¿Se resolverá alguna vez la tensión sexual entre Emma y Regina? esperemos que sí.
Aquí os dejo un nuevo capítulo, espero que lo disfrutéis. Pero antes, he de decir que estos personajes no me pertenecen, sino que son de OUAT ABC, así como alguna de las historias.
Como siempre me podéis dejar vuestro comentario en los reviews.
Sin más dilación, empezad a leer.
-¿Una corbata? –Preguntó Emma al sheriff- No hace falta vestirse de hombre para imponer autoridad. Era el primer día de Emma como ayudante del sheriff y las cosas no iban muy bien.
-¿Piensas que te respetarán llevando esa cazadora roja?
-Ahora mismo lo estoy consiguiendo –dijo soltando el uniforme.
-Al menos, lleva la placa –Emma puso mala cara- Si quieres formar parte de esta comunidad, hay que hacerlo oficial.
Una explosión sacudió Storybrooke. Provenía de las minas.
-Todo el mundo atrás, por favor –Regina ordenaba- Sheriff, establezca un perímetro policial –dijo acercándose a Graham y a Emma- Señorita Swan, este es un asunto municipal, ya puede irse.
-Ahora trabajo para el municipio –Regina se quedó boquiabierta.
-Es mi nueva ayudante –le contestó Graham.
Regina se alegró de que al fin Emma pudiera quedarse en Storybrooke. Había tenido que mover unos cuantos hilos para que la rubia tuviera una casa y un oficio, pero sin duda valió la pena. Sin embargo, no dejó que sus sentimientos hablaran, sino que siguió manteniendo la compostura.
-¿Y la alcaldesa se entera la última? –preguntó asqueada.
-Respondo por ella –se justificó Graham.
-Cómo no –ironizó la alcaldesa. No le gustaba la actitud de Graham y menos que estuviese cerca de la rubia- Ayudante, eche una mano y controle a la multitud –se dirigió a Emma. Tendría que acostumbrarse a llamarla "ayudante".
Le dirigió una mirada amenazante de "no toques a mi futura mujer" a Graham antes de irse- Habitantes de Storybrooke, que no cunda el pánico. Siempre hemos sabido que en esta zona había actividad minera. Pero no teman, pienso empezar un proyecto para asegurar esta zona. La pavimentaremos… -su discurso se vio interrumpido.
-¿Pavimentarla? ¿Y si hay alguien? ¿Qué hay ahí abajo? -Henry se abrió paso entre la multitud.
-Nada, Henry. ¿Y qué estás haciendo tú aquí? Aléjate de aquí. Es más, que todo el mundo haga el favor de alejarse –viendo que Henry no se alejaba le dijo- Ya vale, Henry, espera en el coche- Esperó hasta que el crío se hubo sentado y se acercó a Emma- Ayudante, acordone la zona.
Siguió mandando a los obreros para que empezaran las obras hasta que se giró y vio a Henry fuera del coche hablando con Emma.
-Este maldito niño –susurró mientras andaba hacia él- Henry, vuelve al coche. Ayudante, haga su trabajo.
Emma refunfuñó. Era la tercera o la cuarta vez que la llamaba "ayudante". Prefería "Señorita Swan", le daba un toque más elegante.
Observó que la alcaldesa hablaba acaloradamente con el psicólogo de Henry. Se preguntó de qué hablaban. Más tarde, llegó a la conclusión de que lo único que quiere Regina, aparte de acostarse con ella, era que Henry dejase de pensar en ese libro de cuentos.
Se presentó en el despacho del Dr. Hoper.
-¿Qué ha hecho? Me dijo que no le quitara la ilusión, que eso le dejaría hecho polvo. ¿Es ella? ¿Tanto poder ejerce sobre usted? ¿Le ha amenazado?
-No tengo que justificar mis decisiones profesionales –el móvil de la rubia empezó a sonar. Miró la pantalla, era Regina. ¿Cómo tenía su número?
-¿Está con él? –dijo Regina.
-Sí, estoy con el Dr. Hoper.
-Estoy hablando de Henry –Emma se quedó callada, ¿Le había pasado algo a su hijo?- ¿Está con él?
-No, le dejé en su despacho hará una hora.
-Pues no está aquí –ambas mujeres se empezaban a preocupar. Su instinto de madre les decía que algo malo podría pasar.
-Pues no sé dónde está –la rubia contestó con un nudo en su garganta.
-¡Henry! –Emma y el Dr. Hoper le buscaban por la mina.
El Dr. Hoper buscó dentro de la mina, cabía la posibilidad de que quizá Henry… Hubo otro seísmo y la entrada a la mina quedó tapada por unas pierdas. Emma intentó moverlas, pero no pudo. Henry estaba atrapado con Archie.
Regina miraba a Emma mientras esta recibía órdenes de cómo sacar a su hijo. Tenía una bonita perspectiva de su espalda. Aquella cazadora roja era increíblemente sexy, no podía parar de imaginársela llevando solo aquella cazadora, tapando estratégicamente sus partes íntimas mientras ella… Otro seísmo la sacó de sus pensamientos.
-¡Usted lo está empeorando! –Regina corrió hacia Emma, más bien, para asegurarse de que ninguna roca le había dañado.
-¡No! Yo intento salvarlo. Usted sabe por qué entró ahí, porque le obligó a demostrar algo –la morena se sintió culpable, además, Emma la miraba muy duramente.
-¿Y por qué cree que tiene algo que demostrar? –la morena no se daba por vencida- ¿Quién es quien le está animando?
-No me culpe a mí –apenas movió un músculo.
-¡Sermonéeme hasta que se quede sin oxígeno! –Regina no aguantaba más la culpabilidad. La rubia tampoco ayudaba. Giró el rostro para evitar que viera las lágrimas que empezaban a caer por su rostro. Debía mantener la compostura, pero con la rubia siempre le parecía difícil. Aquel muro que construyó rodeando su corazón cuando Daniel murió, se estaba empezando a desplomar, y la culpa era de la rubia.
Emma se acercó a ella más calmada. Tenía que reconocer que había sido dura con ella.
-Seamos maduras, discutir así no servirá de nada.
Regina se giró y Emma pudo notar la preocupación en sus ojos. Nunca jamás volvería a decir que Regina no se preocupaba por su hijo. Sin duda era una buena madre.
-Estoy de acuerdo -dijo casi en un susurro.
-¿Qué quiere que haga? –dijo Emma poniéndose a su disposición. Regina recordó sus tiempo siendo la Reina Malvada y mandando a todos. Tenía que reconocer que le gustaba mandar, pero más le gustaba mandar a la rubia, y cuando esta se ponía en plan heroína, le ponía aún más.
-Ayudarme –le respondió recobrando la compostura. Ya no era Regina, la Alcaldesa, ni Regina, la Reina Malvada. Ahora actuaba como madre.
Emma asintió. Le estaba cogiendo el gusto a trabajar con ella. En el fondo sabía que si cooperaba con Regina encontrarían a Henry sano y salvo.
-Hay que hallar un modo de perforar el terreno con algo potente –le explicó Regina.
-¿Como qué? –preguntó Emma.
-Explosivos.
Colocaron explosivos a la entrada de la mina.
-Vuélenlo –ordenó Regina, protegiéndose detrás de Emma.
Tras la explosión, Emma corrió para ver si encontraba a Henry. Regina observó como la rubia desaparecía tras una nube de humo. Esperó y aquellos segundos le parecieron horas, pero Emma regresó con las manos vacías.
-No se ha abierto –informó la rubia. Eso enfureció a la alcaldesa, quien fue directamente a hablar con los obreros.
-¡¿Qué narices ha ocurrido?! ¡Dijeron que lo lograrían! –golpeó la furgoneta. Emma la cogió del brazo.
-Venga aquí, alcaldesa.
-¡Casi matan a mi hijo! –gritó Regina.
-Lo sé pero esto no servirá –Emma notó el nudo en la garganta de Regina.
La rubia tuvo una idea. Pongo, el perro del Dr. Hoper, quizá los podría encontrar. Le liberó y este les llevó a un respiradero. Quizá podrían entrar desde allí.
-Muy bien, ¿y ahora qué? –preguntó Regina.
-Alguien tiene que bajar.
-Bájeme a mí –se ofreció Regina.
-De eso nada, lo haré yo –dijo Emma.
-Es mi hijo -le encaró Regina.
-También el mío –la respondió Emma- Usted lleva diez años en un despacho, lo haré yo.
Regina se acercó con la intención de besarla. Se sentía segura y pensó que era el momento ideal para un beso. El beso de antes de una aventura. Un beso de despedida, de buena suerte... en fin, un beso. Quería desesperadamente probar sus labios. Sin embargo, no lo hizo, pero se quedó cerca de la rubia.
-Pues tráigamelo –le susurró.
Emma no dejó de mirar sus labios, los cuales podría probar con un ligero movimiento. Observó el brillo de labios de la alcaldesa, deseando saborearlo, pero ese no era el momento adecuado, aunque deseara hacerlo. Le sonrió con seguridad y se alejó de ella para traer a Henry de vuelta. Notó cómo su entrepierna palpitaba deseosa de la alcaldesa.
Todos abrazaban a Henry y a Archie. Emma les había sacado de la mina. Regina se sintió muy aliviada de volver a tener a su hijo entre sus brazos.
Una vez en su casa, se sirvió una copa. Fue recordando todos los momentos vividos aquella tarde. Pero sobretodo pensó en Emma. Había salvado a Henry, y en cierto modo, a ella, pues sin Henry, Regina no era nada.
-Mi salvadora –susurró llevándose los dedos a los labios. Cómo deseaba besarla.
