Disclaimer:todos los personajes y hechos reconocibles son propiedad de J.K. Rowling, el resto son producto de mi inspiracion e imaginacion :D
-Buenos días a la rosa más hermosa del jardín- susurró Scorpius al oído de Rose esa mañana de Noviembre, tan escarchada y gris que hacía que la sonrisa de ambos enamorados reluciera como un sol en un espejo.
Porque sí, en aquel momento, las sonrisas de Scorpius y Rose eran la luz que iluminaba el vestíbulo a esa hora de la mañana. Iban con Hagrid, a su clase de Cuidado de Criaturas mágicas. El chico abrochó bien la capa de viaje de pesada lana negra de su novia y con cuidado envolvió su delicado cuello en la bufanda escarlata y oro de Gryffindor, dejando el escudo bien visible. Si el sombrero seleccionador hubiese elegido otra casa para Scorpius Malfoy, sin duda sería la misma que la de su novia.
Caminaron colina abajo hasta la linde del bosque, delante de todos sus compañeros. Les gustaba ir antes que todo el mundo a la cabaña, Hagrid siempre había sido buen amigo de sus padres… bueno, por lo menos de los padres de Rose y de su tío Harry. Con Draco Hagrid no se llevaba muy bien, considerando que en primer año había descubierto su dragón, en segundo insultó a Hermione, en tercero mandó a su hipogrifo a matar… en fin, "cosas del pasado". Lo que había que hacer era reponer el daño de su padre, y el hijo de Draco lo estaba haciendo muy bien.
Como muestra de su humildad de espíritu, luego de los sucesos ocurridos hacía unas semanas atrás en el hospital, Scorpius por iniciativa propia había ido a la cabaña del guardabosque a darle noticias sobre los Potter y los Weasleys, ofreciéndose de paso a llevarles algún mensaje si lo precisaba. Hagrid desconfiaba aun del muchacho, ya que se parecía demasiado a su padre, hasta al arrastrar las ultimas sílabas al hablar, pero no con el mismo tono desdeñoso que su progenitor. Poco a poco, con la presencia de Rose, Hagrid iba abriendo su corazón hacia esta nueva especie de sangre pura con sentimientos.
-Buenos días-dijo con su voz de trueno al escuchar los tres golpecitos en la puerta, señal característica de la pareja.-Pasen, pasen, no quiero que se congelen antes de tiempo.
-Buen día Hagrid, ¿qué tal las galletas esta vez?- preguntó Scorpius con una sonrisa.
-Tenías razón, joven Malfoy, con un poco de jugo de calabaza y menos tiempo de amasar, salieron más… suaves. ¿Quieres probar?
Scorpius tragó saliva. Esperaba que sus consejos hicieran más comestibles las comidas de Hagrid
-¿Y- preguntó el guardabosque- cómo va su historia, muchachos?
-Pues yo creo que bien-sonrió la chica tomando la mano de Scorpius y mirándolo con afecto a los ojos.
-Su padre ya no intenta matarme. Creo que el Señor Weasley me aceptará si sigo portándome bien.
-Ah, Ron siempre ha sido muy celoso y sobreprotector. Recuerdo la vez que estuvo ahí sentado- dijo señalando un banquito cerca de la ventana- vomitando babosas gigantes sólo por defender a Hermione de…
-Mi padre, lo sé- terminó Scorpius al ver que el semigigante se detenía- Espero redimir sus pecados con mis actitudes. Tenemos una misión que cumplir, Rosie, en nuestras manos está el poder de cambiar los odios del pasado. Espero estar comenzando bien- agregó mirando a su profesor.
Hagrid carraspeó.
-Si vienes el sábado por la mañana temprano a ayudarme con esas nuevas calabazas lunares, entonces diré que estás más cerca de hacer las cosas como se deben.
Scorpius rió. Rose estaba feliz, su mundo y el de Malfoy estaban por fin uniéndose más de lo que nadir hubiese sospechado jamás.
Los tres salieron a la fría nieve de Noviembre por la mañana. Todos ya estaban fuera de la cabaña, listos para la clase
-Entonces, princesa, ¿me acompañarás a elegir los regalos de Navidad a Hogsmeade?
Dijo Scorpius abrazando a Rose en la mesa del desayuno aquel sábado por la mañana.
-Por supuesto, Scorpius, pero recuerda comprar un regalo para papá… Y NO se te ocurra la broma de las acromántulas de gelatina si no quieres pasar año nuevo en San Mungo-agregó al ver que su novio ya iba a proponer otra vez aquella idea.
-Como diga mi reina- dijo en cambio él, haciendo una pequeña reverencia antes de salir acompañado de dos de sus amigos rumbo a la sala común de Slytherin.
Rose lo vio caminar hasta que el último pliegue de su capa se ocultó en el vestíbulo, y entonces se volvió a Lily y Albus que estaban frente a ella.
-¿Cómo creen que tomarán todos lo de Scorpius en casa para Navidad? Espero que papá se comporte.
-Tu tranquila-dijo su primo con la boca llena de pan tostado con manteca- si algo sale mal, Scor puede practicar desaparecerse, ya que tiene el permiso.
Habían hecho los exámenes antes, ya que sus padres habían accedido a ello.
-Haha, qué gracioso, Al, estoy hablando en serio.
-No te preocupes, Rose, sabes que tienes el apoyo de papá por cualquier cosa que necesitemos calmar a tío Ron. Mamá te apoya, cree que es tiempo de que las familias hagan las pases de una vez.
Luego de presentar sus permisos a Filch, los tres salieron hacia Hogsmeade. Rose iba a encontrarse con Malfoy en Honeydukes a las 11, y ya que les habían dado el día libre hasta las 5, almorzarían en las Tres Escobas con los Potter (sin James, aun estaba arrepentido y distante por lo que había pasado)
Tras pasear un largo rato y entrar a las numerosas tiendas (Albus tuvo que esperar frente a la de escobas mientras su prima y su hermana entraban a probarse túnicas y más túnicas) y por fin, a las 11, Rose y Scorpius se encontraron en Honeydukes-
-Así que si no llevo acromántulas de gelatina, ¿qué le gustará a tu padre?
-Cierra los ojos- rió Rose- y todo lo que toques le encantará.
Scorpius siguió el consejo de Rose, y ella, disimuladamente, quitó del alcance de éste el tarro lleno de acromántulas que él pretendía tocar por error. Salieron con una caja llena de los más variados dulces y golosinas, y hablando animadamente, llegaron al final del pueblo, cerca de la casa de los gritos. Rose recordaba haber oído a su padre hablar sobre una cueva cerca de allí, donde el padrino de Harry se había escondido de la justicia injusta.
Al fin encontraron esa cueva, y juntos, se sentaron a ver el sol avanzar sobre la cuidad, aunque se viera poco, ya que el día, nublado y gris, dejaba poco espacio para los rayos del sol que no eran tan fuertes como para derretir la espesa nieve.
-Ven aquí, Weasley, no voy a dejar que te congeles. La piedra está muy fría, y si le llevo una escultura de hielo a tu padre, ni toda esta caja de golosinas lo calmará. Y si le llevo una hija resfriada a tu madre…- dejó en suspenso esta frase y miró a su novia como diciendo "no quiero averiguarlo" y le puso sobre los hombros su propia capa, tapándose a la vez él con el sobrante.
Rose elevó el mentón y le dio un tierno beso. Scorpius sonrió. Tenía a la chica más dulce del mundo a su lado. Ella apoyó su cabeza en el pecho de Scorpius y allí se quedó mientras él la abrazaba, apoyado en la pared de la cueva.
-
El tiempo pasó de la manera más suave, sin que se dieran cuenta, ya era más de mediodía. Un grito despertó a Scorpius, que sacudió con suavidad a Rose para que despertara también.
-Hola mi amor… soñé que…
-Rosie, ¿escuchaste ese grito?
-¿De qué…?
El grito se repitió otra vez, y no era de horror, sino como un reto, una discusión. Ambos corrieron a ver de quién se trataba. En efecto, a cierta distancia, dos figuras con uniforme negro parecían discutir mucho.
Scorpius afinó la vista.
-Rose, ¿esa no es… Melisa Stan, la novia de James?
