"Lo que todavía no logro comprender es ¿Cómo has llegado a ese estado en primer lugar..?" Hakutaku había terminado de relatarle al kitsune los hechos que conocía, él cómo había llegado al Shangri-La y la participación de Hoozuki en todo eso. Ahora era su turno de hacer preguntas.

El boticario, quién aún se encontraba en proceso de recuperar la coordinación de sus músculos, inclinó la vista hacia un lado. Cuando por fín habló, lo hizo con sus acostumbradas pausas contemplativas.

"Tu también...tu también tienes que haberlo notado." La expresión de genuino desconcierto del otro, lo obligó a aclarar. "En el viento."

El rostro de Hakutaku se ensombreció. El peso de su milenaria existencia de pronto fue notorio sobre sus hombros. En ese instante dejó de ser el hombre sonriente y despreocupado para mostrar un aspecto serio que pocas veces revelaba ante otros.

"Si, lo he notado. Ha comenzado a caminar en el mundo humano." En un principio no había querido creerlo, venían de una gran guerra, no podía ser que tan pronto... Pero los indicios eran cada vez más notorios, el viento no se equivocaba. "Pero no pudiste haberte enfrentado a él, tu bien sábes que eso no es un simple mononoke es.."

Demasiado antiguo, demasiado complejo, creado a partir de millares de voluntades humanas..había tenido infinitud de nombres pero siempre anunciaba lo mismo.

"Destrucción...lo sé."

"Entonces por qué..sabías que no podías ganar" La bestia sagrada estaba perdida ante la extrañeza de la situación.

El kitsune, al fin centró su vista en él y Hakutaku se sorprendió al encontrar de repente tanta determinación en su mirada.

"No deseaba ganar."


La figura del oni apenas si era visible detrás de la muralla de papeles sobre el escritorio. Había terminado de escribir un gran número de informes e iba a proceder a firmarlos. Hoozuki bebió un sorbo de café. Se había asegurado de granjearse unas cuántas horas más de tareas administrativas.

El rey Enma lo observaba trabajar desde la puerta de su despacho. Ya iban tres días que no lo veía salir de ahí, ni siquiera para ingerir alimentos o descansar. Ese no era un comportamiento normal. Si bien su mano derecha siempre se había caracterizado por su empeño y dedicación en el trabajo esto era diferente y Enma estaba casi seguro de conocer la razón. A juzgar por su reciente comportamiento, era evidente que su subordinado se había percatado de algunas cuestiones y ahora estaba lidiando con ellas...

Aún así estaba preocupado por él. Incluso, en cierto momento había estado a punto de entrar para hablarle, pero luego lo había pensado mejor.

Enma lanzó un hondo suspiro, por mucho que lo apreciara, en ese caso, juzgaba necesario dejarlo resolver sus propios asuntos.

"¿Cree que esté bien?" La delicada Oko le hablaba en un susurro apenas audible. Si bien desconocía los detalles de la situación en la que se encontraba Hoozuki, poseía un gran poder de empatía para saber cuando algo le afectaba.

"No lo sé...pero temo que si entro ahí no me hará el menor caso" Enma pasó una mano por su barba en un tic que adoptaba cuando algo realmente le preocupaba.

"¡Oko-chan! ¡¿Qué haces?!"

El rey observó con horror como la joven se dirigía con paso decidido al despacho del oni.

"Voy a terminar con esto."

Dentro de la pequeña estancia, Hoozuki descansaba sobre una pila de papeles. Sus cabellos desordenados y un ligero hilillo de baba escurriendo de su boca, se mostraban como indicativos de que su cuerpo al fin, se había rendido al cansancio. Oko lo observó con ternura para luego colocar levemente una mano sobre su hombro.

"Es hora de ir a casa." Le dijo con su habitual suavidad.

Hoozuki en un primer momento la observó algo desconcertado. Por un segundo su actitud corporal dio muestras de que estaba dispuesto a discutir..pero luego pareció pensárselo mejor y finalmente asintió con la cabeza.

Enma, quien espiaba la escena desde el marco de la puerta, no pudo evitar sonreír ante el notable poder que tenía esa dama.


Cuando Hoozuki ingresó a sus habitaciones él ya se encontraba allí. Era esperable. Lo saludó con un asentimiento de cabeza y se dispuso a calentar agua para preparar té.

"Bienvenido. El rey Enma-sama me permitió esperarte aquí." El kitsune le hablaba desde su mesa de trabajo. El oni notó que el contrato de posesión aún seguía sobre la misma. Sirvió el té en dos tazas y tomó asiento frente a él acercándole su infusión.

"Quería agradecerte..todo lo que has hecho por mí." El demonio frente a él lo observó con su habitual mirada imperturbable "Quise venir antes, pero decían que te encontrabas ocupado." El boticario tomó la taza y la elevó hasta su boca entre dos manos temblorosas. Sus movimientos estaban lejos de su fluidez habitual. El té amenazaba con resbalar por su boca cuando las manos del demonio envolvieron las suyas.

Un gesto instintivo, impensado. El oni lo había asistido durante tantos días que la reacción había sido natural. Eso no evitó que se sintiera un tonto. Él ya no necesitaba ese tipo de trato. Estaba retirando sus manos cuando una de ellas fue apresada por el kitsune.

El boticario había dejado de centrar su atención en el té y lo contemplaba con una mirada que hablaba de entrega y devoción. Ante eso, el oni no pudo evitar que uno de sus dedos se deslizara hasta la humedad de su boca en un gesto íntimo que les recordaba a vivencias pasadas.

Hoozuki se mantuvo en ese trance un tiempo indeterminado, con su mano sujeta a la del boticario y con uno de sus dedos rozando sus labios hasta que lo recordó. El contrato.

Con suavidad se retiró del agarre del kitsune para tomar el contrato que descansaba entre ellos. Lo hojeo, repasó las clausulas, las retuvo en su mente y cuando estuvo seguro de no haber pasado nada por alto se lo mostró al kitsune frente a él. El vendedor de medicinas estuvo a punto de tomarlo. Todo en su cuerpo indicaba eso, determinación, entrega, todo lo que el demonio había anhelado durante tanto tiempo.

Hoozuki cerró los ojos e hizo acopio de toda su fuerza. Finalmente atrajo el manuscrito hacia sí antes que el otro pudiera alcanzarlo y lo rompió en varios pedazos.

El boticario se hallaba desconcertado. No había esperado eso. Todo en sus acciones lo habían llevado hasta ese ansiado instante, el momento en que sellaría su destino con el oni. No debía..No debía haber sucedido eso.

"¿Por qué?"

Hoozuki no contestó. Se levantó de su asiento y le habló al tiempo que se dirigía a su campo de flores-pez dorado.

"Puedes marcharte ahora. Los escoltas te acompañarán hasta las puertas de salida."

El boticario lo vio salir sin tener oportunidad de preguntar nada más.

Unos cuantos minutos después, aún se hallaba delante de los restos de un contrato que no había podido firmar.