Nota de la autora: Después de tanto tiempo por fín estoy de vuelta. Aunque no he escrito, si que he estado estructurando la historia en mi cabeza, y creo que está vez llegará a buen puerto. Espero no defraudaros, y que sigais leyendo a pesar de todo el tiempo transcurrido.
7ª Carta
Hola mamá,
Menuda semana llevo, y además papá debe estar a punto de venir a verme y yo no sé aún que decirle…
Hermione estaba es España, estaba convencida de ello, pero yo solo tenía 11 años, no podía salir del país tan fácilmente. Así que no me quedo más remedio que utilizar a Orbis, la lechuza que papá me había regalado por mi último cumpleaños.
No sabía que escribirle había tanto que decir, pero a la vez tanto que ocultar. Con manos temblorosas por la emoción de estar emprendiendo un camino que podía cambiar muchas vidas, cogí la pluma y me senté ante una hoja de pergamino. Después de cambiar mil veces el texto, había dado con un mensaje que más o menos me convencía. Era corto y preciso, daba la información justa, y despertaba muchas preguntas. Y esa era precisamente su intención, que la mente siempre inquisitiva y ávida de respuestas de Hermione, no pudiese resistirse a saber más.
"Sé porqué Ginny abandonó la madriguera."
Al día siguiente, después de la cena, Orbis ululaba junto a mi ventana, para que le abriese y pudiese entregarme la respuesta que tanto esperaba.
"No sé quién eres, ni que pretendes. Pero hace tiempo que acepté que Ginny ya no formaba parte de mi vida. He dejado el mundo mágico a tras, y no pienso volver a él nunca. Así que por favor, déjame en paz."
Al leer su respuesta no pude sorprenderme, pues comprendí que 12 años después de su desaparición, recibir noticias de un pasado tan doloroso, debía ser realmente perturbador. Me sentí culpable, quizás Hermione fuese feliz, en su nueva vida, quizás me estuviese equivocando al tratar de traerla de vuelta. Pero no podía evitarlo algo en mi me decía, casi me gritaba que era lo mejor. Quizás simplemente fuese mi yo egoísta, pero no podía detenerlo. Le mandé un nuevo mensaje.
"Siento si te ha molestado mi lechuza, pero creo que realmente necesitas saber el motivo de la desaparición de Ginny, pues sé que en el fondo ella quería que tú más que nadie lo supieses, pues eras la única capaz de comprenderla. Entiendo porqué decidiste abandonar el mundo mágico, y aunque parezca increíble por mi insistencia lo respeto, pero simplemente necesitas saberlo."
Esta vez su respuesta se hizo esperar algo más; pasaron dos noches, antes de que Orbis, volviese a aparecer junto a mi ventana.
"¿Quién eres?
¿Por qué te crees en derecho de perturbar mi tranquilidad? No hace falta que me digas porque Ginny decidió irse, lo sé de sobra. Por desgracia lo descubrí demasiado tarde, pero aún así hace años que lo comprendí todo."
Debía de haber contado con eso, con que Hermione supiese la verdad, la propia Ginny lo había pronosticado en su carta, pero no lo hice; y su respuesta me había cogido por sorpresa. Ya no tenía la información que yo esperaba a cambio de su regreso, no sabía qué hacer.
"Lo siento, pero no puedo decirte aún quién soy. Eso explicaría demasiadas cosas, que por el momento todavía no pueden salir a la luz. Me encantaría decírtelo créeme, pero no puedo.
¿De verdad quieres pasar el resto de tu vida huyendo? El mundo mágico ya no es aquel que abandonaste hace años. Ahora tenemos paz, la guerra es un fantasma horrible del pasado, que día a día se va enterrando un poquito más. Jamás se olvidará todo lo que pasó, pero hemos aprendido de ello.
¿Realmente no quieres formar parte de un futuro mejor? Pues es una lástima, no sólo para ti, sino también para el mundo mágico; una bruja de tu talento, no debería dedicarse a vender libros muggles, mientras huye de sus responsabilidades."
Por desgracia, mis palabras quizás demasiado duras, no surtieron el efecto revitalizador que yo esperaba; sino todo lo contrario. No supe más de ella; al día siguiente Orbis volvió sin respuesta. Le envié una nueva carta, pero tampoco surtió efecto, así que no me quedó más remedio que cambiar de estrategia. Tenía que encontrar la forma de hablar con ella en persona, pero presentarme en una librería del norte España, no era precisamente un trabajo fácil.
No quería hacerlo, mamá, de verdad que no, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas, así que finalmente escribí la carta que sabía que conseguiría traer a Hermione de vuelta a nuestras vidas. Se la di a Orbis, que salió volando veloz por la ventana. Lo había hecho, no podía creerlo.
No pasaron ni cinco minutos y ya me estaba arrepintiendo. Pero no había forma de recuperar la carta, así que empecé a prepararme para la tempestad que se despertaría con el regreso de Hermione a Inglaterra, cuando papá descubriese mi artimaña.
Fueron dos días de sobresaltos e incertidumbre, cada vez que alguien aparecía de visita, temía y deseaba con la misma intensidad que fuese Hermione. Pero no fue hasta hace sólo unas pocas horas, cuando una joven morena, de pelo rizoso, y vestida como si nunca hubiese conocido el mundo mágico, apareció en nuestra puerta. El tío Ron, que como cada viernes, había venido a cenar, fue quien abrió la puerta. No tardó ni cinco segundos en reconocerla, pues en seguida el plato con pastel de calabaza que tenía en las manos, cayó al suelo con un golpe sordo que rompió el silencio en el que se había sumido la casa.
Hermione tampoco parecía saber que decir, y se quedó quieta mirándole, como si estuviese viendo un fantasma. Él único que parecía poder moverse era papá; la miró y con una voz llena de sorpresa dijo: "Hermione", consiguiendo que al fin ella fuese capaz de reaccionar.
- Tu hija me ha contado lo que pasa, Harry – dijo comenzando a destapar la verdad – debiste avisarme antes, hubiese vuelto en seguida. Aunque te agradezco que guardases durante tanto tiempo el secreto de mi paradero.
No sé quien estaba entonces más sorprendido si papá que no entendía, de que estaba hablando su amiga por tanto tiempo desaparecida, o mi tío que no podía creer que su mejor amigo le hubiese ocultado algo así.
- ¡¡Cómo pudiste?! – gritó el tío Ron, mientras se abalanzaba sobre papá dándole un puñetazo en toda la cara.
- ¡¡Ron!! – Hermione trató de detenerlo, pero sus gritos no lograron nada y siguió golpeándole con furia.
Fueron mis palabras entre cortadas por las lágrimas las que lograron detener la escena que impotente había visto desarrollarse ante mis ojos.
- ¡¡Quieto!! Papá no sabía nada, todo ha sido obra mía
¡¡Qué?? – gritaron tres voces al unísono.
No pude contestar, rompí a llorar con más intensadad que antes y salí corriendo a encerrarme en mi habitación.
Supongo que de haberme quedado con ellos, hubiese podido apreciar el efecto que mis palabras habían generado, y como el trío reunido por primera vez después de tantos años, trataba de entender que estaba sucediendo. Pero no lo hice, corrí a mi habitación y he estado la última media hora llorando sobre mi cama; hasta que al fin he conseguido calmarme lo suficiente como para escribirte.
Papá debe estar a punto de subir a verme, de hecho me extraña que no lo haya hecho todavía. Aún no sé qué le voy a decir, pues si le hablo de tu carta, dudo mucho que no quiera leerla, y sabes que yo no quiero que lo haga hasta que consiga encontrar a Ginny y arreglar, si es posible, las cosas entre ellos. Esperaba que escribiéndote lograse aclarar mis ideas, y prepararme para hablar con él, pero aunque si estoy más tranquila sigo sin saber cómo afrontar esa conversación.
No sé qué hacer, pues si no le cuento lo de la carta, no se me ocurre ninguna otra explicación que darle, así que…
Parece que oigo pasos, ahí debe venir papá.
Te quiere,
Ginevra.
