N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Espero que a nadie le moleste los cambios de edición. Tengo un editor de textos nuevo (por fin tengo Word) y eso me ha llevado a algunos ligeros cambios sobre todo en los diálogos, porque tengo un camino diferente para sacar el guión largo. Cuestiones técnicas con las que no quiero aburriros.


CAPÍTULO 7: SEGUNDAS OPORTUNIDADES

La semana después de la fiesta fue muy complicada. Cada vez que Sam quería acercarse a Blaine, Sebastian o Hunter se lo impedían. En la clase de Economía Doméstica, el moreno evitaba hablar con él de algo que no fuera relacionado con la asignatura. Por eso, cuando el viernes el profesor les mandó el primer trabajo, supieron que debían pasar tiempo juntos.

Les habían dado una lista de tareas y tenía que repartirlas de la mejor manera posible, además de realizar las que les tocara en sus propias casas a lo largo de la semana. Por eso ese viernes por la tarde quedaron para hacer el reparto. Cuando llegó a casa de Anderson, éste le dejó pasar.

–Cuanto antes empecemos, antes acabaremos. –Blaine comentó rápidamente mientras subían a su habitación.

–¿He hecho algo mal? –Sam preguntó preocupado.

–No. –El moreno respondió tajante.

–De pronto vuelves a tratarme como antes de que habláramos. Pensaba que estábamos comenzando una amistad. –El rubio comentó algo triste, lo que hizo suspirar al otro.

–Lo siento… Necesito tiempo… Es que… No me gusta conocer gente nueva y… ¿Podemos volver a intentarlo? –Los ojos color avellana miraron al otro suplicantes.

–Claro, pero… Por favor, cuando tengas algún problema, habla conmigo en vez de alejarte y mostrarte borde conmigo.


Después de la conversación, los dos comenzaron con su proyecto, algo que les resultó más complejo de lo que pensaban porque ninguno de los dos sería capaz de realizar algunas de esas tareas sin ayuda de sus padres.

Cuando por fin terminaron, Blaine se tumbó en la cama boca arriba para relajarse. Sam se sentó en la silla del escritorio, todavía algo cohibido. No entendía al moreno, a veces era amable, otras era distante, otras le trataba con confianza, otras como si fuera un desconocido. Eso conseguía que se confundiera y no supiera cómo comportarse a su lado.

–Puedes tumbarte si quieres, hay espacio suficiente para los dos. –El ojimiel lo miró sonriente.

–¿Estás seguro? –El rubio cuestionó.

–¿Por qué no? No significa nada, sólo que estamos cansados y que vamos a relajarnos un poco. –Anderson cambió de posición para que hubiera más espacio.

Al tumbarse, Evans se dio cuenta de que había un cómic de los X-Men en la mesilla de noche.

–Wow, ¿te gustan los comics? –Sam miró admirado el ejemplar, él no lo tenía.

–Sí, tengo una gran colección. –Blaine señaló una estantería llena que el rubio no tardó en observar atentamente.

–Cuanto más te conozco, más convencido estoy de que tú y yo podemos ser amigos.

Los dos comenzaron una conversación eterna sobre superhéroes y cómics, olvidándose por completo de todo lo que había pasado. Llegó un momento en el que los dos comenzaron a reírse, acercándose más sin darse cuenta hasta que los dos se miraron a los ojos con sus labios a escasos centímetros. Blaine no pudo resistirse, sabía que sus sentimientos hacia Sam podrían suponer un corazón roto, pero no podía evitarlo. Era como si una cuerda invisible lo arrastrara hacia él.

El rubio sintió los dulces labios del otro sobre los suyos y todo su cuerpo reaccionó. Era lo que más quería en ese momento y empezaba a sospechar que no era sólo porque quería ser popular. Sentía algo en su interior cada vez que estaba cerca pero no sabía definirlo con claridad. Sabía que nunca se había sentido así con nadie, pero tampoco sentía prisa por descifrar esos sentimientos.

El beso comenzó dulce, la mano del rubio se puso en la mejilla del otro. Parecía que todo se había detenido y ellos apenas se movieron. Al menos hasta que la urgencia llegó y Sam decidió intensificar el beso. Introdujo su lengua en la boca ajena y se movió para colocarse entre las piernas del otro. Cuando encontró su sitio, las dos excitaciones se rozaron y causaron que gimieran por la sorpresa. A pesar de todo, no separaron sus labios mientras seguían luchando por dominar el beso.

El rubio se apartó tan sólo un segundo para respirar, pero eso pareció suficiente para Blaine, que reaccionó y cuando el ojiverde quiso volver a besarlo, él se apartó. Las manos del moreno empujaron suavemente al otro para que cambiara de postura y, cuando se volvió a tumbar en la cama, Anderson se levantó.

–¿Ocurre algo? –Evans quiso saber, estaba dolido porque estaba disfrutando demasiado de su beso y no entendía que terminara de esa manera.

–No hemos debido besarnos. Yo no quiero… Yo no estoy preparado… –Blaine estaba temblando por culpa de los nervios y evitaba mirar al otro.

–¿Por qué no? Me gustas y está claro que yo te gusto, no es algo malo. Sólo estábamos pasando un buen rato juntos… Si lo que pasa es que no estás listo para empezar una relación, podemos ir todo lo despacio que quieras. –Sam intentaba razonar, necesitaba que el otro aceptara seguir besándose, aunque ya no estaba seguro si era porque lo necesitaba para ser popular o era porque realmente le gustaba ese chico.

–No estoy preparado, yo no… Pasó algo, ¿vale? No confío en ti lo suficiente para contártelo, pero me ha hecho ver las cosas de otra manera. No quiero esto, por favor. –El moreno suplicó.

–Está bien, creo que será mejor que me vaya. Nos vemos el lunes.

El rubio salió de la habitación, por lo que no se dio cuenta de que el ojimiel estaba llorando y se había tumbado en la cama y se hizo una bola, intentando parecer lo más pequeño posible. Así lo encontró Pam cuando llegó a casa, lo que la dejó realmente preocupada. Intentó darle algo de tiempo, pero, al ver que la cosa no mejoraba, decidió que había llegado el momento de hacer una llamada.


Sebastian y Hunter entraron a la habitación de Blaine sin siquiera llamar a la puerta. Pam los había dejado muy preocupados, y al entrar y ver al moreno en ese estado se confirmaron sus peores temores. Clarington se acercó a él y, con mucho cuidado, ayudó a su amigo a tumbarse en su pecho.

–¿Qué ha pasado? –Smythe susurró porque no quería sobresaltarlo.

–Sam y yo nos hemos besado. –La voz del moreno era apenas un susurro e hipaba de vez en cuando por culpa de todo el tiempo que había estado llorando.

–B… ¿Sabes que eso no es malo? Sé que Andrew te hizo mucho daño, pero eso no significa que Sam vaya a hacerlo. De todos modos, no tienes que hacer nada que no quieras. –Sebastian intentó tranquilizarlo.

–Creo que ya no vas a tener problemas, no creo que después de tu rechazo vaya a pasar algo pronto. Tienes que aclarar tus sentimientos. Volverte a enamorar no es malo, no creo que Sam tenga mucho que ver con Andrew. Aun así, él mismo te ha dicho que está dispuesto de ir tan despacio como lo necesites. Piénsalo, ¿vale? – Hunter añadió y Anderson asintió mientras se limpiaba las lágrimas.

–Con eso ya solucionado… ¿Vemos Magic Mike? –Smythe sonrió con suficiencia.

–¡Seb! –Blaine protestó indignado. –No tengo ganas de ver a mi hermano haciendo striptease.

–Nadie te impide que disfrutes de Tatum…