- ¿Vive? – cuestiono desde la lejanía la pegaso gris que cuidándose de todo ataque de pánico se refugiaba tras el tronco de un robusto abeto. Ella embobada por la exótica criatura, asomaba la cabeza, temblorosa por ficticias horribles consecuencias. – esperemos que no – exclama el reptil, mas calmo, aproximándose a aquel cadáver. - dicen que si los miras a los ojos, veras tu muerte – dice la pegaso desde la retaguardia – pues dicen mentiras. Debe estar muerto ya. Es increíble, por Celestia.
- ¿Muerto, lo mataste? – dijo asombrada la equina quien cómica sale del árbol con rapidez, a presenciar tal verdad de cuentos. Quizás en su cerebro carcomido residía la venganza inocente de cada pony por cada muerte. El draconiano ser se acerca. Toma una de las extrañas y quemadas extremidades de aquella bestia, y comprueba para su sorpresa que estas no son venenosas al contacto. No había muerto instantáneamente al tocarle. Tampoco hervía su piel, era de menor temperatura (y tenían piel, no placas de hierro o titanio por cubierta). – Lo he vencido – dijo sin dudar.
También tal tacto rememoró un compás, un compás muy extraño, cadencia que en seres con venas se da una vez. Los animales heridos oh madres a las que les arrebataban sus creas. Aquí mismo, el recuerda. Ellas debían ser ultimadas debido al peligro que suponían al ser erráticas y muy peligrosas. El recuerda, no muy lejos de aquí. Él lo hizo al conjunto de Big Mac y otros ponys. Recuerda el olor de su sangre, pese a los años. Cuando se les encontraban las madres oponían fiera lucha a la muerte y los animales enfermos, se rendían. Pese a ello, cuando se les acercaba el golpe final, en ambos frente al ataque tan repentino y arrollador, su pulso era el mismo que el de aquel humano. Asustado, fuerte. Acorralado, pero como siempre disminuyendo cual si se resignaran, y entendiesen su aterrador final. Aterrado, como un animal indefenso, y derrotado.
Y aspira hondo en su felicidad inmensa frente a aquel extraño dato, frente a una pony asombrada. Debía hacerle arder para asegurarse de que muriese finalmente. Nadie quiere una máquina de matar cerca de los pueblos. Eres grande Spike, has, vencido a la criatura más temible y poderosa, de toda Equestria.
De una cueva, no obstante, una pony de color menta emerge entre su respirar entre cortado. Oscurecida por una sombra, sus ojos parecen haber llorado eternamente. Camina lenta, iluminando su cuerno con débil vigor. Camina con un trote triste, enfermo. Y con lentitud llega hasta él, el vencedor. Era Lyra HeartStrings, la loca de los humanos quien se acerca con perseverancia a aquel cadáver maltrecho y, pasados unos segundos, casi se desvanece junto a él.
Miles de preguntas recorren desde las garras hasta la cabeza, al dragon Spike. ¿Qué hacia ella específicamente aquí, que objetivo tenía con el humano? ¿Eran cómplices de raptar a aquel niño? El dragón se acerca a la escena notando llantos de desesperación y dolor emanantes de la patética criatura mentol. La loca de los humanos era un apodo que le marcaron con un caliente hierro en el rostro. Defensora incansable de los hombres, ridiculizada hasta la desgracia. Una triste pony, destinada a fríos rincones del mundo de los jodidos. El se acerca sin sentir nada más que un culposo asco. Como si fuese un pony, lloraba sobre su pecho enfermo.
La equina inmediata se pone en cascos. Le mira determinada a morir, y con sus últimas fuerzas ilumina su cuerno que chispea magia, intermitentemente. El dragón cual vencedor solo le mira desde la altitud que tiene frente a los cuadrúpedos. Era ella su soporte. Ella también estaba condenada a morir.
- no puedes llevártelo. No puedes ¡no puedes! – grita la equina desesperada, que estalla en un ronco llanto. ¿Sentía empatía frente a ella? No lo sabía. El solo aspira fuego en señal de advertencia. De que si no se movía se convertiría en una bola verde de fuego, y eso debía ser suficiente para que prefiriese su vida. Mas sin embargo abatida le lanza un rayo de luz que se disipa antes de tocarle. Gracioso intento, al igual que inútil.
Ya con el pecho inflado de un mortal huracán, se dispuso a incinerar, o fingir hacerlo con la esperanza de que esta última se moviese.
- muévete Lyra HeartStrings – dijo cambiando su fuego por palabras, en un mísero intento por evitar la muerte de una pony, de una valiosa vida. –no puedes, no debes matarlo. ¡Él no ha hecho nada, él no ha matado! – en un intento por cubrirle seguramente, ella miente, y se autosugestiona ¿y debe ser verdad? Suelta el fuego en su boca, y el humo sale por su nariz. ¿Un humano inocente? Como podía ser eso. – Tú lo ayudaste, seguramente mientes ahora. A raptar al pony, ¿con que objetivo lo hicieron? – Cuestiona interesado - ¡ninguno, porque no hemos raptado a ninguna pony! – Grita la pobre Lyra - ¿Por qué lo haríamos? ¡No hay sentido en ello! ¡Él no ha hecho nada, te lo juro! – dijo reventando en ira y enojo atroz. – él ha estado todo el tiempo conmigo, y no me he separado de él, desde que lo encontré. Él es mi razón de existir, ahora. Es imposible que haya hecho algo si no se ha separado a más de 2 pasos de mí. Solo ahora, que fue a recoger comida para mí. ¡Pero vez, aquí esta! – dijo acercándose aquel trapo semi quemado, semi arruinado. Mismo con el que el humano había logrado evitar incinerarse vivo. Del saco un par de pedazos de manzana molidos, y peras intactas. – él fue por comida, y le cazaron. Le mataron. Ustedes, le mataron – gimió moqueando, con impotencia, en toda su voz.
Aquel potro se había perdido hace al menos 2 días. Y en su nariz aquella cuartada parecía ser real. Su sentido del olfato, pretendía traicionarle.
- ¿Hace cuánto que el humano apareció? – Cuestiona incrédulo el dragón – hace 4 días. El primero me salvo, del ataque de monstruos despiadados. El segundo solo me vio, y nos conocimos. El tercero, el cansado tomo una larga siesta. Y hoy despertó al fin para volver a dormir. – dijo, y el dragón en su ansia de contradecirle, de no haber juzgado mal. Asesinado quizás a un inocente, intenta no dar una olfateada a los alrededores. Su mente intenta voltear su decisión. El humano era culpable, si no traía aun al niño en su cuesta. Él lo vio, ¿podría ser, que explicaba que él lo trajese en sus cascos? Asustado y desesperado. Quizás vio su cuerpo e intento usarle como una especie de escudo. ¿y si no, entonces que pudo ser? ¿El humano era culpable por el mísero hecho de existir? Su mente no formulaba un escenario donde el human fuese un ser bondadoso. Pero, y si así lo fuese, condenaría a un inocente a morir. Un inocente, del que se desconocen las intenciones.
El huele, adolorido tras tanto idear. Y huele fuerte. La equina cree que es su golpe final, y abraza a aquel cadáver con incesante desesperación. El aroma eléctrico, sutil hedor que nunca había logrado percibir, más que en 2 ocasiones relacionadas a la humanidad. Ese distintivo y extraño aroma característico, inolvidable, marcado por la muerte, y el fuego. Era reciente, de no más de 1 semana. Ahí en los verdes prados, allá en la orilla, cerca del lago. Ahí en la cueva, de ese lugar emanaba la mayoría del aroma. ¿Podría ser cierta su afirmación? Su olfato jamás le traicionaba. Más que cuando él quería engañarse.
Seguía pensando. Quizás, tomo al pequeño cual si desease protegerle. ¿Un humano bondadoso? El mundo había puesto sus pies en su cabeza. Se abalanza sobre aquel cadáver, la equina aterrada retrocede e inmediata le golpea con los cascos en el rostro teniendo tal ferocidad, que este debe retroceder. La misma, aun pescada en su cabeza, le sigue golpeando. Sus ojos lloran rápido. Enfurecido, le avienta de lado y esta se lastima el flanco.
- ¡No te atrevas a tocarle, te matare! – Embravecida la equina se levanta adolorida – ya basta de estupideces Lyra. – Dijo, soplándose en el ojo – pude matarte en ese instante – agrego un poco molesto, y la equina se detuvo. – No le lastimare, debo pensar mucho lo que vamos a hacer. ¿Entiendes, y quiero que seas sincera, el potencial peligro que un humano representa? ¿El hecho de que si le haces esto a un guardia armado, morirás? ¿Estás totalmente cuerda, comprendes que tu vida está jugándose con un dado? ¿Comprendes que cuidando esta bestia arriesgas a toda tu especie a un desgraciado episodio? Un humano siempre es un símbolo de desgracia. Nos pueden ejecutar a ambos, si nos encontrasen en sospechosas condiciones. No entiendo y creo que tú tampoco, las intenciones exactas del humano. ¿Oh acaso sabes por qué el vino aquí? – directo el dragón cuestiona. – ya basta de estupideces, Lyra. Esto es tremendamente serio. Incluso la existencia de Equestria podría jugarse aquí, y ahora. – finalizo, argumentando aquel escenario. Quizás subestimaba a aquel humano.
- No sé por qué esta aquí – dijo después de un largo suspirar – no sé qué objetivo tiene en este mundo – agrega – no entiendo como caímos en el mismo sitio; tantas coincidencias, deben ser algo prohibido. No sé qué hará. Ni que puede o por que vino. Pero se, que no es para nada malo. Es tan inofensivo. Tan débil, tan mortal. Es diferente a los otros humanos. Él es, bueno. – sonriendo se ruboriza – pero pienso que, si su objetivo es matar ponys va muy mal. Conoce poco de nosotros. Cree que no existimos y somos un subproducto de su mente enferma. – sonríe. El dragón rememora una frase final de aquel ser.
Son reales
Las cosas comienzan a cobrar sentido.
- Si quisiera matar ponys, estaría muerta. El, me salvo de la muerte inclusive. Puedes olerlo. No tengo la idea de mentirte – era cierto, el olor era inconfundible pese a la lluvia anterior. La sangre fue derramada en aquel risco, y perseguida. Se ahogó, y fue sacada, seguramente – casi me ahogo – dijo. El dragón, parecía entender lentamente lo que sucedía.
Si tales afirmaciones eran reales. Debía solo un último dato encajar – déjame oler a tu amigo – dijo el draconiano, y la pony más calma y racional se movió inquieta, sin sujetar aquel cuerpo inerte. Tras darle un par de olfateada, comprobó que era cierto. El aroma coincidía. Su razonamiento deductivo tras años de arduo entrenamiento no podía fallar, ni ser tan coincidente sin llegar a una aparente y obvia verdad. Se mueve. El humano solo debía quitarse un único detalle para que su cuartada fuese valida. ¿Por qué cargo a aquel potrillo, huyendo de su aparente captura? Solo había una forma de descubrirlo, ciertamente.
- no te muevas de aquí – dijo Spike, con aires de haber encontrado una verdad perturbadora. Increíble. Quizás había descubierto su misericordia.
El potrillo despierta, frente a una pony grisácea tímida, frente a un enorme dragón que le mira con unos ojos bañados en pena, y enojo. Rápido recuerda, rápido tiene un aliviado respirar frente a su supervivencia. Alegre, vivía, ¡había sobrevivido al EverFree! Pero los ojos de aquel dragón, le hacían dudar haber salido con vida.
- Estoy en problemas – susurra cansado - ¿Cómo estas, estas bien? – Pregunto la pegaso asustada – claro que está bien, a ver pequeño, ¿Cómo llegaste a perderte? – pregunta el escamoso, con menor intensidad, y el potrillo planea mentir y mentir como jamás había mentido en su vida. - si mientes, lo sabré – asevera u salvador. – ya estas bañado en suficientes problemas para que tengas aún más. ¿Cómo te perdiste? – sus ansias de mentir se habían esfumado al recordar la tunda que le esperaría al llegar a casa. – Corrí tras jugar – falso – acrecienta el dragón – (rayos) – piensa el potro para sí mismo.
¿Qué debía decirles exactamente? Era un poco regordete: la excusa de correr quedaba descartada. Quizás era hora de usar la santa verdad, pero el pelaje se le ruborizaría hasta quitarle toda la sangre que debería subirle al cerebro. Y entonces moriría, claro. Esto era mejor que decir la aterradora verdad - busque algo en el EverFree, un humano, como en tu libro. Pero, me perdí. Y luego la tormenta me agarro. No pude regresar, creo que dormí mucho, mucho – dijo, como si se hubiese soltado de un gran peso. - ¿Cuál libro? – Dijo el dragón – no encontramos ningún libro – agrega – tú me lo diste, era de humanos y… - dinos la verdad exacta – asevera con su grave voz. Y entonces el potro entra en desesperación, recurriendo constantemente a la nerviosa pero tranquilizadora mirada de la equina gris quien temía por su futuro, cual madre nodriza recién conseguida. Aparentemente, ella lo cuidaría con esos maternales ojos.
- debes decir la verdad, Pipsqueack – dijo ella, detonando que no estaba de su lado. Y si, estaba jodido.
Su mente se quedaba totalmente vacía de ideas, contingencia. Estaba jodido, debía contar la verdad – rescataba a la princesa Luna, ¡del humano! – dijo con un rostro tan rojo que cualquier pegaso debió verle como una amigable fogata al candor de la tarde. –creí encontrar un humano, pero solo eran los ruidos del bosque. Creí que la princesa Luna, estaría aquí. En el EverFree. Escondida en algún lugar con alguna bestia humana, pero solo eran ruidos del bosque. – dijo, y como pensó, hasta la tonta pegaso del pueblo dejo escapar un par de risas inocentes que se le clavaron en el alma, cerca de la parte donde debe estar el orgullo. Y si esta parte del alma era tangible había sido herida, y si su orgullo de niño estaba herido, derramaba fresca vergüenza.
- ¿es verdad lo que dices? – dijo el dragón, cerebro de la operación. Quien parecía contener francas risitas.
- sí, ¡no le digan a mis amigos y menos a mi madre! – negociaba porque nadie conociese tan abrumadoramente vergonzosa situación – si ella lo sabe me matara, por favor. Digan que me perdí, por favor. No le digan nada de esto a nadie – chillo. Ya no podía verlo a los ojos y agradecía tener gacha la cabeza pues el aire frio de la mañana calmaba el calor de su rostro. Hasta la pegaso, ni a ella podría verle a los ojos por ahora. Solo por ahora.
- entonces, vámonos. Tus padres deben estar muy preocupados – le dio una palmada en la cabeza al pobre potrillo – diremos que, te perdiste y tu dirás que te perdiste porque jugabas solo en el bosque, no contaremos tu travesía, tranquilízate – rio, y esa risa fue contagiosa a la pegaso. Y esa risa era de menor daño. Su culo estaba a salvo de una humillación mayor. Llegando soportaría solo una tunda.
- y de casualidad, ¿no encontraste un humano por aquí? – pregunta el draconiano como broma, pero también advierte un sombrío tono oculto, en su cuestión tan extraña.
- entonces estaría muerto – rio el pony. Si, si hubiese encontrado a un humano real, su espada de rama le hubiese dado risa. Quizás él se hubiese reído de su osada estupidez. Y ahora que él lo veía en retrospectiva, ¿Qué pensaba hacer si eso pasaba? Cagarse en donde estaba y correr, y verdaderamente perderse en los verdes pasajes de este traicionero bosque donde las bestias extrañas manejan las sombras.
Un día de vida
Y la muerte asciende
Cuando anochece
Despierto, atado. Enfermo, al suelo eché raíces con ansias de crecer. Y un aterrado siseo, frena mis ansias por reencarnar.
El dragón frente a mí, cielo santo. Me había desmayado.
-¡Son reales! – balbuceaba, sin poder entender. Pese al punzante dolor sentido en mi antebrazo derecho retrocedí siseando lo mismo. Una verdad que no podía entender. Ni quería creer. Retrocedí hasta una pared que roca por el golpe en la cabeza que recibo. Característico dolor. Entro en pánico al verle acercarse a mí y grito pavoroso ante su avanzada. ¡Estaba muerto, mas muerto que la mierda seca! - ¡son reales! Oh dios – digo llorando de miedo. Que la piedra me tragase. Si hubiese algo que la volviese agua, me iría agradeciendo. Cierro los ojos, cansado. Asustado ante la muerte que aún no llegaba. Una palmada en la cabeza, caricias en mi rostro – calma, calma Antonov – dice enajenada a mi dolor una voz. Tan calma. La voz de la seguridad, el amor. El cuidado todo encapsulado en un suave veneno para mí, lo acepto con los brazos abiertos. – todo está bien aquí conmigo, Lyra te cuida. Lyra te cuida. Lyra te cuidara.
Horririzado, cierro los ojos y me aferro a su promesa, sin entender mucho, pero al menos comprendiendo que, la seguridad estaba con ella. Con sus caricias frías, y su pelaje seco. Pienso que son días los que paso en su pecho extraño antes de, de poder despertar de nuevo, y ver a quien sea exactamente que estaba frente a mí.
Enfrente, tras abrir los ojos con mayor cordura fácilmente noto al dragón, casi detenido en el tiempo. Incapaz de moverse, quizás por el firme agarre de mi protectora o algún trato del cual no fui participe. Lo bueno es que seguía vivo, y seguro que era parte de ella. La noche caía en el sitio tan verde, el cielo rosa, graba esquirlas salinas en el firmamento, como si quisiera que viese, con su belleza, abajo, donde se concentraba la acción verdadera. Si apreciaba con mayor detalle la escena veía a un ser humanoide. Un dragón en dos patas, una pegaso gris escondida tras un árbol cercano. Y a mí, agazapado en los cascos de una equina enferma. Si son reales, estaba quedando frente a ellos como un desquiciado. Respiro hondo, y me aferro como una garrapata al pelaje de la equina. El brazo derecho punza ligero, no duele tanto pero a fin de cuentas, duele.
- entonces… ustedes son reales – dije entre dientes, cual mentira que se convertía en verdad y derrotado, debía aceptarla. Casi escupía mis palabras.
- perfecto, ya puedes hablar – excreta el dragón desde sus fauces – pues queremos que cantes, avecilla.
- Antonov – dijo la unicornio que sostenía mi cabeza en su eterno abrazo – lo que sea que quiera saber, debes decírselo por favor. Es la única manera de que perpetúes tu existencia, ¿entiendes? – Que ha pasado exactamente – cuestiono – no entiendo, ¿Por qué no estoy quemado, oh muerto? – Eso es por qué así yo lo desee – exclama el draconiano – los dragones son reales – dije – tan reales como tú, humano. Y tan dañinos como un huracán. Ahora humano, responde. ¿Por qué estás aquí?- dijo, y yo entre tanto no sabía que decir.
- por favor, explíquenme antes, donde estoy. Que son ustedes exactamente, que es este sitio. Que es esto donde piso. Estoy muy confundido referente a este mundo extraño. Acepto que ustedes son reales. Pero, necesito entender donde estoy para saber que debo decir – calla – dijo el dragón – tu no necesitas saber nada: nosotros somos quienes necesitamos saber de ti. Calla, y habla. – Estoy en Equestria – dije, sin creer en el mágico nombre – y tú eres una unicornio – señalo a la pony que me sujeta – y tu un dragón – menciono al ente frente a mí -¡y tú, una pegaso! – Grito a la asustada criatura que con aquel quejido se arrima más al tronco del árbol – no creo que sean, que sean verdaderos. Esto es una locura firme. Esto es increíble – fascinado, exclamo. – y este es tu cubo – dice el draconiano, sosteniendo en sus garras moradas, un objeto que habría pasado por un sucio cubo de tierra de no ser porque, yo sabía que era.
- no, por favor ten cuidado con eso – exclamo levantándome lentamente, incorporándome a aquellos mágicos seres – ese objeto es muy, muy importante – dije – ahora, hablaras con la más franca verdad. Con cualquier mentira, tu juguete puede dejar de existir – horrorizado, el destino del hombre pende de un monstruo – por favor, cuidado. – explícame que es. Creía yo que era una especie de madera, y pensaba en quemarlo - ¡No! – Grito – pero, pensaba que era un balón, y podría patearlo – dijo risueño – debes hablar – la unicornio exclama.
- si te digo que es, no… si Erquestria – Equestria – corrígeme el dragón – si Equestria es verdadera, entonces no tiene sentido. Destruirás el cubo, si eres Equestriano. Yo en tu lugar lo haría. Si no te digo, entonces lo romperás. ¿No hay situación más tonta? – Rio nervioso con una sonrisa tétrica – quizás, la primera opción te sirva. De igual manera, romperé el cubo según tú. Creo que hay probabilidad de, que quizás lleguemos a un acuerdo, ¿no? – ríe. Yo no puedo reír – si te cuento lo que hace ese cubo, ¿me ayudaras? – Depende – exclama el ser. ¿Qué me queda por hacer? Quería matarlo, cortar sus escamas, y plantar aquella meta con su cuero de cobertura. Pero esa opción era imposible. Quizás hablar, en este clima. Enternecería su corazón y haría que comprendiese mi situación. De igual manera en este punto, ya estaba muerto.
Esperemos, y sea un ser comprensivo.
- solo prométeme que trataras de en tu corazón encontrar tu misericordia. Por favor, se comprensivo. Ayúdame. – Es una promesa, palabra de dragón – dijo sonriendo. Entonces al ver sus ojos de otra manera. Más calmos, mucho menos hostiles. Creí en su promesa (los dragones nunca mienten) debía decir, la verdad.
- Hace 3 años, meses más días menos, se envió a aquí a 10 humanos que en este mundo buscaban un nuevo hogar para nosotros. Estos 10 humanos debían realizar algo similar a lo que yo. Más difícil: recolectar datos sobre este sitio. Para saber si era habitable, y podríamos renacer aquí. De esos 10 humanos por extrañas causas desconocidas, solo 1 logro volver, desquiciado. Entonces la idea de llegar a este mundo fue abandonada como una última salida. No fue hasta ahora que tras el tiempo avanzar la desquiciada y poca prometedora idea, volvió a ser atractiva para mis superiores. En concreto – cargue aliento pesado, para intentar proseguir con mi monologo – lo que cargas es una herramienta casi vital para el traspaso de información que convencerá a mis líderes de una vez por todas para venir a este mundo y resurgir como especie. – dije sincero, y las escamas de aquel reptil parecieron encontrar un suave color verdoso, sobre todo las de su rostro, sobre todo las de sus cejas.
Entonces toma al cubo con sus garras, y lo comienza a apretar.
- no, ¡no por favor! – dije y el, despacio, muy lento deja de dañar su estructura.
.- eres, un maldito – dijo – eres, no… abriré la caja de pandora – cuidado con esas metáforas – exclamo incorporado con dolor – si no destruyo esta cosa – lo prometiste Spike - ¡y en que te puedo ayudar! ¿A matarnos? ¿A rendirnos a sus cascos? – gimió, de tal manera que la pegaso grisácea se escondía aún más arrinconándose entre un tronco viejo– no les hemos hecho nada para que desconfíen de nosotros – dije y el dragón asustado explota en una amarga risa ahogada, abrazando aquel cubo de metal. Estridente lastima mis oídos. Una mueca en su rostro, una sonrisa, aparece salvajemente. La equina grisácea se aferra al tronco de aquel árbol muerto.
- ni siquiera le has dicho – dijo – vaya Lyra Heartstrings, sí que te has enamorado de él.
La cara de mi compañera impotente se vuelve roja ante la revelación. ¿Qué es enamorarse?
- hazme el honor Lyra, dile. – Dijo, más calmado – Antonov, ¿ustedes son buenos, verdad? – exclama ella, y me mira a los ojos en busca de una insana paz que le cerrase alguna herida en lo profundo de su alma.
- los que quedamos lo somos – dije. - ¿los que quedan? – Cuestiona el draco – es la razón por la que estamos aquí, viajando entre mundos. ¿Nunca se preguntaron por qué vendríamos? – un callo mental; quizás jamás se hubiesen preguntado eso, nunca. Eso explica el interés repentino del dragón. – nos estamos extinguiendo. Nos estamos muriendo. Nuestro mundo no alberga más luz azul. Y no podemos quedarnos ciegos. Necesitamos, venir aquí. Para poder vivir una vez más. – vi sus rostros, hasta el de la graciosa pony que se escondía entre los arboles – hubo una terrible guerra. La mayoría de los hombres han perecido, solo quedamos muy pocos. Es por eso que estoy aquí. Esta es la última salida. Si destruyes ese cubo me mataras a mí, y a todos mis conocidos. Si destrozas ese cubo te matare. Con mis propias manos lo hare. – dije acorralado. El dragon, se hecha a reir.
- y yo creo tu amenaza. ¿Oh no nos han dado suficiente en que creer Lyra? - la unicornio entonces rompió a llorar – supongo que Bon Bon nunca murió para ti. Debió ser algo muy poco importante para ti, Lyra.
Y la unicornio lloraba, lloraba eternamente.
- Lo que tu dulce protectora no quiere decirte, es la razón de mi cuidado contigo, amado Antonov. Humano. Ustedes – señala con su garra – tan solo hace 3 años trajeron muerte y miseria a nuestro mundo. Ustedes, con sus armas, y su ciencia. Y sus avances, y sus explosivos aniquilaron nuestra querida capital, se llevaron a nuestra princesa de la Luna. Hace 3 años muerte, hace 3 años miseria. Hace 3 años, sangre.
Y por eso tanto odio. Por eso Lyra llora tan alejada. Ama a su asesino. A sus asesinos. Debe ser difícil. Por eso la desconfianza. Por eso tanto odio. Se justifica, debe ser así.
- 10 humanos – dije – 8 en realidad – agrega el draco – 2 escaparon – 1 volvió. Solo uno. – dije. –no te creo nada, ¿lo entiendes? No puedo creerte. No puedo.
Permaneció así, en silencio. Lyra se calló después de un rato de no recibir la atención suficiente como para proseguir. Se recarga en mi regazo, no omito ningún sonido ni negación frente a su ataque. Pienso, en la dificultad de aquel dragón. Comprendo su dolor. En parte, mejor dicho, la dificultad de la decisión que debía tomar. Si era cierto, si en verdad Equestria existía, entonces no era algo sencillo de tragar. Si los humanos hicieron aquello, a Canterlot, debe serle difícil creerme. No dudo en lo que me dicen. Lyra lo confirma. Ya no tengo espacio, en mi mente, para dudar. Ya no puedo creer que no deba creer. Creo que en mi mente, algo se ha roto y sangra, detenido.
El observa angustiado. Tiene rostro, analizándole bien. Tiene ojos, tiene mejillas, al mero estilo animalesco. Ojos grandes que me rastrean, pero en ellos no hay ansias por mentir. Revolcado en sus propios pensamientos creo que es incapaz de mentirme. ¿Con que objetivo? No tengo nada que darles realmente y ellos no tienen nada que robarme. La vida, puede escapárseme. E irse lejos, y siempre volar.
Entonces me vi en sus ojos cuando golpearon los míos. Cuando un nuevo llanto avecinaba empapar mi quemado cuerpo, y la equina gris, avanzaba lenta entre árboles para ver curiosa que artimaña desenvolvía. Entonces vi no el odio, no la desconfianza: el miedo. Miedo en su iris. Ahí en donde la negrura pierde nombre. No era que quisiese matarme: realmente me temía. Su ataque más que sanguinario había sido oportuista. Pues sus ojos se encontraron con la fiereza de los míos y el, aparto la vista, inquieto.
Tal vez, debía creer yo primero, antes que él. Si era cierto. El dolor de mi mano no se iba. Y si tan solo aquella hoja caia al suelo, y no despertaba del coma. Entonces, tal vez esto seria, real. Me entrego, a ti, dios.
La hoja aterriza, a salvo.
- te hablo desde el corazón – dije tras 10 minutos de esperar, de pensar. Para ambos, 10 minutos donde reorganizamos nuestras ideas, preparados para esta confrontación final. – yo no tengo intenciones en hacerles daño a nadie, ni a ella – acaricio su cabello – ni a ella – señalo a aquel árbol donde quisquillosa se esconde una equina – o a ti. Sabes, no quiero dañar este mundo. El sol – sonrió, pese a que él ya se oculta – es tan hermoso. Y el atardecer. Aunque, no lo pueda ver. Llevo 5 años sin verlo. Es algo que quisiera ver otra vez. – A qué quieres llegar – responde serio el draco – llévate mis cosas – dije – mi arma, el cubo. No opondré más resistencia. Dios quizás, exista si ustedes existen. Si tu olfato es bueno cual dragón, entenderás mi cuartada. Llegue aquí, desde otro mundo. Llegue aquí hace 4 días. Llegue aquí, y le salve la vida. Y el cuarto día, salve a ese niño. Y tú me seguiste. Debes saber que es verdad. Si tu olfato es bueno sabrás si tengo un arma. Sabrás si tengo otro cubo y te estoy tomando el pelo. Yo no tengo nada más que esas cosas que tomaste de mí. Te hablo con el corazón, el alma humana. Mi única condición, es que me lleves con alguien con quien pueda hablar y que haga llegar mi mensaje a sus líderes. Inclusive si eres tú, con alguien que pueda ayudarnos. Pon tus condiciones dragón. De nosotros penden 2 mundos. Haz tu apuesta, dragón. – dije. Él no se molestó en responder.
Había estado probándome. E ahí la presión en el brazo, el cambio de humor. Las cosas cual rompecabezas caen en su sitio. Su temor lo lleva al delirio. El delirio lo lleva a pensar. Olía, recuerdo trazos de la plática, cuando fingí dormir, fingí estar despierto. No deja de oler, desde que empezó nuestra charla olisquea: quizás sea su forma de saber si lo que digo es cierto. El dragón piensa durante un tiempo. Eterno, como esa tarde. Eterno. Luego una inenarrable mueca de sonrisa tétrica, se blande en su rostro.
- 4 minutos – dijo, y me tomo del cuello, tan rápidamente, que no pude predecirlo jamás.
Loco, se había abalanzado contra mí en un desesperado intento. Lyra no pudo negarse. Solo sintió cuando había caído de mi cuerpo. Tomándome con sus fornidos brazos, uno de ellos ahorcaba mi cuello. Respire hondo, y entonces comenzó a arrastrarme. – te tomara como 5 minutos ahogarte. Escuche tu respiración. Solo tenemos 5 minutos. Y si es cierto que tu vida vale lo que vale una de mis escamas entonces no tendrás problema en escucharme y sentir un paseo mortal. ¿Verdad? Y si cumplo mi trato, y digo que los humanos ya vienen, no habrá problema si mueres, ¿verdad? - ¡Spike, por favor! – grita la equina siguiéndome siendo arrastrado. El dragón me llevo a la cueva, donde había habitado durante 4 días. Todo se veía un poco más oscuro. Sentía pesados mocos deslizándose por mi garganta. Debía mantener la cordura, oh la conciencia.
- t.t. .. tienes r.r.r. razón – gorgoteo. Una sonrisa increíblemente despiadada se planta en su cara.
Me arrastra. Llegamos con increíble rapidez a la boca de la cueva. Ahí, comienzo a oscurecer mi campo visual.
- señálame donde están todas tus cosas. Puedo olerlas si mientes – dijo. Alce débil una extremidad de la que comenzaba a perder la sensación. Señalo la colcha. La fogata apagada. Posteriormente, señalo (o intento señalar) hacia el bosque. Y mi dedo recorre infinitos valles y abetos, bosques y ríos. Se va lejos del árbol donde despedazo mi mochila. Ahí, ahí oh cerca de ahí. El dragón entiende mi señal. Poco a poco siento más presión. La sangre latir débilmente en mi cuerpo y alocadamente en sus brazos, y sus zarpas apuñadas.
- este será el trato – dijo tomando aquella colcha, y algunas prendas mías, rotas, que ahí estaban por alguna razón – e..en…en el f…fondo… d..del l..l..lago –agrege. – este será el trato. Dijo llevándome a la oscuridad de aquella cueva. Aspira hondo y su pecho ilumina brevemente el lugar. Lyra grita. A tientas el draconiano busca algo. Miro destellos hermosos. Gemas, diamantes, frente a mí en una pila donde el dragón algo buscaba, pero yo no lo entendía. Comenzaba a perder el conocimiento. Y no era una sensación muy agradable.
Pronto, un estallido. No eran mis venas al límite en mi cara, ni una embolia estallando en mi cerebro. No. El dragón me arroja al suelo, y ahí, me coloca una zarpa débilmente en el cuello, alzándome, tomándome, una ligera presión en mi cuello. No asesina. Protectora. Algo andaba mal, no. No era una zarpa. Sentado ya en el suelo, respire a tumbos. Casi me asfixiaba. El dragón… me había soltado.
Comienzo a sentir las manos y sobre mi regazo los lloriqueos de mi amiga nacen. Que se evocan como ecos. Ahí en la cueva de piedra. El dragón, con aquel harapo. Incendiaba su tela, la acababa. Finalmente. Sentí algo enrojecido el cuello, y además, una especie de gaza. No, piedra. Algo rodeaba mi cuello. Algo de piedra, y hierro.
-buscare a alguien, que pueda llevarte ante mis lideres para que puedas conversar con ellos. ¿Escuchas? Me tomara 1 semana, d semanas encontrar a alguien. Pero lo encontrare, y lo traeré ante ti para que expliques eso. Si lo hago yo me tomaran por loco. Si lo hace ella, la loca de los humanos, bueno… nos arrestaran. Confiare en tu palabra, humano. Pero hay algo a cambio. Me llevare tus cosas, me llevare todo lo que logre olfatear y lo destruiré. Todo a excepción del tu cubo de metal. ¿Eh? – Dijo y me incorporo tosiendo – s..si – dije. – tienes en el cuello un limitador de movimiento. Algo así como collar y cadenas. Es irrompible, es inquebrantable. Solo yo puedo quitártelo. Si intentas llegar al pueblo, oh salir de los límites de este claro… ese artefacto te dará los motivos suficientes como para hacerte volver. Hey, ¿me estas entendiendo? – cuestiona, y yo asiento con la cabeza.
- Si intentan traicionarme, inmediatamente revelare el plan y no me importa cuánto me cueste, los matare dolorosamente. Y sé cómo puedo hacer ese tipo de cosas. Más con ustedes 2. Es demasiado sencillo.
- entonces, esperare 2 semanas y, tu cumplirás el trato. Te llevaras mi arma, y mis cosas. Y me quedare aquí a esperar – precisamente – dijo –si tu seguridad es el problema – no, es que te llevas mis raciones de comida. Las deje todas allá en aquel árbol – complejizo mi respuesta. De una manera boba – Lyra se encargara de ello, ¿me escuchas? Y nadie dirá nada de esto a nadie, de acuerdo, ¿de acuerdo? – De acuerdo – exclamo – s…si… -repite mi amiga. El dragón mas calmo, parece relajarse. Pues había al fin encontrado una solución donde salía más o menos seguro de lo que hacía. Y comenzó a oler. Oler con profundidad. Al ver sus gestos sentí que entendía mis indicaciones, excepto en una, donde bufo, extrañado.
- el fondo del lago – dije. – ahí hay algo más. – agregue. Él sonrió, pacifico.
Calma. Tras unas horas de ajetreo una calma nos invade a todos. No solo eso, algo más que calma, me cabe decir esperanza, algo de esa sustancia que se pega a la mente y a la racionalidad. No es mala, tampoco nos vuelve tontos. Tras haber cruzado medio mundo, y encontrarnos con otro medio nuevo, ¿no puedo yo al menos tener esperanza? El dragón calmado, quizás su mente había aceptado al fin mi bondad así como yo he aceptado su existencia como algo inalienable de este mundo. Pues tras reunir aquellas cosas, todas mis cosas, parecía menos tenso. Más seguro. Tras verme con aquel collarín, notaba una débil sonrisa pero en específico relajación en su rostro, en sus músculos. Algo en este metal y piedra le daba seguridad. El metal y la piedra de este objeto me tenía atado y eso seguramente le gustaba. No era malo. Siendo honestos, en mi lugar si fuese él me hubiese denunciado hace ya algún tiempo. Ellos se iban con mis cosas. Ellos se iban, para volver en 2 semanas. Ellos regresarían. De eso estaba seguro. Ellos vendrían aquí.
Quemaron mis cosas en una pila a excepción de aquellas cosas que no podían quemar. Mis libros, mi comida. Todo lo sospechoso ardió en una fogata y veía la sonrisa del dragón al ser su fuego el iniciador de tal quemazón. Lyra protestó. Todo el momento. Yo no dije nada, pues nada debía decir. Mientras menos hiciese sentir inseguro al draconiano, todo, absolutamente todo, iría bien.
Y se iban por algún sendero del que yo no conocía su existencia. Se iban, prometiendo volver. Con mi único medio de defensa de este mundo se largaban. La pegaso no entendía nada. Aquel quien entonces creí un ángel estaba tan fuera de contexto que era espantoso. Inocente, había entrado a una extraña rueda de la fortuna. Ella se fue dejándome una mirada bajo sus cabellos oro. Algún problema tendrá. Pues sonreía, sonreía débil. Pero a fin de cuentas, lo hacía.
Prometió hacerlo, ayudarme. La equina amiga mía le dio las gracias, le besó la mejilla, lo colmó de agradecimientos. Se fueron a un mejor mundo que para mí permanecerá, por el momento, desconocido. Con una duda que debían resolver en soledad. Sin mi influencia, sin mi enfermedad. Realmente la supervivencia de la humanidad más que depender de mí, ahora dependía de ellos. Dios se apiade, pues he cedido mi arma y un cubo de metal. Dios se apiade, ¡que dios se apiade de mi alma! Que esa sonda haya mandado datos, pues con esos mismos me aseguro de una traición.
Eran reales. Punto. Mi mano aún estaba entumida, y dolía al presionar. Se infectaría, seguro. Seguramente debían amputármela. Jajaja. Y cuando ellos se fueron un látigo azota mi mente. El dolor no se va, ni cuando la equina me da la espalda. Ni cuando me deja solo, para revisar si algo de comer quedo en las sombras de la cueva. Ni cuando de espaldas me revisa el cuello pues me picaba aquel armatoste. No se fue. Se ha quedado. Cierro los ojos. Son verdaderamente reales. ¡Que locura!
- Lyra… escúchame, esto es verdaderamente serio. Quizás sea mi último intento por deshacerme de ti- creí haber pensado burlonamente aquello ultimo pero lo dije en voz alta. Ella dio la vuelta. Cómica y frente a aquel lago movió su pelo enmarañado. Su pelaje sucio vibra con la media tarde. Más tarde diría que quería darse un relajante baño con agua caliente en su tina, en su casa.
- Antes de que protestes, escúchame. Esto es verdaderamente, serio. Pedirte que te vayas es meramente tonto. Pues ahora a estas alturas verdaderamente – intento buscar cualquier otra palabra pero no encuentro nada – verdaderamente te necesito. Sin ti no tendré protección en este clima agreste y traicionero. Sin tu auxilio podría desfallecer. Sin tu presencia las cosas se volverían más difíciles pero no imposibles. – cierro los ojos, cerrando un momento la charla. Ella diría algo más, y logro interrumpirle – si me llegan a traicionar hoy, morirás conmigo. Si es mañana, será mañana. Confió en el draconiano, pero si mi confianza esta en exceso, podría resultarnos fatal. Si, pese a ello, no nos traiciona y nos descubren de cualquier otra manera, morirás conmigo. Estas en peligro por el mero hecho de estar aquí. ¿Comprendes a que riesgo te estas ateniendo? ¿Estas verdaderamente dispuesta a no sangrar y llorar, morir por alguien, y una especie que no conoces ni te conoce? Por favor en los siguientes 5 minutos que estarás callada, piénsalo detenidamente, con toda y plena sinceridad. Quiero que lo razones: es tu oportunidad final para que te vayas sin mirar atrás y limpia salgas de esta mierda. Si no sales de aquí, en este mismo instante, te considerare dentro, pero si te vas no habrá problema. Mi opinión no variara respecto a ti.
Y pensó. (Vaya que pensó) pues callada y sin mirarme se mantuvo, un poco jugueteando con el agua de aquel lago, mirando el atardecer, el oscurecer. La noche, eterna. Si se iba no pensaría mal de sí. Si se quedaba, era una ilusa moribunda. Era irónica pues la valentía y la verdad recaía en que se fuese con los de su clase. Si, absorta de todo este problema, que viviese, que pariese. Que muriese en paz y feliz. 2,3, 4, 5. 5 minutos tortuosos. Desde arriba note que no dio la vuelta y me acomedí a agacharme a su altura. Le puse una mano en lo que sea que fuese su hombro, y la voltee ligeramente. Sonreía de ceja a ceja, su casco izquierdo sangraba hasta recorrer sus piernas y llegar al césped creando un charco, en la profundidad de esa selva miniatura.
No me asuste, más bien. Me impacte un poco. La pony entonces tomo mi mano herida y la sujeto con sus 2 manazas. La sangre se juntó en un juramento que no quería, seguía sonriendo. Una extraña calidez me recorrió las entrañas, los testículos. La cabeza. Hasta salir hacia el exterior. Seguía sonriendo.
- entiendo – dije. Entonces ella separo su mano para con aquella tira de gabardina en la boca darse un vendaje para nada higiénico. Tras unos momentos, fui a lavarme las manos al lago, pues ardió tal fogoso contacto. No hubo palabras. Y si las hubiese habido el momento se habría arruinado. El mágico trato estaba sellado.
- de igual manera – exclamo – necesito que vayas al poblado por algo en que dormir –rio y ella amistosa me golpea el hombro con su casco sano – ha quemado todas mis pertenencias. –Iré por eso y más cosas –dijo. Llena de un nuevo entusiasmo, de una nueva alegría.
- debes tener cuidado ahora cuando salgas – menciono y ella mueve las orejas – debes ser muy cuidadosa al venir aquí, Lyra. Quizás no sea la causa de nuestra muerte la traición del dragón si no un descuido. Cada vez que vengas, llega aquí con el mayor secretismo posible. Por lo que veo eres famosa no por buenos medios. Creo que no es necesario señalarte que pasaría si nos atrapan.
-descuida – me dijo con una voz tan autoritaria que no volví a poner ninguna objeción al respecto – no lo harán. – agrego. No pensé objetar nada. Preferí confiar en la madurez de su voz, en la fuerza de su goce.- me arde y duele todo el cuerpo – brame. Ella se llevó a la cabeza el casco de manera dolorosa como quien tuviese una gran idea – lo siento. Lo olvide totalmente. Te curare en cuanto me sea posible: regresare rápido del pueblo – dijo todo en un sólido bloque de palabras, con rapidez. Me abraza, me ajusta con su cuerpo contra el mío. Y tras ver atrás, tras verme hurgando en la basura quemada en busca de algo útil, se va rápidamente corriendo hacia la boca de un sendero que jamás conoceré, a un mundo mágico que me es privado por momentos, meros momentos. Semanas, motas en el viento de esta la travesía de Antonov El Bizarro. Pero antes de correr se frena lenta con sus cascos amables chocando el césped, arrancándolo suavemente como una asesina melancólica. Desde su lugar, sin volverse atrás y omitir alguna otra acción, usando una sombría voz ella preguntó:
- ¿Por qué no los mataste? – Porque no somos fuertes como un dragón, porque todo lo que digo es verdad. No hay una invasión que vaya a realizar, ni nada por el estilo. Ni te matare, ni traicionare a nadie. No es como si alguien escribiese esto. No es una novela de drama. Esto es real. Estamos muriendo, y yo soy la última esperanza, y esta, la última salida – dije. – Me alegra saberlo – dijo con una voz mucho más agradable. Más pony. Tras esa última frase, desaparece con un tímido bloop cual burbuja fantasma llena de una luz verde, moribunda.
Con esta soledad, tendré tiempo para pensar en esta tan aberrante locura. Y suenan garras, garras de brisa. Truenan los árboles, truenan de risa. Paranoico, y con la presión de aquel artefacto ingreso a mi cueva: La Cueva. Comienzo apretando el paso pero, posteriormente, entono un silbido mientras anochece y pienso, que tal vez decirle que se fuese fue una mala, un poco mala, idea.
Pero entonces, y solo cuando estoy solo. Entonces cuando los arboles vibran en silencio, y cuando estoy verdaderamente solo, silbo para mis adentros. Silbo una linda tonada; balada a aquel pueblo de ponys. Y en mi silbar rápidamente finalizo.
- Que mundo tan maravilloso.
Tras recibir halagos y aplausos de una multitud aquel dragón, cansado de disimular firmemente deja al pobre potranco perdido que solo avanza a sus padres y los abraza, firme. Hermosa escena entre flashes mientras la soltera madre le besaba compulsiva la cabeza. Acicalándolo y dándole cariño que solo una madre con terror puede darle a su único hijo vivo. Fue un extraño momento de acicalamiento familiar, y los camarógrafos intentaron tomar lo mínimo de la escena para no herir más al pobre avergonzado niño perdido. Les recompensaron con una agradable comida que finalizo súbitamente cuando el dragón decidió irse, y la equina lo siguió, por razones desconocidas, fiel.
Pero los agradecimientos le llegaban de todos lados. La tarde caía, y el llenaba de regocijo a una familia. A donde quiera que fuera mientras anochecía se podía escuchar la misma frase tarareada por los pueblerinos de aquella bella PonyVille. Lo que sería un eslogan para los diarios, le atestaba la cabeza y le hacía palpitar las cienes. ¡El potro está bien! ¡El potrillo está vivo! Como si no lo supiese él. Recibe halagos, un par de honrosas disculpas. Todos vitorean al dragón estrella. El dragón querido, Spike El Valiente Y Glorioso.
- jamás debimos dudar de ti, dragón. Nos has salvado.
-¡el potro está bien! ¡El potrillo está a salvo!
Como si él no lo supiese.
En su biblioteca al fin entrañado. Las escamas se le revuelven, el mundo flota. Una gentil brisa es socorrida. No hay nadie a quien acudir (Oh Celestia, Oh Luna) solo con sus pensamientos y el traicionero desliz de los mismos hacia la pendiente del terror. Terror, ¿Cómo no sentir miedo? Sería ilógico no tenerlo. ¡Sería estúpido no delatar! Su mente resbala en una pendiente quebradiza. Su cola golpetea, el suelo de madera lisa, de tierra plana. De silencio eterno. Su cola golpetea, suda, débil una gota se escurre por su frente (Oh Celestia, Oh Luna) cae a ese suelo encerado. Cae en el polvo pues no se ha limpiado. Su mente suda, su cuerpo se corroe. Aquella pony sigue ahí, feliz. La pegaso. Era el problema a tratar más peligroso que el humano.
- Ditzy – dijo. La equina entonces con paso cómico, avanza de la sala a la cocina donde el termina de lavar trastos (eso, ¿eso hacia?) y sin pena ni temor sonríe cómica, cómica. Ajena de preocupación. – Oh Ditzy – dijo nuevamente – tenemos que hablar – completa ella. Que lista, que inteligente. Ella toma sola asiento, ella toma sola la palabra. Ella toma sola su destino. Pero en el fondo poco comprendía en realidad.
- Ditzy vete – dijo – mantente muy al margen de esto. Esto – se mira las manos sin secar, y aun mojadas estas tiemblan – esto es muy peligroso y delicado para tus… tratos. – Seguía sonriendo absorta – debes prometerme que guardaras silencio. Que no le dirás a nadie sobre lo que viste. Sobre lo que vimos hasta que sea meramente prudente. Muchas cosas se ponen en juego ahora y, debo analizar nuestras opciones. Debo hacerlo por ambos, por toda Equestria.
- no lo traiciones – dijo ella. Un chorro puro de electricidad le golpea la frente. Como si le hubiesen abierto las memorias. Como si leyesen dentro de sí. – él no es malo. – agrega, el dragón bufa. El dragón suda. Bajo esas manazas mojadas, suda extraño. Temeroso y sin dirección. – No lo mates - ¿Por qué no? ¿Si nos amenaza, si es una duda total? ¿Por qué no debería delatarlo y volver esto más sencillo? Amenaza nuestro mundo con su sola presencia. Amenaza TU mundo con su existir y según el con mi ayuda vendrán más de su clase. Independientemente de lo que haga y elija ellos vendrán y vendrán, ¡Oh Celestia, Oh Luna! ¿Por qué no puedo ir a delatarle y dejar de confiar, dejar de esperar, de mentirme? – Cuestiona vivaz – porque lo prometiste – ella resuelve. – una promesa sin valor. No tiene… - ¡si, si lo tiene! El té dio sus cosas, se ofreció a todo lo que tu decías. A todo lo que tu quisiste. Tal vez, tal vez no sea muy lista. Pero hasta yo sé cuando alguien miente y cuando no. Lo vi en sus ojos. Con los míos. El no señita más miedo. Él decía la verdad.
- como confiar en sus palabras. – Como el confió en las nuestras – dijo. El dragón seguía pensando. Esperando en su mente una respuesta fulminante pero estaba en blanco, no tenia, nada. Sus manazas sudaban bajo aquella humedad. No tenía nada.
- debes irte de esto – agrega – tu, no estas hecha para esto. Esto es muy peligroso y en serio velo por tu seguridad. Quiero que te vayas, te alejes de esto y por nada del mundo digas nada ni te acerques al bosque nuevamente. - ¿crees que soy tonta, tú también? – su voz notaba fuerza pero en el fondo una tristeza inimaginable – no – responde casi sínico. – tal vez no sea muy lista. Yo lo sé, yo sé que no soy muy inteligente. Todos creen que no sé qué soy retardada. Pero no quiero salir de esto: quiero estar aquí. No puedes hacer nada para impedirme visitar al pony, digo, humano. Y no voy a hacer nada para matarnos ni matarlo. – la pony grisácea, menos dura se puso de pie en aquel sillón. El dragón de rostro duro lo torna menos fuerte. Sonríe sin desear pelearle más – en 3 días iremos, a ver al humano así que en 3 días debes estar aquí, en mi casa en la mañana. Recuerda guardar silencio sobre lo que has visto, ¿de acuerdo? – De acuerdo –dijo ella abrazando al dragón.
-tal vez apresures mucho tu decisión – dijo antes de soltarle, con una voz extraña, diferente. Posteriormente se despide de Spike. Y se va a su hogar lejos de aquí. En las nubes. Flotando como sus preocupaciones. Con sus miedos. Que se fueron transpirándose. Valiente, más valiente que el dragón, pero más torpe. Y su torpeza le hacia sonreír.
Finalmente solo, tuvo capacidad para pensar. Se sentó en aquel sillón, mientras cercaba en su mente toda idea nueva o ´peligrosa. Inmediatamente bajo al sótano de experimentos. Aquel bonito laboratorio. La limpieza podría hacerse después. Debía ver los regalos de este Día de la Fogata corrupto. Bajo la tierra nadie vería sus problemas.
Encendió la lámpara de energía mágica con un chasquido de dedos. Entonces tomo en mente aquello que no podía quemar. Que no ardía con el fuego. Que no debía incinerar. Ahí descuidado sobre una mesa. Ahí, a sus ojos frente a él sin problemas. El arma de aquel humano. El cubo de aquel humano. Y algunos utensilios metálicos que no arderían, jamás. Y que por seguridad no debían arder. Ahí, frente a sí. Un artefacto de un ingenio incomparable, de construcción increíble y todavía pese a la explicación del humano, de intenciones desconocidas TU SABE QUE HACE EN REALIDAD desconocidas. El arma del humano, artefacto mortífero. Ingenio infinito. Que no supo usar pues sus zarpas aun tiemblan cálidas, no frías PUES SABES QUE NO LA USO BIEN no muertas, vivas. Toma uno de aquellos palitos de metal. Cosas que son disparadas por el aparato de metal y plástico. Plástico, como la envoltura negra en la que se apilan cual fruta de la muerte. Que al ser consumida matara indudable. Plástico, parece ser el material que ellos más usan HUELE A VIDA, HUELE A MISERIA. HUELE A VERDAD como él le dijo. Y como él le dijo además, debía tener precaución con el fuego. Si se le acercaba mucho podrían explotar y hacer daño. Los dejaría así. No tenía intención de moverlos.
Lleva 4 días aquí. El cubo fue ofrecido con facilidad pese a de él depender la humanidad. ¿Eso era lógico? Aunque explico que llevaba ya tiempo enterrado transmitiendo esas ondas desconocidas de muerte: un par de semanas no afectarían mucho. Previsto en 4 meses su arribar LA VERDAD NO HUELE MAL parecía demasiado bueno para ser cierto DEMASIADO PARA TU VERDAD pero EN SU NARIZ NO HAY TERROR era y debía ser así. Lo olio SI LO HIZO y en ese acto todas sus cuartadas era ciertas. Llevaba mínimo 4 días. Peleo contra criaturas del bosque. Defendió a la equina. Enfermo por una mantícora y sobrevivió. Era cierto ES VERDAD, esto no olía mal. Pero más que eso. Su miedo no emanaba de la falsedad o la posibilidad de mentira NO HABÍA MENTIRA. Eso. No había mentira. No había nada de falso. Eso le daba miedo: una verdad incómoda.
Era increíble que todo fuese cierto. Encontrarse con un humano bondadoso. Que se proclamaba el Emir del Reino de los Hombres y venia en son de paz. Desde más allá de la barrera del espacio. El vino de otro lado, ni arriba ni abajo, sino mucho, mucho más allá. Allá donde su comprensión se vuelca. Donde las leyes mágicas no existen y no rigen. Quizás los ponys no existan ahí como los humanos no lo hacen en este mundo. Un mundo decadente y muerto según él. Si hace 3 años ellos llegaron. Hace 3 tan solo 3. Y acabaron con tantos sin preguntar. Que lo hace a él diferente. ¿Qué? EN SUS OJOS NO HAY TERROR si hubiese deseado arribar a matar a todos… a menos que tenga un objetivo específico. Se hubiese ido hace mucho, ¿no? Quizás solo espera el regreso de las equinas para poder atacar.
Si, parece algo lógico… si, podría pasar.
EL SABE QUE NO.
¿Podía ser posible, que fuese bueno? Su mente no lo podía permitir. Tal vez en su mente UN DRAGÓN JAMÁS FUESE BUENO hubiese un gran distractor. Pienso como pony. Vivo como pony. Muero como pony PIENSO COMO PONY. LOS DRAGONES TAMBIÉN SON MALOS. TAMBIEN MATAN PONYS, COMEN PONYS. Y LOS HOMBRES tal vez PODRÍAN SER BUENOS podría ser bueno. No, desvaría. Se talla la frente. Se talla las ideas. Cuantas cosas se ponían en juego. Cuanto no podía perderse en esos días, llenos de miedo. Cuánto. Si el hombre resultaba ser el representante. Y si el hombre era delatado. ¿No sería lo mismo que si el hombre fuese malo? Irónico problema donde ambos extremos lo hacían sudar de terror.
¡El potro está bien! ¡El potrillo está vivo!
Era un hecho irrefutable. Meramente imposible de tachar. El potro estaba vivo. Él no le hizo ningún daño, el intentaba escapar, su olor era de miedo, no el de un asesino. El potro estaba vivo. Increíblemente, contra todo pronóstico, estaba vivo.
-tal vez apresuras mucho tu decisión
Se cansa, tras navegar en círculos por una acera infinita. Si seguía así se convencería en aquellos extremos. Sus ideas desvariaban. Debía concentrarse pues si caía en alguno de esos puntos opuestos realmente podría cagarla fiel a sus pensamientos más pesimista. Había sido ya participe del más fiel ejemplo de ello con su amiga del alma que frecuentemente caía en esas divertidas tretas mentales. Pero esta vez no se echaría a perder un picnic o un vestido si no la especie completa oh inclusive toda la vida en el mundo. Esto iba en serio. Basta de conjeturas. Suspira cansado ante aquellos objetos. Suspira cansado, sin volver a respirar.
- ellos serán capaces, capaces, ¿de sentir amor? ¿Ellos serán capaces de poder amar? Amar como nosotros amamos al sol. Amar como nosotros, amar por amar - recuerda una estrofa de alguna canción y menos estresado (al menos superficialmente) se hecho a reír. Si alguien sabia responder a esa pregunta. Lyra de los Hombres debía ser. Debía descubrirlo o ya lo descubrió.
El olor no decía mentiras. El olor nunca le traicionaba. Eso era lo increíble. Su lógica en su contra.
Finaliza. Su decisión es apresurada. Debía recopilar más datos, si, muchos más datos. Lo había conocido hoy. Ella llegaría en un par de días más. Quizas, si era importante tal salida (y su huida en la noche indicaba que si) regresaría en 2 semanas. Tendria tiempo suficiente como para planear como explicárselo de manera prudente. Sin descuidarse, ni dirigirse a los extremos de la situación y sufrir desastrosas consecuencias. Si, sonaba agradable. Tenia razón el joven dragon: 1 dia es muy poco para tomar una decisión tan trasendental. Debía esperar, y usar todos los medios que tuviese a su alcancce en búsqueda de una salida mas o menos segura.
Si lo analizaba más podía sacar una mejor conclusión. Resulta ser una buena idea. El tiempo es bueno, aun hay tiempo.
(Oh Celestia pero en especial, OH LUNA)
Dormiría, ya agotado. Para pensar mañana en los problemas de ayer. Dormiría, pues hoy abrían pesadillas.
Pesadillas. La noche se presta hermosa para las pesadillas. Muerte, muerte en los árboles, sobre los que penden cadáveres. Y los gusanos se montan un festin. Pues las pesadillas nacen en una oscuridad penetrante, como cuchillas. Se gestan, en un cuerpo podrido, frio. Ante el aire infinito. Una caída increíble. Una muerte sin igual. Negro, negro como la noche sin estrellas. Sin Luna ¡pues la luna ha muerto! ¡y si algun dia existio! ¿a quien le importa? Pesadillas, en la negrura. Solo nos queda el recuerdo del ocaso rosa. De un pasado gris. (¿verdad, lunita?) el pasado se oscurecia. Negro, negro como la noche y frio como la muerte. Un pasado gris, turbio como el agua de impuros ríos. Un pasado feo, perturbado, en una estática lava cerebros, el amor toma significados venenosos. Ahí donde el si es no y él no es sí. Planes fallidos alzan sus garras. Puentes quemados se secan y van tras de ti como golems corruptos. Te atrapan, te llenan de su energía destructora. La estupidez arrecia en los corazones, el amor toma otros significado. Molinos, molinos que van en sentido contrario del viento. Ya no hay mas que depravación en sus engranajes oxidados ( verdad, ¿Lunita?) 8 SOMBRAS TE MIRAN.
Negro, negro como la muerte y frio como la noche. No… ¿No debería ser al revés? No queda bien, siento que falta algo extraño. ¿Quién dirige esta mierda?
El guardia Changeling despertó de su guardia. Extrañado, raro. Humedecido su cuero, entiende que no debe estar extrañado. Escucha el silbido tierno de sus 7 inferiores. Ella, en su sepulcral dormitar, en aquella cama gris lograba algo asombroso, admirable para su mente, que no podía decir que no había visto venir antes: algo de él le decía que no se sorprendiera. Ella. La diosa de la luna, decadente. Los había cegado por un momento. Los había logrado, cegar. Cegar a los Inmutables, a los imperturbables rostros oscuros seleccionados: la elite de la guardia verde. Los había dormido. A ellos, que eran incapaces de dormir.
Ironias de la vida, sentía el rostro húmedo, rojo, ruborizado. Caudal de emociones ante la contradicción tan evidente. Lider de Los Fieles Protectores De La Corona Rota. Selectos rostros entre millones. Incapaces de dormir, no necesitaban tal acción. Entrenamiento arduo, años de preparación. Pero durmieron: esa sensación tan vieja era la que había sucedido. Su cuerpo inclusive se sentía aun pesado. Como si lo hubiese hecho por 1000 años. Ellos. Los Fieles Protectores De La Corona Rota. Ellos elevaban la luna, y ayudaban en el dia. Ellos bajaban la luna. Ellos traían las pesadillas. No, dormir les era imposible a ellos, que tanto por entrenamiento como por bizarros factores biológicos eran incapaces de conciliar ni siquiera una breve siesta. Y sus cuerpos, doblaban con creces lo que un changeling promedio tenia. Capaces de soportar torrentes mágicos increíbles,que serian incapaces de absorber y destrozar a cualquier changeling, esto sumado a una capacidad para dirigir tales torrentes mágicos, estos 8 guardianes serian la pesadilla en combate de todo mago equino. Y aquel mas listo, supo presumir que sucedia. Sus cascos dejaron de rayar sin sentido el suelo al despertar sus compañeros. Sintió un gratificante alivio, no. No se habían dormido.
La princesa los había cegado. Las luces se encendieron como velas en la brea. Débilmente iluminaban pero para ojos que ven en la noche eran suficiente. No, no los había dormido según aquel reloj. Recuerda, haberlo visto al menos hace 1 minuto atrás por puro aburrimiento. Si, no habían dormido, pero vaya que fue un gran susto. No obstante su rostro se bate en una incomoda sonrisa: no los había dormido, si. Pensar que seres como ellos podían dormir era imposible. Pero si los cego, durante al menos 10 segundos. Y el regular caudal de energía, esa preciada magia equina, había increíblemente, dejado de existir.
Su mente rememora momentáneamente. Tal suceso, solo había sucedido un par de veces en todo su servicio. En especifico cuando recién fue domada. Si, cuando se resistía. Recuerda tétrico como las primerizas expresiones jóvenes de sorpresa se le fueron quitando lentamente, cuando poco a poco la fuerza de aquellos sedantes y químicos le mermaba su admirable orgullo y la transformaron de una guerrera princesa a una dócil flor que debe ser regada. Si, poco a poco. Esa cama seria su maceta, y ataúd. Si, poco a poco. Poco a poco. Esa rosa de cosecha, a ella se le acabaría la temporada. Poco a poco perdió sus petalos. Si, ahora recorre la cama. Y nota aun mas divertido (y sorprendido) que ella no esta.
- se ha ido
- esta aun aquí
Podemos olerte, podemos oírte, podemos sentirte
- cayo de su cama, no se ha ido
- no tiene opciones, regrese a dormir
Podemos forzarla, podemos dormirla
- debes volver a dormir, aquí, aquí
- vuela a dormir lunita, vuelva, vuelva
Le estamos viendo, le estamos escuchando. Y si usted nos escucha, USTED no puede huir.
No puede, pues no hay a donde partir.
El jefe y encargado principal bufa, las conspiradores voces seseantes de los guardianes de la nueva luna, cesan. Cesan abruptamente. No por orden. Por miedo puro ante la amenaza: pues sus vidas eran, pese a sus capacidades, en cierto punto, prescindibles. Podían morir si se precisaba, si así era necesario; aunque tal acto seria solo usado como ultima estrategia ante la importancia de tales changelings. Ciertamente aquel guardia a había tenido la curiosa fama de matar a sus semejantes antes de llegar a tan secreta y poderosa unidad, esto como líder de la patrulla changeling, institución anterior a la llegada del hombre, cuando el modelo de colmena era vigente. Ciertamente ellos no le desafiarían. Ni pensarían otra vez en cualquier cosa que pudiese irritarlo. Y por ello había calma, no agradable, ni pacífica. El silencio era estridente a su modo natural de causar mareos, y revolver estómagos. Las respiraciones momentáneas de aquella alicornio enferma. El arrastrarse. No necesita oler el panorama para precisar que había caído al suelo en alguna de sus amargas pesadillas (sueña mucho con calor, fuego, con la miseria, una nueva luna) y calurosa intenta, seguramente hallar el frio de la atmosfera de aquel castillo de tinieblas. Les había cegado, ¿Por qué? En su situación no llegaría a ningún sitio. Ni siquiera podía llegar a ninguna parte, exiliada entre los suyos. No tenía sentido y esa misma falta de lógica, lo intimidaba más que cualquier perdida de concentración. Sus respiraciones se escuchaban cerca, quizás solo un desesperado sueño, asustada por recordar al pasado. –oh, lunita – apodo ganado a pulso, pues ya no era la majestuosa columna de poder, la Blanca Luna que ingresó por los magníficos portones del castillo de las tinieblas. Era una sombra de la luna, algo más o menos inofensivo, olvidada. Podrida, sí. No una luna, ni un satélite, una simple lunita. Que de no ser por esos ricos torrentes mágico/emocionales tan preferidos – o apreciados - por la Reina seria fácilmente, cosechada.
Camina con su fiel tacto sobre la habitación fría. Los cascos metálicos le resuenan. Incrustados eternamente en los agujeros que llevaba por Changeling. Una tortura innecesaria si le preguntaban (en voz muy, muy baja) a él, pero a la Gran Reina le encantaba el sonido de los cascos de su pueblo sonar por las avenidas y en específico el palacio. Le tranquilizaba sentir ese poder mientras dormía, según había alcanzado a oír. Atornillados como madera al suelo. Le ardían. Pero jamás se podría quejar ni aunque le pidiesen sugerencias. Su bata oscura que le tapaba de manera inteligente aquellos 2 cañones laterales siempre dispuestos para mandar a dormir eternamente a la diosa de los sueños, esa hermosa gabardina negra, se batía con el aire de la nueva noche. Se confundía levemente en esa asfixiante oscuridad. Un aire apestoso por el humo sale de sus pasos, pero se disipa y se cambia por un nada agradable frio: ahí en la cúspide del castillo negro de las tinieblas, se podía tener una sensación similar a la que se sufre en los congelados polos. Un par de minutos y los mocos de las fosas nasales se le congelarían. Luego de 10 las extremidades se detenían inexplicables, y en una hora entrabas, si eras changeling, en hibernación forzada. Si eras un changeling y tenías mala suerte, y en 2 días no salías de ese sitio, morirías, un destino que varios constructores sufrieron al llegar a esa zona, incautos. Su labio inferior, carnoso y negro como la oscuridad de donde presumía emerger, temblaba. Los ponys no eran resistentes. Los ponys no tenían tales desesperados mecanismos de defensa ante el frio. Ni los pegasos, unicornios o ponys de tierra. Ni los alicornios. Ellos también podían morir.
Y pese a que las lúgubres y descorazonadoras condiciones infra equinas a la que era sometida aquella pobre alicornio parecían intentar hacer lo contrario, no podían permitirse el lujo de matarle. Moriría el también, oh, claro que el moriría. Era el encargado y por ende, el responsable. Una extraña simbiosis pues, surgía entre aquellos 2 tan diferentes entes.
Sale de la habitación. Abre la ventana entreabierta y aquellos sus amigos guardianes se regocijan en la oscuridad, estáticos en espera fija. Ve su pierna ennegrecida. Cascos de equina. Ve sus inútiles esfuerzos. Los grandes guardianes se acurrucaban a las orillas de la ventana. Preparados como el procedimiento estándar sería, mas, cuando el salió los fulmina con su mirada negra, y atareados regresan a sus puestos. Mentes de niños. Mentes de muertos. La equina en el suelo con una de sus alas desplegadas. La otra pegada al torso. Su rostro marchito plagado de feas arrugas. Su cabello antes recuerda una nébula negra de misterios inenarrables para cualquier ser vivo indigno como él se convertía en burdo cabello negro con toques morados en las puntas rotas. Gris en partes, como si todas las estrellas que lo habitaban hubieran estallado en supernovas dejando estelas tristes de polvo en su lugar. Un horror increíble. Babeaba en aquel suelo y la baba se cristalizaría. Sus mocos crean témpanos verdes que se balancean entre su pelaje desatendido. Muerta casi en vida. Un fósil entre los nuevos.
Sus cascos delanteros se colocan en las orillas de aquel balcón en la torre negra. Abrazando con sus zapatillas oxidadas la orilla. Sintiendo el viento hermoso moverse entre los remolinos de su pelaje. Estira más una hermosa de sus alas. Las plumas eran también grises y se desprenden por el crudo aire que parte hacia algún crepúsculo lejano. Con una increíble, incongruencia aquellas alas se elevan percibiendo los cambios de corrientes, moviéndose, raras. Incapaces de canalizar, de concentrarse, de volar. No. Las aves no volaban a esa altura: no. Esas alas no eran naturales, al menos originalmente, ellas o tenían ese diseño roto. Si. Su mente lo rememora. Él se las había cortado, y aquella otra donde no había movimiento: Su Reina se la había dejado inutilizable.
Tomo su casco, y lo aparto de una patada. Ella ni se preocupa en gemir de dolor. Su mente vuela y vuela hacia el atardecer hermoso, hacia los crepúsculos rosas del pasado, contra la corriente, en búsqueda de una luz hermosa y azul. Hacia el ayer, allá en los océanos desconocidos donde la única certeza, es la hermosa, hermosa y muy hermosa, libertad.
La arrastra de una de las piernas por el frio suelo tras 3 minutos de exposición a ese placebo de libertad. La sube a su cama. La recuesta y ella vegetal no omite resistencia alguna.
- ¡todos salgan de aquí!
- todos salgan, todos salgan
A patadas los changelings, esperan afuera, en el pasillo.
Cierra la puerta. Con firmeza e inmediatamente cierra la ventana. Se lava los cascos quitándose dolorosamente las zapatillas metálicas. Le coloca su tiara. Su tiara de princesa única de la luna. Ella tiene un reflejo de sonrisa, bajo ese rostro lleno de telarañas. Le recuesta. Entonces ella cierra los ojos. Le soba aquel casco dañado (con celebre cuidado) y duerme, duerme placida. Como si nada pasara. Duerme una vez más.
- La Luna – sisea – pude verla –sisea levemente – pude moverla con los cascos, ¿puedes creerlo? Yo no – las arrugas le cerraron la boca. Durmió. Débilmente. Luego de unos minutos descansaba. Y emitía esas hermosas emociones. Sonrió. Y el solo se llenó de una fortaleza inmensa: ¡amor, felicidad, deseo! ¡Fuerza solo para el! Un éxtasis, que finaliza prematuramente al dormir profunda la alicornio. Y los guardias volvieron a entrar en manada. Cercando el dormitorio de aquella pony. Alimentándose de esos torrentes emocionales profundos cual ciénega negra. Inagotables. Increíbles. Alimentándose para hacerle dormir, en busca de una fuerza más poderosa aunque la felicidad, o el amor, una fuerza oculta. La dormían, y le cercaban, y le enviaban su poder a su única Reina, a su única diosa. La dormían para succionarle hasta el último gramo de poder. La dormían, para hacerle tener pesadillas.
