¡Hola! ¡Aquí les traigo un nuevo capítulo! Me dio mucho gusto leer todos sus comentarios.

¡¡¡¡Muchas gracias!!!!!!

¡¡¡¡Me emocioné un buen al ver cuántos había!!

¡¡¡¡De verdad que me ilusionaron mucho!!!!

¡No tienen idea de cuánto! Cada vez que leo lo que comentan me hace sentir que no escribo en vano.

Ok, ok, ahora, les dejo el capítulo y a ver qué les parece.

¡¡No olviden dejar sus mensajes!!

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Oh My Baby!

7. Soglia

Viernes.

Al fin viernes.

Me revolví entre las sábanas y supe de inmediato lo que iba a hacer el día entero: nada.

No planes, no citas, nada de nada.

Dormiría hasta tan pero tan tarde, que la cama tendría que escupirme para poder deshacerse de mí.

Sí, dormir, dormir.

Me removí entre las sábanas una vez más y me dispuse a seguir soñando. Cerré los ojos y me deje llevar por el agotamiento. Había tenido guardia el día anterior así que merecía descansar.

Mis sueños me llevaron hacia los prados verdes y frescos. Su atrayente aroma resultada bastante vivido y real que me sentí como en casa.

Seguí flotando en la inconsciencia cuando una punzada de dolor atravesó mi estómago. Me retorcí por el espasmo, pero el malestar aminoró y se fue de la misma manera en que había surgido. El paraíso se restableció y regresé al prado cubierto de margaritas. Me acerqué un poco para aspirar su aroma y un segundo estremecimiento surgió.

¿Las margaritas siempre habían olido así? Tan… ¿dulces?

Me desperté al instante y me llevé las manos a la boca. Una nueva arcada brotó y supe que esta vez no podía ignorarla. Me levanté lo más rápido que pude y corrí hacia mi objetivo, el baño.

Después de ver mi cena irse por el excusado, me acurruqué a un lado.

¿Desde cuándo las flores me provocaban náuseas? ¿Desde cuándo me gustaban las flores?

Me sentía débil y exhausta. Había tenido una semana terrible y la presión en el hospital era casi criminal. Los últimos días había tenido al menos tres cirugías todos los días y había sido un verdadero infierno ¿Por qué la gente no paraba de enfermarse?

Me incorporé de golpe y me mareé al ponerme de pie. Lavé mi rostro y me mojé la parte posterior de la cabeza. La habitación daba vueltas por lo que caminé por pura inercia.

Llegué hasta la cama y me recosté de nuevo. Intenté conciliar el sueño de nuevo, pero mi malestar matutino ya me había despertado por completo. Encendí la televisión y comencé a cambiar los canales. Al final puse el noticiario y modulé el volumen. No hay mejor cura para el insomnio que las noticias, pensé. Estuve mirando un rato antes de que el sueño me volviera a vencer.

Tin tirin tin tin…

¡Demonios! Había olvidado apagar la alarma. Debía ser cerca del medio día, así que resignada abrí los ojos lentamente. Maldije entre dientes y salí de la cama. A pesar de que había dormido varias horas me sentía cansada y somnolienta. Con los ojos medio abiertos encendí el calentador y recogí un poco antes de darme una ducha.

El baño me reanimó un poco y justo cuando estaba a punto de dejarme caer en el sillón el teléfono timbró. Me sentía tan cómoda que dejé que saltara la contestadora.

- Bella- rezumbó la voz de Alice- sé que estás ahí. Sé de buena fuente que es tu día libre, así que levanta tu trasero y contéstame.- ordenó y después con tono amenazador añadió- O de lo contrario atente a las consecuencias.

Me puse de pie de inmediato y tomé el auricular. Alice solía ser muy persuasiva.

- Tranquila, tranquila Lizzy- la calmé- estaba en la ducha.

- Hum, más te vale- me respondió no muy convencida.

Estuvimos hablando más de media hora y al final terminó obligándome a ir de compras con ella.

¡Adiós día de descanso!

El embarazo de Alice progresaba con normalidad, aunque ella parecía haber enloquecido. A sus casi cuatro meses ya se le notaba lo suficiente, por lo que se pasaba alardeando de su futura maternidad hasta por los codos. Admito que sentía un poco de envidia, pero yo tendría mi oportunidad muy pronto.

Esa idea me hizo reflexionar.

Mareos matutinos, náuseas…

- Bella- chilló Alice en la cafetería al verme.

Hice mis pensamientos a un lado y me centré en el monstruo que tenía frente a mí.

- Alice- inquirí- ¿Se puede saber qué rayos es lo que traes puesto?

Alice vestía un conjunto de maternidad que la hacía lucir más embarazada de lo que estaba. ¿Acaso se había vuelto más loca? Al paso que iba llegaría a los nueve meses recluida en un sanatorio mental.

- ¿Te gusta?- preguntó poniéndose de pie y dio un suave giro.- ¿Verdad que es lindo?

La miré con incredulidad. Ella no quería saber lo que pensaba.

Almorzamos y después comenzó la tortura. Pasé cinco horas visitando tiendas de maternidad y muebles para bebés. Por fortuna las visitas constantes de Alice al sanitario me daban tiempo para reponerme y poder seguir. ¿De dónde sacaba tanta energía Alice?

- Alice- imploré al entrar a la última tienda- ya no puedo más.

Mis pies ya se habían hinchado de tanto caminar y sentía cada vertebra de mi cuerpo a punto de colapsar.

- No te quejes- me dijo con gesto malhumorado- la embarazada soy yo.

La miré con falso recelo y recorrimos los pasillos. Al final compró un juguetero, varias cajoneras y una mecedora. Pobre Jasper, con esa esposa seguramente iría a la quiebra.

- ¡Por Dios!- exclamó Alice al ver el reloj- ¿ya viste qué hora es? Jasper debe estar esperándome. Le prometí que compraríamos la cuna juntos.

La miré con la boca abierta incapaz de decir algo.

- No me mires así- se quejó al ver mi expresión.- Necesitabas salir de casa y que mejor pretexto que comprar muebles para la pequeña Jazzy.

Alice y Jasper acababan de enterarse del sexo de su bebé, el único obstáculo que había frenado a la compradora compulsiva de Alice.

Alice se despidió de mí y yo decidí regresar a casa. Tenía tanto sueño y estaba tan cansada que caí rendida. Desperté cerca de las cuatro de la mañana y aún tenía sueño.

Puse la cafetera mientras me daba un baño. El olor a café recién hecho inundó la habitación y aspiré el aroma.

Ese fue el primer error.

Las náuseas volvieron y regresé al baño antes de haber salido.

Recapitulé un poco y me puse tensa.

Náuseas, mareos, cansancio en exceso.

Todas las piezas encajaban y ya no podía seguir ignorando lo que pasaba. Pero y si todo era imaginación mía. Quizá ansiaba tanto estar embarazada que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Aunque por otro lado, las posibilidades existían.

En cuanto me recuperé un poco me apresuré a vestirme y terminar de arreglarme para el trabajo. Mi turno comenzaba en hora y media así que si me daba prisa y llegaba temprano me daba tiempo hacer una visita rápida a obstetricia.

Conduje todo el camino con los nervios a flor de piel. La idea de tener a mi bebé dentro de mí me hizo pensar en un sinfín de cosas. Mientras atravesaba las calles imaginé cada detalle suyo. Su hermosa carita, el olor de su pequeño cuerpo y el color de sus ojos. Definitivamente tenía que heredar los ojos verdes de su padre… Edward.

De repente mis pensamientos se detuvieron.

¡Demonios!

¿Qué se supone que debería hacer? ¿Cómo iba a explicárselo? Estaba segura que él no deseaba ningún tipo de compromiso de este tipo. Aunque realmente eso no me importaba. Mi hijo era mío y sólo mío. Mil ideas cruzaron mi cabeza y después me arrepentí de lo que había pensado. Las opciones eran limitadas:

a) No le decía nada y seguía mi vida normal o

b) Le decía y seguía mi vida normal.

Me sentí fatal al considerar las posibilidades, era como si le estuviese diciendo: "Gracias por participar" y le cerrara la puerta en las narices. Aunque yo no lo había obligado a nada. Ambos habíamos consentido estar juntos, claro, si es que se puede llamar así a nuestros ataques de lujuria.

¿Pero qué hacia? Le decía o no le decía.

No, no. Aún era demasiado pronto. Lo mejor era asegurarme si estaba o no estaba embarazada y ya después vería cómo me las iba a arreglar.

Llegué antes que nadie y me dirigí directo hacia el área de obstetricia. Sabía que Edward debía andar por el hospital así que evité el elevador y subí por las escaleras. Lo último que quería en estos momentos era verlo con las ideas todas revueltas.

- Jess- saludé al ver a mi amiga.

- Bella- sonrió cansinamente- ¿Qué haces tan temprano aquí? Tu turno comienza en cuarenta minutos.

- Hum- miré a mi alrededor y al ver que estábamos solas le dije con voz apenas audible.- Necesito tu ayuda. Pero antes de decírtelo quiero que me prometas que no se lo dirás a nadie.

Pude ver la expresión de dolor dibujada en su rostro y tras mucho cavilar dijo:

- Está bien, lo juro-

Le expliqué a Jessica mis sospechas y cómo me había sentido en los últimos días. Ella estuvo de acuerdo conmigo y me llevó hacia uno de los consultorios.

- Ok, lo primero es hacer las preguntas de rigor- dijo al borde del éxtasis. Sabía lo que estaba planeando, pero aunque la apreciaba, no estaba dispuesta a soltar prenda.

- Comencemos- inició- ¿Cuándo fue el primer día de tu último periodo?

Buena pregunta. Siempre había sido distraída así que no lo recordaba con exactitud.

- Ah, este, creo que hace ocho semanas o algo así.

Me miró pensativa y prosiguió el interrogatorio.

- De acuerdo, la siguiente pregunta, ¿Has tenido relaciones en los últimos dos meses?

Observó mi cara escéptica y agregó:

- Lo siento, lo siento… son las preguntas base- se defendió. - ¿Utilizas algún método anticonceptivo?

- No, bueno hace unos meses dejé la píldora.

- ¿¡Entonces no usaste ningún método!?- preguntó alarmada y al borde de su asiento. Me miró con reprobación y negué con la cabeza.- Pero él uso preservativo ¿cierto?- Desvié mi mirada y lo interpretó como mi respuesta. - Ay Bella, cómo pudiste ser tan irresponsable.- apartó su vista y reflexionó un poco- ¿Cuántas veces lo hicieron sin protección?

- Este… pues dos- admití al mismo tiempo que mi rostro se teñía de rojo escarlata.

- ¿¡Dos!?-Se puso de pie y caminó a mi alrededor.- Maldición Bella, estamos en la era del SIDA y tu vas y te acuestas con quien sabe quien sin usar protección. Pero ¿en qué estabas pensando? No, pues con la cabeza no era.

Su voz sonaba molesta, pero de pronto se detuvo en seco y se giró para verme, con la sorpresa reflejada en el rostro.

- ¿Tan bueno estaba el tipo?

Sonreí ante su expresión.

Yo también me preguntaba por qué lo había hecho y al final mi respuesta seguía pendiente. Por una parte me había dejado llevar por la pasión, pero por el otro lado también sabía que no había sido solamente por eso. No iba por la vida enredándome con el primero que me encontraba. Y eso me asustó, porque cuando estaba con Edward me sentía diferente. Especial. Me gustaba, no lo puedo negar, pero había algo más. Y era justamente ese algo lo que me aterraba. Jacob había despedazado mi corazón y me juré que nunca más volvería a enamorarme. No es que estuviera enamorada de Edward…

- Bella- gritó Jessica- BELLA.

- Lo siento Jess, ¿qué decías?

- Pues que lo más seguro es que si estés embarazada, de modo que te voy a hacer unas pruebas de sangre y de orina para confirmarlo ¿Ya desayunaste?

- No, nada.

- Excelente, entonces ten- dijo entregándome un recipiente vacío- llénalo y llévalo al laboratorio.

La mire con rostro suplicante.

- ¿Qué?- preguntó al ver mi cara.- Ah, ya, perdón había olvidado que no querías que lo supieran. Está bien, lo haré yo misma, pero recuerda que me debes una y muy grande.

- Lo sé Jess y no lo voy a olvidar.

Fui al baño para llenar el frasquito y regresé en cinco minutos.

- Ahora necesito una prueba de sangre-

Extendí mi brazo y cuando Jessica comenzó a extraer la sangre con una jeringa, una arcada atravesó mi estómago.

- ¿Te sientes bien? Te ves un poco verde.

- Es la sangre- dije conteniendo la respiración, al mismo tiempo que ella terminaba.

- ¿La sangre?- mencionó suspicaz- pero si tú ves un montón de sangre todo el tiempo.

- Sí, pero no es lo mismo. Cuando veo la mía me siento mal y…Puaj!

Corrí más veloz que un rayo hacia los lavabos y vomité lo poco que tenía en mi estómago. Me alegré de no haber consumido nada todavía. Me remojé el rostro para refrescarme y volví al consultorio.

Jess ya estaba sentada frente al escritorio y me miraba con curiosidad, como si estuviera estudiándome.

- Lo siento- me disculpé y tomé asiento.- El olor de mi sangre me provoca náuseas.

- Sí, ya me di cuenta- confesó Jessica inquieta. Miró el reloj de la pared y suspiró. – Pero tengo curiosidad Bella ¿Quién es el culpable de tu virus de nueve meses?

Me puse pálida y un leve sudor perló mi frente.

- No lo conoces- mentí.

Me miró con desconfianza.

- De verdad- repetí. Sabía a la perfección lo que quería escuchar así que se lo dije.

- Tranquila, no es Mike. El Dr. Plástico no tiene nada que ver.

- Yo no…-

- Vamos Jess, ni siquiera tú te la crees. Además es bastante obvio que te gusta.

Esbozó una sonrisa a medias y expresó:

- ¿Es tan obvio?

- No… bueno sí, un poco, pero no tanto. Al menos él no lo sabe.

- Que alivio- exhaló- Pero es que es tan guapo y tan sexy que cualquiera caería rendida a sus pies.

Sonreí en mis adentros, si había algo que definitivamente no haría esa caer rendida a los pies de Newton.

- Aunque Edward no se queda atrás.

¡Madre mía! Edward.

No dije nada y dejé a Jessica seguir divagando. ¿Qué iba a hacer? Tenía que hablar con él.

- Jess- la interrumpí- te dejo. Mi turno empieza en unos minutos.

- Ve- gruñó malhumorada- que gracias a ti me quedaré unas horas más. Así que más te vale agradecerme todo lo que hago por ti.

- Sí, si Jess, lo que quieras.- accedí y antes de cerrar la puerta del consultorio escuché la voz de mi amiga.

- Espera…- musitó- ¿Qué vas a hacer cuándo lo compruebes?

Giré en dirección a ella y le dije sonriendo:

- ¿Tú qué crees?

Caminé a lo largo de los pasillos lo más rápido que pude hasta llegar a las escaleras de emergencia. Me senté con la cabeza entre las piernas y comencé a hacer ejercicios de respiración. Una extraña sensación de paz y tranquilidad invadió mi cuerpo y sin darme cuenta comencé a llorar.

¡Demonios! ¿Y ahora por qué estoy llorando?, pensé.

- Deben ser las hormonas- dije en dirección a mi vientre. Esa era primera vez que hablaba con mi bebé y la emoción hizo que el llanto fuera más profundo.

Bueno, al menos ya sabía que lloraba de alegría.

Estuve así unos cuantos minutos y después decidí que ya era hora de salir. Limpié mis lágrimas con mis manos y dibujé la mejor de las sonrisas. Seguramente el resto del equipo ya debía estar preparándose para comenzar el día, de modo que no había tiempo que perder.

Abandoné las escaleras de emergencia y caminé en dirección al área de cirugía. Mis pasos eran firmes y acompasados, llenos de una seguridad que hasta entonces ignoraba poseer.

Observé la pizarra y por primera vez en mi vida me alegré de no tener cirugías ese día. Compuse el gesto más serio que pude y fui hacia el grupo de internos que me observaba con detenimiento.

Sus rostros eran expectantes y brillaban con esperanza. Una sola palabra bastaría para que la decepción los envolviera: Clínica.

Sentí un poco de pena por Webber, ya que era la más talentosa, pero la vida no es justa y yo no podía permitirme favorecer a ninguno de los internos.

Pasé la mayor parte de la mañana en urgencias atendiendo casos menores, pero fue agradable. Al menos me mantenía ocupada y las conversaciones con los pacientes siempre resultaban enriquecedoras. Estaba inquieta por los resultados, pero Jessica me había prometido, antes de marcharse, que volvería por la noche y me los haría saber. Así que todo lo que tenía que hacer era ser paciente.

- Bells- me saludó Jasper en la cafetería, cerca de las tres de la tarde- Cuanto tiempo sin verte.

Le dediqué una sonrisa amable y me compartimos la mesa.

Jasper lucía cansado pero cada una de sus facciones desbordaba alegría. La pequeña Jazzy debía ser la culpable.

- ¿Y cómo están Alice y la bebé?- le pregunté antes de darle un sorbo a mi té.

Estuvimos hablando un poco sobre Alice y su ataque por las compras. Seguía sin entender cómo Jasper podía soportar la obsesión de su esposa, pero en fin. Eso era asunto suyo.

No cabe duda que el amor es ciego, pensé.

- Por cierto- inquirí- hay algo que quiero preguntarte. - ¿Quién escogió el nombre de "Jazzy"?

Jasper se quedó boquiabierto y un rubor cubrió su rostro.

- Alice quiere que se llamé como yo- confesó avergonzado.- Le dije que no pero ella insiste. Y ya vez como es de necia.

¿Necia? Eso era quedarse corto.

Conversamos sobre los planes que tenían Jazz y Alice, pero sobre todo hablamos de la bebé que estaba por llegar. Era evidente que sus padres la esperaban con ansía y se sentían sumamente ansiosos por tenerla entre sus brazos. Sentí un poco de envidia, pero enseguida desapareció. En efecto, su bebé era deseado, pero no menos que el mío. Sonreí con disimulo al recordar que el ser más hermoso de la creación crecía dentro de mí.

Terminamos de comer y cada uno se fue por su lado. Jasper tenía cirugía y yo regresé a la clínica.

Después de pasar cinco horas recetando jarabes para la tos y revisando unas cuantas radiografías, me arrepentí de haber pensado que la clínica era agradable.

- Así que Ralph- nombré, mirando el expediente del chico frente a mí- dime ¿cuál es el problema?

El muchacho de quince años se retorció en su lugar y miró hacia el suelo.

- Su problema Dra.- intervino la madre del muchacho- es que no quiere seguir tomando las medicinas.

- Es que no las necesito.- se quejó Ralps- Hace meses que no tengo ninguna convulsión y las medicinas sólo me provocan sueño.

Adolescentes, siempre creen tener la razón.

- Ralph, sé que crees que no sirven para nada, pero te ayudan a controlar los ataques. Recuerda que tienes epilepsia y no deberías tomarte a la ligera el asunto de los medicamentos. Además, más vale prevenir que lamentar.

- Sí, si- tosió- Pero yo no las necesito. Además, el otro doctor dijo que iba mejorando.

Enarqué una ceja y lo miré con resignación.

-Hagamos una cosa- le propuse- dejemos que lo decida un experto, ¿de acuerdo? Podemos programar un electroencefalograma para dentro de dos días para ver cómo andas, pero mientras tanto sigue tomando los medicamentos.

Al final el chico cedió y su madre respiró un poco más tranquila. Los envié de regreso a casa y me recosté sobre uno de los mullidos sillón de la sala de espera. Por fin había terminado mis consultas y ahora, con la sala casi vacía, me disponía a relajarme un poco.

De repente mi celular vibró y me sobresalté de la impresión. Observé la pantalla y mi corazón dio un vuelco.

- Sí- respondía al teléfono- ¿Qué pasó Jess?

- ¿Tienes tiempo? Estoy en mi consultorio y ya tengo tus resultados.

Me levanté más veloz que un rayo y fui directo a los elevadores. Me sentía ansiosa y al mismo tiempo feliz. Los latidos de mi corazón se dispararon y mi pulso adquirió un ritmo frenético.

Vislumbré a Jessica desde la entrada del pasillo y aceleré mis pasos.

- Tranquila Bells. Toma- extendió un sobre blanco- aquí está lo que me pediste. Te dejo sola para que veas el resultado y después hablamos ¿vale?

La miré confusa.

- ¿Ya te vas?

Sonrió con suficiencia.

- Mike me invitó a salir.

- Ah, ya….-me decepcioné un poco- Creí que también querías saber los resultados, pero bueno.

- No seas ingenua Bella ¿Acaso crees que me marcharía con la duda?- Sonrió de forma desagradable y añadió:- ya los revisé, pero míralos por ti misma.

- Claro- dije con voz apenas audible- ya se me hacía raro.

Me senté frente a mi escritorio y observé el sobre cerrado. Lo miré durante varios minutos desde todos ángulos posibles, hasta que al fin me decidí a abrirlo.

Pero mi mala suerte no me dejaba en paz, ya que justo cuando iba a tomar el sobre vi la figura de Edward venir hacia mí.

Me sobresalté y me puse de pie al verlo.

¡¡Demonios!! Pero ¿Qué hacía él aquí?

No, definitivamente yo tenía la peor suerte del mundo.

Cerró la puerta tras él y me puse rígida.

- Edward- espeté nerviosa.

Se recargó contra una de las paredes y aspiró fuertemente.

- Bella, necesitamos hablar.

Una lluvia de meteoritos cayó sobre mí y deseé que la tierra me tragara.

- ¿Hablar?- me hice la desentendida mientras trataba de no mirar el sobre del escritorio.- Hablar, ¿cómo de qué?

Fue hacia mí y me tomó de los brazos.

- Vamos Bella- me miró con sus profundos ojos verdes- ya sabes de qué. Así que no te hagas la que no sabe.

Mi vista volvió hacia el papel sobre la mesa y comencé a temblar. Tenía que hacer algo rápido y pronto.

- Sí lo dices por lo de la otra noche en la fiesta de Emmett pues lo siento mucho. No pretendía que pasara nada entre nosotros y lamento haberte dado una bofetada. Si, fue muy descortés de mi parte haber actuado de aquella manera, en especial porque yo lo consentí también.

Me miró con el ceño fruncido y dio un paso atrás.

- ¿Qué?- pregunté al ver su reacción.

- Me estás ocultando algo- afirmó con seriedad.

- N-no…- balbuceé con torpeza- ¿Por qué haría algo así?

Maldición, hubiera sido mejor quedarme callada, ya que mis palabras sonaron más falsas que la risa de Santa Claus.

Se dio la vuelta y fue hasta la puerta. Se recargó cerca de la persiana y mi vista se clavó en la mesa.

¡El sobre!

¡Demonios! No, no, no…. Dios no podía castigarme de aquella manera.

Recorrí el piso con la mirada pero no estaba.

- Supongo que buscas esto- habló agitando el sobre blanco en su mano.

Los colores huyeron de mi rostro y me quedé petrificada.

- Devuélvemelo- dije con voz contenida- son… es de un paciente y lo necesito ahora. Así que dámelo.

Extendí mi mano para recuperar el sobre pero Edward no se movió ni un ápice.

- Bella, no nací ayer. Desde que llegué no dejas de verlo. Dudo mucho que sea de un paciente, claro, a menos que se llame- giró el sobre y leyó la etiqueta- Isabella Swan.

Solté un grito ahogado.

¡Maldita Jessica! Le había dicho que tenía que mantenerlo en secreto y eso incluía el nombre.

- Pues, no es mío.

- Ah, ya veo. Entonces supongo que no te importará si le doy un vistazo.

- ¡No!

- Ves que si es tuyo- sonrió ¿frustrado?

- De acuerdo- me rendí- Tú ganas, ¿qué quieres a cambio del sobre?

Se quedó estático y con voz seria dijo:

- La verdad. Bella, ¿hay algo que quieras decirme?

- Edward yo…

- Bella, por favor sé honesta conmigo. ¿Estás…?

Dra. Swan a Urgencias.

Bip, bip, bip

Miré asustada a Edward y asintió con un gesto.

Dra. Swan a Urgencias

Bip bip bip

- Edward. Yo…

- Ve- consintió- te espero.- Me sonrió con ánimo y repitió- Además, aún tengo algo que quieres.

Agitó el sobre en su mano y esbozó la mejor de sus sonrisas.

Me acerqué a él y le acaricié el rostro. ¿Por qué tenía que ser tan comprensivo?

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Buajajaj!! ¿Qué les pareció? Sé que prometí drama, pero ay, la verdad es que he tenido una semana muy difícil y si le agrego más drama a mi vida me suicidará. Así que mejor me la llevo leve y a ver qué sale no?

Por cierto, creo que con este capítulo respondí sus preguntas, bueno, algunas. Sí, jejeje, Bella si está embarazada. Digo, era muy evidente, pero pues había que confirmarlo.

Me hubiera gustado dejarles la conversación completa pero tenían que conocer un poco más sobre Bella y su alrededor.

¿Qué tal Jessica? ¿Amiga o enemiga?

¡¡¡¡No olviden dejar sus mensajes que me hacen muuuuy feliz!!!

Hachi Minuit

Pd. Como anticipo les dejo un adelanto del siguiente capítulo!

Cap 8. Accordo

- Pero tengo unas condiciones- continuó antes de escuchar mi respuesta.

¿Condiciones?

- De acuerdo, dime cuáles son- lo animé.

- Sólo son tres y no son nada del otro mundo- expresó, tratando de quitarle importancia al asunto.- Primera: quiero mantener contacto con el bebé, siempre. Espera, déjame terminar- pidió al ver que iba a hablar- no quiero decir compartir la custodia, pero me gustaría estar cerca de él. ¿Me entiendes? Nunca he sido un irresponsable y no voy dejando hijos por ahí, de manera que quisiera mantenerme contacto con mi hijo. No quiero ser únicamente el hombre que lo procreo, quiero ser su padre. ¿Entiendes?