacia delante y luego otro; cando creía que estaba lo suficiente alejada del lecho como para respirara con tranquilidad, una fuerte y ancha mano se posó sobre su antebrazo, deteniendo instantáneamente su andar.

En ese momento, notó que al no mirarlo mientras trataba de alejarse, había sido un error… puesto que le había dado la perfecta oportunidad de analizar cada uno de sus movimientos y calcular el momento exacto en que debía interceptarla.

Por un instante, ella manejó la posibilidad de ignorarlo y proseguir con su camino hacia el baño. No obstante, la curiosidad pudo más con ella.

Giró su cabeza, apenas lo necesario para mirarlo por encima del hombro derecho, y desde allí observó asombrada, la expresión en el rostro del moreno.

En él se dibujaban una mezcla insensata de emociones; comprensión, preocupación, dulzura, enojo y… hasta odio.

A ella le dolió más contemplar eso que si hubiera, en cambio tan sólo una expresión de lástima. Eso era algo con lo que podía lidiar… puesto que estaba acostumbrada a hacerlo.

Pero esa mezcla de sentimientos, era demasiado para ella.

Volviendo su cabeza a su posición original, prácticamente arrancó su brazo de la mano de él que lo sostenía, y se dirigió rápidamente al baño, sin mirar hacia atrás, y cerrando la puerta con llave detrás de ella.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Sintió deseos de gritar, llorar, golpear, arrojar cosas para ver cómo se estrellaban por una pared… hasta de matar a alguien, Cualquier cosa que pudiera ayudarla a apaciguar la terrible impotencia que sentía.

-Qué quieres decir con eso?- preguntó finalmente, el único gesto que demostró que la situación la molestaba en exceso, fue el que tiró su helado sin siquiera fijarse en él, en el pote de basura que había junto a ella.

Se hallaban cómodamente sentados en el banco de una plaza común y corriente, de espaldas al arenero donde jugaban los niños y sus madres los vigilaban; el lugar más cálido y apacible que lograron encontrar para celebrar y gozar de su nueva identidad… aparentemente, eso iba a terminar.

-No te preocupes, tú continuas estando muerta-dijo él como si se le hubiera olvidado un pequeño e insignificante detalle… Aunque en realidad, tanto para sus oídos como para los de cualquiera, esa frase no tenía sentido.

-Eh?-exclamó ella estupefacta- Podrías, por favor explicarm…

-Quiero decir-la interrumpió él, molesto consigo mismo al notar que sus anteriores palabras no guardaban concordancia alguna- Que para la Institución, continuas bajo tierra… bueno, no literalmente, pero si sin vida; sin embargo, no así para el mundo real.

-Puedes…-comenzó a decir ella, exasperada, al notar que su explicación la había confundido aún más.

-Sí, si claro- volvió a interrumpirla- lo que sucede es que el puñado de mequetrefes que domina tu caso dentro de la Institución, ha decidido lucrar con tu muerte… o mejor dicho, con la gente que no quiere verte muerta; dicho de otro modo, ha enviado un video a todos los medios de comunicación, en el que apareces atada e inconsciente en el suelo de una camioneta-deduzco, que eso fue hecho antes de que te llevaran conmigo, pero bueno… no tuve forma de preverlo- y reclamaron un rescate de diez millones de dólares, a cambio de devolverte con vida.

-Dios mío!-la exclamación escapó de sus labios sin que ella lo notara, lo mismo que le sucedió al ponerse de pie tan bruscamente que ni siquiera se percató de que la prótesis que simulaba un embarazo de siete meses se elevó aún más que ella con su brusco movimiento.

-Como te puedes imaginar, piensan utilizar tus contactos y el cariño que la gente te guarda por la resolución de determinados casos llevados a cabo por ti, durante tu brillante carrera además de la riqueza e influencia de tu familia, para recaudar dinero; efectivo que ser verá injustamente entregado, puesto que ellos te consideran muerta desde ayer.

Respiró profundamente y volvió a sentarse, mientras el desconsuelo se aprovechaba de ella y se iba haciendo un lugar cada vez más hondo y profundo dentro de su alma y ser.

-Supongo que no queda otra solución, ne?-dijo mirándolo repentinamente con la firmeza que caracterizaba esos ojos rojos, ahora teñidos de grises por lentes de contacto- Pensaba manejar todo desde las sombras y por mi misma, pero…

-Pero?

-No me queda otro remedio… que acudir a mi primo.

-Y Xiao-Lang en que te puede ayudar?-inquirió estupefacto, sabía que ella perfectamente podía seguir como estaba y dejar que la gente pagara el rescate; sin embargo, a pesar de todo lo maltratada e injuriada que se hallaba su persona, había rasgos de la Mei-Ling original que aún prevalecían en ella… y ese era uno de esos.

-Puede ponerse en contacto con él.

El joven asintió con una mirada que expresaba claramente el entendimiento que compartía con ella.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

De pie en el caos que era su habitación, tardó un instante en localizar la puerta de entrada a su vestidor, franqueada por innumerables cosas que anteriormente adornaban los muebles a su alrededor-que en ese instante, se encontraban dados vuelta o inclinados hacia un costado, o simplemente destruidos-.

El suelo de esa sub-habitación, se hallaba repleto de su ropa y objetos personales esparcidos sin la más mínima precaución. Irritada, salió de su vestidor y al hacerlo, pasó por encima de los restos del vidrio de un portarretrato que un tiempo atrás había sido muy hermoso- los bordes aún guardaban algo de la artesanía que una niña del pueblo había hecho para ella- pero que entonces era una miseria comparado con su anterior esplendor. Se acuclilló para mirar más de cerca a cuánto ascendía el daño, tratando de pisar la mínima cantidad de vidrio posible, y con manos temblorosas, recogió la única fotografía que le quedaba de su antigua vida.

Observó los tres rostros que la miraban desde el papel fotográfico, y casi no pudo creer que esa realidad hubiera existido; con un suspiro, la depositó sobre la lisa superficie de la cajonera- por ese entonces sólo restaba el armazón, puesto que tanto los cajones, como los objetos que guardaban se hallaban esparcidos por toda la superficie recubierta por la gruesa alfombra de verde pálido.

Antes de continuar, examinó el suelo, pero más precisamente; su vista estaba fija en el borde del portarretrato… tenía tantos recuerdos de ese objeto, como de la fotografía que guardaba… ahora estaba destruido.

Reprimió el infantil deseo que crecía dentro de ella de levantar el marco y guardarlo, y siguió adelante, hasta encontrar las maletas que anteriormente se encontraban debajo de la cama, y ahora estaban tiradas al otro lado de la habitación.

Desechando los inevitables recuerdos que acudían a su mente, se puso a inspeccionar entre su ropa para decidir qué llevar y qué no.

No fue una tarea para nada sencilla, puesto que en total guardaba un equivalente a tres armarios de seis puertas y sólo podía darse el lujo de llevar dos maletas como mucho.

No tenía ni idea si en lo sucesivo podría volver a buscar más, de modo que trató de elegir lo que le fuera indispensable para vivir.

Rogó a Dios que eso pronto se terminara y que en un corto plazo todo volviera a la normalidad, y pudiera volver allí, rodeada de sus cosas sin valor y regresar a una vida vacía y hueca pero que la ayudaba a sobrevivir.

Sin embargo, sabía que eso no pasaría de lo que era… un anhelo. Aunque aspirara a todo lo contrario, era consciente de que su vida ya no le pertenecía; le había sido arrebatada en el preciso instante en que él tuvo la desgraciada idea de traerla de regreso, y había firmado esa tácita enajenación hacía apenas unas horas.

No, pedir que todo volviera a ser tan vacío y desprovisto de emociones como venía siéndolo desde hacía años era demasiado y lo sabía.

Concentrada en estas cuestiones y otras de ka misma importancia, apenas notó cuando terminó de guardar la ropa que previamente había seleccionado, en sus valijas color borgoña.

Antes de salir de la estancia, levantó un espacio en la alfombra, y debajo de ella, la vieja y agreste madera la recibió; con un cochillo que sacó de una de las patas de su lecho- el cual siempre se hallaba allí, ante la mínima amenaza- levantó el suelo, para descubrir un compartimiento secreto bajo la superficie.

Hundió la mano en el hueco, y extrajo de él un antiguo cofre de madera de roble ajada, y lo envolvió suavemente en una polvorienta seda azul oscuro que había allí también, para luego guardarlo en su bolso de mano. Por último tomo la fotografía que había dejado sobre le mueble.

Al salir del lugar al cual durante dos años y medio había llamado su casa-más nunca había llegado a ser un verdadero hogar, como sabía que ya jamás ningún sitio lograría serlo- recapacitó que, dejaba atrás el presente; pero que llevaba a cuestas el pasado.

Como nunca dejaría de hacerlo.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Se recostó contre el firme roble de color negro que conformaba la puerta, y dejó reposar su cabeza tirándola hacia atrás, hasta sentir que la coronilla tocaba el umbral cerrado, entonces, cerró los ojos.

Sabía exactamente el motivo por el cual le había atormentado la profunda mirada de su jefe, instantes atrás, y también comprendía el por qué de la existencia de cada uno de ellos.

Comprensión; porque él creía saber qué era lo que le sucedía y de ese modo entenderla y acompañarla en su dolor. Preocupación; por su aparente frialdad e indiferencia. Dulzura… ese era algo que simplemente nunca había entendido… tal vez porque era la primera vez en demasiado tiempo que veía esa expresión al mirarla. Y enojo/odio; porque sabía que nunca le confiaría realmente lo que le sucedía.

Era lo que siempre había ansiado encontrar en una persona al mirarla, y ahora que lo había hallado… era demasiado tarde.

Meneando la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos de su mente, se dirigió a la amplia bañadera de color bronce que contrastaba notablemente con el negro marfilado de las paredes, pero que hacía juego con el mobiliario, y se decidió a tomar un baño para relajarse un poco y dispersar tensiones.

Al ver los innumerables botones y llaves que poseía noto que no era una tina común y corriente, sino que se trataba de un jacuzzi, lo cual explicaba su tamaño.

Una vez que hubo descifrado cómo y para qué se utilizaban todos y cada uno de los botones, presionó el que activaba el hidromasaje y abrió ambos grifos de modo que el agua que brotara de ellos fuera templada, ya que no podía digerir el agua extremadamente caliente, ni muy fría.

Cuando su baño estuvo listo, se despojó de su única vestimenta, y se introdujo en la cálida y acariciante profundidad de la bañera.

Al principio, el incesante movimiento del agua, provocó un cierto escozor en sus heridas; pero cuando éste pasó, estuvo segura de que sus laceraciones se encontraban enteramente cicatrizadas. A menos que hiciera un esfuerzo sobre humano, en un par de horas estaría como nueva; como si nada le hubiera sucedido jamás.

Las cicatrices exteriores siempre desaparecían, eran las interiores las que prevalecían y se incrustaban en su alma, cambiándola para siempre. Ése ataque no había sido diferente al de la mayoría. Sus agresores se habían limitado a tratar de asesinarla.

No obstante, no siempre había contado con esa suerte.

Mientras su mente vagaba con estos pensamientos, un inexplicable sopor se apoderó de ella, haciéndola cabecear.

Un instante antes de que fuera demasiado tarde, comprendió lo que le estaba ocurriendo, y se puso en pie saliendo velozmente del jacuzzi, y corriendo prácticamente para alcanzar una toalla, sin inmutarse a pesar del hecho de que estaba mojando todo el piso de ese hermoso cuarto de baño.

Apenas había logrado ajustar adecuadamente la toalla alrededor de su cuerpo, cuando sintió que sus escasas fuerzas se agotaban.

Sus ojos se serraron sin su consentimiento, y sus piernas comenzaron a flaquearle, hasta que no la sostuvieron más.

Un estruendo resonó en la habitación, cuando su cuerpo inconsciente chocó con la fría superficie marmolada del baño.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Miró por décima vez el reloj que colgaba entre dos cuadros, en la pared del living, al tiempo que volvía a dar una vuelta a la diminuta mesilla que se encontraba en el centro de su juego de estar.

Aún le restaban diez minutos del plazo que él le había otorgado, pero no podía evitar sentirse nervioso. Era la primera vez que se separaba de ella desde que la conocía.

Por algún motivo se sentía aún más responsable por ella de lo que ya era.

Y sabía que esa situación, en vez de disminuir sólo iría en aumento.

No era que no le preocupara lo que sucedería con él durante el tiempo que seguiría al actual. Era sólo, que al tomar conciencia de lo inevitable del asunto, sabía que ambos tendrían que hacer concesiones en sus vidas. De lo contrario, estarían acabados, literalmente hablando.

AL escuchar el ruido del ascensor detergeré frente a su puerta, su corazón volvió a latir con normalidad.

Se hallaba en pleno conocimiento que la discusión que sobrevendría a continuación no sería para nada agradable ni sencilla. Aún menos con el temperamento que ella demostró ser capaz de atesorar.

Exhalando pesadamente el aire que contenían sus pulmones, se dirigió a la puerta de entrada; de modo que segundos después de que ella hubiera tocado el timbre, él había abierto la puerta.

Sus verdes ojos demostraron una cierta dosis de sorpresa, la cual se encargó de extinguir al instante.

Dio dos pasos dentro del departamento, y le entregó sus maletas, cual si fuera un criado; se movía por el lugar como si le perteneciera. Pero de seguro, se comportaba de igual manera en todo lugar donde pudiera sus pies. Seguramente, sangre real corría por sus venas, sino, no podía comprender que una persona pusiera almacenar tanto egocentrismo en su fuero íntimo.

Dio cinco pasos, antes de notar que él seguí parado al lado de la puerta-aún abierta-mirándola atentamente.-Piensas quedarte ahí toda la tarde, o cerrar la puerta de una buena vez, para que así podamos discutir el asunto que tenemos entre manos?.

Él ya había pensado alguna que otra vez, que la profesión adecuada para ella sería la de abogada y no precisamente la de maestre; y ese frío diálogo que iba dirigido hacia él, no hizo otra cosa que confirmárselo.

Sin dejar traslucir sus pensamientos en su rostro, cerró lentamente la puerta, y luego de asegurarse que había sido correctamente atrancada; se dio media vuelta, y enfrentó sus ojos color verde musgo.

Aún sin pronunciar una palabra, se dirigió a los amplios sillones curvos, y tomó asiento, luego de indicarle que hiciera lo mismo.

La situación siempre había sido incómoda, pero al estar uno frente al otro, sin ningún otro impedimento que el comenzar a hablar, la hacía aún más penosa.

-bien-se decidió a hablar él-Creo que podríamos empezar porque me contaras, el por qué te persiguen… ya que luego de lo de hoy, y evaluando todo lo demás, mis dudas acerca de que fue un robo lo que tan gentilmente te depositó en mi balcón.

Ella clavó sus ojos en él, y sus iris color esmeralda, dejaron traslucir un pequeño detalle de plateado. Él se preguntó, cuánto tardaría en volver a verlos adquirir esa tonalidad por completo nuevamente.

-Lamentablemente-comenzó ella-Eso es algo que no puedo responderte. Me es imposible hacerlo.

Él lo aceptó con un silencioso movimiento de su cabeza. Hacía tiempo que suponía que ella no podría decirle absolutamente todo.

-Entonces, supongo que viviremos aquí, no es así?-preguntó nuevamente ella, u tono se había suavizado, y había vuelto a ser la misma joven tímida y casi agradable del principio.

-Por un tiempo al menos-contestó él-No cuestiono tus motivos para ocultamente parte de la verdad, pero si es como supongo, el "accidente" de hace algunos días no ha sido el primero-esperó hasta que ella hubo asentido, y luego continuó- Y he de suponer que pasado un tiempo, este lugar y ano será seguro. Aunque ya no gozo con el derecho de llamarla de esa forma "mi familia", posee residencias en todo el país, y alrededor del mundo entero y muchas de ellas siguen legalmente a mi nombre, de modo que por ese lado, no habrá problemas-al observar en su rostro la expresión de intriga, dijo con una sonrisa irónica- No eres la única con secretos que guardar.

-De acuerdo-dijo ella asintiendo-Hay un único problema, a partir de ahora en más yo necesito esta con el mar al menos diez minutos diarios.

-Sí, lo sé… por eso tampoco debes preocuparte, la mayor parte de las propiedades tienen un privilegiado ingreso al mar.

La menor de los Kinomoto asintió, al tiempo que una conocida sensación se adueñaba de sí. Se sentó más cómodamente en ese sillón de dos plazas; y observó al hombre que tenía frente a ella, y del cual tan sólo la separaba una diminuta mesa ratona color roble y con la tapa de cristal.

-Ahora…-dijo él, sin saber a ciencia cierta , cómo abordar el tema- Sabes que--- hay una cosa más que tratar-Notó que ella asentía, pero que cada vez estaba más pálida.-Perfecto-pensó-sólo hablar del tema ya la pone enferma, no quiero ni pensar lo que será cuando llegue el momento.

-Bien, sabes que no tengo otra opción, y que tú tampoco… de lo contrario no te metería en semejante situación.

Ella lo dudaba, ningún hombre dejaría pasar semejante oportunidad, pero no lo dijo… en ese momento un tema más urgente aquejaba su persona.

Al no obtener respuesta alguna por parte de ella, continuó hablando:

-Supongo que también sabes que sólo tenemos cuarenta y ocho horas para llevarlo a cabo, realmente no es algo que me desagrade hacer, teniendo en cuenta que eres una mujer muy hermosa, pero me molesta sobremanera las condiciones en que debemos hacerlo- sin considerar que era una obligación, y que era algo, que de ser normal la circunstancia, ella no estaría dispuesta a hacer- Considero que deberíamos, por más frío que suene, poner un horario, supongo que preferirías hacerlo de noche; y como mañana me resulta muy arriesgado, pienso que esta noche es lo mejor.

-De qué estás hablando?

El sonido de esa vos femenina, generalmente fuerte y estridente, esta vez sonó como un graznido.

Si era posible, la incomodidad del, una vez heredero del Clan Li, aumentó.

-Bueno… pensé que lo sabías-hizo una pausa, para inflingirse coraje-Una de las principales condiciones del pacto que hicimos esta tarde, fue que debíamos asegurar nuestra unión, y que la única forma de hacerlo es… pasar la noche juntos.

Listo. Ya estaba, lo había dicho; y de la forma más suave que halló para hacerlo además.

Sin embargo, cuando se atrevió a posar sus ojos en ella, notó que su cabeza se mecía de un costado hacia el otro, como si estuviera luchando contra algo.

Instantes, después su cuerpo se inclinó hacia adelante, y mientras él tendía los bazos para sujetarla lo supo.

Estaba desmayada.

Notas de la Autora: Hola! Bueno, sé que tardé un tanto… pero creo que no tanto, no? En realidad no tuve tiempo de comparar con el anterior… pero a mi se me pasó demasiado rápido este tiempo… en realidad pensaba actualizar la semana pasada, pero al no tener Internet en casa, realmente se me hizo complicado venir hasta el cyber…

Bueno, qué les pareció el capítulo? A mi realmente es el primero que me gusta en mucho tiempo (se que esta mal decirlo.. pero realmente así es) Tengo una noticia para darles! Al fin he logrado comprar la tan ansiada computadora! De modo que de ahora en más planeo actualizar más seguido( entre cada dos y tres semanas)

Bueno, realmente estoy muy cansada porque ayer me descubrieron que tengo angina, y el motivo por el que salí de casa es que hoy no tuve clases a la tarde y por eso aproveché para subir el capítulo.

Nos vemos prontito!

Gracias por sus reviews… y especiales gracias a esas seis locas personas que hacen lo imposible por dejarme un review! Hasta turnarse de casa o mandarme al primer capítulo porque no pueden enviar seis reviews de la misma máquina! Chicas las quiero! Y SVAM ni SEDAE sería lo mismo sin ustedes y su ayuda!

Muchísimas gracias a todos una vez más!

NadeshikoLuna