CAPÍTULO CINCO

Advirtiendo una ausencia

El General abrió los ojos sin quitar su mirada de Tux, tratando de explicarse aquella sensación, sin lograr imaginar la conclusión a la que había llegado – mírame a los ojos – ordenó rápidamente sin salir de él, obteniendo como respuesta que el chico voltease el rostro al lado derecho mostrando el parche… Sirmiq realizó un ruido con el pico al ver la renuencia del joven y sin ninguna contemplación tomo su rostro obligándolo a verlo – MÍRAME A LOS OJOS SOLDADO! ES UNA ORDEN! – Tux abrió su ojo aún con lágrimas, Sirmiq entreabrió su pico mostrándose molesto ante la existencia de una ausencia de la que no se había percatado con anterioridad.

– No soy el primero… cierto? – Preguntó denotando la frustración en su voz, sintiendo temblar más fuerte a Tux al escuchar dicha declaración, el General emitió gruñido de molestia con la respuesta silenciosa recibida, antes de recargar en su totalidad su cuerpo contra el del chico – quién fue? – interrogó, Tux se limitó a cerrar fuertemente su ojo y tratar de dirigir su rostro al piso a pesar del agarre del General, evitando la mirada de su captor que soltó su rostro – TE HICE UNA PREGUNTA SOLDADO! – Gritó retirando su miembro y volviéndolo a introducir rudamente, provocando un nuevo gritó en Tux – RESPÓNDEME SOLDADO! – Ordenó nuevamente repitiendo dicha acción, sin obtener respuesta del chico que se limitaba a mantener su ojo fuertemente cerrado… molesto por la falta de respuesta, decidió convertir la situación en un juego de adivinanzas – fue Espiráculo durante tu gran ataque? – preguntó empujando con fuerza…

Las punzadas que sentía en su cuerpo eran indescriptibles, sentía como si su cuerpo fuese siendo destrozado y con cada nueva pregunta su situación empeoraba… escuchó la voz de Sirmiq realizado otra pregunta al respecto – acaso fue Alfred? – Tux asustado y adolorido movió negativamente la cabeza al escuchar ese nombre, esperando con eso que el General no fijara sus objetivos contra su compañero y que las rudas embestidas parasen y le dejase en paz, logrando su ultima finalidad al escuchar la siguiente pregunta – entonces fue algún compañero de tu anterior equipo? – el chico volvió a mover negativamente la cabeza, temblando por la sensación de dolor que recorría por su cuerpo…

– Ya veo – dijo separándose un poco y colocando sus aletas en los hombros de Tux – quién fue? – Preguntó suavemente esperando una respuesta a su cuestionamiento, el chico dirigió su mirada al piso sin contestar, evitando la mirada de Sirmiq y preguntándose el porqué del interés a ese detalle… Sonrió al ver la necedad del muchacho de contestar sobre quien había sido el causante de tal perdida y, a la vez, de su frustración… a pesar de mostrar un poco más de docilidad al contestar las preguntas, seguía mostrando algo de rebeldía.

– Será como tú quieras – dijo comenzando a moverse dentro de Tux acompasadamente y flotando su pico constantemente en su cuello, provocando una mezcla de dolor y placer en el chico, quien trataba de evitar con todas sus fuerzas el gritar por el dolor del movimiento y sus heridas o el emitir algún gemido de placer por el tacto del pico y de las aletas que realizaba el General en su cuerpo, sin mucho éxito… Tux mantenía su ojo cerrado, tratando se traer en ese momento los recuerdos de su anterior equipo, cuando se encontraba bajo la seguridad y protección de Skipper, pero con lo que sucedía a su alrededor sólo lograba atraer consigo tristes recuerdos y un profundo sentimiento de soledad, preguntándose justo en ese momento si K y Rico le echarían de menos…

Al fin había dejado de moverse dentro del chico, recargó su pecho sobre el de Tux sin salir de él, observándole al rostro… Su cuerpo temblaba sin control, primero por el dolor y segundo, aunque le avergonzara admitirlo, por el placer que le había hecho sentir Sirmiq con los movimientos y los roces de su pico en su cuello… El General sentía como temblaba el cuerpo del chico, sonriendo con maldad – ahora me dirás quien fue? – Preguntó con voz suave pero seria, acercando su pico al oído del muchacho, quien dio un respingo, sin abrir su ojo, al escuchar la voz de su superior. Al no recibir respuesta, comenzó nuevamente a moverse dentro de él, provocando un quejido de dolor en Tux – ya estas decidido a hablar? – Preguntó nuevamente deteniéndose luego de algunos minutos, el chico continuó con los ojos cerrados y se limitó a mover la cabeza negativamente.

Por muy dolorosa que fuese dicha situación, no le contaría que había sido torturado y violado en aquella misión en la cual tardó meses en regresar a la base, no tanto por el tiempo que requirió para extraer la información sino por su captura y recuperación, dando a su regreso un sinfín de excusas que sirvieron para demostrar las complicaciones que surgimiento retrasando su regreso con la información, eso era algo muy personal que se llevaría a la tumba junto con Henry. Sirmiq tronó su lengua dentro de su pico, al darse cuenta que la voluntad mostrada por el chico en su contra no había desaparecido por completo, aún era muy resistente y evidentemente estaba dispuesto a no hablar, sin importar lo que le hiciese… así que tomo una decisión – si así lo prefieres – dijo sonriendo…

Paso su pico por el cuello de Tux nuevamente, dispuesto a continuar torturándolo de aquel modo, sus roces provocaron que el chico temblara debajo suyo… por un instante, el joven soldado abrió el pico como si quisiera decir algo, pero finalmente lo cerró con fuerza dejando escapar más lágrimas de su ojo, Sirmiq entrecerró los ojos ante dicha acción y continuó frotando su pico, realizando ligeros cortes con la punta del mismo en el cuello del soldado que sangraron… bajo hasta su pecho y arrancó algunas plumas, recordándole nuevamente a Tux su promesa de causarle tanto dolor como placer en sus acciones… finalmente, algunos quejidos en forma de ronroneos guturales se escucharon por parte de Tux, le destrozaba por dentro el hecho no poder evitar sentir todo aquello, así como el no poder liberarse de tan espantosa situación.

Hasta ese instante, Tux se dio cuenta que había olvidado por completo lo acontecido en esa misión en Inglaterra, sustituyendo tan dolorosas sensaciones por estas nuevas que sentía, descubriendo que al menos esos sujetos no lo habían torturado de la misma forma que Sirmiq, ellos habían sido más directos…

El General no sabía si admirarse por la resistencia del soldado o considerarlo un estúpido, sonriendo ampliamente al concluir que el chico serviría para cualquier tipo de misión de alto riesgo que le fuese asignada, puesto que el principal requisito era el aguantar todo tipo de tortura, a esas alturas ya no le interesaba el que aceptara o no el equipo de novatos que le había designado, con lo acontecido tomó una nueva decisión: lo asignaría al equipo de Fuerzas Especiales de Misiones de Alto Riesgo presidido por el Coronel Marrelq, junto con su compañero Alfred, con la seguridad de que, si Tux aguantaba todo aquello, su inseparable compañero lo haría de igual forma…

Cansado de ese juego, decidió darle fin comenzando a moverse de una forma rápida y menos acompasada dentro de Tux – esto acabará pronto – le aseguró, provocando que el soldado abriera su ojo y temblara de temor, sin imaginarse lo que a continuación haría el General en él… El continuo y rápido movimiento realizado al fin provocó que el chico emitiera algunos gemidos de placer combinados con algunos quejidos de dolor, trato inútilmente retirarse acortando la distancia entre él y la pared, se retorció un poco esperando con eso evitar las continuas y dolorosas embestidas de su superior, sin lograr su cometido…

Por su parte, Sirmiq sonrió al escucharlo y al sentir como se movía con la finalidad de alejarse de él, aumentando con ello la velocidad de sus embestidas arrinconando contra la pared al chico con la finalidad de impedirle el movimiento y destruyendo sus esperanzas de escapar… después de un rato así, rio ligeramente antes de permitir salir su esencia dentro del joven pingüino…

Tux dio un sonoro respingo, quedándose totalmente paralizado ante la nueva sensación dentro de su cuerpo aprisionado, comenzando a temblar descontroladamente y a abrir el pico sin poder emitir algún sonido… Sirmiq notó como el chico no pudo retener por más tiempo las lágrimas rebeldes que comenzaron a resbalar rápidamente de su ojo derecho, sonrió satisfecho separándose de manera suave y lenta del muchacho, que se dejo caer vencido quedando semi-colgando de sus aletas… Tux ya no aguantó más, su espíritu se encontraba débil y su resistencia física lo abandonó, dejándose caer al frente, deseando perderse dentro de un oscuro abismo que se abría frente a él… El General sostuvo su cuerpo y lo arrinconó nuevamente contra la pared de manera ruda, Tux abrió su pico y finalmente susurro – déjeme, por favor – después de varios días sin hablar…

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Se encontraba recargado y encadenado en el mismo lugar donde ocurrió todo, mantenía su mirada perdida en un punto indefinido, respirando pesadamente sintiendo el sudor y la sangre escurrir por todo su cuerpo adormecido por los constantes golpes y las fracturas existentes, una sensación de hormigueo recorría su aleta derecha dislocada y una sensación parecida junto a algunos escalofríos nacían de aquella nueva herida interna… su mente trataba de encontrar un porqué a una pregunta que pasaba fugazmente por su mente sin lograr determinar qué era aquello que deseaba responder… Sirmiq se mantenía frente a él, observando cada expresión o movimiento del muchacho que evidentemente estaba agotado, tanto física como mentalmente, así como él mismo se encontraba, pero la satisfacción de ver tan dócil al chico era algo que jamás olvidaría.

– Tux – lo llamó, provocando una mirada de miedo y terror, acompañada de nuevos temblores en el chico al escuchar su voz, haciéndolo sonreír ampliamente – Que te quede claro: si continuas con ese comportamiento rebelde, repetiremos esto cuando menos te lo esperes – indicó Sirmiq sin dejar de observa al chico, quien parecía estar a punto de perder el conocimiento – te quedo claro? – preguntó, sin que la respuesta a aquel cuestionamiento llegará, Tux se mantenía sin mostrar otra emoción que no fuera miedo, terminando por fijar su vista en el suelo, como si se tratara de un muñeco o un ser sin vida…

El General le restó importancia a la falta de respuesta del chico, y con un suspiró salió de la habitación dejándolo atrapado en el mismo lugar y en la misma posición en que ocurrió todo aquello, sin decir alguna otra palabra o dirigirle una mirada…

En cuanto se cerró la puerta, el cuerpo del chico comenzó a temblar descontroladamente, olvidándose de su semi-inconsciencia y el dolor de sus heridas, permitiendo que la adrenalina tomara control de su cuerpo, gritó con todas sus fuerzas, dejando salir todas aquellas lagrimas que logro retener durante toda la jornada – MALDITO! – volvió a gritar, comenzando a retorcerse sin importarle el dolor que provenía de sus aletas aprisionadas, de los moretones que habían quedado por los golpes recibidos en esos días, de los cortes que sangraban abundantemente y sobre todo de aquella parte recién herida.

– MALDITO! – Gritó, mientras se le quebraba la voz y se dejaba caer de rodillas con la cabeza colgando, las lágrimas continuaban escurriendo en silencio mientras su cuerpo era recorrido por espasmos al sentir aún el pico y aletas del General en él… esperando un final que sin duda llegaría durante el transcurrir de la noche.

Sirmiq se encontraba recargado en la puerta sonriendo ampliamente al escuchar los gritos desgarradores y el llanto que emitía Tux al ver su ausencia, sin duda había ganado…