Día 7
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El shinigami sustituto abrió pesadamente sus párpados. La luz que entraba por su ventana le cegó la vista en un instante. Parpadeó un par de veces para librarse de la molesta luz.
Al contemplar su habitación vacía, salió de la cama y salió de su pieza. Al poner un pie fuera de su habitación, escuchó los gritos de su loco padre — ¡QUÉ DEMONIOS! — fue la única frase que logró articular antes de que una potente patada voladora cortesía-Isshin-Kurosaki se estrellara contra su adormilado rostro.
Intentó golpear a su padre, pero éste le esquivó hábilmente. Bloqueó todos sus ataques con las manos; con tanta agilidad, el peli naranjo se sorprendió demasiado.
Cuando por fin logró separarse de los arrumacos de su padre. Llegó a la sala y ahí se encontró con las mellizas y Rukia. La shinigami traía un lindo y mal adornado pastel de chocolate, con un conejo deforme con cabellera naranja y unas letras rojas, hechas de una pasta roja, al parecer de fresa ``Feliz Cumpleaños, Ichigo´´ se alcanzó a leer.
— ¡Feliz Cumpleaños, Ichigo! — musitó la menuda shinigami
— ¡Feliz Cumpleaños, Onii-chan! — exclamó Yuzu
— ¡Feliz Cumpleaños Ichi-nii! — susurró Karin
Las mellizas se abalanzaron sobre él y lo atraparon en un cálido abrazo. Al final, Rukia se acercó y pasó sus manos por el cuello de él. Unieron sus frentes y ella restregó dulcemente sus labios contra los del shinigami sustituto. Pasó sus masculinas manos por la delgada cintura de Rukia.
Cerró sus ojos lentamente, mientras se deleitaba con los suaves labios de Rukia.
Se separaron después de unos cuantos minutos.
— Feliz Día, Ichigo — musitó nuevamente la menuda muchacha.
Tomó la mano del pelo pincho y lo guio a la mesa. Hizo que éste se sentara mientras todos los miembros de la familia se acercaban alrededor de la mesa.
El shinigami estaba demasiado impresionado con la actitud de su familia, en especial la de Rukia. Jamás pensó tener una sorpresa así de grande. Sintió su cara un poco caliente, era debido al suave tono escarlata que adornaba sus bronceadas mejillas.
Hicieron la breve celebración, comieron algo de pastel de chocolate, que Ichigo descubrió, fue hecho por Rukia. Y eso le agradó demasiado.
Ambos subieron a la habitación del shinigami. Mientras él miraba con detenimiento el rostro de su bella shinigami, ella estaba acostada boca abajo leyendo un manga.
Él se acercó lentamente a la cama y se tiró a un costado de Rukia, pasó su mano por la cintura de ella y su cabeza en el delgado hombro de ella.
— Arigatou, Rukia — musitó cerca de su oído.
Se estremeció al sentir el aliento de Ichigo cerca de su oído. Giró lentamente su cabeza y posó sus labios sobre los de él. Con suavidad. De repente se separó. Era hora de dar su mayor sorpresa.
Se sorprendió por la repentina separación de Rukia, pero cuando la vio levantarse como loca de la cama, la siguió.
Ambos salieron de la casa de los Kurosaki y se encaminaron a la tienda de Urahara. Rukia tomó con fuerza la mano de Ichigo y éste gruñó por lo bajo al sentir la presión en su mano.
— Para estar tan enana, tienes mucha fuerza — masculló el shinigami sustituto
— Claro — devolvió. No era momento para peleas. La emoción que sentía acaparaba todos sus malestares y problemas de ese momento. Su mente estaba completamente ocupada.
Después de pasar algunas cuadras. Ambos iban en un abrasador silencio. Nadie se atrevía a decir absolutamente nada.
Aunque la duda de a donde iban carcomía la conciencia de Ichigo. Eso, sumado con sus nervios. Por Kami. Sabía que pronto explotaría. Así que, sin pensarlo tanto, decidió preguntarle a Rukia con respecto a su inesperada salida.
— Oe, Rukia ¿A dónde vamos? — pregunta con preocupación.
Sólo pocos saben hasta donde es capaz de llegar Rukia Kuchiki cuando se propone algo.
— A un lugar. Así que cállate y no digas nada.
Era increíble. Rukia era la que llevaba casi a rastras a Ichigo por toda la calle. Pero eso era lo que menos le importaba. Sólo quería darle su sorpresa al pelo pincho.
Después de un largo tramo más, llegaron a la tienda de Urahara. Rukia entró de inmediato, e Ichigo estaba petrificado ¿Qué hacían ahí?
Se adentraron hasta la sala. Donde había: Un cartel gigante donde decía «FELIZ CUMPLEAÑOS, ICHIGO», globos, confeti, golosinas y un grupo de felices amigos.
— Chicos... — musitó sorprendido el peli naranjo
— ¡FELICIDADES! — gritaron todos al unísono
Dentro estaban Urahara y Yoruichi, Uryu e Inoue, Sado, Tatsuki, Renji, Tessai, Jinta y Ururu.
Cada uno fue pasando con un objeto envuelto en papel de distintos colores. Con figuras, cartas, etc.
Pero Ichigo no movía ni un solo músculo, estaba perplejo por la celebración. Jamás pensó que fuera a pasar eso.
— ¿Quién preparó todo? —preguntó en tono sorprendido
— Yo, Ichigo... Pero si no te gusta pue-
El muchacho se abalanzó sobre ella y posó suavemente sus labios sobre los de Rukia. La abrazó con fuerza, y después de deshacer el beso; colocó su cabeza sobre el hombro de la morena, mientras sentía como ésta le envolvía el cuello con sus brazos. No había mayor felicidad. Juntó su frente a la de ella y le miró directo a los ojos.
— Éste es el mejor regalo que me han hecho, Rukia — musitó — Gracias
Le abrazó de nueva cuenta. Pero se separó después de un momento, cuando sintió la mirada inquisitoria de todos los presentes. Se le subieron los colores a la cara, pero al sentir la mano de Rukia estrechar la suya, se tranquilizó.
— Aún no termina. Ven.
Todos los presentes se dirigieron al sótano de Urahara. El shinigami sustituto se sorprendió al ver varias mesas con comida, dulces y bebidas, mientras al centro de todas las mesas había una fuente de chocolate —podría ser utilizada para bañarse con ella— como de 2 metros. Se adentró al lugar con ojos expectantes. Estaba feliz. Ese era el mejor regalo que le habían hecho.
— ¿Te gusta? — preguntó Rukia a las espaldas de Ichigo
— Es... es... — balbuceó. Tanta emoción se acumulada no le dejaba hablar — Todo esto es... Maravilloso
La shinigami sonrió. Verlo feliz era una de las cosas que más le agradaba. Le gustó que ha Ichigo le haya agradado la sorpresa. Miraba con expectante fascinación. El rostro de Ichigo estaba iluminado como el de un niño pequeño. Sonrió con ternura.
Terminó por adentrarse más en el lugar. Vaya que Urahara había hecho un gran cambio, de eso no se podía quejar. De repente, sintió un chorro de agua estrellarse contra su espalda. Se giró de inmediato para buscar al responsable de la dicha fechoría y vislumbró a un Renji sonriendo de oreja a oreja, con una manga en las manos.
— ¡TEMME! — gritó el sustituto
— Tranquilo, Ichigo... — musitó la shinigami con una dulce sonrisa en sus labios
Sólo bastó esa simple sonrisa para que todo su ser se relajara por completo y lo hizo quedar embobado. Sonrió con tranquilidad. No le importaba el hecho de estar terriblemente mojado, no le importó que todos vieran su cara de idiota. No. Se acercó lentamente a la menuda mujer para atrapar su grácil cuerpo entre sus fuertes brazos. La estrechó contra él y depositó un dulce beso en sus labios.
Respondió gustosa al cálido roce.
Pero jamás se percataron de los movimientos que realizaron los demás presentes. En especial Ichigo, que estaba tan ensimismado en los labios de Rukia.
Ambos recibieron un fuerte chorro de agua fría. Se separaron de inmediato y voltearon a la dirección de donde provenía el agua. Ahí estaban todos. Cada uno con una manguera en la mano. Instintivamente retrocedieron un paso y, en un abrir y cerrar de ojos estaban siendo perseguidos por un grupo de maniáticos que los querían mojar.
Rukia reía.
Ichigo lloraba.
La emoción y la excitación, volvían el momento magnífico. Todo era completamente maravilloso. Mientras corrían como locos alrededor del lugar.
Después de unas horas de divertidas carreras y competencias, terminaron todos exhaustos, mojados y con grandes sonrisas en sus rostros.
Disfrutaron del maravilloso y extendido bufet que les brindó el tendero. Al final, todos estaban sentados alrededor de la grandísima fuente de chocolate. A la que Ichigo miraba con admiración.
Ururu y Jinta pasaron con grandes charolas llenas de brochetas de fruta, otras traían bombones y otras sólo traían fresas sueltas y trozos de otras frutas. El tendero estaba en el centro, a su lado izquierdo estaban Inoue, seguida de Uryu, y luego Sado. Del lado derecho estaban Renji, Ichigo y Rukia. Al otro extremo estaban Ururu (al lado de Rukia), Tessai y Jinta (al lado de Sado).
Inoue tomó una brocheta de fruta y la metió a la fuente de chocolate, la acercó a la boca de un sonrojado Uryu y dejó que el tomara con sus dientes. Todos miraban atónitos ¿Acaso Inoue y Uryu estaban saliendo?
— ¿Qué pasa? — preguntó Inoue al sentir la mirada fija de todos.
— Orihime, ¿Cuándo se supone que comenzaron a salir? — preguntó una sorprendida Tatsuki
— Etto... — colocó un dedo sobre su barbilla mientras adoptaba una posición pensativa — Ayer — sonrió
Todos quedaron aún más asombrados. Que escondidito se lo tenían.
Rukia miraba con total asombro la escena. Ante la mirada atenta de Ichigo. Y, como si disfrutara del espectáculo, tomó una fresa y la bañó con el chocolate, se la llevó lentamente a la boca y comenzó a degustar de la frutilla con parsimonia.
Ichigo abrió sus ojos con determinación. Ver a Rukia comerse la frutilla con tanto empeño le gustó. Lentamente tomó el una brocheta y la bañó en el delicioso chocolate. Cuando la acercó a sus labios, empezó devorarla. Estaba rico. Muy rico.
Giró la vista hacía el sustituto y dirigió sus labios a los de él. Justo cuando tomó un trozo de fruta entre sus labios, ella los unió. Con sosiego. Disfrutando del delicioso chocolate directo de los labios del pelo pincho.
Agradecía mil veces que nadie les estaba viendo. Tragó el pequeño trozo de fruta para poder disfrutar del beso. Pasó su mano por la rosada y suave mejilla de la shinigami. E instantes después, sintió la delicada piel de su pequeña mano posarse sobre su mejilla.
Justo cuando sus lenguas hicieron contacto, sintieron una potente y turbante luz ¡Mierda, era un flash! Se separaron sin pensarlo y vieron al culpable salir corriendo del lugar.
Sabía que jamás debía haberse fiado del puto tendero. Lo sabía.
Sus caras estaban cubiertas de un rojo escarlata. Sus respiraciones levemente agitadas. Sus corazones latían incontrolables dentro de sus pechos.
Al estar fuera de la tienda, ya no vieron rastro del tendero. Sabrá Kami a donde se fue.
Y ahí estaban Ichigo y Rukia. Bajo el maravilloso cielo oscuro, con una brillante luna y las solitarias estrellas. Estaba perfectamente iluminado para ser de noche.
Una relajante brisa chocó contra su rostro, moviendo las hebras azabache con dulzura, la brillante luz se reflejaba en su angelical rostro, sus ojos amatista se mostraban con belleza, sus labios entreabiertos dejaban salir delicados suspiros y un ligero sonrojo adornaba sus brillantes mejillas.
Se sorprendió ante la visión que tenía delante de él. Sintió como la suave brisa movió su anaranjado cabello. Y sin pensarlo más, acercó sus labios a los de Rukia, depositó un tierno beso.
Se separó al escuchar una serie de explosiones. Eran fuegos artificiales con colores determinados. Violetas, azules, naranjas y rojos ¿Eso era parte de la sorpresa?
— Rukia... esto es...
— Así es, Ichigo. Es parte de la sorpresa
Se aventuró a tomar entre sus brazos a la grácil morena y tomar sus labios con ternura. Era mágico. El mejor momento de toda su vida, y sabía que jamás lo olvidaría.
Todos sus amigos contemplaban la imagen que ante ellos se presentaba.
Un Ichigo emocionado como un niño pequeño, levantando apenas unos centímetros del suelo a la shinigami de cabello azabache. Una Rukia con un ligero sonrojo en sus mejillas, recibiendo gustosa las caricias del sustituto.
Un momento memorable.
Urahara sacó una cámara y pidió a Tessai, Jinta y Ururu que se unieran. Todos voltearon a la cámara, mientras que al fondo se encontraba Ichigo abrazando a Rukia, besando dulcemente sus labios. Frente a ellos, Inoue besando la mejilla de un sonrojado Uryu, al lado de un molestoso Renji intentando abrazar a Tatsuki. Los fuegos artificiales, más la serenidad de la noche, sumándose a ellos la gran expresión de amor.
Era un agradable y grato momento para recordar.
Sin duda, ese fue el mejor regalo que Ichigo pudo recibir.
Tener a su lado a una terca, altanera y orgullosa; pero tímida, tierna y amorosa shinigami. Que le hiciera pasar desdichas, y grandes momentos.
Y sin dudarlo, eso era lo más le gustaba de todo.
— Gracias Rukia. Por existir en mi vida, tu eres el mayor regalo que pude desear tener
— De nada. Me alegra saber que piensas eso. Y yo soy la que debería estar agradecida, por haber encontrado un niñato cabeza hueca como tú.
Y con eso concluyó el maravilloso día que Rukia le regaló a Ichigo. Todo lo que hacía la obstinada shinigami, conseguía gustarle.
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Bueno esto fue toda la historia. Lo siento por tardar muchísimo en publicarla. Sólo que la escuela no me deja hacer absolutamente nada (lo cual odio). En fin, espero y la historia les haya gustado, a mi me gustó mucho escribirla. Ya saben: quejas, críticas, comentarios, tomatazos, etc. Son bienvenidos.
Espero y sigan mis otras historias, los quiero.
HASTA LA PRÓXIMA!
Saludos! ;)
-Perla Abarai
