Capítulo 6

¡Papá, papa!, ¡llegaste!, ¡ya creía que ibas a venir tarde como ayer! ¡no me gusta estar sola! – le reprochaba a su padre una niña de más o menos cuatro años de edad, de largos cabellos negros y ojos dorados al apenas cerrar la puerta tras si-.

¿Acaso Jaken no cuidó de ti? –dijo con molestia-.

Si, pero el abuelo Jaken es muy aburrido –haciendo un puchero-.

¿A quien le dices abuelo muchacha desagradecida? –dijo un señor con una cara parecida a la de un sapo, el cual salía de la cocina- Amo bonito, ¿cómo le fue en la guardería? Digo, en la academia.

Jaken… -amenazadoramente-

¿S-si amo? –y de la nada apareció una piedra la que terminó dando en su cabeza-.

Mas te vale que no trates así a Seisshira, ¿ya comiste hija?

Si padre, acabo de cenar –dijo con una gran sonrisa-.

Pues no te vayas a acostar tan tarde, Jaken estaré en mi habitación y no quiero que nadie, NADIE, me moleste –y comenzó a subir las escaleras al 2º piso-.

¡Amo! La señorita Rin llamó y dijo que mañana estaría aquí en la tarde –dijo gritando el sirviente-.

Hmm…

Aquella mansión, desde hace más de seis años había dejado de vivir en ella, en la mansión Taisho. Era un lugar grande, demasiado grande, pero a su vez acogedor, aunque le molestara admitirlo su madrastra había contribuido mucho en eso, pero aún así no soportaba la idea de estaba ocupando el lugar que su madre había tomado, por eso cuando apenas tuvo suficiente independencia económica decidió mudarse solo a un apartamento en la ciudad, pero ahorita que tenía obligaciones asignadas por su padre no podía dejar a Seisshira sola.

Siguió caminando, hasta toparse con la puerta de la que era su cuarto, ¿cómo se diferenciaba?, era notorio, era la única puerta que conservaba aún el color vinotinto el cual su madre había puesto inicialmente, y no quiso cambiarlo en su momento.

Entro a la habitación y no era muy distinta al resto de la casa, era una habitación espaciosa, tanto, que podría hasta dividirse en tres y todavía las habitaciones serían grandes. Las paredes pintadas de vino tinto, y los muebles negros, sí, definitivamente encajaban perfectamente con su personalidad.

Estaba aturdido, él, siempre que se mofaba de tener algo que a su medio hermano carecía: "autocontrol", había perdido los papeles por segunda vez en su vida y con una niña a la cuál él le duplicaba en edad, es más, si su madre es quién él cree, podría él fácilmente ser su padre, y eso le aturdía mas.

Kikyo Maebara –dijo en un susurro para sí mismo y luego se rió sarcásticamente- o mejor dicho Kikyo Higurashi –y se tiró en su cama- maldita seas tu y el estúpido de Bankotsu Higurashi.

¿Acaso mi hermanito te hace gemir de esta manera con una leve caricia? –dijo victorioso- no lo creo –dije susurrando a su oído mientras la pegaba más a mi y ponía mi mano ahora en su espalda-.

Sess por favor.

Esa fue la gota que derramó el vaso, desde hace un momento yo mismo me estaba preguntando que qué demonios estaba haciendo yo con una alumna de este modo en mi oficina, pero la ira me estaba dominando, y al escuchar mi nombre de ese modo y de manera tan sugerente toda esa ira se convirtió en deseo y no pude más.

La besé como si la vida se me fuese en ello, y a pesar que aún tenía mi otra voz diciendo que parara, no podía, se parecía tanto a ella, sus ojos son exactamente iguales, pero en a ella le faltaba ese toque de vida que esta niña tiene.

En un momento la necesidad de aire se hice presente y me separé lentamente de ella, esperando ver de nuevo esos ojos achocolatados, pero me sorprendí al ver una total y absoluta frialdad en ellos.

Profesor Sesshomaru Taisho –dijo entrecortadamente-.

¿Por qué lo hizo?

Porque quise –no sabía que más decir… en realidad ni yo mismo sabía la razón-.

¡IDIOTA! –levantó su mano y le pego una muy sonora bofetada a la mejilla izquierda del profesor, y acto seguido, se fue de la oficina dejando a un muy aturdido Sesshomaru.

¡DEMONIOS!

Hace 15 años atrás…

Ese idiota, ¡cómo se atreve a llamarme de nuevo ratón de biblioteca! –suspiró- hace tiempo que alguien no me sacaba de mis casillas, ni el pequeño Souta puede, con todo y lo chillón que es, pero bueno –viendo su reloj- ya son las 6 de la tarde, será mejor que vea como está –y se fue caminando rumbo a los dormitorios exclusivos (que estaban fuera de los dormitorios de los alumnos) sin percatarse que había un joven de dorada mirada siguiéndole los pasos.

"Tengo que encontrarle una debilidad a esta mujer, no puede ser que no caiga en ninguna de mis trampas, y aparte que sea tan perfecta, algo debe tener, estos dos meses no serán en vano, aún recuerdo la última pena que me hizo pasar frente a toda la academia"pensaba el perseguidor-.

En el comedor…

Kikyo, kikyo, no te hagas la dura, sabes perfectamente que no te puedes resistir a mi –acorralándola con su cuerpo entre la mesa y la pared (la mesa estaba pegada a la pared y Kikyo era la única sentada en esta).

Taisho… esta es mi última advertencia, aléjese –dijo sin cambiar ni por un instante su semblante frío-.

¿Segura? –y acercó más su rostro al de ella- ¿y si no quiero?

Entonces, me veré obligada a hacer lo siguiente –tomó rápidamente con su mano el plato donde descansaba su almuerzo sin ser tocado gracias a la interrupción de Sesshomaru, y con mucho cuidado de ella no ensuciarse en el proceso le estampó el plato en la cara a su pequeña molestia-.

Jajaja ¡veh! Dejaron con las ganas al gran amo –dijo un pelinegro desde otra mesa- bravo Maebara.

¡Ja! –se paró y se salió de la mesa aprovechando el shock todavía presente en el chico que por cierto tenía la cara llena de comida- Higurashi ni se te ocurra hacer una guerra de comida –dijo al ver el plato en manos del pelinegro con toda la intención de ser lanzado- y a ti Taisho, espero no ver tu sucia cara… textualmente hablando, cerca de la mía –y se retiró del comedor como alma en sana paz-.

¿Qué pasó Sesshomaru? ¿te comieron la lengua los ratones o el golpe te mato las neuronas vivientes en tu cerebro?

Bankotsu, cállate –se giró para enfrentar a su querido rival, pero empeoró las cosas, al voltearse todo el mundo pudo darse vida riéndose de él, así que se fue como alma que lleva al diablo directo al baño a quitarse el "regalo" que le dejó Kikyo- perra, esta me la pagarás.

Kikyo ya había llegado a su habitación pero por alguna razón extraña, no había abierto ella misma, sino que tocó a la puerta a esperar que le abrieran, y para mi sorpresa, le abrió Kaede, una de las que había sido servicio en la mansión Taisho hasta hace algunas semanas, cerrando después la puerta tras sí.

Aprovechando que ya no podía ser visto, me acerqué lo más posible a la puerta para escuchar cualquier información que me pudiera ser de utilidad, por suerte, no me tenía que pegar a esta, ya que en mi familia los sentidos están un poco más agudizados de lo normal

Hola Kaede, ¿cómo estás? ¿y Souta?

Está en su cama, desde hace unos minutos despertó y no ha parado de llorar, creo que es porque no la ha visto al despertar.

Hasta cuando… -dijo con un tono de fastidio-.

Recuerde que usted es su madre.

"¿Madre?, ja, he aquí la información que necesitaba, mejor me largo" –y se fue-.

Debo corregir, "como su madre", creo que es imposible que haya tenido un hijo a los diez años Kaede, sin morir en el intento.

Lo se señorita, pero vaya a atenderlo antes que se ponga peor, siento que mis oídos explotarán.

Al día siguiente…

Para mi desgracia, era un muy pacífico sábado, y me tocaba clases con la mujer esa, pero ¿que más da?, aparte, voy a poder desenmascararla sin hacerla pasar mucha pena, va a tener que hacer lo que yo le diga, si es que no quiere que toda la academia se entere que es una perra.

Oh, pero que extraño, has venido a estudiar esta vez ¿a que debo el milagro? –preguntó de una forma muy sarcástica la chica que estaba apenas llegando-.

Pues, tenía deseos de verla de nuevo Maebara-san, y si se podía hacer una tregua con usted, no me gusta pelear con las mujeres.

No, debería decir que le gusta que peleen pero bajo su cama ¿no? –dijo mientras se sentaba al lado de este de forma desconfiada y sonreía por su pequeño comentario-.

Bueno, si es en esos términos a ningún hombre le molestaría pelar con vos créame –y le tomó una de sus manos y depositó un beso en ellas-.

Sesshomaru –dijo apartando su mano bruscamente- ¿Qué es lo que pretendes?

No te hagas la dura Kikyo, ya me entere de muy buena forma que no eres más que una perra –dijo luego de hacer un movimiento rápido que dejó a Kikyo acostada en el césped (creo que se me olvido mencionar que estaba en uno de los jardines de la academia, el más apartado por así decirlo), con su cuerpo como cárcel-.

¿y que te hace pensar eso?

Pues que tienes un hijo, así que ¿por qué no disfrutamos pero sin ese tipo de riesgos? –y comenzó a subir una de sus manos que estaba en la cintura de ella por debajo de su blusa-.

JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAA –comenzó a reírse frenéticamente-.

¿De qué te ríes? –dijo molesto-.

Jajajaja ay querido, tenía tiempo que no me reía así.

Pregunto de nuevo: ¿de que te ríes? ¿de que haya descubierto tu secreto? -con una sonrisa triunfal-.

No, me río de tu estupidez –recuperando su semblante frío-.

¿Qué has dicho?

Verás –hizo otro movimiento que dejó a Sesshomaru de espaldas y ella sentada a horcajadas sobre el- mi amor –se acerca lentamente a su rostro- hay tres cositas que obviaste –y comienza a rozar sus labios con las de Sess- primero, tengo quince años ¿no?

¿Qué tiene que ver eso? –dijo dificultosamente-.

Que –se separó- Sota "mi hijo" tiene cinco años, y… –se irguió sin apartar la mirada del ojidorado, y sin tampoco parar el trabajo que hacía su rodilla entre las piernas de este, que rozaba descaradamente su entrepierna- no es mi hijo, es mi hermano ¡grandísimo idiota! –y le dio un rodillazo a Sess dejándolo privado en el piso- Definitivamente, no hay alguien tan idiota, y que me saque tanto de mis casillas como tú –se paró y se fue dejando a un peliplateado muy adolorido-.

¡Maldita!