Notas de la autora:

Bueno, ya me desaparecí por bastante tiempo (see... ahora me van a decir que se alegran y todo, qué malévolas... xD Ok, es broma), así que ya tocaba actualizarlo todo un poco. O casi todo. Siento si a alguien le molestó la espera, pero tengo una musa bastante bastarda y desobligada... Con eso lo digo todo xD

¡Mil gracias a las personas que me dieron de comer! Sí, después de muchos años encontré el término adecuado... Mil gracias por tus comentarios MonoChronus: Diox, me dio una risa tu último review ^^ Lo de "Décima" iba por el número de escapadas, pero odio poner títulos, así que no te sorprenda que estén así de fumados xD; y a Suiseki: tú eres crual... Te hace gracia cada cosa... xD No, no, en serio, gracias por siempre estar ahí y apoyarme ^^

¡Sin más! Ojalá os guste :P

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen y bla, bla, bla...


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo VII - 24 horas

Aquel había sido un periodo relativamente corto pesé a la intensidad con la que había sido vivido. En su modesto diario de vida, Sakura recordaba días verdaderamente perniciosos, por lo que la crueldad del momento en realidad ya no la tomaba por sorpresa. Sin embargo, aquella ocasión había sido diferente. Convivir casi literalmente, maniatada a uno de los asesinos más buscados de toda la región y más aún, sobrevivir a aquella irrisoria experiencia, no era una anécdota demasiado común narrada en los coloquios. Aquellas veinticuatro horas a su lado, Sakura creía haber descubierto muchas más cosas de Uchiha Itachi que cualquier otro de sus propios compañeros.

La primera evidencia la encontró a la mañana siguiente a la nueva notificación de su estado. El joven portador del sharingan resultaba ser un tipo extremadamente maniático. Así lo dedujo después de comprobar por sí misma comportamientos demasiado extraños, aunque de casualidad, sin haberse propuesto seriamente prestarle la atención que sabía que él no merecía. Desde tareas tan comunes como corregir la más mínima inclinación de cualquiera que fuese el retrato que se topase con él en aquel albergue, hasta pellizcarse el lóbulo de su oreja derecha cada vez que, curiosamente, oía estornudar a cualquier persona cercana a su periferia.

Aquello la había sorprendido más que cualquier maldad que pudiese presenciar de su parte. Nunca se había parado a pensar en él más que para asociarlo con algún evento inhumano y ahora se encontraba con que hasta resultaba ser persona...

El segundo matiz podría pecar de ser estereotipado, pero iba mucho más lejos de lo que cualquiera pensaría... Y es que Itachi, el soberbio, el apático e indiferente hasta más no poder, albergaba una gran pasión salida de sabe Dios dónde: el gusto por un buen libro, y no necesariamente por la lectura, aunque... Sakura concluyó que una persona con una vida tan turbadora como la suya, difícilmente podría encontrar algún encanto en la ficción que superara su realidad misma. En su lugar, las encuadernaciones de Itachi estaban repletas de horizontes populares y paisajes pintorescos. Probablemente, lugares turísticos ocultos en ciudades que con objeto de alguna fechoría, seguramente habría visitado pero que, teniendo en cuenta su reputación, le supondría más de un agravio ir a ver semejante estampa más allá de las hojas del papel de un libro... Aquel acontecimiento le trajo recuerdos memorables del precioso volumen de dibujos que en alguna ocasión, Sai le había dedicado allá por las fiestas navideñas de invierno, y del que indudablemente se había prendado.

Otro detalle no mucho menos importante en su ligero estudio de campo, fue comprobar la severa contradicción que existía entre quién era la verdadera mente pensante de la pareja de asesinos y quién el que terminaba tomando las decisiones. En su sencillo entendimiento, Haruno Sakura había atribuido ambos papeles a la misma persona, y ésta no resultaba ser precisamente el dueño de la famosa Samehada, a quien escenas tan traumáticas como contemplarle apabullado y maloliente en medio de un pajar tras una resaca o contando en destiempo los últimos chistes que había oído a los indigentes del albergue, le había dejado claro desde un principio a la kunoichi, que Kisame no podía ser de ninguna de las maneras el cerebro de las operaciones. Y de hecho, no lo era, sin embargo, acababa actuando bajo su propio criterio hasta con la más mínima cosa.

Fue entonces cuando Sakura descubrió que Itachi no tenía realmente un espíritu de liderazgo. En ocasiones, cuando estaban en medio de alguna disputa o el mastodonte de pelo azul estaba antojado de aniquilar a una muchedumbre completa, le había visto dando su peculiar punto de vista, y éste nunca le dejaba claro a Kisame por qué opción debería decantarse, con lo que el peliazul culminaba haciendo la gran mayoría de los veces aquello que se le venía en gana, torturando a quién le venía en gana, y destruyendo lo que le venía en gana sin ni siquiera recibir un reproche... Mientras, Itachi sencillamente esperaba bajo la sombra de algún árbol que su compañero acabase de desquitarse. Por su parte, a Sakura sólo le quedaba ser testigo impotente de lo que veía llegando a plantearse y no literalmente, si es que aquel par de energúmenos en realidad, no tenían sangre en las venas.

Otro gran hallazgo fue determinar y sin esforzarse por autoconvencerse, que la paciencia del Uchiha no conocía límites... Jamás había visto nada parecido. Y aquel hecho lejos de parecerle una virtud, le resultó escalofriante. Así lo infirió con los desplantes de Kisame y los provocaciones que ella misma le planteaba, ni la una ni la otra conseguían nada más que resbalarle. De alguna manera, el Uchiha encontraba la forma de salir airoso con tal facilidad, que resultaba humillante para el resto de los presentes en cualquier incidente, tal como el que la implicaba a ella misma y con el que, sin exagerar, estuvo a punto de costarle la vida...

Sakura no recordaba mucho. Ni siquiera fue consciente de haber cometido, por sólo esta vez, cualquier especie de provocación que pudiera infringir la suficiente gravedad como para que Kai, uno de los subordinados de mayor cargo en aquella zona, tuviese firmes intenciones de estrangularla. Pero, así resultó... Y Sakura dedujo que era su bandana representativa de Konoha lo que la hacía ganarse tan prestigiosos enemigos y... por una vez, y sólo por una vez, encontró una ventaja al hecho de estar obligada a permanecer relativamente cerca de un shinobi con tan buenos reflejos como resultaba ser Uchiha Itachi. Después de que éste hubiese sufrido todo un día de penurias y obstáculos y de encontrarse forzado a ejercer una vigilancia constante que, de hecho, ya había manifestado que le desagradaba, no tardó ni milésimas de segundo en encontrarle la solución a semejante situación, y cortando por lo sano, y tan estrictamente cierto como suena, no dudó en deshacerse de las manos de uno de los hombres más útiles de Akatsuki cuando éste, desobedeciendo órdenes, intentó ponerlas sobre la garganta de la pelirrosa a la que consideraba a todas luces, la escoria enemiga de la organización. Por ende, y con su usual semblante, se dispuso a continuar con su camino hasta el lugar pertinente, exactamente como si no hubiese ocurrido nada, y así lo parecía. De no haber sido por los gritos de dolor que el ninja emanó tras la amputación de dos de sus articulaciones, Sakura ni siquiera se hubiese vuelto para comprobar el terrible suceso que había tenido la suerte de no presenciar con sus propios ojos.

Por alguna razón, se sintió aliviada al no ver truncada su vida con semejante atentado. Pero no agradecida, y ni mucho menos hacía él, pues sabía perfectamente que no la había salvado, y que su intención, lejos de ser condescendiente, no era más que un acto de justicia del Uchiha hacia su propio ego; ese al que ya bien que conocía...

Aquellas agotadoras veinticuatro horas estaban próximas a tomar su fin. Después de un día tan pesado, a Sakura le valió madres encontrarse en medio del bosque en penumbras, con la irremediable consecuencia de verse obligada a acampar allí, debido al cúmulo de retrasos que habían impedido llegar a la ciudad más cercana, pasando frío y hambre y soportando tan inquietante compañía y especialmente, el final del repertorio de chistes de Kisame tan malos como su misma forma de narrarlos. Sakura no lo aguantó, y prestando atención a los sonidos que brotaban cercanos al bosque, creyó apreciar un arroyuelo.

—Tengo que marcharme un momento.

Su voz sonó claramente, pero el Akatsuki más alto no interrumpió la emocionante trama de su chiste en tremendo punto y el otro, ni siquiera se dignó a levantar la vista del libro de fotografías que ahora ojeaba mientras descansaba apoyando su costado en el frío y húmedo césped de verdes hiervas.

—He dicho que... —optó por corregir el volumen de su voz—. ¡Estoy diciendo que tengo que ir un momento allá dentro!

En aquel instante sólo la mirada del peliazul incidió en su figura. Molesto, y mucho.

—No puede ser... Si no hace ni media hora qu-...

—¡No me estoy refiriendo a eso! —le detuvo avergonzada—. Las chicas tenemos... otras necesidades. Y puedo oír desde aquí un arroyo. Me da igual que el agua esté congelada, necesito asearme.

—Claro, claro... —continuó Kisame—. Ese ha sido el chiste más bueno que se ha escuchado en toda la tarde —rió grotescamente—. Ya hemos tenido suficientes contratiempos por hoy, ¿crees que me quedan ganas de presenciar otra de tus escapadas?

Sakura frunció el ceño. Ni siquiera había pensado en la posibilidad de intentarlo. Estaba tan agotada como ellos, llevaba horas sintiendo el contacto del sol sobre su cabeza, tenía fatiga, no había comido nada desde la mañana ni había parado de andar hasta ese instante, cuándo decía que necesitaba urgentemente una ducha fría, no pensaba en otra cosa que en tomarla, ni más ni menos.

—Prometo que... Bueno, eso no os importa nada —dedujo certeramente que su palabra no tendría ningún valor para los dos—. Pero sólo tardaré dos, ehm... tres minutos. Si en ese tiempo no he vuelto...

—No —insistió Kisame.

—¡¿Adonde crees que podría ir estando en medio del bosque y a oscuras?

—Niña, te juro que no te soporto... ¿Te crees que tienes privilegios? Cállate y siéntate de una vez.

—Esta bien Kisame... —sonó una leve voz.

—¿Cómo?

El aludido despegó por primera vez la mirada de la muchacha para encontrarse a su compañero con una tranquilidad pasmosa. Le parecía mentira que no supiera adivinar las verdaderas intenciones de la mocosa y a decir verdad, lo que más le asombraba es que pese a todo, aún tuviese fuerzas para seguirle el juego y darle caza cuando ésta emprendiera la carrera.

—No puede ir a ninguna parte... —añadió como si le costase trabajo, mientras lamía la yema de uno de sus dedos y pasaba a la siguiente página de la encuadernación.

—No me fió de todas formas. Pienso acompañarla y entonces veré si es cierto que sólo se baña...

—¡Y un cuerno! —se apresuró la pelirrosa.

—No importa Kisame —intervino el moreno—. Mejor vete a buscar leña, o lo que quieras. Aquí la situación está bajo control.

—¿Eso quieres?

El Uchiha cabeceó y el más alto tomó aquel gesto como una respuesta definitiva. Muy pronto abandonó el rellano no sin maldecir entre dientes y pisar con exagerada fuerza las larguísimas hebras del césped. Por un segundo, Sakura estuvo tentada a sonreír triunfante mientras veía al malhumorado Akatsuki alejarse, pero observó por el rabillo del ojo como el otro miembro de la banda cerraba de un golpe el libro y se incorporaba con evidente desgano del suelo y esto la desilusionaba.

—Vamos... —indicó pasándole por el lado y encabezando el camino.

—¿A dónde?

—¿Qué has dicho hace un minuto? ¿O has cambiado de opinión? —dijo el joven ladeando ligeramente la cabeza.

—¿Qué? Esto... ¿es una broma? De ninguna de las maneras pienso... pienso... —la chica balbuceó. Trató de darle una respuesta bien parecida a la que le concedió a su compañero, pero le puso mayor interés al temblor repentino de sus manos—. No pienso pues... eso, delante de ti.

—No voy a ver nada que no haya visto ya antes —dijo con total pasividad.

—¿Q-qué tiene eso que ver...? ¡Olvídalo! Me quedo... —se sonrojó. Le dio las espalda e inesperadamente, estuvo deseosa de que Kisame apareciera de una maldita vez de donde fuera que se había metido para hacer más liviana la embarazosa situación.

El muchacho suspiró con cansancio y masajeó ligeramente las vertebras de su cuello. Al parecer, estaba tan ansioso como ella lo había estado hace unos segundos, de perder de vista a Kisame y a ser posible, la ronda especial de chistes que tenía reservado para el último momento.

—No necesito mirar para saber lo que estás haciendo...

Sakura le observó de reojo. Prefería no discutir con cuestiones como éstas, ya se había avergonzado demasiado, y cruzándose de brazos, se limitó a adelantarle y caminar hacia el lugar en concreto en donde creía que provenía el hipnótico sonido de la corriente de agua.

El Uchiha cumplió con lo prometido. Se mantuvo a una distancia prudente, escondido entre matorrales, y por alguna buena razón, Sakura creyó que no podría haber confiado de la misma forma en Kisame como lo estaba haciendo actualmente en él. Relajarse en las orillas de aquel modesto arroyo le resultó mucho más fácil así. A pesar de la baja temperatura del agua, tuvo la sensación de que sería perfectamente capaz de dormirse entre aquellas caricias congeladas.

Fue en ese preciso instante cuando transcurrió un día completo desde sus nuevas condiciones de rapto, y como por un regalo del destino, Sakura estuvo próxima a contemplar la nueva oportunidad que se le entregaba casi en bandeja.

Pocos instantes después, un sonido ensordecedor destrozó la paz de su pequeño ritual. La pelirrosa se volvió enseguida pero no pudo divisar nada sospechoso mucho más allá de la claridad que le concedía la luz plateada de la luna. La joven se inquietó, se emergió más en el agua y observó con expectación, a la espera de entender qué era exactamente lo que ocurría. Y así sucedió.

Con cierta dificultad, consiguió vislumbrar aquellas sombras escondidas. No fue capaz de reconocer a cada uno de los ninjas que habían aparecido repentinamente, pero aquel cuyas vendas en las manos brillaban más que cualquier otra cosa en aquel oscuro escenario, no era otro que el deshonroso Kai. Sakura no necesitó mucha más información para deducir que aquel shinobi, no demasiado desprovisto de buenas y peligrosas amistades, los había estado siguiendo con el único fin de vengar la humillación a la que había sido sometido por parte del menor de la pareja asesina, cuando éste le despojó de ambas manos.

La joven sintió temor. Sabía que aquel grupo de shinobis no suponían una amenaza para los Akatsuki, pero... la situación cambiaba drásticamente ahora que la pareja no estaba unida, y cuando el componente que quedaba, ni siquiera estaba en sus mejores condiciones. Supuso que una vez que le dieran muerte, no tardarían en tratar de localizarla a ella. Después de todo, fue su presencia la que había iniciado todo el incidente.

Quiso gritar, pero no le salieron las palabras... Muy pronto comenzó a escuchar jadeos y gritos escalofriantes, y luchó por mantenerse oculta en el arroyo cuando ardía en deseos de acercarse al lugar y comprobar qué era exactamente lo que sucedía. Inesperadamente, las voces se ahogaron. El silencio se hizo casi doloroso en los oídos y la kunoichi acabó finalmente por alzarse del agua. Se agachó para tomar sus ropas y se resguardó tras ella. Quiso dar un paso más hacía delante, pero se detuvo. Tragó saliva con dureza y finalmente le llamó.

Su voz, temblorosa y cristalina, pronunció por primera vez su nombre. Nunca lo había hecho, le provocaba tal cúmulo de sentimientos desagradables que jamás fue capaz de entonarlo, no en voz alta. Y no fue hasta entonces que Sakura descubrió una última característica más: Uchiha Itachi, era sobre todas las cosas, un hombre al que los rumores acerca de su despampanante fortaleza, no le hacían honor ni justicia...

—¿Q-qué... qué es lo que ha pasado? —dijo aliviada al verle tan entero como siempre.

El sujeto se limitó únicamente a adelantar unos pasos. Se pasó con brusquedad la mano por la comisura de la boca tratando de limpiar la sangre salpicaba y escupiendo un tanto más de la suya propia. Ladeó la cabeza, la miró detenidamente, y sólo hasta entonces, Sakura no supo que tal vez esas leyendas sobre la inmortalidad del susodicho, se equivocaban...

Uchiha Itachi entreabrió los labios, jadeó ligeramente, y en medio de aquel aire silencioso de misterios y desconcierto, su figura se desplomó...

CONTINUARÁ...


Oh... En un momento como éste no sé cómo es que no puedo evitar la sonrisita perversa xD

Bueno, gracias por leer ^^ Espero que les haya gustado y ojalá nos leamos pronto.

¡Que estén bien!

Shizenai